Elecciones y sanciones

Por: Alberto Aranguibel B.

Frente a la brutal guerra mediática desatada en su contra por las fuerzas de la derecha nacional e internacional, Venezuela acaba de darle al mundo una inmensa sorpresa con la celebración de unas mega elecciones en las que no se produjeron conflictos ni irregularidades de ninguna naturaleza, y en las cuales, en medio de las muy particulares restricciones a las que obliga la pandemia que hoy enfrenta la humanidad, el pueblo ha ratificado una vez más de forma pacífica su profunda vocación democrática con una participación electoral que supera toda expectativa para una elección de autoridades regionales y locales dadas esas circunstancias.

Sorpresa, porque desde hace algunos años el mundo ha sido víctima de una de las más fabulosas operaciones de engaño jamás concebidas, a través de la cual la oposición venezolana le hizo creer a la opinión pública internacional que en nuestro país imperaba la más brutal y sanguinaria dictadura, que impedía el libre ejercicio de la política y reprimía toda expresión de disidencia.

Jamás pudo suponer el mundo, donde, salvo la bochornosa realidad española y buena parte de la suramericana, la política se ejerce con un claro sentido de la seriedad y la responsabilidad por parte de los actores políticos, que podía ser víctima fácil de los distintos mecanismos o fórmulas usadas por la derecha venezolana para justificar su empeño en derrocar al legítimo gobierno revolucionario venezolano. 

Fue esa derecha irresponsable la que promovió intensivamente las distorsiones económicas que llevaron a cientos de miles de venezolanos a emigrar hacia países donde muchas veces ni siquiera sabían dónde quedaba Venezuela, y mucho menos cuál era su realidad política, pero con la cual se solidarizaban pensando muchas veces que en verdad en nuestro país había un holocausto comunista acabando con las posibilidades de la vida. 

También fue esa derecha la que impulsó, por ejemplo, a la esposa de un terrorista juzgado y encarcelado por las leyes venezolanas siguiendo el debido proceso judicial, a irse a gimotear durante meses en los mas diversos escenarios políticos del mundo, sin discurso alguno sino con la sola exposición de su hermoso rostro de niña llorosa fingidamente agredida por un brutal dictador. Nunca pudo el mundo comprender que en un país donde las telenovelas fueron durante décadas el producto de mayor exportación, una venezolana como Lilian Tintori pudiera falsear con tanta capacidad melodramática la verdad, y por ello cayó también en esa trampa.

De ahí en adelante, con una opinión pública mundial profundamente sensibilizada con el discurso de la derecha venezolana (que más allá de su altisonante discurso jamás ha podido demostrar en la práctica su cacareada  e ilusoria mayoría) aunado a la inclemente guerra mediática que se sumó a ese pérfido plan de descrédito en el mundo, a la derecha internacional le fue relativamente fácil articular la agresión contra nuestro país que hoy en día se presenta en forma de bloqueo económico, sanciones unilaterales, violación expresa y persistente del derecho internacional y del derecho de nuestro pueblo a decidir soberanamente su modelo político, a través de una injerencia practicada y sostenida por las fuerzas contrarrevolucionarias del continente y del mundo, empezando por el imperio norteamericano y sus aliados, en su proverbial y delirante lucha contra el comunismo.

Pero, nunca hubo justificación alguna para las criminales sanciones políticas y económicas ilegalmente aplicadas por el imperio norteamericano contra Venezuela, porque la supuesta dictadura, ni militar, ni comunista, ni de ninguna otra naturaleza en la cual se apoyó para hacerlo jamás existió en nuestro país.

Como si hubiese hecho falta, la elección llevada a cabo en Venezuela esta semana selló definitivamente la verdad que ha sostenido el legítimo gobierno del presidente constitucional Nicolás Maduro Moros, en cuanto a la solidez de nuestra democracia participativa y protagónica; el destino de Venezuela lo deciden soberanamente las venezolanas y los venezolanos.

Queda claro, en primer lugar, el verdadero peso del Partido Socialista Unido de Venezuela en la política venezolana, confirmándose no solo su innegable mayoría en el respaldo popular, sino avanzando hacia importantes espacios hasta ahora gobernados por la oposición, como las gobernaciones de Táchira y Anzoátegui. Lo que reduce a tres los estados en los que la oposición será gobierno a partir de ahora.

Queda también al descubierto el desastre opositor, no solo por el significativo retroceso que para ese sector representa la pérdida de esas importantes gobernaciones, sino por la descomunal derrota al modelo de la violencia y el estallido social promovido por la derecha reaccionaria y terrorista que tanto ha inundado de destrucción y sangre al país. Algo de lo cual dan fe irrefutable las profundas divisiones y conflictos internos que pudieron evidenciar de manera directa los observadores internacionales, frente a quienes terminaron los candidatos de la oposición cayéndose a cachetadas y golpes en medio de la campaña electoral.

Cambian de mano dos estados importantes como Zulia y Cojedes, lo que no hace sino corroborar el carácter profundamente civilizado y plural de nuestro modelo democrático, que permite la expresión política del pueblo y acepta sus diferencias de opinión sin traumas de ninguna naturaleza, aún cuando la escogencia en esos estados haya sido de tres los más inequívocos exponentes de la más vetusta política cuartorepublicana. Un verdadero salto hacia el peor pasado político del país, lo que ya en sí mismo habla del carácter insustancial y vacuo de la propuesta opositora venezolana, que por más que se empecine en negarlo jamás ha presentado alternativa alguna de futuro sino mas bien de todo lo contrario.

Como corolario del fracaso opositor, hoy esa infamia deja una vez más en ridículo al gobierno norteamericano que, como una suerte de errático salvavidas buscando resucitar a un ahogado mediante respiración artificial, apareció a última hora reiterando desesperado su reconocimiento al bufón que en mala hora pretendió imponer como jefe del Estado venezolano. Uno más en la larga cadena de errores cometidos por el imperio.

Una elección, en definitiva, que deja en evidencia a quienes le han mentido persistentemente al mundo mediante una campaña de descrédito que nos presenta como un país asolado por una terrible crisis terminal, tratando de sacar provecho político con la infamia y la calumnia contra Venezuela y llenándose los bolsillos con los miles de millones sustraídos al erario público a través del descomunal robo de los activos del Estado en el exterior.

A lo interno del PSUV, los análisis de las fallas y errores no se detiene. La doctrina chavista de las 3 erres (Revisión, Rectificación y Reimpulso) es una norma asumida como mandato por el presidente Nicolás Maduro Moros, y por eso desde el primero momento de emitidos los boletines correspondientes del Consejo Nacional Electoral (CNE) dando cuenta de las variaciones porcentuales que muestran las altas y las bajas de la revolución en términos electorales, el primer mandatario convocó a reuniones extraordinarias de análisis de los resultados con el alto mando político de la Revolución.

No deben ser momentos solariegos, pero sí de alegría en la militancia revolucionaria, porque el logro alcanzado en medio de las profundas limitaciones y dificultades para superar la agresión imperialista contra el pueblo, es simplemente descomunal frente a lo que pudo haber sido si no estuviera al frente del gobierno un mandatario con la visión y la capacidad de nuestro presidente constitucional y un alto mando político fiel al ideario chavista como el del PSUV y las fuerzas revolucionarias del Gran Polo Patriótico.

Dentro de esa impostergable revisión tiene que dársele cabida cada vez con más amplitud a la denuncia popular sobre las imperfecciones que habrá que corregir necesariamente si se quiere avanzar en la transformación hacia el modelo de justicia e igualdad propuesto. Pero, en definitiva, queda perfectamente claro que, si la excusa del imperio fue la supuesta “dictadura» que habría en el país, no hay ya entonces ninguna razón para continuar con esas arbitrarias medidas coercitivas que siempre fueron ilegales, crueles e inhumanas contra nuestro pueblo. 

Como ha dicho siempre Venezuela, las sanciones son un crimen y no tienen justificación alguna. Los veedores de más de 55 naciones que constataron en persona y de manera irrefutable esta realidad, lo saben. Por eso, junto al pueblo venezolano todo, deben exigir desde ya el cese total y absoluto de las mismas.

@SoyAranguibel

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