Derecha onomatopéyica

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando el desacertado de Fukuyama diagnosticaba en las postrimerías del siglo XX el supuesto fin de las ideologías por el solo hecho del derrumbamiento del Muro de Berlín y la caída del bloque soviético, cometía el doble error de suponer, por una parte, que el socialismo no era un modelo económico, social y político  sino solo un gobierno (es decir; que se agotaba al dejar de estar en el poder) y que, por la otra, al revés de lo anterior, la derecha se fundamentaba en alguna clase de compendio teórico político de naturaleza ideológica, lo cual es completamente falso.

A diferencia del capitalismo, que incluso en su fase neoliberal más aguda carece de una base teórica sustantiva que no sean los postulados economicistas que de cuando en cuando le sirven acomodaticiamente de sustento o argumentación, el socialismo es un modelo eminentemente ideológico elaborado a partir de la formulación de un vasto pensamiento científico construido por infinidad de pensadores y teóricos políticos de izquierda a través del tiempo y a lo largo y ancho del planeta por más de dos siglos.

Esa falta de referente o fundamentación ideológica más allá de las consignas o fraseologías de la derecha, es lo que ha determinado el comportamiento convulso de la sociedad desde tiempos inmemoriales. La naturaleza impulsiva y arbitraria de sectores que se ubican regularmente en la lógica individualista, inhumana y perversa, del modelo capitalista, conducen indefectiblemente a la violencia irracional de unos contra otros, en función del dinero y de privilegios a los que se consideran con derechos sin importarles jamás el padecimiento de las grandes mayorías excluidas.

De ahí que la derecha jamás argumenta su posición o punto de vista como no sea con mentiras (usando siempre su inmenso poder mediático), así como con descalificativos o insultos infamantes contra aquellos a los que se opone.

Todo aquello que le suene a insulto le resulta perfecto para atacar, sin importar si el término se corresponde o no con lo que persigue describir como rasgo del contrario.

Por eso vemos cada vez más militantes de la derecha acusando a gente como Joe Biden de “socialista”, o a Nicolás Maduro de “globalista”.

No tienen ni la más remota idea de lo que dicen, pero les suena fuerte. Consideran que la efectividad del insulto radica en la intensidad del grito.

@SoyAranguibel

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