El crimen contra Carlos Lanz y los criminalistas de televisión

Por: Alberto Aranguibel B.

Habituada a la inmensa cantidad de series policiales que produce la industria de la televisión, mucha gente razona en la misma forma en que ese popular género presenta los casos de investigación policial, en los que el espectador suele compartir en forma inmediata junto con el protagonista, y desde la comodidad de su casa, todos y cada uno de los pasos que se van dando en las pesquisas que se emprenden desde que se produce el crimen de cada capítulo hasta su solución definitiva meses o años después, según lo que dicte el guión de la historia en cada caso.

Pero en la vida real las cosas no suceden así. En ninguna parte del mundo las investigaciones policiales son abiertas al escrutinio público durante el curso de las mismas. No pueden hacerlo porque revelar públicamente los hallazgos que se van obteniendo solo pone en alerta a los criminales y los ayuda a evadir la justicia.

Por eso vimos lo que vimos en Venezuela a lo largo de los dos últimos años durante el proceso de investigación de la desaparición del insigne luchador revolucionario Carlos Lanz, a quien (como tan lamentablemente acaba de revelarse) sus captores desaparecieron con el mayor cuidado de no dejar cabos sueltos que pudieran develar el horrendo crimen que estaban cometiendo, lo que sin lugar a dudas determinó la complejidad de la investigación.

Una investigación sumamente complicada como detalló extensamente el Fiscal General de la República esta semana, precisamente porque sus autores planificaron meticulosamente y con la mayor frialdad los pasos que darían para no ser descubiertos, por lo que de ninguna manera debe haber sido fácil encontrar en un primer momento no solo a los culpables del plagio sino las pruebas que los incriminaran. De modo que cualquier información que se les escapara a los investigadores a lo largo de las pesquisas solo habría servido para poner sobre aviso a esos criminales, dando así entonces al traste con las posibilidades de hacer justicia, como hoy se está haciendo.

Algo perfectamente razonable que sucediera de esa manera, es decir; preservándose el mas estricto sigilo, porque quienes más ruido hicieron durante la investigación, ya fuese por un claro interés de desorientarla, como ahora se ha visto que tenían en mente quienes querían aparentar una falsa indignación cuando en realidad eran los autores intelectuales y material del crimen, o como los que por crasa desinformación o falta absoluta de experticia criminalística, como fue el caso de una gran cantidad de opinadores sin el más mínimo sentido de la responsabilidad y hasta de la vergüenza, lo que pretendían era precisamente que lo que ahí sucedió no se descubriera jamás.

La tesis de la supuesta impunidad que existiría en Venezuela, manejada por mucha de esa gente que usaba el silencio necesario de la fiscalía para inventar sin fundamento alguno hipótesis absurdas de todo tipo, se orientaba insistentemente hacia los cuerpos de investigación, sugiriendo incluso de la manera más temeraria que fueran estos últimos los autores del plagio del camarada Lanz. Lo que se viene abajo con la exitosa solución que se ha logrado en este caso desde el punto de vista criminalístico.

Por supuesto que hay delitos en Venezuela, como en todos los países del mundo, y es lamentable que así sea. Pero de ninguna manera ello significa que la norma de los organismos del Estado sea la impunidad o la desatención de sus responsabilidades, ni que la conducta delictiva sea la conducta de la inmensa mayoría de las venezolanas y los venezolanos, cuyo esfuerzo común permite que hoy podamos sentirnos orgullosos de tener una Patria digna y soberana construida por todas y todos con abnegación y entrega en función del bienestar y del mejor porvenir al que todas y todos aspiramos.

Contrario a lo que algunos puedan pensar, la «verdad verdadera» no es un guión televisivo.

@SoyAranguibel

Un comentario sobre “El crimen contra Carlos Lanz y los criminalistas de televisión

  1. Su hijo hablaba sobre el dinero de las propiedades de donarlas a la Educación y Salud. En tal sentido tomar la escuela Aragua (Maracay, Las Acacias. Se está cayendo por megadeterioro. Y al rehabilitarla bautizarla como: Escuela Básica Nacional Bolivariana Carlos Lanz. Soy Estela Zambrano docente de dificultades del aprendizaje.

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