Las marchas de Troya

Por: Alberto Aranguibel B.

Diametralmente opuesto a lo que sucede en el resto del mundo, la inmensa mayoría de las tomas fotográficas y de videos que registran el curso de las manifestaciones públicas de la oposición, dan cuenta de una constante de violencia que en vez de ser desatada por los cuerpos policiales surge siempre del seno de las concentraciones.

Ciertamente hay casos de eventuales abusos por parte de uno que otro funcionario al que se le va de control la situación, generalmente por culpa de la misma violencia que surge de entre las marchas opositoras. Pero ni con mucho puede ser equiparado ese abuso puntual con el desbordamiento persistente de la furia incendiaria de los grupos de choque que la oposición prepara siempre para desatar el caos y la destrucción en cada movilización.

Un fenómeno tan persistente desde hace ya más de quince años, que la manipulación mediática que sirve a los intereses golpistas de esa oposición no puede negarlo de ninguna manera, por más que pretenda tergiversar la realidad de los hechos con montajes y mentiras prefabricadas.

El esquema de la premeditación de la violencia resulta perfectamente claro, no tanto por las declaraciones de los terroristas que son capturados “in fraganti” en todos esos eventos incendiarios, sino por lo escueto de su formato.

Son marchas concebidas como caballos de Troya, que aparentan ser pacíficas porque son convocadas públicamente como actos cívicos amparados en la Constitución y las Leyes, pero cuyo propósito verdadero es ocultar entre la gente inocente que atiende de buena fe el llamado a expresarse libremente en las calles, a los mercenarios entrenados con el específico propósito de generar el caos y la destrucción.

Por eso las víctimas que genera ese terrorismo, desatado sin el más mínimo sentido de la responsabilidad por el liderazgo insensato y criminal de la derecha venezolana, son siempre jóvenes cuya culpa en los delitos en los que terminan envueltos es inducida por sus propios dirigentes y no por cuerpo de seguridad alguno, como siempre quieren ponerlo.

Cuando se examina con detenimiento la constante de la violencia desatada siempre desde dentro de esas movilizaciones, se concluye sin posibilidad de duda alguna, que la mismas no han sido nunca manifestaciones cívicas sino fachadas del terror inexorable y recurrente que ellas entrañan.

En la derecha la marcha cívica no existe.

@SoyAranguibel

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