Añorar tu terruño

Por: Alberto Aranguibel B.

Resulta chocante, e incluso insultante, que, según el parecer particular de los amargados, ahora todo el que va a hablar de Venezuela tiene que empezar, porque sí, hablando de la pobreza que hay en el país, de las deficiencias en los servicios y hasta de la falta de dólares (como si esa fuera la moneda de curso legal) porque, si no, puede ser objeto de los peores señalamientos.

Una moda que no se ha visto en ninguna parte del mundo, donde no es de ninguna manera un requisito indispensable la obligatoriedad de resaltar antes que nada, apenas llegues a cualquier país, los padecimientos que con toda seguridad hay (lamentablemente) hasta en el último rincón del planeta.

Pero en Venezuela la absurda norma de explicar la pobreza antes que ninguna otra cosa se ha convertido en el habla correcta para gente que por lo general suele no escatimar esfuerzos para ingeniarse cuanto mecanismo de prevaricación aparezca como fórmula de sobrevivencia, empezando por el “raspacupismo” con el que hace años empezó esta tragedia, hasta el bachaqueo de alimentos que todavía hoy padecemos, muchos de los cuales dieron origen a los males que nos aquejan.

Sin ir muy lejos, a cada rato tiene uno que lidiar con sempiternos acusadores (tanto de la oposición como del chavismo) que se niegan a aceptar hasta el más mínimo comentario que uno pretenda hacer sobre lo bien que le ha ido al país en la superación de la profunda crisis que nos ha sido inoculada intencionalmente por la contrarrevolución con la expresa finalidad de causar precisamente ese malestar del que muchos, con toda razón, se quejan.

Imposible imaginar, por ejemplo, a los judios reclamándoles a gritos a los Reyes Magos porque no iban a ver a la gente de los barrios de Belén en vez de estar regocijándose con el nacimiento de Jesus y dándole joyas y oro a granel mientas los demás pasaban hambre.

Así de absurdo es el reclamo de quienes exigen que para hablar de Venezuela hay que hacerlo resaltando la faceta más deprimida y deprimente del país, porque, de no ser así, no eres un buen venezolano.

Lo más triste es que todo el que viaja al exterior, lo primero que encuentra es que donde va hay más pobreza y más dificultades para vivir dignamente, infinitamente mayor cantidad de problemas y obstáculos para salir adelante. En fin, descubre que la pobreza no es, como pretende presentarlo de manera infame el capitalismo, un signo de las revoluciones socialistas.

Desde ese instante lo único que añora con pasión es regresar a su terruño.

@SoyAranguibel

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