Hacia un mundo constituyente

Por: Alberto Aranguibel B.

En el llamado “concierto de las naciones”, los congresos, las cumbres, las reuniones y encuentros multilaterales, son por antonomasia el factor común a través del cual los países intercambian conocimiento, arriban a acuerdos, formulan y establecen tratados y pactos de cooperación, ya sea de naturaleza comercial, legal, militar, científica o política, pero que jamás se tradujeron en bienestar tangible para los pueblos de esas naciones.

Un formato vetusto denunciado ante el mundo desde el inicio del siglo XXI por el Comandante Hugo Chávez Frías, quien se atrevió a desenmascarar desde la primera gira presidencial de su mandato la ineficiencia de las sempiternas reuniones entre presidentes y jefes de gobiernos mientras el hambre y la pobreza de nuestros pueblos avanzaban sin solución eficaz a la vista.

Cuando el líder de la Revolución que ya desde entonces estaba dando tanto de qué hablar en el mundo, advertía con su proverbial coraje: “Vamos de Cumbre en Cumbre mientras nuestros pueblos van de abismo en abismo”, señalaba lo imperioso e impostergable que debía ser atender el clamor popular mediante mecanismos de interrelación que impulsaran efectivamente la justicia y la igualdad social, y que dejaran atrás el formato acartonado y vetusto que significaban aquellos eventos protocolares a los que se había habituado la humanidad sin que nadie se atreviera a poner el dedo en esa llaga simplemente porque se trataba del escenario de mayor relevancia para los encuentros presidenciales.

Más allá de las distintas formas de manifestación popular a favor o en contra de sus propios gobiernos (o de políticas instauradas por estos) a lo interno de cada país, han sido muy pocas las movilizaciones populares de carácter internacional en respaldo a una nación amiga o en solidaridad con su pueblo en lo que va de siglo. Las movilizaciones que hemos visto en apoyo a la lucha de pueblos sometidos a la barbarie de la guerra, como en el caso del pueblo palestino o del sirio, o a la injusticia de la exclusión que comprende el drama de los refugiados y de las hambrunas en el África, o de las desapariciones forzosas de decenas de jóvenes normalistas en México y de líderes sociales en Colombia, son más que ninguna otra cosa expresiones de repudio hacia las naciones y gobiernos que promueven tales abominaciones.

El capitalismo es cada vez más repudiado por el mundo. No le gusta a la gente el empeño de los capitalistas en acumular cada vez mayor cantidad de riqueza a costa del padecimiento de miles de millones de seres humanos que a diario sufren la violencia de un modelo, como el neoliberal capitalista, cada vez más inviable e ineficaz en la solución de los problemas más angustiantes del mundo hoy en día, incluidos aquellos relacionados con la destrucción del planeta y la degradación del clima de los cuales ese voraz modelo es el mayor causante.

Todavía hoy resulta reveladora aquella descomunal manifestación contra el capitalismo que tuvo lugar en la ciudad de Seattle en 1999, en los Estados Unidos, con motivo de la Cumbre de la Organización Mundial del Comercio. Decenas de miles de trabajadores y profesionales de los más diversos sectores de la sociedad norteamericana y del mundo, acudieron masivamente a protestar el encuentro de las grandes potencias capitalistas hasta lograr su total fracaso, convirtiéndose así en el punto de partida del proceso que a la larga dio al traste con la llamada “globalización” en la cual el capitalismo tenía cifradas sus mayores esperanzas para el nuevo siglo.

“La Batalla de Seattle”, como se le conoce en la historia, determinó el comportamiento de las luchas populares contra el salvaje modelo neoliberal capitalista hasta nuestros días, solamente superada en la actualidad por la lucha antiimperialista que libra desde hace casi dos décadas el pueblo venezolano por instaurar y consolidar el humanista socialismo bolivariano legado por el Comandante Chávez.

A finales del siglo XX, habiendo terminado la llamada Guerra Fría, se extinguía la posibilidad de acusar al comunismo de los males que padecía la humanidad. Para la gente empezó a ser evidente desde aquel momento que quien causaba esos males era el mismo que se había mantenido oculto por más de cien años tras la falsa fachada de “incansable luchador por la libertad y la democracia”. Descubrió progresivamente el pueblo la falacia del bienestar y el progreso que de manera ampulosa ofrecía el llamado libre mercado, y empezó entonces a denunciar cada vez con más fuerza la barbarie capitalista.

No existe desde entonces ninguna reunión de las grandes potencias que no sea asediada por multitudes enardecidas protestando las injusticias que en nombre de la libertad esas naciones todopoderosas llevan a cabo contra los pueblos del mundo.

No ha habido un solo presidente de los Estados Unidos que no sea recibido a tomatazos hasta en los más apartados rincones del planeta. O que, en el mejor de los casos, no deba ser protegido con miles de guardias y sistemas de seguridad sofisticados en prevención de ataques que sus equipos de protección consideran inminentes contra la integridad física de esos mandatarios. A George Walker Bush, apenas uno de ellos, llegaron hasta a aventarle zapatazos en la cara en alguna de sus giras oficiales por el mundo. Su respuesta a tales demostraciones de repudio siempre fue la misma; que los enemigos de la libertad ven en los Estados Unidos de Norteamérica un objetivo a ser atacado. De ninguna manera se refieren a las verdaderas razones por las cuales ese repudio al capitalismo y a sus líderes es cada vez mayor en todo el mundo.

En Venezuela ha obrado el prodigio de la movilización masiva de millones de hombres, mujeres, jóvenes, niños, adultos mayores, personas con alguna discapacidad, indígenas, cultores populares y artistas en general, en respaldo entusiasta y amoroso a un proyecto propio de país, surgido de la más pura y trasparente voluntad popular democráticamente decidida a través del voto universal, directo y secreto.

Esos millones de venezolanas y venezolanos apoyando de manera irrestricta a su líder y a su proyecto de soberanía, hacen la diferencia con todas las demás manifestaciones de cualquier naturaleza (incluidas las religiosas) que puedan escenificarse hoy en el mundo entero, no solo en términos cuantitativos (porque se trata de millones dando la cara por su Revolución ya no como simples votantes sino como pueblo movilizado en la calle) sino además y muy particularmente en lo cualitativo.

Parte fundamental de esa realidad es el entusiasmo y la solidaridad internacional que concita este novedoso modelo de participación y protagonismo instaurado en el país por el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías y continuado hoy por el presidente Nicolás Maduro Moros. Quienes nos visitan hoy con motivo del “Diálogo Mundial por la Paz, la Soberanía y la Democracia”, que se realiza esta semana en Venezuela, protagonizan uno de los eventos más singulares de este primer cuarto de siglo en términos de las movilizaciones populares en el mundo; el acto de la manifestación mundial de decidido apoyo a una nación que está siendo asediada y atacada brutalmente por el más poderoso y genocida imperio de todos los tiempos.

Representantes de movimientos sociales y partidos políticos de más de 60 países, elevan hoy desde nuestro país (como lo harían por el suyo) el mismo grito de dignidad que la Revolución Bolivariana ha elevado a lo largo de estos últimos 18 años en defensa de la humanidad y del derecho de los pueblos a su autodeterminación y a su independencia.

Pueblos que al decir de la intelectual Sonya Gupta durante la instalación del evento, ven en el espíritu constituyentista que recorre hoy el territorio venezolano “el fortalecimiento de la lucha global en defensa de la soberanía contra quienes se creen dueños del planeta.”

Pueblos que, tal como lo dijo, ven y agradecen “la oportunidad de participar en la construcción de un nuevo modelo de democracia que está escribiendo el pueblo venezolano. Una democracia de la calle, donde el poder popular es supremo.”

Se corrobora, pues, una vez más, la claridad y certeza del Presidente Nicolás Maduro al convocar al Poder Constituyente Originario para pensar y debatir entre todas y todos los venezolanos el nuevo modelo de sociedad que aspiramos para nuestros hijos, a partir de la orientación bolivariana y chavista de la justicia y la igualdad social.

Un modelo que nació con la vocación constituyentista de nuestra revolución y que hoy, en el renacer del talante constituyentista bolivariano, se abre hacia el mundo como inspiración y como legado excepcional de nuestro pueblo para la humanidad toda.

@SoyAranguibel   

 

 

 

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Un comentario sobre “Hacia un mundo constituyente

  1. Excelente reflexiones camarada. Solo un comentario…si la Asamblea Constituyente del PUEBLO, NO PUEDE TRITURAR la GUERRA ECONÓMICA de los PRECIOS IMPAGABLES, donde los PODERES CONSTITUIDOS han FRACASADO…la ESPERANZA de MILLONES (aquí en la Patria, y en el MUNDO…) se revertirá en FRUSTRACIÓN (por no decir en ARREC@#%^&…)

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