¿Sobredimensionar a Petro?

Por: Alberto Aranguibel B.

Por supuesto que es un triunfo resonante el que han alcanzado Francia Márquez y Gustavo Petro en las eleciones presidenciales de este fin de semana en Colombia. El solo hecho de producirse en el país que más cuestionamientos y denuncias de manipulación del voto por parte de los sectores tradicionalmente dominantes de la derecha ha recibido de los colombianos, es suficiente para celebrar por todo lo alto la hazaña que ese gran logro de una propuesta progresista (y hasta izquierdista, para muchos) representa.

Se asume que constituye un hito histórico en el que se quiebra el estatus quo impuesto desde hace casi un siglo por la oligarquía mas reaccionaria y ultra conservadora de la región latinoamericana, por el solo origen humilde y comprometido con el pueblo de cada uno de los integrantes de esa dupla que hoy se erige sobre el inmenso poder de la superestructura del gran capital que hasta hoy dominó el ambiente político en ese país, en virtud de lo cual se esperan cambios radicales sorprendentes e inusitados en la forma de gobernar y de hacer de la gestión pública un canal expedito para la redención y la justicia social tan largamente anhelada por las colombianas y los colombianos.

Pero muy probablemente, quizás lo único lamentable de todo, es que mucho de eso es posible que termine quedándose en intenciones, habida cuenta de la dura realidad que deberá enfrentar el nuevo gobierno colombiano, ya no en función solamente de saldar la inmensa deuda social acumulada en un país que registra los más altos índices de desigualdad, de pobreza y pobreza extrema, así como de exclusión social y migración, sino en relación con los grandes intereses creados en esa nación en torno al Estado.

La realidad de la parapolítica, del narcoparamilitarismo, de las mafias del lavado de capitales provenientes de la droga, así como de las estructuras mafiosas del gran capital creadas a la sombra de la política que desde siempre han estado al servicio de los poderosos sectores oligarcas colombianos, son una carga más que difícil de sobre llevar.

Pero tal vez el obstáculo más determinante para adelantar una gestión de carácter popular e inclusiva, es sin lugar a dudas el peso de la Embajada de EEUU en Colombia y su expreso interés de operar desde ahí contra Venezuela. Si algo es hoy innegable, es que el proverbial recelo que históricamente ha tenido Colombia hacia nuestro país se ha acrecentado significativamente en las últimas décadas no solo por la migración de venezolanos hacia el hermano país, sino por la guerra desatada desde esa nación por el imperio y sus lacayos contra la Revolución Bolivariana.

¿Podrá Petro, que no es propiamente un revolucionario, asumir el reto de plantarle cara al imperio?

Amanecerá y veremos.

@SoyAranguibel

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