2022: del milagro a la acción

Por: Alberto Aranguibel B.

El balance que presenta el país luego de las más intensas batallas por la recuperación económica libradas por el gobierno revolucionario contra el criminal asedio imperialista que ha causado tanto padecimiento al pueblo venezolano, comienza a ser calificado por los analistas internacionales como un verdadero milagro. Y tienen toda la razón.

El solo hecho de haber superado la compleja coyuntura política que mantuvo durante meses en vilo al país con los insistentes intentos de derrocamiento del gobierno por vía de la violencia y las acciones golpistas llevadas a cabo por la oposición ultraderechista, es ya en sí mismo un logro descomunal en medio de las limitaciones impuestas por el imperio a nuestra economía. Ningún gobierno habría podido sostenerse en pie en tales circunstancias como lo hizo el del presidente Nicolás Maduro mediante un admirable manejo del escenario político que, finalmente, después de infinidad de intentos de diálogo propuestos por él desde el principio de su mandato, logró encausar a la mayoría de los partidos de oposición por la senda electoral, mientras el tinglado del interinato se desmoronaba por su propia ineptitud e incompetencia.

Dejar atrás la posibilidad del rompimiento del hilo constitucional surgida de una aventura de mercenarios chapuceros como los contratados por la banda de maleantes al servicio de la derecha golpista, es una victoria trascendental que tiene que celebrar no solo el ámbito del chavismo, sino la misma militancia opositora que a la larga habría tenido que cargar por igual con la bastarda designación de “república bananera” que nos habría correspondido como Estado fallido que ese escenario habría representado por décadas ante el mundo, sin contar la tragedia que habría significado la prolongada guerra civil entre las venezolanas y los venezolanos que sin lugar a dudas ello habría desatado.

Administrar en medio de tales circunstancias los muy limitados recursos de los que disponía el Estado después de la abismal caída del ingreso para sostener, e incluso incrementar, las políticas de protección social que le han garantizado al pueblo de los estratos mas humildes vivienda, educación, salud en forma gratuita, así como la prestación de servicios públicos altamente subsidiados (la mayoría de ellos rescatados con gran esfuerzo de los arteros ataques terroristas de los que han sido objeto) y la puesta en marcha de la intensa campaña de vacunación masiva contra el Covid19, ejemplo de organización y sentido de responsabilidad en la región, no ha sido tarea fácil. Pero se hizo.

El mensaje de fin de año ofrecido por el presidente Maduro a las venezolanas y los venezolanos, es una síntesis más que resumida de todos esos logros (y muchos más alcanzados en este periodo en otras áreas, como el rescate y saneamiento de espacios públicos) en términos de la significación simbólica de los mismos en el marco de la geopolítica que de una u otra manera signa el rumbo de la economía nacional en todo este tiempo. La derrota de la farsa de gobierno paralelo montada por la oposición, con la consecuente caída del interinato ficticio encabezado por el inefable exdiputado Guaidó, así como la realización de elecciones inobjetables para escoger diputados a la Asamblea Nacional y autoridades en todos los niveles del gobierno regional y local, suponen una recuperación progresiva de la imagen del país en el ámbito internacional por todo cuanto ello traduce de estabilidad, gobernabilidad, y muy fundamentalmente de paz social alcanzada por el pueblo en su conjunto, con lo cual las posibilidades para una definitiva y sustancial reactivación económica del país durante este año que se inicia son mucho más que evidentes.

Marcado por el carácter religioso de las festividades de fin de año, el futuro no deja de estar circunscrito entre las venezolanas y los venezolanos a la narrativa de la fe y la esperanza más bien de naturaleza milagrosa, más que al pragmatismo necesario para encarar la nueva realidad a la que estamos obligados en uno u otro sentido, ya sea por la severidad de las condiciones económicas a las que el país continúa sometido o a las que la pandemia (todavía sin panorama cierto de extinción) circunscribe.

Se sigue pensando (con la mejor buena fe por parte de la mayoría del pueblo en virtud de su profunda religiosidad) que un providencial golpe de suerte surgido de la impronta del nuevo año ya no como creación inmaterial del ser humano sino como entidad con poderes transformadores propios que llevan a la gente a prometerse entre unos y otros la mayor prosperidad como si de un bien transable caído del cielo se tratara, podría deparar fortuna y bienestar con la sola finalización del año viejo.

Un concepto de la predestinación que quizás era comprensible en tiempos del rentismo petrolero, del que surgían riquezas las más de las veces inexplicables y que no ameritaban esfuerzo alguno, siempre a costa del hambre y la miseria de las grandes mayorías de venezolanas y venezolanos, a la cual el propio presidente Maduro le sale al paso en esta oportunidad llamando insistentemente la atención sobre el origen verdadero de ese tan notable avance que comienza a evidenciar el país en cuanto a la dinamización de su economía y de su actividad laboral en todos los terrenos, aún a pesar de la sustancial caída de la producción petrolera de los años precedentes, y que no es otro que el trabajo tenaz y comprometido de las mujeres y hombres que han dado la batalla por superar las dificultades en medio de la brutal agresión imperialista con creatividad e ingenio, pero a punta de esfuerzo y sudor propios.

Haber saltado en apenas meses de la dependencia alimentaria con una importación históricamente estimada en un 95% del consumo nacional, a un 85% de producción nacional en todo lo que hoy consumimos, es sin lugar a dudas mucho más que un milagro toda una proeza de dimensiones inimaginables hasta hace muy poco tiempo, más aún si se toma en cuenta la escasa capacidad de financiamiento con la que esa transformación se ha llevado a cabo. Vale decir, entonces, que es el factor humano y ningún otro el determinante en la posibilidad de hacer del nuevo año el año del relanzamiento definitivo de la economía venezolana, de cara a las exigencias de esa nueva realidad no solo económica sino social en la que deberá desempeñarse por ahora la humanidad, y en particular nuestro país que emerge como ave Fenix de sus propias cenizas para continuar construyendo el modelo de justicia e igualdad social que en buena hora emprendió de la mano del comandante Chávez, y que fuera truncado aviesamente por la perfidia de una derecha insaciable ávida de poder y de riquezas sin importarle para nada el sufrimiento de todo un pueblo.

2022 será sin lugar a dudas el año de ese relanzamiento económico porque lo peor de todo aquello de lo que era capaz esa derecha pendenciera y corrupta, ha sido disuelto. Ya no hay Guaidó ni siquiera en las plazoletas solitarias del este del este (y muy probablemente lo que suceda es que mas temprano que tarde termine encarcelado por los delitos cometidos contra la constitución y el erario público). No hay payasos desquiciados al frente de la Casa Blanca, sino imperialistas comunes y corrientes. No hay Piñera impulsando desde Chile la maldad y el odio hacia nuestro país. Ni mediocres Vizcarras en Perú, ni acomplejados Morenos en Ecuador. Y, con toda seguridad, no habrán a partir de los próximos meses ni Duques ni Bolsonaros montando conspiraciones en nuestras fronteras.

Ciertamente seguirá existiendo (cada vez con mayores problemas en su propia economía) un imperialismo rapaz y genocida como el que encarna EEUU, empeñado en agredir nuestra soberanía. Seguirán, por supuesto, existiendo dificultades económicas severas contra las cuales habrá que seguir combatiendo. Y seguirán existiendo, sin lugar a dudas, opositores obcecados y tercos empecinados en torcer el modelo democrático venezolano para ponerlo al servicio de sus particulares intereses crematísticos.

Pero el grueso de la que en mala hora llamaron “la crisis venezolana” (que en realidad fue siempre la crisis de una oposición retardataria que se negó a aceptar las reglas de la democracia) y cuyo eje medular era la incertidumbre de si el pueblo venezolano sería suficiente y capaz de enfrentar la agresión con el estoicismo y el compromiso patrio necesarios para sobreponerse a las dificultades y a la agresión imperialista, tampoco existe ya.

Ahora el país sabe que el futuro no se construye con milagros sino con acciones tangibles y concretas. Tal como lo propuso desde siempre el Comandante Chávez y como lo expresa hoy con entera claridad y visión de auténtico estadista el presidente constitucional de la República, Nicolás Maduro Moros.

@SoyAranguibel

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