¿A qué vinimos?

Por: Alberto Aranguibel B.

Arribando a los primeros 21 años de la Revolución Bolivariana, recordamos el juramento del Comandante Chávez sobre aquella “moribunda Constitución” que desde meses antes a la elección que le llevara al poder había prometido al país reformar apenas llegara a la presidencia mediante un gran proceso constituyente que tuviera por primera vez en nuestra historia al pueblo como protagonista.

Su propuesta era esperada con ansiedad por los venezolanos que veían en ella una posibilidad única en la vida de poner fin a la injusticia y la exclusión social que los partidos de la democracia puntofijista habían instaurado como el modelo de país ideal a costa del hambre y el padecimiento de la inmensa mayoría de la población.

Una propuesta que no necesitó apoyo alguno de medios de comunicación, ni de sectores de la banca o la industria, ni mucho menos de potencias extranjeras o de países confabulados contra aquel sistema, para hacerse sentimiento y expresión colectiva de todo un país en apenas unos pocos meses desde que Chávez la dio a conocer como la solución a la calamidad puntofijista.

El pueblo sabía que la opción no era un asunto de alternancia partidista, como se hizo siempre en el pasado para hacerle creer al país que vivía en democracia, sino de una profunda transformación del Estado que sacara de raíz todo lo viejo y sembrara lo nuevo. Por eso llevó a Chávez al poder sin ayuda de más nadie que aquella fuerza armada que emergía del mismo pueblo con la convicción y el ideal de nuestros libertadores, en una poderosa unión cívico militar sin precedentes en nuestra historia.

Un sueño que no ha podido sino iniciarse apenas, porque el inmenso poderío del capital y de los centros hegemónicos del poder mundial han impedido a lo largo de este periodo de nuestra historia que el proyecto supere la fase inicial de su instauración como realidad social, política y económica, en el país.

No ha habido todavía un modelo socialista en Venezuela, porque las estructuras del modelo neoliberal siguen intactas luchando a muerte contra la posibilidad de un sistema que le brinde al pueblo la participación y el protagonismo que Chávez le prometió.

Por eso, cuando hablamos de corregir fallas y rectificar errores, antes que nada debemos tener presente si lo que vinimos fue a perfeccionar el viejo capitalismo que se niega a morir en las estructuras del Estado, o a hacer realidad un sueño que apenas estamos empezando a edificar.

@SoyAranguibel

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