La Ley y su imagen

Por: Alberto Aranguibel B.

“Una imagen dice más que mil palabras” Proverbio popular

La doctora Luisa Ortega Díaz, Fiscal General de la República, jamás se presenta ante la opinión pública rodeada de funcionarios de su Despacho.

Si se introduce en la sección de imágenes o de videos de cualquier buscador de la web la consulta “Informe de la Fiscal Luisa Ortega Díaz”, arrojará siempre un sinfín de fotografías donde se ve a la funcionaria completamente sola frente al micrófono. Salvo las dos o tres ocasiones en las que aparece rodeada de periodistas, diputados, o integrantes de la Comisión de la Verdad, según la naturaleza particular del escenario ante el cual esté compareciendo.

Probablemente las normas de protocolo de su Despacho establecen de alguna manera que la mayor jerarquía de la institución que preside no debe ser compartida en modo alguno por los cargos de inferior rango. Lo cual es perfectamente comprensible dado que dicha institución no es un cuerpo colegiado.

Es evidente, pues, que para la explosiva declaración que daría el pasado  viernes la doctora Ortega hubo la clara instrucción de romper radical y abiertamente con tal esquema para incorporar a un nutrido grupo de funcionarios de segunda y tercera categoría en el set de prensa, cuya lectura visual en las pantallas de televisión y páginas de prensa del mundo entero fuera la de “declaración conjunta” que en la semiótica política de hoy en día es un estándar comunicacional casi obligatorio.

La palabra es contundente e inexorable. Con ella se expresa de una u otra forma todo cuanto el sentimiento humano necesite transmitir, según la orientación y las necesidades o requerimientos del hablante.

Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal norteamericana durante casi veinte años, fue objeto en una oportunidad de una medida tomada por el gobierno norteamericano, que decidió designar a un semiólogo para encargarse específicamente de la revisión de los discursos y las declaraciones públicas que el importante funcionario tuviera que hacer, dada la alta peligrosidad que alguna palabra mal escogida o una idea mal expresada pudiera haber tenido para la estabilidad económica de la nación más poderosa del planeta.

Como en efecto la tuvo, cuando el inefable personaje defendía en 2003 ante el senado de esa nación el modelo de los llamados “derivados financieros” (negociaciones de mercados a futuro, hipotecas de tercer y cuarto grado, etc.) que a la larga detonaron la crisis más grande del capitalismo en toda su historia.

Pero la simbología es más poderosa. Comunicar ideas sin decir palabras es sin lugar a dudas el arte más prodigioso del ser humano a través del tiempo. Los antiguos lo demostraron con la invención de la escritura con base en pictogramas que explicaban lo humano y lo divino en trazos cuya elaboración todavía hoy sorprende a los estudiosos del lenguaje.

De eso se trata la comunicación en la actualidad. Lo que dicen las imágenes más allá de lo que puedan o pretendan expresar las palabras.

Susan Sontag hablaba en 1977 del rol de la fotografía en la sociedad de hoy, asumiéndola como el medio principal para captar la realidad. “Fotografiar es esencialmente un acto de no intervención”, decía. Y con ello aproximaba una visión particular no solo de la fuerza de la imagen en la comunicación sino del carácter ético que debía regir el desempeño del medio de comunicación.

La realidad es hoy construida con la más absoluta intencionalidad por quienes manejan y dominan esa poderosa herramienta que es el medio de comunicación, cuyo peso es cada vez más determinante en el devenir de las constantes transformaciones de las cuales es objeto la sociedad.

Por eso la derecha (nacional e internacional) ha orientado en los últimos tiempos su estrategia de desempeño público a partir del manejo adecuado de las imágenes, mucho más allá de lo que le resulte de pertinente o valiosa la palabra en sí misma en el discurso político.

Mientras la lógica de la narrativa revolucionaria se orienta cada vez más a la búsqueda de la racionalidad argumentativa, en el ámbito de la derecha la preocupación se centra de manera progresiva en el uso intensivo de los códigos visuales como elementos de convicción determinantes.

Se dice que en su momento John F. Kennedy habría logrado superar al que se consideraba seguro ganador en la contienda por la presidencia de los Estados Unidos en 1960,  Richard Nixon, precisamente por causa de su buen semblante en cámara frente a la desaliñada y sudorosa imagen de su contendor durante el primer debate político televisado a todo el país.

Poco importó lo que uno y otro dijeron sobre sus respetivos programas de gobierno. Importó fue la imagen.

El periodista chileno Pedro Santander, expuso brillantemente esa idea de la fuerza de la emocionalidad en la toma de decisiones políticas en la sociedad actual, en el marco del seminario internacional “Venezuela Digital” llevado a cabo la semana pasada en los espacios del Teatro Teresa Carreño, en Caracas, en el cual se presentaron y debatieron infinidad de datos y conocimientos reveladores sobre la nueva realidad y complejidad de los medios digitales y de comunicación en el mundo.

En el mismo momento en que el también profesor universitario chileno exponía, la Fiscal General de la república ofrecía su polémica declaración en la que denunciaba la supuesta ruptura del orden constitucional en el país.

No expresó solamente un desacuerdo con otro órgano del Estado. No dijo, como es usual en tales y tan delicadas circunstancias, que le preocupaban las sentencias del Tribunal Supremo de Justicia, que tenía sus reservas o, incluso, que no las compartía y que llamaba a su revisión.

Dijo expresamente que había una “ruptura del orden constitucional”, que por lo demás nunca la ha habido sino cuando la asamblea Nacional pidió este mismo año la renuncia del Primer Mandatario aduciendo “Abandono del Cargo”, justamente en momentos en que los poderes fácticos de la derecha, tanto a nivel nacional como a nivel internacional, se han topado con una piedra de tranca sustantiva en el camino de su campaña por derrocar al presidente Nicolás Maduro, que es precisamente la fuerza de la legitimidad de la cual goza el Gobierno revolucionario, frente al cual no puede nadie dar por cierta la especie de la ruptura, base fundamental del ataque del Secretario de la Organización de Estados americanos (OEA), quien ha sostenido (sin poder probarlo en ningún momento) que tal ruptura se haya producido efectivamente en el país.

Esa frase, construida con las exactas palabras que en este momento preciso son tan particularmente decisivas para la paz y la soberanía de la nación, fueron dichas con la más absoluta intencionalidad golpista y en eso no debe haber la menor duda.

Eso fue lo que las palabras dijeron.

Pero no son las palabras las que deben servir en este caso para establecer la intencionalidad contrarrevolucionaria de esa tan infeliz e irresponsable declaración. No interesa ahí la interpretación de la Ley, ni la veracidad del articulado constitucional que refuta de manera incuestionable lo dicho por la fiscal. Eso ya lo estableció claramente la trascendental decisión del Consejo de Defensa de la Nación el mismo viernes en la madrugada, tal como lo dio a conocer en Cadena Nacional el Primer Mandatario.

Son las imágenes.

La inusual ubicación de ese grupo de fiscales coreando a la doctora Ortega, en franca declaración de insubordinación contra el Poder Judicial, en primer término, y en definitiva contra el país, para mostrarles no solo solidarios y comprometidos con la declaración, sino eufóricos y celebérrimos por el desplante institucional, revela mucho más que todo cuanto se decía en la declaración.

Revela que, tal como se ha sospechado desde siempre, la Fiscalía es un nido de alacranes vendepatria, que agazapados en la institucionalidad del Estado conspira de manera impúdica y rastrera contra nuestra democracia en la búsqueda de una oportunidad de hacer lo que esa mañana estaban haciendo de manera ruin y artera.

Revela el carácter miserable de quienes, habiendo estado a punto de ser calcinados vivos por las llamas del fuego terrorista que Leopoldo López y Gaby Arellano lanzaron sobre ellos cuando incitaron a las hordas fascistas de Voluntad Popular y Primero Justicia a incendiar la Fiscalía en 2014, fueron sin embargo rescatados por la Guardia Nacional Bolivariana que el gobierno que pretenden derrocar envió para salvarlos.

Hoy todos esos fiscales que aúpan eufóricos la declaración golpista de la Fiscal, están vivos y pueden ir a ver a sus hijos al final de cada jornada, porque existe un gobierno profundamente humanista que les salvó la vida y salvaguardó sus derechos como venezolanos en aquella horrible tarde de fascismo que desataron con la peor saña e inmisericordia sus propios copartidarios.

Dios perdone su asqueroso rastacuerismo.

@SoyAranguibel

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5 comentarios sobre “La Ley y su imagen

  1. Saludos Richard. Por favor sustente e ilustre sus alegatos con las bases legales que le den validez, más allá de su bien expresado afecto y/o concordancia con esa actuación de la Fiscal General: ” la Fiscal…. por hacer cumplir la ley o la constitución de la república….”; “los magistrados del TSJ…. que torcieron la ley y pisotearon la constitución….”; “….magistrados transgresores de la ley y traidores de la patria……. ¿o es que los magistrados no cometieron un delito?”
    En nombre de la pedagogía comunicacional, Gracias.

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  2. Muy de acuerdo con ese planteamiento amigo Alberto, así como con muchos otros de tu autoría. Inmediatamente que escuché ese aborrecible pronunciamiento, exploté en mi WhatsApp como para desahogarme, pero fundamentalmente para fijar posición firme y exhortativa: Ella no actuó por sí misma ni tampoco improvisó; ella se permitió violentar todas las normas procedimentales, legales, políticas (en esta difícil coyuntura) y éticas – relativas a la lealtad y la prudencia; eso parecería mas bien formar parte de un plan en el cual ella sería una pieza con precio, o sea, con el cual tal vez tiene una relación clientelar como posiblemente otros miles de militantes clientelares más – NO EN LA OPOSICIÓN NI EN ORGANOS EXTRANJEROS – sino dentro del mismo Proceso Revolucionario Bolivariano y Chavista. Ella nunca demostró la condición personal para actuar así, con ese arrogante atrevimiento, en ningún evento de su desempeño. Es justamente eso lo que me conduce a pensar, tal vez con acierto, que detrás o por encima de ella podría haber una figura de poder y un Equipo de Estado Mayor que la utiliza y la soporta (la apoya), dentro de un grupo mucho muy amplio de acólitos participantes y pro ejecutores de un PLAN para la TOMA del PODER, espero que por vía Constitucional (por sus recovecos, pero en fin, Constitucional), producto de la vanidad, la evidente frustración y la soberbia de algún posible dirigente y sus conmilitones ante el sorpresivo y no digerido postrer mandato del Líder, que, ciertamente, tanto respetamos y amamos los demás. Grupo en cantidad y sumisión suficientes como para influir decisivamente en situaciones y resultados del reciente acontecer político nacional, aunque lo intenten explicar de otras maneras. Esto me provee de una explicación factible del por qué el Gobierno, tan feroz y peligrosamente atacado, no reaccionó tomando los correctivos disciplinarios que habrían de esperarse; sin embargo, pienso que, de modo astutamente inteligente, se apuntó un éxito político de altura y de contundentes repercusiones internacionales.
    Te digo todo esto, no para tener la razón o porque ignoro lo delicado del asunto sabiendo que, posiblemente, mi aparente indiscreción toque intereses incubados en lo que tantos han calificado como la falange de una quinta columna que nos respira en el oído y a veces nos deja sentir su vaho intimidante; lo que pasa es que ante estos acontecimientos, repetitivos a varios niveles dentro del Proceso, temo por la suerte de la Revolución, tal y como nos lo enseña la historia, incluso, la muy reciente, tal es el caso de Argentina donde la vanidad, arrogancia y ambiciones de poder impulsaron al “camarada” Massa y su grupo a traicionar la Alianza Progresista poniendo al servicio de Macri suficientes votos para factilizarle ese dañino triunfo; por eso temo; perdimos la Asamblea Nacional, por eso temo… Lo que yo quiero es motivar, a cualquier costo, la reflexión y la prudencia mientras ganamos en fortalezas para afrontar esta vorágine, lo cual no sería posible si no se consolida la unión y se deponen actitudes erróneas. Disculpa lo extenso, aunque falta mucho análisis.

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  3. Es por demas asqueroso saber que: los opositores, o los personajes que dicen ser opositores, tienen el deber y la locura de entender que una persona de la gerarquia de la fiscal Ortega, dice toda esta patraña, convensida en verdad de lo que profezan sus palabras, al punto tal, que celebran lo dicho, sin saber lo que dijo, solo les alegra saber, que salto la vil talanquera un personaje mas del Gobierno, no sin antes darce cuenta que: dicha persona no es Chavista ni puede serlo, ya que su cargo no amerita ser aliada del Gobierno.Solo que sirve como sustento juridico legal a las actuasiones de los que si militan en el Gobierno, pero tambien se sabe que su actuacion legal no debe tener afinidad politica, ni ser aliada de ninguna forma con el Gobierno de turno.Ya que debe avalar y concrear la actuacionnde los opositores en su debido momento.de forma legal. Pero lo que si estamos claro es que :dicha señora estaba desde tiempos, buscando de ser o pertencer a la oligarquia Venezolana. Ya que ella se le ve que es cargada de caracter opositor. o simpatiza desde siempre con ellos..

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  4. Completamente de acuerdo, su irresponsabilidad por no decir su entreguismo a los más oscuros planes de la derecha y del Imperio, al darle el argumento que necesitaban en la OEA, ha podido haber desencadenado un baño de sangre en el país, ahora me explico el por qué de tanta impunidad de parte de los actores políticos de la oposición, constantemente están vendiendo y agrediendo a su patria y no pasa nada.

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  5. Totalmente de acuerdo contigo Ortega se subordina a la estrategia golpista e intervencionista sus ojitos y su sonrisita hipócrita buscando aprobación de sus lacayos es sencillamente aborrecible.

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