Ayudar a las riquezas

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando se hace el inventario de los países que han recibido “ayuda humanitaria” de los Estados Unidos a través de la historia, se encuentra una sola constante (un único factor concurrente, como se dice en lenguaje jurídico) que permite concluir perfectamente que esas ayudas no están nunca movidas por la compasión hacia los pueblos sino por la avaricia imperialista.

Atravesar el planeta para ir al Medio Oriente a resguardar la “seguridad nacional”, como hace el ejército norteamericano, no es de ninguna manera lógico. Menos aún, cuando en el propio territorio de ese país la inseguridad se asoma casi a diario en cualquier escuela o centro comercial donde la gente es sorprendida con balaceras terroríficas en las que mueren personas inocentes que ni siquiera se enteran jamás de por qué razón fueron asesinados en la vía pública. Y ello sin contar el insalvable infortunio que es encontrarse en esa nación con un policía racista en cualquier esquina.

Lo curioso de esa “ayuda humanitaria” de los Estados Unidos, es que son soldados y no médicos quienes la prestan. Tropas de asalto, tanques de guerra, fusiles de alto poder, bombas teledirigidas, misiles inteligentes, helicópteros artillados, porta aviones y lanzacohetes, son los recursos de “auxilio” usados en esas misiones. Las bases militares son una suerte de “dispensarios”, pero no de salud sino balísticos.

Las hambrunas y la pobreza extrema de los países africanos, por ejemplo, no son tema de preocupación para los abnegados samaritanos gringos. Salvo que haya riquezas bajo su suelo.

La nueva “ayuda” prevista para “auxiliar” a una nación más allá de sus fronteras ya está en curso. La instalación de tres bases militares en la Patria de San Martín forma parte de la negociación que a tal efecto se inicia esta misma semana entre los gobiernos de Donald Trump y Mauricio Macri.

Una se ubicará en Ushuaia, junto a la más grande reserva mundial de agua potable; la de la Antártida. La otra en Misiones, justo encima del Acuífero Guaraní. Y la tercera en Jujui, sobre las inmensas reservas de litio en la frontera argentina con Bolivia.

A cada paso, el imperio demuestra que no hacen falta sesudos análisis para deducir la razón exacta de su frenético interés por “ayudar” a un país como Venezuela.

soldados oro

@SoyAranguibel

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