El poder constituyente vs la violenta antipolítica

Por: Alberto Aranguibel B.

Más allá de lo que suele afirmarse desde la caída de la cuarta república, las razones que provocaron el fracaso del puntofijismo no fueron exclusivamente la ineptitud en la gestión pública y el desprecio hacia el pueblo que caracterizaron desde siempre a las cúpulas de AD y Copei.

Tales rasgos fueron expresión apenas de una orientación desarrollada desde hace más de dos siglos por el imperio norteamericano para hacer que el mundo entero desprecie la política como forma de organización social y de control del poder y del Estado.

La supremacía de la empresa privada, el poder y la influencia de las grandes corporaciones transnacionales sobre la economía, se concibió desde el principio mismo de los Estados Unidos como la herramienta a través de la cual se impondría en el mundo la hegemonía imperial. El neoliberalismo, más allá del papel de instrumento para asegurar la acumulación de la riqueza en las manos de los capitalistas, cumple en ese modelo el rol de mecanismo que viabiliza y perpetúa dicha hegemonía. Para lo cual el Estado, y con ello su función reguladora del mercado, debe ser reducido a su mínima expresión. Si no extinguido.

Fue por esa razón que a finales del siglo XX, los venezolanos consideraban a los partidos políticos como la institución más desacreditada del Estado, después de la institución armada, y muy por detrás de las universidades, la empresa privada, y la iglesia (exactamente en ese orden), sin que el Departamento de Estado de EEUU, el gran aliado estratégico del liderazgo puntofijista, hiciera nada por ayudar a aquel desgastado estamento del poder en nuestro país a superar el estrépito hacia el cual inexorablemente se dirigía.

No solo no lo ayudaba, sino que impulsaba la aplanadora que los desplazaba del poder, porque el proyecto imperial ya tenía trazada la hoja de ruta en la cual el capital privado venezolano pasaría a controlar la conducción definitiva del Estado.

Para ello ya estaban desde hacía más de cuatro décadas en perfecta alineación los Mendoza, los Zuloaga, los Zingg, los Blohm, y el resto de la oligarquía criolla que desde nuestros orígenes como República han asechado los predios del poder nacional como en una suerte de danza perpetua de siniestra anunciación. Todos, sin excepción, firmaron la infame acta de Carmona en 2002.

Desde ese sector oligarca se ejecuta el plan de la antipolítica que la derecha enarbola como propuesta para justificar tras la fachada de una seudo ideología de clase su vocación saqueadora y entreguista de las riquezas del país. De ahí el término “parasitaria” que tan oportunamente le adjudicara a dicha élite el presidente Nicolás Maduro.

Una propuesta consistente en la destrucción de la credibilidad, no solo en los partidos políticos como mecanismos de organización popular, sino en las ideologías y hasta en la cultura misma que sirve de pivote al talante transformador inmanente del pueblo, a través de la prostitución de la idea misma de democracia y de cualquier otra forma de participación popular.

Pervertir el sentido de la política, y de ninguna manera desarrollar un discurso que contraponga una visión alternativa al modelo revolucionario chavista (que ni siquiera comprende), es un reto permanente del liderazgo opositor en toda su actuación pública, que le obliga a ser inconsistente, incoherente y hasta ridículo, en absolutamente todo cuanto haga o diga, precisamente para generar cada vez un mayor desprecio hacia la política por parte del pueblo, aún a costa de sus propias posibilidades como opción de poder.

De ahí la naturaleza inexplicable (y harto absurda) de cada una de esas incongruencias tan usuales en el comportamiento opositor, la mayoría de las cuales desmontan siempre lo que ni siquiera el discurso chavista logra desmontar de las farsas opositoras con la eficacia con la que ésta lo hace, incluso sin mediar discurso o palabra alguna. De ahí la constante en el desparpajo y la desvergüenza del liderazgo opositor para desdecirse a sí mismo constantemente frente a la opinión pública. No existe el más mínimo piso ético para esa oposición, porque su trabajo es hacer que la política le resulte asquerosa a la gente.

Inscribir casi doscientas candidaturas para las elecciones a Gobernadores después de meses de denunciar ante el mundo la supuesta dictadura que habría en el país y el “fraudulento” sistema electoral, que según ellos se utiliza en Venezuela para atornillar dicha dictadura en el poder, es apenas una pequeña muestra de esa inmoral y repugnante conducta.

Por eso, por la aviesa actitud antipolítica que le es tan propia a la oposición venezolana como conducta invariable, es que hoy podemos sostener con la más entera certeza que la estabilidad y la paz alcanzada por la gran mayoría de las venezolanas y venezolanos con la elección de la Asamblea Nacional Constituyente el pasado 30 de julio, está evidentemente amenazada por la violencia que, con toda seguridad, esa derecha intolerante que hasta hace un mes apenas sembró de sangre y terror el territorio nacional, volverá a intentar desatar con motivo de las elecciones regionales que se avecinan y el consecuente desconocimiento de los resultados electorales que en esa oportunidad gritará, sin duda alguna, a los cuatro vientos.

Hemos dicho en forma reiterada en todos los escenarios a los que hemos sido convocados a hablar sobre el tema constituyente, que la paz alcanzada con la elección de la ANC no es una paz bíblica, consolidada o inalterable en modo alguno. Que si para algo debe servir la aleccionadora experiencia del terror padecido por la sociedad hasta hace poco más de un mes, y que obligó al líder de la Revolución Bolivariana a convocar al Poder Originario del Pueblo a erigirse en Asamblea Nacional Constituyente, debe ser la indeclinable rectitud que debe observar el pueblo en el compromiso de la unidad para impedir que las huestes fascistas se oxigenen de nuevo y encuentren la más mínima oportunidad de desatar su furia contra la tranquilidad que nos permitirá progresivamente retomar el camino del bienestar económico.

El desafío apenas se inicia en este complejo proceso de estabilización definitiva de la gobernabilidad y el rescate efectivo de las instituciones del poder público, cuya confianza en el sentimiento nacional sirva de base a las medidas y políticas que vayamos acordando y poniendo en marcha entre todas y todos para sacar al país adelante, tal como ya lo ha emprendido el Presidente Nicolás Maduro esta misma semana.

El objetivo de la derecha al postular sus candidatos no es el de explorar la posibilidad de hacerse con algunas parcelas de poder en el país. El resultado del 30 de julio le demostró que la fortaleza del chavismo es abrumadora e imbatible. Precisamente por eso la antipolítica se reveló abiertamente en el energúmeno verbo del propio Presidente de la potencia más voraz y genocida del mundo y de la historia, y su careta de ideología progresista se vino definitivamente abajo. No cabe ya la menor duda de que la arremetida fascista se intentará de nuevo en la fecha misma de las elecciones regionales, cualquiera sea el día en que finalmente se realicen y cualquiera sea el resultado de las mismas.

Una sola condición hará infranqueable la soberanía nacional y la estabilidad de nuestra democracia, y ella será la cohesión del pueblo venezolano en la defensa de esa paz y esa estabilidad que tanto dolor, padecimientos y vidas, le ha costado. No será ésta la hora en que las venezolanas y los venezolanos cedan ante las campañas de difamación, tergiversación y mentiras a las que no han cedido hasta hoy después de tantos intentos del imperio y sus miserables lacayos de la vendepatria oposición venezolana por destruir o doblegar siquiera la unidad y la lealtad del pueblo a su Revolución.

Esa unión por la que tanto clamó el Comandante Chávez en su hora postrera como la divisa de lucha frente al enemigo que pretende reinstaurar hoy en el país el modelo capitalista generador de exclusión, hambre y miseria, que tanto padeció el pueblo en el oscuro pasado cuartorepublicano, tiene que ser en este momento la más poderosa arma que haya enfrentado el imperio en toda su historia.

Es la unión del Poder Constituyente que recorre hoy la geografía nacional de extremo a extremo, y que no claudicará jamás ante la insolente pretensión de imperio alguno contra el sagrado suelo de la Patria.

@SoyAranguibel

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Un comentario sobre “El poder constituyente vs la violenta antipolítica

  1. Gracias X sus reflexiones. Por aquí seguimos esperanzada de que la revolución FINALMENTE llegue a Barquisimeto de la mano de La Almiranta Carmen. YA es inaguantable MAL VIVIR los18 años que hemos resistido en el OLVIDO!

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