Conciertos y democracia

Por: Alberto Aranguibel B.

Un inusitado fenómeno en particular se ha convertido en signo de la nueva realidad de recuperación que experimenta Venezuela, sin ser técnicamente un indicador económico, como son los conciertos musicales de artistas nacionales e internacionales que se están dando en todo el país, caracterizados por la afluencia masiva del público venezolano que asiste a dichos eventos a pesar de las elevadas sumas que muchas veces cuestan las entradas a los mismos.

Se trata de un fenómeno musical que expresa una innegable realidad de recuperación económica, pero también, y es quizás lo más importante, de un acontecimiento de naturaleza política que los venezolanos debemos leer con el mayor detenimiento, porque muchos de esos artistas son los mismos que hasta hace muy poco contribuyeron con una torpe y difamatoria opinión seudo política (área en la que nunca fueron formados ni como luchadores sociales ni como intelectuales, precisamente porque su oficio es el de cantar y no el de ejercer la política) a la agudización de una circunstancia de dificultades tan compleja como la que estaba atravesando Venezuela.

Fueron colaboradores de una guerra mediática desatada contra nuestro país, con la que se causó desesperanza, angustia, dolor y sufrimiento al pueblo, incluidos muchos de aquellos que hoy pagan las costosas entradas que cobran. Y encima en dólares.

Por supuesto que pueden venir a dar sus conciertos de reconciliación con una Patria que nunca los obligó a irse del país y mucho menos a convertirse en detractores acérrimos de ella. El pueblo venezolano no paga el odio que esos artistas vertieron contra él con la misma moneda a quienes, como ellos sí lo hicieron hasta la saciedad, promovieron abierta e irresponsablemente el boicot internacional contra nuestro país.

Con la sola presencia de esos artistas en suelo venezolano, se demuestra de la manera más irrefutable que todo lo que dijeron en sus peroratas antivenezolanistas eran mentiras. Que en Venezuela no hay ninguna dictadura, ni ninguna persecución a la disidencia, como no se cansaron ellos de decirle al mundo.

La diferencia es que ahora el pueblo sabe con la más perfecta certeza que la próxima vez que los oiga hablando de política, no habrá razón alguna para creerles en lo más mínimo. Porque si en la música son buenos, en política son unos completos charlatanes, mentirosos y embaucadores que solo buscan su propio beneficio.

@SoyAranguibel

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