Transformar la comunicación

Por: Alberto Aranguibel B.

Clausura hoy en Caracas el que quizás sea el evento más significativo de todos cuantos se hayan realizado en el mundo en relación con la comunicación social y los retos que la misma tiene en virtud del papel que desempeña hoy la comunicación en la definición del rumbo y de la vida misma para la sociedad contemporánea.

Para nadie es mentira el peso que tiene la comunicación ya no solo en el debate y la difusión del conocimiento y de las ideas de la más variada índole, sino en el devenir mismo de la democracia, amenazada como está por las fórmulas alternativas de control del Estado que surgen desde los sectores procapitalistas que promueven la reedición de las vetustas tesis del libre mercado y la reducción o extinción del Estado Nación como entidad y centro de desenvolvimiento de la sociedad.

Las formas de democracia totalitaria que propone principalmente los Estados Unidos, y que copian al calco los países que hoy se rinden sumisos a los designios imperiales, con las obvias limitaciones (económicas, industriales, tecnológicas, etc.) de la mayoría de ellos en términos de competitividad frente al gigante del norte, hablan por sí mismas de la seria amenaza que se cierne sobre la humanidad a medida que la ilusoria narrativa del imaginario confort que supuestamente ofrece el capitalismo logra seducir a sectores de la sociedad que en la exposición al perverso discurso mediático terminan sometidos y desmovilizados en sus luchas por la justicia y la igualdad.

El viejo relato de la izquierda sobre la necesaria democratización de los medios, referido exclusivamente a la lucha por la conquista del control de los medios de comunicación por parte del poder popular, se abre hoy a nuevos niveles y escenarios, en los cuales el lenguaje mismo, los códigos semánticos, la estructura del discurso simbólico, deben ser considerados como sujetos susceptibles de transformación, si efectivamente lo que se pone en juego son procesos revolucionarios auténticos y profundos, en términos ya no solo económicos o materiales, sino culturales, políticos y sociales, como los que anuncia la explosión popular que se pone de manifiesto hoy en Latinoamérica.

Por primera vez en la historia se reúnen voceros de la comunicación de tantos países para reflexionar y proponer soluciones viables al respecto, tal como sucede hoy en Caracas.

Ahora hablan los pueblos.

 

@SoyAranguibel

Auto-mentado

Por: Alberto Aranguibel B.

Producto de su arrogancia y su afán supremacista, la oposición venezolana llegó al extremo de poner como líder a un auténtico pata en el suelo, bembón, pelo malo y nariz de gorila, como Juan Guaidó, porque su desprecio y su subestima a los chavistas es tal que terminó convencida de que para salir de ellos lo único que podría funcionar era el engañoso encantamiento que solo uno que pereciera venir del pueblo podría lograr entre ese inmenso “perraje”, como le dicen a la gente humilde.

Se cansaron de poner gente de verdadera alcurnia y pomposos apellidos para dejar en claro el perfil oligarca de su propuesta al país (Römer, Machado, Mendoza, López, Capriles) pero ninguno llegó a calar ni un ápice en el alma verdadera del pueblo, por lo que se vieron en la obligación de forzar la barra hasta concluir, muy a su pesar, en la enclenque figura del presidentico ni fú ni fá que terminaron teniendo como única opción de la derecha para enfrentarla al chavismo.

Como todo pusilánime, no pasó de ser un divertimento más de la picaresca política nacional, dedicado al anuncio de fechas apocalípticas para el logro de su ansiada gloria, al final de las cuales hasta sus más cercanos aliados terminaron siempre despotricando en su contra acusándolo de embaucador, estafador y hasta de ladrón.

Hoy, luego del estruendoso fracaso en su mas reciente convocatoria, el 16/11 en el que la militancia opositora cifró toda su esperanza de alcanzar el poder, el diputado Guaidó es reconocido por fin por la gran mayoría de los opositores (“más del noventa y cinco por ciento”, que tanto les gusta usar para referirse a su imaginaria grandeza) como el mayor farsante que jamás haya parido la derecha.

Se percatan (después de habérseles dicho hasta la saciedad de mil y una formas desde el chavismo) que ese líder de utilería no solo no tuvo nunca el más mínimo talento para la conducción de masas, sino que es un mequetrefe sin esperanzas para quien la política es solo un tinglado para guarimbas de paltó y corbata.

Como si embarcar a la gente fuera su más excitante entretenimiento, entra ahora en su fase de despedida anunciando nuevas fechas para las mismas delirantes batallas de frustración.

Más que como “autojuramentado”, pasará a la historia como el “auto-mentado”. O sea; el líder al que más se la mentaron sus propios seguidores.

@SoyAranguibel

Muertos acomodaticios

Por: Alberto Aranguibel B.

En Latinoamérica se está padeciendo hoy la más terrible realidad bélica que se haya producido jamás en el continente desde los tiempos de la brutal conquista española que diezmó pueblos y territorios enteros de manera simultánea en la forma cruel e injustificada en que lo hizo.

Frente al repudio al neoliberalismo expresado en este momento por las grandes mayorías del pueblo en Chile, Ecuador, Colombia y Bolivia, la respuesta ha sido la represión más despiadada por parte de los sectores de poder con los que cuenta la derecha en cada uno de esos países.

Las muertes, insumo vital preciadísimo para las corporaciones mediáticas en las que se apoya el modelo capitalista, no aparecen por estos días en los grandes titulares de esa prensa lacaya aún a pesar de presentarse como un fenómeno de dimensiones continentales.

De manera casi articulada, la noticia persistente en todos esos medios se centra en el bizarro debate de si fue o no un golpe de Estado lo que ha sucedido en Bolivia. Se entrevistan personalidades, se escuchan opiniones de analistas políticos, se consulta a expertos constitucionalistas, pero no se trasciende el tema sino que se circunscribe todo al mismo falso dilema del golpe o no.

Se cuentan por docenas los muertos en Chile producto de la represión del dictador Piñera contra los manifestantes que piden su renuncia, así como por decenas las muertes de bolivianos masacrados por la dictadura que asaltó el poder en ese país.

Pero no son noticia.

El pasado sábado, día en que el mundo entero esperaba ver titulares por la muerte de miles de opositores en Venezuela gracias a la expectativa generada por la infame guerra de desinformación y falseamiento mediático de la realidad de nuestro país, no se produjo ni un solo muerto.

Pero eso tampoco fue noticia para los medios.

La gran noticia que revelaba al mundo que no hubo ni un muerto en el apocalipsis previsto, fue considerada inservible. Mientras que la advertencia de la señora Michelle Bachelet sobre hipotéticos desbordamientos de los cuerpos de seguridad del Estado que pudieran presentarse durante la jornada opositora, sí ocupó un buen espacio en las primeras páginas.

No les sirven ni los muertos que el neoliberalismo provoca, ni tampoco los vivos que garanticen los gobiernos revolucionarios.

Así de “imparcial” es la prensa neoliberal.

@SoyAranguibel

Finol: Latinoamérica hoy: fotorreportaje en blanco y negro

Por: Ildefonso Finol

La tragedia del discurso neoliberal es que de tanto disfrazarse de neutral, de tanto insistir en el fin de las ideologías, de tanto decretar el pensamiento único y la supremacía moral de la competitividad, la ganancia y el individualismo, se vuelve fanfarrón y basta que surja un contradictor para que pierda la paciencia y saque a flote su verdadero rostro: el fascismo. El neoliberalismo no es democrático, ni siquiera liberal; no es representativo, ni legalista ni electoral: su ideología es el fascismo.

Y, ¡ay de aquél que ose disentir!

I

La derecha santanderista lleva años tratando de convertir a Colombia en el Israel de América Latina. Esta semana se aproximó un poco a ese objetivo al abstenerse en la votación para cuestionar el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba. Quizás el año que viene ya se atreva a copiar al Brasil de Bolsonaro votando abiertamente a favor del bloqueador.  

La otra hazaña israelí imitada por el uribismo (fase superior del santanderismo) como prerrequisito para ascender al rango del engendro sionista, es el bombardeo de civiles, preferentemente si se trata de niñas, niños y adolescentes. Le faltaría al terrorismo de Estado que gobierna Colombia, entrar en guerra con sus vecinos, porque ya a su propia población la trata sin ninguna consideración humanitaria, como enemigo interno.

Aunque dadas las últimas señales de la sociedad colombiana decente, asqueada por las tropelías de la clase política en el poder e indignada por las muertes de cientos de líderes sociales, indígenas y excombatientes pacificados, el sector paramilitar de la política comienza a sufrir derrotas significativas.

No debe olvidarse que el espíritu bolivariano está sembrado en el pueblo colombiano, y esa semilla tarde o temprano germina haciendo brotar lo mejor del alma colectiva.

II

Este fascismo latinoamericano, heredero de las dictaduras y los prejuicios raciales colonialistas, reproduce constantemente los contenidos simbólicos del pensamiento conservador; es racista, misógino, homofóbico, sectario hasta el extremo de desear la destrucción de todo aquel que sea diferente. Por eso persiguen al hijo del presidente electo de Argentina, honorable Alberto Fernández, o asesinan indígenas que defienden su derecho a la vida y la tierra en el Cauca y la Amazonía.

La violencia desatada por los fascistas en Bolivia, se ensañó bestialmente en la persona de la alcaldesa del municipio de Vinto, María Patricia Arce, a la que humillaron y maltrataron públicamente, vejándola de diversas formas, todas enmarcadas dentro de la actitud machista patriarcal muy típica de épocas coloniales.   

Las hordas derechistas se expresan con términos intrínsecamente violentos; llaman “indio infeliz” al Presidente Evo Morales, mientras anuncian “cruzadas”, como si se tratara de persecuciones religiosas cargadas de odio irracional. En el cuerpo de María Patricia Arce, los cobardes fascistas descargaron la crueldad de alma colonizada, como lo hicieron los invasores europeos con las heroínas Bartolina Sisa en el antiguo Alto Perú y en Maracaibo con Ana María Campos, por sólo citar dos ejemplos. El macho fascista, narcisista y falófilo, se cree con derecho a escarmentar, siente poseer el don de castigar a la mujer pecadora. Es el colmo de la bestialidad humana.

III

El colonialismo tiene su culto y sus feligreses. Piñera para hacerse el gracioso mete la banderita chilena entre la bandera gringa. Duque agradece a los “padres fundadores” de Estados Unidos haberle dado la independencia a Colombia. El defenestrado Kuczynski le mueve (le movía) la colita a Trump, y el pelele presidente de El Salvador se ofrece de cachifo del imperialismo. Gobernantes arrastrados, ignorantes e indignos. Pero arrogantes y represivos contra su pueblo. La mayor arrogancia del ignorante es negarse rabiosamente a salir de la ignorancia.

Es el perfil de lo que necesita Washington: el consenso de los serviles.

La sacralización del mercado capitalista por encima de las naciones y la vida misma, la exacerbación del egoísmo y el carácter depredador del modo de explotación, entran en dialéctica contradicción con los depauperados ingresos de las mayorías trabajadoras, la independencia política de los Estados soberanos y la sobrevivencia de la especie, generándose la confrontación que termina poniendo las cosas en blanco y negro.

Nuevamente la brecha entre propietarios del capital y asalariados se ensancha de manera grotesca incubándose el malestar social como consecuencia del modelo estructural dominante. Al fracaso de la manipulación ideológica cotidiana que permite períodos de paz social, le sigue la movilización espontánea de los sectores oprimidos, a la que responde el sistema con más represión. El estado burgués queda expuesto como lo que es realmente: un aparato de dominación de una clase minoritaria contra toda la población. Caso emblemático el chileno.

IV

Pero los pueblos van pariendo una historia muy distinta de la que esos poderes quieren imponer. La victoria progresista en Argentina ha reconfigurado el mapa geopolítico en la región. El audaz encuentro de López Obrador y Fernández anunciando el relanzamiento del sueño integracionista le da un gran impulso a la autodeterminación nacional frente al hegemonismo imperialista.

Por algo están invirtiendo tanto dinero los poderes fácticos en campañas antibolivarianas, al punto que han convertido en una moda hablar mal de Simón Bolívar. Para ello financian múltiples espacios en medios convencionales y redes tecnológicas de comunicación, patrocinan figurines de la farándula intelectual y comprometen la opinión de academias adictas a las exquisiteces aristocráticas. Son los mismos que nos convidan a olvidar nuestro pasado, pero se postran ante las vetustas leyendas anglosajonas.

Quiero insistir en una idea que ya expuse en textos anteriores: los pueblos que pierden conexión con su ancestralidad, se debilitan espiritualmente dejando carcomer su sentido de pertenencia a una épica colectiva moralizante, así son presa fácil de intereses foráneos que se proponen recolonizarlos. La enseñanza de la historia raigal y contemporánea, es una herramienta de liberación insustituible. Sólo la verdad histórica ofrece el fundamento a la verdadera revolución.

Al retratar la situación de Nuestra América, volvemos al punto donde no hay lugar a medias tintas; hoy se está con la dignidad de los pueblos o se sirve a la opresión.

Emerge con absoluta pertinencia el partido bolivariano.

yldefonso-FINOL  Yldefonso Finol

“Sólo la verdad histórica forma pueblos libres.”

Debut y despedida

Por: Alberto Aranguibel B.

Como todo lo que hacen siempre los líderes la oposición, él supo ingeniárselas para demostrarle al mundo no solo que los demás eran idiotas sino que él, mucho más allá de lo que todo el mundo pensaba, era el más inteligente y refulgente de todos cuantos por su cargo pasaron.

Por eso se inició con la que en la oposición se considera la más astuta de las estrategias; jugarse una carta que nadie hubiera jugado jamás, o que nadie se hubiera atrevido nunca a jugar por audaz y descabellada. La de la autojuramentación, nada más y nada menos que como presidente interino.

Ese solo acto de pueril gallardía lo presentaría ante los suyos como todo un Mesías de nuevo cuño, convencido como estaba de que de ahí en adelante nada podría interponerse entre él y el cielo.

Desde el primer momento supo siempre que todo era una farsa. Que jamás llegaría a Miraflores mientras los chavistas existieran. Pero, fiel a la proverbial conseja opositora de tirarse la parada, se dijo a sí mismo que “peor es nada”.

Y fue ahí donde comenzó el sainete más ridículo que la historia política venezolana recuerde, incluido aquel pintoresco caso del candidato Pedroza, del cual todo el país se burló tanto a mediados de los años ochenta, no tanto por su disparatado proyecto de llegar a Miraflores en burro, como por su singular recurrencia en el absurdo en todo lo que planteaba.

Claro, como la mayoría del país de hoy es menor de treinta y tantos años, el evento Pedroza no es comúnmente recordado. De ahí que para mucha gente en la oposición Guaidó haya aparecido como una verdadera revelación, con poderes casi místicos capaz de exterminar de raíz el chavismo que ningún líder opositor había podido ni siquiera pellizcar.

Pero, la realidad terminó siendo tan implacable como se suponía que tendría que ser en un mundo verdadero, no quimérico ni ilusorio; el tinglado se le vino abajo cuando al interinato se le agotó su cuarto de hora en la escena.

Hoy el otrora Mesías no es ni la sombra de lo que el paquete ofrecía. Los trajes de Armani cortados al estilo Obama, no lucen ya su encandilante fulgor. Sus antiguos admiradores no hacen sino despotricar de él con la peor saña.

Ahora su invitación a una marcha el 16 de este mes, es la invitación a una despedida.

Qué triste pueden llegar a ser los finales de las farsas.

@SoyAranguibel

Aranguibel: Los pueblos latinoamericanos están hoy cohesionados por la misma idea de justicia e igualdad social que impulsó Chávez.

Caracas, 31/10/2019.- En entrevista con el periodista Boris Castellano en el programa 360 transmitido este jueves por Venezolana de Televisión, el analista y constituyente Alberto Aranguibel sostuvo que las convulsiones sociales y los cambios políticos que se experimentan hoy en la región latinoamericana, no son sino expresión de la cohesión de las luchas que desde hace décadas liberaron de manera desarticulada los pueblos, y que hoy, gracias al impulso que le dio a lo largo de la Revolución Bolivariana el Comandante Chávez a la idea de justicia e igualdad social, han adquirido un mismo sentido y una misma direccionalidad en la búsqueda del bienestar común.

Fuente: Venezolana de Televisión

¡Buena idea!

Por: Alberto Aranguibel B.

El desprecio a los pobres ha sido a través de la historia el rasgo definitorio por excelencia de los sectores pudientes de la sociedad. Despreciar al ser humano es en términos filosóficos la esencia misma del capitalismo, porque sin el odio la explotación del hombre por el hombre no sería viable, ni existiría el goce de la superioridad de una clase social sobre la otra.

De ahí que una buena burguesía va a ser siempre aquella que se regodee en el sufrimiento de los menesterosos y los necesitados. Porque de esa forma se materializa en lo cotidiano la ascendencia social y se justifica el valor del dinero acumulado a costa, por supuesto, del padecimiento y las limitaciones de aquellos que producen la riqueza de la que los ricos se apropian tan injustamente.

En la visión burguesa, el pobre no tiene ni derecho ni capacidad para pensar con mente propia acerca de lo que considera conveniente o no a sus intereses como ser humano, porque, según ella, las ideas son el germen de la alteración del orden natural del universo. Por eso la explicación que da la burguesía a las expresiones populares de cualquier naturaleza, es que éstas se producen cuando la gente es víctima del supuesto control ideológico que ejercen los “enemigos de la libertad”.

Se explica así que todos los voceros de la derecha, sin excepción, hagan hoy el ridículo acusando a Nicolás Maduro de ser el causante de las rebeliones populares que, unas veces como protestas otras veces como fenómenos electorales, le dicen a la repugnante burguesía latinoamericana que no quieren saber más de gobiernos de derecha en nuestra región.

Pero, no fue Maduro el que puso a los medios de comunicación a hablar día y noche de un presidente venezolano que, siguiendo los pasos de Fidel y de Chávez, se levantaba contra las transnacionales y contra el Fondo Monetario Internacional, luchando a brazo partido contra la violencia a la vez que reclamaba justicia e igualdad social para su pueblo. A Maduro nadie lo conocía en ninguno de esos países hasta hace apenas unos meses.

Fue el Grupo de Lima.

Fueron esos títeres del neoliberalismo quienes, acusando irresponsablemente a Maduro, les hicieron ver a sus pueblos con perfecta claridad que el hambre y la miseria que abunda en esos países, es producto de la voracidad de un imperio cruel e insaciable que solo busca saquear el Continente y que tiene a su servicio a un grupo de presidentes serviles que no escatiman esfuerzo represor contra sus propios pueblos para favorecer la sed de concentración de riqueza en las pocas manos de las clases más pudientes.

Lo que hicieron los pueblos fue decir… ¡Buena idea de la de Maduro!

@SoyAranguibel

¿Es la ONU un premio?

Por: Alberto Aranguibel B.

Para nadie es un secreto el enorme peso que tienen hoy en la formación de las matrices de opinión los medios de comunicación. Es de ahí de donde surge la mayoría de la desinformación que por lo general padece la sociedad sobre los más diversos temas.

La derecha venezolana se aferra a ideas en las cuales cuentan con el apoyo irrestricto de los grandes medios de comunicación al servicio del neoliberalismo para tratar de confundir cada vez más a la población tergiversando los hechos y negándole así su sagrado derecho a la verdad.

La falsa especie que presenta a Venezuela como un país en el que la violación de derechos humanos sería norma de Estado, es una más de esas matrices arbitrarias orquestadas con un claro interés político por la derecha nacional e internacional en connivencia con los medios de comunicación. El único posicionamiento medianamente logrado por el antichavismo en casi un cuarto de siglo.

De ahí su rechazo a la elección de nuestro país como miembro, junto a otros 46 integrantes, del Consejo De Derechos Humanos de la ONU. Una elección (la tercera en la que nuestro país es honrado con tal honor) que de entrada pulveriza esa infamia del Estado como violador de derechos humanos.

Pero que echa también por tierra el fastidioso sonsonete de los supuestos 50 países que apoyarían a Guaidó en su insensata pretensión presidencial. Otra matriz impuesta por la derecha, a partir de la mentira según la cual el apoyo que en algún momento le brindaran a un autojuramentado, más por presión del imperio norteamericano que por ninguna otra causa, sería una suerte de inamovible bastión de guerra que no podría alterarse, ni siquiera con los recurrentes y bochornosos escándalos que han signado la actuación pública del diputado y su círculo más estrecho en apenas unos pocos meses.

Pretenden que sus matrices mediáticas no son susceptibles de alteración alguna en función de la cambiante coyuntura política nacional e internacional que orienta y determina hoy el comportamiento de todas las naciones del mundo. Y eso, una arbitrariedad más, es solo parte de la deformación que llevan a cabo de manera irresponsable.

Lo cierto es que, ni es verdad que cincuenta países (que en algún momento creyeron que lo que estaba haciendo la derecha venezolana, juramentando como presidente de la República a un pusilánime y desconocido diputado, era un acto constitucional) apoyen hoy en día la pretensión golpista de la oposición, ni la elección al CDDH de la ONU es un premio al buen comportamiento de los gobiernos, como quiere ponerlo la narrativa de la derecha. No es, en definitiva, la medalla al país “políticamente correcto”.

Es el merecido reconocimiento a los excepcionales esfuerzos por la justicia y la igualdad social, que en la caso venezolano sobrepasan hoy todo lo logrado por infinidad de países capitalistas que no han podido ni acercarse siquiera al logro de Metas del Milenio que nuestro país rebasó con creces desde hace más de una década.

@SoyAranguibel

Ahora se entiende el cobarde plan…

Por: Alberto Aranguibel B.

Nunca tuvo sentido alguno que la más poderosa potencia militar sobre la tierra acusara de “amenaza” a un país de apenas treinta millones de habitantes como Venezuela. Todo parecía ser solo una maniobra mediática más para tratar de justificar ante el mundo cualquier acción de asedio y de agresión contra nuestro país.

No parecía lógico que frente a la amenaza que representa por ejemplo Chile, que posee el triple del armamento aéreo de todo el que posee Venezuela, jamás fuera señalado de ser ningún peligro para nadie.

Como tampoco lo ha sido Colombia, cuyo estamento militar está integrado por más de seiscientos mil hombres (siete veces más que Venezuela), además del peligro para la región que representan nueve bases militares norteamericanas en su territorio.

Ni mucho menos Brasil o Argentina, cuyas economías sostienen la más avanzada industria armamentista del continente, incluyendo astilleros, fábrica de aviones, y tecnología de punta en comunicaciones.

Solo se justificaba tan delirante acusación si el propósito era otro de mayor importancia y significación que el de simplemente difamar a la Revolución Bolivariana. Amén, por supuesto, del claro propósito de saqueo al que se orienta la estrategia del imperio.

Esa verdadera justificación de fondo ha aparecido a la luz pública en boca de todos los presidentes neoliberales del continente.

Para el mundo capitalista, consciente como está de su inexorable declinación histórica, era más que evidente que el resurgimiento de algunos gobiernos neoliberales en la región (casi todos surgidos de muy particulares crisis institucionales o legales, antes que de verdaderos triunfos electorales de carácter mayoritariamente populares) no garantizaba de ninguna manera la consolidación del modelo capitalista.

Que más temprano que tarde los pueblos se levantarían contra las impopulares medidas económicas que estaban obligados a aplicar en cada uno de esos países, con lo cual un nuevo fracaso neoliberal en la región sería inevitable.

El problema es que, por una deformación histórica inducida en la sociedad por la derecha y sus medios de comunicación, si por alguna extraña razón o causa inusitada, al capitalismo le llegara a ir bien en algún momento, la mediática mundial afirmará categórica que es producto de la supuesta eficiencia del capitalismo como modelo económico. Pero cuando le va mal, como sucede hoy en Latinoamérica, y como ha sucedido en el mundo entero desde siempre, entonces esos mismos medios van a sostener enfáticos que fracasa por culpa del socialismo.

De no existir en la región ese Estado socialista, no tendrían a quién responsabilizar. Solo acusando a un país al que se hubiera posicionado mediáticamente ante la opinión pública como “amenaza”, podría esa derecha intentar evadir su responsabilidad en esa nueva derrota, haciéndolo aparecer culpable del hambre y la miseria que en realidad solo el capitalismo causa.

Por eso la derecha mundial señala hoy a una sola voz al presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, como el culpable de las convulsiones que solo el Fondo Monetario Internacional y sus desalmadas recetas neoliberales han desatado en todo el continente suramericano.

Desde el principio ese fue siempre el cobarde plan. Gritar “¡Allá va el ladrón!”

@SoyAranguibel

J.M. Rodríguez: Pizarro, héroe peruano

Por: José Manuel Rodríguez Rodríguez

Viendo por Tv la refriega entre los diversos patroncitos del Estado peruano para mantenerse en un poder que llena sus bolsillos, veía también lo ausente que estaba el pobre pueblo inca de todo aquello, desasistido inclusive de una guía política resteada en confrontarse con la herencia del virreinato y los illuminiati de Sendero Luminoso. Y recordé el comentario que, en Perú, me hizo un estudioso del patrimonio cultural: aquí no sólo no hay izquierda, tampoco héroes independentistas… Y las señales son evidentes, en el centro de su Plaza de Armas lo que hay es una pileta con un ángel tocando trompeta. El único guerrero que, hasta hace muy poco estuvo allí, fue Pizarro, sustituido ahora por esa curiosa bandera nacional que recuerda demasiado al pabellón del virreinato.

Es significativo observar que durante los últimos sesenta años del siglo XVIII y los quince primeros del siglo XIX, las insurrecciones y levantamientos en esas tierras fueron de indígenas y mulatos luchando por sobrevivir ante esa sociedad de aristócratas y blancos de orilla que ni siquiera los ha reconocido como héroes. Eso explica la llegada de expediciones de ejércitos vecinos, primero desde el sur, con San Martín, y luego desde el norte con Bolívar, quien fue en definitiva el que terminó por sacar a los españoles de esos territorios. Imagino que tal tumbaito monárquico de los blancos peruanos fue el que llevó a San Martín a proponerles la tutela de la Santa Alianza europea, y de ahí el aborrecimiento que tienen por Bolívar.

A pesar de tales antecedentes ese país tuvo a Mariátegui, un avanzado intelectual de izquierda, de los mejores, que hablaba de un socialismo sin calco ni copia… La base política que ayudó a crear se convirtió, luego de su muerte, en el Partido Comunista Peruano por cuyo nombre aún pelean más de quince organizaciones que buscan ser dueñas de ese significante que nunca sirvió para nada, ni siquiera para apoyar las reformas del general Velasco.

Al ver al nuevo gabinete de Vizcarra, con banda cardenalicia en la cintura, arrodillarse ante su presidente escoltado por un Cristo crucificado de tamaño natural; se entiende aquello que el peruano Nugent llamó el tutelaje del incienso y la pólvora.

jmrodriguez J.M. Rodríguez

Lo natural de lo sobrenatural

Por: Alberto Aranguibel B.

Enrique de Villena sostiene en su Tratado de aojamiento o fascinología, queEl mal de ojo es un enemigo oculto y desconocido, que fascina con una fuerza misteriosa más allá de una simple mirada. Y esto es así, en sentido enigmático, por entender que no es preciso que la mirada del fascinador penetre en los ojos del fascinado, sino que la mirada actúa como envolvente, y surte efecto incluso sobre personas que no tienen ojos”.

Pudiera entonces explicarse así el ya nada casual estado de desgracia en el que inevitablemente caen todos aquellos que de una u otra forma aparecen retratados junto a la Sayona del Avila, como se le conoce hoy en todo el país a la esposa del líder terrorista Leopoldo López.

Si los maleficios conocidos por el ser humano son usualmente atribuidos a los espectros en la más profunda oscuridad de la noche, Lilian Tintori pasará a la posteridad como la única entidad cuyo pérfido efecto se difunde sin límites ni fronteras incluso a plena luz del día, precisamente porque el poder maléfico de su mavita no aflora al contacto con la pavosa, sino que se incuba en los pixeles de una atemporal fotografía junto a ella.

No cabe ya hoy en día duda alguna acerca de lo que significa tomarse una foto junto a la Tíntori. Ella misma ha preferido sacarle el cuerpo al asunto dejando a la libre interpretación del mundo la veracidad o no de lo que definitivamente se ha convertido en el maleficio contemporáneo de mayor resonancia de todos cuantos se conocieron en nuestra historia desde los tiempos de la colonia, en virtud de lo cual no ha ofrecido nunca ningún tipo de declaración al respecto.

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Sin embargo, es menester ir más a fondo en otros rasgos comunes de las víctimas de tan proverbial maleficio fotográfico, como lo son la corrupción, la inmoralidad, la depravación y otras veleidades delincuenciales que de manera persistente suelen estar asociadas transversalmente a sus desgracias.

No es que esas figuras de la política continental (presidentes, expresidentes, líderes, artistas e intelectuales de derecha en general) sean unos desdichados que en mala hora aceptaron posar junto a una enviada de Satanás. No es tan simple el asunto.

Se trata, en realidad, de la más acabada conjunción de malvivientes, desfalcadores, degenerados y embaucadores de profesión que se conozca en nuestro territorio y, fundamentalmente en los ámbitos de la derecha más allá de nuestras fronteras, convertidos, por obra y gracia de la afinidad política e ideológica que los ha unido tan estrechamente, en amigos predilectos de la interfecta.

Por eso no deben ser para nada extrañas las fotos de Juan Guaidó, el líder fundamental y más admirado de la derecha venezolana, con los criminales de mayor peligrosidad del Continente. Desde su ingreso mismo a la escena política, quienes han conformado su entorno más cercano han sido siempre los peores delincuentes que ha conocido la sociedad venezolana en más de una década.

Desde el terrorista confeso Lorent Saleth hasta el desalmado descuartizador Pérez Venta, pasando por su secretario personal Roberto Marrero, coordinador de los grupos de mercenarios que han operado en el país con la anuencia del autoproclamado, sus más allegados amigos han sido siempre noticia más por sus felonías que por la desgracia de haber posado en una foto con la Tintori.

Más allá del fenómeno sobrenatural relacionado con la mavita, está el hecho de que son todas unas sabandijas. Es su verdadera naturaleza.

Si algún milagro ha obrado Guaidó en su catastrófico periplo como autoproclamado, es haber pasado a esos malandros que son sus amigos, de la última página, la “página roja” de los periódicos, a los grandes titulares de la primera plana.

@SoyAranguibel

Finol: Examen histórico a la xenofobia en Perú

Por: Yldefonso Finol

Perú: palabra que en el idioma añún nuku del pueblo ancestral del lago Maracaibo (Tinaja del Sol), significa el punto cardinal “Sur”.

I

No es un mero resentimiento hacia quienes hoy van a sus países a buscar empleos, portando bajo el brazo un currículum académico superior. No es sólo un poco de envidia hacia quienes iban hace poco con tarjetas de crédito cargadas de dólares y eran recibidos con alfombra roja y sonrisas de comerciante. Ni siquiera es la rabia por algún suceso violento protagonizado por un migrante. Es xenofobia masivamente inducida por una campaña sistemática de linchamiento a la venezolanidad.

Adelanto mi conclusión: detrás de las expresiones de odio irracional contra Venezuela que se han producido recientemente en países vecinos, está la arcaica campaña oligárquica contra El Libertador Simón Bolívar, inoculada en los sectores más atrasados de esas sociedades, que tiene por objeto, crear las condiciones psicológicas para una agresión militar que extermine a gran parte de nuestra población y desmiembre el territorio nacional, con una estrategia similar a la aplicada en la Guerra de los Balcanes. O, algo aún peor, un híbrido entre el descuartizamiento de Yugoslavia y el genocidio en Ruanda.

II

La oligarquía que se apoderó del poder en Perú cuando Bolívar tuvo que venir a Bogotá y Caracas a tratar de frenar el mal gobierno y los divisionismos desatados por Páez y Santander; así impuso en aquél país hermano un régimen explotador con ínfulas expansionistas.

Los mismos incapaces de independizar definitivamente a Perú del yugo español, se creyeron ahora con la supremacía militar para agredir a Guayaquil y la recién creada República de Bolivia; todo ello bien azuzado y coordinado por los Estados Unidos a través de su aparato conspirativo que en Lima lideraba el terrible antibolivariano Willian Tudor.

Las calumnias vertidas contra Bolívar vinieron de la animadversión de un puñado de traidores, corruptos y cobardes:

José de la Riva Agüero, calumniador escondido en el anonimato, que habiendo traicionado a su propio país, se dedicó al ruin oficio del chisme. Ya en 1828 el Maestro Simón Rodríguez se encargó de desbaratar las ofensas falsarias de este fracasado.

–  El Marqués de Torre Tagle, ladrón de erarios públicos como Santander, quien se pasó al bando realista degradándose moral y políticamente; lo confesó en textos develados: “he resuelto en mi corazón ser tan español como D. Fernando”…“de la unión sincera y franca de peruanos y españoles todo bien debe esperarse; de Bolívar, la desolación y la muerte”). De este se copiaron tipos como Herbert Morote, Bryce Echenique y Mario Vargas Llosa, siempre plagiando ideas a otros.

Luna Pizarro. Sacerdote católico metido en la política, aplicó sus dos vocaciones a la intriga contra Bolívar. Se puso a la orden del embajador gringo Tudor, para engatusar al general La Mar, con lisonjas estúpidas, para que atacara territorio ecuatoriano que en ese momento integraba la Colombia bolivariana..

–  José de la Mar. General manejado como marioneta por el cura Luna Pizarro y el agente gringo Tudor, se creyó con la capacidad de enfrentar las huestes bolivarianas, cuando éstas se hallaban lejos atendiendo otros asuntos. Pero, se le presentó El Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, y lo despachó en un santiamén en la Batalla de Tarqui.

Riva Aguero y Torre Tagle, que fueron enemigos entre sí, más Luna Pizarro y La Mar, formaron un cuarteto de brolleros contra Bolívar. Todos tuvieron en común, ser unos traidores a la causa patriótica, y opresores del pueblo humilde del Perú.

Esa oligarquía exquisita de modos y descarada de ambiciones, engendró los mitos que siguieron rumiando sus seguidores y descendientes para regar el odio antibolivariano como política de Estado y subcultura de inspiración neocolonial. Dichos mitos alienantes son:

Que Bolívar se erigió en Dictador, cuando fue el congreso de ese país quien le entregó esa condición por la terrible ingobernabilidad que reinaba y la incapacidad de las fuerzas peruanas de expulsar al ejército realista, entre otras razones por las traiciones de Riva Agüero y Torre Tagle.

–  Que Bolívar despilfarró recursos en sus tareas diplomáticas, cuando la verdad es que El Libertador, con su Ejército, con dineros de la Colombia original, con su peculio personal incluso –y superando la obstrucción burocrática de Santander, que consideraba al Perú “cosa ajena”-, financió el arribo de una tropa de seis mil efectivos que fueron los héroes de Junín y Ayacucho que fundaron al Perú independiente. Adicionalmente, el millón de pesos que el Congreso peruano le otorgó, Bolívar no lo aceptó y se lo dejó a ese país, utilizando apenas menos de cien mil de esos pesos en apoyar un proyecto educativo y otros invertidos en los movimientos diplomáticos preparativos del Congreso Anfictiónico de Panamá.

–  Que Bolívar se quería coronar rey, canallada tan falsa como estúpida, mil veces negada por los hechos históricos y por las muchas aclaraciones que El Libertador se vio obligado a exponer, ante impertinentes sugerencias que proliferaron la conseja.

–  Que Bolívar le quitó el territorio de la actual Bolivia al Perú. Falso de toda falsedad. Esa nunca fue idea original del Libertador. Fueron patriotas del Alto Perú (hoy Bolivia), cansados de depender ambivalentemente de los virreinatos de La Plata y Perú, quienes lo propusieron. Querían independizarse del reino de España y de sus gobiernos subsidiarios en Suramérica: los virreinatos. De manera que el surgimiento de la República de Bolivia, y el de todas las demás, no emanan de disposiciones obsoletas del derecho monárquico, como esa división político-territorial invocada por la oligarquía expansionista de Lima, no; todos los nuevos Estados soberanos, son producto de la revolución republicana que puso fin al dominio colonial sobre nuestros territorios indoamericanos. Es un absurdo inaceptable, que se pretenda desempolvar supuestos “derechos coloniales”, para saciar apetencias terrófagas de rentistas parasitarios.

III

Cuando Bolívar utilizó frases fuertes referidas a la sumisión del Perú al dominio español, no estaba para nada equivocado; pero esa caracterización correcta en términos histórico-políticos, no aludía al sentimiento patriótico del pueblo peruano, sino, a la genuflexión de su oligarquía, hecho totalmente probado en las actitudes de personajes como Riva Agüero, Torre Tagle, Luna Pizarro y La Mar.

Sincerando la historia con los inobjetables hechos consumados, podemos afirmar categóricamente, que lo que detestaban los aristócratas peruanos del Libertador, eran sus ideas revolucionarias, plasmadas en actos de gobierno que nadie podrá borrar: propugnar la igualdad establecida y practicada, otorgando la propiedad de la tierra a los pueblos originarios, pidiendo poner fin a la esclavitud, introduciendo el derecho a la educación para niños y niñas sin distingos de piel y de clase, democratizando la actividad económica, imponiendo el salario y el contrato legal para el trabajo indígena, creando condiciones para terminar con la servidumbre, castigando severamente la corrupción, protegiendo las especies animales sobreexplotadas y ordenando reforestar los bosques destruidos por el afán de lucro minero y ganadero. Eso odiaron en Bolívar los gringos y sus cipayos.

Estas verdades las sabe el Departamento de Estado yanqui. Por algo las cartas de Bolívar, Urdaneta y Sucre, celosamente custodiadas por el General Lara, robadas por insubordinados que reportaban al espía William Tudor, por medio de Santander y Luna Pizarro, fueron a parar al archivo del Gobierno de Estados Unidos.

IV

Perú, como Colombia y Venezuela, tras la muerte de Bolívar, cayeron en manos de sus detractores, aquellos que sólo veían en la Guerra de Independencia, la ocasión de ascender a posiciones privilegiadas de poder. Acusar a Bolívar –como lo hacen a diario una jauría de plumíferos tarifados- de los males estructurales que se impusieron en nuestras naciones, no sólo es injusto, sino que es una mentira del tamaño de las miserias humanas que subyacen en tal engendro.

En el Perú –especialmente- el odio contra Bolívar se cultivó en forma tenaz y permanente. Los mismos voceros de este complejo de inferioridad no superado, fanáticos del poder colonial que renuncian a su nacionalidad para ser acogidos como cortesanos aunque sea en el papel de bufones, son quienes han vociferado la retahíla de viles enredos sobre El Libertador.

Estos figurones, mismos que reniegan de su condición mestiza y que practican el racismo contra sus pueblos originarios, son autores intelectuales de la xenofobia deleznable que se está ejecutando en estos momentos contra mujeres venezolanas y hombres venezolanos en Perú. Las autoridades al frente de este crimen horrendo de lesa humanidad, utilizan la fuerza pública como aparato de tortura y tratos degradantes. Han llegado al extremo de grabar mensajes utilizando niños como pregoneros del más grotesco discurso xenófobo.

Estamos, sin duda, ante una patología social con profundas raíces en la historia, que un laboratorio criminal ha desatado como peste, para ir creando las condiciones del genocidio moral (¿y físico?) del gentilicio venezolano. El imperialismo gringo y la cábala sionista lo controlan. El “Cartel de Lima”, lo simboliza.

Para terminar –por ahora- dejo en el aire una pregunta: ¿la gente decente del Perú, las reservas humanistas del pueblo de Gustavo Gutiérrez, el Perú sensible de Chabuca Granda y César Vallejo, permitirá que se continúe cometiendo este fratricidio impunemente?

Estando en Cuzco el 27 de junio de 1825, Bolívar escribió al poeta guayaquileño José Joaquín Olmedo: “los monumentos de piedra, las vías grandes y rectas, las costumbres inocentes y la tradición genuina, nos hacen testigos de una creación social de que no tenemos ni idea, ni modelo, ni copia. El Perú es original en los fastos de los hombres”.

Un espíritu similar encontramos un siglo después en el revolucionario peruano José Carlos Mariátegui: “No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano. He aquí una misión digna de una generación nueva”.

Generación que esperamos renazca en el país que Bolívar y su Ejército Libertador, arrancaron de las garras de los verdugos destructores del País de los Incas.

yldefonso-FINOL  Yldefonso Finol

Los países de la Tintori

Por: Alberto Aranguibel B.

Es completamente normal encontrarse hoy con escuálidos que afirman categóricos en cualquier lugar y a todo gañote, que la oposición habría obtenido su mayoría en la Asamblea Nacional gracias al voto de más de catorce millones de venezolanos que aquel 6 de diciembre de 2015 concurrieron a las urnas electorales.

El argumento es exactamente igual al esgrimido en 2013 por el entonces alcalde de Baruta, Gerardo Blyde, en la reunión del diálogo convocada en esa oportunidad por el presidente Nicolás Maduro en Miraflores, según el cual la Constitución venezolana vigente se debía al voto de todos los venezolanos, chavistas y opositores, que votaron en su referendo aprobatorio unos a favor y otros en contra. Una absurda sumatoria que convertiría a Fernando VII en co-Libertador de Venezuela. Porque mientras Bolívar luchaba por la independencia, él luchaba para evitarla.

Tal dislate sumatorio solo tiene una explicación. Que, frente al reiterado fracaso de la oposición en la fórmula democrática del voto, no le quedó otro remedio que instaurar la idea de que son mayoría, usando esa poderosa herramienta a su servicio que son los medios de comunicación. En definitiva, la gente nunca ve los votos de ninguna elección, sino a los funcionarios que presentan a través de las cámaras cuáles fueron los números de la misma. ¿Por qué no ser entonces ellos quienes den esos números a la opinión pública? habrán dicho en algún momento.

Por eso la oposición dejó de someterse a elecciones con argumentos cada vez más irresponsables. Para ellos es un gasto de dinero virtualmente tirado a la basura porque siempre pierden. Y, además, porque no les hacen falta. Su “negocio” está en usar los medios para construir su mayoría. Una cómoda y muy controlada mayoría mediática.

De ahí que ya no tengan líderes sino artificios de mercadeo político, como muy bien los denomina la Vicepresidenta Ejecutiva, Delsy Rodríguez. Cualquier bemba ‘e perro puede ser ahí líder si cumple con los requisitos mercadotécnicos que el medio exige.

Líderes que consideran que su función no es ninguna otra que la de mentirle al mundo agregándole siempre una cantidad mayor a las cifras que ellos mismos hayan dado previamente como “sus números” en cualquier otra declaración a la prensa. De modo que, aún sin haber participado en elecciones, llega un momento en que pueden permitirse declarar enfáticos que cuentan con más del 80, 90 o incluso 95% de respaldo popular, como ahora vociferan. Saben que ahí estarán los medios y las redes sociales para acostumbrar poco a poco al mundo a la idea de que esos son los números correctos.

De modo que si alguna crisis existe hoy en Venezuela, es la del desastre social, económico y político, que ocasiona una oposición enfermizamente convencida de ser la más descomunal mayoría de la historia, en razón de lo cual niega toda fórmula democrática para su desempeño (ya sea la elección o el diálogo), precisamente por culpa de esa terca manía de abrogarse números idílicos que no le corresponden, porque cree que esa es la forma correcta y más eficaz de hacer política.

De esa demencial lógica aritmética que usan para fabricar mayorías artificiales incrementado números ante las cámaras, es de donde surgen los “miles de países” que ve Lilian Tintori en su pequeña cabecita escuálida.

@SoyAranguibel

El fracaso como triunfo

Por: Alberto Aranguibel B.

No deja de ser desconcertante en el mundo de la política, que un personaje pusilánime como Juan Guaidó, salido de la nada y sin el más mínimo temple o robustez intelectual para asumir con fuerza propia el inmenso compromiso del liderazgo que exige la compleja coyuntura por la que atraviesa el país, se mantenga tan firme en la idea de que, tal como él lo percibe, a medida que pasan los días, las semanas y los meses, estaría cada vez más a punto de hacerse de la primera magistratura nacional.

Nadie habituado al fragor de la batalla cotidiana entre la política y los medios de comunicación entiende ese nivel de rebuscada serenidad que transmite en sus comparecencias ante las cámaras el ahora “diputado rastrojo” (antiguamente “el autoproclamado”) después de tantos traspiés y tantas chapuzas como las que él ha acumulado en tan corto lapso.

Existiendo, como seguramente existen en su equipo de asesores, los infaltables “expertos en imagen” que dictaminan a diestra y siniestra la conveniencia de insólitos perfiles más de corte mercadotécnico que de tipo político para el pueril aspirante a presidente, debe haber alguno que haya logrado posicionar como lema de su campaña el viejo apotegma de Wilde: “Hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti”.

El origen de tal insensatez está sin lugar a dudas relacionado con su proverbial propuesta de la destrucción del país a través del estallido social y el derrumbamiento de la economía y en definitiva de las estructuras del Estado como requisito indispensable para hacer realidad su proyecto de alcanzar el poder a como dé lugar por encima de los procedimientos democráticos a través de los cuales les ha sido imposible conseguir el respaldo popular.

Sustentado en el odio antes que en el desarrollo de formulación ideológica o política alguna, el proyecto de la oposición asume como su triunfo el padecimiento y la ruina del país y de los venezolanos. Ese ha sido su credo.

De ahí que no puede ser sino a partir de esa absurda lógica del “logro inverso”, como se explica que los descalabros de Guaidó sean siempre, tanto para él mismo como para sus seguidores, señales de una hipotética proximidad con el ansiado triunfo.

Desde su muy ingenua óptica, las derrotas son presagios de gloria.

@SoyAranguibel