Revolución es Constitución

Por: Alberto Aranguibel B.

No existe en el país Ley o reglamento alguno que obligue a levantar en alto la Constitución cada vez que se va a hablar de ella frente a un medio de comunicación. Sin embargo es ya una convención generalizada que todo el que va a mencionarla en público sea eso lo primero que procure hacer.

Que los chavistas levanten la Constitución al nombrarla, no tiene nada de extraño o incorrecto. El gesto es una modalidad inventada por el Comandante Chávez como expresión simbólica de triunfo frente a los sectores reaccionarios del país que se opusieron de manera persistente a ella desde antes incluso de iniciado el proceso revolucionario, cuando en la campaña electoral de 1998 satanizaban al Comandante por la sola propuesta que éste hacía por aquel entonces de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente.

Inmoral e infame es que los voceros de la derecha contrarevolucionaria pretendan engañar al país fingiendo algún tipo de respeto hacia nuestra Carta Magna, usando el mismo modo de elevar la Constitución cada vez que van a mencionarla frente a las cámaras.

¿Si no es obligatorio hacerlo, por qué lo hacen?

Porque la doctrina fundamental de la ideología neoliberal capitalista es la de despojar al pueblo de toda posibilidad de riqueza o de activo valioso para ponerlo al servicio de los sectores oligarcas de la sociedad.

Bajo la lógica del modelo neoliberal capitalista, el texto constitucional es una camisa de fuerza que no debe ser intervenida ni alterada jamás por los ciudadanos.

La Constitución de los Estados Unidos, la más antigua del mundo, es considerada por los norteamericanos como un texto sagrado, baluarte e inspiración del mundo capitalista hoy en día, que ningún ciudadano puede objetar o cuestionar so pena de terminar juzgado como traidor a la Patria y condenado a muerte.

Ello es así porque el texto constitucional de esa nación surge de una necesidad de regulación del comercio entre los trece estados que conformaban la unión a finales del siglo XVIII, y no de una necesidad de consagración de derecho humano alguno de las personas. Salvaguardar los intereses y privilegios de los poderosos fue siempre más importante en el capitalismo que la atención a las necesidades de la sociedad. En eso precisamente estriba la esencia de su doctrina del libre mercado.

Por eso los siete artículos que conforman la Constitución norteamericana no pueden ser tocados jamás. Porque para los capitalistas el modelo económico sobre el cual se funda su sociedad no debe ser susceptible bajo ningún respecto de modificación o transformación alguna.

Pero las sociedades orientadas a su transformación están obligadas a revisar su basamento jurídico para adecuarse en cada caso a la evolución de su modelo de país, así como de su realidad y sus circunstancias particulares. Por eso las constituciones avanzadas surgen siempre de los procesos de transformación de las sociedades.

En Latinoamérica, el proceso de gestación de nuestras naciones se inspiró inicialmente en esa particular concepción mercantilista de la sociedad que se asentaba en la Constitución norteamericana y nos llevó a asumir como propios exabruptos como los que contemplaba nuestra primera Constitución en 1811.

En ese texto, redactado por los próceres de nuestra independencia entre los que se encontraba el mismísimo Padre de la Patria, y que fue considerado por el mundo entero como “la más libertaria” de todas las constituciones existentes hasta el momento, se establecía, por ejemplo, que tenía derecho al voto “todo hombre libre, si a esa calidad se le añade la de ser Ciudadano de Venezuela, residente en la parroquia o pueblo donde sufraga, si fuere mayor de veintiún años siendo soltero, o menor siendo casado, y velado, y si poseyere un caudal libre del valor de seiscientos pesos en las Capitales de Provincia siendo soltero, y de cuatrocientos siendo casado, aunque pertenezcan a la mujer, o de cuatrocientos siendo en las demás poblaciones, en el primer caso, y doscientos en el segundo.”

Quizás en la cultura predominante entonces fuese difícil romper de la noche a la mañana con creencias y tradiciones a las que la sociedad, pacata y conservadora como era en su mayoría, estaba habituada. Y tal vez eso determinó que ese aberrante esquema de exclusión se asimilara sin problemas en el texto que estaba proponiéndose como el nuevo pacto común de la sociedad.

Pero Bolívar, que sí tenía perfectamente claro el rumbo emancipador de ser humano que debía tener el proceso independentista, se percata de ello. Pero no es sino casi una década después, en el Discurso de Angostura, cuando encuentra el escenario propicio para hacer una observación política de fondo que da al traste con esa perversa concepción mercantilista de la democracia.

“Ni remotamente -dice el Libertador en el Discurso de Angostura- ha entrado en mi idea asimilar la situación y naturaleza de los estados tan distintos como el Inglés Americano y el Americano Español. ¿No sería muy difícil aplicar a España el código de libertad política, civil y religiosa de la Inglaterra? Pues aún es más difícil adaptar en Venezuela las leyes del Norte de América. ¿No dice El Espíritu de las Leyes que éstas deben ser propias para el pueblo que se hacen? ¿que es una gran casualidad que las de una nación puedan convenir a otra? ¿que las leyes deben ser relativas a lo físico del país, al clima, a la calidad del terreno, a su situación, a su extensión, al género de vida de los pueblos; referirse al grado de libertad que la Constitución puede sufrir, a la religión de los habitantes, a sus inclinaciones, a sus riquezas, a su número, a su comercio, a sus costumbres, a sus modales? ¡He aquí el Código que debíamos consultar, y no el de Washington!”

Hace dos décadas la realidad social, política y económica del país era completamente distinta a lo que es hoy en día. Lo que demuestra en sí mismo que en efecto estamos transitando por un proceso de transformaciones profundas del Estado y de la sociedad.

La revolución bolivariana ha emprendido desde entonces hasta hoy un arduo camino plagado de obstáculos y barreras, casi insalvables en la mayoría de los casos, para lograr la construcción de justicia e igualdad social que propone el Socialismo el Siglo XXI que impulsó el Comandante Chávez en el país, alcanzando niveles de inclusión social a lo largo de este corto periodo de nuestra historia infinitamente superiores a todo cuanto pudiera haber habido de bienestar para las venezolanas y los venezolanos desde que somos República.

Pero eso no significa que el socialismo haya triunfado definitivamente, ni que haya logrado instaurarse aún como el modelo rector de la economía en nuestro país.

No pudo prever el Constituyente en 1999, las Misiones, por ejemplo, porque ellas surgieron del desacato a las leyes por parte un sector golpista tres años después de promulgada la nueva Constitución.

Tampoco la muerte temprana del líder fundamental de la Revolución que apenas estaba dando sus primeros pasos. Ni mucho menos pudo prever el holocausto de especulación y usura que cientos de miles de empresarios y comerciantes contrabandistas y acaparadores iban a desatar contra el país al unísono y de un momento a otro, cuando creyeron que el fallecimiento de ese líder era la señal de rienda suelta que el neoliberalismo esperaba para hacer de las suyas.

De ese holocausto de avaricia y de desprecio al Estado nos vinieron el desabastecimiento, las infernales colas que obligaron a las venezolanas y venezolanos a someterse a la penuria que hoy padece el pueblo por el cual tanto ha luchado la Revolución Bolivariana. Y los “bachaqueros”, el verdadero problema que la gente quiere ver resuelto. Pero eso tampoco podía ser ni imaginado siquiera por el Constituyente en 1999 por muy visionario que fuera.

Si el debate y la confrontación entre el gobierno y la oposición han determinado la naturaleza particular de este nuevo escenario, quiere decir que la sociedad venezolana está transitando por un proceso cierto de transformaciones. Proceso que debe continuar y en ningún caso involucionar hacia el pasado de oprobio, sufrimiento, muerte y dolor ya superados.

La única fórmula de aseguramiento del bienestar al que aspira hoy el pueblo venezolano es la adecuación del poderoso texto constitucional revolucionario a esta nueva y muy exigente realidad.

Asumir ese reto con sentido de responsabilidad histórica, tal como lo hizo el Comandante Chávez en su momento y como lo ha hecho el camarada Nicolás Maduro desde el 2013, es el deber de ese pueblo que tantas glorias libertarias signadas por el deseo de justicia y de igualdad social ha conquistado a través de la historia.

La Revolución Bolivariana es esencialmente constituyentista porque promueve, lucha y se entrega a la construcción de ese sueño inmortal del Padre de la Patria y de nuestro Comandante Eterno, Hugo Chávez Frías.

La derecha terrorista solo procurará, como siempre, asaltar la credibilidad del pueblo mediante engaños como el de elevar la Constitución frente a los medios, para acabar con ese sueño emancipador buscando restituir los privilegios de los capitalistas que tanta hambre y miseria generaron en el pasado.

Exactamente eso fue lo que hicieron el único día que han estado en el poder desde 1998; el infausto día del Carmonazo.

 

@SoyAranguibel

 

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Un comentario sobre “Revolución es Constitución

  1. MILLONES vamos a luchar en la Constituyente para BLINDAR La Patria Bolivariana. Revolucionaria. Soberana. Independiente. Libre. Anti-Imperialista y REQUETE Chavista. !HLVS!

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