¿Para qué unir naciones?

Por: Alberto Aranguibel B.

Una revisión somera del escenario internacional revela sin dificultad alguna que la inmensa mayoría de los conflictos (si no todos) que hay hoy en el mundo no surgen de ninguna manera de algún tipo de descomposición endémica de la sociedad, como pretende ser siempre presentado ese fenómeno, sino de la insaciable pretensión del poder hegemónico del capital por controlar el planeta y someterlo a su solo y exclusivo dominio.

El imperio norteamericano, auto erigido en líder y ejecutor de la avasalladora carrera por la imposición de ese demencial modelo unipolar que persigue asegurar el bienestar de unos pocos frente al sufrimiento de miles de millones, la ha presentado siempre como una necesidad primordial del ser humano en lo cual la idea de “soberanía de las naciones” y la “autodeterminación de los pueblos” serían los más grandes obstáculos a superar.

De ahí surge la conflictividad; De verse obligado el imperio a violentar la soberanía de los pueblos para someter sus economías, sus orientaciones políticas o sus creencias religiosas o culturales, al particular interés del hegemón.

Por eso la convocatoria que hace hoy Venezuela para sumar la voluntad de las naciones del mundo en la defensa de la carta fundacional de las Naciones Unidas es una acción sin lugar a dudas meritoria y valiosa para la humanidad.

Si algún propósito debe concitar la unidad de las naciones es precisamente el de prevenir toda amenaza contra la sobre vivencia misma de la humanidad. Ningún otro podría ser entonces el objetivo supremo de la Organización de las Naciones Unidas.

El lanzamiento del Grupo de Amigos en Defensa de la Carta de las Naciones, llevado a cabo esta semana en Nueva York a instancias de Venezuela, es el punto de partida para la recuperación en la ONU de los principios fundamentales de soberanía y libre determinación que aseguran la indispensable igualdad en los derechos de las naciones y la posibilidad cierta e irrenunciable de la paz mundial.

Las naciones deben unirse, tal como fue la fórmula de salvación prevista por el mundo en la era de la postguerra, sí.

Pero no para la sumisión a potencia alguna sino para la libertad y el progreso justo y equitativo de la humanidad.

Por esa iniciativa, el mundo quedará en deuda eterna con Venezuela.

@SoyAranguibel

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