La hora de la conciencia

Por: Alberto Aranguibel B.


“…porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.”
2 Corintios 4:18

Hacía mucho tiempo no se veía en el país una tan formidable fuerza colectiva de esperanza y de fe en función del bienestar común al que aspiran las venezolanas y los venezolanos, como la que se ha sentido en las calles desde la entrada en vigencia del Programa de Recuperación, Crecimiento y Prosperidad Económica puesto en marcha por el presidente Nicolás Maduro.

El deterioro promovido por la derecha nacional e internacional contra nuestra economía, no se limitó jamás a la generación de un indetenible proceso inflacionario que destruyera el poder adquisitivo alcanzado por nuestro pueblo durante la revolución, ni a las formas ilegales de manipulación del mercado y de la producción que han llevado a cabo durante años. Su propósito era acabar con las posibilidades del Estado para la generación del bienestar al que aspira la población, para lo cual el ataque a la siquis de la gente siempre fue un factor fundamental.

A lo largo de todo ese periodo la derecha ha procurado fatigar la viabilidad de las políticas puestas en práctica por el gobierno, mediante la generación de desconfianza e incredulidad con base en campañas persistentes de descrédito y de acusaciones contra el presidente y contra el gobierno, la mayoría de ellas infundadas y con un claro propósito de generación de odio entre la sociedad para fracturar su cohesión y su convicción revolucionaria.

Eje medular de esas campañas ha sido siempre la búsqueda de reinstaurar entre los venezolanos y las venezolanas la cultura del individualismo que promueve el capitalismo como base de su doctrina económica. La mezquindad es el corazón de la filosofía de la acumulación que determina la razón de ser del capital.

Sin ese proceso de desaliento y desesperanza que se sembró en la fibra misma de la sociedad venezolana durante los últimos años, habría sido imposible la existencia de los bachaqueros que tanto daño le han causado a la estabilidad económica del país, pero también a la estabilidad emocional del pueblo. Los bachaqueros son la materialización de la perversa idea del desprecio hacia los demás que deriva de esa lógica de la mezquindad, del pensar solamente en el beneficio propio sin importar el padecimiento del otro, que es tan consustancial al capitalismo.

En la búsqueda de la sobrevivencia a que obligaba esa brutal guerra económica que la derecha desató contra el pueblo, buena parte de la población se fue habituando a considerar provechosa la ventaja lograda a través de la astucia y la triquiñuela cualquiera fuera el escenario. El innoble “cuánto hay pa’ eso” que habíamos dejado en el olvido como una mácula indecorosa en el alma del venezolano, fenómeno que remitía directamente a nuestro bochornoso pasado neoliberal, fue reinsertándose en la médula de la conciencia nacional hasta llegar a los rincones más insondables del ser. La solidaridad, el espíritu colectivista, la hermandad y el espíritu de cooperación que germinó en el país junto con la idea de independencia y soberanía que sembró el comandante Chávez en el país para impedir que esa pérfida derecha pudiera avanzar como lo pretendía desde entonces para causar el mismo daño y la misma devastación que hoy le ha causado a nuestra economía, fueron agotándose progresivamente a medida que iba expandiéndose a lo largo y ancho de nuestro territorio la inmoral fórmula del rebusque individual que comprende el “capitalismo popular” que predica el antichavismo. La cultura del “raspacupismo”, no fue más que una expresión viva del daño que esa enajenación de la sociedad estaba causando entre el pueblo. El odio entre los venezolanos que nos llevó al borde del estallido social fue una consecuencia directa e inevitable de ese proceso de exacerbación de la individualidad y el facilismo.

De ahí que lo que hemos padecido como país y como pueblo no sea solamente un profundo deterioro de nuestra capacidad adquisitiva, sino una severa corrosión de la fibra ética y moral de la sociedad. Algo que hoy tenemos que atender con la misma entrega y sentido de la responsabilidad con los que asumimos el Programa de Recuperación Crecimiento y Progreso Económico, so pena de perder todo lo logrado en este excepcional momento de la historia que hoy comenzamos a transitar.

A diferencia de lo que propone el capitalismo, el socialismo posee una inmensa ventaja para llevar a cabo esa impostergable tarea de reeducación y recuperación ética de la sociedad, que es el fundamento ideológico del planteamiento revolucionario. Mientras el capitalismo no puede ir más allá del ofrecimiento de ilusiones vanas (por eso la publicidad es indispensable para la existencia misma del modelo capitalista) y mientras bajo ese inviable modelo la gente no obtiene sino, cuando mucho, una felicidad pasajera que se agota en la naturaleza efímera de los bienes materiales, el socialismo tiene su asiento en la fuerza y perdurabilidad infinita del amor y del bien común entre el pueblo que promueve el ideario bolivariano.

Corresponde hoy a la revolución asumir la batalla por el reencuentro solidario y fecundo entre las venezolanas y los venezolanos, ya no para la obtención de esos alimentos y productos que les fueron negados por la voracidad insaciable de quienes pensaron solamente en su propio beneficio, sino para alcanzar el estadio de verdadera prosperidad al que aspira el pueblo con base en el trabajo conjunto de todos los actores económicos por igual, cada uno desde su propio rol y desde su propio escenario, pero pensando siempre en el bienestar y la prosperidad de todas y todos los venezolanos.

Toca reconvenir con los comerciantes, la mayoría de los cuales es víctima también, sin lugar a dudas, de la misma saña de los grandes capitales por acabar con nuestra economía, para hacerlos entrar en razón mediante intensas campañas de concientización que les demuestren, con la mayor claridad, que su mejor negocio no es incrementar demencialmente los precios como lo venían haciendo hasta hoy, sino el trabajo conjunto con sus mejores aliados, que no son otros que los propios consumidores a los que cada uno de esos comerciantes se debe.

Se debe explicar en este momento con contundencia y alto sentido pedagógico que los enemigos, tanto de los comerciantes como del pueblo, son quienes atentan contra la tranquilidad de nuestro país a través de la desestabilización económica que nos confronta a todas y todos; comerciantes y compradores, banqueros y usuarios de la banca, médicos y pacientes, servidores y público en general, que padecemos de una u otra forma la misma precarización de la vida en la que hunde esa brutal guerra que promueve la derecha nacional e internacional a un país que es de todas y de todos los que nos referimos a esta nación como nuestra Patria.

Por eso, esta misma semana hemos presentado en el seno de la Comisión de Comunicación e Información de la Asamblea Nacional Constituyente, una propuesta dirigida al gobierno nacional para la realización de una campaña de concientización que aborde este importante tema desde un ángulo didáctico y muy motivacional, como una contribución al logro de esta histórica batalla que hoy libra el presidente de la República con la puesta en marcha de lo que él mismo ha denominado “el nuevo inicio económico” nacional.

Desatender la urgencia de la necesaria concientización, ya no en lo estrictamente informativo del programa sino en lo referido al aspecto ético que el mismo requiere en virtud del daño causado por la guerra a la siquis y a la estructura moral de la sociedad, sería exponer su potencialidad al fracaso y conducir a la Revolución Bolivariana a la pérdida de una inédita oportunidad de avance y profundización en la construcción del modelo de justicia e igualdad social que se propone.

El camino no es fácil. Lo sabemos. La avaricia, el facilismo, la corrupción y el consumismo, no son pequeñas ronchas de magulladuras leves en el cuerpo social, sino verdaderas llagas enquistadas en su organismo. Extirparlas demandará seguramente la aplicación de curetajes profundos que tal vez demoren en producir su efecto.

Pero no trabajar, en medio de este esplendoroso renacer de la esperanza que hoy celebra el pueblo, en la recuperación de nuestra propia autoestima y de nuestra fe en el provechoso porvenir que el proyecto colectivo del socialismo nos augura, sería imperdonable para siempre si por una inexcusable omisión como esa permitimos el retorno a la vida de cada una y cada uno de los venezolanos de los demonios de la perturbación de los cuales hoy nos libra el camarada Nicolás Maduro con su esfuerzo, su amor y su entrega al pueblo.

@SoyAranguibel

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Un comentario sobre “La hora de la conciencia

  1. Excelente analisis. Siempre he considerado que la crisis economica, nos ha perjudicado muchisimo, pero la crisis social ha logrado enaltecer los antivalores que han ocasionado mas daño a nuestra sociedad. No solo en la corrupcion de los altos personeros del estado corrupto (flizmente no son todos) es tambien en nuestro cotidiano comportamiento en el dia a dia, carente de consideracion y respeto.

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