La Cumbre vacía

Por: Alberto Aranguibel B.

“Mientras los presidentes van de Cumbre en Cumbre, los pueblos de América Latina van de abismo en abismo” Hugo Chávez

El mayor logro político del comandante Hugo Chávez no fue solamente la instauración irreversible de la 5ta República en Venezuela bajo el auspicioso signo del socialismo bolivariano.

La ciclópea tarea de promover desde el gobierno una idea de justicia social que tantos tropiezos había tenido en la historia, era sin lugar a dudas el reto más importante para un revolucionario convencido como él de la necesidad de abrirle paso a las fuerzas tectónicas de un pueblo que ya no soportaba más la exclusión y el desprecio que recibió desde siempre por parte de las cúpulas del poder oligárquico imperante en Venezuela hasta la llegada de la Revolución Bolivariana.

Pero, por encima de aquel urgente reto, el comandante tenía perfecta claridad de la impostergable tarea que era frenar la pretensión imperialista de someter bajo sus designios a las economías del continente suramericano, porque sin ello cualquier otra acción de gobierno orientada a redimir al pueblo resultaría inoperante y el modelo socialista simplemente inviable.

Enfrentarse a un imperio de las dimensiones del norteamericano es probablemente el más audaz proyecto que mandatario alguno pueda plantearse, sobre todo cuando se formula en la más completa soledad, como lo estaba Chávez en el escenario internacional al principio de su mandato (con la significativa excepción de Cuba) en relación a su propuesta en contra del ALCA.

Chávez logró hacer avanzar la idea de la unidad latinoamericana a partir de una reflexión que hizo estremecer los cimientos mismos de la vetusta lógica diplomática neoliberal que regía las relaciones entre los países de la región, al darle  paso a una nueva visión de la integración de nuestros pueblos desde una perspectiva de solidaridad y cooperación destinada a frenar las pretensiones de las grandes corporaciones del norte, favoreciendo así las posibilidades de un mayor bienestar para las economías suramericanas, independientemente de las ideologías o intereses políticos particulares de cada país.

Fue así como se impulsaron el ALBA, la UNASUR y la CELAC, como poderosos organismos de integración económica, social y política, que le dieron el vuelco a Latinoamérica hasta convertirla en la región con mayor potencial de crecimiento económico para el siglo XXI, de acuerdo a los diagnósticos presentados en 2011 por la OMC, que ya entonces advertía la inminente caída del dólar como moneda de referencia en los mercados internacionales, tal como la Revolución lo alertaba desde Venezuela en relación al inevitable derrumbe del capitalismo como sistema económico global, dada su expresa incapacidad para resolver los problemas más agobiantes de la humanidad.

Fueron esos organismos de integración los que hicieron visible a los ojos del mundo las potencialidades de nuestras economías y convirtieron en atractivas las opciones de inversión de potencias tan distantes como China, Irán y Rusia, entre muchas otras, que se acercaron a Suramérica con el interés que nunca antes habían tenido en virtud de la imagen de Continente sin ningún atractivo económico que de él se había formado el mundo como consecuencia de aquella horrible historia de hambre y miseria que nos impuso el neoliberalismo a lo largo de todo el siglo XX.

La confianza en esa idea de la integración basada en la soberanía y la independencia económica de cada nación fue el verdadero muro de contención frente al ALCA, y con ello frente a la posibilidad de que nuestras economías fueran entregadas y sometidas de manera sumisa al control del imperio norteamericano y a sus formas perversas de explotación y generación de pobreza.

La frustrada Alianza para el Pacífico, con la que el imperio pretendió revertir esa búsqueda latinoamericana hacia la consolidación de una nueva idea de independencia, terminó siendo apenas un iluso experimento para las naciones que lo integraron, precisamente por su falta de sintonía con la cultura de hermandad de esa nueva corriente integracionista que nacía bajo el signo del bolivarianismo.

Fue entonces el relanzamiento del concepto de unidad latinoamericana, con la que nuestros pueblos estaban en mora desde los tiempos de nuestras luchas emancipadoras, la gran obra política de Hugo Chávez que le permitió a la región la posibilidad de abrirse con pie propio un espacio de significativa importancia en el concierto económico mundial.

Esa vigorosa realidad de la unión es atacada hoy con la más feroz saña por esa bestia herida que con brutal cinismo retoma su proyecto de sometimiento y control de nuestras economías a través de un mecanismo basado en la desvergüenza y el caradurismo de los serviles mandatarios neoliberales que hoy se enorgullecen de entregarle sus países al imperio a cambio de inmorales arreglos subrepticios con la justicia norteamericana para que les sean condonadas las cuentas pendientes por corrupción y blanqueo de capitales que los involucra a todos por igual.

El único organismo multilateral creado en Latinoamérica a lo largo del siglo XXI con el expreso propósito de agredir a un pueblo hermano es el Grupo de Lima.

Es decir; un organismo que nace a contrapelo de la cultura de cooperación y apoyo mutuo que se ha desarrollado entre nuestras naciones, dado su deliberado propósito de excluir a un país hermano si no se somete a las decisiones arbitrarias e ilegítimas de ese grupo contra los más preciados principios del derecho internacional y de la libre determinación de los pueblos.

No existe intercambio o planteamiento multinacional alguno que no pueda ser debatido o instrumentado a través de los escenarios multilaterales ya existentes, como la Unasur y la Celac, que gozan de la más perfecta legitimidad institucional y el más completo y robusto soporte legal para evacuar cualquier tipo de negociación, debate o acuerdo entre las naciones.

Está claro que su razón de ser no es la necesidad económica o de cooperación que beneficie a los pueblos del Continente, sino la urgencia por hacer cumplir la agenda de la potencia del norte en función de su perdida hegemonía en la región.

De ahí lo asqueroso de la actitud de ese grupo de vende patrias que tan orgullosos emiten una declaración insolente y repugnante contra un pueblo digno como el venezolano, cuando vilipendian en la forma en que lo hacen al Primer Mandatario venezolano acusándole de las infamias que el imperio ha construido para intentar hacer desconocer su legitimidad y su multitudinario respaldo popular.

Se articulan esos serviles rastacueros para llevar a cabo la repulsiva tarea de abrirle las puertas a las mismas transnacionales norteamericanas que por décadas los han tenido como asalariados a punta de coimas, comisiones y depósitos millonarios en paraísos fiscales, para permitirles reinstaurar en nuestro Continente el modelo del saqueo que tanto daño y padecimiento le causó en el pasado a nuestros pueblos.

Procuran esos pocos representantes de gobiernos corruptos de ultraderecha imponerse a la voluntad de más de treinta y tres naciones que conforman el foro de las Américas, suponiendo así de manera estúpida que un puñado de entreguistas pudiera hacer retrotraer el Continente al viejo esquema de las Cumbres gatopardianas vacías y sin pueblos, en las que todo se hacía con el firme propósito de impedir la transformación a fondo del sistema.

Su derrota será, como ya lo fue en el pasado, la imposibilidad de callar el grito rebelde de los pueblos que se levantan cada vez con más fuerza para decirle al imperio que “No pasará”.

Que desde el Río Grande hasta el Cabo de Hornos avanzará siempre impetuosa una sola voz cada vez más multitudinaria, con su sed de justicia, inclusión e igualdad, reclamando participación y protagonismo por encima del dictamen de las élites neoliberales que hoy se venden como hetairas cortesanas al mejor postor.

A esa “presencia” se refiere nuestro digno Presidente obrero cuando advierte que su participación en la Cumbre de las Américas no podrá ser impedida. La voz de Nicolás Maduro es hoy la voz de ese mismo pueblo que se hizo gigante e irreductible junto a Chávez.

No tendrá lugar, pues, en Lima la Cumbre hueca que los entreguistas pretenden, ni el bochornoso incidente internacional que aspiran protagonice nuestro Presidente. Los pueblos del Continente harán presente la poderosa voz del hijo de Chávez para abrirle los ojos al mundo con la verdad de Venezuela y denunciar la pretensión neocolonialista del imperio más criminal y genocida de la historia.

Llueva, truene o relampaguee.

@SoyAranguibel

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