El Ecuador mecido

Por: Alberto Aranguibel B.

Fue incontable la cantidad de gente que por la década de los 60 creía que la canción “Ansiedad”, que hiciera famoso a su autor Chelique Sarabia, hablaba de “el Ecuador mecido de este lamento”, cuando en realidad lo que decía era “el eco adormecido de este lamento”.

Sin embargo, hoy aquella equívoca frase pudiera ser dolorosamente correcta.

Porque, qué otra cosa que no fuera un lamento pudiera explicar la tragedia de un pueblo que habiendo conquistado en 2007 la posibilidad cierta de su redención, apenas diez años después cae de nuevo en las garras de la derecha para perder ahora, en las elecciones de 2021, la oportunidad de recuperarse.

Ciertamente se ve hoy como un completo y garrafal error del expresidente Rafael Correa el haber creído que las revoluciones se decretan desde el poder o que se instauran mediante simples campañas publicitarias que a través de un eslogan pretendan posicionarse en el corazón del pueblo, en vez de imponerse mediante la verdadera construcción de un sólido poder popular que le dé vida y perdurabilidad al proceso transformador que se persigue.

En la misma lógica de San Martín, que partió hacia Francia luego de su encuentro con el Libertador Simón Bolívar en Guayaquil en 1822, como diciéndoles a los latinoamericanos “Ahí les dejo a los muchachos para que ellos hagan la revolución que les acabo de encomendar”, Correa partió hacia Bélgica apenas abandonó el poder en 2017, suponiendo quizás que la denominada “Revolución Ciudadana” seguiría sola su curso y partiría en dos la historia de ese país por el simple influjo de las fuerzas espirituales de los ecuatorianos.

No haberse abocado con la debida tenacidad a la creación sistemática de una profunda conciencia de participación y protagonismo entre el pueblo, como sí lo hizo Chávez durante más de una década en Venezuela, determina sin lugar a dudas que el poder de la derecha, es decir; el poder del gran capital y de las grandes corporaciones mediáticas a su servicio, junto al inconmensurable poder del Departamento de Estado norteamericano apoyando su estrategia de reinstauración en el poder, se impondrá siempre.

La diferencia con San Martín, es que en Latinoamérica, en vez de un tránsfuga vendepatria como  Lenín Moreno, sí quedaba entonces un verdadero Libertador al frente de un pueblo convencido de su sed de justicia e igualdad, que supo desterrar de nuestro suelo con la más admirable gallardía que la historia recuerde al más poderoso imperio de aquel tiempo.

@SoyAranguibel

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