Otra vez la mayoría minoritaria

Por: Alberto Aranguibel B.

La oposición ha convocado a lo largo de los últimos tres lustros a decenas de concentraciones que aspira sean multitudinarias, a las cuales nunca asisten los millones con los que amenaza.

Un antiguo Secretario Ejecutivo de la agrupación política que los reúne amenazó en su momento con una campaña de cincuenta de esas concentraciones en un mes.

Arrancada de potro y parada de burro. Ninguno de esos eventos (salvo dos o tres grandes movilizaciones que alcanzó a reunir a lo largo de los últimos 15 años en el distribuidor Altamira) se concretó jamás en los hechos.

En las escasas reuniones de calle que logró hacer a través del tiempo ha sido siempre posible contabilizar la asistencia mediante la aplicación del recurso audiovisual, tal como se hace hoy en día en los eventos de calle en el mundo entero. Nunca ha estado ni cerca de apenas un centenar de miles de personas.

Por eso no existen tomas de esas “gigantescas” movilizaciones en la televisión privada, ni venezolana ni de ninguna otra parte del mundo.

Tampoco ha sido posible que la oposición demuestre esa supuesta mayoría en los diversos eventos de consulta popular a los que ha convocado a su gente. Ni las elecciones primarias realizadas por ella, ni el supuesto plebiscito al que convocó, ni la elección regional del pasado domingo.

Tampoco en las llamadas “guarimbas” logró hacerlo, ni en la fase incendiaria terrorista, ni en la fase de las barricadas de autosecuestros por ella montada, en la cual , en vez de gente, siempre se vieron solamente cantidades de corotos y cachivaches destartalados, así como árboles y restos de propiedad pública destruida obstaculizando el libre tránsito.

Pero insiste, de manera obstinante, en que cuenta con una mayoría abrumadora, a la que debe ceder el paso la revolución bolivariana y la inmensa masa que por millones representan los revolucionarios que la integran.

Los resultados electorales del pasado domingo son demoledores. Las diferencias porcentuales entre los triunfadores revolucionarios y los derrotados de la derecha, son inobjetables.

Pero la derecha perdió el sentido del ridículo y vuelve de nuevo con la cantinela de una mayoría que en realidad es inequívocamente minoritaria.

¿Hasta cuando la derecha seguirá siendo dirigida por inmorales de tal calaña?

@SoyAranguibel

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Va ganando el socialismo

Por: Alberto Aranguibel B.

Apenas instalado el Gobierno del presidente Nicolás Maduro en 2013, la derecha emprendió la batalla del desconocimiento del Estado bajo el pretexto de la extinción de la “dictadura” que desde mucho antes habían desarrollado como matriz de opinión entre sus seguidores, y que (según ellos) con el fallecimiento del Comandante Chávez meses antes se habría acabado para siempre, con lo cual también se habría acabado el proyecto de justicia e igualdad social que impulsó en el país la Revolución Bolivariana.

Centró entonces su discurso en la frase “hay que cambiar el modelo”, refiriéndose en los términos más irresponsables al proceso de inclusión social que el socialismo, desde la óptica particular del ideario chavista, entraña.

El cambio del modelo fue su apuesta definitiva. Todo cuanto hizo para llevarlo a cabo; el desconocimiento del triunfo electoral del actual Presidente, el empeño en “tutear” (y hasta insultar a toda hora) al Primer Mandatario como burdo y soez intento por rebajar su dimensión institucional, las asonadas terroristas de 2014 y 2017, el frenético llamado a la comunidad internacional invitándola a actuar contra nuestro derecho a la autodeterminación, la imploración por un bloqueo económico contra nuestra economía, los muertos, mutilados, heridos, y los miles de deudos impactados por la vorágine antichavista a lo largo y ancho del país, así como la destrucción del bienestar que hasta ese momento fue alcanzado por las venezolanas y los venezolanos gracias a la Revolución Bolivariana, fue en su conjunto solamente una táctica de guerra por etapas con el único objetivo de acabar de raíz con lo que la gente más agradecía del Gobierno revolucionario; el bienestar social.

El empeño de la derecha no ha sido el destruir un ideario político solamente. Lo más importante para ese sector, cuya sed de poder está por encima de cualquier otra meta imaginable, es erradicar del alma del venezolano todo vestigio de satisfacción o agradecimiento hacia cualquier tipo de beneficio material o inmaterial que el socialismo bolivariano haya podido entregarle hasta ahora al pueblo. Su propósito más obsesivo es fomentar el odio del pueblo hacia su proceso revolucionario.

Por eso cuando habló desde el momento mismo del fallecimiento del Comandante Chávez de “cambiar el modelo”, a lo que se refería en concreto no era a otra cosa que al exterminio de la sensación de felicidad que de acuerdo a su lógica burguesa el hombre o la mujer de a pie no tenían derecho a experimentar.

En el capitalismo la pobreza es el condicionante esencial de la subordinación de clase a la que tiene que resignarse el pueblo para que la dinámica capitalista pueda verse realizada. El dinero, en sí mismo, no faculta ni desarrolla capacidad alguna para la determinación de la preeminencia social, porque carece de posibilidades materiales para la estructuración de la jerarquía social (como los ejércitos, las academias, las corporaciones), y es solo a partir de su capacidad para la generación de miseria como se produce la realización plena de la subordinación de la clase pobre a los designios de la clase burguesa.

De ahí la persistencia del más poderoso sector empresarial del país, Fedecámaras, Corpoindustria, entre otros, por exigir de manera invariable exactamente los mismos tres puntos, sobre los cuales no acepta discusión o concesión alguna.

En primer lugar, la exigencia estaba referida a la Ley del Trabajo. Tal como lo planteaba el sector privado, y lo convalidaba permanentemente la oposición que replicaba la tesis empresarial colocándola como punto de honor en el irresponsable debate político que le planteó a la Revolución, basado indefectiblemente en el desconocimiento de la legitimidad del Gobierno, la Ley del Trabajo debía ser derogada de inmediato si se quería contar con el aporte de dicho sector privado en la recuperación de la economía.

En segundo término, puso como condición inalienable la eliminación del control cambiario. La explicación ofrecida por el sector del gran capital en ese sentido también, como las explicaciones de las otras dos demandas, fue invariable durante los últimos cuatro años; ninguna economía del mundo ha prosperado bajo un régimen de control cambiario. Por supuesto, sin mencionar nunca que ninguna de esas economías de las que hablaba estuvo nunca sometida a la brutal lógica del saqueo al que ha estado sometida la economía venezolana desde hace más de un siglo, ni mucho menos mencionar la amenaza que hoy se cierne sobre nuestro país por parte de la más grande y depredadora potencia económica del mundo.

Finalmente, y no menos importante para ese sector, ha sido la de proponer como indiscutible la eliminación de la regulación de precios de los productos esenciales para la población.

En 2014, momento en el que arrecia tal exigencia (formulada reiteradamente desde hace al menos una década por ese mismo sector) la lista de productos esenciales regulados por el Gobierno Nacional no excedía los treinta y dos productos apenas. Aún así, siendo tan escasa la proporción de los productos regulados frente a los cientos de miles de productos susceptibles de ser comercializados a precio de libre mercado, tal como se hacía desde siempre sin ningún obstáculo por parte del Gobierno Nacional, el argumento del sector privado era que la desregulación de precios era lo más urgente e impostergable para la sobrevivencia de la economía.

Hoy, cuando en cada abasto, bodega, supermercado, panadería o frutería del país vemos la lujuria especuladora desatada como nunca antes en la historia de nuestra economía, donde la violación de toda clase de norma regulatoria o de control está a la orden del día hasta en el más insignificante producto de producción nacional (ya no solamente en aquellos sujetos a costos de importación) no cabe ni la más mínima duda de que el problema fundamental de la economía en este momento no es el humanista modelo socialista que le permitió a lo largo de toda la Revolución Bolivariana a las venezolanas y venezolanos disfrutar de infinidad de posibilidades de bienestar que jamás en el pasado pudieron ser ni siquiera imaginables, como la adquisición de productos de primera necesidad y medicinas a bajo costo,  posibilidades de acceso a bienes como equipos electrónicos, electrodomésticos, enseres y muebles casi a precio de costo, facilidades para adquisición de vehículos, viviendas, viajes al exterior, como nunca antes pudo hacerlo la gente pobre, servicios públicos virtualmente regalados, si no gratuitos, como la educación, la salud, la seguridad social, entre muchos otros.

Ahora, cuando se revisa el clamor nacional de todos los sectores del país, en los que se incluyen no solo los sectores del chavismo sino los militantes de la oposición y hasta los sectores mal llamados “ni-ni”, y se constata sin equívoco alguno que absolutamente todos reclaman la aplicación del máximo poder punitivo del Estado en contra de la anarquía inflacionaria que se ha instaurado en la economía nacional como producto de una guerra eminentemente capitalista que ha tenido como único propósito acabar con las regulaciones y los controles del gobierno sobre la economía, entonces es perfectamente claro que el país entero clama a una sola voz por la vuelta al modelo regulatorio socialista que la derecha siempre ha querido exterminar.

Hoy nadie desea en el país la libertad irrestricta por la que clama el neoliberalismo capitalista. La gente pide que se regulen los precios. Y punto.

En términos estrictamente ideológicos, el capitalismo perdió su propia batalla. Y esa, si se considera el esfuerzo en recursos humanos y activos económicos invertidos en esa prolongada guerra contrarrevolucionaria,  es una derrota descomunal.

Nadie pide ya aquella insensata plenitud de libertad para el capital, ni las desregulaciones para los precios de los productos esenciales por los que imploraron los capitalistas desde siempre. Ni siquiera los mismos opositores que padecen como los chavistas y como el pueblo todo los mismos agobios de la perversión capitalista que nos ha traído la penuria del desabastecimiento y la inflación más inmisericorde y desalmada.

El socialismo ha recobrado el profundo valor humanista que le imprimió desde un primer momento el Comandante Chávez, expresado en ese clamor de justicia por la que implora hoy el país entero cuando pide a gritos en todos los rincones “cárcel para los especuladores”, “mano dura en el control de precios”, “más poder al pueblo en las decisiones económicas”.

Se demuestra así que no era el modelo lo que había que cambiar, sino la tozuda y torpe oposición que le hizo al país tan demencial e irresponsable propuesta.

@SoyAranguibel

15 de octubre: La elección con rostro constituyente

Por: Alberto Aranguibel B.

No es por falta de Leyes que la inflación ha sumido al pueblo venezolano en el peor de los sufrimientos que pueda padecerse por la falta de acceso a los alimentos y productos de primera necesidad.

El artículo 114 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, establece como delitos absolutamente todos los excesos que el sector privado especulador comete hoy contra el bolsillo de las venezolanas y venezolanos.

Reza textualmente el Artículo 114: “El ilícito económico, la especulación, el acaparamiento, la usura, la cartelización y otros delitos conexos, serán penados severamente de acuerdo a la Ley.”

La Ley Orgánica de Precios Justos, por su parte, publicada en Gaceta Oficial 40.340 el 24 de enero de 2014, establece que “En ningún caso, el margen de ganancia de cada actor de la cadena de comercialización excederá de treinta (30) puntos porcentuales de la estructura de costos del bien o servicio.”, contemplando sanciones severas para el incumplimiento de la Ley que van desde multas hasta confiscación de bienes y revocatoria de licencias, permisos o autorizaciones para la comercialización.

Pero la demencial lógica de la Ley fundamental del capitalismo, la Ley de la Oferta y la Demanda, ha desatado el más brutal e inmisericorde saqueo al bolsillo de los venezolanos al elevar de manera indetenible los precios de venta al público de los productos de mayor demanda entre la población y dejando baratos solamente aquellos que nadie quiere comprar, con lo cual se hace virtualmente imposible de penalizar uno a uno los miles de comercios que hoy estafan al pueblo con el alza desmedida e injustificada de los precios.

Más de trescientos cincuenta mil (350.000) comercios, entre formales e informales, determinan hoy esa severa distorsión de la economía nacional, a partir de un fenómeno de desestabilización que la profesora Pasqualina Curcio explica de manera brillante en su artículo “Propuestas para detener la inflación inducida en Venezuela”, publicado en el portal 15yultimo.com el pasado 26 de septiembre.

Dice la profesora Curcio: “No hay manera de explicar, por ejemplo, que entre octubre y noviembre de 2016, en menos de dos meses, el tipo de cambio ilegal haya aumentado 272%, pasando de 1070,9 Bs/US$ en septiembre a 3986,48 Bs/US$ en octubre del mismo año. Como tampoco puede explicarse haciendo uso de las teorías económicas, que haya aumentado 573% entre marzo y septiembre de 2017, cuando pasó de 3.790,81 Bs/US$ a 25.542 Bs/US$. No ocurrió absolutamente nada, desde el punto de vista económico, que pueda explicar tal comportamiento. Lo ocurrido durante esos períodos, finales de 2016 y abril-julio 2017, fueron acciones de desestabilización política, promovidas por factores de la oposición local, que estuvieron caracterizadas por altos niveles de violencia y tenían como objetivo la renuncia del presidente Nicolás Maduro o la generación de una situación de caos que justificase la intervención internacional con el argumento de una crisis humanitaria en Venezuela o el levantamiento de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana […] El patrón de comportamiento del tipo de cambio ilegal desde el año 2006, no atiende a variables económicas sino políticas. Manipulación que ha estado acompañada de una campaña de comunicación en la que se pretende mostrar que las causas del aumento de los precios son las políticas económicas del gobierno, entre ellas la expansión de liquidez monetaria o el mismo control cambiario.”(*)

Tal como lo señala de manera esclarecedora la profesora Curcio, el problema económico fundamental en Venezuela es de origen eminentemente político (aún cuando ella se refiere principalmente a los intereses políticos de un sector de la economía y no exclusivamente a la acción directa de un sector de la política), en virtud de lo cual las respuestas más contundentes a las que puede apelar el sector oficial (Gobierno y Asamblea Nacional Constituyente) deben ser de naturaleza indubitablemente política.

La primera de esas respuestas fue la convocatoria al poder originario hecha por el Primer Mandatario nacional el 1ro de mayo pasado. Elegir una Asamblea Nacional Constituyente era una tarea impostergable para asegurar la paz y la estabilidad nacionales, sin ninguna de las cuales podría haberse pensado hoy en soluciones económicas de ningún tipo.

Pero esa paz, como lo hemos dicho hasta la saciedad en este mismo espacio, no es una paz bíblica que podamos considerar tan sólida y robusta como para dejar de atender las razones que obligaron a llamar al pueblo a erigirse en Constituyente. Esas razones, la violencia y el terrorismo desatado por la derecha criolla con apoyo del fascismo internacional y el Departamento de Estado norteamericano, siguen pendiendo como espada de Damocles sobre las cabezas de todas y todas los venezolanos, crean o no en el inmenso logro que representa la paz como escenario propicio para recomponer y relanzar la economía nacional por la senda del bienestar que solo el modelo de justicia e igualdad social que propone la Revolución puede asegurar.

Una paz que se alcanzó en medio de la vorágine criminal y destructiva desatada por la oposición golpista no por la simple instauración de un nuevo y deslumbrante actor político en el país, sino por la contundente verdad que le demostró al mundo entero la descomunal mayoría de mujeres y hombres de todos los rincones del país que alzaron con su voto su grito de repudio a la propuesta contrarrevolucionaria de la derecha saqueadora y entreguista que encarna el antichavismo.

Esa masa gigantesca de venezolanas y venezolanos pidiendo con la fuerza de la democracia verdadera, la democracia participativa y protagónica que nos trajo el Comandante Chávez, el retorno a la tranquilidad y al desarrollo de un modelo inclusivo como nunca antes en la historia hubo en el país, fue lo que detuvo la altanería de una derecha que creyó que su triunfo circunstancial en la elección de diciembre de 2015 para elegir diputados a la Asamblea Nacional, había sido la licencia para hacerse del control del Estado venezolano a punta de bazucas, molotovs y guayas homicidas.

Fue esa insensatez de una derecha demencial y vendepatria lo que hizo que la crisis de los precios se agudizara y la avaricia y la usura del sector más miserable de la economía encontrara el terreno fértil para su felonía, a costa del hambre y del padecimiento del pueblo venezolano.

Por eso la elección del próximo domingo no puede verse de ninguna manera como una nueva competencia entre bandos y candidaturas que logren favoritismos a partir de promesas ilusorias y delirantes, o que aseguren rechazo contra nadie bajo la insustancial lógica del voto castigo.

La elección del próximo 15 de octubre tiene que ser asumida por esa mayoría de venezolanas y venezolanos que apostaron de manera consciente por la paz y la estabilidad del país, como un avance en la lucha por asegurar que ese mismo espíritu constituyentista con el que alcanzó ese gran logro no se pierda, para seguir construyendo entre todas y todos el modelo económico de bienestar y justicia social que el pueblo aspira.

No hay un solo candidato opositor que no haya sido perfectamente claro en cuál es su verdadera intención de resultar electo. Ninguno ha hablado de impulso al desarrollo regional en ninguno de sus Estados. Todos, sin excepción, han hablado de usar la instancia del poder regional como punta de lanza para desatar la furia terrorista contra el presidente Nicolás Maduro.

Su propósito, expresamente anunciado por cada uno de ellos, es el relanzamiento desde sus negados espacios de poder, del terrorismo y la destrucción que solo conducen a la generación de más dolor, más hambre y más miseria entre la población. Esa ha sido hasta ahora su única propuesta. Eso ha sido lo único que han hecho, siempre a costa del padecimiento del pueblo.

Salgamos pues este próximo domingo, todas y todos, a defender con nuestro voto el derecho a la vida, a la felicidad, a la tranquilidad y a la paz que nos permita retomar la senda del bienestar económico que solo un espíritu verdaderamente creador y vigoroso puede alcanzar, porque se trata de la única fuerza capaz de hacer posible todo lo imaginable… el Poder Constituyente Originario del Pueblo.

Que no se repita nunca más el fatídico y costoso error del 2015. No le demos nunca más aliento a los demonios de la guerra y del hambre.

Elijamos a los hijos de Chávez y avancemos con entereza y compromiso patrio hacia el mejor porvenir para todas y todos los venezolanos.


(*) Propuestas para detener la inflación inducida en Venezuela

@SoyAranguibel

 

Dos meses sin guarimbas

Por: Alberto Aranguibel B.

La promesa central del Presidente Nicolás Maduro cuando convocó al pueblo a Asamblea Nacional Constituyente el 1ro de mayo de este año, fue la del aseguramiento de la paz que dicha asamblea garantizaría para tranquilidad de todas y todos los venezolanos.

La paz era absolutamente indispensable en ese momento porque lo que se avecinaba era una guerra civil con el peor desenlace avizorable en el más corto tiempo. Bajo la anarquía del terrorismo guarimbero el país se enrumbaba sin duda alguna hacia el despeñadero más pavoroso de su historia, que no era otro que el de la muerte y la destrucción indiscriminadas que arrojaría la ingobernabilidad que perseguía la dirigencia opositora para alcanzar su objetivo de justificar una invasión por parte de tropas norteamericanas en suelo venezolano.

Ciertamente esa dirigencia no ha cesado en su cabildeo por los pasillos del Pentágono, en la ciudad de Washington, promoviendo el cerco económico contra nuestra economía para matar de hambre a nuestro pueblo y lograr así la crisis humanitaria que ahora les parece mejor atajo para ese siniestro plan de hundir a Venezuela en la vorágine de una invasión armada, solo que ahora le resulta cada vez más cuesta arriba tan infame acción contra Venezuela porque ahora hay un pueblo activado en Constituyente.

A dos meses exactos que hoy se cumplen de haberse instalado esa Asamblea Nacional Constituyente que el presidente le ofreció al país como un seguro de vida para todas y todos los venezolanos, el mayor logro es exactamente el que anunciara aquel 1ro de mayo; la paz y la superación del terror fascista que sometió al país a la peor de todas las violaciones de derechos humanos que se haya llevado a cabo en nuestro suelo.

Cuando aparece alguien diciéndonos que “ya basta de discursos” y que nos aboquemos al tema económico, siempre les respondemos categóricos: “La medida económica más importante que puede tomar la ANC ya la está tomando con el solo aseguramiento de la paz, porque en medio de las guarimbas es absolutamente imposible que exista solución económica alguna.”

La paz es es camino a la solución de los problemas económicos, porque solo en paz se genera el clima de confianza que la economía requiere. Las guarimbas solo aseguran terror, miseria, muerte, destrucción y dolor profundo y permanente.

@SoyAranguibel

Hugo Chávez: la urgencia del legado

Por: Alberto Aranguibel B.

La religión católica se fundamenta en una síntesis escrita del pensamiento cristiano que a través de los siglos la iglesia ha denominado “la Palabra de Dios”, en torno a la cual gira la lógica de una institución erigida en rectora de la conducta humana a partir precisamente de una doctrina que no tiene en el relato bíblico una simple descripción bibliográfica de la vida de Jesús de Nazaret, de su pasión y su resurrección, sino todo un compendio ideológico que proclama en extenso la anunciación del “Reino de Dios” descrito en fabulosas parábolas.

A partir de esa compilación de textos, construida a lo largo de 1.600 años por más de 40 autores entre sacerdotes, filósofos, reyes, pastores y maestros de la cristiandad, cuyos orígenes se extienden a lo largo de tres continentes, en los cuales no existía ni la imprenta, ni la luz eléctrica, ni la radio, la televisión y mucho menos la internet o las redes sociales, la iglesia se convirtió en una de las más trascendentales instituciones de la historia, tan solo en virtud del poder de su mensaje de redención y de profundo contenido ético y moral, más no de las pruebas o evidencias que demuestren la veracidad de los eventos sobrenaturales que la Biblia relata.

El exsacerdote John Dominic Crossan, uno de los más reconocidos estudiosos de la vida de Jesucristo y toda una autoridad en materia de historiografía bíblica, sostiene que de todo lo recogido en la Biblia como dicho por Jesús, cuando mucho apenas un 30 o 32% puede en verdad haber sido dicho por él. Pero, más allá de Crossan, son muchos los científicos, teólogos, antropólogos, sociólogos, e investigadores de reconocida solvencia y trayectoria, quienes coinciden con tal apreciación y establecen como cierta la tesis de la posibilidad de que la Biblia (cuyos primeros textos se remontan a las 6 o 7 décadas después de la crucifixión de Cristo) haya sido el resultado de infinidad de invenciones, aportes, alteraciones o modificaciones de tales relatos a través del tiempo por parte de quienes de una forma o de otra pretendieron explicar lo inexplicable de acuerdo a sus creencias, intereses o conocimientos particulares.

Sin embargo la iglesia, esa poderosa institución, es lo que es hoy en el mundo gracias a la perseverancia en su exaltación de ese mensaje a través de un ritual de veneración (la misa) que considera a esa “palabra” como el objeto sagrado, eje y centro de la doctrina de la fe cristiana, que amerita el tributo de colocarse de pie para poder ser escuchada.

“El Capital”, escrito por Carlos Marx casi dos milenios después de Cristo, ha logrado el prodigio de convertirse también en una obra referencial del pensamiento humano a lo largo de los últimos ciento cincuenta años. Con la diferencia, respecto de la Biblia, de ser sin duda alguna comprobable su autoría y perfectamente irrefutable su postulado ideológico.

Pero Marx fue un hombre de ideas a quien su circunstancia y su tiempo histórico le impidieron concretar en los hechos sus formulaciones teóricas. Lenín, como Mao Tse Tung, Fidel y muchos otros grandes revolucionarios, tuvieron cada uno a su manera la oportunidad de poner en práctica solo algunos aspectos del pensamiento marxista porque las condiciones objetivas de los procesos revolucionarios que lideraron así lo determinaron.

Al igual que el cristianismo, el marxismo no es el inflexible recetario comunista que los dogmáticos asumen desde la izquierda de manera obcecada, o que los socialdemócratas y ultra derechistas entienden como el veneno ideológico de los pueblos, sino la formulación lógica de la política y de la economía para la transformación de la sociedad y del Estado en función de la justicia y la igualdad social.

Hugo Chávez, siendo el excepcional líder y pensador revolucionario que fue en su breve transitar como luchador y guía de los pueblos en la historia de la humanidad, tuvo la fortuna de nacer en la era de la comunicación de masas, de la televisión, de la telefonía inteligente, de internet. Su pensamiento (al igual que su obra emancipadora) pudo ser plasmado en cientos de miles de horas de videos, escritos, audios, y de millones de medios virtuales a través de internet.

Los aportes de Chávez al pensamiento revolucionario de todos los tiempos, se fundamentan en las particularidades de su formación como militar patriota y en la crudeza de la realidad que debió afrontar como conductor de uno de los procesos de transformación más complejos y exigentes de la historia; el de emprender una revolución no en una sociedad famélica, carente de recursos y posibilidades ciertas para su recuperación, sino en una sociedad de gente pobre, sentada sobre la riqueza petrolera más grande del planeta, pero fracturada en gruesos sectores de la población por el envilecimiento del consumismo capitalista, la corrupción y el antipatriotismo.

Fue el compendio que hizo Chávez de esa visión revolucionaria construida a través de la historia por los revolucionarios, aunada a su comprensión de la particularidad de la lucha latinoamericana y de su importancia para el mundo (no solo en lo político, sino en lo social y en lo económico), lo que hace del pensamiento chavista una reveladora e imprescindible ideología de avanzada, más allá del carácter estrictamente marxista de su propuesta que él mismo resumió en algún momento como un ángulo apenas de su pensamiento.

El pensamiento propio de Chávez existe y no requiere, como la Biblia, por ejemplo, de la interpretación de los estudiosos, los semiólogos, ni los expertos en teoría política. Un pensamiento extenso, prolífico y profundo, como muy pocos postulados teóricos políticos existen hoy sobre la tierra. Y es, gracias a Dios, explicado por él mismo a lo largo de todo su discurso. Su indiscutible liderazgo estuvo cimentado siempre en su excepcional capacidad comunicacional con todos los sectores de la población, desde los más ricos hasta los más humildes.

Un compatriota, el editor Carlos Herrera, ha emprendido, con el apoyo de un grupo de empresarios venezolanos, una encomiable tarea que lamentablemente el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) no ha asumido como debiera hacerlo, como es la de sistematizar las más significativas ideas del Comandante Chávez en un proyecto de difusión masiva que han denominado “El legado”, y cuyo punto de partida es una publicación gratuita contentiva de más de 16.000 frases del líder revolucionario, debidamente clasificadas por tema y datadas con fecha y nombre del evento en el que fueron pronunciadas, pero que se extiende hasta un descomunal proyecto interactivo a través del medio electrónico (en alianza con el gigante de internet Google), contando ya al día de hoy con traducciones certificadas al inglés, italiano, ruso, árabe, sueco, francés y portugués.

Se trata de un primer paso apenas en el propósito impostergable para la Revolución Bolivariana de hacer del pensamiento del Comandante Eterno, una activo valioso de orientación y de guía perdurable para la lucha de los pueblos latinoamericanos y del mundo que luchan por la justicia y la igualdad social, más allá de la muy eventual semblanza épica que puedan hacer (incluso hasta con la mejor intención) los historiadores de hoy y del mañana.

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“El legado”, el más completo y funcional registro que hemos visto hasta hoy del pensamiento de ese gigante que apenas comienza su indetenible elevación a los más altos niveles de la historia de los pueblos del mundo, tiene que ser el punto de partida de una acción revolucionaria monumental de relanzamiento de un ideario llamado a asegurar el bienestar definitivo de la humanidad hacia el futuro.

Una acción que se traduzca en facilitación del acceso universal y gratuito a las ideas del Comandante, al estudio del mismo en las Comunidades, en orientación para el Plan Estratégico de la transformación revolucionaria pero también para la acción y la discusión cotidiana en el barrio, en la fábrica, en el campo, en la escuela y en las universidades.

14 millones de Carnet de la Patria tienen que traducirse cuanto antes en 14 millones de libros entregados al pueblo, para que Chávez se convierta ya no en el recuerdo amoroso y nostálgico que hoy es, sino en el activo emancipador que debe ser, vital, tangible, propio de cada hombre y de cada mujer de Venezuela, a toda hora del día y de la noche.

Los “milagros” de Chávez son todos verificables a los ojos del mundo. Su amor por los más necesitados fue único en la historia política. La pasión de su entrega al servicio de su pueblo fue el calvario que lo elevó a la vida eterna.

Los Revolucionarios debemos ser los “apóstoles” que edifiquemos y perpetuemos su gloria.

@SoyAranguibel

Los conejos de Bernal

Por: Alberto Aranguibel B.

Parte fundamental de la guerra que el capitalismo ha desatado contra el pueblo venezolano para provocar mediante el hambre y la desesperación su deserción del proceso revolucionario, ha sido el intento por hacerle pensar a la gente que no hay tal guerra y que el padecimiento que hoy sufre es solo producto de erradas políticas económicas del gobierno.

El precio del cartón de huevos en la calle, por ejemplo, ha alcanzado niveles astronómicos de la noche a la mañana y la gente le dice a uno que “ya basta de fábulas con el cuento de la guerra económica; que lo que hay que resolver es el precio del huevo”, sin percatarse que la prueba de que sí hay en efecto una guerra económica es precisamente el precio del huevo, cuyo nivel ha sobrepasado sin ninguna razón justificable el margen del diez mil por ciento de incremento en poco menos de un año.

Un símbolo apenas de una inflación inducida que abarca la casi totalidad de los rubros esenciales para la población, determinado por un fenómeno instaurado en el país con la perversa lógica del llamado “bachaquerismo”, a través del cual los precios se incrementan exponencialmente a medida que se le agregan eslabones a una inusual cadena de comercialización que se extiende desde el convencional productor o mayorista hasta el quiosco de periódicos, pasando por el distribuidor, el supermercado, la bodega, o la carnicería, pero ahora también la frutería, la venta de CDs quemados, y hasta uno que otro chichero, que se compran unos tras otros un producto de larga duración con la ilusoria esperanza de hacerse de un dinero extra con poco esfuerzo, lo que termina por hacer sumamente difícil el control por parte de los mecanismos de regulación del Estado precisamente por su naturaleza informal.

Meter preso a todo el que venda huevo en las esquinas (que seguramente son quienes menos ganan) es entonces una medida irracional. Obligarles a vender a pérdida, es todavía más insensato porque, como hemos dicho, quien marca el precio de ese producto no es el pequeño vendedor de la bodega o el buhonero, sino el mercado capitalista, alterado como está por la presión alcista de los poderosos sectores especuladores del gran capital nacional y transnacional que hoy se confabulan contra nuestra economía, utilizando para ello los cientos de miles de millones de dólares que por décadas han sacado del país a la espera de una situación de dificultades para el bolívar (como la que hoy experimenta nuestra moneda producto de la caída del ingreso petrolero y de las distorsiones económicas que afectan al sistema como parte de esa guerra) reinyectándolos a nuestra economía al precio que ellos mismos establecen desde el imperio a su buen saber y entender a través de una página web de su propiedad, apoyándose para ello en los mecanismos de transferencias bancarias electrónicas que hoy en día facilitan esa posibilidad.

La guerra no es, pues, un evento militar o político siquiera, sino un fenómeno social y cultural complejo en el que intervienen, además de los factores económicos que por supuesto la determinan, componentes de naturaleza sicológica que han estado presentes a lo largo de todo el ataque del capitalismo contra la revolución bolivariana y en particular contra el Gobierno del presidente Nicolás Maduro.

Los hábitos alimenticios de la población son un aspecto esencial en el estudio que llevan a cabo las agencias especializadas acerca de cuáles mecanismos pudieran resultar más “idóneos” en las guerras de desestabilización que promueve el imperio norteamericano hoy en el mundo contra aquellos países que considera insumisos a sus particulares intereses de potencia hegemónica.

Uno de los primeros ataques de esa guerra sicológica que usó como arma el apego de la población venezolana a ciertos rubros alimenticios, en este caso importados mediante la trasculturización impuesta por el consumismo, fue el llevado a cabo en 2014 por la empresa norteamericana MacDonald’s, cuya comida chatarra es considerada desde hace más de treinta años por buena parte del sector pudiente de la sociedad venezolana como un alimento esencial y maravilloso, que connota además el carácter “glamoroso” que para ese sector representa su predilección por cualquier marca norteamericana.

En esa oportunidad el ataque consistió en un intento por provocar la ira de la población contra el gobierno por la incapacidad de vender papas fritas a la que se veía obligada la empresa por la supuesta falta de divisas necesarias para adquirirlas en su casa matriz en los EEUU.

La reacción inmediata del gobierno bolivariano, que demostró que tal escases de papas se debía a una huelga de trabajadores en los EEUU y no a falta alguna de asignación de divisas, impidió que prosperara el plan desestabilizador que adelantaba esa corporación en el país.

Sin embargo, no fueron pocos quienes expresaron su malestar por lo que consideraron un “atentado” contra la costumbre de darle de comer a sus hijos las papitas del payaso Ronald, en vez de un condumio criollo de propiedades excepcionales como la yuca, tal como lo denunciaron a través de diversos mensajes en las redes sociales algunas madres indignadas en aquel momento.

Un alcalde opositor (hoy prófugo de la justicia por promover el terrorismo en su municipio) decía en su cuenta tuiter que “Después de las papas fritas se irán las hamburguesas, y con ellas McDonalds y sus puestos de trabajo. Consecuencias del modelo fracasado…”, lo que dejaba al descubierto la macabra estrategia golpista de la derecha internacional que pretendía utilizar la alimentación del pueblo en tal despropósito.

Se quiso usar entonces el hábito alimenticio de los venezolanos para provocar rechazo al gobierno, tal como se intenta hacer hoy de manera despiadada con la propuesta del dirigente revolucionario Freddy Bernal, quien ha sometido a consideración del país la posibilidad de aprovechar las cualidades proteicas del conejo como un alimento sano y altamente provechoso, sobre todo por su propiedad prolífica y de bajo costo.

La capacidad de respuesta es no solo imprescindible a la hora de enfrentar una guerra, sino que es una obligación y una responsabilidad impostergable para todo gobierno. Estudiar los distintos escenarios en los que pueden presentarse los ataques, así como la preparación meticulosa de sus fuerzas para contrarrestar la embestida del enemigo, es la tarea suprema y más importante a asumir sin dilaciones ni titubeos de ninguna naturaleza.

La concientización y preparación de la gente frente a la amenaza es igualmente una labor de primer orden en todo ello.

Fue así, mediante la organización efectiva de sus pueblos, como salieron adelante a lo largo de la historia las sociedades sometidas al asedio de las fuerzas enemigas que en algún momento intentaron cercarlas y exterminarlas no solo mediante el uso de las armas sino con la inclemente presión del hambre a la que conducían los bloqueos que se les imponían.

Es lo que hace hoy el gobierno del presidente Nicolás Maduro a través de acciones y programas audaces e inteligentes, orientados a impedir que la devastación que desatan las guerras capitalistas contra los pueblos alcance hoy a las venezolanas y los venezolanos.

En eso los Claps, que no es otra cosa que una poderosa forma de organización popular para enfrentar la arremetida del imperio, vienen a ser una verdadera demostración de las infinitas capacidades de nuestro pueblo para superar cualquier obstáculo que se interponga en el camino de la construcción del modelo soberano de justicia e igualdad social que se ha propuesto.

Quienes se horrorizan hoy frente a la idea de consumir la carne de conejo como una fórmula de superación del modelo rentista importador al que se nos sometió por más de un siglo (exactamente el mismo horror que sienten, por ejemplo, los hindúes cuando nos ven comiendo carne de res, o que sentimos cuando nos enteramos de que los chinos comen carne de perro de manera regular) no lo hacen en verdad porque consideran despreciable su exquisitez, sino porque lo propuso un chavista.

Pero no es como político que Freddy Bernal asoma la posibilidad de adecuar nuestros hábitos a lo que en verdad estamos en capacidad de producir, sino como revolucionario a carta cabal que piensa en nuestro beneficio como país y como pueblo por encima de cualquier otro interés.

Frente al cruel bloqueo económico contra nuestro pueblo promovido por la dirigencia opositora en el extranjero, el conejo es una opción sensata, oportuna y necesaria, que beneficia fundamentalmente a la gente humilde que hoy sufre los embates de una inflación perversa desatada por el capitalismo contra Venezuela.

@SoyAranguibel

 

Aranguibel en Encendidos: “De no ser por la ANC, la situación económica sería hoy mucho más difícil”

Caracas, 22 de septiembre.- El analista político venezolano Alberto Aranguibel sostuvo hoy en el programa “Encendidos” que transmite Venezolana de Televisión, que si la Asamblea Nacional Constituyente no estuviera trabajando intensamente para resolver junto al Gobierno del presidente Nicolás Maduro los problemas que aquejan hoy a los venezolanos, la realidad económica sería mucho más difícil que la actual, y que hasta una invasión de fuerzas militares extranjeras podría haberse llevado a cabo ya de no haberse puesto en marcha una política de contención de los efectos devastadores que conllevan las guerras económicas, como las que ha desatado el imperio norteamericano contra los venezolanos.

Así mismo señaló el también Constituyentista que de haber existido en el seno de la ONU la posibilidad de votar por la aprobación o rechazo de las propuestas que los mandatarios de las naciones del mundo hacen desde esa tribuna, el discurso del presidente Donald Trump contra los países progresistas (Venezuela en particular) habría sido repudiado por la inmensa mayoría de los Delegados, “tal como se demostró en la aprobación unánime que tuvo al día siguiente de ese discurso el respaldo a nuestro país en el seno del Movimiento de los No Alienados (Minoal), la mayoría de los cuales están en contra de la pretensión hegemónica imperialista de los Estados Unidos de Norteamérica”, según dijo.

Finalmente el analista acusó al Jefe del Gobierno español, Mariano Rajoy, de violar el Estado de Derecho al encarcelar a trece dirigentes políticos en Cataluña que solamente pedían el voto para su pueblo, después de haber dirigido durante meses una guerra frontal contra el Presidente Nicolás Maduro por supuestamente haber ordenado la puesta en prisión de un dirigente opositor venezolano, que describió como “producto de un proceso ajustado a derecho” en el cual se le imputó a dicho dirigente una pena por su autoría en el asesinato de más de 43 venezolanos en 2014.

 

Aranguibel en Supuesto Negado

ARANGUIBEL: EXISTEN OTRAS POTENCIAS Y OTROS FACTORES EN JUEGO PARA SUPERAR SANCIONES

Para el constituyente y analista político Alberto Aranguibel en este escenario electoral el chavismo está más sólido que nunca, mientras que la oposición se enfrenta el escenario más comprometido de los últimos años.

En entrevista con Supuesto Negado, Aranguibel explicó cómo los efectos de las sanciones económicas de EEUU podrían tener un peso significativo en el ánimo del electorado.

¿De qué manera las sanciones impuestas por EEUU a Venezuela podrían tener impacto en las elecciones regionales de octubre?

​La Orden Ejecutiva tiene un impacto en la vida toda del país, no solo en las elecciones, porque ella influencia la animosidad del venezolano como elector pero también como consumidor de bienes y servicios en general.

Es decir, hay un daño real que se le hace a todo el país con medidas arbitrarias y unilaterales como esa, mucho más allá de la absurda diferenciación que pretende hacer ver la derecha que podría existir entre el chavismo y la oposición a la hora de aplicarse sanciones de ese tipo contra nuestro país; las sanciones no operan de manera práctica contra nadie en particular en el país porque Venezuela es un territorio soberano que se rige por una Constitución y unas leyes propias. Pero ellas inhiben, por ejemplo, la confianza o la operatividad de los inversionistas y proveedores internacionales, con lo cual se afectan todas y todos los venezolanos por igual. Como digo, independientemente de por quién vote cada quien.

Ahora, si la pregunta está referida a de qué lado se colocará el elector, es decir, si buscará apoyar o castigar con su voto a los amigos o a los enemigos de Trump en la elección, creo que eso será algo que estará determinado por la capacidad de cada uno de los sectores o de los candidatos de hacerle ver con claridad su punto de vista a los electores.

En lo personal, creo que al día de hoy en esa contienda va ganando el chavismo por mucho, pero por mucho margen. Particularmente por la cohesión popular que ha logrado el presidente Maduro con su propuesta de la necesaria defensa de la Patria por encima del interés partidista.     ​

Precisamente a eso nos referimos, a un eventual resultado electoral. ¿Piensa que la agudización de la crisis económica podría tener implicaciones en los resultados electorales de 2017 y 2018?

​El tema económico siempre ha tenido un peso determinante en toda elección, no solo en nuestro país sino en el mundo entero. El dilema es cómo logran los actores políticos ubicarse frente al electorado con ese tema.

La demagogia ha sido el recurso de salvación al que más han apelado los políticos a lo largo de la historia para salir airosos en la superación de ese obstáculo y seguramente aquí veremos una vez más mucha demagogia en el discurso de la campaña electoral.

En la elección para escoger los diputados a la Asamblea Nacional en 2010 (cuando la oposición rectificó su anterior posición abstencionista) la candidata María Corina Machado, por ejemplo, ofrecía de manera casi desquiciada que con la sola elección de ella como diputada se iba a acabar el desempleo, la inseguridad, el alto costo de la vida, y creo que hasta con el problema de la calvicie, si mal no recuerdo.

El factor diferenciador en esta oportunidad en particular, es que el elector tiene un alto nivel de conciencia de la relación que tiene lo económico con el tema de la violencia. Una violencia que aterrorizó a todo el país sin excepción y que dejó secuelas no solo en lo emocional sino en lo económico también en la mayoría de los casos, porque además de la gente que perdió sus pertenencias o sus propiedades por la acción de esa violencia irracional que desató el sector de la oposición en el país, existe hoy mucha gente que está convencida de que el alto costo de la vida fue acelerado de manera muy determinante por esa violencia. Es decir, la gente sabe que la peor medida económica es la desestabilización y la guerra. Y que la mejor es la paz que permita recomponer y corregir las distorsiones sin el peso del terror encima de la cabeza.

Yo creo que no habrá tal agudización sino todo lo contrario. En la medida en que logremos preservar esa paz que hoy todas y todos los venezolanos sabemos que ha sido solo posible a partir del llamado a Constituyente hecho por el Presidente Maduro, vamos a poder retomar la senda de bienestar que desde que somos República de Venezuela alcanzó solamente durante la revolución bolivariana y que fue perturbada con la actuación desestabilizadora de la oposición cada vez que ha decidido desatar su furia contra el aparato económico del país.   ​

Quizás para octubre aún no se perciban del todo las consecuencias de las sanciones económicas, sin embargo, ¿para las elecciones Presidenciales del 2018, qué impacto podría tener?

​La arbitraria sanción del gobierno norteamericano no es lo único que existe en el panorama económico venezolano. Eso lo ven así quienes creen que de verdad es el imperio norteamericano quien determina el curso de la economía en el planeta.

Pero quienes vemos el mapa de manera integral, sabemos que existen otras potencias y otros factores en juego (como por ejemplo nuestras infinitas riquezas en recursos naturales renovables y no renovables), y que la forma en que se hagan las jugadas en ese tablero será lo que en verdad decida el resultado.

Es como está haciendo el Presidente Maduro. Su reciente gira internacional, así como todo el trabajo que él ha adelantado desde hace años en su política internacional, nos permiten visualizar que no solo para estas elecciones o para las presidenciales, sino para mucho más allá en términos de la perspectiva económica futura para el país, la realidad será mucho más provechosa que negativa.

¿Cómo observa el escenario electoral para la oposición, que ahora luce desmovilizada?

​Es posible que sea el más comprometido para ese sector desde el punto de vista de su capacidad de convocatoria real. En toda elección el poder de convocatoria es fundamental, y la oposición se ha caracterizado mucho por la desestimación de ese elemento tan importante y esencial en una elección.

A lo largo de todo el periodo revolucionario, la oposición (una vez Coordinadora Democrática, otra Mesa de la Unidad, etc.) ha capitalizado el voto de un amplio sector de venezolanos que no son militantes de la oposición (ni quiere serlo) pero que tampoco está con el chavismo. Ese secuestro del “voto ajeno” es lo que le ha permitido venderse como una opción de gran tamaño en términos numéricos.

Pero eso no es el voto de una militancia real de la oposición, construida digamos a punta de trabajo político en el barrio, en las comunidades, y fortaleciendo una maquinaria partidista sólida y poderosa. Es un secuestro, como digo.

Ahora, desde un principio la oposición ha estado clara en que no existe el más mínimo espíritu unitario entre sus integrantes. Ellos mismos saben más que nadie que lo que los une (si es que hay algo que pueda unirlos) es el odio a Chávez y todo cuanto tenga que ver con Chávez. Ese odio a Chávez permite que puedan alcanzar un mínimo nivel de consenso cuando la elección es entre un candidato nacional chavista frente a un candidato nacional antichavista.

Pero cuando hay veintitrés elecciones en las que no tienen tantos líderes con capacidad de convocatoria como cargos están en juego, enfrentarse al liderazgo chavista que sí ha cultivado una cultura de fortalecimiento de la militancia de base y de formación de cuadros, se le pone cuesta arriba.

Hoy creo que el chavismo está más sólido que nunca antes, porque si ganó las cuatro elecciones que ganó en menos de un año entre 2012 y 2013 en medio del inmenso dolor que significaba la pérdida de su máximo líder y cuando no se confiaba en las capacidades de Maduro para asumir el compromiso que tenía por delante, ahora, cuando acaba de demostrar la fortaleza que demostró con ese logro excepcional que significó sobreponerse con la ANC por encima de la guerra económica, mediática y política desatada desde tantos flancos de manera simultánea, reavivando como lo hizo un partido que el mundo entero pensaba que desaparecería con la muerte de Chávez, desmantelando como lo hizo a la MUD (a la que derrotó en la guerra de las guarimbas con el solo hecho de no lanzar sobre ellas el poder represor del Estado), veo que es muy difícil en verdad el panorama para lo que queda de aquella combativa MUD de otros tiempos.  ​

¿Cómo interviene el diálogo en ese escenario electoral?

​Creo que el escenario del diálogo está siendo capitalizado ampliamente por el Gobierno del Presidente Maduro. Esa ha sido su propuesta más persistente desde antes incluso de iniciado formalmente su mandato, me refiero a que ha sido una propuesta histórica de la Revolución desde que Chávez era Presidente. De ahí la reticencia de la oposición a dejarse ver en ese escenario. Para la oposición el diálogo es un cadalso, porque el diálogo es la negación del totalitarismo. Si ella tiene meses diciendo que en Venezuela lo que hay es una dictadura, aparecer dialogando con el supuesto dictador es un sin sentido. Eso desmorona todo el discurso no solo de la oposición sino del mismo Secretario General de la OEA, Luis Almagro, que habría “comprado” plenamente la especie de la “dictadura” en su campaña internacional contra Venezuela. Además que le deja en evidencia frente a sus propios seguidores como unos vulgares oportunistas, cuyo interés no tiene nada que ver con lo que les han venido diciendo a sus militantes, sino con la sed de poder y de negocios que ellos ven en el poder. En la medida en que eso se mantenga así, lo más probable es que el presidente Maduro lo capitalice también electoralmente. Pero ahí parece que todavía falta mucha agua por correr debajo de los puentes. Es decir, el diálogo no es un escenario estático sino más bien dinámico, y de ahí su naturaleza imprevisible.

La ANC constituyó una victoria importante para chavismo, sin embargo, ¿cree que esa victoria se repita en octubre?

​Si la ANC le explica con la más perfecta claridad al país los verdaderos alcances de ella en cuanto al aseguramiento del clima de gobernabilidad que es imprescindible para poder avanzar en la solución efectiva de los problemas económicos que padece la población, entonces ese logro será cada vez más perdurable. Es un gran reto el que tiene por delante la ANC porque lo que hay en Venezuela no es solo un problema económico o político nada más, sino que también es comunicacional y social a la vez.

Es decir, si a la gente le han metido en la cabeza que las soluciones económicas existen pero que lo que pasa es que el Presidente no ha querido o no sabe tomarlas, entonces hay que hacer un esfuerzo titánico porque la gente entienda que las medidas hay que construirlas, y que eso es algo para lo cual se hacía indispensable una Constituyente, porque la “construcción” de las medidas que nos permitan resolver definitivamente las distorsiones económicas, empezando por el aseguramiento del clima de paz que haga propicia la actividad económica, es solo posible mediante el debate nacional que puede hacerse única y exclusivamente en una Asamblea Nacional Constituyente.

A la gente le han dicho, por ejemplo, que el problema es que Maduro no mete preso a los especuladores. Y puede haber algo de razón en eso, pero la solución definitiva de las distorsiones económicas no es meter preso a los trescientos setenta mil empresarios privados que hoy operan en el país. Entonces, como digo, el reto es muy grande, porque se trata de ir corrigiendo, pero a la vez ir actuando. En todo eso, el apoyo y la cohesión del pueblo en torno a su ANC será lo más esencial y determinante.

Si se genera de nuevo el virus de la autodestrucción que contaminó al chavismo en las elecciones parlamentarias de 2015, que algunos escondieron bajo el sofisma contrarrevolucionario de la “autocrítica” antimadurista, y le desmovilizó casi dos millones de votos, lo que abrió el espacio para el envalentonamiento de la oposición que desató la locura incendiaria que nos hizo tanto daño a todos los venezolanos por igual, entonces será el mismo pueblo quien ponga la daga sobre su propio pescuezo. El pueblo ya hoy sabe que el bienestar que le trajo el socialismo no se alcanza con más capitalismo sino con más socialismo. Que toda regresión al modelo neoliberal es suicida. Por eso, por la madurez y el alto nivel de conciencia que ha adquirido el pueblo con las traumáticas experiencias padecidas en los últimos meses con el terror de la violencia, creo que esta victoria política del chavismo con la ANC será un logro sólido y perdurable.

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Por Miranda Rojas / Supuesto Negado

Hacia un mundo constituyente

Por: Alberto Aranguibel B.

En el llamado “concierto de las naciones”, los congresos, las cumbres, las reuniones y encuentros multilaterales, son por antonomasia el factor común a través del cual los países intercambian conocimiento, arriban a acuerdos, formulan y establecen tratados y pactos de cooperación, ya sea de naturaleza comercial, legal, militar, científica o política, pero que jamás se tradujeron en bienestar tangible para los pueblos de esas naciones.

Un formato vetusto denunciado ante el mundo desde el inicio del siglo XXI por el Comandante Hugo Chávez Frías, quien se atrevió a desenmascarar desde la primera gira presidencial de su mandato la ineficiencia de las sempiternas reuniones entre presidentes y jefes de gobiernos mientras el hambre y la pobreza de nuestros pueblos avanzaban sin solución eficaz a la vista.

Cuando el líder de la Revolución que ya desde entonces estaba dando tanto de qué hablar en el mundo, advertía con su proverbial coraje: “Vamos de Cumbre en Cumbre mientras nuestros pueblos van de abismo en abismo”, señalaba lo imperioso e impostergable que debía ser atender el clamor popular mediante mecanismos de interrelación que impulsaran efectivamente la justicia y la igualdad social, y que dejaran atrás el formato acartonado y vetusto que significaban aquellos eventos protocolares a los que se había habituado la humanidad sin que nadie se atreviera a poner el dedo en esa llaga simplemente porque se trataba del escenario de mayor relevancia para los encuentros presidenciales.

Más allá de las distintas formas de manifestación popular a favor o en contra de sus propios gobiernos (o de políticas instauradas por estos) a lo interno de cada país, han sido muy pocas las movilizaciones populares de carácter internacional en respaldo a una nación amiga o en solidaridad con su pueblo en lo que va de siglo. Las movilizaciones que hemos visto en apoyo a la lucha de pueblos sometidos a la barbarie de la guerra, como en el caso del pueblo palestino o del sirio, o a la injusticia de la exclusión que comprende el drama de los refugiados y de las hambrunas en el África, o de las desapariciones forzosas de decenas de jóvenes normalistas en México y de líderes sociales en Colombia, son más que ninguna otra cosa expresiones de repudio hacia las naciones y gobiernos que promueven tales abominaciones.

El capitalismo es cada vez más repudiado por el mundo. No le gusta a la gente el empeño de los capitalistas en acumular cada vez mayor cantidad de riqueza a costa del padecimiento de miles de millones de seres humanos que a diario sufren la violencia de un modelo, como el neoliberal capitalista, cada vez más inviable e ineficaz en la solución de los problemas más angustiantes del mundo hoy en día, incluidos aquellos relacionados con la destrucción del planeta y la degradación del clima de los cuales ese voraz modelo es el mayor causante.

Todavía hoy resulta reveladora aquella descomunal manifestación contra el capitalismo que tuvo lugar en la ciudad de Seattle en 1999, en los Estados Unidos, con motivo de la Cumbre de la Organización Mundial del Comercio. Decenas de miles de trabajadores y profesionales de los más diversos sectores de la sociedad norteamericana y del mundo, acudieron masivamente a protestar el encuentro de las grandes potencias capitalistas hasta lograr su total fracaso, convirtiéndose así en el punto de partida del proceso que a la larga dio al traste con la llamada “globalización” en la cual el capitalismo tenía cifradas sus mayores esperanzas para el nuevo siglo.

“La Batalla de Seattle”, como se le conoce en la historia, determinó el comportamiento de las luchas populares contra el salvaje modelo neoliberal capitalista hasta nuestros días, solamente superada en la actualidad por la lucha antiimperialista que libra desde hace casi dos décadas el pueblo venezolano por instaurar y consolidar el humanista socialismo bolivariano legado por el Comandante Chávez.

A finales del siglo XX, habiendo terminado la llamada Guerra Fría, se extinguía la posibilidad de acusar al comunismo de los males que padecía la humanidad. Para la gente empezó a ser evidente desde aquel momento que quien causaba esos males era el mismo que se había mantenido oculto por más de cien años tras la falsa fachada de “incansable luchador por la libertad y la democracia”. Descubrió progresivamente el pueblo la falacia del bienestar y el progreso que de manera ampulosa ofrecía el llamado libre mercado, y empezó entonces a denunciar cada vez con más fuerza la barbarie capitalista.

No existe desde entonces ninguna reunión de las grandes potencias que no sea asediada por multitudes enardecidas protestando las injusticias que en nombre de la libertad esas naciones todopoderosas llevan a cabo contra los pueblos del mundo.

No ha habido un solo presidente de los Estados Unidos que no sea recibido a tomatazos hasta en los más apartados rincones del planeta. O que, en el mejor de los casos, no deba ser protegido con miles de guardias y sistemas de seguridad sofisticados en prevención de ataques que sus equipos de protección consideran inminentes contra la integridad física de esos mandatarios. A George Walker Bush, apenas uno de ellos, llegaron hasta a aventarle zapatazos en la cara en alguna de sus giras oficiales por el mundo. Su respuesta a tales demostraciones de repudio siempre fue la misma; que los enemigos de la libertad ven en los Estados Unidos de Norteamérica un objetivo a ser atacado. De ninguna manera se refieren a las verdaderas razones por las cuales ese repudio al capitalismo y a sus líderes es cada vez mayor en todo el mundo.

En Venezuela ha obrado el prodigio de la movilización masiva de millones de hombres, mujeres, jóvenes, niños, adultos mayores, personas con alguna discapacidad, indígenas, cultores populares y artistas en general, en respaldo entusiasta y amoroso a un proyecto propio de país, surgido de la más pura y trasparente voluntad popular democráticamente decidida a través del voto universal, directo y secreto.

Esos millones de venezolanas y venezolanos apoyando de manera irrestricta a su líder y a su proyecto de soberanía, hacen la diferencia con todas las demás manifestaciones de cualquier naturaleza (incluidas las religiosas) que puedan escenificarse hoy en el mundo entero, no solo en términos cuantitativos (porque se trata de millones dando la cara por su Revolución ya no como simples votantes sino como pueblo movilizado en la calle) sino además y muy particularmente en lo cualitativo.

Parte fundamental de esa realidad es el entusiasmo y la solidaridad internacional que concita este novedoso modelo de participación y protagonismo instaurado en el país por el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías y continuado hoy por el presidente Nicolás Maduro Moros. Quienes nos visitan hoy con motivo del “Diálogo Mundial por la Paz, la Soberanía y la Democracia”, que se realiza esta semana en Venezuela, protagonizan uno de los eventos más singulares de este primer cuarto de siglo en términos de las movilizaciones populares en el mundo; el acto de la manifestación mundial de decidido apoyo a una nación que está siendo asediada y atacada brutalmente por el más poderoso y genocida imperio de todos los tiempos.

Representantes de movimientos sociales y partidos políticos de más de 60 países, elevan hoy desde nuestro país (como lo harían por el suyo) el mismo grito de dignidad que la Revolución Bolivariana ha elevado a lo largo de estos últimos 18 años en defensa de la humanidad y del derecho de los pueblos a su autodeterminación y a su independencia.

Pueblos que al decir de la intelectual Sonya Gupta durante la instalación del evento, ven en el espíritu constituyentista que recorre hoy el territorio venezolano “el fortalecimiento de la lucha global en defensa de la soberanía contra quienes se creen dueños del planeta.”

Pueblos que, tal como lo dijo, ven y agradecen “la oportunidad de participar en la construcción de un nuevo modelo de democracia que está escribiendo el pueblo venezolano. Una democracia de la calle, donde el poder popular es supremo.”

Se corrobora, pues, una vez más, la claridad y certeza del Presidente Nicolás Maduro al convocar al Poder Constituyente Originario para pensar y debatir entre todas y todos los venezolanos el nuevo modelo de sociedad que aspiramos para nuestros hijos, a partir de la orientación bolivariana y chavista de la justicia y la igualdad social.

Un modelo que nació con la vocación constituyentista de nuestra revolución y que hoy, en el renacer del talante constituyentista bolivariano, se abre hacia el mundo como inspiración y como legado excepcional de nuestro pueblo para la humanidad toda.

@SoyAranguibel   

 

 

 

Aranguibel: La oposición dejó de ser venezolana cuando pasó a formar parte del ejército agresor contra la Patria

Parte de la conversación con Carlos Sierra y Roberto Mesutti en el programa “Hablando Constituyente”, transmitido por los canales ANTV y TVes el lunes 11 de septiembre de 2017.

El poder constituyente vs la violenta antipolítica

Por: Alberto Aranguibel B.

Más allá de lo que suele afirmarse desde la caída de la cuarta república, las razones que provocaron el fracaso del puntofijismo no fueron exclusivamente la ineptitud en la gestión pública y el desprecio hacia el pueblo que caracterizaron desde siempre a las cúpulas de AD y Copei.

Tales rasgos fueron expresión apenas de una orientación desarrollada desde hace más de dos siglos por el imperio norteamericano para hacer que el mundo entero desprecie la política como forma de organización social y de control del poder y del Estado.

La supremacía de la empresa privada, el poder y la influencia de las grandes corporaciones transnacionales sobre la economía, se concibió desde el principio mismo de los Estados Unidos como la herramienta a través de la cual se impondría en el mundo la hegemonía imperial. El neoliberalismo, más allá del papel de instrumento para asegurar la acumulación de la riqueza en las manos de los capitalistas, cumple en ese modelo el rol de mecanismo que viabiliza y perpetúa dicha hegemonía. Para lo cual el Estado, y con ello su función reguladora del mercado, debe ser reducido a su mínima expresión. Si no extinguido.

Fue por esa razón que a finales del siglo XX, los venezolanos consideraban a los partidos políticos como la institución más desacreditada del Estado, después de la institución armada, y muy por detrás de las universidades, la empresa privada, y la iglesia (exactamente en ese orden), sin que el Departamento de Estado de EEUU, el gran aliado estratégico del liderazgo puntofijista, hiciera nada por ayudar a aquel desgastado estamento del poder en nuestro país a superar el estrépito hacia el cual inexorablemente se dirigía.

No solo no lo ayudaba, sino que impulsaba la aplanadora que los desplazaba del poder, porque el proyecto imperial ya tenía trazada la hoja de ruta en la cual el capital privado venezolano pasaría a controlar la conducción definitiva del Estado.

Para ello ya estaban desde hacía más de cuatro décadas en perfecta alineación los Mendoza, los Zuloaga, los Zingg, los Blohm, y el resto de la oligarquía criolla que desde nuestros orígenes como República han asechado los predios del poder nacional como en una suerte de danza perpetua de siniestra anunciación. Todos, sin excepción, firmaron la infame acta de Carmona en 2002.

Desde ese sector oligarca se ejecuta el plan de la antipolítica que la derecha enarbola como propuesta para justificar tras la fachada de una seudo ideología de clase su vocación saqueadora y entreguista de las riquezas del país. De ahí el término “parasitaria” que tan oportunamente le adjudicara a dicha élite el presidente Nicolás Maduro.

Una propuesta consistente en la destrucción de la credibilidad, no solo en los partidos políticos como mecanismos de organización popular, sino en las ideologías y hasta en la cultura misma que sirve de pivote al talante transformador inmanente del pueblo, a través de la prostitución de la idea misma de democracia y de cualquier otra forma de participación popular.

Pervertir el sentido de la política, y de ninguna manera desarrollar un discurso que contraponga una visión alternativa al modelo revolucionario chavista (que ni siquiera comprende), es un reto permanente del liderazgo opositor en toda su actuación pública, que le obliga a ser inconsistente, incoherente y hasta ridículo, en absolutamente todo cuanto haga o diga, precisamente para generar cada vez un mayor desprecio hacia la política por parte del pueblo, aún a costa de sus propias posibilidades como opción de poder.

De ahí la naturaleza inexplicable (y harto absurda) de cada una de esas incongruencias tan usuales en el comportamiento opositor, la mayoría de las cuales desmontan siempre lo que ni siquiera el discurso chavista logra desmontar de las farsas opositoras con la eficacia con la que ésta lo hace, incluso sin mediar discurso o palabra alguna. De ahí la constante en el desparpajo y la desvergüenza del liderazgo opositor para desdecirse a sí mismo constantemente frente a la opinión pública. No existe el más mínimo piso ético para esa oposición, porque su trabajo es hacer que la política le resulte asquerosa a la gente.

Inscribir casi doscientas candidaturas para las elecciones a Gobernadores después de meses de denunciar ante el mundo la supuesta dictadura que habría en el país y el “fraudulento” sistema electoral, que según ellos se utiliza en Venezuela para atornillar dicha dictadura en el poder, es apenas una pequeña muestra de esa inmoral y repugnante conducta.

Por eso, por la aviesa actitud antipolítica que le es tan propia a la oposición venezolana como conducta invariable, es que hoy podemos sostener con la más entera certeza que la estabilidad y la paz alcanzada por la gran mayoría de las venezolanas y venezolanos con la elección de la Asamblea Nacional Constituyente el pasado 30 de julio, está evidentemente amenazada por la violencia que, con toda seguridad, esa derecha intolerante que hasta hace un mes apenas sembró de sangre y terror el territorio nacional, volverá a intentar desatar con motivo de las elecciones regionales que se avecinan y el consecuente desconocimiento de los resultados electorales que en esa oportunidad gritará, sin duda alguna, a los cuatro vientos.

Hemos dicho en forma reiterada en todos los escenarios a los que hemos sido convocados a hablar sobre el tema constituyente, que la paz alcanzada con la elección de la ANC no es una paz bíblica, consolidada o inalterable en modo alguno. Que si para algo debe servir la aleccionadora experiencia del terror padecido por la sociedad hasta hace poco más de un mes, y que obligó al líder de la Revolución Bolivariana a convocar al Poder Originario del Pueblo a erigirse en Asamblea Nacional Constituyente, debe ser la indeclinable rectitud que debe observar el pueblo en el compromiso de la unidad para impedir que las huestes fascistas se oxigenen de nuevo y encuentren la más mínima oportunidad de desatar su furia contra la tranquilidad que nos permitirá progresivamente retomar el camino del bienestar económico.

El desafío apenas se inicia en este complejo proceso de estabilización definitiva de la gobernabilidad y el rescate efectivo de las instituciones del poder público, cuya confianza en el sentimiento nacional sirva de base a las medidas y políticas que vayamos acordando y poniendo en marcha entre todas y todos para sacar al país adelante, tal como ya lo ha emprendido el Presidente Nicolás Maduro esta misma semana.

El objetivo de la derecha al postular sus candidatos no es el de explorar la posibilidad de hacerse con algunas parcelas de poder en el país. El resultado del 30 de julio le demostró que la fortaleza del chavismo es abrumadora e imbatible. Precisamente por eso la antipolítica se reveló abiertamente en el energúmeno verbo del propio Presidente de la potencia más voraz y genocida del mundo y de la historia, y su careta de ideología progresista se vino definitivamente abajo. No cabe ya la menor duda de que la arremetida fascista se intentará de nuevo en la fecha misma de las elecciones regionales, cualquiera sea el día en que finalmente se realicen y cualquiera sea el resultado de las mismas.

Una sola condición hará infranqueable la soberanía nacional y la estabilidad de nuestra democracia, y ella será la cohesión del pueblo venezolano en la defensa de esa paz y esa estabilidad que tanto dolor, padecimientos y vidas, le ha costado. No será ésta la hora en que las venezolanas y los venezolanos cedan ante las campañas de difamación, tergiversación y mentiras a las que no han cedido hasta hoy después de tantos intentos del imperio y sus miserables lacayos de la vendepatria oposición venezolana por destruir o doblegar siquiera la unidad y la lealtad del pueblo a su Revolución.

Esa unión por la que tanto clamó el Comandante Chávez en su hora postrera como la divisa de lucha frente al enemigo que pretende reinstaurar hoy en el país el modelo capitalista generador de exclusión, hambre y miseria, que tanto padeció el pueblo en el oscuro pasado cuartorepublicano, tiene que ser en este momento la más poderosa arma que haya enfrentado el imperio en toda su historia.

Es la unión del Poder Constituyente que recorre hoy la geografía nacional de extremo a extremo, y que no claudicará jamás ante la insolente pretensión de imperio alguno contra el sagrado suelo de la Patria.

@SoyAranguibel

¿Economía o política?… ¿Qué anunciará hoy el Presidente en la ANC?

Por: Alberto Aranguibel B.

Desde mucho antes de la era moderna, la “economía política” se entendió siempre como la rama de las ciencias sociales que estudiaba las relaciones entre los actores económicos de la sociedad y los mercados. El término precedió incluso al concepto mismo de “economía”, a secas, con el cual hoy se conoce a todo lo relacionado con el comportamiento de los factores que inciden sobre el sistema económico en su conjunto.

Pero en la Venezuela actual, desde la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, ha comenzado a surgir una corriente de pensamiento que pretende separar lo político de lo económico, como si lo uno no tuviera nada que ver con lo otro.

Es así como hemos visto cada vez con más insistencia el reclamo de mucha gente a la ANC porque supuestamente no estaría atendiendo el tema económico, y que solamente se estaría dedicando a lo político, haciendo ver que se estaría perdiendo el tiempo en asuntos que no son del interés del pueblo.

¿Es posible en la Venezuela de hoy separar lo político de lo económico?

Cuando vemos el comportamiento de una oposición que ha basado su accionar en una guerra completamente equipada con implementos y armamentos costosísimos y en una campaña mediática y de giras internacionales que alcanza cifras milmillonarias en pasajes, hospedajes lujosos, alimentación y bebidas de las más caras del mundo, para lograr luego de toda esa inversión que Venezuela sea objeto de un bloqueo económico como el que ha sido desatado contra nuestro país desde el imperio norteamericano, entonces no queda duda alguna de que lo político y lo económico sí están perfectamente relacionados.

Pero si encima de eso encontramos a la líder fundamental de la derecha con un alijo de millones de bolívares en efectivo cuyo origen y destino no logra explicar de manera consistente (al día de hoy van tres versiones distintas emitidas por la misma dirigente acerca del origen y destino de la fortuna que le fuera incautada), un echo que revela la forma en que la oposición financió la activación de la violencia que aterrorizó al país durante meses, causando muerte y destrucción a lo largo y ancho del país, con la consecuente afectación que ello ocasionó a la actividad económica en general, entonces la política sí pasa a cumplir un rol definitivamente principalísimo en todo lo que tenga que ver con la economía.

Está claro; la Asamblea Nacional Constituyente no podrá avanzar jamás en lo económico si no resuelve primero lo político. Ambos asuntos son consustanciales. Resolver lo primero es ir a la vez resolviendo lo segundo. Nada se hace con dictar medidas económicas que la derecha apátrida vaya destruyendo simultáneamente desde el terreno de lo político, como lo viene haciendo en sus recorridos por Europa y el resto del mundo para solicitar un bloqueo económico mucho mayor al ya dictado por el imperio norteamericano contra Venezuela.

Por eso los anuncios que hará hoy el Presidente de la República desde la ANC, estarán con toda seguridad concebidos ponderando los aspectos tanto económicos como políticos de manera integral, para asegurar que las soluciones a los problemas que aquejan hoy al pueblo sean no solo efectivas sino sostenibles y perdurables en el tiempo.

Como debe ser.

@SoyAranguibel

Gobierno español echa gasolina a la situación venezolana en vez de favorecer el diálogo

Diputado catalán Joan Tardá preguntó al canciller español:

El diputado Catalán Joan Tardá, de Esquerra Republicana de Catalunya, encaró hoy con varias preguntas “incómodas” sobre Venezuela, al canciller español, Alfonso Dastis durante su comparecencia ante la Comisión de Asuntos Exteriores del congreso de ese país, la tarde de este lunes.

Tardá comenzó preguntándole al jefe de la diplomacia española que cuál era el beneficio para el estado español “el hecho de que en vez de fomentar el diálogo en Venezuela, (el gobierno de Mariano Rajoy) se haya dedicado a echar gasolina a un problema que existe en la sociedad venezolana, como los hay en buena parte del mundo”.

Así mismo Tardá inquirió al jefe de la diplomacia ibérica de por qué reclaman sanciones
económicas contra Venezuela, “se creen que esto es ayudar al pueblo de Venezuela y a sus ciudadanos, al margen de su ideario político.”

Como se recordará el gobierno español del PP ha encabezado una ofensiva ante la Unión Europea para pedir sanciones contra Venezuela, al tiempo que ha brindado un apoyo sobredimensionado a los partidos de la ultraderecha autores intelectuales y materiales de los sucesos violentos de calle que dejaron este año, 100 muertos y más de 600 heridos.

Tardá se refirió al último suceso que involucra al partido Voluntad Popular, relacionado con la confiscación de 200 millones de bolívares en efectivo, en una camioneta propiedad de la esposa de Leopoldo López, Lilian Tintori, y por lo cual ha sido imputada para que explique el origen y destino de dichos fondos.

“¿Cómo se explica que un embajador fuese enviado a acompañar a salir del país a la ciudadana Lilian Tintori, una persona que está citada por los tribunales venezolanos?. Es evidente que no se puede condenar a un gobierno porque no la dejen salir si ha sido citada por los tribunales, ¿o acaso esto es distinto en el estado español?

“Lo pregunto por esa doble vara de medir, ¿por qué tanta hipocresía?, ¿acaso ustedes conocen los procedimientos habituales aquí y allí, respecto al funcionamiento de la justicia. Ustedes no están firmando un cheque en blanco para la impunidad?”, inquirió el diputado.

“Independientemente de que a esta persona se le encontrara una gran cantidad de dinero, por cierto en cajas precintadas, dinero que todavía no tenía su curso, atendiendo al problema que ustedes saben que existe en Venezuela de la falta de dinero circulante, ¿acaso la justicia no tiene que actuar en Venezuela? ¿Por qué no dicen la verdad; que incluso algunos partidos de la oposición que fomentaron la violencia ya están preparándose para elecciones próximas a gobernadores?”

Finalmente Tardá reclamó al canciller español “en qué beneficia a la democracia española, el estar saboteando, dinamitando a un estado democrático, que tiene problemas, supongo que no es un paraíso, ¿acaso lo es el estado español?, ¿acaso en el mundo no hay estados que vulneran de forma sistemática los derechos humanos y además lo hacen desde hace muchos años, que no son sociedades democráticas como lo es Venezuela?.”

Fuente: Correo del Orinoco