La Ley del embudo

Por: Alberto Aranguibel B.

Los escuálidos son expertos en todo lo que tiene que ver no solo con la gestión de gobierno, de cualquier gobierno, sino con todo lo humano y lo divino.

La facilidad con la que enjuician los actos de los demás, absolutamente todo lo que hagan los demás, solamente es superada por su agilidad para dictaminar pontificalmente la forma correcta en que según ellos deben hacerse las cosas. Cualesquiera cosas.

No existe en la sociedad escuálida nadie que acepte, ni con la más mínima humildad o sin ella, sus propios errores e ineptitudes, la mayoría de los cuales nos tienen a todos los venezolanos metidos en el peor berenjenal de la historia.

Suponiendo que el presidente Maduro haya decretado alguna vez alguna errónea e hipotética medida económica, como ellos dicen, que fuera la causante del desabastecimiento y de las colas que padecen los venezolanos, habría que preguntarles a los escuálidos ¿y por qué razón los cientos de miles de comerciantes capitalistas que tienen en sus manos la economía nacional no hacen nada por bajar los precios, o al menos contener la demencial espiral inflacionaria que la especulación desmedida ha desatado contra el pueblo y contra la economía misma de la que se sirven esos sectores de la derecha?

¿Por qué la única medida económica que surge del ámbito empresarial y comercial para frenar los desequilibrios de la economía es solamente el aumentar precios a diario sin ningún tipo de justificación científica ni parámetro alguno de ponderación o análisis de impacto socio-económico, sino la sola necesidad de satisfacer la voracidad de su caja registradora, aún cuando sea eso lo que en efecto está haciendo encarecer la vida de todo el mundo en el país y acabando con las posibilidades mismas del mercado y del comercio?

Pues, porque en realidad esa gente no sabe en lo más mínimo lo que es estructurar políticas de ninguna naturaleza. No saben gerenciar ni siquiera sus propios negocios, a los que por su avaricia y su insensatez llevan intencionalmente a la quiebra, creyendo que adjudicándole la culpa de su propia locura al Presidente de la República les va a ir mejor.

Son gente de una sola Ley; la del embudo. Lo bueno para ellos y el sufrimiento para el pobre, aunque en su avaricia y su irresponsabilidad terminen acabando con la economía.

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