¿Por qué luchan los escuálidos?

Por: Alberto Aranguibel B.

En la llamada sociedad de consumo el individuo es habituado por la cultura burguesa y el ilusionismo mediático a proyectarse de manera ascendente de modo que su aspiración de un estilo de vida ampuloso no se sacie nunca. De tal insatisfacción depende la sobrevivencia misma del capitalismo en la medida en que la riqueza se concentra cada vez más en menos manos y el sistema se ve en la obligación de inducir a esos sectores específicos en particular a una mayor demanda de productos y servicios.

Por eso los más propensos a considerarse por encima de los demás son siempre los integrantes de esa clase que la mercadotecnia define como de alto poder adquisitivo. Por lo general, los pobres no padecen la irracional alienación al modelo consumista habituados como han estado desde siempre a enfrentar la realidad sin apego a fabulaciones pueriles que los muevan a determinar su vida basados en aspiraciones insensatas o desproporcionadas. El pobre aspira a una vida digna para su familia. El consumista aspira a lujos y posesiones que los conduzcan a otros lujos y posesiones cada vez más estrafalarios, a través de los cuales poder asegurar y perpetuar la constante de su ilusoria ascendencia social.

La Venezuela de hoy, sumida como ha estado desde hace un siglo en la vil cultura del rentismo petrolero que proveyó de confort y riquezas a esa clase social de alto poder adquisitivo, no escapa a la bochornosa realidad del consumismo enajenante (que nada aporta al desarrollo del país, pero que sí afecta definitivamente el desempeño provechoso de la sociedad en su conjunto) fundamentalmente por su naturaleza “cuasi ideológica”, en la que se refugia hoy la inmensa mayoría de la oposición venezolana de a pie.

Una ideología despolitizada que se fundamenta en el principio capitalista del individualismo y que se expresa en el desprecio a todo lo ajeno al interés propio de cada quien, en cuya matriz conviven de manera simultánea el amor a las ideas más nobles y enaltecedoras (generalmente de inspiración religiosa) y la repulsa a toda expresión o acto de solidaridad humana.

Desde esa perspectiva, la razón de ser del individuo es la búsqueda incesante del mayor confort (no del bienestar, porque en su gran mayoría de ese ya disfrutan los de la clase de alto poder adquisitivo) en el que radica la verdadera posibilidad del placer al que aspiran, evitando en todo momento todo aquel racionalismo que atente contra la premisa fundamental del consumismo que es la lealtad a lo efímero.

En el consumismo no puede haber lealtad sino al consumismo. En él, las marcas y los productos están sujetos a la lógica de la moda. Un fenómeno ideado por el capitalismo para venderle varias veces al mismo comprador productos similares pero desechables según lo dicten a los parámetros establecidos por la gran industria para distintas épocas, en las que se mercadean siempre nuevos productos iguales a los ya existentes, pero con alguna mínima modificación que justifique el costo del innecesario canje.

Formados bajo esa lógica del desapego, y sin el más mínimo rubor, los escuálidos cambian de líder político como cambian de marca de zapatos según la pauta consumista establecida para cada temporada. La pasión que le profesan a cada uno de ellos a medida que los van alternando (desechando), no responde a identificación con ideas o principios doctrinarios de ningún tipo sino al mismo fanatismo que inspiran los artículos de moda. Las ideas que defiendan un día y las que defiendan otro pueden ser perfectamente contradictorias entre sí, como les sucede a los escuálidos las más de las veces, porque lo importante no es jamás el contenido doctrinario de sus planteamientos, sino el poder escenográfico de las mismas. La pose supuestamente política del escuálido promedio no es sino un recurso histriónico para justificar toda acción que conduzca a la toma del poder, pero solo para usarlo como plataforma de acceso a esa idílica felicidad que les describe Hollywood.

De ahí que Miraflores no sea para ellos el asiento del gobierno, ni mucho menos, sino el portal que, una vez abierto, permitirá la entrada del imperio norteamericano para hacerse del control del país, y con ello establecer de la manera más expedita el puente hacia la 5ta avenida de Nueva York y sus fascinantes vitrinas de fastuosas marcas, sus grandes y lujosos restaurantes, y, por supuesto, hacia Broadway y su encantadora vida nocturna de teatros y cabarets con coloridos vodeviles en el más perfecto idioma inglés.

Para ellos, la Patria es una entelequia que pasó de moda con la caída de la 1ra República, a partir de la cual lo que hubo en nuestro suelo fue una especie de turbamulta de caudillos y cimarrones envalentonados que alborotaron desde siempre la tranquilidad de la nación, que, bajo su óptica, jamás debió haber cometido la torpeza de la insubordinación a los designios de la corona española.

Por eso no encuentran incongruencia alguna entre el intento de incendiar el país oponiéndose a la promulgación de una Constitución que, años después, usan para intentar incendiar de nuevo el país, pero esta vez para defenderla.

Como tampoco ven contradicción entre el hecho de quemar gente viva para pedir elecciones y tratar de hacer lo mismo meses después para impedir el acto electoral por el que clamaron asesinando gente.

Para esa histriónica que le sirve de insumo a la mediática contrarrevolucionaria, las razones no tienen la menor relevancia porque a la larga esas razones terminarán indefectiblemente conduciendo a la constatación de que la lucha de los escuálidos es completamente insustancial y sin contenido. Que es llevada a cabo por el mero antojo de querer ser ellos quienes mandan (y no los “pata en el suelo”), es decir; para que el supremacismo de clase sea una realidad que se corresponda con las leyes del universo, tal como se conciben en el capitalismo, y no con el “desastroso comunismo” que habría instaurado Chávez en Venezuela.

De ahí que para los escuálidos no sea ninguna insensatez la desquiciada loquetera de acusar ahora de “chavistas enchufados” a los migrantes que cuando salieron del país los bautizaron ellos mismos como “la fuga del talento” que huía del régimen. Y mucho menos la aberrante desfachatez de exigirle al presidente de la República, que ellos llaman “dictador”, un avión para regresar de gratis y cuanto antes a la “dictadura” de la que dicen estar huyendo, justamente en medio de la brutal guerra que la derecha libra contra el gobierno bolivariano por la crisis humanitaria que supuestamente hay en esa emigración, pero que ninguno de los países que la denuncia acepta atender humanitariamente.

Tales dislates son el resultado de una lucha que no tiene fundamentos sino antojos. Como los que trasluce el tono sempiternamente colérico de la mantuana desaforada que la derecha tiene como inexorable candidata nada más y nada menos que a la presidencia de la República, en cuyo verbo destila incontenible la rabieta de no tener cuando quiere lo que a ella se le da su relamida gana.

Para el mundo es un evento insólito que en la tierra que contiene la mayor riqueza fósil del planeta, exista hoy una sociedad donde los pobres respaldan al gobierno y los ricos viven de protesta en protesta.

Pero más descabellado aún, es que quienes protestan son los mismos que siempre tienen el más fácil acceso al bienestar que ese gobierno al que se oponen le provee con el mayor esfuerzo a la población. Por eso sacan sin pudor alguno su Carnet de la Patria después de asquearse del mismo hasta la saciedad. Reciben sin rechistar sus cajas Clap. Recorren el país con sus fastuosos carros Orinoco. Y disfrutan relajados sus cargos de alta nómina en los organismos del Estado.

Viven en una sola quejadera por todo. Para ellos en Venezuela todo es nefasto y deleznable. Principalmente las dificultades que nos hacen padecer los irresponsables líderes opositores con sus súplicas al mundo por cercos económicos cada vez más criminales e inhumanos, pero que ellos sostienen que son culpa del gobierno.

Y al final, por absurdo que parezca, el verdadero desastre que es el capitalismo (que se viene abajo por sí solo, como sucede en Argentina; sin que nadie lo perturbe, sin bloqueos económicos, sin sabotajes a su economía, sin contrabando de alimentos o de billetes, sin sanciones arbitrarias e ilegales, sin violencia terrorista de por medio, y contando con el más irrestricto apoyo del Fondo Monetario Internacional y de la más poderosa potencia de la tierra) es atribuido por esos insensatos al chavismo.

Sin son la nada, como proverbialmente dijera el Comandante Eterno, su lucha es por nada.

@SoyAranguibel   

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s