Guerra de ignorancias

Por: Alberto Aranguibel B.

En una de las más ingeniosas ocurrencias de Woody Allen en alguna de sus películas, un personaje que encarna al esnobista que cada vez que puede se ufana de una fingida condición intelectual es visto en una librería preguntándole al librero sobre el tema de un ejemplar que tiene en la mano. El librero le responde que es un libro sobre literatura, a lo que el personaje contesta “Ah, que bueno. Entonces deme media docena”.

La aguda crítica señala directamente a quienes creen y pregonan que la superioridad intelectual, independientemente de la auténtica capacidad de raciocinio que se posea, estaría determinada por la cantidad de libros que alguien pueda haberse leído. Por encima, incluso, de la obra literaria que ese alguien haya escrito.

Algo así como lo que le cuestiona ese connotado pensador de la ultraderecha fascista venezolana que es Orlando Urdaneta al inefable interino Juan Guaidó, cuando en un programa de entrevistas del que es moderador en un canal televisivo de Miami, le comenta alarmadísimo a su entrevistado (Alberto Franchesqui, otra “lúcida mente” opositora radicada en la placidez del imperio) que el autojuramentado tiene que ser un pusilánime sin ninguna capacidad intelectual porque seguramente no se ha leído tan siquiera un libro. Con lo cual, según su vasto y muy calificado criterio (el de Urdaneta por supuesto) Guaidó estaría completamente desacreditado para ser presidente de la República.

Un giro fantástico para un conocedor de las artes histriónicas como él, es decir; que sabe de trucos para manipular a la audiencia, orientado a convencer a la gente, no solo de que Guaidó es un pelele porque supuestamente no ha leído, sino que él, Urdaneta, podría ser mucho mejor presidente porque, dicho así, es obvio que sí se habría leído los libros que el diputado no.

Ahora bien, qué clase de libro se habrá leído un sujeto de la calaña de Urdaneta, reconocido por su proverbial escasez de ideas y su expresa incapacidad para articularlas de manera medianamente ordenada y coherente. Seguramente no habrá manera de saberlo, vista esa capacidad para la manipulación a la que hacemos referencia. Pero, lo que sin lugar a dudas podrá servir siempre para determinarlo es la verborrea procaz y escatológica que le es tan propia. Esa misma con la que acusa de ignorante al frustrado aspirante a mandatario.

Una patética guerra de ignorancias que dice mucho más sobre la tragedia por la que atraviesa la oposición que cualquier mal discurso de Ledezma tratando de explicar sus cuantiosas propiedades en España o del mismo Guaidó buscando argumentar su falsa negativa a dialogar en Oslo.

Mi abuela, que era todo un templo de sabiduría, sencilla pero honesta, decía: “Cuídate de todo aquel que se jacte de ser el más sabio, porque ese lo que será es el más charlatán”.

@SoyAranguibel

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