Cumbres y desempates

Por: Alberto Aranguibel B.

La desafortunada medida de exclusión de la IX Cumbre de las Américas tomada por Estados Unidos contra tres países soberanos de nuestro Continente, Cuba, Nicaragua y Venezuela, no es más que una pobre y muy decadente medida de retaliación política tomada a destiempo por el imperio norteamericano contra la Celac, organismo creado en 2011 por la totalidad de las naciones americanas, con excepción de EEUU y Canadá, cuyo propósito o razón de ser se fundó precisamente en la necesidad de nuestros pueblos de avanzar hacia un modelo de integración que reivindicara efectivamente la filosofía de la hermandad y la cooperación con base en la más inequívoca noción de soberanía e independencia de cada una de nuestras naciones.

Surgida de los esfuerzos integracionistas que impulsó la Revolución Bolivariana en el marco de la diplomacia revolucionaria de paz, promovida inicialmente por el comandante Hugo Chávez y continuada hoy por el presidente Nicolás Maduro, la Celac expresa una poderosa conjunción de voluntades en el marco intercontinental, que recoge la impronta de los más importantes esfuerzos de unión llevados a cabo por los países de la región en las últimas décadas, en particular la III Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo (CALC), llevada a cabo en 2008, y la XXII Cumbre del Grupo de Río, creado en 1986.

Nacía así mismo la Celac como una forma de evolución de los esfuerzos de la Cumbre de la Unidad Latinoamericana, que tuviera lugar en la Riviera Maya, México, en 2010 y, por supuesto, como preámbulo excepcional a la conmemoración del Bicentenario de la Independencia de la mayoría de los países de la región.

Eventos todos que registran de manera indeleble la profunda vocación integracionista, auténticamente participativa y plural de nuestros pueblos y que dan a la Celac la inmensa fortaleza que ha adquirido en el correr del Siglo XXI como el indiscutible organismo multilateral de verdadera significación y trascendencia que es hoy en día en el Continente Americano.

De modo que no es un “empate del juego” el que logra el imperio con su arrogante destemplanza discriminatoria completamente a contrapelo de la realidad integracionista de nuestros pueblos, sino un aletazo más de un águila moribunda que no tiene ya la resonancia que en otros tiempos pudo haber tenido en la región.

@SoyAranguibel

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