Dólar Today… la criminal excusa de los malandros

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Por: Alberto Aranguibel B.

Jamás una página de internet había causado tanta conmoción como la que esta semana ha causado Dólar Today en nuestro país. Ni siquiera cuando ella misma destapó el desagüe que desangró a la economía nacional desde hace tres años y medio, estimulando el mercado negro, el contrabando de extracción y la usura cambiaria a partir de su perversa manipulación de la tasa de convertibilidad del bolívar frente al dólar norteamericano.

Los analistas no dan pie con bola en la precisión del fenómeno, determinante fundamental de la destrucción del poder adquisitivo del venezolano y de la solidez de nuestro signo monetario.

Los economistas, tanto los de derecha como los de izquierda, se devanan los sesos en cálculos interminables y enrevesados que ponderan variables técnicas de toda índole, que por muy bien formuladas o visualizadas que ellas sean no logran ilustrar al grueso de la población, ni mucho menos convencerla, de las razones por las cuales una tragedia como la que padecen hoy los venezolanos pueda deberse a la simple manipulación electrónica de un indicador no oficial de la moneda.

La explicación simple es que ello se debe a una guerra desatada por los sectores neoliberales contra la revolución bolivariana.

No es mentira. Pero es demasiado escueta como respuesta al clamor del país.

Más sensato sería decir que es un fenómeno multifactorial determinado por una serie de distorsiones generadas en el marco de esa guerra y en virtud de una caída sustancial del ingreso petrolero, que han colocado al venezolano en una situación de neurosis colectiva que desata los demonios de la especulación, la anarquía y el paroxismo en todos los niveles del sistema, haciendo cada vez más complejas las posibilidades del gobierno para establecer políticas integrales de control y regulación que erradiquen eficazmente su efecto pernicioso.

Esa sería la más aterradora de las explicaciones, pero es la más responsable.

Ciertamente no es una sola la distorsión que resume Dólar Today con su manipulación arbitraria de nuestro signo monetario. Son muchas y todas desencadenan nuevas y peores distorsiones en procura del mismo objetivo de asaltar la economía para hacer a los ricos cada vez más ricos y a los pobres cada vez más pobres.

Que el bachaquerismo introducido hace diez años en la economía nacional por Guillermo Zuloaga (importar barato con el subsidio del Estado para vender bien caro bajo la mentira de que no disponía de dólar preferencial) corrió como candela en la llanura convirtiéndose en cultura del comercio en el país hasta alcanzar al buhonero común, que decidió ejercer la misma práctica pero ya no desde una mansión en el Country Club sino desde la redoma de Petare, es cierto. Un eslabón apenas de una misma cadena.

Que la banca se activó desde hace tres años y medio en la búsqueda desaforada del circulante que gracias a las políticas inclusivas de la revolución el trabajador venezolano tenía por primera vez en su bolsillo, con entregas masivas de tarjetas de crédito a los pobres y elevando exorbitantemente las líneas de crédito a los tarjetahabientes, para recalentar la economía incrementando el consumo en forma desmedida, y que con ello haya logrado desatar la furia del raspacupismo en el exterior y dentro país, también es cierto. Pero ese es solo otro eslabón.

Que la empresa privada encontró por fin en el mercado venezolano la forma de vender toda la producción (o la importación) casi al instante, gracias a la neurosis causada por una inclemente guerra mediática que puso a la gente a comprar lo que necesitaba y lo que no necesitaba, en las cantidades que encontrara, por el temor a no encontrar mañana lo que quisiera comprar, presionando así el alza en los precios, generando en consecuencia el desabastecimiento y las colas que padece el pueblo, y reduciendo a la vez el inmenso costo del desperdicio estructural, es completamente cierto.

A esa reducción se le conoce como “Producción Bajo Demanda”, que es la modalidad bajo la cual opera ahora la empresa privada en Venezuela, que solamente produce lo que a ella le interesa vender y en la forma en que le interesa vender. Con lo cual, a la vez que gana más con la inflación por ella misma inducida, reduce los costos de producción y distribución excedentaria que antes se pudría en los anaqueles esperando compradores.

Pero esa tampoco es la razón fundamental de la conmoción que causa hoy Dólar Today.

Ese portal ha sido la excusa fácil para los codiciosos que han venido atacando a nuestra economía buscando derribarla para hacer el negocio de sus miserables vidas. Un portal que le sirve por igual al avaro dueño de la gran empresa o al usurero del pequeño abasto para inflar a diario los precios argumentando una necesidad de reposición de inventarios dictada de manera fraudulenta por una tasa ilegal y ficticia.

Hasta los chicheros la usan hoy como excusa para vender más caro. Es la prostitución total del mercado.

Ese solo factor de la anarquía especuladora acabó en nuestro país con uno de los elementos esenciales para los mercados del mundo, como lo es la llamada “Sensibilidad al precio”, es decir; la capacidad del comprador de reaccionar contra aquel precio que por diversas razones considera elevado (generalmente por reducida capacidad adquisitiva), por las cuales el vendedor no puede elevarlo más allá de cierto nivel.

Si algo ha sucedido en la cultura del comprador venezolano como resultado de la neurotización a la que han sido sometidos principalmente los pobres, ha sido el hecho de que ya nadie le reclama al bodeguero o al panadero que a diario eleva de manera injustificada los precios sino que automáticamente, y casi por acto reflejo, el comprador le achaca la culpa de tal arbitrariedad al gobierno. Definitivamente un gran logro comunicacional de esa guerra.

Dólar Today, que nació como un vulgar marcador para todos esos sectores especuladores, juega un papel determinante en todo eso.

Su apoteosis empezó cuando apenas se estableció como referencia del mercado negro para que la tasa de cambio no surgiera de un simple boca a boca como hasta entonces era.

Su esplendor se produjo con el gran impulso que le dio el gobierno colombiano a la dualidad cambiaria diseñada para saquear descaradamente a nuestro país desde Cúcuta, mediante una norma criminal como la Resolución 8, apoyada también en la ilegal tasa Dólar Today.

Pero marca también a otro importante sector.

Un sector parasitario que no invirtió jamás en el país pero que esperó con ansias desde hace casi un siglo la posibilidad de que los dólares que sustrajo desde siempre a la renta petrolera se convirtieran en algún momento en la herramienta de captación del circulante nacional, para lograr que fuera el capital privado y no el Estado quien controlara la economía.

Eso explica el contrabando de extracción del papel moneda hacia Colombia y el ataque cibernético de esta semana al sistema de pagos electrónicos.

Bajo esa premisa nació la descomunal operación de triangulación y legitimación de capitales que ese inmoral sector instaló a lo largo de todo este periodo desde Venezuela hasta Miami, pasando por Colombia y Panamá, a través de la cual legaliza los millones de dólares que por décadas ha fugado ilegalmente hacia el exterior, y de lo cual existe infinidad de pruebas y hechos verificables que los deja al descubierto, como los “Panamá Papers” y las silenciadas cuentas en los bancos suizos, españoles y norteamericanos, entre muchos otros.

Ahora, cuando el ingreso se ve mermado sustancialmente por la caída del mercado petrolero, el propósito de Dólar Today es multiplicar artificialmente esas fortunas expatriadas, para hacer atractivo su reingreso al sistema económico del país y presionar con su elevado costo a una macro devaluación del bolívar que limite la capacidad operacional del Estado y lo obligue a revertir las políticas sociales, paralice la economía y, en definitiva, provoque el estallido social que les ayude a derrocar al gobierno para acabar así con el modelo socialista de justicia e igualdad que nos trajo el Comandante Chávez.

Ese sí es el verdadero peligro hoy.

Solamente un factor en la ecuación no ha sido considerado por esa burguesía filibustera y apátrida; ese factor es el pueblo.

Mientras exista un gobierno revolucionario como el que preside el hijo de Chávez, Nicolás Maduro Moros, todas las emboscadas de la derecha serán derrotadas, porque contra un pueblo movilizado, trabajando activamente junto a su gobierno en el combate a las perversas pretensiones de quienes hoy atentan contra nuestra economía y contra nuestro sueño de paz y de prosperidad, no habrá fuerza oligarca que pueda alcanzar jamás su vil propósito.

@SoyAranguibel

Cabalgando con Fidel

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Canción de Raúl Torres en homenaje al Comandante Fidel Castro

Imbecilidad tiránica

MIAMI - MARCH 25: People show their support for Cuba's Las Damas de Blanco on March 25, 2010 in Miami, Florida. In Cuba last week the Las Damas de Blanco, Ladies in White, who are peaceful dissidents, were attacked by government security forces in Havana.   Joe Raedle/Getty Images/AFP

Por: Alberto Aranguibel B.

La sociedad es el conjunto de la diversidad humana reunida en un mismo lugar. En ella convive toda clase de gente, a veces con diferencias tan profundas que no se concibe otra razón que las agrupe que no sea la naturaleza gregaria que transporta el genoma humano.

Así como hay gente blanca hay negra, alta, baja, fea, bonita, gorda, flaca. Y hay gente inteligente y también gente imbécil. Es una condición inevitable si se quiere asumir la diversidad como una característica esencial de la sociedad.

Michael Jackson demostró con su cambio de color de piel, que incluso la más difícil de alterar de todas esas tipologías puede llegar a ser modificada.

Lo que no ha podido modificar ni siquiera la ciencia más avanzada es la imbecilidad.

Prueba de ello es la persistencia por más de medio siglo de una misma imbecilidad en la ciudad de Miami. Más de tres generaciones se han levantado en esa ciudad con la imbécil creencia de aquella gusanera que salió de Cuba en 1959, que sostuvo siempre con igual terquedad que en la isla se había instaurado con el triunfo de la revolución una tiranía, una cruel dictadura que oprimía a los cubanos y que sería derrocada cuando el pueblo se liberara del dictador que ellos siempre han dicho que es Fidel Castro.

Además de las invasiones, los atentados terroristas, los magnicidios frustrados, a los que apelaron para intentar cumplir esa profecía de la supuesta liberación sin poder lograrlo jamás, se cuentan por miles los intentos de derrocar al gobierno cubano mediante guerras mediáticas, bloqueo económico, cercos diplomáticos continentales, y operaciones contrarrevolucionarias de toda naturaleza que persiguieron quebrar la lealtad del pueblo cubano hacia su proceso y hacia su liderazgo revolucionario.

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Hoy cuatro docenas de apátridas fracasados celebran con champaña la muerte física del líder histórico de esa revolución en las calles del estado de Florida, exactamente igual a como lo hicieron desde hace décadas cada vez que creyeron que el deceso del Comandante había llegado.

Son tan imbéciles que no se percatan de que de esa forma le están diciendo al mundo que nunca hubo en Cuba tal dictadura.

Mientras en Miami salen esos pocos gusanos a exhibir su fascismo con el mayor orgullo, en toda Cuba, así como en el resto de los pueblos soberanos del mundo, hay millones rindiéndole a Fidel el juramento de continuar con su legado por toda la eternidad.

Dictadura es la imbecilidad de esos gusanos.

@SoyAranguibel

Aranguibel en VTV: “Si algo impidió que cristalizaran los intentos del imperio contra la revolución cubana fue el respaldo del pueblo a su proceso”

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Caracas, 28 / 11 / 2016.- El analista político Alberto Aranguibel afirmó este lunes en el programa La Pauta que transmite Venezolana de Televisión, que si algo impidió que cristalizaran los intentos del imperio por acabar con la revolución cubana a lo largo de más de medio siglo, fue precisamente el respaldo del pueblo a su proceso.

“Cn esas infames demostraciones -dijo- la llamada “guasanera” cubana le está diciendo al mundo que en Cuba jamás ha habido ninguna dictadura bajo el proceso revolucionario” refiriéndose a la lucha liderizada por Fidel Castro que derrocó al régimen del dictador Fulgencio Batista en 1959.

De acuerdo a lo sostenido por el también investigador en medios de comunicación, en buena medida esa bochornosa irracionalidad que es celebrar públicamente la muerte de un ser humano, es producto de la alienación a la que los medios de comunicación someten a la población para mantenerla en la ignorancia.

“Pero la sociedad es dinámica, está en permanente ebullición. Y cuando hay procesos como el cubano, o el venezolano, y en general de Latinoamérica, de despertar de los pueblos, que elevan su nivel de conciencia, ya hay ahí un determinante que frena la influencia del medio de comunicación” acotó el analista.

 

La trama de los sobrinos; el flanco mediático de la guerra

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Por: Alberto Aranguibel B.

Estados Unidos no combate la droga, sino que la administra
Hugo Chávez

Un diputado opositor con nombre de inevitable reminiscencia mafiosa, Salvatore Lucchese, se toma el atrevimiento de instar al presidente de la República, Nicolás Maduro, a pronunciarse sobre el caso de los primos Flores secuestrados en Estados Unidos por la oficina antidrogas de ese país (DEA por sus siglas en inglés).

Un renombrado periodista, igualmente vocero de la oposición, hace a través de su columna semanal la misma exigencia al primer mandatario nacional, también en tono retador.

Por su parte, un gobernador, líder fracasado de la oposición, se atreve al audaz exabrupto de presentar públicamente como oficiales documentos forjados por él, intentando obligar a los poderes del Estado a actuar contra el Presidente de la República con base en el mismo fraudulento expediente montado desde los Estados Unidos que busca provocar una respuesta pública por parte del líder de la revolución bolivariana.

Ninguno de esos llamamientos procura el esclarecimiento de una trama que hoy desconcierta al país y al mundo, más por lo inexplicable e inexacto de sus pormenores que por el carácter supuestamente criminal del mismo.

Lo que esas voces intentan, a todas luces, es generar un clima de predisposición masiva contra el gobierno a través de una guerra mediática perfectamente orquestada, en la cual todos los flancos de las fuerzas de la derecha a nivel nacional e internacional están meticulosamente sincronizados para intentar hacerse del poder en nuestro país a como dé lugar.

Por supuesto que la saña morbosa y pestilente de un sector que sobrevive a duras penas en el lodazal de su propia incompetencia para hacer política es un factor determinante de ese inmoral empeño en buscarle la caída por cualquier parte a un presidente al que no han podido derrotar ni en lo político ni mediante ninguno de los ardides de baja estofa que contra él han intentado usar.

Pretender una declaración improcedente por parte del ciudadano presidente de la República en un asunto de esa naturaleza, es buscar declararlo “parte interesada” en un juicio en el que no tiene nada que ver, para así solicitar entonces su renuncia por conflicto de intereses con el cargo a su mando, y provocar incluso un asalto norteamericano a nuestro territorio con el fin de detener al mandatario, tal como lo hicieron en la operación “Causa Justa” en la que secuestraron en Panamá al entonces presidente Noriega aduciendo la lucha contra la droga.

Pero muy por encima de la desquiciada chapucería de la derecha criolla, hay un claro propósito supra judicial en todo ese affaire.

¿Por qué el sistema judicial supuestamente más perfecto e incorruptible del mundo, el de los Estados Unidos de Norteamérica, se permite condenar a dos procesados contra los cuales no existe una sola prueba que los incrimine?

¿Por qué en el más sonado caso de supuesto tráfico de estupefacientes de las últimas décadas, se puede dictar sentencia sin que haya sido presentado en el juicio ni un solo gramo de droga como evidencia, y por el contrario se asuma como elemento de convicción la sola “intención” de traficar que los funcionarios de la DEA le atribuyen, de palabra, a los acusados?

En primer lugar porque es completamente falso que el sistema judicial norteamericano sea un poder independiente. El hecho de que sea el propio presidente de esa nación quien designe a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, da fe de ello. Un doble rasero que condena a unos y exculpa a otros obedeciendo estrictamente a los intereses de las élites políticas y financieras, es la constante que ha dejado desde siempre al descubierto el carácter putrefacto del derecho en ese país. La obscena lenidad hacia los policías blancos que asesinan a diario a ciudadanos negros en los EEUU es solo una repugnante muestra de esa hipócrita y fraudulenta concepción de la ley.

Y luego porque el plan urdido por el Departamento de Estado norteamericano en todo esto no tiene como objetivo llevar a cabo ninguna acción real contra las drogas, sino permitirle a la poderosa maquinaria mediática al servicio de los intereses del imperio desatar una guerra intensiva de descrédito contra el gobierno venezolano para provocar su derrocamiento.

A lo largo del último medio siglo, el medio de comunicación ha servido de pilar fundamental para el asentamiento y expansión del poderío de los EEUU en el mundo. Los principios de cooperación establecidos en los acuerdos internacionales en diversas áreas, como la de estupefacientes, le han brindado la posibilidad a esa nación de venderse a través del cine, la radio y la televisión, como una potencia redentora que trabaja por el bien de la humanidad. En todo eso, la Drug Enforcement Administration (DEA) es pieza medular.

Con su fundación, en 1973, y dadas las funciones de alcance extraterritorial que los Estados Unidos le otorgaba, fue obvio para el mundo entero que su intención fue siempre convertir a la DEA en una agencia para la ejecución de sus políticas intervencionistas en el extranjero, a través de una estructura operacional con la misma dimensión de un ejército de asalto; 21 Divisiones de Campo en 86 oficinas a lo largo de más de 62 países; 10.800 empleados con más de 5.500 Agentes Especiales (valga decir “espías”); una División Aérea con más de 106 aparatos y 124 pilotos; y un presupuesto de más de 2.450 millones de dólares al año.

La llamada “operación encubierta”, utilizada por la DEA como mecanismo para facilitar la persecución del narcotráfico, es una técnica de infiltración que faculta al funcionario policial en la instigación de las personas a delinquir para luego, una vez producido el delito, proceder a su captura e inflar así los records de su actuación. Una suerte de “self service policial”, al mejor estilo de las fascistas operaciones de “falsos positivos” desarrolladas intensivamente por Alvaro Uribe en Colombia, que atenta contra el estamento legal de cualquier país del mundo.

La comunidad internacional, en particular la Comunidad Europea, ha reaccionado desde siempre en contra de tales prácticas, precisamente porque ellas no solo trasgreden los derechos humanos, las leyes y el principio de soberanía, sino porque se convierten en parte consustancial del delito que dicen perseguir, alimentándolo y protegiéndolo. Exactamente las razones por las cuales el Gobierno venezolano tomó en 2005 la determinación de suspender la cooperación con la DEA, que hasta el momento había resultado completamente improductiva e ineficaz en la represión del delito de narcotráfico.

Esa técnica de la “operación encubierta” fue la que la DEA pretendió llevar a cabo con los dos jóvenes venezolanos secuestrados en Haití por la fuerza policial norteamericana, solo que sin haberse consumado ninguna de las fases de la operación que constituyen el delito de narcotráfico, es decir; producción, recepción, trasego, transportación o entrega de la mercancía. Simplemente porque nunca hubo tal mercancía.

Dado que la intención era estrictamente la de generar una conmoción comunicacional, lo que hizo el Departamento de Estado fue utilizar la poderosa estructura de la DEA para armar un escenario de tráfico virtual asociándolo al Primer Mandatario venezolano, que le sirviera a la oposición para montar su show contrarrevolucionario, pero sin que apareciera ninguna droga en el procedimiento.

De haber aparecido tendría que haber salido de las oficinas de la DEA, ya que no hay ningún cártel del narcotráfico detrás de esa operación sino el propio gobierno de los Estados Unidos, con lo cual los funcionarios de ese organismo se habrían visto comprometidos en un grave delito federal. De ahí la imposibilidad para el Departamento de Justicia de presentar un elemento de convicción tan imprescindible en un juicio de tal naturaleza.

A los incautos jóvenes se les sedujo con tentadoras ofertas de dinero, como es la inmoral norma en la justicia norteamericana, para animarlos a montarse en un avión que no es propiedad ni del narcotráfico ni del gobierno bolivariano, y con unos sujetos que no tenían nada que ver ni con la droga ni con el gobierno de nuestro país, pero que sí están muy interesados en hacerse del poder para asaltar nuestros inmensos recursos.

Fueron esos acompañantes (dejados de inmediato en libertad a la hora de la ilegal detención en inequívoca demostración de su papel como facilitadores) quienes le ofrecieron los muchachos a la DEA como trofeo político, en la esperanza de lograr con su miserable acción lo que no han podido lograr con los votos durante más de tres lustros de fracasos opositores.

El desespero opositor se debe precisamente a lo precario de ese burdo y miserable tinglado mediático que les montó el imperio… con el más leve soplido se les viene abajo.

@SoyAranguibel

“Morir por la Patria es vivir”

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Nos ensañaste a vivir.
Hoy nos regalas tu gloria…
¡Fidel Vive!

¿Qué murió en realidad cuando mataron a Kennedy?

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– A 53 años del asesinato de John Fitzgerald Kennedy –

Por: Alberto Aranguibel B.

La infinidad de hipótesis sobre la suerte del planeta que ha inundado los medios de comunicación del mundo entero con la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, solo fue superada hasta ahora por las innumerables conjeturas sobre lo que habría sido el devenir de la historia si las balas que acabaron con la vida de John F. Kennedy no hubieran cumplido su cometido aquel 22 de noviembre de 1963.

Quienes ordenaron su asesinato, ya fuese a Lee Harvey Oswald, a quien la versión oficial presentó como el solitario autor material del magnicidio, o al grupo de asesinos profesionales contratados por la mafia en connivencia con la CIA, como se desprende de las decenas de investigaciones que se han hecho desde entonces para establecer la veracidad del más indescifrable crimen político de todos los tiempos, quizás hayan sido los únicos en saber a ciencia cierta cuáles acontecimientos pretendían modificar o impedir definitivamente con aquel atentado.

¿Por qué llega en un momento determinado el ser humano a la utilización de un recurso tan extremo como la muerte para solventar los asuntos que se supone deben estar en capacidad de resolver los seres humanos mediante el poderoso instrumento con el cual la naturaleza le ha dotado para diferenciarle del resto de los seres vivos sobre la tierra, como lo es el raciocinio… la capacidad de debatir las ideas?

La más probable de todas las razones es, sin lugar a dudas, la falta de argumentos de quienes creen que solo el poder del dinero y de las armas que él puede comprar es suficiente para imponerle al resto de la humanidad una particular visión del mundo.

Cien años antes de aquel infausto acontecimiento que estremeció al mundo en 1865, cayó abatido también por un disparo a la cabeza el primer presidente norteamericano asesinado a mansalva, dejando una estela interminable de interrogantes sobre las razones por las cuales le asesinaban.

El crimen contra Abraham Lincoln, el primero de los cuatro presidentes norteamericanos asesinados en el ejercicio del poder, marcó para siempre la vida de los estadounidenses. Por qué y para qué fue asesinado nunca se supo con exactitud. Su política de emancipación de los esclavos y el llamado “Sistema americano” con el que pretendió regular la economía, factores que a la larga generaron la desunión entre los estados del norte y los del sur, fueron solo conjeturas sobre las causas de su asesinato.

Desde Julio César, en la Roma antigua, hasta John F. Kennedy en Norteamérica, la lista de líderes prominentes cuyos asesinatos impactaron a la humanidad es infinita. Curiosamente, aún cuando no es posible hablar de una constante en este sentido, en su gran mayoría fueron siempre cultores de los derechos humanos, de la paz o de la justicia social en alguna medida.

Ya en 1830 el Abel de América (como le llamó dolido el propio Libertador) Antonio José de Sucre, caía fulminado en Colombia a consecuencia de la bala artera que sus enemigos dispusieran contra él para evitar toda posibilidad de continuación o reimpulso del sueño emancipador emprendido por Bolívar, convirtiéndose en uno de los primeros líderes americanos en morir de esa manera, si no el primero.

Francisco Madero, Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, en Mexico; José Santos Guardiola, en Honduras; Ramón Cáceres, en República Dominicana; José Antonio Remon Cantera, en Panamá; Juan Idiarte Borda, en Uruguay; Luis Miguel Sánchez Cerro, en Perú; Gabriel García Moreno, en Ecuador; Carlos Delgado Chalbaud, en Venezuela, fueron algunos de los presidentes de países americanos muertos en el ejercicio del poder producto de atentados que nunca quedaron perfectamente esclarecidos.

Pero la lista se extiende aún más con los nombres de dirigentes o activistas sociales como Jorge Eliécer Gaitán y Luis Carlos Galán (Col); Pancho Villa, Emiliano Zapata, Luis Donaldo Colosio y Francisco Ruiz Massieu (Méx), Martín Luther King y Malcom X (EEUU), Arnulfo Romero (Sal), y los cientos de ministros, diputados, gobernadores, alcaldes o candidatos que han muerto bajo la acción de las balas. Así como la infinidad de atentados fallidos de los que fueron víctimas Fidel Castro y Hugo Chávez, entre muchas otras figuras prominentes de la política en el continente, y de los cuales salieron ilesos casi siempre más por obra de la providencia que por la perspicacia de los cuerpos de inteligencia o la capacidad de respuesta de su seguridad personal.

Sin embargo el atentado a John F. Kennedy ha trascendido a través del último medio siglo, no solo en suelo americano sino en el mundo entero, como el más traumático magnicidio que recuerde la historia. Un fenómeno que se explica en principio por la naturaleza inédita de su difusión televisiva en vivo a todo el planeta, hecho que sin lugar a dudas impactó a una audiencia masiva que jamás se había enfrentado en esa forma a la crudeza de un hecho noticioso de tal magnitud.

Pero en realidad trasciende mucho más por la extraordinaria oportunidad que el imperialismo encontró en aquel momento para instaurar en el imaginario colectivo del norteamericano, así como del resto de la humanidad, la ilusión del líder estadounidense admirado y querido por el mundo entero como lo necesitó desde siempre el imperio norteamericano sin haberlo encontrado jamás hasta que Kennedy murió.

Como una insalvable y trágica constante del destino, los presidentes de los Estados Unidos, incluso aquellos a quienes se les cubre con mantos de pretendida nobleza para imprimirles un falso rostro bondadoso (como el otorgamiento sin mérito alguno para merecerlo del premio Nobel de la Paz que le fuera entregado a Barack Obama apenas asumió su cargo), concitan hasta en los más apartados rincones del planeta el desprecio incontenible de la gente. Donde quiera que lleguen deben ser siempre protegidos por verdaderos ejércitos de fuerzas policiales acantonadas a lo largo de sus recorridos, no tanto por los riesgos de atentados terroristas (que existen) sino por la lluvia de tomatazos y huevo podrido de la que invariablemente suelen ser objeto.

Justo en el momento más álgido de la “Guerra Fría”, cuando los rusos dejaban atrás a los EEUU en la carrera espacial; habiendo Kennedy demostrado una inusual capacidad para la negociación política con sus enemigos históricos durante la crisis de los misiles; en pleno apogeo de las luchas raciales en suelo norteamericano; y con las perspectivas nada promisorias del ya muy avanzado conflicto bélico en Vietnam, las élites del poder veían demasiados peligros asechando sobre el prestigio político logrado por esa nación luego de la Segunda Guerra mundial.

Quedando como quedaron desplazados Francia e Inglaterra como competidores en la dominación mundial, en virtud del desgaste de esas naciones en las dos guerras mundiales, Estados Unidos consideró necesario reafirmar su influencia con el genocida lanzamiento de dos bombas atómicas sobre Japón, para dejar sentado que no era líder del mundo libre por default de las demás potencias sino por su capacidad real de fuego.

Fue el desespero irracional de quienes asesinaron a Kennedy lo que los llevó a cometer el que probablemente haya sido el más inútil de los crímenes políticos que se haya consumado jamás, porque ninguna de las políticas emprendidas por aquel mandatario, fiel exponente de la más acaudalada aristocracia norteamericana, indicaba de ninguna manera que su gobierno tomaría un rumbo de impensable conciliación o cesión frente a los países comunistas, o que su administración se orientaría hacia modelos de corte social contrarios a los intereses de los sectores hegemónicos del poder en esa nación.

Kennedy no habría sido sino lo que todo presidente norteamericano puede ser; un sanguinario imperialista afanado en controlar el mundo, a través del chantaje y el sometimiento económico y político que pueda ejercer mediante el uso indiscriminado de las armas, el terrorismo, la injerencia y la promoción de la ingobernabilidad en los países que no le son afectos al imperio.

Cuando mataron a Kennedy, acabaron con la vida de un prominente norteamericano y nada más. Un gobernante cuya imagen no se desgastó, precisamente por no haber tenido tiempo, como se habría desgastado indefectiblemente de seguir vivo, y que muerto permitía al mundo especular con la ilusión de que los EEUU contaba no solo con poder militar o económico, sino también con un liderazgo político admirable, capaz de trascender la historia del nuevo orden mundial que estaba emergiendo. Todo lo demás seguiría intacto.

Como seguramente seguirá en el gobierno del recién electo Donald Trump.

Solo falta saber cuánto tiempo más soportará el pueblo norteamericano sin rebelarse definitivamente contra la injusticia que ese decadente modelo comprende, para verle levantar esa nación con base no en las guerras o en la explotación cruel e inmisericorde en las que hoy se apoya, y empezar a construir su futuro a partir de la voluntad y el esfuerzo de su gente. Como debió haber sido siempre.

@SoyAranguibel

Raro era el otro

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Por: Alberto Aranguibel B.

Un estado de conmoción generalizada recorre el planeta con una elección presidencial que es vista como todo un cataclismo. Como si el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica hubiese estado hasta ahora en manos de estadistas juiciosos que aseguraran el perfecto equilibrio del mundo.

Predicciones apocalípticas sobre la inmigración, la economía, la geopolítica internacional y hasta sobre la suerte del cambio climático, se desmenuzan en textos de elucubración infinita, tratando de hacernos entender que en ese país son los gobernantes y no las grandes corporaciones quienes en verdad gobiernan.

Que si Trump le ganó con su astucia particular a los medios de comunicación. Que si las redes sociales se impusieron sobre las maquinarias políticas. Que si los latinos votaron contra los latinos para asegurarse el trabajo precario que tienen en el imperio. Que si la derecha ahora es más derecha que antes. Todo se ha explorado como explicación a la derrota de la política en esa nación.

La argumentación más sensata es la que ve en el triunfo del magnate una demostración más de la decadencia del modelo neoliberal capitalista. El presidente Maduro lo advirtió con sorprendente antelación, cuando en la VII Cumbre Iberoamericana en Panamá alertaba sobre el cambio de sistema que estaba seguro que anhelaba el pueblo norteamericano.

Pero, que un acaudalado ricachón sea presidente de un país donde más de la mitad del parlamento está integrado por multimillonarios que controlan la economía de casi las tres cuartas partes del planeta a través del complejo entramado corporativo sobre el cual se asienta hoy el imperio, no puede ser extraño.

Pareciera olvidar el mundo que inaudito es que un afrodescendiente haya alcanzado la primera magistratura en el país donde el racismo brota con la misma profusión con que sus ejércitos lanzan bombas sobre los pueblos indefensos de la tierra.

Un catire con billete, dueño de casinos y burdeles, racista, misógino, y tarambana, es el presidente perfecto para esa gente.

Raro era el otro, que ni el sistema de salud que prometió, ni el cierre de Guantánamo del que tanto habló, ni nada de lo que juró que haría pudo hacer, porque en ese país negro no es gente y mucho menos presidente.

Por eso ni su propio Decreto ha podido derogar.

@SoyAranguibel

Roberto Hernández Montoya: “Trump: ¿rebelión de derecha?”

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Por: Roberto Hernández Montoya

¿Cómo llega un país a tener que decidir entre un majareta megalómano y una fría genocida? Es temprano para pronunciarse y me parece que la situación es más compleja. En varias democracias burguesas la parte más desesperada del electorado busca alternativas extremas al neoliberalismo.

A falta de izquierdas unidas, maduras y serias, casi en cada esquina del mundo hay alternativas neonazis, ahora envalentonadas porque Trump es el tercer antisistema que gana. El primero fue el Brexit. El segundo el «no» colombiano.

Decía Jorge Luis Borges que los falsos problemas conducen a falsas soluciones. Y peores son los problemas creados, como las multitudes refugiadas, porque la OTAN les hace la vida imposible en sus países, devastados por el negoción de la guerra.

En su discurso de despedida como presidente de los Estados Unidos, en 1961, el general Dwight Eisenhower advirtió del peligro de que se instaurase como poder omnímodo en su país lo que llamó «complejo industrial-militar». Se instauró también en Europa y hoy la OTAN es un negocio en sí mismo.

En el núcleo de ese complejo está Hilaria. El cimarrón Donaldo también, porque ha prometido aumentar el presupuesto militar, aunque no dice para qué. Y aquí está el punto.

El capitalismo contemporáneo anda tan paranoico que no le gusta ni siquiera un capitalista estrambótico y fanfarrón porque no puede encarrilarlo como perrito faldero, tipo Obama o Hilaria. Por eso el totalitarismo mediático mundial al servicio de Hilaria se abatió sobre él, lo que no fue difícil porque él mismo propicia cualquier campaña maléfica —CNN, o sea.

Por eso el mundo está ahora con el corazón en un puño por esta patada a la mesa planetaria. Si el energúmeno cumple una pizca de sus incoherencias todo se revuelve y revuelca en el establishment. ¿Será el presidente tan estrafalario como el candidato? No creo. Pendejo no es. La universidad de la vida es implacable.

Por ejemplo, el muro que prometió con México es demasiado largo y caro y para obligar a México a pagarlo tendría que invadirlo, lo que sale más caro aún. ¿Se volverá Donaldo una Hilaria más?

Desvergüenza le sobra… Ya bajó el estilacho. En minutos.

¿Por qué la dirigencia opositora venezolana guarda silencio? Es por una duda que tengo.

roberto-hernandez Roberto Hernández Montoya

Dianca: la dignidad y la fuerza del trabajo en revolución

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Por: Alberto Aranguibel B.

Saliendo de Puerto Cabello hacia Borburata, en el estado Carabobo, un imponente paisaje industrial oculta parcialmente la espectacularidad del mar a lo largo de la costa. Cientos de contenedores apilados en medio de una madeja de gandolas y grúas transportadoras en intensa actividad, dejan claro que se trata del más importante terminal marítimo del país.

Ya rumbo a la montaña, se divisa desde la carretera el complejo fabril de una institución que desde hace más de un siglo emprendió el reto del diseño, fabricación y reparación de embarcaciones de pequeño y mediano calado, con base en el talento y la experticia de una mano de obra completamente nacional.

Una inmensa obra escultórica forjada en hierro y acero exalta desde la entrada misma del complejo la ardua labor de los trabajadores de Diques y Astilleros Nacionales, C.A. (Dianca), anunciando a la vez el alto valor que cada uno de ellos le otorga al compromiso de responder con la mayor calidad y eficiencia a la confianza que el país ha depositado sobre sus hombros.

Bajo la visión neoliberal que imperó en el pasado en nuestro país, Dianca, a pesar de sus logros en la prestación de servicios a la industria marítima nacional por más de cien años,  fue una empresa asumida por el Estado con la indolencia y el desinterés que caracterizó a los organismos de la administración pública en general, convirtiéndola a la larga en el emblema de inoperancia y atraso tecnológico que evidenciaban la montaña de chatarra, la maquinaria inoperativa y los galpones ociosos o subutilizados existentes a lo largo de sus instalaciones.

Con la llegada de la Revolución Bolivariana, una filosofía diametralmente opuesta se instala en el espíritu colectivo de los obreros, empleados y directivos del astillero, reorientando el sentido de la misión a su cargo, para mostrarle al mundo la inmensa verdad que entraña la propuesta del trabajo enaltecedor y verdaderamente productivo bajo la lógica del bienestar social que comprende el socialismo bolivariano.

Quienes desde el neoliberalismo acusan a la revolución de incompetente para la administración de empresas productoras de cualquier naturaleza, lo hacen desde la premisa de que solo la empresa privada es capaz de asumir la responsabilidad de la gestión del proceso productivo, porque desde su óptica particular solo el interés del beneficio capitalista es capaz de determinar el aseguramiento de la calidad.

Por su naturaleza explotadora el capitalismo desprecia el valor del trabajo como instrumento de dignificación y realización del ser humano. Más aún si ese poderoso instrumento es considerado piedra angular en la construcción de concepciones avanzadas de soberanía e independencia industrial o tecnológica.

Para una sociedad eminentemente consumista como la venezolana, la recuperación y optimización de una industria estratégica como la naval, tal vez no sea un área prioritaria y ni siquiera de mediana relevancia en virtud de la cultura de la dependencia y el parasitismo rentista que signó el modelo de desarrollo venezolano desde nuestros orígenes.

Desde la óptica revolucionaria, más allá de la legítima aspiración por el logro de la soberanía en todos los ámbitos del conocimiento y de la industria, está el sentido del esfuerzo colectivo como poderosa herramienta en la construcción de la nueva sociedad de justicia e igualdad que el socialismo contrapone a la idea capitalista del lucro individual basado en la competencia y el canibalismo corporativo.

La gestión de Dianca, que actualmente dirige el V/A Franklin Zeltzer Malpica, le ha dado un giro a esa perversa concepción neoliberal que por décadas plagó de vicios y prácticas dolosas a la empresa, imprimiéndole un rostro humano y patriótico al esfuerzo que día a día llevan a cabo sus trabajadores, a quienes ha incorporado a un programa integral de humanización laboral que incluye, entre otras áreas sensibles de dignificación del trabajo tanto en la planta como en las áreas sociales de la institución, un taller de soldadura para la realización de esculturas fabricadas por los mismos trabajadores con material residual del astillero, lo cual ha elevado la moral y la autoestima del personal a niveles nunca antes conocido ni por ellos ni por sus propios familiares, quienes dan hoy fe de la transformación positiva que esa nueva visión ha operado en sus vidas.

fragata-hugo-chavezBuque Guardacosta Hugo Chávez Frías, primera embarcación en su género armada en Venezuela.

Esos trabajadores, que presenciaron en el pasado el saqueo indolente de gerentes y dirigentes sindicales corruptos que siguiendo lineamientos estrictamente neoliberales ordenaban el desmantelamiento de la capacidad productiva del astillero y la desincorporación de maquinaria en perfecto estado de operatividad para serle vendida como chatarra a empresas privadas que, luego de algunas pequeñas refacciones, se la ofrecían en alquiler a la institución mediante contratos milmillonarios de los que se desprendían jugosas comisiones a costa del trabajo, la miseria y el hambre del pueblo, son hoy testigos de cómo solamente en revolución es posible sacar adelante y con la mayor pasión un proyecto verdaderamente nacionalista cuyo horizonte sea el logro perdurable del bienestar social común de los venezolanos por encima del interés puntual de la realización o la sola rentabilidad del capital.

El comandante Hugo Chávez se refirió a esta particular concepción bolivariana del trabajo: “Hemos plenado la historia venezolana de sentido: de sentido bolivariano, abierto, popular; de sentido constructivo, creativo, liberador. Antes la historia no nos pertenecía, otros la tramaban y nosotros sólo la padecíamos. Éramos simples peones de un macabro ajedrez dispuesto por el imperio y sus cipayos apátridas.”

“Eso cambió y cambió para siempre: el pueblo heredero de las grandes batallas, encarnación viva de todas nuestras luchas, le ha puesto sangre y hueso, alma y corazón a esta revolución; hemos sido y somos, todas y todos, un solo protagonista estelar de las transformaciones emprendidas. Transformaciones que no acaban aún porque se requiere seguir completando el sagrado anhelo que nos impusimos: tener patria libre, patria buena y bonita, patria socialista, para nosotros, para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.”

En Dianca, como en todo el país, esa revolución apenas comienza. El esfuerzo y la dignidad del trabajo que desde ese rincón de la patria realizan sus trabajadores, debe ser un claro ejemplo de valor y de compromiso para todo funcionario revolucionario.

La idea es evitar los escollos y emboscadas que puedan surgir a lo largo del trayecto, para asegurar cada vez con la mayor firmeza el triunfo definitivo del sueño bolivariano y chavista de la independencia nacional. Tal como lo dejó plasmado el Comandante como compromiso de todos en el Plan de la Patria.

@SoyAranguibel

Daniel Bernabé: La sensatez de la histeria. Victoria de Donald Trump

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Por: Daniel Bernabé / lamarea.com

Escribo estas palabras delante de un cadáver caliente, el de un orden de cosas que se pensaba infalible e intocable, pero que forzando su desmesura y egoísmo hasta límites absurdos ha detonado una bomba en sus cimientos. Donald Trump ha sido elegido presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. Los monstruos no se crean en un día y este es el producto de todos los que creyeron que se puede construir un mundo de exclusiones vadeando el conflicto indefinidamente.

La noche comenzó en lo que se presumía una jornada sin sorpresas. Los tertulianos jugaban a la adivinanza electoral con sus gráficos, su big data y sus pantallas táctiles. Con la suficiencia habitual ocultaban sus posiciones tras los números, confundiendo aritmética con periodismo, procedimiento con democracia, pensando -creyendo quizá- que existe alguna asepsia en lo que hacen, arrugar la realidad hasta hacerla coincidir con sus necesidades. No eran ni las cuatro cuando la anomalía pasó a tomar cuerpo de normalidad.

Estas elecciones eran de partida una derrota para el sistema político norteamericano. ¿Trump y Clinton eran todo lo mejor que podía ofrecer como opción? Lo peor de estos candidatos no es que lo que dijeran de ellos mismos fuera mentira, sino que todo lo que decían de su oponente era verdad. De un lado Clinton, profesional de esa política que dice representar a los que votan, pero que sólo vela por los que tienen el dinero suficiente para financiar campañas. Mandarinato demócrata, lobo con piel de cordero, que a nadie se le olvide a qué partido pertenece Frank Underwood. Del otro Donald Trump, ultranacionalista, codicioso, xenófobo y hortera. El hincha radical pretendiendo dirigir a su equipo de fútbol, acojonando a la junta directiva.

No hubo medio de comunicación que no le ridiculizara, que no escribiera editoriales hostiles contra él, no desde la trinchera del inmigrante, del homosexual o el pobre, sino desde esa comodidad de profesional asentado de clase media al que le va lo suficientemente bien para no arriesgarse con ningún cambio. Esa fue la primera victoria de Trump, atacar a un sistema de medios que en su sobreactuación ha revelado su parcialidad. El Vanity Fair se preguntaba si estaba loco a nivel clínico, porque les era más fácil tachar al resultado de demente que a un sistema entero del cual forman parte tanto como él.

La segunda victoria de Trump fue, siendo un multimillonario, concitar la desconfianza de los de su clase. Y presumir de ello. Los ricos saben que las políticas de Trump no serán un peligro para sus fortunas de forma directa, pero sí temen que un elemento que es una destilación tan pura de su sociedad no pueda, por eso mismo, representarla. Las cosas siempre se hicieron de otra forma y los que residen en los Hamptons nunca deben encarnar el poder, porque lo tienen, porque para eso ya está Washington. Trump será inestabilidad, pero sobre todo ha sido un díscolo rupturista del espectáculo.

Su tercera victoria fue aprovecharse de una idiosincrasia de la política norteamericana, hoy ya exportada a medio mundo, que es la del absoluto vacío de ideas, del debate infinito sobre la nada, del fin aparente de las ideologías. El discurso de Trump fue sencillo: la culpa de la crisis la tienen los políticos y la burocracia, porque son inútiles e inefectivos, y él, exitoso hombre de negocios, es el que sabrá gestionar la situación. Sí, es una sucia y vulgar mentira, pero es la sucia y vulgar mentira que todos vienen repitiendo sin cesar desde 1991.

La cuarta victoria de Trump fue la de saber vivir entre paradojas. Como la de que llevando el patriotismo hasta lo paródico -recuerden el episodio con el águila- era capaz de denunciar certezas que todo el mundo veía en su vida cotidiana como el ruinoso estado de las infraestructuras públicas, para a continuación proponer que la solución era más mercado y menos estado, sin sonrojarse. Volver a hacer a América grande, su lema de campaña, suponía una crítica implícita, en un país donde cuestionar su grandeza está penado para un político con la excomunión pública.

Su última victoria, antes de la de hoy, es posiblemente la más oscura, pero no por ello la menos efectiva, la de enfrentar a los que tienen poco con los que no tienen nada. El odio al inmigrante no es diferente al odio al judío, y esto ya no es una exageración histórica. Trump ha explotado miserablemente la miseria moral del latino que se sabe ya a salvo y que da la espalda al que cruza la frontera, del obrero industrial del cinturón del óxido al que le resulta más fácil culpar al mexicano por su paro que a eso llamado globalización, el miedo del ciudadano medio al musulmán, ya como categoría terrorista. La gente es tanto oportunidad como abismo, pero es más abismo cuando cargan con años de mentiras sobre sus espaldas. Ninguna de ellas se la inventó Trump.

El día que cayó Lehman Brothers se acabó una época, hoy comienza otra. Entre medias, ocho años de un desastre que sólo ha hecho patente un abismo que se inició mucho antes, en ese momento en que se decidió volver a desatar al capitalismo de sus controles, de sus riendas con la realidad. Trump, Le Pen o el Brexit son la reconfiguración de sociedades que han reaccionado de la peor manera posible a un caos presentado como orden por demasiado tiempo, son el miedo a la mentira y la mentira del miedo, toda la sensatez que se permite la histeria.

Fuente: lamarea.com

Aranguibel en Unión Radio: Los estudios de opinión dicen que el venezolano está elevando su nivel de conciencia política

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Caracas 07 de noviembre.- Para el analista político Alberto Aranguibel los estudios de opinión están revelando un nivel de conciencia del venezolano que era inusual en tiempos de la IV república, donde las luchas populares se expresaban sin direccionalidad política y la gente era presa de la anarquía.

A decir del también comunicador social, “El liderazgo sigue siendo importante, el líder sigue teniendo una vigencia fundamental, incluso en los procesos socialistas de justicia e igualdad, porque es el liderazgo lo que le da coherencia y direccionalidad a los proyectos que se le presenten a la población desde un punto de vista o de otro”.

De acuerdo a su análisis, Aranguibel ve señales de esa politización de la sociedad en investigaciones como la recientemente presentada por Interlaces, en la que un porcentaje mayoritario de la población (68% de la muestra) dice esperar acuerdos positivos en la mesa de diálogo en la que se llevan adelante las conversaciones entre el gobierno y la oposición.

“Lo que dice un trabajo como ese, es que la gente sabe que hay un padecimiento por las colas, pero que, a diferencia de lo que sostiene la oposición, o por lo menos un grueso de la oposición, en cuanto a que todo el que esté molesto con las colas automáticamente es caprilista, o mariacorinista o allupista, es que eso no es así; que la gente lo que quiere es que haya correcciones, pero en el marco de las transformaciones bajo la concepción chavista que se han venido dando durante los últimos tres lustros.”

Finalmente sostuvo que el papel de los medios de comunicación en todo esto es determinante, porque es desde esa instancia desde donde se produce la acentuación de las dificultades que tenemos los venezolanos para resolver eficazmente los problemas, en la medida en que son los medios de comunicación los que crean una imagen catastrófica de nuestro país en el mundo con lo cual se eleva la calificación de riesgo país que dificulta el financiamiento de los proyectos de desarrollo nacional.

“Venezuela es hoy usada por los medios de comunicación internacionales como mampara para ocultar la crisis del neoliberalismo en el continente y en el resto del mundo, sobredimensionando y distorsionando las dificultades por las que atraviesa nuestro país mientras dejan de lado el padecimiento que existe hoy en las naciones del mundo neoliberal” concluyó Aranguibel.

Oiga aquí el audio completo de la entrevista:

 

 

El olvidado pillo que inventó el negocio del bachaqueo

zuloaga

Por: Alberto Aranguibel B.

Nosotros puede ser que especulemos, pero damos fuentes de empleo
Guillermo Zuloaga

Uno de los grandes mitos del modelo de democracia representativa en la que se sustenta el capitalismo, es el que presenta al gobernante (y no al sistema) como el factor que determina en sí mismo la dinámica económica en el Estado.

La idea que el capitalismo necesita instaurar en la sociedad es que si se cambia al gobernante, pero no el modelo económico, social y político, se abrirá siempre para el pueblo un nuevo tiempo de prosperidad y progreso que hará innecesario transformar el sistema y con ello se evitará el riesgo de fracasar en experimentos que siempre son presentados como peligrosos. De acuerdo a eso, con votar cada cinco o seis años será más que suficiente para oxigenar la economía e insuflar una efímera dosis de esperanza y optimismo a la población.

Pero en realidad el actor económico determinante en la democracia de hoy no es el gobernante, sino el dueño del capital. Es él quien determina a su buen saber y entender no solo el funcionamiento del sector privado en los ámbitos de la producción, el comercio y el sector financiero, sino que incide en las políticas públicas de toda índole ya sea a través de la adquisición de bonos de la nación, de la venta de sus servicios al Estado, o del control indirecto que ejerce mediante el pago de comisiones para obtener contratos, que en el mundo capitalista es toda una industria de primer orden, gracias a lo cual se generan los altos índices de corrupción que proliferan a lo largo y ancho de todas las administraciones públicas del mundo.

La especulación es la base de ese modelo que solo piensa en el beneficio del capitalista, a la vez que menosprecia cualquier opción de bienestar común para la sociedad que no sea la que surja de la iniciativa privada en forma de costosa mercancía, y que genere para el empresario la correspondiente tasa de ganancia.

De esa estirpe de usureros doctrinarios es el inefable prófugo de la justicia venezolana Guillermo Zuloaga, de quien seguramente mucha gente no quiere (o no le interesa) acordarse pero que a nosotros nos corresponde la obligación de mencionar aquí como aporte a las conversaciones de diálogo que centran hoy la atención de las venezolanas y los venezolanos en relación a la crisis política por la que atraviesa el país.

Resulta indispensable mencionarlo porque ningún proceso de diálogo puede aspirar al ansiado logro de la paz si no revisa detenida y ordenadamente la cronología de los acontecimientos sociales, económicos y políticos reales que preceden o que conducen a la crisis que se pretende superar, así como el comportamiento particular de sus protagonistas.

Desde el arribo mismo del presidente Nicolás Maduro a la jefatura del Estado en abril de 2013, la derecha ha argumentado que los desequilibrios y distorsiones que desde entonces comenzó a experimentar la economía nacional eran “el resultado de políticas erradas del Gobierno revolucionario”, tal como lo han sostenido persistentemente la cúpula empresarial, los sectores políticos de la derecha y los medios de comunicación privados, tanto en sus líneas editoriales como en los espacios noticiosos y de opinión, en un obsesivo intento por menoscabar la capacidad del Primer Mandatario en el manejo de la administración pública.

Con el fallecimiento del Comandante Chávez la derecha venezolana asumió arbitrariamente que terminaba una etapa dictatorial y que se iniciaba un proceso de recuperación del control de la economía que desde siempre había ejercido el sector privado antes de la llegada de la revolución bolivariana. De ahí la ola especulativa que casi de inmediato se desató en todo el estamento comercial del país. Los exorbitantes aumentos de hasta el 17.000% que llegaron a ser detectados por los organismos del Estado en los precios de muchos productos, eran irresponsablemente justificados por los empresarios como el supuesto resultado de una devaluación de apenas un 42% decretado a principios de 2013 por el gobierno nacional, solicitada expresamente por el mismo sector empresarial desde hacía meses.

La acción económica del gobierno en ese momento, fue la de obligar a algunos comercios a vender aquellos productos que eran objeto de trato preferencial en la asignación de divisas a los precios justos en los que debían ser vendidos al público. A esa acción  se le conoció como “el dakazo”, nombre con el cual empezó la guerra de difamaciones contra el presidente Maduro acusándosele de incitación a la anarquía y al saqueo de negocios.

Pero la vorágine usurera no nació en ese momento sino mucho antes. Y no por causa de medida económica alguna tomada por el Ejecutivo, sino por la voracidad de un sector privado insaciable, habituado a la apropiación de la renta petrolera desde hace casi un siglo.

En 2009, precisamente el primer año de la crisis mundial del capitalismo que se extiende hasta nuestros días y que en los Estados Unidos hizo estragos principalmente en los sectores financiero y automotriz de esa nación, las empresas ensambladoras de vehículos en Venezuela emprendían una carrera desbocada por hacerse del único mercado de ese ramo en ascenso en el continente, que gracias a las políticas sociales revolucionarias estaba incrementando sus ventas en el orden del 300%, pasando a lo largo de ese periodo de un promedio histórico de 115 mil carros al año a cerca de 300 mil, entre importados y ensamblados en el país.

Guillermo Zuloaga fue encontrado en junio de ese mismo año incurso en el delito de acaparamiento de vehículos que se importaban con divisas preferenciales otorgadas por el Estado y que el empresario adquiría, gracias al privilegio del que gozaba como propietario de varias agencias concesionarias, al precio justo al que estaban tasados por el Gobierno, para revenderlos luego a precios especulativos hasta tres o cuatro veces por encima del precio real de venta.

Nacía así, hace más de siete años, en el seno mismo de la oligarquía criolla y bajo la estricta filosofía del más salvaje neoliberalismo, el concepto de “bachaqueo” que prolifera hoy en todo el país como factor determinante de la escasez que padece principalmente la población de bajos recursos.

El esquema de ese siniestro mecanismo, que disparó en Venezuela la inaudita modalidad de mercado de carros de segunda mano que eran varias veces más costosos que los de agencia, expandió su virus inflacionario hacia las ventas de repuestos, luego a los talleres mecánicos, de ahí a las compañías aseguradoras, y después al país entero como una fórmula de enriquecimiento fácil que contaminó a la sociedad y que llegó hasta el raspado de cupos masivos de tarjetas de crédito en el exterior, el contrabando de extracción, la triangulación de facturación en las importaciones en Panamá y finalmente a la economía toda.

María Corina Machado, casualmente (?) sobrina del empresario Zuloaga, hablaba en 2012 de “Capitalismo Popular” como el modelo económico que ella le ofrecía al país y que consistía exactamente en ese mismo principio de la búsqueda del bienestar y el progreso a partir de la lógica del libre mercado en el que solo los más astutos y adinerados sobreviven y los pobres son cada vez más pobres.

El dilema real a dilucidar en la mesa de diálogo entre la oposición y el gobierno, es si el país retrograda a ese escenario de exclusión en el que los productos existían en grandes cantidades porque la mayoría de la población no tenía jamás capacidad económica para adquirirlos (como pasa en general en el mundo capitalista) o si se aúnan esfuerzos entre todos los sectores por tratar de recuperar la senda de la justicia social que Venezuela comenzó a transitar por primera vez en su historia con la llegada de la revolución bolivariana.

Para ello hay que ser verdaderamente responsables, y colocar en su justo lugar (más allá del fraseo demagógico de campaña que hoy signa el discurso político en el país) a quienes han quedado en evidencia como los verdaderos gestores de una crisis que no existió nunca a todo lo largo del proceso revolucionario hasta tanto no actuaron ellos con sus prácticas usureras de asalto al bolsillo de los venezolanos para tratar de compensar la pérdida que les representa la caída del ingreso petrolero del cual vivieron desde siempre.

Guillermo Zuloaga es quizás el más emblemático de ese lote, pero la lista es larga. Todos están en las filas de la oposición y por lo general viven en Miami.

No habrá diálogo que prospere si no se ponen con honestidad estas cartas sobre la mesa.

@SoyAranguibel