Medio y miedo

Por: Alberto Aranguibel B.

La gente que deplora las guerras lo hace por un natural sentimiento de apego a la lógica del raciocinio por encima de la violencia, porque las guerras (en las que siempre los muertos terminan siendo los más inocentes e indefensos de los conflictos) suelen ser entendidas como el desquiciado recurso al que apelan factores de poder cegados en uno u otro sentido por la codicia.

Es la razón ética, que prevalece en todo momento en el reproche a la barbarie, condicionando la actitud de todo el que de forma consciente emite de cualquier manera (y por cualquier vía) una opinión sobre los conflictos bélicos, ya sea expresando una posición equidistante de los bandos en pugna, o una visión abiertamente parcializada en favor de alguno de ellos.

En ambos casos, tanto en las apreciaciones supuestamente objetivas como en las más radicales, analistas, periodistas, expertos en relaciones internacionales, observadores de organizaciones de derechos humanos, e incluso influencers de todo tipo, apoyan su argumentación en esa razón ética en contra de la guerra, sean cuales sean el escenario y los contendientes.

Pero esa razón ética puede permear perfectamente hacia lo que se conoce hoy en día como “lo políticamente correcto”. Una forma elegante de referirse a ese grado de oportunismo que siempre subyace en las posiciones en apariencia equilibradas, pero que solo persiguen el reconocimiento (y hasta el aplauso fácil) de las masas antes que enfrentar el eventual riesgo del señalamiento del que pueda ser víctima quien se atreva a contrariar o a incomodar apenas la opinión comúnmente aceptada, así ésta no sea la correcta sino la impuesta arbitrariamente por los medios.

Es el temor (más bien la cobardía) que evidencian hoy los analistas timoratos que callan (o incluso aceptan) cuando el periodista los increpa comenzando por acusar de asesino al presidente de Rusia, y que no se atreven a contrariar tal infamia aún sabiendo que si en algo estamos en presencia es de la más brutal campaña de desprestigio contra un mandatario para buscar derrocarlo del poder a como dé lugar, imputándole todo tipo de calumnias en un escenario expresamente provocado para eso por el imperio norteamericano.

Ese temor que invade y bloquea a quienes con su silencio legitiman la especie de la tiranía que supuestamente encarnaría Putin, es solo un ángulo más de la más perversa y brutal guerra de desinformación jamás desatada contra la humanidad. Ya no es solo el temor a la Rusia comunista que hacen creer que cuatro décadas después de caída la Unión Soviética existe, sino el temor al periodista que te entrevista. Al qué dirá de ti la audiencia si dices algo positivo de ese que los medios han inoculado al mundo que es el infierno en la tierra.

Es la guerra de miedo que inoculan los medios.

@SoyAranguibel

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