Gobierno opositor

Por: Alberto Aranguibel B.

Nada es más previsible que la oposición venezolana. Su persistencia en exactamente la misma conducta, sin detenerse nunca a corregir desviaciones ni desatinos, es definitivamente proverbial. Con ella no hay ninguna dificultad para imaginarla en el gobierno.

Para empezar, en un gobierno opositor se acabarían las angustias y los gastos en campañas electorales y procesos eleccionarios porque más nunca habría elecciones. Los aspirantes a cargos de gobierno surgirían de las autoproclamaciones callejeras, y de entre todos el que logre el mayor apoyo de los EEUU se adjudicaría el poder sin mediar en ello complicadas y costosas elecciones.

La traumática experiencia de procesos electorales (manuales o automatizados) en los que la opinión de la gente que según los escuálidos no sabe de política (es decir; los pobres) es aceptada como válida, no podría repetirse más. Mucho menos habiendo alcanzado el país un modelo de escogencia de los mandatarios tan avanzado que más de cincuenta países del mundo lo aplauden y lo respaldan.

El gobierno se haría en la misma forma unitaria en que se lleva a cabo el debate y la elaboración de las propuestas opositoras en la actualidad; cada quien dice lo que le viene en gana a su buen saber y entender y lo impone a gritos ya sea desde su escritorio en su casa de Valle Arriba, su apartamento de Santa Fe aquí en Caracas, o desde los soleados campos del parque temático de su agrado allá en el estado de la Florida, simplemente usando para ello su cuenta de Twitter o de Whatsap. Nada es más avanzado ni más democrático.

Dado que en la oposición nadie se considera borrego ni se siente en la obligación de obedecer a nadie, los periodos presidenciales durarían lo mismo que tarde en caer en desgracia el mandatario de turno, tal como inevitablemente caen siempre todos sus líderes. De ahí que cada gobierno dure a lo sumo unos cuatro o cinco meses en promedio. Con lo cual la intensa rotación de aspirantes al poder convertiría la democracia venezolana en “participativa y multitudinaria”. Gracias a Dios la oposición está acostumbrada ya a esa dinámica de la perpetua lucha interna por el poder, lo que le augura un panorama muy promisorio.

Los programas sociales continuarían. Pero con otros nombres y con una nueva y más eficiente forma de gestión; los Clap, los bonos, los carros y las viviendas, les serían entregados a la gente decente (jamás a los colectivos) y luego ellos verían a quién darle lo que sobre. Si es que sobra.

Habría que robarle a los chavistas la consigna “¡Así, así, así es que se gobierna!“, pero desinfectándola antes con una buena edulcoración neoliberal (algo así como: “So, so, so that’s how it is governed”) para que quepa muy bien en boca de las doñitas de El Cafetal.

Claro, como los chavistas serían exterminados previamente a plomo limpio por las fuerzas de liberación, no habría problema alguno.

@SoyAranguibel

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Un comentario sobre “Gobierno opositor

  1. Estimado Compatriota: Es previsible esa oposición por que siguen un patrón establecido, ordenado por el Dpto. de Estado norteamericano. Así de fácil. Fíjese que en todos los paises donde el gobierno norteamericano pretende derrocar gobiernos que no le son afines emplean las mismas estrategias, no cambian si no de idioma. Chile, Nicaragua, Yogoslavia, Maidan (Kiev,Ucrania). La Primavera y el Invierno Árabes. La Revolución de Las Rosas (Georgia). En fin, recordemos a Gene Sharp, pues.-

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