No se equivoquen

Por: Alberto Aranguibel B.

Hay quienes explican el resurgimiento del fascismo culpando de ello a la izquierda. En particular en Latinoamérica, con la revelación de Bolsonaro en Brasil, después que se daba por descontado que Lula (o su sucesor) arrasaría en las elecciones en ese país.

Reducir la eficacia de los movimientos populares al simple logro de las mayorías electorales, es perder de vista el sentido de la transformación profunda del Estado y de la sociedad que toda gran fuerza de inspiración popular debe llevar a cabo. Es desconocer la naturaleza fluctuante de los procesos de cambio, signados, por lo general, por marchas, contramarchas y reveses intensos, que determinan la verdadera evolución de las sociedades.

Si reconocemos el auge de los movimientos sociales como el fenómeno latinoamericano del siglo XXI, entonces debemos reconocer con la misma objetividad que lo que sucede en la derecha con el ascenso de figuras paradigmáticas como Temer o Bolsonaro en Brasil, como Piñera en Chile, Macri en Argentina, Fox y Peña Nieto en México, o Kuczynski en Perú, no es precisamente un avance de tipo partidista, sino el crecimiento progresivo de la antipolítica que encarna el sector empresarial hoy en el mundo (liderado por los EEUU y su proverbial presidente empresario), y que en nuestra región se hace más patente precisamente por la intensidad de su confrontación con todos los sectores políticos. No solo con los de izquierda.

Si efectivamente algunos de esos movimientos progresistas en la región han sido desplazados por esa lógica corporativista, no es menos cierto que los partidos políticos tradicionales de la derecha han sido mucho más relegados por esta oleada de la antipolítica cuyo propósito es hacer realidad el viejo sueño empresarial de acabar con el Estado, sin importar su signo ideológico.

Por eso en Venezuela es cada vez más clara la escisión entre el empresariado y la dirigencia de la oposición. Quienes desde el empresariado anhelan la opción de alguien como Lorenzo Mendoza, dueño de la Polar, como candidato a la presidencia de la República, lo hacen desde una posición de desprecio hacia la política, fundamentalmente la de la MUD.

No es, pues, una falla del PT lo que sucede en Brasil (o de las izquierdas en Paraguay, Honduras, Argentina o Ecuador), sino una nueva modalidad de ejercicio del poder, signada por el secuestro de la democracia que lleva a cabo el gran capital tratando de acabar con la política, valga decir; con la democracia, donde quiera que se encuentre.

Pero, así como los triunfos de Maduro en Venezuela y de López Obrador en México, por ejemplo, no representan en sí mismos la extinción de la antipolítica en ninguno de esos países, tampoco la circunstancial derrota electoral de las fuerzas progresistas en ninguna otra parte del Continente significa una reinstauración irreversible del capitalismo. Los pueblos han despertado y por muchos reveses y ataques inmisericordes de los que sean objeto, el triunfo definitivo en esa injusta y desigual batalla les corresponde por antonomasia.

Que nadie se equivoque.

@SoyAranguibel

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