La guerra necesaria para una mediática sumisa

Por: Alberto Aranguibel B.

Contra Vladimir Putin se ha lanzado la más brutal e intensiva campaña de satanización mediática jamás vista desde los tiempos de Adolfo Hitler. Solamente comparable, quizás, a la que desde hace una década, al menos, se ha lanzado contra el presidente Nicolás Maduro Moros, a quien los medios de comunicación internacionales, los mismos que hoy se abalanzan contra el mandatario ruso, han tratado de convertir en el demonio mismo porque no permite que un pequeño grupo de impostores falsamente erigidos en demócratas se haga del poder en Venezuela a como dé lugar.

La diferencia entre una campaña de difamación y la otra, es que mientras el pueblo de Venezuela ha sabido sortear con éxito la posibilidad de una confrontación, primero entre la población venezolana y luego contra ejércitos extranjeros, en el caso de Rusia se ha producido una compleja situación, en la que intervienen factores políticos, sociales, económicos y militares, obligándola a desembocar en una lamentable guerra que pone en jaque no solo a los países en pugna, Ucrania y Rusia (a los que se suman ahora las recién instauradas repúblicas de Donetsk y Lugansk), sino al mundo entero, en virtud del alcance que suponen las consecuencias de ese conflicto a lo largo y ancho del continente europeo y del mundo.

Jamás se habían producido reacciones tan severas contra un país como las que hoy se están viendo contra Rusia más allá de las usuales y siempre controvertidas sanciones económicas y políticas que las potencias occidentales imponen a cualquier país siguiendo los dictámenes del imperio norteamericano. Como por ejemplo el boicot que han anunciado las empresas Sony y Disney suspendiendo estrenos de sus películas en Rusia (algo que jamás hicieron contra ningún otro país, ni siquiera la archienemiga de EEUU, Corea Del Norte), e incluso en ámbitos deportivos como la FIFA, casualmente uno de los más escandalosos antros de corrupción hasta hoy conocidos en el mundo del deporte.

Si desde hace décadas la guerra es tan común y corriente en el mundo, ¿por qué esta acción militar especial, como ha sido denominada, lanzada por Moscú para proteger la vida de cientos de miles de ciudadanos rusos que son masacrados desde hace casi una década en la región del Dombás ucraniano causa tanta convulsión y rechazo?

Simplemente porque es a lo largo de casi un siglo la primera guerra que no promueve o no lleva a cabo Estados Unidos contra un país cualquiera. Es decir; es la guerra que le hacía falta desde hace ya muchísimo tiempo a la derecha internacional y a sus medios de comunicación para tratar de empatar el juego limpiándole la cara al imperio más cruel y sanguinario de la historia con una confrontación que, ni con mucho, alcanzará jamás los niveles de destrucción llevados a cabo por EEUU en el mundo.

Desde el momento mismo en que China pasó a ser la primera economía del mundo, y su alianza con potencias como Rusia, India, Irán y Turquía (además de la expansión de sus relaciones con Latinoamérica y del avance de la nueva Ruta de la Seda) se convirtieron en una amenaza insoslayable para el dólar norteamericano, el imperio necesitaba ir más allá de el escenario eminentemente económico para retomar su rol de liderazgo mundial en un ámbito más épico, que le permitiera posicionarse de nuevo como “el salvador del mundo”. Solo que a la humanidad le hacía falta un enemigo común. En eso el medio de comunicación era decisivo.

Ahora, denominándola, como lo hacen, “la más cruel invasión de todos los tiempos”, la mediática occidental podrá exponer con toda su fuerza la barbarie de una guerra como nunca había podido hacerlo a sus anchas en ninguna de las atroces conflagraciones que desde el fin de la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos (siempre escudado tras las banderas de la OTAN) ha desatado contra infinidad de pueblos y naciones del planeta, precisamente porque se trataba del gran hegemón al que debía tratar siempre con la más sutil mano de seda.

La misma potencia que hoy, con la prohibición de transmisión impuesta a las agencias informativas RT y Sputnik en casi todo el planeta, está decretando abierta e impúdicamente que el verdadero tirano, quien viola a sus anchas el Derecho Internacional de acuerdo a su conveniencia, es el que impone que la libertad de expresión es un derecho exclusivo ya no para la humanidad sino para los medios pro imperialistas que sirvan a los intereses del gran capital y nada más.

Solo que ahora, por fin, podrán culpar a otro y no al criminal imperio del cual no son sino simples vasallos.

@SoyAranguibel

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