Re-descubrimientos

Por: Alberto Aranguibel B.

Hace pocos años la noticia del “descubrimiento” de pavimento (piso de cemento sólido) debajo de la capa de asfalto (capa de petróleo mezclado con tierra) en la parte subterránea de la avenida Simón Bolívar, mejor conocida como “el túnel de El Silencio”, me dejó, más que estupefacto, indignado.

Durante al menos treinta años, desde que noté (por allá a finales de los años 70) como ciudadano común que transitaba a diario por aquella emblemática arteria de la ciudad  capital que sin ninguna razón o justificación lógica se le sobreponía una inmensa capa de asfalto a un pavimento en perfecto buen estado, no dejé nunca de preguntarme cuál habría sido el cuantioso negocio entre la constructora que hacía aquella barbaridad y la autoridad municipal o del ministerio de obras públicas que autorizaban esa tan innecesaria y costosa obra.

Después de las persecuciones, las desapariciones y las torturas políticas, lo que más me indignó siempre de la cuarta república fue la forma descarada en que los adecos y los copeyanos se robaban el dinero saqueado a la nación sin el menor pudor y a la vista de la gente, como aquello de asfaltar una obra que no requería en lo más mínimo asfalto alguno.

Hoy “descubren” en La Guaira los restos de unas estructuras coloniales, en las que fue encarcelado el generalísimo Francisco de Miranda a la caída de la Primera República, y se arma un revuelo monumental por el “hallazgo”.

Pero resulta que esas estructuras estaban perfectamente ubicadas e incluidas en el informe realizado hace más de una década por el Instituto de Patrimonio Cultural, presidido en aquel entonces por el arquitecto y escritor José Manuel Rodríguez, en el que se decía: “La plaza dedicada a la memoria del Generalísimo Francisco de Miranda está colocada sobre las ruinas del antiguo Baluarte de La Plataforma, únicos restos que subsisten de las antiguas murallas defensivas del Puerto de La Guaira, cuya construcción data de finales del siglo XVIII […] La institución responsable de este bien está en la obligación legal de tomar las medidas necesarias para salvaguardarlo”.

Entonces… ¿Descubrieron, redescubrieron, o simplemente leyeron mal sus propios informes las autoridades de esa institución patrimonial, que hoy celebra el acontecimiento como un “hallazgo”?

No sugiero que haya habido algún hecho de corrupción o de desviación, al menos, de recursos del Estado en la construcción de esa plaza sobre un bien patrimonial de tal magnitud. No tengo indicios para ello ni sospecha alguna sobre la honestidad de los funcionarios que ordenaron en su momento dicha obra. Pero sí señalo, con la mayor responsabilidad, el dislate que significa no haberse percatado del error en el que se incurría cuando se planeó esa obra como parte de la reconstrucción que se llevó a cabo en ese lugar después del llamado «deslave de Vargas».

@SoyAranguibel

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