Las propuestas las hace el pueblo… ¡Y punto!

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela se establece que la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, tal como lo expresa de manera clara e inequívoca su Artículo 5, se establece el principio esencial para el funcionamiento de una sociedad perfectamente democrática.

Pero la realización de la democracia no reside en el acto ritual del voto cada cierto tiempo, sino en la influencia real que el elector tenga sobre los asuntos que tienen que ver con el poder y con las políticas que de éste emanen en función del interés colectivo de la ciudadanía.

Es lo que la misma Constitución bolivariana asume como “Participación y protagonismo”. Un concepto diametralmente opuesto a la idea de democracia como la concibe la sociedad neoliberal burguesa.

Siguiendo estrictamente la letra no solo de ese Artículo 5 sino de todo el texto constitucional en su conjunto, es como puede entenderse hoy la abismal diferencia entre la convocatoria a Asamblea Nacional Constituyente formulada por el presidente Nicolás Maduro al país, y la negación absoluta que comprende el ilegal llamado de la oposición golpista a desconocer ese derecho soberano del pueblo a ejercer con su voto la participación y el protagonismo para el cual lo faculta nuestra Carta Magna.

En la propuesta hecha por el Primer Mandatario, está contemplada una consulta nacional amplia y profunda acerca de los más diversos temas de interés para todas y todos los venezolanos en la búsqueda de la superación de los problemas económicos, sociales y políticos, que aquejan hoy por hoy a nuestra población.

El inconstitucional llamado de la oposición, por su parte, no es sino una demencial convocatoria a los venezolanos para que se nieguen a sí mismos su derecho al voto.

Un evento que no solo no está contemplado en la Constitución sino que carece de la mínima plataforma tecnológica que asegure la idoneidad del mismo, así como carece de supervisión de organismos imparciales que de fe de su transparencia como no sean los medios de comunicación que hoy se confabulan con ellos en su plan contrarrevolucionario.

Los mismos que hablan de millones cuando reúnen apenas a trescientas o cuatrocientas personas en sus eventos, ahora dirán que lograron catorce millones de votos en los barrios, precisamente donde su campaña de violencia no ha logrado prender durante los más de cien días de terrorismo con los que ha azotado solo a algunos urbanismos del este del este en muy pocas ciudades del país. Una vulgar operación de “pagarse y darse el vuelto”.

Tal plebiscito, un recurso de malabarismo barato con el cual esa derecha retardataria y vende patria pretende disminuir mediáticamente la contundencia y significación del certero golpe político que le asestó el líder der la Revolución Bolivariana con su convocatoria (justamente cuando ella se creía dueña y señora del terreno en su idílico y fatuo camino a Miraflores) viene a corroborar que en la oposición no existe de ninguna manera la disposición a escuchar al pueblo, ya no nada más en sus necesidades (conocidas de sobra por la población entera) sino en algo que para la Revolución ha sido siempre lo más importante, como lo son las propuestas que ese pueblo, hoy altamente politizado gracias al Comandante Chávez, tiene derecho a exigir que sean escuchadas y debatidas en el propicio escenario que viene a ser una Asamblea Nacional Constituyente.

La posibilidad única en la historia, y probablemente en el mundo, en que una Constituyente sirva para que se debatan las ideas y propuestas de los humildes, de los que no tienen acceso al inmenso poder del Estado, de quienes desde los más apartados rincones del país padecen en carne propia el impacto real de las guerras económicas que el gran capital ha desatado desde siempre contra el pueblo, de aquellos a quienes la burocracia menosprecia y ofende con su indiferencia y su despotismo, de quienes no piden más que justicia frente a la impunidad de los delitos que los cultores del neoliberalismo no se cansan de cometer desde dentro y desde fuera de la administración pública, es en este momento el hecho revolucionario más trascendental y valioso para la consolidación del modelo profundamente democrático de sociedad que todas y todos aspiramos.

Por eso el timbiriche plebiscitario de la derecha no despierta entusiasmo alguno de verdadera significación popular en el país. Las cada vez más notorias demostraciones de deslindamiento que la gran mayoría de la militancia opositora le expresa a los llamados de violencia callejera, a la insensatez de los auto encierros inútiles que son las barricadas sin sentido a las que convocan sus líderes, son evidencia irrefutable del fracaso opositor en su nueva y demencial aventura contrarrevolucionaria. Solo que esta vez el fracaso es frente  a su propia militancia.

Esas venezolanas y esos venezolanos que no comulgan con las ideas del chavismo, tienen también en la Constitución bolivariana el derecho a ser escuchados y a que sus planteamientos sean debatidos con entera libertad, tal como lo hace hoy en todo el territorio nacional el pueblo chavista.

A lo largo y ancho del país nos encontramos a diario con el fenómeno prodigioso de la voz del pueblo presentando propuestas de toda índole. Con argumentos sólidos, con conocimiento de causa y experticia en el desempeño de tareas que los políticos ni siquiera imaginan cómo se llevan a cabo. Con una capacidad de análisis sorprendente que deja con la boca abierta por la fuerza de su sentido común y por su clara visión crítica a los científicos y académicos más esclarecidos.

En cada una de esas asambleas populares sentimos la fuerza del entusiasmo de quienes de una forma o de otra nos dicen con su interés y su preocupación que están dispuestos a dar hasta la vida por hacer realidad esta maravillosa oportunidad que Nicolás Maduro nos ha puesto por delante.

Es así como nos hemos persuadido una vez más de que en efecto tenía razón el Comandante Chávez, como siempre la tuvo, cuando puso sobre los hombros de ese pueblo la inmensa carga que comprendía la responsabilidad de continuar el proyecto revolucionario y de preservarlo de quienes pretendieran sacar provecho de situaciones difíciles para tratar de reinstaurar en el país el vetusto y destartalado modelo capitalista.

El pueblo sabe que tiene en sus manos esa responsabilidad y que es solo a través de una vigorosa Asamblea Nacional Constituyente como podrá consolidar y hacer avanzar cada vez con mayor acierto y posibilidades la senda del bienestar económico que logró alcanzar nuestro país por primera vez en toda su historia republicana solamente a lo largo del periodo revolucionario bolivariano.

Ninguna de las propuestas que vamos recibiendo de manos de ese pueblo humilde y trabajador que nos encontramos a lo largo de nuestro recorrido permanente por el país, está orientada hacia la impensable construcción o perfeccionamiento de un modelo de neoliberalismo capitalista de nuevo cuño. Mucho menos hacia un demencial retorno al modelo cuartorepublicano. Todas, sin excepción, enfocan la superación de las dificultades a partir de soluciones inspiradas en las ideas de justicia e igualdad social que nos legara el Comandante Chávez.

Desde el más humilde productor del campo, hasta los trabajadores y empresarios independientes, movimientos religiosos, culturales, de la sexo diversidad, así como las mujeres, los pensionados y los jóvenes, encuentran hoy que ciertamente el camino civilizado y civilizatorio para construir esa sociedad a la cual todas y todos aspiramos, es solo posible a través de un mecanismo democrático y no a través de la guerra y del odio que propone la oposición.

Todas y cada una de sus propuestas serán escuchadas y debatidas, porque lo que está planteado en el llamado del Presidente no es un proyecto para satisfacer la aspiración de un grupo o de una élite, como lo plantea la derecha, sino de una sociedad toda, en la cual podamos reconocernos entre iguales bajo un mismo principio de participación y protagonismo.

@SoyAranguibel

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2 comentarios sobre “Las propuestas las hace el pueblo… ¡Y punto!

  1. Reblogueó esto en Jimmy Olanoy comentado:
    ¿Cuál país o reino del planeta entero puede soportar 100 días de terrorismo continuado, sin descanso ni misericordia y no cae en una guerra civil? SOMOS LOS HIJOS DE BOLÍVAR, MIRANDA, SUCRE, CHÁVEZ, somos la República Bolivariana de Venezuela.

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  2. Excelente reflexiones! Gracias X compartirlas! #Pueblo CONSTITUYENTISTA se encargará que “Raimundo y todo el MUNDO” se coloque a DERECHO para DEMOLER la IMPUNIDAD X inacción de poderes constituidos x allí…

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