Un señor muy viejo…

Por: Alberto Aranguibel B.

En uno de sus cuentos más fabulosos, García Márquez describe el pavoroso fenómeno de un insólito ser que de forma inusitada apareció un día en el patio de la humilde casa de Pelayo y Elisenda agitando sus alas en medio de un ventarrón de polvos siderales nunca vistos en el pueblo, y la forma en que se convirtió en la atracción de los pobladores que de inmediato, a medida que se regaba la noticia del arribo de aquel inusual hombre alado, formaron inmensas colas de gente dispuesta a pagar lo que fuera para ver al magnífico espécimen que tanta admiración despertaba.

A lo largo del fascinante relato el lector asiste al auge y decadencia de un acontecimiento que en un primer momento cautivó como ningún otro a la gente de aquel pueblo taciturno, pero que al pasar de los días, cansados ya de las inexplicables inconsistencias de un anciano alado que no daba respuestas a ninguna de las interrogantes que se le hacían, terminaron por desentenderse de él, por lo que el pobre hombre que apenas días antes había llegado a ser la sensación nunca antes vista, acabó arrastrándose por los rincones de la casa con la lastimosa dignidad de un perro viejo que no lora conseguir nunca dónde echarse.

Exactamente el mismo desecho humano que hace hoy la oposición venezolana con el que apenas ayer era el más deslumbrante y prometedor líder jamás visto en el ámbito del antichavismo, pero que hoy, vista la forma despectiva en que lo tratan los mismos que tanto lo veneraban, no es más que un cadáver político insepulto (como denominara a ese género el padre de la democracia… puntofijista).

A ese cadáver insepulto se le vio hasta hace poco recorriendo las plazoletas en las que antaño reunía a la gente bien de las más encumbradas clases sociales del país que lo veía como a un Cristo redivivo, dando tumbos de desconsuelo entre sillas vacías que algunos pocos todavía le ponen esperanzados en su resurrección, ofreciendo al aire que lo circundaba un muy transigente y bondadoso acuerdo nacional con el que pretendía sustituir el inflexible y riguroso mantra de los tres puntos que planteó cuando era la revelación del este del este.

Desde entonces, una cuña difundida insistentemente en los medios de comunicación y las redes sociales sigue pidiendo a gritos el susodicho acuerdo que a él nunca nadie le pidió. Pero esta vez en la soledad de unas letras animadas sobre un fondo blanco con algunas rayas tricolores.

Sin la presencia del antiguo líder que hoy ha sido desechado.

Ya ni en sus propias cuñas lo ponen.

@SoyAranguibel

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