Monarquía para farándula

Por: Alberto Aranguibel

Nada es más contrario a la naturaleza igualitaria del ser humano que la idea de sumisión implícita en la condición de “súbditos” que imponen las monarquías a los ciudadanos de sus reinos.

A nadie le agrada que los destinos de su vida y de su nación los rijan quienes jamás han sido electos como mandatarios sino que deben su autoridad sobre el resto de la gente al solo hecho de haber nacido en la cuna donde nacen los monarcas.

No han sido pocos los miembros de la realeza que a lo largo de la historia han renegado de sus privilegios, claudicando a ellos precisamente por lo repugnantes que les llegaban a resultar esas chocantes diferencias entre la clase real y el ciudadano común de las cuales ellos mismos terminaban siendo víctimas en algún momento.

De ahí que el supuesto respaldo popular del que gozarían en la actualidad los regímenes monárquicos en sus arcaicamente denominados “reinos” no necesariamente signifique voluntad de sumisión alguna de esos pueblos hacia la realeza, sino que en esas masas humanas, constituidas por las miles de personas que vemos hoy en día a través de las transmisiones televisivas acudiendo a los eventos reales, no sea en realidad otra cosa que gente motivada por el encanto de figuras que la mediática ha convertido en ídolos.

De ninguna manera quiere decir que su participación en tales eventos los convierte en “súbditos”, porque lo que son es simples admiradores de personajes famosos, construidos por esa mediática que sirve a los intereses de preservación del sistema hegemónico imperante para que sean tan queridos por la gente como lo son Mickey Mouse, Messi o Shakira.

Por eso los detalles más relevantes (y muchas veces controvertidos) de cada aparición pública de la realeza no son nunca ni el contenido de sus discursos (cargados por lo general de trivialidades), la trascendencia de sus ideas o sus logros como estadistas, o la supuesta utilidad de sus obras, por lo general absolutamente inexistentes, sino lo glamoroso o exclusivo de su vestimenta, el nuevo perrito que compraron, la significación de su saludo casual a alguien, o la forma de caminar o de peinarse durante sus vacaciones en la Riviera francesa.

Lo que hace que sean siempre las revistas del corazón las que mayor ventas alcanzan con el tema de la realeza. Sin la fuerza de esa mediática que los convierte en idílicos personajes de cuentos de hadas, la monarquía no pasaría de ser apenas un insumo más para las secciones de farándula.

@SoyAranguibel

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