Abstenciones y peras

Por: Alberto Aranguibel B.

Hay todavía quienes, a estas alturas del descalabro de Juan Guaidó como tinglado que le hizo creer a alguna gente que existía en verdad un posible liderazgo encarnado en su pusilánime figura de autojuramentado callejero, que creen que podría tener algún sentido político el disparate de negarse a participar en unas elecciones parlamentarias cuestionadas por él como carentes de transparencia y confiabilidad, pero que son  idénticas a las que le permitieron a él y a sus conmilitones hacerse del poder legislativo para promover desde ahí la desestabilización y el golpismo que han desatado contra el país a lo largo de estos últimos cinco años, y que son hoy incluso más robustas desde el punto de vista tecnológico que aquellas.

Piensan (quienes aún abrigan esa ingenua esperanza) que lo de la abstención es una bandera de lucha de profunda esencia democrática a través de la cual se le estaría disparando un misil fulminante al gobierno del presidente constitucional Nicolás Maduro y a la Revolución Bolivariana, que acabaría definitivamente, según ese pueril sueño, con todo vestigio de chavismo en el país, de aquí y hasta el final de los tiempos.

Vuelven, sobre sus propios pasos de vaticinadores fracasados y humillados frente al mundo, con el viejo ritornelo escuálido del “tic, tac, tic,tac” y el “Ya les falta poco”, convencidos como están de que la abstención de una minoría tan abrumadora como las que ellos representan podría significar algo en el importante evento electoral previsto para el seis de diciembre.

Una vez más se ufanan en todas partes de una superior cualidad que nunca han hecho patente en forma alguna, salvo en las fabulaciones que sus ilusionistas encuestólogos a sueldo suelen presentar como vaticinios inexorables de triunfos que nunca alcanzan, pero en los que ellos creen con los ojos cerrados como si de la sagrada Biblia se tratara.

Embrutecidos como están con sus vanas ilusiones, no se percatan de que lo que hay detrás de esa insensatez de la abstención no es sino el descomunal culillo a ser arrollados una vez más por el inmenso río de pueblo que acudirá a depositar su voto por una revolución que ha reivindicado por primera vez en nuestra historia el derecho del venezolano a una vida digna.

No le pidan peras al olmo.

@SoyAranguibel

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