Donald Maduro

Por: Alberto Aranguibel B.

Dice la sicología moderna que uno de los trastornos más comunes asociados a la obsesión compulsiva es la proyección de la personalidad. Quien lo padece asume sin percatarse el comportamiento de aquella persona sobre la cual tiene una fijación enfermiza, terminando a la larga convertido en el objeto mismo de su propia obsesión.

Con su desquiciada conducta, Donald Trump demuestra día tras día cuánto de verdad encierra esa sensata aseveración científica.

De tanto acusar al presidente Nicolás Maduro de dictador y denunciar la supuesta violación de derechos humanos que según Trump caracterizaría al gobierno revolucionario (al que no ha perdido oportunidad de señalar como represor, incompetente, e insensible ante el padecimiento del pueblo) resulta ahora que los hechos indiscutibles que evidencian el inmenso esfuerzo del mandatario venezolano por proteger al pueblo demuestran no solo que todo fue siempre una sarta de acusaciones e infamias sin fundamento que nada tenían que ver con la realidad venezolana, sino que donde en verdad se sufren las consecuencias de un gobierno indiferente con los pobres, que ciertamente sí reprime de la manera más cruel y desalmada a su población (particularmente la de color) y que efectivamente carece del más mínimo criterio de responsabilidad frente a contingencias devastadoras como la pandemia Covid_19 que azota hoy a la población norteamericana más que a ninguna otra del mundo, es precisamente el país que preside el obseso Donald Trump.

Tanto ha insistido el jefe del imperio en la supuesta ilegitimidad del presidente Maduro, a partir de una arbitraria y antojadiza lectura de la elección presidencial venezolana del 20 de mayo de 2018, que no es posible entender la declaración que ha hecho este fin de semana el inquilino de la Casa Blanca anunciando que desconocerá los resultados de las elecciones previstas en su país para el próximo mes de septiembre en caso de no resultar él electo, sino como una proyección obsesiva que lo lleva a asumir sin la menor vergüenza la personalidad que él mismo, de la manera más delirante, ha tratado de mil y una formas acuñarle al presidente de Venezuela.

Solo faltaría saber cómo van a manejar este claro e inequívoco viso antidemocrático del mandatario norteamericano los medios de comunicación y la derecha que tanto han detractado al presidente Maduro.

¿Lo acusarán también de dictador ante el mundo?

@SoyAranguibel

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