Caraotas comunicacionales

Por: Alberto Aranguibel B.

Hace ya mucho tiempo, cuando todavía internet era apenas el fantasioso sueño de unos cuatro o cinco inventores delirantes, me topé con el asombro de una familia de amigos oriundos de Maracaibo que se enteraban en aquel momento que yo comía el cereal del desayuno con leche fría. Casi con asco, se burlaban de mí por lo que consideraban un exabrupto gastronómico, ya que, según ellos, la forma correcta de comerlo era con leche caliente.

Nos percatábamos en ese instante, tanto ellos como yo, de una costumbre que venía de más allá de nuestro habitual espacio social. Y la insólita variación en lo que hasta ese momento conocíamos cada uno de nosotros sobre la forma de comer cereal era toda una revelación.

En aquel tiempo, en virtud de las limitaciones tecnológicas y el escaso desarrollo de los medios de comunicación que había en el país (en comparación con lo que existe en la actualidad), el venezolano no alcanzaba a conocer con la facilidad de hoy en día su propia diversidad cultural, ni cultivaba un sentido verdaderamente entrañable de venezolanidad. Lo usual era que se conociera mucho más de la cultura europea o norteamericana que de la venezolana. A eso precisamente se orientaba entonces nuestro arcaico sistema educativo.

De alguna forma mis amigos y yo experimentamos en un mismo momento el fenómeno del intercambio cultural surgido del proceso comunicacional originario, el que se da directamente entre la gente sin la intervención del medio de comunicación que, como se sabe, no promueve la diversidad cultural sino que busca imponer una sola cultura de acuerdo a sus particulares intereses ideológicos y corporativos, en la más perfecta sintonía con el pensamiento y la lógica educativa de la derecha.

Con las caraotas (y el hábito de comerlas con o sin azúcar, de acuerdo al hábito de cada quien) está sucediendo en nuestro país exactamente el mismo fenómeno de entonces, solo que en forma masiva gracias al inmenso poder de las redes sociales en particular, que permiten hoy en día la difusión de ideas simultánea e instantáneamente entre miles de personas sin intervención de medio de comunicación alguno.

En el mismo tono de burla por lo que cada uno considera una atrocidad del otro, ambos grupos se mofan de aquello que hasta hoy desconocían, suponiendo que por esa razón, su propio desconocimiento, la costumbre de ese otro es completamente ilegítima y hasta insensata.

Es la negación misma de la otredad; de la existencia del prójimo como expresión de diversidad. El individualismo impreso desde siempre en el código genético del ser humano, pero que el capitalismo va inoculando subrepticiamente en la sociedad en un meticuloso pero muy persistente proceso de alienación y enajenación cultural.

Es por eso que es tan fácil encontrar en el país eventos como el que conocimos en los albores del proceso revolucionario, en plena efervescencia del fascismo desatado por la derecha a mediados del año 2002 (el momento cúspide del liderazgo de aquel inefable profesor Leonardo Carvajal como referente educativo de la oposición), en el que un grupo de padres y representantes de un colegio muy prestigioso del este de la capital amaneció un día a las puertas del instituto exigiendo la destitución de una profesora de bachillerato a quien los alumnos le habían preguntado el día anterior el significado del término “solidaridad”, a lo que ella simplemente había respondido que significaba “cooperación desinteresada, hermandad y compañerismo“. Obviamente una definición que les resultaba demasiado “chavista” (y, por ende, muy inaceptable) para sus gustos.

A medida que avanzan las tecnologías de la comunicación y surgen nuevas formas de intercambiar conocimiento de manera directa entre la gente, afloran también esas taras sociales que a través del tiempo ha buscado imponer el capitalismo como cultura. Y que todo proceso revolucionario debe atender como tarea impostergable, tal como lo alertara insistentemente el Comandante Fidel Castro cuando advertía que una revolución es verdadera cuando es una revolución de las ideas.

Pareciera muy simple, y hasta divertido, porque se trata de caraotas y no de un tema expresamente político. Pero en verdad es un asunto de principios y de valores tan importante como la política, sobre el cual hay que reflexionar mucho hoy en día.

@SoyAranguibel

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