Sanz: “El Arco Minero: un debate crucial”

arco minero

por: Rodolfo Sanz

La definición del llamado Arco Minero del Orinoco como zona económica de desarrollo, ha abierto una polémica interesante en Venezuela. Por mi parte le doy la bienvenida y sólo pido que el debate no sea degradado por los previos epítetos y clisé que buena parte de la izquierda, también la derecha criolla y Latinoamérica, utilizaban en el pasado para despachar la discusión teórica e ideológica.

El debate se ha exacerbado con la firma de los contratos de empresas mixtas entre el Estado venezolano y las empresas Gold Reserve y Faoz C.A con una relación accionaria 55-45 a favor de la República, para la exploración de oro, tantalita y columbita, conocida como coltán. El monto en dólares de los proyectos a ejecutar rondan los 16 mil millones de dólares en los próximos cinco años. Cabe destacar que, en el caso del oro, se circunscribe a las minas Brisas del Cuyuní y Cristinas, y en cuanto al coltán, una pequeña porción ubicada en la formación rocosa granito de Parguaza, entre Los Pijiguaos y Puerto Ayacucho. En lo sucesivo serán firmados nuevos contratos de asociaciones estratégicas de acuerdo con los bloques en las cuales ha sido dividido el Arco Minero.

Lo primero que debe decirse, antes de entrar en el fondo de la materia, es que la definición del Arco Minero, fue un acierto del Comandante Chávez cuyo propósito es identificar, clasificar, certificar y ordenar el proceso de explotación de un territorio totalmente intervenido desde hace décadas bajo las formas más irracionales. Se trata de la aplicación de la metodología utilizada en la Faja Petrolífera del Orinoco, tenida -hasta el inicio de la Revolución Bolivariana-, como un simple depósito de un bitumen que podía venderse a menos de 5 dólares el barril. Tal metodología dio como resultado la comprobación de las mayores reservas de petróleo pesado del planeta, cerca de 525 mil millones de barriles a partir de un factor de recobro del 40%.

El Arco Minero del Orinoco es una extensión de 112 mil km² que concentra las mayores reservas de minerales estratégicos del planeta: coltán, uranio, torio, además de oro, diamante, plata, níquel, así como extensos yacimientos de cuarzo, caolín, feldespato. En este Arco se localizan también las reservas de mineral de hierro, cerca de 14.900 millones de toneladas y de bauxita 500 millones de toneladas, entre otros. La delimitación de bloques por minerales y materiales diversos, la cuantificación y certificación de sus reservas, la explotación y aprovechamiento de tales recursos, utilizando métodos que causen el menor daño posible al ambiente para colocar la riqueza que ellos puedan generar al servicio del bienestar nacional, constituye la esencia de esta definición.

El segundo aspecto a destacar, guarda relación con la filosofía que fundamenta la definición de Arco Minero. Se trata de un enfoque integral para crear una zona económica de desarrollo, y no la simple extracción minera, que en tantos años de existencia, lo que ha dejado es destrucción, miseria y degradación socio-moral de la mayoría de quienes, por necesidad de subsistencia, la han asumido.

No se trata del viejo enfoque extractivista de tierra arrasada, sino de una concepción socialista–humanista del desarrollo económico-social de toda una región privilegiada en recursos naturales mal aprovechados y dilapidados. Promover nuevos patrones de asentamiento poblacional, producción alimentaria, aprovechamiento de las condiciones geográficas para la promoción del intercambio comercial interno y hacia el exterior. Difícil será encontrar en el mundo una región que reúna las óptimas condiciones de este extenso territorio, para la creación de riqueza a partir del trabajo y la aplicación de la ciencia y la tecnología. Al lado del aprovechamiento industrial transformador a gran escala, deben estar relacionados con ella, la pequeña minería, la minería artesanal, la orfebrería, tributando todas hacia un proceso único, bajo control estricto del Estado nacional.

Lo tercero y, no menos importante, es que tanto la filosofía como el propósito y la metodología del Arco Minero, no se van a desplegar en un territorio totalmente virgen, sino en amplias zonas intervenidas, contaminadas de mercurio y otras sustancias, y algunas de ellas, bajo control de las más diversas mafias (de prostitución, tráfico de alcohol, sustancias contaminantes, tráfico de minerales y ahora de alimentos) en disputa permanente por el control territorial y reparto del botín. Mafias de las cuales participan activamente algunas corporaciones transnacionales (bajo los mismos esquemas criminales utilizados en el Congo y Etiopía) y los aparatos de inteligencia de las naciones imperialistas, así como “honorables” empresarios nacionales transmutados por la red del oro, el diamante y el coltán.

Buena parte del Arco Minero continua siendo hoy un territorio de nadie, sin ley alguna, historia que se remonta a más de cinco décadas. Esta es la verdad, negarla es comulgar con la hipocresía o querer esconderla por mezquinos intereses para que continúe existiendo.

En este aspecto entro a tocar las críticas que algunos grupos de connotados ecologistas, muchos de los cuales actúan de buena fe, respetados intelectuales, a quienes no hay que descalificar por el desconocimiento práctico de esta realidad, críticas formuladas con mucha virulencia utilizando medias verdades, otras cargadas de mucha ignorancia acerca de lo que ocurre diariamente sobre el territorio, críticas formuladas no sólo contra el planteamiento del Arco Minero, sino contra las asociaciones estratégicas propuestas por el gobierno bolivariano con empresas extranjeras y nacionales para iniciar en firme el ordenamiento de la explotación minera. Metodológicamente, conviene ir analizando cada una de ellas, para tratar de desmontar sus argumentaciones. Veamos.

a) “…La propuesta del Arco Minero va a significar la destrucción, depredación y contaminación de las zonas en las cuales reposan los recursos mineros…” (Ecologismo inocente). Si algo debe corregir la explotación industrial organizada, es la anárquica utilización de las sustancias contaminantes a cielo abierto, que ha causado la devastación de áreas como Sopano Parapapoi, La Paragua, el Caura, entre otras.

Toda la región Guayana del Arco Minero posee un enorme pasivo ambiental de años de actividad extractiva del Estado, los particulares y empresas privadas, que tanto la IV como la V república no han podido resolver. Esta verdad no la podemos ocultar, tenemos una deuda ambiental que es necesario comenzar a cancelar. Ahí están las lagunas de lodo rojo de Bauxilum a punto de desbordarse hacia el rio Orinoco, lo cual causaría un desastre ecológico. La zona del Caura, requerirá de varios años con un intenso plan de reforestación y limpieza de sedimentos contaminantes para su recuperación.

El curso del rio Guaniamo hace tiempo fue desviado de su cauce natural por los explotadores del diamante aluvional. El alto y bajo Paragua ha sido prácticamente convertido en una zona de desierto. Todas las áreas de minería artesanal con utilización de mercurio por el sólo aprovechamiento del 40% del mineral extraído con este procedimiento, ha dejado una contaminación espantosa, pero a la vez una riqueza esparcida sobre el territorio de unas 400 tonelada de oro, de fácil recuperación con métodos industriales.

La explotación industrial permitirá corregir este desastre, mediante la instalación de plantas, a partir de tecnologías modernas de concentración y separación de minerales, reprocesamiento mercurial para la rehabilitación de estas áreas severamente afectadas.

Afirmar que es con la apertura minera industrial a gran escala, que se destruirán los ecosistemas de Guayana, que la naturaleza creó en millones de años, constituye una especie de ecologismo post morten. Quienes no han recorrido ese territorio no pueden hablar con propiedad de él, y solo expresan nociones ecologistas que nada tienen que ver con la dantesca realidad de hoy. Aunque luzca paradójico, en muchos casos la reparación de lo que allí existe, depende de la explotación e industrialización que hoy se está proponiendo.

b) “…Es una entrega de la soberanía a las transnacionales mineras y, por tanto, una traición al legado del Comandante Chávez…” (infantilismo de izquierda). Si efectuar unas asociaciones estratégicas en las cuales el Estado mantiene el 55% de las acciones y conserva la propiedad de los yacimientos de minerales, constituye una entrega de soberanía, por este camino pronto nos quedaremos sin explotación de petróleo, para vivir no sabemos de qué. Lesivo fue el régimen de concesiones mineras, en el cual el Estado percibía el 3% de regalía y las empresas evadían el pago del impuesto sobre la renta.

La ideología no puede sustituir la realidad. Esto no lo entiende una cierta izquierda, que ha vivido siempre desconectada del mundo real. ¿Con quién nos vamos a asociar para aprovechar un yacimiento como Brisas-Cristina que poseen 55 millones de onzas troy de oro a 200 mts, 4 billones de libras de cobre y un 15% de plata? Es obvio, que con empresas que dispongan de la tecnología requerida para la separación de estos minerales y su total aprovechamiento, pero además con capital para hacer las inversiones requeridas. En definitiva, al sumar regalías, el impuesto, más las utilidades económicas, el Estado percibirá el 70% de la riqueza monetaria producida, además de la transferencia tecnológica.

¿Con quienes nos asociamos en la Faja Petrolífera del Orinoco, ideada magistralmente por Hugo Chávez, no fue con las grandes empresas del mundo, especialistas en extracción de petróleo? Empresas rusas, chinas, españolas, vietnamitas, inglesas, norteamericanas, ecuatorianas, holandesas. El Comandante promovió una apertura de verdad, quebrando el monopolio anglo-norteamericano, pero con el realismo de saber que nosotros solos con PDVSA no estamos en condiciones de hacerlo.

En el caso del Arco Minero, la estrategia es similar. Entrega hubo en la IV república con el régimen de concesiones, entregando amplios territorios y minas que las empresas utilizaban para aumentar sus patrimonios y jugar en las bolsas de valores del mundo con las reservas mineras del país. Solo en el año 2009 procedimos a dejar sin efectos 17 concesiones mineras a empresas extranjeras y nacionales, incluidas las de coltán llamadas Deminas I y Deminas II, luego de que dimos a conocer, a la luz pública, la explotación ilegal de este mineral estratégico.

En momentos de caída drástica de los ingresos petroleros el país requiere nuevas fuentes de financiamiento en divisas, y el sector que puede generarlas es el minero, junto al sector turístico en el cual debe producirse otra gran apertura mediante las zonas económicas especiales. El sector minero debe permitir el apalancamiento de la industria manufacturera, y el encadenamiento de toda la industria nacional. Este es nuestro desafío inmediato.

c) “…Producirá el desplazamiento de la pequeña minería, de las etnias indígenas de sus territorios ancestrales, excluyéndolas del aprovechamiento y disfrute de sus riquezas…” Este argumento es falso de toda falsedad. En el caso de la pequeña minería se tiene previsto su plena incorporación al proceso de industrialización minera, solo que las áreas donde se localizará deben ser perfectamente delimitadas, y su actividad productiva, estará encadenada al plan industrial para evitar que el oro se siga sacando de contrabando hacia Brasil y Curazao como viene ocurriendo. Curazao no posee minas de oro, pero tiene una refinería que procesa el oro de contrabando venezolano, unas 40 toneladas al año. Debe saberse que al lado de la pequeña minería que utiliza mercurio, molinos y otros implementos, existe una mediana minería que explota minas hasta 80 y 120 metros de profundidad y 50 mts de diámetros (a cielo abierto) y minas subterráneas, sobre las cuales tienen control mafias organizadas por personajes muy famosos en el km 88 y otros sectores. A veces, centenares de mineros operan como verdaderos esclavos de estos señores del oro, el diamante y el coltán. El plan a instrumentar pretende reivindicar y humanizar al pequeño minero, haciéndolo actor digno de un proceso asociativo con el Estado, e incluso, pagándole a precio justo el material que puedan arrimar a las plantas industriales, con una filosofía de ganar-ganar.

El problema con las etnias indígenas no es que serán desplazadas, esto ya ha ocurrido en muchos sectores. El fenómeno del desplazamiento indígena comenzó en la IV república, recordemos los documentales del cineasta Carlos Azpurua. Precisamente entre Los Pijiguaos y Puerto Ayacucho, donde se establecieron las misiones evangelizadoras “Nuevas Tribus”, territorio de la formación rocosa granito de Parguaza, y dimos a la luz pública en 2009 la explotación ilegal del coltán. En esas tierras de haciendas privadas, custodiadas por colombianos paramilitares desmovilizados, los indígenas eran esclavizados en las excavaciones para encontrar el coltán. Las nuevas tribus no vinieron para enseñar el evangelio, vinieron por el coltán, y a privatizar territorios, desalojando a la familia indígena, o colocándolos a su antojo en el tráfico minero, aprovechando sus conocimientos sobre la topografía.

A veces muchos de quienes hablan desde Caracas sobre la vida social en el Arco Minero, piensan que ese territorio está como cuando la llegada de Colón, deberían darse un paseo de cierto tiempo, para que observen detenidamente lo que allí ocurre.

La única forma de cambiar esta realidad es con una fuerte intervención del Estado, que reivindique a las etnias indígenas y las integre con dignidad y trabajo al disfrute de las riquezas que ancestralmente custodiaron, y sacándolos de la situación de esclavitud en la cual están muchos de ellos.

d) “…El proyecto Arco Minero significa comprometer el futuro de las nuevas generaciones que no tendrán de que vivir, porque todo se habrá acabado, y todo para salvar una Revolución que dilapidó el ingreso petrolero (mentor tras bastidores el ex-ministro Sanz, según la intelectual Irma Barreto, aporrea.com 08-05-2016, 10:16 am)…”

Si para que las generaciones por venir tengan algún futuro promisor -según estos intelectuales- los recursos naturales del Arco Minero deben permanecer en el subsuelo por 100 o 200 años más, pobre de nosotros y de esas nuevas generaciones.

Digamos primero que tales recursos no se convertirán en riqueza aprovechable si no se extraen y se transforman industrialmente. Hasta ahora, con su explotación irracional e ilegal, artesanal y contaminante, se han hecho ricos a muchos fuera de las fronteras nacionales y los de aquí han seguido viviendo en la pobreza. Siglos de saqueo no han podido acabar con las reservas mineras, por qué habrían de extinguirse ahora, cuando pretendemos aprovecharlos de forma más organizada, racional y para reivindicar a las generaciones presentes.

A veces alguna gente se coloca bajo situación de sospecha cuando defiende lo que a todas luces es indefendible. Quien abogue por lo que hoy existe en la geografía del Arco Minero, más allá de que lo haga de buena fe, terminará sirviendo a los oscuros intereses que han prevalecido en esa región donde Dios colocó todo lo que el ser humano necesita para vivir, pero igual, donde las miserias humanas, (la codicia, el saqueo y el crimen) se han desplegado con todas sus fuerzas destructoras.

La responsabilidad de nuestra generación es aprovechar estos recursos, transformándolos mediante el trabajo en riqueza para crear las condiciones materiales que aseguren la vida de las generaciones que vendrán. Crear industrias, reparar el daño ambiental, crear un fondo de ahorro intergeneracional, proteger lo que esta virgen, refundando lo nuevo donde hoy existe caos, horror y saqueo.

En el futuro nos enjuiciarán no por haber hecho lo propuesto en el proyecto Arco Minero, sino por no haber hecho nada frente al horror actual. Además, procurar los recursos económicos y financieros para que los venezolanos de hoy vivamos en condiciones dignas, no constituye un atentado contra nadie, en definitiva los pueblos viven de lo que tienen y pueden aprovechar. Sacrificar las expectativas presentes por las expectativas del “futuro” es algo a lo que nadie, en su sano juicio, querrá someterse.

Es como cuando a veces escuchamos el lugar común de que las generaciones de los próximos 500 años tendrán o podrán vivir del petróleo, quienes así piensan olvidan algo muy sencillo: si en este planeta asediado por los efectos del cambio climático y el irracionalismo de las potencias desarrolladas, los seres humanos de hoy atamos las esperanzas de quienes sobrevivan en ese tiempo, 300 o 500 años, en el petróleo o los minerales, todos estarían condenados irremediablemente a estar muertos. Ignoran que al petróleo le quedan no más de 100 años, porque el dilema al que ya nos enfrentamos es: o la energía fósil o la vida humana. Quienes abrigan la esperanza de que se pueda continuar viviendo del petróleo en más de 100 años, desconocen que si eso llegara a ocurrir no habría planeta tierra, por tanto, no habría especie humana.

En mi caso, tengo la absoluta convicción que el proyecto del Arco Minero será el último intento serio de que Venezuela ponga orden en un territorio privilegiado de lo que queda del planeta tierra. Por eso me cuento entre los más optimistas propulsores de este proyecto, perfectible, claro que sí, abierto a las críticas para construir nuevos caminos, pero con la claridad de que el tiempo se agota miserablemente.

De modo que no soy “mentor tras bastidores” sino visible y abierto exponente -con el conocimiento de causa que me otorga haber sido Ministro del Comandante Eterno Hugo Chávez, y puesto empeño práctico y teórico para el conocimiento de todo ese hermoso territorio- de la impostergable necesidad vital, histórica, de que el Estado venezolano ejerza control real para explotar y aprovechar los recursos que la naturaleza o la providencia sembraron en esa región.

26 de agosto de 2016.

Posdata: Espero la invitación al debate serio y esclarecedor. El día, la hora y el lugar.

Rodolfo Sanz fcbm29@gmail.com

¿Por quién doblan las campañas… mediáticas?

guarimbero mayor

(a propósito de una marcha de veladas intenciones)

Alberto Aranguibel B.

“-¿Hay muchos fascistas en vuestro país?
Hay muchos que no saben que lo son, pero lo descubrirán cuando llegue el momento”.

Por quién doblan las campanas

El poder de los medios de comunicación no es una metáfora antojadiza de las ciencias sociales para explicar el control que desde los medios radioeléctricos e impresos los sectores dominantes han ejercido sobre la sociedad.

A través de ese poder se viene modificando desde hace siglos la percepción que de sí mismos tienen los pueblos de las culturas y creencias más diversas a lo largo del planeta (exactamente en la misma medida de la penetración y alcance del medio en la sociedad), imponiéndose en cada uno de ellos códigos y valores ajenos a sus propias realidades y formas de vida, la mayoría de las veces no solo ajenos sino incluso contrapuestos a sus aspiraciones y necesidades verdaderas.

Hacerle creer al mundo en paradigmas inoculados con el propósito de su propia desmovilización, es la forma más extendida y eficaz de la burguesía para someter a las clases trabajadoras y mantenerlas en la sumisión sin la necesidad de recurrir a ejércitos represores que contengan e inhiban el natural potencial revolucionario inmanente en el ser humano.

El debate en la Venezuela de hoy no consiste tanto en la confrontación de concepciones ideológicas doctrinarias que sobre la economía tengan los diferentes sectores políticos que hacen vida en el país, como en el propósito revolucionario de la construcción del poder popular por una parte, y la necesidad que tiene la derecha de obstaculizar esa posibilidad por la otra.

En todo eso, el medio de comunicación ha jugado un papel más que decisivo.

A través del medio de comunicación la revolución ha sostenido de manera persistente su defensa del socialismo bolivariano como única vía para alcanzar la justicia y la equidad social que asegure el bienestar y el progreso que entre los venezolanos debemos construir para el beneficio común en forma colectiva, bajo la premisa marxista de “De cada cual según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades”.

La derecha, por el contrario, ha sostenido la necesidad de reorientar al país bajo los salvajes parámetros del libre mercado y su perversa lógica de la competitividad y la ganancia como norma, en la cual el ser humano no es sino un actor individual enfrentado al resto de la humanidad en el afán por imponerse sobre ella para satisfacer una ambición de riqueza que la misma sociedad capitalista le inocula como paradigma.

La marcha convocada por la oposición para el 1 de septiembre, no es sino uno más en la larga cadena de eventos estrictamente mediáticos con los cuales la derecha pretende instaurar en el imaginario colectivo la idea de su supuesta (y nunca realizada) superioridad numérica frente a la capacidad chavista para la movilización y el respaldo popular.

Del “¡Chávez vete ya!” que vociferaba desquiciada la derecha en el año 2002 para justificar su felonía golpista en 2002, hasta el “¡Maduro renuncia ya!” del 2016, el esquema de la estrategia opositora de intentar posicionar mediáticamente la matriz de su quimérica mayoría, independientemente del apoyo real que sus eventos de calle y el voto popular evidencien, ha sido invariable.

Jamás hubo millones de personas en las movilizaciones de abril del 2002 contra el presidente Chávez, como ha querido hacerle creer al mundo la oposición desde entonces. Físicamente es imposible meter más de diez mil personas en la vertiente de Chuao frente al CCCT. Tampoco hubo millones sumados al paro petrolero de ese mismo año. Lo que sí hubo en realidad fue la privación del combustible a los venezolanos, ocasionada por la paralización de cuando mucho treinta mil trabajadores apenas que laboraban entonces en PDVSA. Un sabotaje a la actividad económica nacional provocado por una minúscula porción de la sociedad.

Los resultados electorales (en los que recurrentemente triunfa la revolución) dejaron siempre en evidencia el desmedido sobredimensionamiento mediático del que era objeto la capacidad verdadera de la derecha para movilizar al pueblo. Pero buena parte de esa población que era impactada con ese discurso no creía en ello porque siempre estaba el medio de comunicación privado para alimentar su desconfianza en el sistema electoral y profundizar el odio hacia el chavismo, al que la derecha ha acusado sistemáticamente de asaltante de ese respaldo mayoritario que la oposición decía tener.

El medio de comunicación no es, pues, usado por la oposición para difundir una propuesta o elaborar un discurso político que atraiga al pueblo y lo convoque a la participación, sino más bien como instrumento para el forjamiento de una realidad virtual en la que sus seguidores se sientan confortables y plenamente realizados y el chavismo militante se sienta cohibido y desesperanzado.

Tanto las guarimbas del 2004 como las de 2014 (así como la toma de la Plaza Francia de Altamira en 2003) son fiel reflejo de ese fenómeno de la manipulación mediática al que se apega la derecha en Venezuela cada vez con más ahínco. Una minúscula cantidad de personas entrenadas en la técnica del foquismo insurreccional se distribuye en apenas 18 de los 332 municipios en los que se divide políticamente el país, para incendiar unas cuantas esquinas con escombros y basura, y los medios se encargan de hacerlos aparecer como la mayoría del país manifestando “pacíficamente” contra el gobierno nacional.

De esa manipulación mediática surgen los muertos que esa estrategia del terror ha dejado como saldo de dolor en el país. Venezolanos enervados por la ira que les causa sentirse robados por el gobierno en la condición mayoritaria que arbitrariamente les han hecho creer que ellos son, desatan la más feroz violencia contra una sociedad a la que consideran ya no la legítima mayoría sino la “cómplice” propiciatoria del asalto del cual se dicen víctimas.

Una enervación colectiva que busca hacer aflorar entre los venezolanos lo peor del ser humano de donde saca siempre provecho solamente la dirigencia opositora que, colocada oportunamente a buen resguardo (no solo en lo personal, abandonando el sitio de la conflagración a la que conducen a la gente, sino con el discurso muy bien calculado en el que califican de “pacíficas” a las movilizaciones cuyo único propósito final es que se desborden en estallidos violentos que les abran oportunidades políticas), obtiene mediante campañas mediáticas de tipo estrictamente propagandístico el premio de la desestabilización social a costa del dolor y de la muerte de sus propios militantes.

El sesgo oportunista y calculador de tan fraudulento enfoque conduce inevitablemente al fracaso, pero la oposición se niega a asumirlo. La decepción a la que ella misma expone a su militancia cuando sobredimensiona eventos donde la millonaria concurrencia anunciada no excede a la postre las diez o doce mil personas, en el mejor de los casos, es más que ningún otro factor el determinante del escaso poder de convocatoria que le ha venido caracterizando cada vez más.

Aquel postulado de la realización del ser humano en colectivo del que habló John Donne en sus disertaciones metafísicas (que inspiraron a Hemingway y que inspiran muchos de los razonamientos revolucionarios desde 1624), son exactamente opuestos a esos esquemas oportunistas de la derecha que hoy pretende convertir a los contrarrevolucionarios en héroes libertadores.

Obligan al militante opositor a creer que su batalla es la misma de los aguerridos luchadores contra la opresión, y que el compromiso antichavista es de la misma magnitud de la entrega de personajes como aquellos de Por quién doblan las campanas, que se resignaban con gallardía a la muerte inexorable que les esperaba en la acción guerrillera para la que estaban designados.

La diferencia es que en esos abnegados revolucionarios de ficción a los que el escritor daba vida en su novela, palpitaba el sentido de las causas más justas y nobles del pueblo. Aquí la derecha, que no tiene vergüenza alguna en usar a su propia militancia como carne de cañón, libra su más feroz batalla por reinstaurar el neoliberalismo para hacer que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.

Intentar retrotraernos al escenario trágico que era nuestro país antes de la revolución bolivariana. Tal como lo advirtió el presidente Chávez en aquella histórica alocución del 8 de diciembre de 2012.

 

@SoyAranguibel

Aranguibel en RNV: No hay que caer en la trampa del terror, pero tampoco hay que descuidarse

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A través del “Comité de Usuarios en Acción” transmitido por la Radio Nacional de Venezuela, el analista Alberto Aranguibel sostiene que los venezolanos no deben caer en las campañas de terror que la derecha está adelantando para tratar de atemorizar a la población con la marcha que ese sector tiene prevista para el 1ro de septiembre, porque esa será solo una marcha más de las tantas que ha anunciado la oposición y que nunca terminan siendo lo que decían que iba a ser.

Afirma el analista que la revolución posee la mayor fuerza política que existe en Latinoamérica, y que eso se constata en las grandes movilizaciones que durante las últimas semanas se han venido dando en las principales ciudades, en las que todo el mundo ha podido ver cómo el pueblo respalda de manera incondicional al proceso iniciado en el país por el Comandante Hugo Chávez y continuado hoy por el presidente Nicolás Maduro.

“Ahí está la Venezuela de verdad”, dice, “Que no caiga nadie en la trampa de la derecha”.

Escuche aquí un resumen de la entrevista:

El voto robado

MIA500- MIAMI (FL, EEUU), 15/04/2013.- Una seguidora del candidato de la oposiciÛn a la Presidencia de Venezuela, Henrique Capriles, se lamenta por la derrota de Capriles hoy, lunes 15 de abril de 2013, en Miami, Florida (EEUU). Capriles asegurÛ en Caracas que no reconocer· los resultados en las elecciones presidenciales, que dieron la victoria al candidato chavista, Nicol·s Maduro, a quien considera el perdedor de los comicios. EFE/Antoni Belchi

Antoni Belchi DescripciÛn: Venezolanos en Doral reciben con tristeza los resultados de las elecciones en Venezuela donde el candidato Nicol·s Maduro ha recibido el 50,66% de los votos, seg˙n el Consejo Nacional Electoral

Por: Alberto Aranguibel B.

Si algún factor ha distorsionado el debate político en Venezuela para hacerlo cada vez más insustancial y pendenciero, ha sido la persistente negativa de la oposición venezolana a asumir su papel como contrapeso del Estado. En vez de ello, ha optado por el camino fácil del tirapiedrismo y el sabotaje a la gestión de gobierno.

Su proverbial incapacidad de convocatoria ha estado puesta en evidencia hasta en los procesos eleccionarios internos de esa juntura de siglas en que se convirtió el estamento político opositor al chavismo desde hace más de una década y media, precisamente por su falta de poder de convencimiento y de motivación de las masas a través de un discurso fundamentado en ideas medianamente atrayentes y propositivas.

La idea del enorme respaldo popular que dice tener como activo político ese depauperado sector surge de uno de los más gigantescos asaltos a la voluntad de los electores que se haya conocido jamás en la historia de la democracia moderna.

Cuando se revisa la votación que obtienen de manera individual los partidos opositores en cada proceso electoral, se ve con perfecta claridad que no cuentan en promedio ni con el cinco por ciento del respaldo popular.

Con ese acuerdo de cúpulas se le ha secuestrado el poder de decisión al elector de derecha obligándolo a entubar su voto por una opción sin alternativas que no sean las que la MUD arbitraria y antidemocráticamente plantea, atropellando así el libre derecho a elegir que el modelo participativo y protagónico permite.

Una sumatoria de voluntades bajo un mismo proyecto político, como lo propone el Gran Polo Patriótico, es completamente diferente a la disparatada ensalada ideológica que representa la MUD, en la que partidos de ultraderecha se abrazan impúdicamente con ultraizquierdistas y socialcristianos sin ton ni son y solamente guiados por el odio como único elemento cohesionador. El chavismo propone el modelo chavista… ¿Cuál modelo ofrece la derecha?

Por eso, mientras más habla uno con el elector opositor de a pie, más se percata del desprecio que entre ellos mismos le tienen a su dirigencia. De ahí que casi nadie les atienda sus convocatorias a movilizarse en las calles.

Atribuir automáticamente a la engañosa oferta de la derecha todo voto emitido por los electores que no opten por la propuesta revolucionaria, es un asalto electoral de proporciones descomunales.

@SoyAranguibel

Aranguibel: Lo que está en crisis hoy en el mundo es el capitalismo

AAB  criterios

Alberto Aranguibel sostiene en el programa Criterios que transmite Globovisión que lo que están en crisis en Venezuela es el modelo capitalista, tal como lo está en resto del mundo donde es ese modelo el que genera el hambre que padece hoy uno de cada cinco habitantes del planeta.

Los caminos de la MUD conducen solo al desastre

revocatoria

Por: Alberto Aranguibel B.

Jamás acusó nadie de “crisis humanitaria” a la quiebra de la economía norteamericana en 1929. La llamada “Gran depresión” dejó en la calle a más de 100.000 trabajadores en un solo día. Sólo un cuarto de siglo después, en 1954, fue cuando vino a producirse la recuperación de la bolsa de valores (Wall Street). Para ese entonces la ola de suicidios por el derrumbamiento de la economía más poderosa del planeta ya formaba parte del paisaje en los Estados Unidos. Pero no hubo llamamientos a intervención extranjera de ninguna naturaleza.

Con la crisis de las subprimes, en 2008 tampoco convocó nadie a las naciones del mundo a intervenir en la política norteamericana para corregir el rumbo de su gobierno aun cuando esa crisis era la causa de la quiebra de economías como las de Grecia, España, Portugal, Irlanda, y otros países de Europa, Asia y el Medio Oriente, donde la vorágine económica hizo estragos hasta lo indecible.

En Venezuela, la derecha nacional e internacional persiste en su delirante intento por aislar al país en el escenario internacional, con base en la imagen catastrófica que ella misma ha creado mediante la manipulación mediática de la realidad venezolana ante el mundo, como un intento de provocar una intervención extranjera que le facilite el retorno al poder por vía de facto porque a lo interno no cuenta con el respaldo popular que le permita hacerlo de manera electoral, ni mucho menos con la cooperación de ningún sector del ejército que le apoye en una aventura golpista.

La pregunta de las 64.000 lochas es entonces inevitable: ¿Qué debemos esperar ante un eventual referéndum consultivo sobre el mandato presidencial en Venezuela tal como lo pide la oposición?

La persistencia de la MUD en el formato de la violencia como recurso político no ofrece espacio a suposiciones o hipótesis. La concepción fascista de una oposición que coloca al sistema electoral como válido solo y únicamente si el resultado le favorece, es la más palpable e irrefutable demostración del carácter antidemocrático de ese sector.

Está claro que lo que propone esa atorrante derecha no es una consulta popular, sino una escalada pendenciera en la que si no obtiene el triunfo con toda seguridad desatará la furia terrorista que hasta ahora ha aplicado sistemáticamente contra la decisión de los venezolanos, esta vez para incendiar al país ya no con pequeñas guarimbas focalizadas sino con el inmenso poder de fuego con el que ahora sí cuenta gracias al apoyo externo labrado con esa farsa de la crisis humanitaria venezolana.

Su propuesta de “revocatorio” no es sino un secuestro del poder popular originario, que consagra la Constitución gracias al empeño del Comandante Chávez en el fortalecimiento de la participación y el protagonismo del pueblo.

La figura del referéndum es una opción constitucional que opera bajo normas y procedimientos que deben respetarse para preservar por encima de todo la solidez del modelo democrático propuesto. Su espíritu no es el de una simple argucia para recortar el periodo de gobierno. Mucho menos para favorecer los intereses de la burguesía en contra del supremo sueño de justicia e igualdad social por el que ha luchado desde siempre el pueblo. No fue así como lo pensó Chávez.

¿Pero qué habría más allá del holocausto de terror y destrucción que sin lugar a dudas desataría la oposición al verse derrotada, si en vez de perder se produjese el triunfo al cual aspira delirantemente ese sector?

El escenario de conflictividad y de neurosis colectiva que le ha sido tan indispensable y tan conveniente al antichavismo para acercarse a la posibilidad de acceder al poder, no sería nada fácil de desmontar en ese hipotético escenario. La sola sensación del cambio no sería suficiente para calmar la ansiedad de la población en la búsqueda de soluciones a los agudos problemas que la guerra económica ha creado.

En Argentina la promesa de cambio que impulsó a la derecha al poder se difuminó en cosa de días apenas, cuando la salvaje instauración del neoliberalismo empezó a hacer sus inevitables estragos. La represión, ordenada por Macri contra las voces disidentes, ha sido su única respuesta.

Un rasgo que define como ningún otro a la derecha venezolana es su ancestral tendencia a la criminalización de la disidencia política para desatar siempre contra ella la más feroz persecución. Fue esa misma derecha nacional la que creó la figura del “desaparecido político” que las dictaduras suramericanas desarrollaron luego para exterminar el pensamiento de izquierda en el continente.

En un supuesto gobierno de la derecha en Venezuela, los intentos por el exterminio del chavismo serían inevitables. Cualquier otra opción chocaría contra sus principios y contra la idea burguesa del arrase a plomo limpio con todo aquel que un Estado regido por tales principios considerase adversario.

Los revolucionarios, el pueblo chavista, serían pues objetivos de primer orden para cualquier plan represor de la derecha, porque es a la gente de esos sectores (los “colectivos violentos” como les dice la oposición) a quienes la burguesía considera causantes de la criminalidad en el país. De no cumplirse ese arrase, los simpatizantes de la oposición que hoy le juran a diario la muerte a los chavistas a través de las redes sociales y los portales de opinión y de noticias se convertirían de inmediato en sus verdugos.

¿Aceptaría la militancia opositora algo distinto a aquello por lo que clama hoy?

¿Qué haría un gobierno de la MUD con las colas? ¿Cómo eliminaría la derecha una distorsión que deriva del paradigma del capital que consiste en comprar barato para revender caro?

Esa derecha, que se ha beneficiado electoralmente con el malestar que ocasionan las colas y el desabastecimiento de productos, argumenta que la causa de todo ello son las regulaciones y controles del Estado que se orientan hacia el logro del bienestar social de manera colectiva. Su propuesta es la liberación del mercado para permitir que cada quién se labre el porvenir de manera individual. Exactamente el mismo principio del bachaqueo.

¿Cómo desmontaría un gobierno neoliberal esa estructura delincuencial tan compleja sin contravenir la lógica capitalista del enriquecimiento fácil y sin apelar a las fórmulas humanistas que promueve la revolución bolivariana de procurar el bienestar común mediante la organización popular y no mediante la aviesa idea del logro individual de cada quien?

¿A punta de dólares, tal vez? ¿Pero será posible la recuperación del precio del barril de petróleo solo porque en Venezuela gobierne una vez más la derecha? ¿Y entonces qué es lo que persigue el imperio norteamericano con su agresión permanente contra la revolución; poner en el poder en nuestro país a un gobierno que le venda el crudo más caro o más barato?

¿Qué mecanismo, que no fuera el represor, se vería obligada a utilizar esa derecha para contener el estallido social que la liberación de la divisa, la derogatoria de la Ley del Trabajo y las regulaciones de precios que tanto ella pide, generaría?

¿El préstamo de los 60 mil millones de dólares, quizás, de los que hablan Haussman y Mendoza en sus delirios entreguistas al Fondo Monetario Internacional?

Pero, el FMI no presta ni un centavo de dólar sin nada a cambio. Jamás lo ha hecho con ninguna economía.

Si esa contraprestación consiste en la clásica e inflexible receta neoliberal de los recortes en las nóminas de trabajadores, así como la reducción salarial o eliminación de prestaciones sociales, cesta ticket, jubilaciones, etc., amén de la aplicación de alzas desmedidas en los impuestos y tasas de interés bancarias, así como la eliminación obligatoria del gasto social del Estado (es decir, eliminación de las misiones, en el caso venezolano), entonces la rebelión popular sería el único escenario esperable y la represión la única respuesta del gobierno.

Quizás por eso los empresarios, que saben cuantificar muy bien el costo en dinero de una guerra insensata y sin posibilidades reales de triunfo, han dicho ya que no están de acuerdo con una salida abrupta del gobierno, sino que por el contrario estarían dispuestos a trabajar junto al Ejecutivo por la superación de la crisis.

La encrucijada de la derecha no es nada fácil. Dos altos voceros de la oposición (Ramos Allup y Eduardo Fernández) han hablado abiertamente de las “medidas impopulares” que se verían obligados a tomar de llegar al poder; todos sus caminos conducen de una u otra manera al desastre. Y al parecer cada uno de peor manera que el otro.

De ahí que luchar en contra del revocatorio, cualquiera sea la fecha en que sea factible realizarlo, no debe ser un asunto de simple simpatía o preferencia partidista, sino una obligación y una responsabilidad del mayor compromiso nacional para todos los venezolanos.

@SoyAranguibel

Retrato de una sociedad exquisita que se ofende con el habla popular pero insulta con el mayor odio

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Por: Alberto Aranguibel B.

Si algún fenómeno retrataba perfectamente la mentalidad desquiciada de cierta élite burguesa venezolana en los años ’70 del siglo pasado, era la acusación que ese sector hacía contra el cine nacional, que por aquel entonces ponía en pantalla al venezolano común de la calle con su forma de ser, sus problemas recurrentes, sus angustias y usando el lenguaje propio de la gente.

Escandalizada e indignada sobre manera, aquella “sociedad decente” repudiaba casi al unísono las “vulgaridades” que exclamaban los personajes de las películas venezolanas. Pero en todos y cada uno de los reclamos que hacían esos respingados de la clase culta (que hoy son el grueso del escualidismo nacional) soltaban decenas de imprecaciones soeces para explicarse, sin percatarse la mayoría de las veces de la bochornosa hipocresía que ello representaba.

No se daban cuenta del disparate porque la dignidad de la burguesía no es sino una pose fingida, sin fundamento filosófico alguno y cargada casi siempre de la más profunda y patética irracionalidad.

Su condición de clase se expresa hoy mejor que nunca en la oportunidad que le ofrece la revolución bolivariana para marcar una clara diferencia con el pueblo de a pie, el “pata en el suelo, desdentado y malviviente”, que señalan en el chavismo los voceros más destacados de la oposición venezolana. Como la esposa del presidente de la Asamblea Nacional, que en su obscena arrogancia habla orgullosa de mujeres del chavismo “sucias, malolientes y desarregladas”.

La argumentación que ese exquisito sector utiliza como obstinante comodín de justificaciones para explicar su desprecio al pueblo es la de la supuesta división que vino a causar Chávez entre los venezolanos “con su lenguaje”, como si hubiese sido el comandante quien inventó el uso del habla popular en el discurso político. Lo que inventó Chávez fue la manera de dirigirse al pueblo de manera auténtica, con honestidad, con el más elevado sentido de la responsabilidad, sin ropajes retóricos de demagogia barata, y en su propia forma de hablar.

Razonan al respecto como si antes de aparecer el comandante en la escena política, llegaron ellos a sentir en algún momento algún mínimo de sincero afecto por los pobres. La asquerosa figura de la limosna, dada muy de vez en cuando a los menesterosos a través de una pequeña rendijita en los semáforos, fue cuando mucho la mayor muestra de expiación de sus culpas frente a la injusticia de la desigualdad social.

Sus líderes son los mismos que se han organizado como bloque político contra la revolución bolivariana. Detrás de esa propuesta no existe ninguna formulación teórica de naturaleza política, sino más bien una suerte de afinidad de intereses de clase, entre los que se cuentan su desagrado con el habla vulgar de los marginales de la calle.

La falsa pose de los ofendidos con los “carajos” que una que otra vez llegó a soltar el líder de la revolución, no les permitió nunca a esos patiquines llegar al barrio. Por eso ahora la dirigencia de la derecha se desgañita en improperios para ver si por esa vía logra embaucar a la gente. De ahí las “arrecheras” de Capriles frente a los medios y las histéricas jactancias de Ramos Allup con sus motores orgánicos y sus “cabrones” gritados de manera destemplada a la Guardia Nacional Bolivariana.

Son esos líderes de la perversión quienes han adiestrado a su propia militancia en el desprecio hacia los pobres (que ellos denominan “colectivos violentos”). Quienes les han “educado” en el insulto procaz como argumento político, y en el deseo de muerte a todo el que exprese de alguna manera una forma de pensar distinta a la estulticia y la insustancialidad del odio fascista que promueve la oposición como discurso político.

Las llamadas “palabras altisonantes” o vulgaridades (que viene del vulgo, es decir del pueblo) son ofensivas a esa clase social respingada, que frunce la punta de la nariz para señalar asco respecto de cualquier cosa, solo si no son ellos quienes las profieren.

El miserable desprecio al gentilicio venezolano que esta gente vomita hoy por las redes sociales contra la delegación que representa al país en los juegos olímpicos de Río de Janeiro, es simplemente esquizofrénica. Entender el esfuerzo de nuestros atletas como una forma de agresión política a su terco y arbitrario empeño por salir del gobierno revolucionario legítimamente electo, no es sino la muestra irrefutable del desquiciamiento de una sociedad que perdió toda sindéresis ahogándose en su propia putrefacción cerebral.

“Ya perdió Alejandra Benítez y claro que estoy feliz por eso” dice un oligofrénico opositor en twitter. “También espero que pierda Limardo… hay que ser demasiado maldito para ser chavista ahorita” se regodea el nauseabundo internauta.

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Como ese, se cuentan por cientos los insultos opositores en las redes a nuestros jóvenes exponentes de la “generación de oro”, como la bautizara el Comandante Chávez. Perderían la vida útil como atletas si para poder llevar a cabo su carrera como deportistas tuvieran que dedicarse a esperar que la derecha lograse algún hipotético día en el futuro más lejano derrocar a la revolución bolivariana. Frente a una propuesta política tan demencial no tendría sentido alguno ni ser deportista ni considerarse ser humano siquiera.

Médicos muy calificados le llaman “disociación psicótica”. Otros le adjudican el término clínico de “neurosis compulsiva”. Pero en definitiva lo que hay como padecimiento en esa pobre gente es una simple loquetera del cerebro, como le dice el pueblo.

Su comportamiento es el del rebaño domesticado que, a diferencia de los borregos, usan el cerebro para alimentar el organismo con satisfacciones fatuas y sin ninguna propiedad nutricional verdadera, y que solamente mediante el más puro odio inflaman su soberbia y su egolatría como no puede hacerlo ningún otro órgano del cuerpo.

Por eso se aferran con la mayor furia a una insensatez cualquiera, como que el presidente de la república es colombiano, por ejemplo, y a pesar de que todos los organismos públicos del gobierno colombiano con competencia en la materia dictaminen oficialmente desde hace meses que no existe ni la más mínima posibilidad de que tal aberración sea cierta, y aún cuando el propio líder fundamental de la oposición reconozca públicamente que no hay ni el más remoto indicio de veracidad en el disparate (no sin antes amenazar con la barbaridad de pedir revisión de la nacionalidad de los más antiguos ancestros del Presidente, insistiendo en la tozuda osadía en un país de mestizos como el nuestro), continúen hoy los escuálidos maldiciendo con la mayor rabia al Primer Mandatario con el tema de su nacionalidad.

Sin embargo, a quienes desprecian esos opositores desquiciados no es a los colombianos. Cinco millones y medio de esos compatriotas de la hermana república se convierten en la más pesada carga externa que debe soportar la economía de la nación, ya sea por la criminalidad que mucha de esa población desplazada importa al país y que se convierte en fuente de contrabando de extracción, o por la destrucción real de nuestra moneda y de paramilitarismo importado que nos llega desde allá, pero no existe ni un solo reclamo o queja de la oposición al respecto.

Según ellos, en su absurda jerarquización selectiva de la xenofobia, los enemigos de la patria son los cubanos.

La manera desalmada y sin fundamento en que los apenas 27 mil compatriotas cubanos que vienen a brindar salud a los pobres en nuestro país son tratados por esa miserable clase social que se dice ilustrada y culta, no tiene razón alguna de ser que no sea la demencia.

Insultarlos con las expresiones más soeces que en lengua castellana puedan proferirse, es el placer más exquisito para quienes se dicen ofendidos a cada rato por el uso de algún vocablo medianamente fuerte en boca de cualquier revolucionario.

Son desquiciados, es verdad. Adolecen de toda ética y de toda honestidad con su bastarda pose de oligarcas seudo luminosos. Ocultan sin pudor alguno las inmundicias que les salpican en la cara, como la de las violaciones pederastas recurrentes en el más refinado colegio de la burguesía caraqueña, el prestigioso Emil Friedman, pero se dicen escandalizados con el más insignificante “coño” del hombre humilde de la calle.

Fariseísmo puro en estado natural.

@SoyAranguibel

León Magno Montiel:“Iván Pérez Rossi : la voz del trueno”

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Por: Leon Magno Montiel

“La patria es un dolor
que nuestros ojos
no aprenden a llorar”.
Leopoldo Marechal (Argentina, 1990-1972)

Su voz de barítono tiene un registro privilegiado, que le permite entonar notas graves con gran sonoridad y cantar notas altas, casi de tenor, con mucha brillantez y afinación. Ese cantante, que se ha convertido en un icono de la navidad venezolana, es Iván Pérez Rossi, el hijo de un educador, director de un liceo en Angostura. Y una devota católica, creadora de hermosos pesebres. Iván nació el 3 de agosto de 1943 en Ciudad Bolívar a orillas del río Orinoco. De niño, tomaba la fina arena de sus orillas, para ayudar a su madre a realizar el pesebre familiar, el que ocupaba la sala completa de su antigua casa, más bien una casona con grandes ventanales, de colores vivos como el sol. Esa tradición lo ha acompañado toda su vida, y aunque se confiesa “no creyente”, respeta y ama esa usanza tan criolla, tan colorida y musical:

“María con el cuatro, San José coplero
y el niño bendito como furruquero”

Desde pequeño escuchaba con devoción las retretas, las parrandas que se formaban en su barriada, junto a su hermano César las contemplaba absorto. Ambos eran muy jóvenes cuando comenzaron a serenatear, a tocar por las calles del sur selvático y fluvial: Iván el cuatro y César el tambor. Hasta que en 1971 participaron en la creación de la agrupación Serenata Guayanesa, con la que han recorrido muchas naciones de Europa y América llevando su canto polifónico, sencillo, con un gran estándar artístico.

Iván tiene alma de explorador, de aventurero. Esa pasión lo llevó hasta la ciudad de Mérida y allí conoció a muchos músicos y gaiteros reconocidos. Estuvo un tiempo breve en las aulas de la Universidad de los Andes (ULA). Conoció a cantantes célebres, entre otros a Ricardo Aguirre, a quien considera el mejor vocalista gaitero de todos los tiempos. Compartió con José Tineo, la voz oriental de la gaita, el nativo de Guacuco en el Estado Sucre. Parrandeó con Gualberto Ibarreto, con el parroquiano Astolfo Romero, quien estudiaba para ser bombero en una Mérida, entonces, aldeana.

La agrupación Cardenales del Éxito le grabó a Iván su aguinaldo ¿Dónde está San Nicolás? en 1965, el tema es todo un clásico de esa década de oro:

“Los niños pobres preguntan
dónde está San Nicolás
y los niños ricos juegan
felices en navidad”.

(Pérez-Rossi, 1965)

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A mediados de la década de los 60 se marchó a Caracas para continuar estudios de Ingeniería Civil en la Universidad Central de Venezuela (UCV) de donde egresó en 1968. En paralelo conoció la música coral y participó con importantes cultores de la música para coros, lo que marcó su obra futura con Serenata Guayanesa. Con su agrupación ha participado en la producción de 50 álbumes, al lado de celebridades como el recién finado, gran concertista del cuatro: Hernán Gamboa, genio musical oriundo de San Tomé (1946-2016). También junto al talentoso médico pediatra, vocalista y cuatrista caraqueño, Miguel Ángel Bosch. Al percusionista y sociólogo Mauricio Castro Rodríguez. Y por supuesto, con su inseparable hermano César Pérez Rossi, quien además de hacer la voz baja y ejecutar el tambor en la agrupación, es odontólogo egresado de la ULA.  El poeta y cronista falconiano Guillermo de León Calles ha escrito sobre esa respetada agrupación:

Los muchachos que plenaron la plaza Miranda de Ciudad Bolívar en los comienzos de lo que sería La Serenata Guayanesa, con el propósito logrado de entonar gaitas, guasa, pajarillos, merengues, polos y valses cargados de nostalgias y todo aquello que recobrara los ancestros del calipso”.

En 1983 tuvieron un gran acierto al grabar el disco de navidad y cantos tradicionales junto a su paisano Jesús Soto, el gran artista cinético, reconocido universalmente como escultor y pintor de vanguardia. En esa producción destacó el aguinaldo del compositor guayanés Alejandro “El negro” Vargas, que se convirtió en un himno:

“Yo quiero esta noche
con todo placer
cantarle a la tierra,
que me vio nacer.
La barca de oro,
el timón de plata,
la quilla de acero,
las velas de nácar.
Hasta aquí llegamos
ya fondeó la barca
y los pescadores
dan su serenata.”

En solitario, Iván Pérez Rossi ha grabado cinco álbumes, donde ha interpretado boleros, folclor de fusión, aguinaldos y clásicos latinoamericanos. Fue bien ponderado por la crítica continental, su trabajo junto al investigador y músico español Joaquín Díaz, publicado en 1992.

Iván por muchos años ha estado ligado a la gaita, una forma musical que dice amar, que interpreta y compone con maestría. Destaca su participación junto a Ricardo Cepeda y Neguito Borjas en el “Vigésimo quinto aniversario de Serenata Guayanesa” realizado en el Teatro Teresa Carreño en el año 1996. También grabó junto a sus compañeros “Amanecer zuliano” del cabimero Bernardo Bracho en el álbum “50 aniversario del Barrio Obrero de Cabimas”:

“Cuando la luz vespertina
se oculta y llega la noche
entonces se oyen voces
de gargantas cantarinas.
Cuando la misma declina
es porque es de madrugada
se escuchan lindas tonadas
de nuestra gaita divina”.

Ese tema lo grabó originalmente Cecilia Todd con el Barrio Obrero en 1980; la caraqueña es su amiga, una compañera de cantos y sueños. El segundo verso de esa gaita, describe de forma hermosa el paisaje lacustre:

“Pero al despuntar el sol
todo el Zulia es alegría
el que observe bien diría:
que esta es obra del Creador”.
(Bracho, 1980)

En la temporada 2014, Pérez Rossi participó con Neguito Borjas y Francisco Pacheco en el tema “No quiero ser la mitad” con el conjunto Gran Coquivacoa, este sonó en todo el país; es un llamado a la reconciliación, al reencuentro solidario de los venezolanos, sin importar su opción política o su militancia. Peréz Rossi considera a Pacheco, el mejor cantante de Venezuela, además de reconcer que es un gran cultor popular, muy querido por su pueblo.

Iván es amante de la poesía, la escribe para niños, es un investigador asiduo de nuestra música nacional. Él ha compuesto más de 200 temas, todos están registrados en la Sociedad de Autores y Compositores de Venezuela (SACVEN). Es un confeso admirador de Aquiles Nazoa, ha musicalizado sus versos, con ello logró oxigenar el cancionero infantil venezolano:

“De su esposo en compañía,
soñolienta y fatigada,
por ver si les dan posada
toca en las puertas María”.

Además ha sido locutor y animador exitoso, en 2007 realizó una serie de programas navideños con VTV desde el parque Francisco de Miranda, en Caracas. Allí tuve el honor de actuar con mi grupo Sabor Gaitero y me entrevistó con gran solvencia y con profuso conocimiento sobre el género pascuero.

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En 2003 produjo el celebérrimo álbum “Canto Caribe” como solista, una joya de la canción caribeña, con el que se ganó el respeto de la comunidad musical centroamericana como intérprete. De ese álbum sonó mucho el tema de Manuel Yánez “Viajera del río”, originalmente un vals, pero lo arreglaron en tiempo de bolero:

“Paseando una vez
por el malecón
extasiado me quedé
al ver una flor
perfumando el río”

Sobre su libro más comentado y promovido “Cantemos con los niños”, el poeta y crítico J.G. González Márquez, nos relata: es un libro sencillo, de increíble composición pues el autor publica junto a los textos las partituras y un método para ser acompañadas con el cuatro. Innegable afán de llegar hasta el núcleo familiar y que su trabajo sea compartido en la intimidad del hogar.”

Iván Pérez Rossi es iconoclasta, agnóstico, apasionado de la poesía, hacedor de música folclórica, hombre de pensamiento progresista ligado a la izquierda venezolana, ha apoyado abiertamente el proyecto bolivariano. Artista que es capaz de pasar extenuantes jornadas creando música, desconectado de la ciudad de Caracas, la megaurbe donde vive y persevera. Sobre la movida musical en la ciudad de Caracas, su compañero Miguel Ángel Bosh, declaró:

“En Caracas la música folclórica es una suerte de arte clandestino, casi como una secta que hace pequeñas reuniones”.

Iván ha recorrido muchas naciones dejando en alto el canto venezolano, demostrando en todo lo que hace: amor por su patria. Parodiando al poeta bonarense Marechal, afirmamos: Su país es un dolor que sus ojos, aún no aprenden a llorar.

Pérez Rossi es un creador que se asemeja en su altura artística al macizo guayanés, es un hombre que alcanzó la grandeza de los tepuyes milenarios con su voz y su pluma. Es otro “trovador con voz de trueno” que en su alma lleva la navidad. Es un cantor enamorado de este suelo y de estos ríos.

leonmagno  @leonmagnom / leonmagnom@gmail.com

La Verdad de Venezuela

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Por: Alberto Aranguibel B.

La iniciativa de la derecha venezolana de salir a dar lástima por el mundo usando a la esposa de un terrorista sentenciado por la incitación al asesinato de más de cuarenta y tres venezolanos, amén de los centenares de heridos y daños irreparables a infinidad de bienes públicos y privados que su inconstitucional llamado a la desobediencia causó, es sin lugar a dudas el único logro cierto de la contrarrevolución desde que se organizó como bloque opositor al chavismo en Venezuela.

El lagrimeo sofocante de una muy bien escogida exponente de la clase media acomodada (catirita linda de mirada compungida y sonrisita candorosa), causa de manera inevitable la compasión más inmediata en la audiencia a la cual está direccionada la milmillonaria campaña de descrédito orquestada por el sector ultraderechista contra nuestro país.

La derecha venezolana no tiene discurso propio que oponer a la propuesta de justicia e igualdad social que propone la Revolución Bolivariana. Pero sí tiene una poderosa herramienta, como lo son los medios de comunicación al servicio del neoliberalismo, y una cultura del melodrama sembrada con ese mismo instrumental mediático en el imaginario colectivo de toda Latinoamérica a lo largo de más de medio siglo.

El uso intensivo de los medios de comunicación y de sus aliados internacionales en la difusión de esa imagen lastimosa, colocó a la oposición en un nivel de resonancia que jamás habría alcanzado ni con el discurso político de su inepta dirigencia ni con una propuesta de país para hacerse del poder y reinstaurar el modelo neoliberal en Venezuela.

La trampa, urdida en el mayor sigilo en la Cárcel de Ramo Verde entre la actriz y el terrorista en cuestión, fue develada en un audio que los servicios de inteligencia del Estado venezolano tuvieron a bien captar en la celda del presidiario.

La respuesta que tenía que dar entonces el gobierno bolivariano debía ser aquella que refutara con hechos y pruebas tangibles y perfectamente comprobables todo lo que de mentira y de manipulación estaba esparciendo esa aviesa e infamante campaña por los cinco continentes, cuyo propósito no es solamente lograr la arbitraria libertad de un terrorista que cumple condena emanada constitucionalmente de un tribunal de la República, tal como sucedería en las mismas condiciones en cualquier parte del mundo, sino el derrocamiento del gobierno democrático legítimamente electo.

Esa respuesta ha sido ordenada al Estado Mayor Comunicacional de la Revolución por el presidente Nicolás Maduro, cumpliendo su obligación como garante de la paz social de los venezolanos y fiel exponente y representante de esa voluntad mayoritaria del pueblo.

La iniciativa, tardía tal vez pero no por eso menos pertinente, es quizás la más urgente que el país deba tomar en medio de la difícil coyuntura de asedio económico, mediático y político, impulsado por el imperio norteamericano contra nuestro país, porque es la manera más eficiente de contrarrestar las perversas fuerzas que hoy persiguen acabar con la democracia en Venezuela, territorio al que esos sectores de la derecha ven como un vulgar botín, tal como lo han visto desde siempre.

Quienes hemos asumido tal responsabilidad, nos hemos encontrado a lo largo del recorrido hasta ahora transitado por más de siete países del continente con la receptividad y la solidaridad más fraterna y comprometida por parte de los movimientos sociales organizados, partidos y dirigentes políticos de izquierda (e incluso muchos de derecha), intelectuales, periodistas y voceros del poder popular, que nos han ratificado su respeto a la libre determinación de los venezolanos.

Aspecto muy relevante de esa receptividad, ha sido la indignación con la que todos por igual se percatan del engaño del que fueron víctimas con la burda trampa de la derecha.

Indignación perfectamente comprensible, porque a nadie le gusta que le mientan.

@SoyAranguibel

Presidente Maduro recibió obsequio del diario La Jornada de México

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Caracas, 03 de agosto de 2016.- Durante la transmisión del programa “En Contacto con Maduro” número 62, los comunicadores sociales Alberto Aranguibel y Alejandro Armao hicieron entrega al Primer Mandatario nacional de un ejemplar del libro “30 años de portadas“, editado por el diario La Jornada, de México, y que le enviara como obsequio al Jefe del Estado la reconocida periodista Cármen Lira, directora de ese prestigioso medio impreso de habla hispana, a raíz del encuentro de los comunicadores venezolanos con la directiva del diario en su reciente visita al país azteca para dar a conocer en esa nación hermana la denominada “Verdad de Venezuela” que el Estado Mayor de la Comunicación ha puesto en marcha en diversos países del continente para desmontar las mentiras mediáticas de la derecha nacional e internacional contra nuestro pueblo.

Al recibir el presente, el primer Mandatario aceptó la invitación que amablemente le formulara La Jornada para la realización en fecha próxima de una entrevista exclusiva con el diario.

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Fotos: Yoset Monte / Prensa Presidencial

México insurgente

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Texto y foto: Alberto Aranguibel B.

El maestro luchando, también está enseñando
Consigna de la Coordinadora Nacional de trabajadores de la Educación (CNTE) de México

Exactamente los mismos rostros taciturnos y parsimoniosos con los cuales Paul Leduc inicia su legendaria película de 1970 en la que recrea el texto de John Reed “México Insurgente”, sacudirán el alma de quien transite hoy el imponente Paseo de la Reforma, en pleno corazón de la capital mexicana, y se tope al azar (como nos tocó a nosotros esta misma semana) con la multitudinaria marcha de manifestantes de todas las edades que protestan casi a diario la incompetencia, la corrupción, la impunidad y la represión del gobierno mexicano contra su pueblo.

El largo y extenuante trayecto de la fastuosa avenida lo recorremos con motivo de nuestra visita al hermano país para llevar la verdad que como venezolanos nos vemos obligados a contarle al mundo sobre la naturaleza perversa y despiadada de la guerra que la derecha ha desatado contra nuestro pueblo en su terco empeño por reinstaurar el neoliberalismo en Venezuela.

La intensidad de los encuentros con los distintos sectores políticos, organizaciones sociales y medios de comunicación con los que nos reunimos en la vertiginosa gira no puede ser más reveladora. El interés por Venezuela, aunado en todo momento a la proverbial amabilidad y espíritu fraternal del mexicano, deja ver que en aquella nación no se conforma nadie con la descabellada especie que la derecha venezolana ha decidido difundir por el mundo vendiendo una imagen de nuestro país más parecida a la de los holocaustos de la realidad distópica que a la de la vida real.

A través de innumerables reuniones con destacadas figuras del mundo político, intelectuales, trabajadores y periodistas, tanto de izquierda como de derecha, nos encontramos con que a nadie le resultan razonables las burdas explicaciones antichavistas que la oposición ha ido a tratar de meterles por los ojos a los compatriotas mexicanos con el truculento recurso de la mujer llorosa que implora libertad para su marido aduciendo tan solo la convicción personal de su inocencia.

Las verdades universales no se quebrantan de manera antojadiza por mucho que la fuerza del amor así se lo proponga. Y una verdad universal inamovible es sin lugar a dudas que no existe mujer que convenga en la culpabilidad de su marido preso. Toda mujer cuyo esposo (hijo, padre, o hermano) haya sido encarcelado por las causas que cualquier tribunal le impute y le compruebe, inevitablemente se aferrará a la arbitraria hipótesis de la inocencia de su ser querido. Y eso lo saben los mexicanos como el mundo entero.

Las costosas giras de Lilian Tíntori, pues, argumentando el carácter dictatorial y tiránico del gobierno revolucionario porque su marido paga hoy condena por la muerte de 43 venezolanos, son solo dinero despilfarrado en ostentosos paseos de lamentaciones desafortunadas, incapaces de conmover a un pueblo que sí sabe de luchas, persecuciones y exterminios verdaderos como pocos países conocen hoy en la forma cruda en lo conoce el pueblo mexicano.

“¿Entonces no es cierto que Leopoldo está preso tan solo por solicitar un referéndum revocatorio por la falta de comida?”, nos preguntan los periodistas cuando se percatan de la burla de la que han sido objeto con la aviesa manipulación de la verdad que la derecha les hizo creer.

Por supuesto que no, les decimos. Si la falta de alimentos se subsanara con el derrocamiento de los gobiernos, entonces habría que derrocar a los gobiernos del mundo entero, porque el hambre que padece hoy la humanidad (más de una quinta parte de la población del planeta) se genera casi en su totalidad en el mundo capitalista donde los gobiernos no hacen nada por superarla. Venezuela, que ha sido reconocida por la FAO durante varios años consecutivos como la nación que más ha hecho por superar el hambre, no solo debiera ser objeto de la más categórica ratificación de su gobierno sino incluso del otorgamiento al mismo del premio Nobel de la Paz, al menos, si se consideran los millones de vidas que el modelo de inclusión social del chavismo ha rescatado de la desnutrición.

En México entienden con total claridad esta verdad porque el sufrido pueblo mexicano padece hoy una de las hambrunas más severas que se padecen en el continente. El informe ofrecido esta misma semana por el Consejo Nacional de Desarrollo de la Política Social de México, Coneval, da cuenta de niveles exorbitantes de pobreza en esa nación que alcanzan según sus propias estadísticas casi la mitad de la población total del país. Por eso, entre muchas otras razones, el pueblo mexicano está hoy en la calle elevando al cielo su ancestral voz de protesta.

La muerte de un alcalde al mes en promedio en todo lo que va de año, deja al descubierto en México otra arista de una calamidad que agobia a todas nuestras naciones empobrecidas por el afán de lucro del gran capital.

La violencia desatada en las calles de Venezuela es un fenómeno inducido por factores que juegan a la ingobernabilidad y eso está perfectamente comprobado. Pero el fenómeno de la codicia que estimula el modelo usurero y mezquino de la acumulación de la riqueza en pocas manos, es sin lugar a dudas un elemento que sirve para evidenciar que, ni en México ni en Venezuela, la inseguridad está determinada por el socialismo sino por el capitalismo.

El pueblo mexicano se rebela no para exigir dólares con los que la gente adinerada pueda recorrer el mundo en despilfarros de nuevoriquismo pueril como lo pide a gritos buena parte de la clase opositora en Venezuela, sino para reclamar educación gratuita para los millones de seres humanos que por su condición de pobres o por razones de etnia son excluidos inmisericordemente del sistema educativo.

José Narro Robles, Rector de la Universidad Nacional de México (UNAM), ha denunciado recientemente que solo 1 de cada 100 indígenas puede acceder al nivel universitario en ese país. Venezuela, por el contrario, es reconocida por la ONU desde hace varios años como el segundo país en incremento de la matrícula estudiantil universitaria, solo después de Cuba.

No solo no se asesinan en Venezuela los alcaldes a diestra y siniestra como en México, sino que no se masacran a sangre fría los estudiantes normalistas ni los maestros, como al parecer es ya practica usual por parte de los cuerpos represivos del Estado en la dolida nación azteca. El maestro, así como el estudiante normalista, es el factor de riesgo potencial más angustiante para el reducido estrato burgués mexicano, porque el magisterio es la fuerza laboral más organizada y numerosa de ese país, y la más cercana al pueblo, al que acompaña no solo en las aulas sino en el campo, en el hogar y hasta en el padecimiento de la pobreza.

¿Por qué no claman al cielo por esos millones de mexicanos las prominentes figuras del espectáculo, como el desvencijado grupo Maná, por ejemplo, que recurrentemente gritan implorando al mundo un auxilio que Venezuela no necesita que ellos soliciten?

¿Por qué no es correcto pensar ni siquiera en la más remota posibilidad de derrocar el gobierno neoliberal que efectivamente sí ha llevado al pueblo mexicano a padecer esa inmensa tragedia del hambre y la pobreza, a través por ejemplo de la aplicación de la Carta Democrática de la OEA?

¿Por qué no son liberados en México los cientos de presos que sí son presos políticos arbitraria e ilegalmente puestos en prisión en esa nación, entre los que se cuentan cientos de maestros y estudiantes cuyo único delito no fue el asesinato o el acto terrorista como es la práctica recurrente en Venezuela por parte de la derecha fascista, sino la denuncia pacífica de la desigualdad y la injusticia?

¿Dónde está ahí el clamor de los organismos internacionales que con tanta inflexibilidad conminan a Venezuela al respeto de derechos humanos que en nuestro país no se violentan, pero que sí se quebrantan de manera flagrante en la mayoría de los países capitalistas del continente?

El neoliberalismo no podrá jamás responder ninguna de esas preguntas. Su naturaleza explotadora, cruel e inhumana, hará siempre imposible plantearse tan siquiera una escueta reflexión ideológica al respecto. Su razón de ser es el dinero. Y en ello el ser humano es poco menos que una insignificancia.

Al verles de cerca el rostro curtido por el arduo batallar de siglos a esos cientos de miles de mexicanos humildes que persiguen hoy con entera claridad y firmeza su propia emancipación, se puede leer en sus ojos, en su piel curtida con la sal de la tierra, en su altivez y en su talante insurgente e indoblegable , que el logro de ese sueño de la redención del pueblo, que es el mismo sueño de Bolívar y de Chávez, es cada vez más cierto e indetenible.

@SoyAranguibel

El uso indebido de los medios en el mundo amenaza a la democracia.

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El analista político venezolano Alberto Aranguibel, denunció en el programa “Desayuno VTV”, transmitido por Venezolana de Televisión, el riesgo que corre no solo la gobernabilidad y la paz en Venezuela con la guerra mediática de distorsiones de la realidad del país ante el mundo que adelanta la derecha nacional e internacional para tratar de acabar con la revolución bolivariana, sino la democracia misma en el mundo, en la medida en que los sectores dominantes se sirven del poder de los medios de comunicación para sostener su inviable modelo económico y social, engañando a los pueblos a lo largo y ancho del planeta con la promesa del falso bienestar que generaría el capitalismo.

Tal reflexión se produjo en el marco del balance presentado por el analista de la gira “La Verdad de Venezuela” que el Estado Mayor Comunicacional venezolano adelanta hoy por varios países del continente.

Analistas opinan sobre coyuntura política nacional en “Vladimir a la 1”

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Los analistas políticos Carmen Fernández, Jesús Seguías y Alberto Aranguibel, comparten impresiones sobre el acontecer político nacional con el periodista Vladimir Villegas en su programa “Vladimir a la 1” transmitido por el canal de noticias Globovisión el 04 de agosto de 2016.

Fuente: Globovisión

Referéndum en Venezuela sería “consultivo” y no necesariamente revocatorio

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En entrevista con la prestigiosa periodista Irene Selser, del diario mexicano Milenio, el analista político venezolano Alberto Aranguibel sostiene que en Venezuela se están confrontando dos concepciones, dos modelos de sociedad, que ha conocido distintos momentos de intensidad, marcada fundamentalmente por el accionar violento de la oposición venezolana al gobierno legítimamente electo del presidente Nicolás Maduro.

Según el analista, de darse el referéndum que propone la derecha en Venezuela no sería necesariamente “revocatorio” sino que puede ser perfectamente “ratificatorio”, como sucedió en 2004 cuando la misma oposición intentó revocar al entonces presidente Hugo Chávez con el mismo instrumento constitucional.

La entrevista puede ser leída en toda su extensión en el siguiente enlace:

milenio