El menos malo

Por: Alberto Aranguibel B.

En política la calidad del liderazgo se mide por la rectitud y la honorabilidad en la trayectoria del político. Las ideas, reducidas por lo general al paquete de promesas de campaña electoral, no suelen ser en el modelo de democracia burguesa el factor determinante de la popularidad del líder sino el complemento circunstancial de esa trayectoria con la cual se referencia a quienes aspiran a ser verdaderos conductores de masas o eventuales rectores de la administración pública.

Sin embargo, en un auténtico modelo de democracia participativa, las ideas deben jugar un rol predominante, por encima incluso de la calidad carismática del líder, porque es con base en el estudio sistemático de las ideas que el conocimiento teórico involucra, como se liberan las verdaderas potencialidades transformadoras del pueblo.

El líder de hoy, sobre todo en Latinoamérica, donde los pueblos aprenden cada día más a forjar su destino debatiendo las fortalezas y debilidades entre modelos o sistemas políticos y económicos, tiene que ser una persona curtida en la batalla de las ideas, más que en la reyerta política o en la confrontación partidista por espacios o cuotas de poder.

Ser el legítimo ductor en la formación de la conciencia y el sentido del compromiso del pueblo en función de la transformación de la sociedad, es, desde una perspectiva auténticamente revolucionaria, el deber de ese liderazgo.

De ahí que el objetivo esencial de la derecha sea siempre la procura de la desmovilización social a partir de la despolitización de las masas, cuyo propósito es inhibir, mediante la ignorancia y el desconocimiento de las ideas, su potencial crítico y, por ende, su capacidad transformadora.

Y de ahí lo pernicioso que es para un Estado democrático vigoroso y saludable la penetración por parte de factores de la parapolítica contrarios a la lucha basada en las ideas y no en el insustancial y degradante revanchismo partidista o el atajo político, como se ha visto invariablemente en Colombia desde hace casi un siglo.

La enajenación sistemática de la estructura de valores ideológicos llevada a cabo por esos factores demagógicos y populistas, aliados indisolublemente con la oligarquía y el narcotráfico, han dejado como resultado el estamento político mediocre e incompetente con el cual debe conformarse hoy ese país.

Esa lógica de la parapolítica como parte del Estado, ha corroído progresivamente la natural gestación de estamentos políticos populares surgidos del debate de las ideas, acabando con su potencialidad mediante el asesinato selectivo de voceros y líderes comunitarios, infiltración sistemática de los escenarios políticos, corrupción de funcionarios públicos de todo nivel con dineros del narcotráfico, y un sinfín de tácticas de penetración orientadas al desmontaje del aparato del Estado desde adentro.

Por eso a Colombia le toca elegir ya no al mejor candidato sino al menos malo.

@SoyAranguibel

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