Un Congreso, ocho líneas y un destino

Por: Alberto Aranguibel B.

El 12 de enero de 2008, fecha de la instalación del Congreso Fundacional del Partido Socialista Unido de Venezuela, la Revolución Bolivariana había transitado ya por los caminos más intrincados e inhóspitos en su propósito de sentar las bases para un verdadero modelo de justicia y de igualdad social en el país.

Bajo la denominación de MVR, el proceso se enfrentó hasta entonces a ataques brutales y despiadados como ningún gobierno fue atacado nunca antes en nuestra historia; guerra mediática de manipulaciones y falseamiento de la realidad, acusaciones destempladas contra el comandante Chávez ante el Tribunal Supremo de Justicia, golpe de Estado con el peor ensañamiento contra el pueblo, criminal paro petrolero con saldo de más de quince mil millones de dólares en pérdidas para la nación, intento de revocatorio del Primer Mandatario, acusaciones recurrentes de fraude electoral, todo cuanto pudo hacer la oposición para tratar de derrocar al gobierno y acabar con la revolución fue intentado a través del uso de los más cuantiosos recursos económicos, políticos y mediáticos que la derecha haya usado jamás contra nadie en el país.

Sin embargo, aquel gallardo y victorioso movimiento debía replantearse, tal como el Comandante entendía que se estaba replanteando la realidad social, política y económica de una Venezuela que definitivamente ya no sería jamás la del pasado de oprobio, exclusión y desigualdad. El curso que la lucha del pueblo por sus reivindicaciones más preciadas estaba señalando, apuntaba hacia un destino promisorio que ya no era tan utópico como en sus primeros días, sino que avanzaba sobre los restos de la derruida democracia representativa, con la fuerza de la emancipación que día a día se iba gestando entre la revolución y su pueblo.

Chávez comprendió, con su prodigiosa capacidad de visualización más allá del horizonte y de la historia, que la evolución de movimiento de cuadros a partido político popular de alcance nacional, era el paso indispensable para impulsar en forma vigorosa y sostenida el modelo socialista bolivariano que con el cual la inmensa mayoría de las venezolanas y los venezolanos ya estaban más que comprometidos.

De manera casi simultánea con su nacimiento, el Partido Socialista Unido de Venezuela emprendía entonces el inmenso reto de enfrentar un proceso electoral de importancia trascendental, como lo eran las elecciones regionales para Gobernadores que estaban en puerta, en medio de la titánica tarea de hacerle llegar al pueblo los atributos y características de la nueva organización y la nueva propuesta de corte abiertamente socialista, elevando a la vez la credibilidad en los candidatos que postulaba en todo el país, para asegurar así el triunfo que era tan indispensable para la sobrevivencia de la nueva propuesta partidista, y, por supuesto, para la evolución y perdurabilidad del proyecto revolucionario.

El eslogan desarrollado por la incipiente Comisión Nacional de Propaganda del PSUV en aquel momento, recogía en una sola frase la dimensión del compromiso que asumíamos; “¡Vamos con Todo!” (que años después la írrita dirigencia opositora quiso robar para su entente antichavista).

Hoy, a una década exacta de aquel histórico acontecimiento en la vida política venezolana, el PSUV se activa de nuevo para un Congreso Ideológico de importancia excepcional, en el cual la participación directa del pueblo es probablemente el aspecto más relevante y significativo.

Exactamente igual al convulso periodo de su génesis, la derecha continúa arremetiendo contra el pueblo, tal vez con peor saña y mayor inmisericordia, y con la fuerza que nunca antes tuvo, al disponer hoy de un respaldo del Departamento de Estado norteamericano completamente descarado y sin el más mínimo respeto por el derecho internacional, que orquesta abierta e impúdicamente la criminal agresión internacional de la que es víctima nuestro país.

Frente a esa brutal arremetida, el presidente Nicolás Maduro ha dado pasos sustantivos en la lucha por impedir los estragos de la guerra sobre las venezolanas y los venezolanos. Quienes le acusan de “no hacer nada” para contener la especulación desatada por los sectores más usureros de la economía, así como por los delincuentes que juegan, nacional e internacionalmente, a la destrucción de nuestro sistema económico para sacar provecho político del sufrimiento del pueblo, dejan de lado el inmenso esfuerzo de organización en medio de la guerra que significan acciones contundentes de protección social como los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, que aseguran hoy la cobertura a más de seis millones de hogares (unos veinte millones de venezolanas y venezolanos) con una cesta de alimentos que ningún gobierno del mundo sería capaz de distribuir en medio de ninguna guerra, así como el Carnet de la Patria, que viene a resolver uno de los más perversos mecanismos de destrucción de un sistema económico cualquiera, como lo son los llamados “bachaqueros”, a quienes el Carnet de la Patria les representa un obstáculo de inviolabilidad en las políticas de subsidios directos que el Gobierno Bolivariano entrega hoy a la población a lo largo y ancho del país. Sin dejar de mencionar el Petro, como fórmula de evasión de las ilegales y criminales sanciones que hoy limitan la capacidad de pagos del Estado.

Pero los esfuerzos del Presidente Maduro no se limitan al ámbito del gobierno, sino que se apoyan en la acción de actores políticos de envergadura como la Asamblea Nacional Constituyente, en la batalla por garantizar la estabilidad a lo interno y la confiabilidad de Venezuela ante el mundo.

Por eso en su reunión con los más importantes empresarios e inversionistas durante su reciente gira por Turquía y otros países, tomó como instrumento de soporte en su intensa agenda de intercambios comerciales e industriales, la recién promulgada Ley de Promoción y Protección de la Inversión Extranjera, que la ANC tuvo a bien aprobar para facilitar la labor de recuperación económica del país en la cual está empeñado el Jefe del Estado. De ahí las Ocho Líneas de Acción Estratégica lanzadas por él este mismo mes como tareas impostergables a cumplir en esta nueva y exigente etapa de la Revolución.

Un momento excepcional de la historia, en el cual convergen de nuevo retos políticos de particular relevancia, como los que comprende el IV Congreso del PSUV en su apuesta por la construcción del poder popular desde las bases y sin alcabalas políticas de ningún tipo (tal como lo manda la doctrina chavista), y retos económicos de singular importancia que el país espera con la mayor ansiedad que terminen de concretarse en el bienestar que solo la Revolución Bolivariana puede ofrecerle al pueblo.

Congreso y Líneas Estratégicas deben ser entendidas, entonces, como un solo frente de batalla en función de un mismo destino, irrenunciable e inequívoco, como lo es el socialismo venezolano que Chávez nos legó, junto al logro de la independencia y la soberanía que hoy nos toca defender a toda costa junto a su hijo Nicolás y a la dirigencia revolucionaria que ha dado todo de sí misma para salvaguardar ese preciado sueño del pueblo de Simón Bolívar.

Se reafirma así el curso de una Revolución que vino para hacer justicia social y para quedarse por los siglos de los siglos en el alma de las venezolanas y los venezolanos.

@SoyAranguibel

Anuncios

Comunicación: la guerra que no debe dejarse de lado en función de lo económico

Por: Alberto Aranguibel B.

A partir de 1999 se inicia en Venezuela uno de los procesos políticos más importantes de toda su historia como República. El triunfo del comandante Hugo Chávez en las elecciones presidenciales apenas unos meses antes, fue solo el preámbulo para una nueva etapa política signada por el impulso de una concepción del Estado diametralmente opuesta a lo que el país conoció hasta entonces desde las esferas del poder, y que Chávez fundamentaba en una idea de justicia e igualdad social que los venezolanos anhelaron desde siempre sin alcanzar nunca el logro de aquella victoria definitiva a la que aspiraban.

Lo que hizo la derecha, tanto nacional como internacional, desde el momento mismo de aquel triunfo inicial de Chávez hasta el último día de su vida, fue llevar a cabo exactamente la misma lucha ancestral por la que se ha enfrentado desde sus orígenes la sociedad; la lucha de los ricos contra la igualdad social que encarna la avanzada Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que Chávez impulsó, primero para lograrla y que luego defendió para impedir que esa derecha, que tanto intentó destruirla, la secuestrara y la desfigurara.

No fueron nunca diferencias de parecer en cuanto a medidas económicas o políticas sociales de ningún tipo, ni desacuerdos sobre el mal o buen funcionamiento de la economía o los servicios públicos, lo que determinó la animadversión de los capitalistas contra el presidente Chávez sino un irracional temor de clase a la posibilidad de la emancipación del pueblo, ya no solo en el sentido material de la redención sino en la perspectiva política más peligrosa para las clases burguesas, como lo es la del establecimiento perdurable de la igualdad y la justicia social mediante una carta magna votada democráticamente.

Para los capitalistas el problema a enfrentar no era un gobierno de signo contrario electo por el pueblo, porque de ese podría salirse eventualmente mediante un nuevo proceso electoral que revirtiera la correlación de fuerzas. El problema era el carácter supra constitucional de una sociedad que reconociera al lumpen proletario, y cuyas decisiones tendrían siempre el valor de Ley suprema con vigencia plena e imperecedera a través de una Constitución popular.

La realidad actual venezolana está determinada fundamentalmente por el elevado valor que le otorgan los venezolanos a su Constitución, como herramienta de aseguramiento de la inclusión social. De ahí el carácter violento al que ha apelado en todo momento la oposición para intentar exterminar el proceso revolucionario. La imposibilidad de desmontar por la vía legal esas conquistas populares alcanzadas con la Constitución del ’99 (dado que los derechos no tienen carácter regresivo), obliga a la derecha a posicionar como “dictadura” al gobierno revolucionario, en la suposición de que ello les permitiría, en un eventual asalto suyo al poder, derogar sin problemas el estamento jurídico vigente y lograr, por vía de facto, la reinstauración del viejo modelo neoliberal sin correr el riesgo que le representaría enfrentarse a una consulta electoral democrática.

El error más grave de la derecha (tanto nacional como internacional) fue intentar sustituir esa realidad histórica de la inmensa movilización popular en favor de su revolución, al inexistente escenario de una supuesta rebelión nacional contra un “dictador desquiciado y solitario”, cuando en verdad de lo que se ha tratado siempre es de la lucha de millones de venezolanas y venezolanos contra los deseos de rapiña de una élite que se escuda en una decena de exiguos partidos políticos, más cuantiosos en la cantidad de siglas de sus nombres que en la cantidad de gente que los respalda.

Nicolás Maduro así lo ha entendido, y de ahí la razón del por qué da el paso crucial de entregarle el poder al pueblo, para que sea éste quien asuma la responsabilidad de definir en los términos claros e inequívocos de los que solo es capaz el pueblo, quién tiene o no el derecho a decidir y a usufructuar el bienestar que pueda derivar de ese valioso recurso nacional que es petróleo.

La confrontación no es, pues, ni ha sido nunca, entre los venezolanos y su presidente, como ha querido posicionarlo la derecha en el mundo, sino que se trata de la lucha de un pueblo que construye y defiende su Revolución contra una famélica oligarquía, obtusa y retardataria, que se niega a aceptar ser desplazada definitivamente del control de nuestras riquezas. El objetivo de esa derecha es el de sacar al pueblo de la ecuación política intentando convencerlo de que es un simple espectador de la realidad, como lo fue en el pasado. Por eso su discurso es esencialmente “antimadurista”.

Y de ahí la importancia de considerar prioritario el tema comunicacional, que en la revolución es eternamente relegado a las acciones secundarias (detrás de las proselitistas o estrictamente políticas o, en el mejor de los casos, reducido exclusivamente al espacio de los medios noticiosos o de opinión) para que empiece definitivamente a ser tratado como factor determinante de todos y cada uno de los procesos involucrados en la transformación social que se propone la revolución.

En esos términos lo propuso el Comandante Chávez en lo que con toda seguridad (aún sin ser la idea más elaborada en ese momento) era la materia más relevante considerada por él en el “golpe de timón”, pero que para muchos no pasó de ser la reflexión accesoria de aquella importante disertación ideológica del líder supremo. Mientras la mayoría refirió el mítico tema del golpe de timón a las tareas pendientes en el plano de la reforma del Estado, Chávez estaba enfocado en la urgencia de la formación del individuo para hacer comprensible la necesidad de internalizar en el alma del pueblo el compromiso revolucionario y que el proceso no se quedara en la simple satisfacción del logro materialista del proyecto. Él sabía que la vieja cultura adeca del clientelismo y la lógica capitalista del consumismo voraz que hacía estragos entre los venezolanos, eran enemigas de primer orden en la batalla, porque de ellas brotaban los vicios y distorsiones éticas que ponían en riesgo la sustentabilidad y perdurabilidad de la revolución.

Se trata de los pasos que hemos venido dando, por eso hablamos del tránsito, transición, etapa. Nada de esto existía en Venezuela y nada de esto existiría en Venezuela si se impusiera el capitalismo, que nos convertiría de nuevo en la colonia que éramos. Por eso la revolución política es previa a la económica. Siempre tiene que ser así: primero revolución política, liberación política y luego viene la revolución económica. Hay que mantener la liberación política, y de allí la batalla política que es permanente; la batalla cultural, la batalla social […] Por eso el socialismo en el siglo XXI que aquí resurgió como de entre los muertos es algo novedoso; tiene que ser verdaderamente nuevo. Y una de las cosas esencialmente nuevas en nuestro modelo es su carácter democrático, una nueva hegemonía democrática, y eso nos obliga a nosotros no a imponer, sino a convencer, y de allí lo que estábamos hablando, el tema mediático, el tema comunicacional, el tema de los argumentos, el tema de que estas cosas sean, lo que estamos presentando hoy, por ejemplo, que lo perciba el país todo; cómo lograrlo, cómo hacerlo. El cambio cultural. Todo esto tiene que ir impactando en ese nivel cultural que es vital para el proceso revolucionario, para la construcción de la democracia socialista del siglo XXI en Venezuela.” (Golpe de timón – octubre de 2012)

En esos términos de profundización efectiva del carácter participativo y protagónico del pueblo en que lo ha colocado hoy el Presidente Maduro, siguiendo la más pura lógica del pensamiento chavista, debe colocarse entonces la acción política del proceso en esta etapa tan decisiva para el proyecto revolucionario.

Si algo ha quedado claro luego de cinco años y medio de violencia política, distorsiones económicas, institucionalización de la ineficiencia en el Estado, y resquebrajamiento moral de buena parte de la población venezolana, es cuánta razón tenía el Comandante en su alerta sobre el peligro de la influencia perniciosa del medio de comunicación sobre nuestra sociedad.

Como lo ha demostrado con perfecta claridad la profesora Pascualina Curcio, el origen de los males que padece hoy la economía nacional es eminentemente político. De ahí que lo mediático haya sido en todo momento el factor determinador por excelencia.

En ningún momento debemos dejarlo de lado.

@SoyAranguibel

Aranguibel: La agresión de EEUU contra Venezuela es una agresión contra el mundo

Cuando la mentira desborda las fronteras

Por: Alberto Aranguibel B.

“Escoge la versión que te parezca más creíble y quédate con ella, pues en esto tienes razón; el mundo es un infierno”
Rashomon

Un tuit difundido esta semana por el Alcalde de Recoleta, Chile, alertaba sobre la incongruencia más recurrente por estos días en las redes sociales, referida a la doble moral de aquellos que atacan día y noche a Venezuela por una supuesta crisis humanitaria que causaría la Revolución Bolivariana en el país, mientras se hacen los desentendidos con las atrocidades de las que sí son víctimas en verdad millares de latinoamericanos en Colombia, México, Honduras, y en otras partes del mundo, como Yemén o Siria, donde las fuerzas del ejército norteamericano actúan sin piedad alguna contra los pueblos.

“México: 130 políticos asesinados, entre ellos 40 candidatos, y se roban 10 mil boletas electorales. 90 muertos por día y más de 70 periodistas muertos en un año, pero la Unión Europea sanciona a Venezuela…” dice el texto del alcalde.

Casi todos los comentarios que le hacen a ese tuit son para acusarlo de miserable, de ignorante, de vendido. De comunista, pues, que con ese planteamiento estaría avalando una dictadura cruel y despiadada. Asombra que todos, sin excepción alguna, justifican la masacre contra el pueblo mexicano porque, según ellos, no es llevada a cabo por una dictadura sino por una democracia resplandeciente.

Todos han sido víctimas del fingimiento con el que la oposición se ha presentado ante el mundo a través de un medio de comunicación al servicio del imperio norteamericano que hace cada vez más dinero con sus titulares contra Venezuela. Es gente obnubilada que no quiere creer en ninguna verdad que no sea la que le dicen los titulares de esos medios, sin necesidad de exigir nunca pruebas que demuestren los infundios contra una nación que solo ha exportado desde siempre solidaridad y cooperación hacia esos pueblos hermanos de donde son oriundos la mayoría de esos tuiteros.

El fingimiento es quizás el recurso más utilizado por la oposición venezolana para tratar de imponer en el mundo la falsa verdad de su discurso contrarrevolucionario. La supuesta opresión del gobierno contra el pueblo, de la cual ha hablado a lo largo de todo el proceso revolucionario, no ha existido jamás sino en sus envenenados cerebros, llenos de odio contra todo lo que tenga que ver con Chávez, por lo cual han tenido que apelar casi siempre a técnicas de maquillaje para aparentar ese sufrimiento que le venden al mundo a través de titulares escandalosos que la gran prensa nacional e internacional pone a su orden para favorecer la instalación de la mentira como verdad.

Los actores de ese montaje no forman parte del pueblo que dicen defender. Ese pueblo ha dicho persistentemente a lo largo de casi un cuarto de siglo que está comprometido con el proyecto de justicia y de igualdad social que comprende el socialismo chavista que la revolución ha puesto en marcha en el país, y por eso se le deja de lado en esa farsa que pretende construir la realidad del país desde los estudios de televisión y las pasarelas de la moda.

Sus actores son siempre hermosos fenotipos de la clase oligarca que pretende el derrocamiento de esa revolución. Artistas famosos del espectáculo, del mundo del disco y de la industria cinematográfica, a quienes, a falta de gráficas reales que prueben sus infundios, se les pone un cartelito de S.O.S. sobre el pecho, o se les maquilla como víctimas de la opresión embadurnándolos en hollín y betún perfumados.

Antiguas reinas de belleza son incluidas en la nómina del “talento” contratado por los laboratorios asignados a esa tarea de fabricación de la realidad virtual con la que tiene que presentarse la derecha ante el mundo. Pero su condición de clase les juega siempre la mala pasada de negarse a desprenderse de la corona a la hora de la sesión fotográfica y, así como les sucede a los adonis que contratan como modelos para esas campañas, les resulta imposible ocultar su desprecio al verdadero pueblo, al que jamás contratarán para ninguna de esas sesiones, porque para ellos el pobre solo debe servir como sujeto discursivo; jamás como auténtico componente de su clase social.

IMG_1722.JPG

IMG_1734.JPG

Con técnicas de maquillaje utilizadas por el ejército israelí en el fingimiento de las supuestas agresiones con las que justifican sus atrocidades contra el pueblo palestino, la derecha venezolana ha intentado recrear ese horrible sufrimiento de ficción con el que nutren la guerra mediática contra el pueblo venezolano, desconociendo la verdadera realidad de apremio que padece hoy la población como consecuencia del ataque despiadado por parte de esos mismos sectores del gran capital que han desatado su furia contra el pueblo a través de una inflación inducida que hace estragos en las posibilidades de alimentación y que pone en riesgo hasta la vida misma de la gente en el país.

IMG_1708.JPG

IMG_1721.PNG

Desconocer esa cruda realidad por la que atraviesa el pueblo para intentar sacar provecho político mediante campañas que solo persiguen posicionar como dictadura al gobierno revolucionario, es una deformación que atenga contra las posibilidades de superación de la crisis y fomentan su prolongación en el tiempo, toda vez que con ese ocultamiento sistemático de la verdad se distrae inevitablemente la atención sobre los problemas, haciendo que el mundo se mueva en la dirección equivocada en cuanto al apoyo que debemos esperar de la comunidad internacional.

Cuando el mundo evalúa la situación venezolana lo hace desde la distancia y la desinformación, y eso, como es lógico, es perfectamente comprensible. El expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, así lo afirmaba recientemente en una declaración a la prensa: “Sobre Venezuela hay un prejuicio. La mayoría de la gente que opina sobre Venezuela desde Europa lo hace sin conocer la realidad ni saber lo que aquí ocurre. Hay un prejuicio instalado.”, dijo.

Lo deleznable es que esa desinformación sea el producto de una campaña de desvirtuación sistemática orquestada por sectores interesados en mantener a nuestra población en la zozobra del hambre y la miseria para alcanzar así el logro político que no han podido encontrar en las formas democráticas de lucha, simplemente por carecer de un liderazgo confiable y creíble, y porque su discurso no tiene resonancia alguna entre el pueblo.

Pero esa mentira instalada contra Venezuela tiene un efecto devastador mucho más allá de nuestras fronteras. Su daño pernicioso no se circunscribe a un ámbito territorial específico, porque la mentira no tiene fronteras. Si la realidad de un país es falseada, como se empecina en hacerlo la derecha contra Venezuela, aplicando técnicas avanzadas de guerra sicológica que llevan al ser humano a desconocer la verdad como fenómeno que expresa la constatabilidad de los acontecimientos, entonces la realidad de otros países es, por contraste, automáticamente violentada.

De manera instintiva, la gente que es víctima de esas campañas de desinformación será incapaz de apreciar las auténticas atrocidades cuando las tenga frente a sus ojos, pendiente como estará de aquellas que la prensa le ha señalado como verdaderas.

Países que son víctimas hoy de la más brutal agresión por parte del mismo imperio que ataca al pueblo venezolano con la intención de derrocar al gobierno legítimo del presidente Nicolás Maduro, no perciben la penuria y el sufrimiento inocultable de su propio pueblo porque la mediática de la derecha internacional les ha inoculado en lo más profundo de su siquis social que el país donde suceden esas atrocidades es Venezuela y ningún otro.

Son cada vez más los pueblos que padecen en este momento agresiones brutales como no se veían en el mundo contemporáneo más allá de las fronteras del Medio Oriente, donde los Estados Unidos arremete desde hace décadas con la misma furia invasora e interventora con la que lo hace hoy contra la soberanía y los derechos humanos. En ninguno de esos casos la reacción ha sido la aceptación de la clara evidencia que deja constancia de la culpabilidad del imperio en esos padecimientos con el solo hecho de su presencia en todas y cada una de las crisis de desestabilización, represión y sicariato paramilitarista que inundan la región.

No hay capacidad de reacción en esos pueblos en el sentido correcto, porque la interferencia de las grandes corporaciones de la comunicación, controladas por los mismos actores hegemónicos que generan esos sufrimientos, actúan para distraer la atención de la gente y ocultarle así su propia tragedia.

Solo que, en su caso, ellos podrán contar siempre con la solidaridad y el apoyo de la Revolución Bolivariana.

@SoyAranguibel

Controles que salvan

Por: Alberto Aranguibel B.

Por supuesto que hay una serie de factores eminentemente económicos que inciden en el incremento en los precios de toda clase de productos hoy en día en Venezuela. Pero un componente en particular debe ser considerado para resolver la locura de la inflación indetenible que agobia a los venezolanos y es el del necesario proceso de formación que necesita el comerciante para comprender el fenómeno en su total y correcta dimensión.

El capitalismo ha educado al comerciante desde hace siglos con la idea (insustancial e infundamentada) del bienestar y el progreso que supuestamente generaría el llamado “libre mercado”, convenciendo al actor esencial del proceso económico en creyente del derecho que bajo esa absurda premisa tendrían los capitales privados a hacer con sus inversiones y con sus negocios lo que les venga en gana.

Al Estado, además de diseñar y ejecutar las políticas económicas que rigen en el país, le corresponden la atribución y la responsabilidad de orientar correctamente a todos los actores económicos para que su participación en el proceso sea lo más armónica posible con el resto de la sociedad. Es decir; le corresponde la tarea de explicarle con claridad al comerciante que esa absurda idea capitalista del “libre mercado” solo genera un sinfín de desequilibrios al conjunto de la economía que indefectiblemente terminan en malestar para todos.

Prueba de ello es lo que ha sucedido en la economía venezolana desde que la vorágine especuladora empezó a incrementar los precios a diestra y siniestra a partir del fallecimiento del comandante Chávez, momento en el cual ellos pensaron que se acababa la era de los “controles que el comunismo imponía”. Dólar Today no fue causa sino consecuencia de esa vorágine.

Pensaron que hacían el negocio de sus vidas obteniendo ganancias inusitadas con el alza de precios. Pero hoy la realidad les dice de manera contundente que toda esa ilusión era completamente fantasiosa e inconveniente, incluso para ellos mismos. Por eso hoy nadie los acompaña en su exigencia al gobierno nacional por una liberación de precios por la que han luchado durante casi un cuarto de siglo. Porque la gente está obstinada de esa liberación de facto que le han impuesto los comerciantes a la economía elevando a diario e injustificadamente los precios.

El comerciante tiene que aprender que la forma de salvar su negocio no es elevando los precios, sino que la economía toda trabaje bajo un criterio común de regulación y de defensa de la estabilidad y la fortaleza del sistema.

Eso que ellos llaman “controles”. Y que es lo que el país entero pide a gritos.

@SoyAranguibel

Aranguibel con Mari Pili Hernández: Un nuevo texto Constitucional podría ser debatido en plenaria de la ANC próximamente

Caracas.- El comunicador y constituyente Alberto Aranguibel, sostuvo hoy en entrevista con la periodista Mari Pili Hernández en su programa “Sin Duda”, transmitido por Unión Radio, que es factible que una versión preliminar de un nuevo texto constitucional pudiera ser debatido en la plenaria de la Asamblea Nacional Constituyente durante las próximas semanas, porque lo que está previsto en ese ente plenipotenciario es una nueva fase de mayores debates. “Para ello la Comisión Constitucional que preside el Constituyente Herman Escarrá, ha venido trabajando intensivamente con las demás Comisiones, con la finalidad de tener listo lo antes posible un borrador del importante instrumento.”

Oiga aquí la entrevista completa:

¿Por qué hay gente que no cree en la perversidad del imperio?

Por: Alberto Aranguibel B.
(ilustración: Pandorco)

Un reciente estudio llevado a cabo por la empresa Hinterlaces, revela el significativo incremento en la cantidad de venezolanas y venezolanos que descartan la hipótesis de la guerra económica como causante de la crisis inflacionaria por la cual atraviesa el país. La investigación, que arroja que tres de cada cuatro venezolanos no cree hoy en la guerra económica, es de inmediato manipulada por el portal ultra derechista Noticiero Digital para acuñar que el gobierno ha fracasado en su comunicación con el pueblo: “Cuatro años después de una campaña diaria en los medios oficialistas para responsabilizar a la guerra económica de la crisis del país; después de innumerables declaraciones de altos voceros, incluyendo el presidente Nicolás Maduro; después de todo eso, solamente uno de cada cuatro venezolanos cree en la guerra económica como la principal causa de la crisis que vivimos.”

El brutal asedio económico del que ha sido víctima la economía nacional producto de la incesante campaña de un liderazgo opositor vendepatria y entreguista, que la gente ha visto con sus propios ojos cómo azuza a los factores más ultra reaccionarios del mundo para asfixiar las posibilidades de intercambio comercial de Venezuela, era hasta hace pocos días algo perfectamente claro e innegable para la inmensa mayoría del pueblo.

El arrasador triunfo de la propuesta revolucionaria en todos los procesos electorales convocados en menos de un año, da fe de la claridad con la que el pueblo entendió que el culpable de los padecimientos por los que atravesaba, no era otro que ese liderazgo de la derecha, que ha contado en todo momento con el respaldo del imperio norteamericano.

Pero, de la noche a la mañana, los titulares de la prensa cambiaron de protagonista de la noticia diaria referida a Venezuela, desplazando de sus primeras planas los temas que recurrentemente utiliza en contra de la revolución, para colocar en su lugar la hipótesis de la culpabilidad del gobierno en el incremento de los precios. Y con ello, se modificó la percepción de la realidad en buena parte de la población.

Desde el inicio mismo del mandato del presidente Nicolás Maduro, la prensa ha puesto y quitado de las primeras planas los temas por los cuales, según ella, debe preocuparse la población venezolana, más por un asunto de conveniencia para la guerra desatada abiertamente por la derecha contra la Revolución Bolivariana que por razones de veracidad noticiosa referidas al auténtico interés de la opinión pública.

Hoy la acusación contra el gobierno frente al tema de los precios es ubicada en posición predominante porque la lascivia amarillista de esa prensa mercenaria ha visto en el llamado que ha formulado el Jefe del Estado a la militancia revolucionaria para llevar a cabo un franco proceso de autocrítica que incluya la revisión y rectificación de las políticas públicas, una oportunidad excepcional para obtener un provecho político por mampuesto.

La manipulación permanente de los medios de comunicación para fabricar las matrices que le interesan a la derecha en su lucha contrarrevolucionaria, es un asunto de particular relevancia en la batalla que debe librar hoy el liderazgo revolucionario como parte del proceso de revisión al cual ha convocado el Presidente. En virtud de ello ese proceso debe ser asumido como un examen no solo de los aspectos políticos o de gestión gubernamental, sino muy fundamentalmente de lo que tiene que ver con el tema comunicacional, porque de la manipulación de la que es víctima el pueblo surgen casi siempre los demás problemas.

¿Está la población venezolana suficientemente preparada para comprender a cabalidad los fenómenos involucrados en la guerra, que van mucho más allá de lo económico y que tienen en el componente mediático un factor más que determinante?

Si, luego del intenso trabajo de consolidación política cumplido en esta fase tan crucial del proceso, dejásemos ahora en manos del medio de comunicación el esfuerzo de formación ideológica que evidentemente está haciendo falta, estaríamos cometiendo, ahí sí, el peor de los crímenes contra las venezolanas y los venezolanos.

Como contraofensiva a ese ataque que persigue descolocar a la militancia revolucionaria a través del poder de los medios de comunicación, hace falta, ahora más que nunca, discutir con las comunidades la doctrina hegemónica del imperio en toda su extensión.

Hay que debatir en asambleas populares todo cuanto ha hecho la oposición venezolana en el mundo para aislar la economía del país, y la manera en que esa acción apátrida atenta directamente contra la vida de las venezolanas y los venezolanos.

Dar a conocer, así mismo, el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, (PNAC, por sus siglas en inglés), que describe perfectamente el propósito de dominación imperialista de los EEUU para el siglo XXI, al frente del cual se encuentra la crema y nata de la clase política norteamericana del último cuarto de siglo, incluyendo a George Bush, George W. Bush, Bill Clinton, Barack Obama, y todos sus exministros del Departamento de Estado y de Guerra, y explicarle al país en detalle la forma en que cada uno de ellos actuó o sentó las bases de la guerra actual contra Venezuela.

Revisar y difundir detenidamente (no nada más con la metodología del informe periodístico o de campaña informativa, sino con el trabajo intensivo de formación y debate político con el pueblo) el documento “Golpe Final”, elaborado por el Comando Sur, en el que se explica con claridad el plan de desestabilización económica, social y política, que lleva a cabo ese brazo armado del imperio contra nuestro país.

Y, no menos importante, discutir con el pueblo la contundente revelación de la doctrina de la caotización inducida, de la cual somos víctimas, recogida en el libro The craft of intelligence (1963) donde el infame fundador de la CIA, Allen Dulles, pormenoriza su idea de lo que debiera hacer EEUU contra Rusia, y que hoy se aplica a cabalidad contra Venezuela.

Allen Dulles, quien se convirtiera en 1953 en el primer director civil de la CIA, fue el creador del modelo de derrocamiento de gobiernos no afectos a los EUU mediante operaciones secretas de espionaje y promoción de ingobernabilidad en esas naciones. Miembro de la llamada Operación 40,que reunía a finales de los 50’s lo más granado del anticomunismo norteamericano en el poder, logró recibir el más amplio respaldo que ningún funcionario del imperio haya recibido jamás de su gobierno para la desestabilización de países progresistas en el mundo. Con tal propósito Dulles emprendió la Operación MK Ultra, que incluía el desarrollo de sistemas de control mental de la sociedad dirigidos por Sidney Gottlieb. Promotor de las alianzas de la inteligencia gringa con la mafia y el anticastrismo, recae sobre él la responsabilidad en el derribamiento de Mohammed Mossadeg, en Irán (1953); de Jacobo Arbenz, en Guatemala (1954); y la Invasión de Bahía de Cochinos, en Cuba (1961).

En ese debate necesario se deben examinar ideas esenciales de ese libro de Dulles, como las siguientes:

“Sembrando el caos en la Unión Soviética, sustituiremos sus valores, sin que sea percibido, por otros falsos, y les obligaremos a creer en ellos. Encontraremos a nuestros aliados y correligionarios en la propia Rusia. Episodio tras episodio se va a representar por sus proporciones una grandiosa tragedia, la de la muerte del más irreductible pueblo de la tierra, la tragedia de la definitiva e irreversible extinción de su autoconciencia. De la literatura y el arte, por ejemplo, haremos desaparecer su carga social. Deshabituaremos a los artistas, les quitaremos las ganas de dedicarse al arte, a la investigación de los procesos que se desarrollan en el interior de la sociedad.

Literatura, cine, teatro, deberán reflejar y enaltecer los más bajos sentimientos humanos. Apoyaremos y encumbraremos por todos los medios a los denominados artistas, que comenzarán a sembrar e inculcar en la conciencia humana, el sadismo, la traición. En una palabra; cualquier tipo de inmoralidad.

En la dirección del Estado crearemos el caos y la confusión. De una manera imperceptible, pero activa y constante, propiciaremos el despotismo de los funcionarios, el soborno, la corrupción, la falta de principios. La honradez y la honestidad serán ridiculizadas, innecesarias y convertidas en un vestigio del pasado.

El descaro la insolencia, el engaño y la mentira, el alcoholismo, la drogadicción, el miedo irracional entre semejantes, la traición, el nacionalismo, la enemistad entre los pueblos y ante todo el odio al mismo pueblo ruso; todo esto es lo que vamos a cultivar hábilmente hasta que reviente como el capullo de una flor”.

Que no sea por culpa de una triste e injustificable omisión revolucionaria en la urgente tarea del reforzamiento de la conciencia popular, que el pueblo no sepa reconocer con precisión a su verdadero enemigo en esta hora tan crucial para la Patria.

 

@SoyAranguibel

El sanguinario negocio del “Destino Manifiesto”

Por: Alberto Aranguibel B.

“Nunca interferiré en el derecho del pueblo a portar armas”
Donald Trump

El imperio norteamericano es sumamente precavido. Jamás ha invadido una nación poderosa, o que cuente con un ejército importante no solo en términos de su arrojo sino en cuanto a su dimensión.

Por lo general, sus maniobras de asalto se llevan a cabo durante la madrugada, como en Panamá, en Irak, en Libia, en Honduras, o en Siria. Nunca a plena luz del día ni a cielo abierto, como fueron planificadas por los grandes generales las guerras importantes de la historia. Como Austerlitz, cuyas acciones de combate dieron inicio a las 8 en punto de la mañana. Ni un minuto antes.

O incluso la ya legendaria guerra anglo-zanzibariana, que borró del mapa a aquella pequeña nación del África Oriental, sobre la cual los historiadores todavía no se ponen de acuerdo acerca de si se inició a las 9:00 en punto de la mañana, o a las 9:02 minutos de aquel 27 de agosto de 1896.

Atacar durante la madrugada no tiene ninguna justificación, al menos desde un punto de vista estrictamente estratégico militar, que no sea la cobardía.

Cobardía no por el muy comprensible “culillo” que genera la inminencia de toda aquella confrontación de la cual pudiera resultar la muerte, hay que decirlo, sino en el sentido más perverso de la crueldad humana de todo el que planifica con la más desalmada frialdad la muerte del prójimo al que procura cercenarle la vida sin permitirle siquiera la oportunidad de defenderse.

Por eso, por su sed de muerte sin riesgo alguno para los suyos, es que el imperio ataca de madrugada. Procurando, además, que la nación a atacar sea siempre un país pequeño, con escasa o ninguna población armada, y con los más exiguos recursos financieros a los que pueda apelar para apertrecharse debidamente frente a la agresión.

Nunca se ha visto, ni se verá seguramente, al imperio norteamericano atacando individualmente a ninguna gran potencia, del signo que sea, de manera frontal. El rebuscado e ilegal recurso de la “sanción económica” al que apela ahora contra sus enemigos, no es sino una vulgar técnica de captación de solidaridad entre las naciones, para convertir así al mundo en enemigo de sus enemigos y hacer con él causa común en el eventual asalto armado contra los pueblos a los que amenaza.

De ahí su empeño en mantener activo a como dé lugar, ese abominable e injustificado esperpento bélico que es la OTAN, usado por Estados Unidos como fachada para esconder sus atrocidades tras el sofisma de “operaciones armadas de la comunidad internacional en pro de la liberación de los pueblos”.

Sus “triunfos” no son, pues, los de los épicos gladiadores romanos que construían su gloria arriesgando la vida en cada combate cuerpo a cuerpo. Ni los de los Libertadores que nos legaron la independencia del Imperio español a costa de sufrir a lo largo de todo el Continente las peores calamidades que ser humano pueda padecer.

No. Sus glorias son las de la arrogancia imperial que desprecia toda forma de vida que no sea la de su élite dominante y todopoderosa. Que se jacta de aplastar con sus tanques y arrasar con sus bombas “solo matagente”, pueblos, naciones y civilizaciones enteras incluso, en pro de una causa imprecisa y etérea que jamás ha sido debatida con ningún pueblo arrasado, sino que le ha sido impuesta como castigo supremo; que no acepta ni discusión ni se somete a condiciones de ninguna naturaleza. La causa de la “seguridad nacional de los EEUU” con la cual el imperio castiga al mundo desde hace ya más de dos siglos.

De esa épica del asalto y la destrucción de países pequeños contra los cuales se envalentona, ha surgido su portento industrial y comercial, casi todo engendrado con la sangre de millones de seres humanos asesinados en las más sanguinarias operaciones genocidas que recuerde la historia contemporánea.

Timor Oriental, Camboya, Las Filipinas, Haití, Nicaragua, Panamá, República Dominicana, Corea, Vietnam, Omán, Afganistán, Grenada, Somalia, Bosnia Herzegovina, Irak, Pakistán, Yemen, Sudán, son solo algunos de esos pequeños países cobardemente asaltados en algún momento sin la menor contemplación por el arrogante imperio norteamericano. Pero son incontables las naciones que, sin ser sometidas, en principio, por medio de las armas, han sido sin embargo agredidas de la manera brutal en que lo hace también con el chantaje económico y la presión política, orientado siempre por el mismo beneficio económico que sus operaciones armadas de saqueo internacional le deparan.

Es incontable la lista de grandes emporios empresariales norteamericanos que se han beneficiado y alcanzado su mayor auge a partir de los contratos con el ejército de los EEUU. Desde la fabricante de motocicletas Harley Davidson, hasta la poderosa fabricante de misiles Lockheed Martin, la Exxon Mobil, Standard Oil, Halliburton, pasando por la no menos prestigiosa Bausch and Lomb, (creadora de los lentes Ray-Ban que tanto identifican al militar de los EEUU), ensambladoras de vehículos y fábricas de autopartes, el parque industrial norteamericano desarrollado gracias a la guerra, además del armamentista, probablemente el más grande del mundo y de la historia, es infinito.

Si a ello se añade el inmenso negocio que le ha deparado a los productores y fabricantes de alimentos, bebidas, chocolates, cigarrillos, ropa de todo tipo, artículos (desde maquillaje, hasta tiendas de campaña) equipos de telecomunicaciones, industria satelital, y de investigación científica, se podrá tener una clara noción de la dependencia que ha tenido y tiene hoy en día los Estados Unidos de la guerra.

Una guerra que debe que ser llevada a cabo en la oscuridad para poder sorprender en la mayor indefensión al atacado y lograr asesinarlo “limpiamente” sin las bajas que el sanguinario ejército atacante pueda sufrir, lo que le permite evitar el repudio de su propia sociedad, que es la que, en definitiva, aprueba o desaprueba las cuantiosas sumas que son destinadas a la industria militar del cual depende el poderío del imperio.

Las armas en los Estados Unidos son un factor esencial para la libertad individual de las personas, más que ningún otro elemento moral o material, porque las élites que han gobernado esa nación desde sus orígenes encontraron que el culto de la gente hacia las armas era el medio expedito para subordinar a la población a la idea de la supremacía a toda costa que ordenaba la lógica de “Destino Manifiesto”, autoimpuesta por esas élites desde mucho antes de creada la nación. Incluso desde mucho antes de nacer el periodista John O’Sullivan, a quien se le atribuye la primera mención escrita de la idea.

Elevar a rango Constitucional, como lo ha hecho Estados Unidos en su Segunda Enmienda, la lógica del poder que transmite la facultad personal de decidir por encima de toda ley la vida de los demás, ha sido la forma de conseguirle apoyo popular a esa vocación genocida que ha movido desde siempre al imperio.

Hoy ningún norteamericano acepta como razonable la posibilidad de que su derecho a portar armas sea controlado por el Estado. Lo que constituye un verdadero “Blowback” (palabra norteamericana para denominar lo que en español se conoce como “tiro por la culata”) para esa misma élite imperialista que, guiada por el afán de la guerra no midió nunca las consecuencias de su demencial apuesta por la admiración a la lógica de las armas y de la muerte.

En virtud de ese excepcional derecho a la supremacía que ellas otorgan, cualquier político que se atreva a cuestionar siquiera el libre porte de armas en esa nación, será irremediablemente execrado por la sociedad. Por el contrario, quien lo refuerce y lo promueva, tendrá siempre abiertas las puertas del poder.

De esa forma, el “Destino Manifiesto”, antes que la expansión norteamericana bajo el signo libertador que soñaron los imperialistas, terminó siendo apenas el inmenso territorio del regocijo con la muerte del prójimo, al que sus Padres Creadores los condujeron con su desquiciada fantasía de la dominación planetaria que coronaría su grandeza.

No le ha quedado a ese vetusto y decadente imperio ninguna otra cosa que hacer dinero con esa bochornosa fantasía. Por eso no le importan en lo absoluto los millones de seres humanos que mueren bajo las armas, ni los pavorosos padecimientos que ocasionan a los pueblos que con ellas son arrasados.

Por eso es cada vez más repudiado por el mundo.

Por eso, más temprano que tarde, ese imperio de la muerte se vendrá abajo.

@SoyAranguibel    

Venezuela: Percepción vs realidad

Por: Alberto Aranguibel B.

“Mire, hay un prejuicio instalado… hay un prejuicio instalado”
José Luis Rodríguez Zapatero
(sobre la imagen de Venezuela en la Unión Europea)

Muestra irrefutable del férreo control ejercido por el gobierno de los Estados Unidos sobre los gobiernos del continente que se plegaron al mandato del imperio en la 48va Asamblea General de la Organización de Estados Americanos, llevada a cabo la semana pasada en Washington, fue sin lugar a dudas la perfecta sincronía en el discurso de los cancilleres ultraderechistas que respaldaron esa pretendida emboscada en la que se intentó atrapar a Venezuela con una ridícula resolución, infundada e infamante, abiertamente contraria al espíritu y esencia del Derecho internacional, e innegablemente violatoria de la letra de la Carta fundacional del propio organismo.

Sincronía que quedó en evidencia no solo en la tozudez de cada uno de los reaccionarios que ahí se aliaron con el único infame propósito de mancillar la soberanía de la Patria de Simón Bolívar, sino en la terminología, los giros retóricos y hasta en el preciosismo melodramático utilizados para expresar su repulsa al derecho de nuestro pueblo a la libre determinación.

Ninguno de ellos habló con un discurso propio. Ninguno intentó matizar siquiera la bochornosa posición injerencista que respaldaban, con los extensos recursos que la oratoria diplomática ofrece para enmascarar con un cierto viso de independencia, o imparcialidad al menos, de criterio, la inmoralidad que protagonizaban.

Todos, sin excepción, hablaron de la “agravación de la crisis política en Venezuela” y de la consecuente “situación de dificultades económica, social y de carácter humanitaria”, que resultaría de la primera, es decir; de la supuesta crisis política, para lo cual fue presentada en el foro una única propuesta, a saber; “la convocatoria a nuevas elecciones”, tal como apunta la infame resolución.

Una falsedad que se apoya en la serie de hechos violentos acaecidos hace más de un año en Venezuela, y de los cuales el país ha ido saliendo con un gran esfuerzo del gobierno constitucional del presidente Nicolás Maduro, pese a la brutal arremetida económica del imperio norteamericano contra nuestro pueblo. En ninguna parte de la teoría política o del derecho internacional consuetudinario se considera crisis a la imposibilidad opositora de alcanzar, por su propia ineptitud, el poder.

La difícil situación por la que atraviesa hoy el pueblo venezolano no es de ninguna manera política ni amerita elección o cambio de gobierno, sino que obedece a un plan de cerco económico que busca paralizar el funcionamiento del Estado para provocar su derrocamiento, tal como ha sido confesado abiertamente en infinidad de declaraciones por altos funcionarios del gobierno norteamericano.

Fue esa la razón del estallido social buscado en 2017 por la derecha, que, al igual que hoy, no perseguía soluciones sino hacerse del poder apoyándose en una campaña comunicacional internacional que posicionara la confrontación como un Apocalipsis.

El objetivo de aquella violencia no era otro que el de la construcción de un perfil mediático que presentara a Venezuela ante los ojos del mundo como un país sumido en el caos y la ingobernabilidad, para de esa forma provocar la aceptación internacional de un inevitable cambio de gobierno, sin importar cuán inconstitucional fuese la salida.

El plan tenía la finalidad de sobredimensionar una cantidad de grupos de bandoleros a sueldo que generaban conflictos en apenas unos quince municipios de los trescientos treinta y cinco existentes en el país, razón por la cual el apoyo de los medios de comunicación era mucho más importante para esa derecha desvencijada que la misma búsqueda del respaldo entre los electores. El objetivo era la creación de una percepción de guerra fuera de control que hiciera indispensable una intervención extranjera.

Lo que siempre fue una clara e inequívoca muestra de incapacidad política de la oposición, fue presentado por los medios internacionales como la batalla gloriosa de una supuesta sociedad civil (que no escatimó en derroches melodramáticos para victimizarse frente al mundo) mientras que el gobierno, que daba pasos cada vez más consistentes en el logro de la paz, en la consolidación de su fuerza electoral; en la conquista de casi todos los cargos de representación popular a través del voto; en la indetenible elevación de la estatura política de un líder que se ha ganado el respeto de todo un pueblo a punta de abnegación y entrega a su compromiso con el proyecto revolucionario chavista, que se ha crecido ante los ojos del mundo como un estadista de coraje que ha sabido darle la más dura batalla que ha debido enfrentar el imperio más poderoso de la tierra, era persistentemente presentado como toda una abominación dictatorial.

Luego de superada aquella horrible etapa de la violencia fascista que la derecha desató contra el pueblo, el país está encaminado hoy hacia su recuperación económica definitiva gracias precisamente a la persistencia de los venezolanos y las venezolanas en su apego a la paz y a la democracia.

Por eso el empeño de la derecha internacional en seguir presentando a Venezuela al borde del estallido social producto de una supuesta confrontación política, no es sino una aberración más, fraguada meticulosamente desde el Departamento de Estado norteamericano y mantenida por esos medios de comunicación especialistas en el falseamiento de la realidad como un hecho todavía vigente.

Recuperar la estabilidad del país para retomar la senda del bienestar económico que la revolución bolivariana le ha brindado a los venezolanos, ha requerido de un excepcional esfuerzo político que pasa, en primer lugar, por el llamado a elegir una poderosa Asamblea Nacional Constituyente. Por la renovación, también en forma perfectamente democrática, de todas las autoridades regionales y locales del poder público. Por el combate frontal que el gobierno le ha declarado a la corrupción. Por la lucha infatigable por proteger al pueblo con acciones y programas creados para paliar los estragos de la guerra económica. Por la persistencia en la búsqueda del diálogo con todos los sectores de la vida nacional (iglesia, partidos políticos, empresariado nacional, entre otros) para construir soluciones a la crisis. E incluso por el otorgamiento de beneficios procesales a los privados de libertad por los delitos que tanta angustia y dolor le causaron al país durante las fatídicas jornadas terroristas de aquella etapa violenta que, gracias a todo ese esfuerzo de pacificación, ya hoy podemos considerar superada.

Si algún organismo internacional quisiera ayudar a solventar la crisis económica, que ciertamente padece hoy el país como consecuencia de esas distorsiones promovidas por el imperio norteamericano, tendría que empezar por reconocerle a las venezolanas y los venezolanos la admirable gesta que implica haberse salvado, con su lealtad a la paz y a la democracia, de la guerra.

Tendría que sumar voluntades para promover el levantamiento del criminal bloqueo económico declarado arbitrariamente por los Estados Unidos contra nuestro pueblo y permitir que Venezuela retome el flujo de sus relaciones de intercambio comercial con el mundo, para satisfacer así la demanda de insumos, repuestos, maquinaria y productos de la cesta básica, indispensables para buen funcionamiento del Estado y el normal desarrollo de nuestra economía.

No es intentando revitalizar a una oposición fracasada (alentándola a subvertir de nuevo el orden constitucional a partir de una percepción anclada en un pasado que ya no existe) como se puede ayudar hoy al pueblo venezolano a retomar la senda del bienestar y del progreso.

Persistir en esa infundada matriz mediática de la “crisis política insalvable” que habría en el país, cuando ha quedado perfectamente clara la disposición mayoritaria del pueblo a construir su bienestar en paz, es solo una nueva crueldad contra esa Venezuela que con tanto sacrificio ha luchado por dejar atrás el horror de aquella cruel e innecesaria violencia.

La lucha hoy, como lo ha dicho el presidente Maduro, es por la recuperación económica. No por regresar a la locura de la confrontación fratricida entre venezolanas y venezolanos.

@SoyAranguibel

¿Por qué el capitalismo no impidió la caída de Mariano Rajoy?

Por: Alberto Aranguibel B.

Porque Rajoy no era un presidente del capitalismo, sino un simple capitalista presidente. Un peón más del sistema, que apostó a las reglas del perverso modelo del capital, que dictan, entre muchas otras aberraciones que el capitalismo asume como filosofía, que en el juego del dinero ganará siempre el más competitivo. Es decir; aquel que tenga mayor capacidad de aplastar con su poder financiero a los competidores.

El capitalismo no es presidido por nadie en el mundo. Ni siquiera el más poderoso presidente capitalista del planeta, como lo es el de los Estados Unidos de Norteamérica, puede arrogarse la facultad de ser él, en sí mismo, el rector (o el ideólogo) por excelencia de un modelo que no acepta rectoría alguna que no sea la del capital.

Por eso la caída de Rajoy no es de ninguna manera la caída del capitalismo. Como no lo fueron en su momento; la defenestración política de Silvio Berlusconi en Italia; la destitución y posterior encarcelamiento de Dominique Strauss-Kahn del Fondo Monetario internacional; o de Pedro Pablo Kuczysnski en Perú, a pesar de ser (cada uno en su espacio y su coyuntura particular) iconos indiscutibles del capitalismo.

Incluso existen quienes opinan que, por el contrario, el capitalismo se fortalecería con la caída dentro del Estado capitalista (monárquico, en el caso de España) de al menos un importante exponente de la doctrina del capital cada cierto tiempo, porque ello patentizaría una supuesta capacidad de autorregulación del modelo de libertades que el capitalismo vende al mundo como propias.

Esa lógica del fingido autocontrol explica con perfecta claridad por qué razón el expresidente del parlamento brasileño, Eduardo Cunha, principal promotor del fementido golpe asestado por la derecha de ese país a la presidenta constitucional, Dilma Rouseff, es finalmente llevado a la cárcel apenas dos años después de aquel asalto, con una condena de veinticuatro años de presidio por aceptación de sobornos de la empresa Petrobras y lavado de dinero, entre otros delitos, siendo que su infundada acusación contra la depuesta presidenta se refería precisamente a hechos de corrupción que, en el caso de Rouseff, jamás fueron probados.

En España, Gürtel, la empresa que detona la salida de Mariano Rajoy del poder, es el equivalente a Odebrech y Petrobras en Latinoamérica. Corporaciones todas que se han erigido en líderes de sus respectivos mercados, a partir del mismo principio del desarrollo corporativo determinado por la destreza y alcance de su tren ejecutivo para distribuir dinero entre los funcionarios del Estado en forma de jugosas “comisiones” para hacerse de grandes contratos.

La “comisión” no es delito en el capitalismo. De hecho, es la base de ese modelo, que sobrevive precisamente por el soporte “estratégico” que ella le da a la forma de expansión del capital que mejor resultados le ha ofrecido a la empresa privada a lo largo de la historia.

La “comisión” es en esencia una forma muy rentable de hacer negocios (la más aceptada y extendida como modalidad mercadotécnica en la empresa privada de cualquier tipo en el mundo entero), porque el dinero invertido en comisiones no es capital que pierde o deja de ganar de ninguna manera la empresa, sino que, a la vez que ella va creciendo, es trasladado directamente al consumidor a través de mecanismos de especulación y de usura en el precio final de venta de sus productos ideados y desarrollados por ella misma.

Llega a ser tan conveniente la práctica de la compra de funcionarios del Estado en el capitalismo, que la caída de un importante aliado de negocios (como un presidente español, o uno peruano, por ejemplo) antes que un sacrificio, termina por ser un negocio muy lucrativo en términos de rentabilidad política, porque le permite al capitalismo poder presentarse como un modelo democrático en el que los mandatarios no estarían nunca colocados por encima del poder de las Leyes.

Un gobierno capitalista como el de Mariano Rajoy, enfrentado a la titánica tarea de intentar exterminar a una revolución de profundo arraigo popular como la bolivariana, tal como le fue específicamente encomendado por los más altos estamentos del capitalismo occidental, y enfrentado a la vez en su propio país al repudio masivo de su pueblo por la brutal agresión a la democracia que significa cercenar el derecho al voto, la cruel represión a las protestas contra las hambreadoras políticas neoliberales, el atentado contra la vida que representan los crecientes índices de desempleo, hambre y miseria en España, además de la prostitución de la política a la que lo llevó la corrupción (todo lo cual destruía todos y cada uno de los argumentos que ese gobierno ha esgrimido contra la revolución chavista para provocar su derrumbe, sin lograrlo), no tenía de ninguna manera difícil que la balanza capitalista se inclinara a favor de salir a como diera lugar de ese ya impresentable vocero que tan mal paradas estaba dejando las muy relativas cualidades de su modelo frente a la opinión pública de todo el planeta.

Si las atroces perversiones que la socio-política le ha atribuido ancestralmente a los regímenes dictatoriales, terminan siendo los rasgos que definen de manera más exacta e inequívoca a los gobiernos capitalistas que debieran ser ejemplos de apego a la norma democrática, pero que, además de no ser para nada ejemplos de tal carácter democrático, dejan al descubierto la corrosión ética a la que llegaron a partir de cierto momento los bandidos del Partido Popular español, cuyo afán por la prevaricación traspasó los linderos del desenfreno, entonces el problema de cargar con lastres como Rajoy es mucho más grave que la lesión que pudiera causarle a la imagen del capitalismo la impostura o el exceso en el empeño de éste por hacerse de grandes fortunas birladas al erario público.

El problema para el capitalismo es que, en la medida en que se expanden esos grandes negociados de las corporaciones que medran en el Estado a costa de coimas, comisiones, y corruptelas de todo tipo con el inmoral funcionariado que va encontrando a su paso como aliado natural de clase, es decir; con los capitalistas infiltrados dentro del Estado, los líderes anti capitalistas (léase; Luiz Inacio Lula Da Silva, Rafael Correa, Cristina Fernández, o Nicolás Maduro) van a ir quedando cada vez más en evidencia ante el mundo como auténticos demócratas, a quienes los pueblos siguen con la más entera devoción principalmente por su solvencia ética, su rectitud y su honorabilidad en el manejo de los dineros públicos.

Dado que la plutocracia, el gobierno de los ricos, carece de un sustrato ideológico que le imprima sustentabilidad social (porque jamás las élites oligarcas han sido más numerosas que las clases desposeídas), todo riesgo de afectación a su imagen es por demás innecesario.

Pero, cuando el capitalismo entra en una fase de franco declive, como en la actualidad, y ciertamente su sostenibilidad es cada vez más precaria en virtud de la inédita proliferación de modelos alternativos (que van desde el poderoso modelo chino de economía mixta, el ruso de producción independiente altamente tecnificada, el iraní o el revolucionario venezolano de participación popular protagónica, entre otros) entonces la solidaridad automática con un personaje perfectamente prescindible como Mariano Rajoy se torna en amenaza.

Rajoy, como ningún presidente capitalista, no puede hundir por sí mismo al capitalismo. Pero, si el capitalismo ya se está hundiendo, es obvio que una carga muerta como la que él representa puede acelerar su inexorable naufragio. Algo que el capitalismo no está dispuesto a aceptar, por ahora, sin tomar al menos las correspondientes medidas de profilaxis a lo interno de su ya maltrecho y herrumbroso sistema.

A la larga, se cumple en la práctica lo que una franquista oligofrénica vocifera por estos días en un delirante audio que circula por las redes sociales, cuando advierte histérica que no cree que el causante del exterminio político de Rajoy sea Pedro Sánchez (a quien califica de “berzas, tonto útil”), sino Nicolás Maduro.

Lo que no quieren que veamos –dice- es cómo Maduro va entrando y se va poniendo en el sillón […] Qué corrupción de Rajoy ni que nada; la corrupción está en que Maduro se está metiendo en España.

Quizás la desquiciada española no esté tan loca como su demencial relato la presenta. Lo que dice es exactamente lo mismo que con toda seguridad pensó el capitalismo cuando sin la menor misericordia ni contemplación decidió lanzar a inefable Rajoy al basurero de la historia.

Allá de aquellos que tanto se afanaron por lo que a la postre sería cuando mucho el más vergonzoso selfie de la historia… el risueño pero pavoso selfie con el corrupto de Rajoy, a quien ni siquiera el propio capitalismo quiso salvarlo.

@SoyAranguibel

J.G. Rodríguez: Petro hizo a Santos presidente

Por: José Gregorio Rodríguez

Cuando llegue el 7 de agosto de este año y Juan Manuel Santos abandone la presidencia de la República de Colombia, se marchará del Palacio de Nariño un presidente que habiendo recibido el Premio Nobel de la Paz, deja a su país listo, dispuesto como “cabecera de playa” para la guerra con sus vecinos.

Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos

¿Quién es Juan Manuel Santos? Es el presidente de la República de Colombia desde el 7 de agosto del año 2010. Llegó a la política con el Partido Liberal colombiano. Se desempeñó como ministro de Comercio Exterior del gobierno de César Gaviria, desde el 16 de enero de 1991 hasta el 7 de agosto de 1994. Luego fue ministro de Hacienda y Crédito Público, en el gobierno del presidente Andrés Pastrana Arango, desde el 7 de agosto del año 2000 hasta el 7 de agosto del 2002. En el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, se desempeñó como ministro de Defensa desde el 19 de julio del 2006 hasta el 22 de mayo del 2009. Con Uribe fue uno de los fundadores del Partido de la “U”. Fue el candidato presidencial del uribismo en las elecciones del año 2010, luego de que la Corte Constitucional le negara al entonces presidente Álvaro Uribe la posibilidad de ser elegido por tercera vez.

Juan Manuel Santos, luego de su ruptura política con Uribe Vélez, se queda con el partido de la “U” y se presenta a la reelección en las elecciones del año 2014 en contra del candidato del “uribismo”, Oscar Iván Zuluaga, quien lo derrota en la primera vuelta con el nuevo partido de Álvaro Uribe, el Centro Democrático y para el “balotaje” con la promesa de la paz para Colombia y con los votos de la izquierda colombiana que puso la diferencia para alcanzar y derrotar a Zuluaga resultando reelecto presidente de Colombia.

Para la segunda vuelta de esas elecciones del 2014, Juan Manuel Santos no habló más de las realizaciones de su primer gobierno, con las que no había logrado convencer a los electores el 25 de mayo, y convirtió la campaña en la segunda vuelta en un referendo sobre sus negociaciones con la guerrilla, atrayendo hacia su candidatura a grupos políticos y sociales tradicionalmente alejados de sus propuestas.

Aunque usted no lo crea o no lo recuerde, los votos que a la final inclinaron la balanza a favor de Santos en el 2014, fueron los de Clara López, quien fuera la candidata del Polo Democrático, que se sumó a su campaña pese a que su partido prefería mantenerse neutral y los del entonces alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Pero apenas logró suscribir el acuerdo de paz con las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejercito del Pueblo, FARC-EP, el cual se logró entre otras cosas, por la activa participación de los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, comenzó su abierto desplazamiento a la posición en la que hoy se encuentra, como principal agente de la operación política y, ¿militar?, de los EEUU contra Venezuela.

La operación de Santos en contra de nuestro país tiene fundamentalmente una motivación económica. El presidente colombiano está, de entrada, tras los recursos que la comunidad internacional aportaría para la “reconstrucción” de Venezuela y luego actuaría como el gran “crupier”, el repartidor de las concesiones para explotar las inmensas riquezas naturales de Venezuela.

Mauricio Cárdenas

El 9 de febrero de este año, desde la ciudad de Nueva York, el ministro de Hacienda colombiano, Mauricio Cárdenas, develó que “Colombia ha contactado a agencias crediticias internacionales para preparar un plan de rescate financiero por unos 60.000 millones de dólares para su vecina Venezuela si el presidente Nicolás Maduro deja el poder… Nosotros como gobierno estamos dispuestos a ser parte, no sólo de esa conversación y de ese plan, sino también a brindar financiamiento para esa transición”, y remató, diciendo este funcionario de la absoluta confianza del presidente Santos: “Colombia se beneficiaría de una recuperación de las exportaciones a Venezuela”. Por si fuera poco, adelantó que “Colombia estima que necesitará unos 30.000 millones de dólares para construir un centro de ayuda que ofrezca a los inmigrantes venezolanos un lugar temporal de permanencia antes de que decidan su próximo paso”.

Toda esta operación se adelantaría con la cobertura de “ayuda especial humanitaria” y está pensada y planificada desde los EEUU para ponerle la mano a Venezuela y sus recursos y cuenta con el apoyo incondicional de quien aspira a ser uno de sus principales beneficiarios, Juan Manuel Santos, quien en la medida en que se acerca su salida del poder incrementa el tono de sus sistemáticas agresiones verbales contra nuestro país y se convierte en el principal aliado de los EEUU para la construcción de un acuerdo regional que estreche el cerco económico y financiero contra Venezuela.

Sergio Rodríguez Gelfenstein

Como escribiera en días pasados el prestigioso internacionalista venezolano Sergio Rodríguez Gelfenstein:

El desarrollo de los hechos va develando la trama, lo más relevante es que se está sabiendo a través de las declaraciones de los propios actores, los que por impericia, estupidez o arrogancia van dando a conocer piezas del rompecabezas que es necesario ir armando. El Plan Colombia por un lado, así como las gigantescas ganancias producidas por el narcotráfico por otro, han mostrado una economía colombiana ficticia, que solo tenía cierto respiro por estos dos factores, que no podían ser contabilizados formalmente como parte del esfuerzo nacional ‘a favor del desarrollo y el progreso”.

Hay que recordar que la década de los 80 del siglo pasado, considerada como ‘perdida’ para América Latina por los economistas y las organizaciones internacionales, tuvo crecimiento negativo para todos los países de la región, menos para Panamá, que tuvo crecimiento cero; Cuba: un 3%, todavía integrando el Consejo de Ayuda Mutua económica (CAME) conformado por los países socialistas y…Colombia, que creció 9%, algo solo explicable, –según los economistas– por la gigantesca reinversión en el país de los recursos de la industria del narcotráfico.

Presencia de las FFAA de EEUU

La última década del siglo pasado introdujo el Plan Colombia en la realidad del país, como instrumento ilegal que violaba el artículo 341 de la Constitución Nacional, al crear un documento paralelo al Plan Nacional de Desarrollo el cual, según establece la Carta Magna, debe ser elaborado por diferentes instancias gubernamentales para ser sometido a la aprobación del Consejo Nacional de Planeación. Así, al margen de la ley, y cediendo soberanía, (toda vez que como contraprestación, Colombia debió aceptar la presencia de las Fuerzas Armadas de EEUU en su territorio sin autorización del Congreso) la oligarquía colombiana se entregó al festín que significaba recibir miles de millones de dólares de EEUU, la “ayuda” más alta de este país a otro del hemisferio occidental y una de las de mayor cuantía en el mundo.

La realidad era que si EEUU hubiera querido “apoyar” a Colombia, hubiera suprimido su política proteccionista, que impedía o dificultaba la exportación de productos colombianos en un monto muy superior a los recursos aportados por el Plan Colombia. Todo esto se producía durante los primeros años del gobierno del presidente Chávez en Venezuela, cuando Andrés Pastrana lo era en Colombia.

Había comenzado la época del parasitismo estructural de la economía colombiana que se inició con la gigantesca inyección de recursos del narcotráfico. El Plan Colombia transformó al país y en especial a las fuerzas armadas en devotos de los recursos, pero estos debían mostrar eficacia en su uso para que el Congreso de EEUU continuara avalando el alud de capitales que comenzó a llegar y a modular el comportamiento de los receptores. Así, bajo inspiración de Álvaro Uribe presidente y Juan Manuel Santos, ministro de Defensa, se diseñó la política de los “falsos positivos” que significaba ponerle precio a la eficiencia bélica de las fuerzas armadas, cuantificada con los muertos que se anunciaba como “guerrilleros dados de baja”, sólo que se descubrió que tales combatientes insurgentes no lo eran, y que el parasitismo financiero crónico condujo al asesinato de decenas de personas, solo por el afán de obtener más recursos, poniendo en evidencia un acto de violación masiva y continuada de Derechos Humanos solo permitida porque contaba con el aval de Washington.

La reducción de los caudales internacionales para una guerra contra el narcotráfico que acorde con la decisión de EEUU no se libra ni por un minuto en su territorio, sino en los campos de los países productores, que además de ser criminalmente regados con el glifosato asesino de plantas, animales y el envenenamiento de las aguas que alteran la vida de campesinos que solo obtienen el 0,4% del valor final del producto transformado en droga, significó una alteración profunda en los mecanismos criminales del Estado productor.

Fuerzas Armadas colombianas

Cae el ingreso de las FFAA

Las negociaciones de paz entre las FARC y el Gobierno colombiano significaron una caída en el ingreso de las fuerzas armadas, que recibieron otro golpe cuando el tribunal de La Haya falló a favor de Nicaragua en la delimitación de áreas marinas, y con ello la ruta más importante de transporte de la droga disminuyó ostensiblemente su funcionamiento, siendo esta vez la marina colombiana la que recibió el golpe.

La economía se estremecía, la caída en el gasto social fue brutal: pagaron los maestros, los miles de niños wayúu de la Guajira muertos por inanición, los campesinos que vieron disminuidos sus ingresos, los pobres de la ciudad y el campo que han visto extenderse la pobreza extrema en las zonas urbanas y rurales hasta superar el 20%, las clases medias y populares que se han hecho más pobres, todo lo cual ha sido falsamente burlado con demagogia y con el apoyo de las noticias falsas emanadas de los medios de comunicación como Caracol, RCN, el Tiempo y el Espectador, máximos exponentes de la desinformación planificada desde el poder.

La oligarquía colombiana ataca a Venezuela

Cuando parecía que no había argumentos para explicar la crisis, y el incremento de la pobreza a partir de 2008, en momentos de una plena expansión económica que no significó mayor equidad, el tema de Venezuela vino en auxilio de la atribulada oligarquía colombiana, que imitando a su amo del norte comenzó a tratar de superar por vía externa, la profunda inmundicia que había creado al interior del país. Primero fue Uribe quien, en los estertores de su mandato, se inventó unos inexistentes campamentos guerrilleros en territorio venezolano, amenazando con una invasión para venir a combatirlos. Sólo la firmeza del Comandante Chávez y la fortaleza de la unidad cívico-militar en Venezuela impidieron esta locura.

Las relaciones fueron interrumpidas y el comercio bilateral seriamente afectado, creando gigantescas pérdidas al sector productivo y exportador de Colombia, con un consiguiente desempleo y caída en los ingresos que la oligarquía no podía sostener. Por eso desestimaron un posible nuevo período de Uribe y rechazaron a Arias quien era el sucesor designado. Eligieron a Santos con la misión de recuperar las relaciones con Venezuela y con Ecuador país que también había roto sus relaciones tras ser invadido por las fuerzas armadas colombianas.

La guerra comenzó a dejar de ser un buen negocio, por eso se le dio el mandato a Santos para que negociara la paz, había que aprovechar las condiciones que emanaban de los TLC firmados con EEUU y otros países para incrementar ganancias, pero antes se debía modernizar el aparato productivo y la infraestructura, sobre todo la de transporte que impedían ampliar el comercio y las exportaciones.

Las negociaciones de paz entre las Farc y el gobierno colombiano

Desde el primer momento, Venezuela apoyó las negociaciones de paz, no sólo eso: las incitó, las promovió, las estimuló, sin embargo a cambio sólo recibió el desprecio de las élites neogranadinas, todavía sedientas de poder, ganancia y sangre. Por ello su ensañamiento con Venezuela, sobre todo el de Santos que al igual que Obama han dedicado sus Premio Nobel de la Paz a desarrollar la guerra, como si ese fuera el sino de ese premio innoble.

Y en esa lógica, el actual Gobierno colombiano encontró una nueva forma de auto financiamiento: recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI), pero no para pedir un crédito para su país como lo acaba de hacer Mauricio Macri, sino para ‘rescatar a Venezuela’. Sin que nadie se lo pidiera, el ministro de Hacienda de Colombia, Mauricio Cárdenas aseveró que este ‘plan de rescate’ está pensado ‘para los venezolanos (ya que) el día que Venezuela adopte las medidas económicas correctas va a requerir una financiación adicional para poner la casa en orden, y que la economía vuelva a funcionar’, porque nadie sabe cuándo va a darse un cambio de gobierno en Venezuela pero tenemos que estar preparados para eso. 

Si nadie sabe cuándo va a haber un cambio de gobierno en Venezuela, uno podría preguntarse entonces, ¿para qué está pidiendo esa enorme cantidad de recursos?, sobre todo cuando estamos hablando de un gobierno que se va en menos de tres meses, ¿será que necesitan dinero para la campaña electoral? O, ¿para pagarles a los maestros y campesinos burlados en negociaciones en las que el Gobierno nunca cumple? O simplemente, ¿para retirarse con un dinerillo en el bolsillo?

El talante parasitario y corrupto de la élite colombiana da para pensar cualquier cosa, sobre todo cuando sus representantes se han dedicado a vociferar respecto de los, según ellos,  4 millones de venezolanos que han huido del país, la mitad de los cuales se habrían establecido en Colombia, para lo cual también han visitado EEUU y los organismos internacionales pidiendo recursos desesperadamente, dando lástima y transmitiendo dolor, Cárdenas afirmó que: ‘Hasta ahora Colombia lo ha hecho con sus propios recursos y presupuestos, pero ya empieza a haber problemas fiscales, porque estamos hablando de números muy grandes, que requieren servicios de salud, educación, asistencia para su alimentación’.

Es válido entonces, preguntarse qué haría el Gobierno colombiano si tuviera que preocuparse y atender a los 5 millones y medio de conciudadanos que viven en Venezuela, y que contrario a lo que se dice siguen llegando desplazados por las persecuciones, las masacres y el despojo de tierras a los que son sometidos por los paramilitares bajo abrigo y protección de los organismos de seguridad y las fuerzas armadas, mientras el Gobierno de ese país se hace de la vista gorda ante tales desmanes.

Alejandro Werner

En todo caso, el FMI que –como se sabe– es una institución conducida en los últimos años por directores gerentes corruptos (Rodrigo Rato, Dominique Stauss-Kahn y Christine Lagarde), todos investigados por la justicia y, manejado por EEUU que tiene acciones suficientes para vetar cualquier decisión, vive de hacer negocios a la segura con países en dificultades severas, aplicando sus recetas de hambre y miseria, pero no corre riesgos para satisfacer intereses privados, así sea de grupos poderosos de la oligarquía de algún país. Por eso, el director del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), Alejandro Werner se apresuró a responderle al ministro de Hacienda de Colombia, diciendo que era muy prematuro ‘hablar de cifras y planes’ para Venezuela.

Por otra parte, la falsedad de los números manejados por el Gobierno colombiano para justificar su demanda de recursos fue puesta en evidencia y desmentida por funcionarios del propio Estado: Felipe Muñoz, gerente para la frontera con Venezuela, y Carlos Iván Márquez, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres de Colombia evidenciaron que el Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos en Colombia arrojó que en el país hay 203.989 venezolanos, no dos, ni tres, ni cuatro millones como estos delincuentes han dicho en su afán de esquilmar a las organizaciones financieras internacionales. 

 Como siempre, el objetivo real que se busca se termina sabiendo, en Hungría, el presidente colombianodonde al parecer viajó a ‘vender’ a Venezuela a empresarios europeos, afirmó que ‘con el cambio de régimen –que se va a dar y que se va a dar muy pronto–, la economía venezolana con un poco de buen Gobierno va a dispararse rápidamente y la oportunidad para Colombia es enorme’. En pocas palabras, se trata de ayudar a EEUU a reventar la economía venezolana, para instalar un gobierno que le dé mejores oportunidades a la oligarquía colombiana de hacerse cargo del país a fin de exprimir al Pueblo de Venezuela como lo hace con el propio. El mismo Santos explicó que Venezuela es ‘el país más rico en América Latina’. Visto desde su perspectiva aviesa y corrupta debe estar pensando que ‘Venezuela es un buen botín’ por eso, dijo –el artífice de la invasión a Sucumbíos en Ecuador– que si él tuviera que apostar, ‘le apostaría a Venezuela a futuro”.

 Santos se despide convirtiendo a Colombia en “Socio Global” de la OTAN.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, formalizará el próximo 31 de mayo, el ingreso del país latinoamericano como socio global de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en la ciudad de Bruselas, Bélgica. Santos se reunirá con el secretario general de la Organización, el ex primer ministro noruego, Jens Stoltenberg con quien conversará los pasos internos a seguir para formalizar su situación.

La OTAN creó la categoría de socios globales con el interés de generar alianzas estratégicas más allá de Europa, Estados Unidos y Canadá. Alrededor de 40 países que no son miembros de esta alianza militar intergubernamental, participan activamente en programas de desarrollo dentro y fuera del área militar.

Ahora bien. ¿Qué significa ser un Socio Global de la OTAN? Como bien lo describe un reciente trabajo de la Misión Verdad: “Acuerdos bilaterales se han firmado entre la OTAN y países latinoamericanos. La relación con Argentina, por tomar un ejemplo, ha sido muy estrecha, en 1997 fue nombrada por la Administración Clinton “aliada importante extra-OTAN”, un estatus que comporta colaboraciones importantes en diferentes áreas militares; Incluso, los argentinos han llevado batallones a otros países en operaciones “humanitarias” de la OTAN en Croacia, Haití, Angola, Mozambique, Guatemala, Kuwait, Líbano, Chipre, a lo largo de la década de 1990.

Pero sociedades de ese tipo son menos profundas que la categoría de “socio global”, que compone otras características. Significa, básicamente, un enlazamiento íntimo entre el país y la estructura de la OTAN, que abarca la mayoría de las áreas militares en estrecha colaboración.

Efectivamente, desde 2013, Colombia y la OTAN han participado en una Iniciativa de Construcción Integral en limitadas áreas como “educación militar y entrenamiento, seguridad marítima, buena gobernanza e integridad constructiva”, según la página oficial de la alianza. Para ello, Colombia ha permitido que la OTAN trabajase en profundidad en la institución militar local, y ha llevado a su personal correspondiente a cursos de la escuela de la OTAN en Oberammergau (Alemania) y al Instituto de Defensa de la OTAN en Roma (Italia) desde 2013. Colombia asimismo ha participado en numerosas conferencias militares de alto nivel relacionadas a la organización atlantista. En 2015, Colombia apoyó operaciones navales de “contrapiratería” de la OTAN en el Cuerno de África, según el mismo portal de la organización multinacional.

En el futuro, ya con el país latinoamericano como “socio global”, podría participar en operaciones y misiones lideradas por la ONU, con asesoría de la OTAN a las fuerzas armadas colombianas según los estándares y normativas de la organización”. En el mismo trabajo se afirma, al comentar las implicaciones geopolíticas del paso dado por Colombia, que: “La otanización de Colombia, en su figura de “socio global”, podría darle un carácter de ‘regularidad’ y apoyo logístico a las células del paramilitarismo colombiano en la frontera colombo-venezolana, lo que ajustaría el pivoteo pre-bélico del vecino país con relación a Venezuela.

En una analogía respecto al conflicto sirio, decíamos en 2013 que Colombia jugaría a cabalidad contra Venezuela el mismo papel que Turquía (antes de la negociación con Rusia e Irán) juega contra Siria: el de cabeza de playa para variopintos ‘frentes armados’ apoyados logística y militarmente por los países de la OTAN”. Por donde se le mire, este movimiento colombiano tiene piquete contra nuestro país, porque si fuera, como dicen los colombianos, que el ingreso de ese país como primer socio global de la OTAN en América Latina tendría como principal objetivo, cooperar en asuntos de seguridad cibernética, marítima y crimen organizado. ¿Dónde está el “veneno” de esta modalidad de cooperación contra el crimen organizado? Ellos calificarían de “criminales” a los líderes de la Revolución y luego en el marco de los “privilegios” que otorga ser socio global de la “membresía” militar trasatlántica solicitan a sus aliados que actúen en su contra.

La mesa está servida

Juan Manuel Santos deja la presidencia de Colombia, con la popularidad por el suelo y en medio de una espectacular derrota política. Su candidato, Germán Vargas Lleras, quien fuera su vicepresidente, ocupó el cuarto lugar en el marcador de la elección presidencial del pasado domingo 27 de mayo. Sin embargo, quiere despedirse dejando la mesa servida para que Colombia sea la tierra desde donde se atente contra la soberanía y la integridad territorial de Venezuela. Seguros estamos que el digno pueblo de ese país no acompañará en esta aventura a la oligarquía colombiana, de alguna manera el domingo 17 de junio en las elecciones presidenciales colombianas estará en juego la paz de la región.

Nicolás Maduro en el discurso a la FANB

Maduro apela a la Unión Civico-Militar

A continuación transcribimos el discurso del presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, luego de su proclamación en la Asamblea Nacional Constituyente, el pasado jueves 24 de mayo:

“Saben ustedes que en las últimas semanas hemos venido desmembrando una conspiración financiada y dirigida desde Colombia y alentada y promovida desde el Gobierno de los EEUU para dividir nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana y con una acción publicitaria militar intentar en su momento que se suspendieran las elecciones del 20 de mayo pasado. Gracias a la conciencia, a los anticuerpos morales fue detectada a tiempo y están convictos y confesos todos los responsables de haberse vendido y haberse entregado a traidores que desde Colombia les pagaron en dólares para que traicionaran el honor, la moral y la lealtad de nuestra amada Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Alerta, alerta, que nadie baje la guardia, no es tiempo de bajar la guardia, es tiempo de combate. ¿Quién quería suspender las elecciones? ¿Quién quería afectar el curso de las elecciones y de la democracia? El imperio norteamericano, la oligarquía colombiana. Desde Colombia se dirige una conspiración para hacerle daño a nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana. ¿Lo hacen para bien de la república, creen ustedes? Jamás, lo hacen para debilitar nuestra república, la oligarquía colombiana tiene objetivos muy claros para tratar de apropiarse y apoderarse de las riquezas territoriales y minerales de Venezuela.

Desde hace 200 años la oligarquía colombiana sueña con gobernar desde Bogotá nuestra amada patria. Alerta, conciencia, guardia alta, oído, Fuerza Armada Nacional Bolivariana, todo el mundo en guardia para defender la unión de nuestra amada Fuerza Armada, para defender la cohesión, la lealtad, el juramento, la unión cívico-militar, exijo máxima lealtad a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, máxima lealtad a la Constitución, máxima lealtad al pueblo, máxima lealtad a la Revolución Bolivariana y máxima lealtad al comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Máxima unión cívico-militar para seguir transitando los caminos de este siglo 21 que apenas, todavía, apenas comienza y que promete tanto para nuestra Patria. Cerrémosle las puertas, las trompas, reventémosle las trompas a la oligarquía colombiana, que utiliza traidores, con dólares.

Hemos capturado a sus principales cabecillas y estamos detrás del principal financista que se encuentra huyendo en territorio venezolano, que tarde o temprano lo vamos a capturar y lo vamos a poner a la orden de la justicia para que sea castigado con las máximas penas, por traicionar a la Patria y por ponerse al servicio de la oligarquía colombiana y del imperialismo norteamericano.

Le decía yo a los jefes militares, compatriotas, yo tengo que hablarle claro a todos, a nuestro pueblo armado y a nuestro pueblo civil, el imperialismo norteamericano se ha planteado para los meses y años futuros una sola opción estratégica principal, en su tarea de tomar el control, el dominio de Venezuela y acabar con la Revolución Bolivariana y recolonizar a nuestro país. No ha podido, ni podrá, estoy claro de ello, pero los estrategas militares, los pensadores, los jefes, líderes militares deben saber que la única opción que ellos se han planteado es dar un golpe de Estado militar en Venezuela. No lo digo yo, solamente lo dicen ellos. El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, lo ha enarbolado cuando era jefe de la CIA y ahora como secretario de Estado, el vicepresidente Mike Pence, el jefe del Pentágono, el jefe del Comando Sur, el exencargado de negocios de la Embajada de EEUU en Venezuela, que hoy se fue, ya debe haber aterrizado en los EEUU, expulsado por intervencionista y golpista, lo han dicho, han llamado a la Fuerza Armada a dar un golpe de Estado, a imponer un régimen militar y entregarle el país a ellos. ¿Va la Fuerza Armada a traicionar al pueblo de Venezuela? ¿Va la Fuerza Armada a hacerle el trabajo al imperialismo norteamericano y entregarles el poder y las riquezas del país a ellos? La respuesta es muy clara, la respuesta la han dado ustedes hoy con su juramento, con su proclama, con su lealtad.

Cuenten ustedes con este hombre, este obrero humilde, comandante en jefe de la Fuerza Armada. Sí, por voluntad de un pueblo, lealtad con lealtad se paga. Cuenten con mi lealtad, vamos a unificar, vamos a fortalecer, vamos a cohesionar cada vez más al pueblo y a la Fuerza Armada. Vamos a crecernos y a seguir ratificando este camino hermoso del nuevo concepto, la nueva doctrina, la nueva moral, la nueva organización, la nueva disciplina, los nuevos ejercicios militares, la capacidad de despliegue por todo el territorio, la capacidad de defensa de la integridad territorial, de la soberanía, la capacidad de defensa del pueblo, el cumplimiento de las grandes misiones constitucionales y de las grandes misiones históricas, de los únicos y verdaderos herederos del ejército de los libertadores, del ejército de Pichincha. Sí, hoy, con Pichincha en su aniversario digo: los verdaderos, únicos y legítimos herederos de Pichincha, de Bolívar y de Sucre, están aquí de pie, están aquí parados, oficiales de la Patria.

Gracias por tanta lealtad, gracias por tanta disciplina, gracias por tanta verdad que me dicen, gracias Fuerza Armada Nacional Bolivariana, gracias por tanta fuerza moral, confío en ustedes, creo en la Fuerza Armada como creo en el sueño de Patria; son ustedes la columna vertebral de la estabilidad, de la paz y de la unión de la república y en buenas manos está la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Gracias por su juramento, gracias por su proclama, gracias por su lealtad y aquí estoy, Nicolás Maduro Moros, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, reelecto, listo para seguir ejerciendo mis funciones de comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, y digamos desde nuestro corazón, con más fuerza que nunca: ¡Chávez Vive! ¡Independencia y Patria Socialista! ¡Hasta la Victoria Siempre! ¡Venceremos!

Gracias Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Que Dios los bendiga, a ustedes y a toda la familia militar. Muchas gracias”.

 josé gregorio rodriguez  José Gregorio Rodríguez 

Fuente: Las Verdades de Miguel

Revolución Bolivariana: ¿comenzar de nuevo o ir más allá?

Por: Alberto Aranguibel B.

En su discurso de salutación al país con motivo de su reelección como Presidente Constitucional de la República, el presidente Nicolás Maduro alerta sobre el carácter histórico del proceso iniciado hace ya 18 años por el comandante Hugo Chávez, convocando a una fase de revisión profunda que condujera a retomar los principios ideológicos de la Revolución Bolivariana, para acabar definitivamente con las distorsiones que han obstaculizado el avance de la misma.

“Estamos haciendo historia –dice- todo esto es historia nueva, porque en Venezuela hay una revolución democrática, profunda, pacífica, constitucional; hay una revolución en etapa constituyente, creando y canalizando las fuerzas de la Nación por la vía política, democrática, pacífica.”

Su llamado, sin embargo, pareciera chocar una vez más contra el mismo muro de incomprensión contra el cual ha chocado desde siempre el discurso progresista en el mundo, erigido por una sociedad profundamente reticente a una verdadera transformación a fondo del sistema democrático que la humanidad ha conocido desde hace más de quinientos años.

Desde que el comandante Chávez diera aquel audaz paso de convocar al liderazgo revolucionario a emprender hacia lo interno una etapa de revisión intensiva, que él mismo denominó de las 3 erres; revisión, rectificación y reimpulso, la revolución ha asumido que las deficiencias que anidan en las estructuras de sustentación institucional del gobierno revolucionario, son solo producto de vicios endémicos que corroen la integridad ética de la dirigencia y la hacen incapaz de comprender la verdadera dimensión del compromiso.

Por supuesto que hay que reconocer la enajenación en las convicciones de aquellos que ciertamente consideran lograda la emancipación del pueblo cuando los “emancipados” son apenas ellos mismos, apoltronados como están muchos en los ampulosos despachos que circunstancialmente se les han asignado para llevar adelante una labor de servicio que a la larga devienen nada más en más problemas.

Pero reducir el mal que padece la revolución solamente a la relajación moral de la dirigencia, pareciera estar todavía muy lejos de alcanzar el nivel de una diagnosis exhaustiva del problema, que sin lugar a dudas padece el proceso, y que sin lugar a dudas debe ser extirpado desde su misma raíz si de verdad se persigue la transformación de la sociedad y no una simple recuperación de la eficiencia en la gestión pública.

“Venezuela necesita un nuevo comienzo en revolución, con revolución y para hacer revolución” ha dicho el presidente y ese debe ser el punto de partida de la reflexión necesaria a la que está llamando. Los postulados, los retos y los objetivos revolucionarios, han sido perfectamente establecidos. El comandante Chávez los expuso de mil maneras a lo largo de tres lustros de intenso debate ideológico con el pueblo. Pero, ¿está clara la hoja de ruta para alcanzar ese utópico horizonte que nos hemos propuesto desde este punto de partida que significa el modelo democrático participativo y protagónico que la misma revolución propuso como base de la transformación por construirse?

Bajo ese modelo democrático, el presidente Nicolás Maduro se ha convertido, tanto en términos absolutos como en términos porcentuales, en el presidente más votado en la historia política venezolana, después del comandante Chávez, no solo una vez sino en dos ocasiones, colocándose en las dos oportunidades muy por encima del apoyo popular alcanzado por todos los presidentes de la cuarta república.

Sin embargo, el mandatario venezolano es asumido hoy por los voceros más emblemáticos de la democracia occidental como un dictador, brutal y sanguinario, y de esa forma es presentado por los grandes medios de comunicación al servicio de esa democracia que dice responder a la más elevada aspiración de justicia social concebida por la humanidad.

No solo el espurio presidente de los Estados Unidos arremete hoy contra el mandatario que mayor respaldo popular legítimo tiene en el continente, sino personajes que jamás han sido electos por nadie, como los representantes de la Unión Europea o el Secretario General de La OEA, sobre quienes ha recaído la bochornosa responsabilidad de responder a las necesidades genocidas del imperio norteamericano contra nuestro pueblo, en nombre de esa democracia que tanto reivindican.

¿Será acaso en verdad la Revolución Bolivariana la que está fallando, o será más bien que el origen del problema está en la génesis misma de lo que pretendemos reparar para intentar hacerlo funcionar bien?

En su enjundioso libro “Una Constitución para todos”, Marcelo Koenig describe con perfecta claridad el origen del problema que enfrenta hoy no solo la Revolución Bolivariana sino la humanidad entera.

Citando a Ernesto Sampay, dice: “La burguesía consiguió la adhesión activa del pueblo bajo para derrocar al despotismo que, con los procedimientos característicos de esta institución viciosa, defendía el régimen socio-político feudal en su trance crítico; pero en seguida, a fin de contener a ese aliado circunstancial que perseguía objetivos allende a los suyos, se vio forzada a tranzar con los elementos sobrevivientes del enemigo derrotado. Tal avenencia, iniciada con el Thermidor, se consolidó en el Congreso de Viena de 1815, cuando la burguesía, salvando sus libertades económicas, aceptó compartir el gobierno con las dinastías feudales de Europa.”

“En Europa –sigue diciendo Koenig- la situación de predominio absoluto de la burguesía se extendió engendrando sus propios antagonistas: los obreros. La irrupción de los trabajadores en la historia, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XIX, aprovechando las libertades democráticas que había instaurado la burguesía en beneficio de sí misma, fue cambiando la escena de la Constitución real en los países europeos. Pero la amenaza de la aparición de estas luchas –de ampliación de derechos de civiles a económicos en las clases oprimidas- fue lo que hizo que la burguesía se tornara cada vez más reaccionaria, llegando incluso en muchos países a apoyar regímenes autoritarios que iban en contra de las libertades que fueron sus banderas”.

La democracia contemporánea no es sino el residuo calamitoso de un modelo ambicioso concebido por las clases dominantes para ampliar su dominio económico sobre la sociedad, pero que jamás tuvo en sus genes la sed de justicia del pueblo. Solo así es posible comprender el abominable injerto entre monarquía y democracia que en pleno siglo XXI todavía subsiste con total vigor en el continente europeo.

En defensa de esa democracia que se le vendió siempre al mundo como el modelo que aseguraría de manera perfecta la armonización de intereses colectivos e individuales en la sociedad, se han cometido y se cometen las peores atrocidades en contra del ser humano para preservar los intereses económicos de sus opresores.

Para esa burguesía que ataca hoy a la Revolución Bolivariana el problema no es de ninguna manera si el modelo democrático es representativo o participativo y protagónico, y mucho menos si su funcionamiento se ajusta o no a los criterios de la eficiencia y la idoneidad en el ejercicio del gobierno, sino que la democracia debe estar siempre al servicio de los ricos y jamás en las manos del pueblo.

En Venezuela el pueblo lo tiene perfectamente claro y eso explica la persistencia inquebrantable en su respaldo a la revolución. El presidente Maduro lo sabe y en ese sentido ha orientado la estrategia. “No creo que ninguno de nosotros vaya adelante del pueblo. No, aquí va adelante ese pueblo hermoso (y no lo estoy sublimando o mitificando, no). Es una realidad venezolana porque es un pueblo, es el pueblo glorioso de los libertadores. Además, es el pueblo que captó, que recibió la siembra espiritual de nuestro comandante Chávez.”

Ciertamente, no quepa la menor duda, hay que retomar el proyecto original bolivariano y chavista para refundar el inédito proceso de inclusión y de bienestar social alcanzado por la revolución en su primera fase. “Hace falta una gran rectificación profunda, hace falta un reaprendizaje profundo, hace falta hacer las cosas de nuevo, mejor. Hay que hacer las cosas de nuevo y mejor, más allá de la consigna, más allá del aplauso.”, ha dicho el presidente.

Hagámoslo, pues. Pero empecemos por revisar si lo que vinimos a hacer fue a satisfacer las ancestrales aspiraciones de la burguesía en procura del perfeccionamiento de una vetusta democracia que jamás resolverá los problemas de la humanidad, o si por el contrario nuestro papel en la historia es abrirle posibilidades ciertas a una nueva forma de vida, en la que los retos surjan de una nueva concepción de lo que en su momento se denominó el “pacto social”.

Es a eso a lo que aspira el pueblo.

@SoyAranguibel

Genealogía de un perfecto y sanguinario genocida

Por: Alberto Aranguibel B.

El 1 de marzo de 2008, el mundo entero era sorprendido con la cínica declaración de uno de los más altos funcionarios del gobierno colombiano para aquel momento, que en medio de risotadas muy nerviosas pero claramente complacido y lleno de alborozo, celebraba la muerte de una veintena de personas que habrían sido asesinadas por el infernal efecto de las bombas que él mismo, en su condición de Ministro de Defensa, había ordenado que se lanzaran para acabar con la vida del comandante Raúl Reyes y de todos sus acompañantes, trasgrediendo flagrantemente los límites fronterizos con el vecino país, Ecuador, donde se encontraba el campamento sobre el cual se produjo el brutal exterminio.

La “Operación Fenix”, como se denominó el ilegal asalto (que contó con la decisiva participación del ejército norteamericano, como quedó luego claramente establecido), formaba parte de la sanguinaria política de Seguridad Democrática implementada por el entonces presidente Álvaro Uribe, que llenó de sangre el territorio colombiano durante casi una década de exterminios extrajudiciales que acabaron con la vida de decenas de miles de seres humanos que iban a parar con sus huesos en fosas comunes de las que muchas veces jamás se conocería su existencia, pero que han terminado apareciendo a la luz pública como una especie de huella providencial que denuncia a cielo abierto la inmoralidad de un régimen siniestro que se jactó como ningún otro gobierno criminal en la historia de su capacidad de asesinar masivamente a su propio pueblo, como quedaba en evidencia aquel primero de marzo.

Juan Manuel Santos, como se llamaba aquel sombrío ministro de defensa, repugnaba con aquella grotesca declaración porque el carácter festivo que su actitud reflejaba al momento de ofrecer una información tan delicada a la opinión pública no solo no se correspondía con el tono oficial que estaba obligado a preservar, sino que dejaba al descubierto una obscena lascivia por la muerte que jamás podría ser tolerada por ningún ser humano.

Colombia, un país donde la cultura del exterminio humano prolifera casi como una forma de vida en ese submundo de criminalidad que se asocia a su condición como el más grande productor de drogas ilícitas del mundo, es un territorio más que propicio para el fomento de todo tipo de delitos, como el sicariato, el lavado de dinero, la prostitución y el contrabando.

De ahí que su clase política, cooptada por la retardataria oligarquía colombiana como un instrumento al servicio exclusivo del control y el sometimiento de la sociedad, responda tan perfectamente al formato de la delincuencia común y entienda de manera casi religiosa el exterminio de seres humanos como un simple medio para el cabal desempeño de la función pública.

Pero Juan Manuel Santos ha excedido con creces todo parámetro de sadismo y refinamiento en su complacencia con el sufrimiento ajeno, llevando a niveles de verdadera tragedia el dolor del pueblo colombiano, al que somete sin la más mínima compasión a la penuria del hambre y la pobreza en proporciones de holocausto como no sucede en ningún otro país suramericano.

Las cifras de desnutrición infantil en Colombia han llegado durante el gobierno de Santos a niveles alarmantes para organismos internacionales como la FAO, que dan cuenta del retroceso progresivo en materia alimentaria que padece el vecino país desde hace más de tres décadas, lo que explica sin duda alguna que ese país haya producido a lo largo de todo ese periodo la segunda población de desplazados en el mundo, después de Siria (que está en guerra) de acuerdo a las cifras oficiales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en sus últimos reportes.

Heredada de su condición de virreinato, improvisado por el imperio español en suelo suramericano en la búsqueda de institucionalizar su dominio sobre el nuevo mundo pero sin gozar de un verdadero soporte cultural, social y político que lo sustentara, la estúpida idea de la supremacía de clase sigue atormentando hoy a esa oligarquía de la que surgen los políticos colombianos, cuyo único propósito es perpetuarse en el poder a costa de lo que sea. En especial a costa de la vida de los pobres a los que se considera con derecho a humillar, atropellar y hasta asesinar sin miramiento alguno si del aseguramiento de ese poder se trata.

Las ancestrales diferencias políticas entre las clases dominantes tradicionales de Venezuela y Colombia estuvieron determinadas desde siempre por ese carácter supremacista que embriagó a la oligarquía colombiana y al que la clase oligarca venezolana no pudo sobreponerse nunca. Por eso, cuando la oligarquía fue desplazada del poder en Venezuela, el odio de clase bogotano contra nuestro país empezó a ser todavía más visceral y acérrimo, y el desprecio de su dirigencia política contra nuestro pueblo se desborda entonces a niveles aún más impensables.

De ahí que la atrocidad de atacar a nuestro pueblo manipulando políticamente los alimentos y las medicinas que Juan Manuel Santos les roba a los venezolanos a través de la protección que su gobierno le brinda al contrabando de extracción y al ataque a nuestro signo monetario mediante una criminal resolución que favorece el saqueo a nuestro sistema económico, no sea sino una expresión más de la típica actuación criminal de un presidente oligarca contra la vida humana, que en Colombia no solo goza de perfecta impunidad sino que además es aplaudida y celebrada, como aplauden y celebran en ese país las genocidas prácticas de asesinatos en masa que llevó a cabo Álvaro Uribe durante todo su mandato, y que hoy ejecuta sistemáticamente Juan Manuel Santos sin ningún rubor.

El artero golpe asestado por Santos al pueblo venezolano en diciembre de 2017 al retener sin justificación legal alguna los perniles que los venezolanos más humildes esperaban con ansias para celebrar su cena de año nuevo, fue un claro anuncio de todo lo que estaba dispuesto a hacer el miserable presidente de los colombianos con el fin de satisfacer su sed de odio contra nuestro país.

En la misma forma ilegal, y sin el menor fundamento o explicación convincente para ello, el mismo Santos en persona ordenó semanas después de aquel inhumano atropello a los venezolanos, la retención de un importante lote de medicinas que el gobierno del presidente Nicolás Maduro había adquirido al laboratorio La Santé, del importante grupo empresarial colombiano Carval, con lo cual solo se agudizaba intencionalmente la difícil situación de desabastecimiento de medicinas que por acción del criminal cerco económico desatado por el imperio norteamericano contra nuestro país ha estado padeciendo el pueblo venezolano.

Esta semana, a tres días apenas del histórico proceso electoral que tuvo lugar este domingo en Venezuela, el desalmado Juan Manuel Santos, en un vulgar acto de simple agresión política, secuestra un gigantesco cargamento de comida destinada por el gobierno revolucionario a solventar las necesidades alimenticias de las venezolanas y los venezolanos, poniendo así en riesgo la salud de miles de mujeres, ancianos y niños, que se benefician del programa de Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) puesto en marcha por Nicolás Maduro para contrarrestar los devastadores efectos de esa inmoral guerra.

Santos se regocija reteniendo esos alimentos porque, como genocida contumaz que es en lo más profundo de su putrefacta alma de oligarca criminal, representan exactamente lo opuesto a lo que él personalmente concibe como lo único a lo que debe tener derecho el pobre, que es a la pobreza.

El Clap, que no es ninguna dádiva populista como lo quiere hacer ver esa derecha retardataria de la que forma parte Santos, es un poderoso mecanismo de redención social, a través del cual el pueblo se organiza y lucha para combatir la especulación y la usura que criminales como el presidente de Colombia encarnan, asegurando nuevas y más expeditas formas de distribución y de acceso a los productos de primera necesidad, pero construyendo a la vez un poderoso modelo sociocultural basado en la idea de la justicia y la igualdad como único parámetro de referencia y de orientación.

Mientras en Colombia exista como clase política la escoria humana que funestos personajes como Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos encarnan, jamás podrá existir una iniciativa tan venturosa como el Clap, porque ello equivaldría a la extinción del carácter genocida que tanto placer les proporciona a esos miserables.

PHOTO-2018-05-19-13-17-43.JPG (Foto: Hilda Rivero / Clap La Trinidad)

@SoyAranguibel

Nicolás Maduro… ¡Por la grandeza de la Patria!