Estado de derecha

Por: Alberto Aranguibel B.

En Estados Unidos, según ellos la cuna de la libertad y la democracia, tropezarse con el Estado es lo más apocalíptico que puede enfrentar un ciudadano cualquiera.

Cada vez que una autoridad lo detenga lo primero que le dirá, después de la insalvable zaparapanda de rolazos por las costillas, por supuesto, es que tiene “derecho” de quedarse callado porque, si habla, todo lo que diga podrá ser usado en su contra. Una forma sui géneris de cercenar absoluta y radicalmente la libertad de expresión de la que tanto se jacta el imperio.

Pero, si por cualquier razón (generalmente injustificada) termina detenido, la primera (y probablemente la única) vez que le permitirán hablarle directamente al Estado será para preguntarle en algún tribunal si se declara culpable o inocente. 

Si acepta la culpabilidad, el proceso seguirá su curso de manera normal y solo purgará la pena que el Juez le acuerde.

Pero, si comete la osadía de declararse inocente, habrá cometido el peor error de su vida porque ello equivaldrá a enfrentarse a la estructura policial y judicial del Estado, que considera que llevarle ante el tribunal es la culminación de un capítulo más en su proceso de aplicación de las leyes. Declararse inocente es cuestionar el desempeño del sistema judicial que lo está procesando. Lo que podría implicar, incluso, que no se somete a los principios constitucionales en la que dicho sistema judicial se asienta.

De ahí en adelante, nada podrá salvarle de la embestida de un Estado inclemente en la tarea de hacer cumplir las Leyes. Salvo que sea muy rico o muy encumbrado políticamente y pueda pagar cualquier fianza que se le imponga, así como al mejor bufete de abogados para enfrentar a ese poderoso e inexpugnable sistema de injusta justicia.

Una libertad ficticia que solo deslumbra a quienes alaban las supuestas bondades de la vida en ese país porque las conocen a través de la sempiterna fabulación del cine y la televisión que tanto les encanta, pero que en la vida real no es más que la brutal presión de un Estado implacable, tan insoportable como la asfixia que ejerce sobre la gente la peor de las cárceles, al que solo viéndolo desde la óptica obtusa e irracional de la derecha puede aceptársele como un ámbito propicio para el disfrute verdadero de alguna libertad.

A la larga termina siendo solo un “Estado de derecha” y nada mas.

@SoyAranguibel

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