Cuando la posverdad no ayuda sino que ciega

Por: Alberto Aranguibel B.


“Una imagen dice más que mil palabras”
Kurt Tucholsky

Nada pudo haber sido más inoportuno y contraproducente para la banda terrorista caída en combate contra las fuerzas de seguridad del Estado venezolano la semana pasada, que la difusión desde el celular de su cabecilla de una serie de videos “falso-en-vivo” (como se les conoce en el argot televisivo a las emisiones que se transmiten en diferido pero haciéndole creer a la audiencia que salen al aire en directo) que pretendían mostrarle al mundo lo que estaba sucediendo en los predios de su guarida en El Junquito.

Para todo el que posea un celular de la llamada generación de “smartphones” o teléfonos inteligentes, es perfectamente claro que lo que estaba mostrando el terrorista en las cuatro ocasiones en que difundió aquellos pequeños videos a través de las redes sociales, no eran emisiones en vivo sino grabaciones que le llegaban a la gente bajo el formato de “archivo adjunto” y no como transmisión en continuo o por secuencias, universalmente conocida como “streaming”, es decir, bajo el formato específico de aplicaciones como Periscope, Fecebook Live, Youtube, Facetime, o cualquier otra con tal función.

Este significativo hecho es factor determinante en todo lo que desde ese momento ha inundado no solo a las redes sociales en el país y más allá de sus fronteras, sino a las salas de redacción de los medios de comunicación privados, tanto nacionales como internacionales, que con tanto furor y frenesí tratan de capitalizar los acontecimientos ahí sucedidos como el detonante definitivo de la tan ansiada por ellos caída de la Revolución Bolivariana.

¿Por qué el terrorista, perfecto conocedor de la diferencia entre una grabación y una transmisión en vivo, escogía el formato de la grabación que muy bien podía hacer en directo, si la situación por la que atravesaba era tan apremiante que todo segundo era decisivo? Pues porque su intención no era mostrar lo que sucedía sino manipularlo.

Si algo amenaza hoy la sobrevivencia misma de la sociedad es el proceso de extinción de la objetividad como base de la ética. Algo que avanza cada vez con mayor fuerza en las sociedades mediatizadas de nuestro tiempo, debido fundamentalmente al secuestro del que han sido objeto los medios de comunicación y las redes sociales por parte de las grandes corporaciones al servicio de los intereses del gran capital y al cercenamiento de las posibilidades del ciudadano común a acceder a la verdadera realidad del conocimiento y del universo que le rodea.

El imperio norteamericano, empeñado como está en la dominación arbitraria y antojadiza del planeta, conoce a la perfección esa infinita verdad del poder de los medios de comunicación sobre las masas, y en razón de ello ha trazado su perversa estrategia de manipulación intensiva a través del contenido mediático que es capaz de producir para lograr la desmovilización y la sumisa alienación de los pueblos.

Las redes sociales forman parte de ese entramado de medios que las grandes corporaciones de la comunicación ponen al servicio de esa lógica de la dominación. Los actores políticos del mundo capitalista, alienados como están a ese modelo imperialista de libertad y de democracia que EEUU pretende imponer a costa de lo que sea, simplemente siguen un formato preestablecido en el cual las reglas, los códigos y las simbologías, son invariables e inamovibles.

Solo que en el caso de estas nuevas tecnologías de la comunicación esos códigos y esas simbologías no son manejadas ya de manera exclusiva por el dueño todo poderoso de las grandes corporaciones mediáticas, el imperio, sino por cada uno de los portadores del terminal personal de esa gigantesca red, el celular inteligente, que “postean” a su buen saber y entender (y sin necesidad de haber cursado una carrera universitaria especializada en comunicación) lo que según su particular criterio es lo que tiene que difundirse al mundo, así como la manera en que, de acuerdo a lo que piense cada quien, debe o puede decirse.

Es exactamente de ahí, de la naturaleza arbitraria de la génesis de las informaciones que dan cuenta de la realidad hoy en día a partir de imprecisiones, tergiversaciones, distorsiones o manipulaciones, de donde surge el término “posverdad”, no referido ya a la verdad fabricada por los dueños de los medios de comunicación, sino a la que surge de la amalgama de todas esas “verdades” colocadas (“posted”, en inglés) a su buen saber y entender por los usuarios de las redes sociales según su estado de ánimo o creencias particulares.

La subjetividad es entonces un elemento esencial en la lectura que el antichavismo (nacional e internacional) le ha dado a los videos de los terroristas de El Junquito. Desde su óptica pro imperialista, alienada y servil, la derecha encuentra en esos videos una luz de revelación divina porque sicológicamente están habituados a que “todo aquello que diga o haga un antichavista” será siempre santa palabra.

Pero las irrefutables imágenes de los videos decían exactamente todo lo contrario de lo que el terrorista trataba de hacer ver en su burdo y muy torpe intento de manipulación de la realidad. De ahí el error de transmitir imágenes y no audios o simples textos.

Los videos dicen con la más perfecta claridad que jamás hubo ni siquiera un mínimo intento de rendición en la refriega. Apertrechados como estaban; enfundados en gruesos chalecos antibalas; protegidos férreamente con cascos militares y empleando armamento sofisticado de alto poder, como se ve en todos esos videos, no hay posibilidad alguna de que ningún funcionario entendiera, en medio de la lluvia de balas que recibían desde la guarida, el símbolo universal de la rendición, como lo es la bandera blanca y las manos en alto que señalan los tratados internacionales, empezando por el Acuerdo de Ginebra.

Dicen esos videos que hubo en ese tugurio de insurrectos la irracional subestima que todo opositor tiene contra el chavismo en general. Creyeron que no iban a ser capaces de atraparlos porque en su petulante imaginario se asumen superiores a todo cuanto tenga que ver con la Revolución Bolivariana.

De ahí la tragedia opositora de verse en la obligación de considerar “héroes” a matones y drogadictos sin esperanzas. De naufragar siempre en el fracaso sin liderazgo ni capacidad de conducción, teniendo que conformarse con esperpentos intelectuales de la más baja estofa, como sus Venesas Senior, sus Robert Alonsos, sus Luis Chataing, y sus Jaime Bailys, como sus “próceres”.

Lo que quiso hacer el malhadado terrorista transmitiendo videos meticulosamente calculados y seleccionados, fue peor que si no hubiera hecho nada. La sola duda que habría surgido acerca de cómo habría sido el desenlace final de esos acontecimientos si no hubieran existidos esos videos, le habría servido mucho más, incluso en las filas del chavismo que de no haberlos visto habría podido ser presa fácil en la campaña de la derecha internacional que hoy, siguiendo el formato de la manipulación mediática pro imperialista, pretende vender a los criminales como benefactores y a los redentores como malhechores.

Fue él, el propio terrorista, quien embarró lo que hacía cuando en vez de transmitir en forma continua decidió grabar y escoger las tomas que transmitiría. La excusa de la falta de batería es hoy ridícula y hasta insolente, cuando el mundo entero sabe que los teléfonos siguen funcionando si se mantienen conectados a la toma eléctrica en cualquier enchufe. Era su covacha. Por supuesto que tenía dónde enchufar el celular.

Ni qué hablar de la estupidez de la supuesta falta de megas; un celular financiado por el Departamento de Estado norteamericano no tiene jamás problema de megas.

Pero no. Dejar la toma continua habría significado que se entregaba al juicio de la opinión pública a través de un discurso que no era el suyo sino el de la verdad. Y la verdad para la oposición es la peor afrenta.

La verdad habría impedido la interpretación acomodaticia de una derecha que cree en lo que le da la gana y en más nada.

Que cree en democracia buena y democracia mala; en ciudadanos con derechos políticos y en plebe sin importancia; en violencia digna y violencia inaceptable; en terrorismo heroico y en terrorismo chavista.

Como dicen las Sagradas Escrituras; No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Su ceguera nos duele, porque de ella surgen el hambre y el padecimiento del pueblo que no encuentra hoy cómo comprar sus alimentos ni sus medicinas.

Como venezolanos, nos mueve la angustia porque algún día esos desolados seguidores de la derecha abran los ojos y dejen de ver heroicidades en tantas estupideces.

@SoyAranguibel

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2 comentarios sobre “Cuando la posverdad no ayuda sino que ciega

  1. Muy buen art, de acuerdo totalmente con ud, no se iban a rendir, creyeron q el pueblo iba salir en masa a apoyarlos y ni los hipocritas y cobardes “lideres oposit” salieron, inclusive uno de los tipos en el video dice q no se acerquen, q tienen francotiradores

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  2. Se agradecen sus reflexiones. Sabemos que hay que desenmascarar las infamias que todos los días vomitan mercenarios de la desinformación. Personalmente, me sabe a MIASMA, como, cuando, etc…ese terrorista dejó de respirar.

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