La maldad incompetente

Roberto Hernández Montoya para Fuser News

¡Que coman tortas! — dicen que dijo la reina María Antonieta de Francia cuando los campesinos se dolían por la escasez de pan, en vísperas de la gran Revolución.

Solo hay algo peor que la maldad: aquella que además es incompetente. Como la imperial.

La actual derecha mundial es la actual entropía mundial. Todo lo que toca lo degrada.

Josep Borrell disfruta haciéndose odiar. En su discurso como canciller del Parlamento Europeo dijo con su habitual desparpajo que la gente debe pasar frío para contribuir con la derrota de Rusia. Así Europa puede prescindir del gas ruso para debilitar la economía eslava.

Supongo que cuando el trigo ruso-ucranio escasee y no haya pan, gracias a la trapatiesta, dirá al pueblo, cual María Antonieta, que coman brioches.

Prueba de cuánto embrutece el cinismo hijo de la soberbia. Estamos en el filito del fin del mundo y a un alto y fogueado dirigente europeo solo se le ocurre proponer a la gente que pase frío para que el complejo industrial-militar gringo venda sus armas al calor del vendaval ucraniano, a horas antes o después de que la forajida Victoria Nuland, subsecretaría de Estado, otra embrutecida, declaraba en el Senado que sí había laboratorios gringos de armas biológicas en Ucrania y que su única preocupación no es que esas armas son ilegales y violan los derechos humanos sino que esos laboratorios caigan en manos rusas. Que sigan comiendo tortas.

Es la misma raíz ideológica que rige la mente de la dirigencia occidental de estas horas que podrían ser las últimas de homo sapiens. La misma que predominaba durante el fin de régime en la Francia de María Antonieta la Sifrina Mayor. Las sifrinas se llaman en varias latitudes fresas, gomelas, pijas, perfumadas, pitucas y hace décadas en Venezuela gente de pitiminí.

Los hay varones también. Es el tipo de persona que en el naufragio del Titanic exigía salvar a su perro. Hay gente así y es un peligro. Pueden preferir acabar con el mundo antes que renunciar a sus melindres.

Son capaces de humillarse ante Maduro con tal de comprar petróleo venezolano para salvar su economía, son tan ignorantes que no se percatan de que así no arruinan a Rusia sino a su propia economía. Ya Europa la está chillando con las tarifas eléctricas. Velas, sugiere Borrell.

La ideología, decía mi maestro Eliseo Verón, no es solo un conjunto de ideas sino el modo de producirlas, el programa de la computadora, no el input (aducto) ni el output (educto) sino el software que está entrambos.

Pues esta gente que está dirigiendo a occidente no comprende nada. Se aferra al detrito comunicacional del día, que ha impuesto hasta a medios de prosapia intelectual como The New Yorker o Le Monde, que aquello da compasión. Lo más infame es que no lo entienden. O algo peor: que no les importa que se piense eso.

Porque es obvio que a esa gente no les queda ni un chorrito de vergüenza. La gente sin autoestima como Borrell es un peligro porque puede destruir el mundo por un melindre. No es posible insultar a esa gente porque no tiene honor. Normalmente sería recomendable alejarse de esa canalla pero eso no puédese porque la tenemos encima destruyendo nuestras mentes, haciéndonos creer que un videojuego es un acto de heroísmo bélico del quimérico «Fantasma de Kiev». O que los gatos rusos son un peligro porque quién sabe qué malas mañas les enseñó Putin. O que hay que desechar por el ducto todo el vodka ruso.

Hasta ese abismo de irrisión nos lanzaron. Y es deshonroso tener que discutir en ese chiquero porque hasta como chistes son malos. Tal vez, y esa es nuestra última esperanza, quede una mente lúcida que revele a esa dirigencia que no le conviene una inmolación nuclear porque tiene más que perder que aquella pobre gente a quien Borrell recomienda pasar frío y comer pasteles.

No creo que esa mente lúcida sea la de los sifrinos Musk, Bezos o Zuckerberg. Antes las socialites eran Peggy Guggenheim. Ahora son Kim Kardashian y Paris Hilton, que cree que en toda Europa se habla francés y por tanto no sabe dónde queda el hotel que lleva su nombre y el apellido de su familia. Ni le importa. Antes el primer ministro británico era Winston Churchill. Ahora es Boris Johnson. Hubo un De Gaulle donde ahora hay un Macron. De Rómulo Gallegos pasamos a Henry Ramos Allup. De Rafael Caldera a Freddy Guevara.

Es una película de terror. ¿Viste No mires arriba?

Roberto Hernández Montoya / @rhm1947

Tomado de : Fuser News

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