La necia persistencia opositora en hacer el ridículo en La Haya

Por: Alberto Aranguibel B.

Según el artículo “Anti-war protests do make a difference”, publicado en la página web Socialist Worker, “el politólogo francés Dominique Reynié estimó que, entre el 3 de enero y el 12 de abril de 2003, unos 36 millones de personas participaron en cerca de 3.000 protestas en todo el mundo contra la guerra de Irak.”

El imperio norteamericano, arrogante y depredador como ha sido desde siempre, se colocaba abierta e insolentemente por encima de las resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas, que prohibían expresamente la pretendida invasión armada de los EEUU contra Irak. El mundo entero se rebeló contra aquella pretensión gringa.

Solamente en la ciudad de Roma se contabilizaron más de tres millones de protestantes en una misma movilización, lo que la llevó a ser incluida en el Libro Guinnes de Récords. Pero las manifestaciones contra el empeño norteamericano abarrotaban en ese mismo momento las calles de las más importantes ciudades del mundo entero. Principalmente las de aquellas naciones cuyos mandatarios impulsaban el criminal proyecto, como España, Inglaterra, y el propio Estados Unidos.

La ÚNICA manifestación que se produjo entonces en el mundo en apoyo a la genocida operación armada, liderada por el presidente George Bush, fue la de los escuálidos que viven en Miami.

Desde entonces se sabía ya que para ese desquiciado sector de rabiosos antichavistas no existe lindero alguno entre derecha y fascismo. Aquella demostración de irracionalidad que protagonizaban con orgullo los contrarrevolucionarios autoexiliados en el norte, dejaba perfectamente claro que su problema no es de ninguna manera ideológico, sino de salud mental.

La constatación de esto no se hizo esperar. Evento tras evento, el cinismo y la desfachatez fueron convirtiéndose en los signos que identifican con la mayor perfección a la derecha venezolana en el mundo. Y así terminaron ellos asumiéndolo, hasta terminar por creerse a sí mismos las desquiciadas patrañas liberadoras que solo en sus calenturientas cabezas adquieren forma coherente.

Fue así como pretendieron que alguien les creyera que en Venezuela no había democracia, cuando sus propios voceros eran siempre Gobernadores o Diputados electos en elecciones que eran verificadas y avaladas por representantes de decenas de organismos electorales internacionales del mayor prestigio y reputación.

Que en Venezuela no había libertad de expresión, pero la forma en que lo decían era mirando a la cámara en decenas de cientos de programas de opinión que llegaban no solo a todas y todos los venezolanos, sino al mundo entero a través de los mismos medios de comunicación que de manera ridícula avalaban la insensata tesis.

En su afán ultraderechista, han llegado al extremo de avalar el más cruel y sanguinario terrorismo, no sólo deseándole o mofándose de la muerte del comandante Chávez como lo hicieron sin piedad los opositores venezolanos (y como lo siguen haciendo sin miramiento alguno contra todo lo que les huela a chavismo), sino promoviendo y hasta celebrando (como también lo hicieron con la mayor desvergüenza) el asesinato en las calles de gente que por su solo aspecto llegara a medio parecer chavista.

Les importa un comino ese lindero entre la sensatez y la irracionalidad, porque su manera de entender el universo no parte de principios ideológicos sino del empeño en superar una deficiencia que es más de naturaleza clínica que de tipo político.

Por eso hoy dicen con su cara muy lavada que un vetusto líder opositor autoerigido en presidente en el exilio (y que siendo prófugo de la justicia vive a cuerpo de rey en la zona más lujosa de Madrid) no sería culpable de las grandes fortunas que le ha robado su yerno a los venezolanos por más de una década en hechos flagrantes de corrupción que están perfectamente demostrados, después de haber vociferado a los cuatro vientos desde hace años que la Primera Combatiente venezolana sí sería culpable de los delitos que no se le han comprobado jamás a unos sobrinos suyos incursos en un falso positivo montado por la CIA con el solo propósito de destruir nuestra democracia y asaltar nuestras riquezas y nuestra economía.

La bochornosa defensa que hoy pretenden hacerle al impostor líder que los ha engañado durante décadas, es la misma que han hecho siempre con cada uno de los ladrones que asoman en cuanto paraíso fiscal aparece revisándole sus cuentas, donde quienes terminan figurando por lo general son los grandes cacaos de la ultraderechista oposición venezolana que su gran benefactora pública, la extinta Fiscal General, supo mantener bajo la más segura protección.

Defensa que ellos ejercen sin el menor pudor, ya que no les importa que el mundo vea su doble cara frente al nefasto fenómeno de la corrupción, porque el odio cumple en ellos una función regeneradora insustituible que los ayuda a sanar las heridas de las derrotas perpetuas y a limpiar la cara del estiércol salpicada.

Por eso es que quedan tan en ridículo por ejemplo cuando hasta los mismísimos ultraderechistas Sebastián Piñera en Chile y Marie LePen en Francia toman distancia del neofascista brasileño Jair Bolsonaro, y la derecha venezolana se hace la loca y no dice ni siquiera esta boca es mía, siendo que ese tan infame personaje es hoy por hoy probablemente la peor amenaza para la paz y la tranquilidad de nuestro país y del continente.

Es así como, luego de fracaso tras fracaso en todos los ámbitos internacionales a los que han ido a mendigar desesperadamente por alguien que venga a tumbarles el presidente que ellos no han podido tumbar ni con votos, ni con guarimbas, ni con conferencias episcopales, ni con terrorismo incendiario, ahora acuden al tribunal de La Haya para encargarle, por enésima vez, la misma empresa, precisamente cuando el propio Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, indiscutible líder de la oposición venezolana, se declara enemigo de dicho tribunal y hasta ha amenazado con mandar a sus magistrados a la cárcel.

Bajo el impúdico ropaje de “organización no gubernamental”, un grupito de furiosos antichavistas, escondido tras unas desconcertantes siglas (Avaaz), anuncia que ha acudido ante la instancia internacional “con pruebas irrefutables” que comprometerían al presidente Nicolás Maduro como causante de una crisis humanitaria que en realidad no existe en Venezuela, justamente el mismo día en que la propia ONU presenta un informe en el que afirma categóricamente que no existe tal crisis en el país, sino que atraviesa por una difícil situación económica producto del cerco ilegalmente impuesto por EEUU.

El mismo día que millares de Hondureños abandonados por su gobierno (títere de los Estados Unidos, como se sabe) recorren a pie toda Centroamérica como demostración irrefutable de la verdadera crisis humanitaria en la que esos pueblos están sumidos, sin que el desalmado Secretario General de la OEA, inventor de la infame especie de la supuesta crisis venezolana, tan siquiera se dé por enterado y el presidente Donald Trump amenace con recibirlos con el infernal poder de fuego del ejército norteamericano.

Justamente el mismo día en que Estados Unidos “absuelve” graciosamente de toda culpabilidad al Príncipe Heredero de Arabia Saudita, cuyos asistentes asesinaron y descuartizaron vilmente y a sangre fría a un periodista en pleno despacho del cónsul de ese país en Turquía, mientras que en Chile la policía reprime una vez más a cientos de estudiantes en una de las más brutales violaciones de derechos humanos que se reporten hoy en el mundo, a todo lo cual la siniestra prensa internacional que se muestra constantemente solidaria de la derecha venezolana hace caso omiso.

El mismo día en que se produce una dantesca masacre en Crimea, silenciada por los organismos internacionales y los medios de comunicación al servicio del imperio, sin que tampoco ninguna organización de derechos humanos aparezca para brindar siquiera un mínimo de consuelo a los deudos de las decenas de muertos.

Y también el mismo día que retornan al país 89 venezolanos más (de los más de ocho mil que han sido beneficiados por el Plan Vuelta a la Patria en menos de dos meses) rescatados por el único programa oficial de asistencia gubernamental a los migrantes que existe hoy en el mundo, como prueba irrefutable del carácter profundamente humanista del gobierno del presidente Nicolás Maduro.

Sin embargo, de acuerdo a esa testaruda derecha venezolana, la tiranía es la democracia inclusiva que se experimenta en el país. Una tiranía que prefirió asegurar la paz mediante el voto, cuando esa misma derecha que hoy acude a La Haya promovía el terrorismo como forma de ejercer la política y pretendía consagrar como un derecho la posibilidad de quemar viva a la gente en medio de la calle.

Una vez más, esa derecha, torpe, obtusa, necia y retardataria, quedará en evidencia ante el mundo.

Y una vez más hará el ridículo sin inmutarse.

@SoyAranguibel

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