J.M. Rodríguez: En la naturaleza no hay occidente

Por: José Manuel Rodríguez

El impulso al razonamiento colectivo es una ocupación satisfactoria. Intentar alcanzar el pensamiento crítico vale la pena. Claro, a las dificultades propias hay que agregarle, a causa del confinamiento, la distancia que separa a la gente. Lo preocupante de esta circunstancia sobrevenida es que nos adaptemos a ella convirtiéndola en permanente. Es catastrófica para los sueños colectivos. Razón por la cual uno comienza a sospechar que ese virus endemoniado que nos llevó a la eliminación del encuentro con los demás, no tenga un origen natural, como tampoco las nuevas epidemias que están apareciendo. Pareciera reforzar la necesidad del alejamiento. Para los viejos tal cosa no nos resulta un cambio notable, ya estamos en un aparte de la vida, pero, ¡carajo! para los jóvenes resulta, como ya dije, catastrófico. 

No soy seguidor, ni mucho menos, de las teorías conspirativas, pero, sin duda, buena parte de los organismos multinacionales relacionados con el funcionamiento de las sociedades tienen copados sus equipos ejecutivos con gente colocada ahí por el hegemón mayor y sus adláteres europeos. Su propósito, el control sobre las sociedades humanas. En la ONU se promueve con fines “ecológicos” la engañosa energía verde. En la OMS, parecen entender las razones crematísticas y “de Estado” para lanzar aventuras epidémicas. Y en la OTAN reciben luz verde a su avance sobre el “Este”, dotándola de la fuerza y la mediática necesaria para que elimine cualquier peligro a la hegemonía de Occidente.

Lo más dramático del daño que esto produce a los pueblos del mundo, es que no se trata del enfrentamiento de dos visiones políticas contrapuestas, capitalismo vs. socialismo, sino del aseguramiento del control del capital en manos de la superioridad blanca establecida en Occidente. En el caso de la Europa decadente, que parece tener como único futuro el recuerdo de glorias pasadas, su juventud ha perdido la razón esencial de la vida. Eso permite que el gobierno corporativo radicado en Bruselas, no electo por nadie, decida llenar de penurias a sus pueblos mientras se suben el sueldo. Del lado norteamericano no se requiere construir una tesis para afirmar lo que es obvio, son una sociedad gravemente enferma. Bastaría con una relatoría de hechos, que son miles. Sólo mencionaré las tres causas fundamentales que les ha generado esa enfermedad terminal: la violencia consagrada por su Constitución, la irracionalidad de la predestinación divina, la ignorancia inducida.

José Manuel Rodríguez

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