¿Por qué hay gente que no cree en la perversidad del imperio?

Por: Alberto Aranguibel B.
(ilustración: Pandorco)

Un reciente estudio llevado a cabo por la empresa Hinterlaces, revela el significativo incremento en la cantidad de venezolanas y venezolanos que descartan la hipótesis de la guerra económica como causante de la crisis inflacionaria por la cual atraviesa el país. La investigación, que arroja que tres de cada cuatro venezolanos no cree hoy en la guerra económica, es de inmediato manipulada por el portal ultra derechista Noticiero Digital para acuñar que el gobierno ha fracasado en su comunicación con el pueblo: “Cuatro años después de una campaña diaria en los medios oficialistas para responsabilizar a la guerra económica de la crisis del país; después de innumerables declaraciones de altos voceros, incluyendo el presidente Nicolás Maduro; después de todo eso, solamente uno de cada cuatro venezolanos cree en la guerra económica como la principal causa de la crisis que vivimos.”

El brutal asedio económico del que ha sido víctima la economía nacional producto de la incesante campaña de un liderazgo opositor vendepatria y entreguista, que la gente ha visto con sus propios ojos cómo azuza a los factores más ultra reaccionarios del mundo para asfixiar las posibilidades de intercambio comercial de Venezuela, era hasta hace pocos días algo perfectamente claro e innegable para la inmensa mayoría del pueblo.

El arrasador triunfo de la propuesta revolucionaria en todos los procesos electorales convocados en menos de un año, da fe de la claridad con la que el pueblo entendió que el culpable de los padecimientos por los que atravesaba, no era otro que ese liderazgo de la derecha, que ha contado en todo momento con el respaldo del imperio norteamericano.

Pero, de la noche a la mañana, los titulares de la prensa cambiaron de protagonista de la noticia diaria referida a Venezuela, desplazando de sus primeras planas los temas que recurrentemente utiliza en contra de la revolución, para colocar en su lugar la hipótesis de la culpabilidad del gobierno en el incremento de los precios. Y con ello, se modificó la percepción de la realidad en buena parte de la población.

Desde el inicio mismo del mandato del presidente Nicolás Maduro, la prensa ha puesto y quitado de las primeras planas los temas por los cuales, según ella, debe preocuparse la población venezolana, más por un asunto de conveniencia para la guerra desatada abiertamente por la derecha contra la Revolución Bolivariana que por razones de veracidad noticiosa referidas al auténtico interés de la opinión pública.

Hoy la acusación contra el gobierno frente al tema de los precios es ubicada en posición predominante porque la lascivia amarillista de esa prensa mercenaria ha visto en el llamado que ha formulado el Jefe del Estado a la militancia revolucionaria para llevar a cabo un franco proceso de autocrítica que incluya la revisión y rectificación de las políticas públicas, una oportunidad excepcional para obtener un provecho político por mampuesto.

La manipulación permanente de los medios de comunicación para fabricar las matrices que le interesan a la derecha en su lucha contrarrevolucionaria, es un asunto de particular relevancia en la batalla que debe librar hoy el liderazgo revolucionario como parte del proceso de revisión al cual ha convocado el Presidente. En virtud de ello ese proceso debe ser asumido como un examen no solo de los aspectos políticos o de gestión gubernamental, sino muy fundamentalmente de lo que tiene que ver con el tema comunicacional, porque de la manipulación de la que es víctima el pueblo surgen casi siempre los demás problemas.

¿Está la población venezolana suficientemente preparada para comprender a cabalidad los fenómenos involucrados en la guerra, que van mucho más allá de lo económico y que tienen en el componente mediático un factor más que determinante?

Si, luego del intenso trabajo de consolidación política cumplido en esta fase tan crucial del proceso, dejásemos ahora en manos del medio de comunicación el esfuerzo de formación ideológica que evidentemente está haciendo falta, estaríamos cometiendo, ahí sí, el peor de los crímenes contra las venezolanas y los venezolanos.

Como contraofensiva a ese ataque que persigue descolocar a la militancia revolucionaria a través del poder de los medios de comunicación, hace falta, ahora más que nunca, discutir con las comunidades la doctrina hegemónica del imperio en toda su extensión.

Hay que debatir en asambleas populares todo cuanto ha hecho la oposición venezolana en el mundo para aislar la economía del país, y la manera en que esa acción apátrida atenta directamente contra la vida de las venezolanas y los venezolanos.

Dar a conocer, así mismo, el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, (PNAC, por sus siglas en inglés), que describe perfectamente el propósito de dominación imperialista de los EEUU para el siglo XXI, al frente del cual se encuentra la crema y nata de la clase política norteamericana del último cuarto de siglo, incluyendo a George Bush, George W. Bush, Bill Clinton, Barack Obama, y todos sus exministros del Departamento de Estado y de Guerra, y explicarle al país en detalle la forma en que cada uno de ellos actuó o sentó las bases de la guerra actual contra Venezuela.

Revisar y difundir detenidamente (no nada más con la metodología del informe periodístico o de campaña informativa, sino con el trabajo intensivo de formación y debate político con el pueblo) el documento “Golpe Final”, elaborado por el Comando Sur, en el que se explica con claridad el plan de desestabilización económica, social y política, que lleva a cabo ese brazo armado del imperio contra nuestro país.

Y, no menos importante, discutir con el pueblo la contundente revelación de la doctrina de la caotización inducida, de la cual somos víctimas, recogida en el libro The craft of intelligence (1963) donde el infame fundador de la CIA, Allen Dulles, pormenoriza su idea de lo que debiera hacer EEUU contra Rusia, y que hoy se aplica a cabalidad contra Venezuela.

Allen Dulles, quien se convirtiera en 1953 en el primer director civil de la CIA, fue el creador del modelo de derrocamiento de gobiernos no afectos a los EUU mediante operaciones secretas de espionaje y promoción de ingobernabilidad en esas naciones. Miembro de la llamada Operación 40,que reunía a finales de los 50’s lo más granado del anticomunismo norteamericano en el poder, logró recibir el más amplio respaldo que ningún funcionario del imperio haya recibido jamás de su gobierno para la desestabilización de países progresistas en el mundo. Con tal propósito Dulles emprendió la Operación MK Ultra, que incluía el desarrollo de sistemas de control mental de la sociedad dirigidos por Sidney Gottlieb. Promotor de las alianzas de la inteligencia gringa con la mafia y el anticastrismo, recae sobre él la responsabilidad en el derribamiento de Mohammed Mossadeg, en Irán (1953); de Jacobo Arbenz, en Guatemala (1954); y la Invasión de Bahía de Cochinos, en Cuba (1961).

En ese debate necesario se deben examinar ideas esenciales de ese libro de Dulles, como las siguientes:

“Sembrando el caos en la Unión Soviética, sustituiremos sus valores, sin que sea percibido, por otros falsos, y les obligaremos a creer en ellos. Encontraremos a nuestros aliados y correligionarios en la propia Rusia. Episodio tras episodio se va a representar por sus proporciones una grandiosa tragedia, la de la muerte del más irreductible pueblo de la tierra, la tragedia de la definitiva e irreversible extinción de su autoconciencia. De la literatura y el arte, por ejemplo, haremos desaparecer su carga social. Deshabituaremos a los artistas, les quitaremos las ganas de dedicarse al arte, a la investigación de los procesos que se desarrollan en el interior de la sociedad.

Literatura, cine, teatro, deberán reflejar y enaltecer los más bajos sentimientos humanos. Apoyaremos y encumbraremos por todos los medios a los denominados artistas, que comenzarán a sembrar e inculcar en la conciencia humana, el sadismo, la traición. En una palabra; cualquier tipo de inmoralidad.

En la dirección del Estado crearemos el caos y la confusión. De una manera imperceptible, pero activa y constante, propiciaremos el despotismo de los funcionarios, el soborno, la corrupción, la falta de principios. La honradez y la honestidad serán ridiculizadas, innecesarias y convertidas en un vestigio del pasado.

El descaro la insolencia, el engaño y la mentira, el alcoholismo, la drogadicción, el miedo irracional entre semejantes, la traición, el nacionalismo, la enemistad entre los pueblos y ante todo el odio al mismo pueblo ruso; todo esto es lo que vamos a cultivar hábilmente hasta que reviente como el capullo de una flor”.

Que no sea por culpa de una triste e injustificable omisión revolucionaria en la urgente tarea del reforzamiento de la conciencia popular, que el pueblo no sepa reconocer con precisión a su verdadero enemigo en esta hora tan crucial para la Patria.

 

@SoyAranguibel

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