Despedida imposible

Por: Alberto Aranguibel B.

Para Earle

¿Cómo se despide a un poeta… a un ser luminoso que no se va, sino que se queda… y cuya partida no es hacia el olvido de las catacumbas sino hacia la eternidad sublime e infinita?

¿Cómo se despide a los revolucionarios a carta cabal que no flaquean jamás frente al enemigo y que por el contrario enaltecen a cada paso el valor de sus ideales de justicia e igualdad social como lo hizo siempre Earle?

¿Cómo se despide a un intelectual íntegro, como él, que supo convertir la letra en grito vigoroso de la vida, en ejemplo de periodismo responsable y de la mayor altura, en poesía fenomenal y maravillosa, en canto emocionado con olor a terruño de su pueblo, a lluvia fresca de la mañana, a montaña eterna, médanos ventisqueros y costas luminosas como él tanto amó desde su venezolanidad pura y sin dobleces?

¿Cómo hacer para que el saludo a un gran amigo, hermano y camarada, no sea esta vez el de los encuentros casuales y sencillos con los que nos congraciamos en las gratísimas tertulias literarias, los fructíferos intercambios de reflexión política que con tantas luces supo iluminarnos en todo momento. Sino que más bien, por el contrario, sea el saludo que se le brinda a quien ahora, en su tránsito hacia ese nuevo estadio de la eternidad imborrable se hará cada vez más grande e imperecedero en el afecto y en el amor?

Solo Earle podría haber respondido a tantas y tan pertienentes interrogantes en esta hora de inmenso dolor, con su fina sabiduría, su proverbial humildad y su inefable contundencia de hombre taciturno pero de paso firme, que llevaba como solo él podía hacerlo la procesión (que la tenía y doy fe de ello) por dentro para no incomodar a quienes esperaban de su verbo incendiario y contundente solo ese buen y fino humor que tanto le caracterizó.

Solo él, como insigne y ejemplar maestro de la palabra, podría decirnos en esta amarga hora de su partida, con qué texto se construye un adiós fraternal y entrañable como él lo merece, con sabor a bolero añejo y a ranchera trasnochada como los de aquellos inolvidables botiquines de la legendaria República del Este que él tanto supo honrar.

Hasta la victoria siempre, querido camarada. Seguirás vivo en la memoria imborrable que te ofrendará tu pueblo en agradecimiento eterno.

Y en tus letras prodigiosas cargadas de vida, como siempre.

@SoyAranguibel

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