¿A quién acusa en verdad la abstención?

Por: Alberto Aranguibel B.

Es un completo error denominar “abstencionismo” a los números que arroja la elección parlamentaria del pasado domingo, porque el abstencionismo es por definición una corriente doctrinaria, de formulaciones de tipo más bien ideológico, contra el voto como base del modelo democrático. Y ese no es el caso aquí.

Suficientes elementos de constatación en la realidad política del país sirven para establecer que en esta elección en particular lo que se está expresando no es abstencionismo, por lo menos de manera absoluta, sino, más que ninguna otra cosa apatía o desinterés en el ritual del voto como medio de solución a los problemas que tiene el país. 

Algo completamente distinto, que afecta, por supuesto, a todos los sectores políticos por igual en virtud del impacto que ese desinterés tiene para la democracia en su conjunto, pero que, sin lugar a dudas, afecta mucho más a la oposición radical, es decir; al antichavismo ultroso que encarna Guaidó. Y eso es perfectamente constatable. 

El país (y el mundo entero) ha podido establecer una clara diferencia entre un sector y el otro de la política, porque mientras el único trabajo de uno, la oposición, ha sido principalmente la búsqueda de sanciones contra el país, el otro, es decir; el gobierno, si bien no ha logrado superar la crisis y resolver la situación económica, por lo menos ha hecho un esfuerzo titánico que el pueblo ha sabido reconocer en la búsqueda de esa superación de la crisis.

A diferencia de lo que sostiene siempre sin sustento alguno la oposición, a la gente no le agrada de ninguna manera ese comportamiento de una dirigencia que apuesta siempre a la violencia, al chantaje político, al entreguismo del país a cambio de un puñado de dólares, que por lo demás el pueblo nunca ve porque siempre se lo quedan esos dirigentes que además nadie ha elegido para tal función, y eso determina de manera muy directa el escepticismo.

Algo que, por cierto, denuncia ahora con mayor fuerza que los chavistas la misma vocería opinática de la oposición. 

Cuando uno ve la dureza de los cuestionamientos que le hacen a esos que han mercadeado el país como han querido usando la política como excusa, gente como Patricia Poleo, Nitu Pérez Osuna, Daniel Lara Farías, y tantos otros, que eran los que hasta hace apenas semanas exaltaban las supuestas virtudes de ese mismo liderazgo que hoy cuestionan, es muy fácil comprender que lo que hay detrás de las cifras que arroja la elección parlamentaria no es el abstencionismo conductual del que habla la oposición, sino la enorme cantidad del rechazo que ha acumulado entre el electorado venezolano esa desacertada forma de hacer política en la que tan tozudamente insiste la derecha. 

Está cosechando los índices de escepticismo y de frustración contra todo lo que tenga que ver con la promoción de sanciones económicas, de asedio político internacional contra el país, de usufructo de bienes de la República que no les pertenecen, todo lo cual no ha hecho sino desalentar a muchísima gente que creyó en algún momento que en esa oposición podría encontrar una opción diferente a la revolucionaria que representara su visión y sus necesidades. 

Una abstención que puede justificarse de manera fehaciente no solamente por los innegables niveles de “apatía”, o con los factores que inciden en la desmovilización de los electores por diversas otras razones, como el temor o las limitaciones que determina la situación desatada por el coronavirus, por ejemplo, o la falta de gasolina o de transporte, que no pueden dejarse de lado en esa apreciación, sino con el avance que han demostrado otros sectores de la derecha que no atendieron ese llamado y que sí decidieron participar en la contienda.

El solo hecho de esa participación, cualquiera que sea su número, es en sí mismo un signo del estruendoso descalabro de ese maltrecho proyecto de la autojuramentación y del golpismo., porque de ninguna manera esa división tan sustancial de la derecha puede presentarse como triunfo del guaidocismo sino como un gran fracaso de su delirante proyecto, y en definitiva del abstencionismo que propone.

Lo que sucede es que la oposición ha querido habituar al país a que todo aquel que no es chavista automáticamente sería opositor, e incluso guaidocista, como lo pretenden ahora, para tratar de inflar artificialmente su minoritario piso político.

Por eso el nuevo parlamento que surgirá de esta nueva Asamblea Nacional sí será provechoso para el país. Porque de lo que estamos hablando, en definitiva, es del resurgimiento de la política como instrumento de construcción civilizada de la sociedad y del Estado, como debió haber sido siempre, y no como una plataforma para destruirlos como en mala hora se lo planteó la Asamblea Nacional saliente.

Ahora sí habrá debate. Y eso no es malo, sino muy positivo para el país. 

Precisamente por el surgimiento de este sector que hoy retoma el camino correcto de la política, veremos quedar atrás esa absurda lógica que asume el debate como una confrontación a muerte, basada en el odio, como trató de imponer el ultraderechismo que secuestró el parlamento para ponerlo al servicio del golpismo. 

Lo que veremos será necesariamente distinto a lo que hemos visto, porque distinta es la concepción de la política que hay en la inmensa mayoría de los nuevos actores que harán vida en ese parlamento. Lo que de ninguna manera significa que se instaure con ello una era de impunidad o de componendas políticas, como algunos califican la búsqueda de opciones de avance basadas en las fórmulas del diálogo y la concertación impulsadas por el presidente Nicolás Maduro.

La concertación no es negociación ni los acuerdos son concesiones si se asumen en el marco del juego político civilizado, tal como se ejerce el debate en todos los parlamentos del mundo desde que el modelo parlamentario existe. 

Ni la abstención, vista de manera correcta, es mala, si acusa a los vendepatrias y si de ella surge un clamor popular que ahora sí va a ser atendido por quienes asumen la enorme responsabilidad de impulsar la recuperación del país desde ese importante escenario político.

@SoyAranguibel

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