Justicia electoral

Por: Alberto Aranguibel B.

El evento electoral boliviano, en el que se eligió un nuevo presidente, se presenta como un acontecimiento de gran significación democrática, cuando en realidad es mucho más que eso.

El que haya sido elegido uno de los candidatos presentados a la contienda electoral por la voluntad popular mayoritaria del pueblo, significa, por supuesto, que se ha cumplido a cabalidad con el precepto constitucional que ordena el marco legal regulatorio de la sociedad boliviana, ceñido como está a los principios más elementales de la concepción universalmente aceptada de democracia.

Por eso es perfectamente correcto que tanto organismos e instituciones nacionales e internacionales, así como una amplia vocería de destacadas figuras del quehacer político y medios de comunicación en general, hayan aceptado los resultados que dieron cuenta de la inmensa ventaja que obtuvo Luis Arce en esa contienda sin la más mínima objeción. Incluyendo a aquellos que anteriormente cuestionaron el resultado que dio por ganador al expresidente Evo Morales, de la misma tendencia de la actual mayoría, con exactamente el mismo sistema electoral.

Un evento que viene a demostrar que todo el horror de represión, persecuciones y muertes, causado por el grupo golpista que hace apenas un año desconoció por la fuerza las elecciones en ese país, ha sido solo la expresión de intolerancia de una derecha soberbia y prepotente que se considera con derecho a violentar el ordenamiento jurídico de una nación si en un momento determinado le parece que las cosas no suceden como ella arbitraria y antojadizamente pretende.

Que corrobora que todo cuanto dijo esa derecha sobre el supuesto fraude que habría montado el expresidente Morales, fue siempre una grotesca y repugnante infamia, y por lo tanto el golpe fue siempre ilegal e injustificado.

Una acción atroz contra la voluntad popular, que deja como saldo miles de muertos y de pérdidas mil millonarias para ese país, no solo en términos de la destrucción causada por la vorágine represiva desatada por los sediciosos, sino por la infinidad de actos de corrupción que deben haber llevado a cabo los golpistas con lo que seguramente consideraron un botín de guerra. Así como en términos del desmontaje de las progresistas políticas y programas sociales llevados a cabo por el depuesto gobierno de Morales.

Por eso, antes que democrático, es un acto de verdadera justicia frente a un inmenso crimen.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s