Borges el urogallo

Por: Alberto Aranguibel B.

La derecha venezolana, tal como lo ha puesto en evidencia cada vez que ha tenido la oportunidad, no profesa admiración o respeto alguno hacia los próceres de la Patria. Más bien todo lo contrario, pero no por un asunto de principios doctrinarios sino porque no tienen héroes a quienes rendirle culto.

Son muy contados los protagonistas de la gesta emancipadora que representan de manera más o menos cabal los intereses y valores que hoy encarna la oposición venezolana. Nuestros héroes inspiraron su lucha en la búsqueda incansable de la justicia y la igualdad social que proponía el movimiento emancipador y humanista de aquella gran gesta de libertad y soberanía. Exactamente los principios del chavismo a los cuales se opone hoy la derecha.

En su breve lista, José Antonio Páez es siempre una suerte de gran carta de salvación cuando se ven forzados a la (para ellos) odiosa eventualidad de asumirse patriotas, pero no por sus gloriosas hazañas en la lucha independentista sino por haber protagonizado la mayor confabulación que se conozca de un venezolano contra el Padre de la Patria, y, muy principalmente, por haberle restituido los privilegios a los mantuanos después de la guerra mediante la fórmula de la Cosiata.

La oligarquía criolla es muy estricta en eso del culto a sus héroes (los pocos que tienen). Jamás la admiración hacia ellos debe estar desconectada del simultaneo odio hacia los libertadores y hacia las ideas de emancipación. Francisco de Miranda, por ejemplo, es todavía vituperado en los salones más refinados del Country Club, con la misma saña y desprecio que se le tiene hoy al comandante Chávez en esos recintos. Hábito que les viene desde los orígenes mismos de la venezolanidad, como lo revela aquel bochornoso impasse con el General José Laurencio Silva, a quien el Libertador tuvo que desagraviar en la forma más insólita en medio de un salón de baile, ante el irrespeto del cual el gallardo General era objeto por parte de ese mantuanaje del cual surge el actual.

El asturiano José Tomás Boves, reivindicado por Francisco Herrera Luque como un gran guerrero venezolano, viene a ser quizás el más completo paladín del retorcido concepto de libertad e independencia con el que comulga el antichavismo, porque más allá de la naturaleza anarquista y pendenciera que le caracterizó, Boves es el verdadero arquetipo del empresario privado de medio pelo (vendedor de baratijas de mercería en su caso) que terminó convertido en líder de las revueltas más incendiarias de su tiempo por su sola vocación criminal y asesina.

Quienes exaltan hoy a Boves lo hacen desde la perspectiva supuestamente venezolanista que le inspiraba, porque encarnaba una modalidad de lucha por la independencia que era a la vez una lucha a muerte contra el movimiento libertador que pregonaba la abolición de la esclavitud, así como la justicia social y la independencia de la Patria.

Aquel sanguinario personaje no tuvo conmiseración alguna con los venezolanos que asesinaba en masa a su paso por las poblaciones que asaltaba (más por el regocijo de su sadismo que por ninguna razón política, a las cuales se sublevó en todo momento desconociendo persistentemente el mando de sus superiores en todos los ejércitos en los que peleó). Sin lugar a dudas el perfil que define de manera más perfecta la irracional lógica de la lucha que hoy libran en el país los sectores de la derecha fascista que lidera Julio Borges.

Habiendo sido Páez el autor de la mayor afrenta que se conozca de un venezolano contra Simón Bolívar, Boves es sin embargo el héroe que goza de la mayor admiración por parte de la derecha ultra reaccionaria que hoy se reúne en el antichavismo, porque siendo, como lo fue, un auténtico mercenario de la guerra, sin principios éticos ni morales de ninguna especie, jamás renunció (como sí lo hizo Páez en los inicios de su carrera militar) a las fuerzas realistas que batallaron hasta lo indecible por exterminar el ejército libertador, ni claudicó nunca en su criminal afán de exterminio físico del contrario.

Borges es exactamente eso; un mercenario de medio pelo promovido a la escena pública desde el ámbito de la empresa privada, que ha encontrado en el terreno de la política un espacio para hacerse de grandes negocios (criado en el seno de su hogar como la promesa de una modalidad del derecho para la cual fueron formados muchos venezolanos de los sectores pudientes de la sociedad que concibieron siempre la abogacía no como un instrumento de justicia sino como una herramienta para conseguir mejores oportunidades de esquivar las leyes en la búsqueda de riquezas y posiciones de poder), pero que no tiene, además, el menor prurito en promover y ordenar el exterminio de los venezolanos que no le ayuden a satisfacer sus ansias de gobernar para llevar a cabo la entrega del país al imperio norteamericano (a cuyas órdenes se ha puesto a cambio de una jugosa remuneración en dólares) sin importar si quienes son asesinados por sus sicarios son chavistas u opositores.

Quienes desde la derecha no entienden o repudian a Borges, lo hacen porque no han comprendido ese aspecto tan particular de los asesinos, que, como Boves, no hacen jamás política, sino que urden emboscadas contra la sociedad para sacarle provecho a la política desde una posición de poder.

No supieron leer al Borges auténtico que estaba detrás de la cobarde evasión de responsabilidad en el golpe de abril del 2002, en el que estuvo involucrado hasta los tuétanos pero que negó hasta la saciedad una vez restituido Chávez en la presidencia.

No entendieron su jugarreta en la mesa de diálogo instalada en República Dominicana, en la que él siempre supo desde un primer momento que su presencia ahí tenía la única intención de impedir la firma de algún acuerdo. Por eso es una completa infamia la acusación de “dialogante” que hoy los opositores le hacen.

De ahí que hoy se vea en la obligación de violentar su proverbial cobardía, reconociendo ante el mundo que él ha sido el promotor por excelencia del acoso imperialista que ha provocado la peor crisis económica de nuestra historia, y deba presentarse complacido ante las cámaras por el padecimiento de los millones de venezolanos que hoy sufren las consecuencias de un bloqueo que genera hambre, pobreza y enfermedades sobre todo a los más necesitados, incluso a los miles de opositores que en algún momento creyeron en las falsas promesas de bienestar que les hiciera esa derecha reaccionaria que él encarna.

Exactamente igual a Boves, a Borges no le interesa para nada el bienestar del pueblo, porque el pueblo no tiene nada que ver con su proyecto personal. El pueblo cumple en las batallas de los mercenarios el papel de tonto útil que le asignan siempre los mercenarios. Y eso fue lo que hizo Borges con la esperanza de quienes en algún momento escucharon su promesa del ilusorio bienestar que les depararía la reinstauración del neoliberalismo en el país. Promesa que a la larga terminó convertida en la repulsa que cada vez más gente le tiene, no solo por la impudicia de sus recurrentes errores y fracasos en el terreno de la política, sino por las evidencias de su vil entreguismo. Que van quedando al descubierto a medida que los pozos sépticos de la oposición que él lidera se van destapando y el mundo entero (empezando por los mismos opositores) puede ver con claridad cuánto de asqueroso y repugnante puede llegar a ser este infame personaje.

Hoy Borges se duele por la frustración del genocidio con drones contra el Presidente y las decenas de funcionarios y de gente del pueblo que el 4 de agosto se encontraban en la avenida Bolívar de Caracas, y que él personalmente ordenó desde la mansión que el gobierno colombiano le ha asignado como guarida. Las pruebas que lo incriminan en los celulares y demás evidencias y declaraciones de los terroristas detenidos, son irrefutables. Su plan era la muerte de esos venezolanos para obtener un beneficio político; hacerse del poder para poner el país bajo el control del imperio.

Nada nuevo. Simplemente ha renacido en nuestro suelo el talante exterminador y genocida de un mercachifle de la política devenido en guerrero de la muerte por vocación propia.

Como hace dos siglos, el pueblo de Venezuela, bajo el mismo signo de la justicia y la igualdad por la cual luchó en el pasado hasta conquistar la independencia, derrotará a los mercenarios y a los ejércitos imperialistas, e impondrá la vida sobre la muerte.

¡Juntos, con Nicolás al frente, podemos!

 

@SoyAranguibel    

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s