J.M. Rodríguez: Pizarro, héroe peruano

Por: José Manuel Rodríguez Rodríguez

Viendo por Tv la refriega entre los diversos patroncitos del Estado peruano para mantenerse en un poder que llena sus bolsillos, veía también lo ausente que estaba el pobre pueblo inca de todo aquello, desasistido inclusive de una guía política resteada en confrontarse con la herencia del virreinato y los illuminiati de Sendero Luminoso. Y recordé el comentario que, en Perú, me hizo un estudioso del patrimonio cultural: aquí no sólo no hay izquierda, tampoco héroes independentistas… Y las señales son evidentes, en el centro de su Plaza de Armas lo que hay es una pileta con un ángel tocando trompeta. El único guerrero que, hasta hace muy poco estuvo allí, fue Pizarro, sustituido ahora por esa curiosa bandera nacional que recuerda demasiado al pabellón del virreinato.

Es significativo observar que durante los últimos sesenta años del siglo XVIII y los quince primeros del siglo XIX, las insurrecciones y levantamientos en esas tierras fueron de indígenas y mulatos luchando por sobrevivir ante esa sociedad de aristócratas y blancos de orilla que ni siquiera los ha reconocido como héroes. Eso explica la llegada de expediciones de ejércitos vecinos, primero desde el sur, con San Martín, y luego desde el norte con Bolívar, quien fue en definitiva el que terminó por sacar a los españoles de esos territorios. Imagino que tal tumbaito monárquico de los blancos peruanos fue el que llevó a San Martín a proponerles la tutela de la Santa Alianza europea, y de ahí el aborrecimiento que tienen por Bolívar.

A pesar de tales antecedentes ese país tuvo a Mariátegui, un avanzado intelectual de izquierda, de los mejores, que hablaba de un socialismo sin calco ni copia… La base política que ayudó a crear se convirtió, luego de su muerte, en el Partido Comunista Peruano por cuyo nombre aún pelean más de quince organizaciones que buscan ser dueñas de ese significante que nunca sirvió para nada, ni siquiera para apoyar las reformas del general Velasco.

Al ver al nuevo gabinete de Vizcarra, con banda cardenalicia en la cintura, arrodillarse ante su presidente escoltado por un Cristo crucificado de tamaño natural; se entiende aquello que el peruano Nugent llamó el tutelaje del incienso y la pólvora.

jmrodriguez J.M. Rodríguez

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