¿A qué va a las concentraciones la poca gente que todavía responde al llamado de Guaidó?

Por: Alberto Aranguibel B.

Quizás la pregunta tendría que ser: ¿Por qué Guaidó sigue convocando a concentraciones que cada vez cuentan con menos asistencia?, tal como se lo pregunta la mayoría de la gente no solo en Venezuela sino en el mundo entero. Pero tal enfoque conduciría a una reflexión completamente distinta a la que hoy queremos abordar en este texto, porque sería hurgar aún más en las motivaciones de un personaje ya más que descifrado como títere que es del imperio norteamericano y de sus operarios en el país. Nos preocupa la gente humilde que hoy es puesta bajo el sol por los promotores del golpismo contra nuestra democracia, a sostener una bandera gringa con la cual no tienen ni el más mínimo nexo. Seis mujeres y hombres del barrio que fueron dejados ahí por oligarcas que seguramente se fueron a libar bebidas espirituosas en los restaurantes de categoría de la zona, mientras los aguantadores sudaban en la calle.

Las cadenas internacionales de la noticia al servicio de los intereses del Departamento de Estado norteamericano contra Venezuela, no se toman ya ni siquiera la más mínima molestia en tratar de armar una narrativa que sustente al fallido proyecto de sustituir al presidente Nicolás Maduro con un insulso aprendiz de marioneta como lo es el insuflado parlamentario que salió de la nada para pretender alcanzar con apenas una autojuramentación callejera el poder que la derecha no ha podido alcanzar por ninguna vía en el país.

“Guaidó llama a no desfallecer pese a jornada de débiles protestas contra Maduro”, titula la agencia AFP luego del fracaso de la más reciente convocatoria de este fin de semana, y exactamente el mismo titular y el mismo texto es replicado por más de una treintena de medios nacionales e internacionales, fatigados ya de redactar notas de prensa tan repetidas como repetidos son los llamados de Guaidó a concentraciones supuestamente definitivas del proyecto libertario que él mismo dice encarnar, pero que nunca paran en nada.

El más lapidario calificativo que hasta ahora le haya sido dado a lo que hace apenas tres meses esos mismos medios consideraban una descomunal mayoría, quizás sea el de “débiles protestas”. Una evolución (¿involución?) más que reveladora de la tragedia que cunde hoy en la oposición venezolana después de tanta reincidencia en el fracaso, sobre todo en los últimos tres meses y medio, desde que el experimento del interinato fue puesto en marcha.

El autojuramentado ha terminado siendo una decepción peor que la que han encarnado, sin excepción, todos y cada uno de sus predecesores en el rol de líder máximo del antichavismo que cada uno de ellos se ha auto asignado en cada oportunidad. Jamás, desde la instauración en el país de la revolución bolivariana, la propia vocería opositora (y una muy larga lista de opinadores de la derecha, como Nitu Pérez Osuna, Patricia Poleo, Luis Vicente León, entre otros) había sido tan ruda en el cuestionamiento a un líder de la oposición en tan corto lapso de tiempo. Un signo que define más que ningún otro el severo desgaste que ha sufrido el novato golpista.

Si algo es posible entonces tener claro es por qué los opositores asisten cada vez en menor cuantía a las concentraciones a las que los convocan. Pero, el asunto, si queremos llegar al fondo verdadero de esa tragedia, es por qué sigue yendo alguna gente a esas concentraciones escuálidas y, lo que es más importante quizás, qué es lo que buscan en ellas.

Marcha marchita

Desde hace más de medio siglo, la sicología estudia un fenómeno comunicacional conocido como “comunicación perversa”, a través del cual la mentira y la contradicción se ponen al servicio de quienes carecen de ideas o de fundamentos discursivos para llegar a su audiencia. Una variante de la demagogia (utilizada usualmente en el ámbito político) pero cuyo objetivo primordial no es el convencimiento sino la desorientación y la desubicación mental del escucha.

A través de esta técnica, el hablante procura fatigar la mente de su audiencia al extremo de hacerle padecer los mismos síntomas de la esquizofrenia, hasta convertir los deseos o las aspiraciones del individuo en necesidades irracionales impostergables, como la de pretender la libertad que dicen necesitar pero invocando una invasión extranjera.

Ofrecer persistentemente cosas imposibles de cumplir, pero que se prometen de manera intensiva hasta hacerle creer al oyente en verdades inexistentes, por lo general basadas en muy estudiadas falsificaciones de la realidad, o hacerle necesitar que le lancen una bomba atómica en la cabeza para así salir de sus enemigos, puede provocar una alteración tal de la estructura cognoscitiva que a la larga termine por hacerle desear a la gente la mentira en la misma forma en que se desea un vaso de agua en el desierto.

La mentira, dicho por infinidad de científicos y estudiosos del tema, adquiere así las mismas características narcotizantes de los estupefacientes, que, al ser administrados en forma excesiva o recurrente provocan efectos similares a los de la sobredosis, conduciendo a la víctima a un estado de delirio permanente que no se satisface sino con más mentira, más engaño y más irrealidad.

Para quienes van quedando como los únicos creyentes en Guaidó, esos que de manera lastimosa asisten a concentraciones que reúnen más a unos cuantos viandantes y vendedores ambulantes a su alrededor que a la imaginaria “mayoría” que siempre convocan, no creen en el parlamentario golpista como esperanza de redención alguna, sino que ven en él un canal hacia la obtención del discurso perverso que necesitan para alimentar su ansia tan largamente frustrada de llegar alguna vez a Miraflores, aún a sabiendas de que la fórmula que han escogido está ya más que derrotada hasta para el imperio mismo que se supone que los respalda, tal como lo han declarado casi todos los voceros y analistas norteamericanos, empezando por el propio presidente Trump que ha reconocido esta misma semana estar harto de tanto error en la estrategia golpista contra Venezuela promovida por su equipo.

Que la líder negativa María Corina Machado haya modificado radicalmente su discurso, cargado desde siempre del más feroz odio contra todo lo que tenga que ver con Chávez y con el chavismo, todo lo cual ha calificado en todo momento de “dictadura”, para decir ahora que no existe ni ha existido jamás tal dictadura en Venezuela, habla mucho de la clara modificación que han decidido imprimirle al curso de la estrategia opositora en virtud del fracaso de su discurso perverso (o paradójico, como también se le conoce a esa forma discursiva que se basa en la inexactitud, la mentira y la contradicción para generar angustia).

El rumbo, de acuerdo a lo que nos dice el viraje de la señora María Corina, es el de evitar en lo sucesivo esa lascivia insustancial por el engaño que le han sembrado a su gente, para buscar derroteros más consistentes en los que priven elementos mucho más incontrovertibles de la realidad como referentes discursivos. Una nueva fórmula de desespero para tratar de atrapar incautos en su avieso plan de reinstaurar el neoliberalismo en el país.

Esta claro que ya Guaidó no les sirve. Lo quemaron con las demandas incontenibles que le hicieron para que le mintiera a la gente en la forma indiscriminada en que lo hizo en todo momento desde su aparición en la escena política hace apenas cuatro meses. Quienes enfermaron de esquizofrenia con su perorata promisoria, quizás sigan turnándose de manera lastimosa en sus encuentros para ondear la bandera gringa en las plazoletas en las que se reúnen, en la esperanza de que con eso fortalecerán su espíritu vendepatria y endurecerán su alma antichavista. Pero jamás en la convicción de que el inefable autojuramentado pueda ya hacer algo por su proyecto.

Mientras tanto, a lo largo y ancho del territorio nacional, el pueblo venezolano, entusiasta y mayoritariamente revolucionario, continuará de la mano con su Presidente Constitucional, Nicolás Maduro Moros, en su lucha por la independencia verdadera que el comandante Chávez le propuso como meta ineludible para el engrandecimiento y el bienestar imperecedero de la Patria.

¡Chávez Vive, la Patria Sigue!

@SoyAranguibel

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