La encuesta de la farsa

Por: Alberto Aranguibel B.

Con la lascivia propia de las fieras en celo, en la oposición andan desesperados por ver quién sucede al autojuramentado, una vez que la desgracia en la que ha caído hace ver como inminente su defenestración definitiva por parte del jefe de la Casa Blanca y del poco reducto de seguidores que le quedaba al ilusorio presidente en el país.

Desde todos los flancos opositores aparecen descalificaciones y ataques cada vez más feroces contra el que hasta ayer era todo un Mesías redivivo, al que le rendían pleitesías estrafalarias de todo tipo y que hoy es usado cuando mucho como coleto en todos los espacios de opinión donde antes era exaltado por los mismos voceros de la oposición que ahora se asquean con él.

La impudicia es el signo recurrente en ese festín de candidaturas a la sucesión, donde cada uno es más pérfido y voraz que los otros. Uno de ellos, quizás el más inmoral y maquiavélico, ha puesto a circular por internet una falsa encuesta en la que le pide a los incautos que caigan en la trampa que llenen un formulario de nueve preguntas cuyos resultados les serán llevados por él, bajo la fachada de multitudinaria organización social, nada más y nada menos que al presidente de los Estados Unidos implorándole que invada desde ya, mediante una ocupación armada, a Venezuela.

La engañosa encuesta, que dice estar hecha para solicitarle al gobierno norteamericano una invasión al país a la vez que les exige a las demás potencias evitar inmiscuirse en el asunto porque ello sería una gravísima violación de nuestra soberanía (?), tiene el verdadero propósito de defenestrar por mampuesto al cándido autojuramentado, con la inclusión de una pregunta de apariencia ingenua sobre la corrupción con la ayuda humanitaria, que retrata perfectamente el carácter delincuencial de Guaidó.

Es más que evidente que van tras el inefable y ya hoy inservible títere. Pero solo buscando hacer más dinero con el negocio de vender la Patria.

Que a estas alturas ya le estén dando golpes de Estado (aun cuando dicho Estado sea ficticio) a quien le hizo el piso a esa efímera vitalidad que en algún momento llegó a tener la oposición con su bufonada, dice mucho del talante ruin e infame de esa dirigencia del fracaso.

Solo los más estúpidos opositores no se percatarán de la perversa jugada que hay detrás de esa encuesta, que lo único que persigue es coronar, como si nada, a un nuevo autojuramentado del rastrojismo.

 

@SoyAranguibel

Aranguibel: Las elecciones son el arma mas poderosa contra el bloqueo

Caracas, 30 de julio de 2020.- El constituyente y analista político Alberto Aranguibel, sostuvo este jueves durante su participación en el programa 360 que transmite Venezolana de Televisión, conducido por Boris Castellano, que las venideras elecciones parlamentarias del próximo 6 de diciembre contarán con una asistencia masiva de electores, porque en esta oportunidad está en juego mucho más que en cualquier otra elección anterior y en eso la cultura electoral del venezolano, aunada a su sentimiento nacionalista y de defensa de su soberanía y su derecho a la vida, amenazada hoy por el imperio norteamericano, será determinante.

De modo que sí es una elección de la mayor importancia para las venezolanas y los venezolanos, sin distingos de color político o creencia ideológica. Se trata de la forma más poderosa que vamos a tener para derrotar ese inhumano bloqueo que tanto dolor y sufrimiento le ha causado a nuestro pueblo“, dijo.

De igual forma explicó que la Covid_19 no será impedimento para ir a cumplir con el derecho de ejercer el voto, porque el Poder Electoral, así como el gobierno, están tomando ya las medidas de bioseguridad correspondientes para evitar riesgos de cualquier tipo y lo que habrá que esperar será que al CNE haga el anunció de las mismas.

Imperialismo: el discurso del poder en una sola imagen

Por: Alberto Aranguibel B.

En la legendaria película de Sidney Lumet “Poder Que Mata” (1976), Howard Beale, un prestigioso presentador de noticias, encarnado por el genial Peter Finch, pierde la cordura frente a las cámaras y se lanza a predicar en vivo contra los medios de comunicación y su pernicioso poder alienante. Frente a ese insólito hecho de claro corte anti stablishment, el rating de la televisora sube de manera inusitada rompiendo todos los records de audiencia, ante lo cual el presidente de la mega corporación mediática ordena que Beale sea llevado a su despacho para hablar personalmente con él y evitar así que su prédica redentora haga tambalear el negocio.

Sorpresivamente, en vez de recibirlo en su lujosa oficina ordena que la reunión se lleve a cabo en la majestuosa sala de conferencias de la empresa, ambientada solamente con una larga mesa de más de veinte puestos, al final de la cual, en el extremo opuesto a la silla del presidente, es sentado el presentador.

Network

En medio de ese sobrecogedor ambiente, en el que la figura del magnate de la corporación (personificado por Ned Beatty) es visto como un deslumbrante destello luminoso recortado sobre el fondo oscuro de la habitación, se desarrolla una de las más impactantes escenas del film. En ella el jefe le dice al empleado en una vehemente disertación, que resume cabalmente la filosofía del neoliberalismo, que tiene que entender que ya las cosas no son como antes. Que ya ni las naciones ni el derecho internacional existen a lo largo y ancho del planeta, sino las corporaciones y sus filiales. Que las grandes empresas han acabado con toda noción de Estado y han desplazado definitivamente a los políticos. Que el nuevo referente del mundo es ahora el dólar y que así debe él entenderlo.

Presa del intimidante influjo del implacable discurso, el disminuido presentador dice, casi en estado de éxtasis, que le parece haber sentido la presencia de Dios. A lo que el dueño de la corporación responde: “Eso creo”.

Esa misma imagen, extraída de la iconografía religiosa (no solo de la cristiana, quizás la más profusamente desarrollada desde que la pintura se convirtió en el medio fundamental para la expansión de la fe católica, sino de todas aquellas que de alguna manera han representado a sus deidades como figuras luminosas o bañadas de la luz celestial de la que se presume han surgido y con la cual se supone que iluminan al mundo) es exactamente la misma que usa el gobierno norteamericano para anunciar el asesinato del General de más alto rango de la República islámica de Irán, ordenado personalmente nada más y nada menos que por el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica.

En una inusual rueda de prensa, en la que el presidente es esperado durante más de dos horas por los medios de comunicación en una inmensa sala de la Casa Blanca, diez militares del más alto rango del Pentágono, así como el Vicepresidente y los secretarios de Estado y de Defensa, son distribuidos cual apóstoles en una reproducción casi exacta de “La última cena”, de Leonardo da Vinci, frente a una gran puerta blanca doble hoja flanqueada por dos columnas de mármol pulido de doble altura, sobre la cual ha sido colocado en forma prominente el escudo de la presidencia de los EEUU, en clara alusión al lugar del altar usualmente destinado por todas las religiones al enaltecimiento de la figura o deidad del templo.

En el momento crucial del evento, la gran puerta es abierta con expectante parsimonia bañando la sala con un deslumbrante contra luz del cual emerge solemne hacia el podio en el centro de la escena la silueta del primer mandatario, en una estampa de grandiosidad que perfectamente podría haber sido la misma que imaginaron los ilustradores bíblicos originarios para recrear la reveladora visión de Moisés en el Monte Sinaí o el momento mismo de la elevación de Jesús al cielo después de la resurrección.

Se presenta así como un acto de Justicia Divina un brutal asesinato, el del General Qasem Soleinami, líder de las fuerzas Quds de la Guardia Revolucionaria iraní, y no como el crimen por el cual el primer mandatario norteamericano tendría que rendir cuentas ante los tribunales ordinarios toda vez que él mismo acepta públicamente en esa rueda de prensa ser el autor intelectual de tan abominable hecho de trasgresión a las leyes y al derecho internacional para el cual, por supuesto, no está facultado de ninguna manera ni como individuo ni por su investidura como presidente de una nación.

Se busca transmitir al espectador mediante esa escena, perfectamente fabricada con un claro propósito de amedrentamiento subliminal, que el poder de la religión islámica no es algo que pueda intimidar en modo alguno al líder de un imperio cuya fuerza se fundamenta en la fe católica que le dio su origen.

Fiel a sus creencias fundamentalistas, la sociedad norteamericana no deja nunca de lado el carácter religioso de su narrativa imperialista, por encima incluso del interés meramente capitalista que la inspira y la orienta desde todo punto de vista. “God bless America”, es el santo y seña que consagra en todo evento oficial el carácter unicelular de la religión y la política en EEUU.

Vladimir Acosta sostiene en su excepcional trabajo sobre la sociedad norteamericana, El monstruo y sus entrañas (Editorial Galac, 2017), que “el peso que el fundamentalismo cristiano tiene en ese país es realmente descomunal […] En fin, que en esa sociedad, que pretende ser modelo superior y excepcional de modernidad, de separación de Estado e Iglesia, el dominio de la religión y de la Biblia es total y del mismo participan todas las corrientes y sectas propias del protestantismo.”

De ahí que no sean pocos los presidentes de esa nación que hayan declarado categóricamente en algún momento haber sido enviados por Dios mismo para llevar a cabo la labor de “saneamiento” del mundo para la que se sienten predestinados. El profesor Acosta lo resume así en su texto: “Desde el propio George Washington en adelante los Presidentes de Estados Unidos empezaron a demostrarlo y a incluir la religión cristiana protestante en sus discursos y mensajes […] ya que todos ellos siendo políticos laicos actúan como líderes religiosos, todos dicen actuar en nombre de Dios, aseguran hacer la política que Dios les manda y justifican sus actos y sobre todo sus crímenes como ordenados por el propio Dios, que a menudo habla con ellos.”

Solo que hoy el relato religioso no es ya el recurso retórico ancestralmente usado por el poder político norteamericano para bendecir en los templos las atrocidades que ese imperio comete a lo largo y ancho del planeta en nombre de la libertad, y de Dios, sino que es descarada y abiertamente convertido en el discurso mismo, como lo vemos en esa meticulosa conceptualización de la imagen televisiva fabricada por los asesores comunicacionales de la Casa Blanca para decirle al mundo que su presidente ya no es el ser humano de carne y hueso susceptible de cometer errores y, por ende, de ser juzgado por los tribunales terrenales, sino que es un ser luminoso que viene a imponer la justicia inexorable y definitiva que solo los dioses pueden imponer y que la humanidad entera debe acatar.

Si algún momento debía ser considerado oportuno por esos asesores comunicacionales para poner a funcionar esa modalidad discursiva de la escenificación religiosa como símbolo del poder de la mayor potencia capitalista en el mundo, tenía que ser definitivamente el de una presidencia liderada por un magnate multimillonario, supremacista, engreído y delirante, que desprecia al ser humano sin importarle en modo alguno las formas, y para quien no existen naciones sino países competidores, en los que lo que prevalecen no son las leyes del Estado y de la democracia, sino los intereses corporativos de las trasnacionales y del imperio en sí.

Exactamente como lo visualizara Lumet hace casi medio siglo. Solo que aquí, lamentablemente, no se trata de una ficción, sino de una cruda realidad que amenaza y abochorna a la humanidad entera.

@SoyAranguibel

Revoltosos extraviados

Por: Alberto Aranguibel B.

Los dos grandes momentos del capitalismo en la historia contemporánea, fueron la caída del bloque soviético, refrendada con el derribamiento del Muro de Berlín, y el surgimiento de la teoría del golpe suave para derrocar gobiernos incómodos al sistema neoliberal, desarrollada por un cagalitroso fascista norteamericano en un escueto panfleto de unas diez páginas al que, ante el bochorno de ser un postulado que no llegaba ni siquiera a ensayo, denominaron simplemente “El manual de Gene Sharp”.

Su ascenso fue más que vertiginoso desde principios de los años ochentas, cuando las revueltas en algunos países del viejo mundo comenzaron a adquirir notoriedad por su inusual carácter de “revoluciones de derecha”, que eran meticulosamente disfrazadas tras denominaciones de supuesta apariencia despolitizada y pacífica, como aquello de “Revoluciones de colores”, para aparentar una muy fingida legitimidad popular y darle a la vez un rostro de origen cívico y no ideológico a los alzamientos cuando en realidad no se trataba sino de acciones mercenarias de desestabilización pagadas siempre por el imperio norteamericano.

El panfleto era todo un dechado de puerilidades (como la mayoría de la literatura política norteamericana) resumido en una absurda fórmula de falso corte revolucionario que consistía en salir a la calle aparentando una conducta cívica, pero con la aviesa intención definitiva de provocar la represión por parte del gobierno y poder entonces acusarlo de violento para hacerle perder sustentabilidad social mediante el repudio así fabricado, tal como pasó en Serbia, en Ucrania, en Egipto, en Irán, Birmania, Tailandia, Indonesia, e incluso Venezuela, donde el proyecto derechista fracasó, ahí sí, estrepitosamente.

Infinidad de organizaciones de derecha comenzaron a estudiar su panfleto como quien trata de descifrar los Manuscritos del Mar Muerto y se crearon institutos y centros de difusión para su “obra” con una rapidez inusitada.

Se sintieron tan orgullosos entonces que hasta un Premio Nobel estuvieron a punto de otorgarle a Sharp, al que llegaron a designar con el ampuloso título de “científico social”.

Pero ahora, con tantos y tan crudos alzamientos verdaderamente populares como los hay permanentemente en Israel, en Francia, en España, en Chile, en Colombia, y en las decenas de ciudades norteamericanas en las que las protestas contra los gobiernos neoliberales son desde hace meses casi el anuncio de una gran emancipación mundial de los pueblos, nadie sabe dónde pueden estar metidos todos aquellos cultores del inefable manual del gringo.

¿Dónde andarán en todos esos países esos revoltosos de librito y sus bastardas elucubraciones teóricas con las que justificaban eufóricos los estallidos sociales de derecha?

 

@SoyAranguibel

Donald Maduro

Por: Alberto Aranguibel B.

Dice la sicología moderna que uno de los trastornos más comunes asociados a la obsesión compulsiva es la proyección de la personalidad. Quien lo padece asume sin percatarse el comportamiento de aquella persona sobre la cual tiene una fijación enfermiza, terminando a la larga convertido en el objeto mismo de su propia obsesión.

Con su desquiciada conducta, Donald Trump demuestra día tras día cuánto de verdad encierra esa sensata aseveración científica.

De tanto acusar al presidente Nicolás Maduro de dictador y denunciar la supuesta violación de derechos humanos que según Trump caracterizaría al gobierno revolucionario (al que no ha perdido oportunidad de señalar como represor, incompetente, e insensible ante el padecimiento del pueblo) resulta ahora que los hechos indiscutibles que evidencian el inmenso esfuerzo del mandatario venezolano por proteger al pueblo demuestran no solo que todo fue siempre una sarta de acusaciones e infamias sin fundamento que nada tenían que ver con la realidad venezolana, sino que donde en verdad se sufren las consecuencias de un gobierno indiferente con los pobres, que ciertamente sí reprime de la manera más cruel y desalmada a su población (particularmente la de color) y que efectivamente carece del más mínimo criterio de responsabilidad frente a contingencias devastadoras como la pandemia Covid_19 que azota hoy a la población norteamericana más que a ninguna otra del mundo, es precisamente el país que preside el obseso Donald Trump.

Tanto ha insistido el jefe del imperio en la supuesta ilegitimidad del presidente Maduro, a partir de una arbitraria y antojadiza lectura de la elección presidencial venezolana del 20 de mayo de 2018, que no es posible entender la declaración que ha hecho este fin de semana el inquilino de la Casa Blanca anunciando que desconocerá los resultados de las elecciones previstas en su país para el próximo mes de septiembre en caso de no resultar él electo, sino como una proyección obsesiva que lo lleva a asumir sin la menor vergüenza la personalidad que él mismo, de la manera más delirante, ha tratado de mil y una formas acuñarle al presidente de Venezuela.

Solo faltaría saber cómo van a manejar este claro e inequívoco viso antidemocrático del mandatario norteamericano los medios de comunicación y la derecha que tanto han detractado al presidente Maduro.

¿Lo acusarán también de dictador ante el mundo?

@SoyAranguibel

C. Hernández: La “comunidad internacional” que apoya a Guaidó está tan maltrecha como él.

Por: Clodovaldo Hernández
LaIguanaTV

Donald Trump, buscando votos de venezolanos y cubanos en Miami, ha admitido que Juan Guaidó (quien, según él, es un presidente elegido) ha perdido parte de su poder. Tardó en darse cuenta porque es algo que comenzó a notarse desde el 23 de febrero de 2019. Pero, además, es un hecho que toda la coalición internacional que ha respaldado el derrocamiento de Nicolás Maduro mediante esta modalidad de “cambio de régimen” también está haciendo aguas. Empezando por el propio Trump.

Durante el año y medio que está por cumplirse desde que Guaidó se juramentó a sí mismo en una plaza de Caracas, el principal argumento del «gobierno paralelo» ha sido el apoyo internacional que este tendría, frente al aislamiento de Maduro.

Para sostener este argumento se ha recurrido a una doble valoración: la cantidad y la calidad de los países, gobiernos, organizaciones internacionales y líderes que respaldan el Proyecto Guaidó.

Pero, luego de este tiempo, no solo el diputado autoproclamado presidente está debilitado y maltrecho, sino también todo ese constructo mediático al que llaman «la comunidad internacional» que supuestamente lo avala.

Veamos con detalle. Revisemos, en primer lugar, la cuestión meramente cuantitativa. En el trayecto de 18 meses ha quedado en evidencia que al «gobierno encargado» no lo respalda la mayoría de las naciones del planeta, salvo que uno tenga una visión tan atolondrada de la geografía universal como la de la señora que habló de «miles de países».

Aun en aritmética simple, los 60 países que, según sus propias cuentas, respaldan a Guaidó, son apenas un tercio del total de Estados soberanos del mundo. De tal manera que habría que preguntarse por qué «la comunidad internacional» es un tercio del mundo. ¿Qué es entonces el otro segmento, formado por dos tercios de los países?

Cuestión de “calidad”

Aquí viene la segunda valoración que suele oírse en predios opositores ilustrados. No se trata tanto de la cantidad, sino de una serie de factores que pueden agruparse en la palabra «calidad». Sigamos analizando, entonces.

Un primer factor tiene que ver con el rango de los países en la escena geopolítica global. Dicen los defensores del Proyecto Guaidó que tiene el visto bueno de los que realmente tienen peso específico, como Estados Unidos y los integrantes de la Unión Europea.

En los grandes medios de comunicación de esos mismos países y en sus subsidiarios latinoamericanos y venezolanos, enarbolan ese criterio como una prueba irrebatible de la clásica superioridad del norte del mundo, una mezcla de viejos supremacismos: monroismo, eurocentrismo, etnocentrismo blanco, colonialismo.

Pero ese punto del rango geoestratégico de los países luce bastante desfasado. Hubiese sido mucho más contundente en los años 90, recién desplomada la Unión Soviética. No en estos años de declive del imperio estadounidense y de enérgico surgimiento de China y Rusia como nuevas potencias. Y mucho menos en el año de la pandemia, que dejó a la Unión Europea desnuda en sus terribles falencias e iniquidades.

Pues bien, en el actual escenario geopolítico, frente a la alianza en contra de EEUU y la UE, el gobierno constitucional de Venezuela ha tenido el apoyo explícito y contundente de esas dos potencias que, según los vientos que soplan, ya dejaron atrás a la vieja Europa y van a emerger en el mundo pospandémico en pie de igualdad con EEUU.

La postura de China y Rusia ha significado humillantes derrotas para EEUU en el exclusivo Consejo de Seguridad de la ONU, el club de ganadores de la Segunda Guerra Mundial en el que entran algunos invitados circunstanciales. Washington hasta ha tenido que apelar al derecho a veto para evitar males mayores para su causa.

Entonces, si consideramos que en el planeta de 2020 hay tres superpotencias: EEUU (sus socios europeos son, cada vez más, un vagón de cola), Rusia y China, habría que concluir que el proceso bolivariano tiene el apoyo de dos de ellas. Nuevamente tenemos a «la comunidad internacional» dividida en dos tercios/un tercio. Pero, según los medios ya mencionados, el tercio vale más que los otros dos.

Otro enfoque de este asunto de la «calidad» se refiere al hecho de que EEUU ha conseguido que la mayoría de los países del vecindario latinoamericano se sumen a su reconocimiento como presidente de alguien que no fue votado para tal cargo. Pero ni siquiera en la arena hemisférica han podido consolidar realmente una mayoría en contra del gobierno de Maduro. La incapacidad de la Organización de Estados Americanos para fraguar un consenso, ha querido ser compensada por ese engendro llamado Grupo de Lima. Pero nunca ha calzado los puntos y (al igual que la UE), el Covid-19 ha puesto en evidencia que, en realidad, no son un mecanismo de integración de países hermanos, sino un artilugio al servicio del Departamento de Estado en contra de Venezuela.

La derrota de los gobiernos neoliberales en dos países de gran influencia regional, México y Argentina, ha puesto peor las cosas para los de Lima.

En el ámbito Nuestro Americano, el gobierno constitucional se ha movido con habilidad diplomática y con dignidad para contener la estrategia. La solidaridad demostrada por la Venezuela bolivariana en años recientes ha rendido frutos. Por supuesto, esto molesta mucho a los proimperialistas, quienes desprecian profundamente a las naciones pequeñas, a «los países recogelatas del Caribe», como dijo una vez un connotado dirigente de AD.

La ruina moral

Ya ha quedado claro que en términos cuantitativos, es completamente falso que el Proyecto Guaidó tenga apoyo internacional mayoritario. No lo tiene ni entre la totalidad de los países del mundo ni entre los de peso superpesado. Tampoco lo tiene en el coto continental.  Pero hay una perspectiva más de la «calidad» de los respaldos que la tentativa de cambio de régimen ha tenido, y esta es la relativa a la situación que viven los países, los gobiernos y los líderes que han encabezado esta iniciativa.

Dejemos de último a los EEUU de Donald Trump, pues él es el dueño del tinglado. Volvamos sobre la UE, zarandeada por la pandemia, con varios de sus gobiernos muy aporreados, tomando medidas antipopulares en medio de la emergencia sanitaria, avergonzados por feos escándalos de corrupción y obligados a ir a la zaga del gamberro ocupante de la Casa Blanca.

En los últimos días, para complementar el desprestigio de los aliados de EEUU del otro lado del Atlántico, Reino Unido demostró una vez más su estirpe de piratas y saqueadores al robarse, en complicidad con el «gobierno encargado» 31 toneladas de oro que pertenece a Venezuela. Un botón de muestra de la «calidad» de los apoyos internacionales que tiene la oposición no democrática.

Lo que resulta obvio es que el apoyo internacional que mantiene Guaidó depende de los negocios que su condición de falso presidente le ha permitido hacer con los gobiernos que lo respaldan. Dando y dando.

No queda hueso sano

Si miramos hacia el vecindario, es notable la ruina de los gobiernos y líderes que han respaldado el plan de EEUU. Mauricio Macri fue derrotado; a Sebastián Piñera lo salvó la campana del coronavirus, porque a inicios de este año estaba prácticamente tumbado por las protestas populares; Lenín Moreno es simplemente indefendible; la derecha  boliviana solo puede mantenerse en el poder por la vía de facto, la misma que utilizó para acceder a él; Bolsonaro es tan patético que se le considera una caricatura de Trump (saque usted la cuenta); y el subpresidente Duque está rodeado de escándalos por todos los flancos, en un país repleto de crímenes impunes. Como colofón de esta ristra de personajes patibularios, Luis Almagro, el secretario, ha batido todos los récords de obsecuencia ante los dictámenes imperiales, llevando a la prostituida OEA a su nivel más bajo, como ministerio se colonias de EEUU.

¿Y qué decir de Trump, el gran jefe de Guaidó? Pues, que anda «de los nervios»(como dicen los españoles) porque las encuestas indican que va a perder la reelección ante un oponente bastante mediocre como Joe Biden, lo cual es doblemente humillante. En lo que respecta a Venezuela, todas sus arrogantes y psicopáticas tentativas han fracasado a tal punto que en algunas de ellas ha tenido que hacerse el loco, papel que no le cuesta porque lo interpreta a diario.

Su acto de campaña en el reducto del falso exilio venezolano en Miami ha sido la mejor evidencia de la bancarrota ética y moral de esa «empresa» (término que le cuadra a la perfección) que ha sido el Proyecto Guaidó. Un candidato que está perdiendo por paliza ante un cachivache del Partido Demócrata confiesa que su pupilo en Venezuela “ha perdido poder y no tiene apoyo de la gente”. ¿Hace falta agregar algo?

clodovaldo  Clodovaldo Hernández / LaIguana.TV

Interlaces: “Asalto a un país: El prontuario de Guaidó en diez casos emblemáticos”

Por: Anahí Arizmendi
Interlaces

El 23 de enero del 2019 Juan Guaidó se autojuramentó Presidente de Venezuela.  En ese momento anunció como una de sus prioridades, «salvaguardar los activos de la nación, del peligro de caer en manos extranjeras por los incumplimientos de las autoridades chavistas». Con el apoyo del gobierno de Trump se crearían las condiciones para la confiscación ilegal de activos venezolanos en el exterior y la administración de millones de dólares con la excusa de «la ayuda humanitaria a los venezolanos».

Gracias «al gobierno de Guaidó», Estados Unidos y sus aliados europeos se dotaron de una fuente ilegal de recursos, en la expectativa de hacerse de la principal reserva petrolera mundial e importantes yacimientos minerales. A cambio, Guaidó y sus aliados administran sumas millonarias, mientras el país es víctima de un bloqueo criminal y el robo de sus activos. Un amplio prontuario que intentamos condensar en diez puntos.

1- Los primeros 20: Como regalo de autoproclamación, el 24 de enero del 2019 el Departamento de Estado anunció su intención de otorgar más de US$ 20 millones al «nuevo gobierno» a ser utilizados para «ayuda humanitaria» y en la “lucha contra la escasez de comida y medicamentos”.

2– Caso Citibank: El Banco Central de Venezuela (BCV) acordó en 2015 un préstamo con Citibank por  US$ 1.600 millones con el  oro de las reservas internacionales en garantía. En Marzo del 2019 el banco alegó «retraso en el pago parcial de los compromisos» y decidió liquidar el oro para cobrarse toda la deuda de una vez. La diferencia entre el valor de la garantía y el monto por el cual se hizo el préstamo que le correspondía a la República, se le entrega al “gobierno interino”.  Con el apoyo del gobierno de Estados Unidos, el Citibank transfiere de la cuenta del BCV  a una cuenta de la Reserva Federal en manos de la Asamblea Nacional US$ 340 millones.  El BCV calificó el acto como un vulgar despojo del patrimonio venezolano.

En Mayo de este año, como consecuencia del debate de la Ley Especial del Fondo para la Liberación de Venezuela y Atención de Casos de Riesgo Vital,  Carlos Vecchio, representante de Guaidó en Estados Unidos, declaró que ese dinero sólo se habían logrado movilizar la aprobación de US$ 80 millones, tras alcanzar acuerdos con la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés). La declaración surge luego de la información de la agencia de Noticias AP, sobre la asignación de un sueldo mensual de US$ 5.000 para cada diputado de quienes conforman la Asamblea Nacional paralela que lidera Guaidó.

En un comunicado del Centro de Comunicación Nacional del interinato , se explica la distribución de los recursos: US$ 14 millones para el programa de apoyo al Parlamento, y no al pago directo de los diputados;  US$ 4,5 millones en «la defensa de la democracia»; gastos sociales para atención humanitaria (US$ 35,9 millones); fortalecimiento de comunicaciones (US$ 5,5 millones); relaciones internacionales y servicio exterior (US$ 8,8 millones); contraloría especial y poder judicial (US$ 1,9 millón) y la implementación del presupuesto (US$ 9,3 millones).

3- Desmantelamiento de CITGO: En 2014 la transnacional minera canadiense Crystallex gana ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) el arbitraje contra el estado venezolano por pérdidas ocasionadas por la nacionalización en el año 2008 de la mina de oro Las Cristinas. El centro ordena al Estado venezolano el pago de 1,4 millardos de dólares como indemnización.

En mayo de este año el Tribunal del Distrito de Delaware dio el visto bueno a la posible venta de acciones de CITGO y considera por separado los reclamos de Crystallex y el productor independiente estadounidense ConocoPhillips, cuya demanda podría alcanzar los 8.700 millones de dólares. Con ambas empresas existían acuerdos que las sanciones impidieron cumplir.

Desde la firma en 2019 de la orden ejecutiva que congela todos los activos del gobierno de Venezuela en territorio estadounidense, se estima que la apropiación ilegal de Citgo le costó al país 11 mil millones de dólares en pérdidas por dividendos congelados. El «gobierno de Guaidó» asumió ilegalmente la directiva de Citgo para «proteger los activos venezolanos», pero en la acción contra Criystallex nombra como procurador al abogado José Ignacio Hernández, «testigo experto» del bufete que defendió a la transnacional en el proceso legal contra la República Bolivariana de Venezuela de 2017. Hernández presentó el argumento de que PDVSA era “un alter ego del gobierno venezolano”, por lo que la empresa canadiense podía cobrar la deuda con la venta de los activos venezolanos en  Estados Unidos. A pesar del claro conflicto de intereses el «gobierno interino» destina 20 millones de dólares para la «defensa jurídica».

Tras la ratificación por parte de la Corte Suprema de los Estados Unidos de la venta de las refinerías de CITGO Petroleum Corporation, la Corte de Delaware  emitió una orden para proceder a su venta. De acuerdo a los registros legales, CITGO está valorada en USD 8 mil millones. Posee tres refinerías ubicadas en Luisiana, Texas e Illinois y una red de oleoductos que cruzan 23 estados de la nación norteamericana, y aporta entre 5 y 10 por ciento de la gasolina que se consume en ese país.

El Ejecutivo venezolano calificó estas acciones como «terrorismo económico» y denunció la implicación de Juan Guaidó y el gobierno de Estados Unidos, en un plan para apropiarse de los recursos de la nación Bolivariana: Citgo; Monómeros (Colombia), PDV Caribe (en todo el Caribe) y PDV América (en el continente).

4- Caso Novo Banco en Portugal: En Abril de 2019 el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, solicitó al gobierno de Portugal pronunciarse por el secuestro de más de mil 700 millones de dólares que estaban destinados a la compra de medicinas, alimentos, vacunas, insumos industriales, semillas y fertilizantes, en Novo Banco en Portugal.

El banco que heredó los activos saneados del extinto Banco Espírito Santo, pertenece en un 75% al fondo norteamericano de capital de riesgo Lone Star. Desde Novo Banco (Portugal) se realizaban las transferencias para el Banca Versilia (Italia) para el pago de la Asociación ATMO italiana, con la que había un convenio para realizar trasplantes de médula ósea en niños y adultos. El programa de salud con Italia se ejecutaba a través de CITGO, confiscada por EEUU.

La Asamblea Nacional en desacato presidida por Guaidó presionó junto al gobierno de Estados Unidos para que los recursos no fueran liberados. Decenas de pacientes se vieron afectados en su tratamiento en Italia y Argentina y varios niños fallecieron.

5- Caso Oro Venezolano en el Banco de Inglaterra: La disputa con el Banco de Inglaterra se inicia desde que Reino Unido reconoce a Juan Guaidó como Presidente interino de Venezuela. El gobierno nacional inicia una demanda ante el Tribunal Superior de Justicia de Inglaterra por el retiro de US$1.000 millones en lingotes para venderlos y usar los fondos para enfrentar la pandemia del coronavirus.

En Julio de este año el Tribunal ratificó la posición de Reino Unido a favor de Guaidó. El diputado admite por su parte que había intercedido para que no se le otorgaran los recursos al presidente Maduro. “Si se transfiere el dinero… será utilizado por el régimen ilegítimo y cleptocrático de Nicolás Maduro para reprimir y maltratar al pueblo venezolano”, dijo en una carta enviada a la entonces primera ministra británica, Theresa May y al  gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney.

En las bóvedas del Banco de Inglaterra se encuentran  31 toneladas de oro venezolano que ahora le son reconocidas al «gobierno de Guaidó». El Banco de Inglaterra tiene una de las bóvedas de oro más grandes del mundo y paradójicamente se ufana de que nunca ha sido robado un lingote de oro en sus instalaciones.

Cabe destacar que en 2011, el Presidente Hugo Chávez repatrió cerca de 160 toneladas de oro de los bancos de Estados Unidos y de la Unión Europea al Banco Central de Venezuela, alegando la necesidad del país de tener el control físico de sus activos. El tiempo le dio la razón.

Tampoco se debe olvidar que, según un audio filtrado de la representante de Guaidó ante Reino Unido, Vanessa Neumann, que en agradecimiento por estas gestiones, el interinato silenciaría la contienda legal para reclamar el territorio Esequibo.

6- Ayuda Humanitaria: Uno de los mayores negocios de la oposición venezolana es la emigración inducida. Bajo la excusa de «la ayuda humanitaria» el «gobierno de Guaidó» maneja innumerables recursos desde que se autoproclamó.

Voceros de su «gobierno» como Carlos Veccchio admiten que se han destinado más de US$ 600 millones a este concepto. Informó que US$ 128 millones fueron entregados al gobierno de Juan Guaidó a través de la Agencia para el Desarrollo Internacional (Usaid, por sus siglas en inglés), para financiar sus operaciones, defender los derechos humanos y desarrollar planes para recuperar la economía y los servicios básicos en Venezuela.

El tema tuvo amplia visibilización en febrero del 2019 con la organización del “Gran Concierto por la Paz” en el Puente Simón Bolívar, frontera entre Colombia y Venezuela. Antesala de la entrada fallida de gandolas con supuesta ayuda humanitaria, que se demostró formaban parte de una operación militar encubierta contra el país.

El concierto recaudó 2,5 millones de dólares para la ayuda humanitaria. Posteriormente, el ex embajador en Colombia del Gobierno de Guaidó, Humberto Calderón Berti, denunció casos de doble facturación y la utilización de recursos de la ayuda humanitaria en «hoteles, fiestas, prostitutas y licor» y varios integrantes del equipo de Guaidó se vieron involucrados en hechos de corrupción.

Calderón Berti también aseguró tener información sobre el desplazamiento a cuentas personales de los intereses de los 7 mil millones de dólares depositados en bancos norteamericanos o de otros continentes que pertenecen a Citgo.

El ex representante de Guaidó, reveló que recibieron datos de la Dirección de Inteligencia en Colombia que señalaban posibles irregularidades en el manejo de los recursos que debieron llegar a los soldados desertores.

7- Operación Gedeón: El 3 de mayo de este año fracasa en las costas de Chuao y La Guaira la incursión armada denominada Operación Gedeón, financiada desde Estados Unidos y por el paramilitarismo colombiano con la complicidad del «gobierno» de Juan Guaidó. La operación militar se definió en un contrato firmado entre Guaidó como «Presidente de Venezuela», sus asesores Sergio Vergara y Juan José Rendon y  Jordan Goudreau como representante de la empresa Silvercorp USA, contratista para operaciones militares.

El documento establece el pago de 212 millones 900 mil dólares respaldados en petróleo venezolano, para ejecutar la operación en 495 días. En el mismo se acuerda pagar mensualmente al contratista después de la culminación del proyecto un mínimo de 10 millones 860 mil dólares, un promedio de 14 millones 820 mil dólares y un máximo de 16 millones 456 mil dólares, y un bono por éxito de la operación de 10 millones de dólares.

El  desertor venezolano Clíver Alcalá fungiría como jefe de la operación, en articulación con el grupo paramilitar Los Rastrojos. Sobre la vinculación entre Los rastrojos y Guaidó hay amplia bibliografía y pruebas gráficas. Alcalá es detenido «accidentalmente» en Colombia con un arsenal valorado en más de 500 mil dólares, entre los que figuraban 26 fusiles de asalto AR-15, 36.

El nuevo intento armado que fracasa ante la unidad cívico-militar de la revolución bolivariana  estuvo antecedido de otras operaciones militares con financiamiento norteamericano como la de Oscar Pérez en 2017 , el intento de magnicidio con drones contra el  Presidente Maduro en 2018, la denominada Operación Libertad en enero del 2019 y la Operación Aurora en diciembre de ese año.

8.- La batalla contra el Coronavirus: En Marzo de este año, Guaidó anuncia la gestión de   20 millones de dólares provenientes de “cuentas rescatadas” en el exterior por su gobierno para hacer frente a la pandemia decretada por el coronavirus. Los recursos serían utilizados en la adquisición de material para el personal médico y de enfermería como tapabocas, guantes, batas, gorros, zapatos, lentes protectores, así como agua.

Al igual que todo el tema de la «ayuda humanitaria» la formula se repite: organizaciones no gubernamentales afines a las organizaciones políticas que apoyan a Guaidó, serían las responsables de adquirir y administrar los implementos. La ayuda también incluirá un bono de 100 dólares para el personal de salud del país que nunca llegó.

Las primeras listas conocidas revelaron que la mayoría de los beneficiados no eran médicos ni enfermeras sino militantes de organizaciones políticas de la oposición que apoyan el “gobierno interino”.

La realidad es que el gobierno nacional, que preside Nicolás Maduro, es de los pocos en el mundo que garantiza pruebas, atención y tratamiento gratuito a pacientes con coronavirus.

9.- El Bloqueo: Hasta marzo del 2019, se habían dictado treinta y cinco (35) instrumentos que aplican medidas coercitivas unilaterales contra la República Bolivariana de Venezuela. La Organización de Derechos Humanos Sures, en su informe a la Corte Penal Internacional de este año sobre las y los destinatarios de medidas coercitivas unilaterales aplicadas por Estados Unidos , Unión Europea y otros países contra Venezuela establecen: 140 personas, 118 empresas, 65 aeronaves y 52 buques.

Durante «el gobierno interino» las órdenes ejecutivas se han orientado  a confiscar ilegalmente varios activos (financieros y energéticos) del país.

Según la economista Pascualina Cursio todas las medidas coercitivas unilaterales de Estados Unidos han generado a la nación una pérdida de 21 mil 450 millones de dólares, el ataque a la moneda $ 41 mil 691 millones, el sabotaje a la producción petrolera 51 mil 161 millones dólares, para un total de $ 114 mil 302 millones de dólares de pérdida para la nación

10.- Nuevas Legislaciones para el manejo de recursos: En Julio de este año la Asamblea Nacional que apoya a Guaidó anuncia la aprobación de la Ley Especial de Contrataciones Públicas asociadas a la Defensa, Recuperación, Aseguramiento y Resguardo de los Activos, Bienes e Intereses del Estado venezolano en el extranjero y la Ley para Administrar recursos Bloqueados en el Extranjero.

La primera tiene como objetivo ubicar demandas en el exterior en ejecución o con potencial de ejecución, que se estiman en  $15.000 millones correspondientes a activos de Venezuela en el exterior.

La segunda plantea ubicar los recursos en un «Fondo de Liberación» que se iniciará con 80 millones de dólares con el apoyo de la OFAC y la OEA.

El gobierno de Guaidó se encuentra trabajando en la “recuperación para el país” de 500 millones de euros depositados en la entidad Novo Banco en Portugal, a la espera de un trato parecido al que dio el gobierno británico a la junta Ad hoc del BCV (Banco Central de Venezuela) para mantener la custodia del oro de las reservas internacionales.

anahí-arizmendi copy  Lic. Anahí Arizmendi

Fuente: Interlaces

Gobernar sin poder

Por: Alberto Aranguibel B.

La forma en que la oposición venezolana se ha visto obligada por casi un cuarto de siglo de derrotas y fracasos de toda índole a entender el poder, es aquella que consiste en el gobierno de lo inexistente (gobierno fatuo) en el cual el ritual de la autojuramentación para el ejercicio de una presidencia ficticia es apenas la concreción histriónica del modelo.

El verdadero grueso de tal absurdo, tal como lo entiende esa derecha inconsciente y reaccionaria que en mala hora le ha tocado al país, es el de la entrega plena de la administración del poder a una potencia extranjera.

No existe ni una sola evidencia que haya podido mostrar esa canalla oposición que pruebe la supuesta sumisión de Venezuela a Cuba, China, Rusia, o a Irán, que no hayan sido más que chismorreos e infamias inventadas y difundidas por las redes sociales. Sus intentos por descalificar la cooperación equitativa entre países hermanos jamás ha tenido soporte.

Pero quienes acusan de esa supuesta entrega del país a gobiernos extranjeros, son quienes hoy aplauden la aprobación de un contrato de administración de los recursos venezolanos en el exterior concedido por la escuálida Asamblea Nacional en desacato a dos empresas norteamericanas.

Deja ver así esa maltrecha oposición cuatro cosas indiscutibles con su innoble acto de traición a la Patria.

En primer lugar, que su supuesta indignación por la hipotética sumisión del país es toda una farsa, porque lo que hacen con ese contrato completamente viciado de ilegalidad no es sino un vulgar acto de verdadera cesión de nuestra soberanía.

Segundo, que al entregar la Patria sin ningún pudor dejan claro ante el mundo que son solo una banda de irresponsables para quienes la política no es sino una fachada. ¿A quién se le ocurre poner zamuros a cuidar carne?

Tercero, y probablemente lo más importante, que lo único que los motiva es el afán de hacer dinero a costa del hambre y el padecimiento del pueblo, en lo cual no hay negocio que no sea apetecible para ellos.

Y cuarto, que no tienen poder alguno para gobernar.

Una vez más, esa tragedia sin solución que es la oposición venezolana deja al descubierto que todo lo se dijo siempre de ella desde el chavismo en cuanto al carácter delincuencial de su espurio liderazgo es no solo cierto sino terriblemente costoso para nuestro pueblo.

@SoyAranguibel

La quimera del oro

Por: Alberto Aranguibel B.

En su proverbial pero muy mordaz e incisivo lenguaje mudo, Charles Chaplin parodiaba en 1925 la avaricia y las trágicas consecuencias que la fiebre del oro podía generar en el ser humano, porque desde siempre el hombre del mundo capitalista fantaseó con la vana ilusión de alcanzar el medio más expedito para enriquecerse y, a partir de ahí, gozar del confort y de los lujos más deslumbrantes y maravillosos.

Esa fantasía de la felicidad individual alcanzada a través de la riqueza fácil, y no mediante el esfuerzo creador de los trabajadores como fuerza productiva, fue lo que impulsó la engañosa promesa del capitalismo en la sociedad contemporánea.

Desde esa óptica, el trabajo como base del bienestar ha sido siempre desdeñado. Las fórmulas maravillosas que el poder hegemónico logró imponer a través de la cultura del dinero, fueron aquellas que colocaban a la empresa privada como generadora por excelencia de la riqueza y al ser humano apenas como una herramienta accesoria del proceso de producción de la misma.

ReinaOro2 copy

Según esa narrativa hegemónica, como la del cine de ficción, por ejemplo, el oro en manos del individuo común es solo un objeto de enajenación y de perdición. Se inocula a la sociedad la sed del “vil metal”, como se le llama, pero se transmite a la vez que su obtención, cuando se trata de la gente normal, es producto del crimen, del asalto a los blindados, a los bancos, etc.

Desde la más remota antigüedad, el oro fue siempre sinónimo de poder más por su escasez que por ninguna otra razón. Arrancado de las entrañas de la tierra, su valor surgía del inmenso costo de la esclavitud usada para obtenerlo. De modo que quien lo poseía no podía ser solo un gran potentado, sino un gran imperio.

Por eso su precio (como el del acero, el hierro, el aluminio, y tantas otras materias primas) no se decidió jamás donde se produce, sino en las grandes metrópolis imperiales. Solo la arbitraria asignación de importancia desde los centros hegemónicos fue lo que le imprimió el valor relativo que fue adquiriendo en el mundo.

De ahí que el empeño de esos imperios fue siempre apropiarse de un oro que no es suyo (porque no lo producen, sino que se lo despojan al mundo) y hacer con él lo que les venga en gana según sus intereses.

Un afán de saqueo contra el cual se levanta hoy un pueblo digno, como el venezolano, que jamás se rendirá ante el descarado robo de más de treinta toneladas de oro que forman parte substancial de las reservas del Estado venezolano, a través de una operación de vulgar asalto al erario público de nuestro país que el vetusto imperio británico pretende hacer aparecer como una acción apegada al derecho.

Son los mismos piratas, los mismos asaltantes de siempre, que envueltos en los mismos engañosos atavíos de la nobleza, quieren hacerle creer al mundo en una rectitud y una decencia que jamás han tenido.

@SoyAranguibel

Esperando la orden

Por: Alberto Aranguibel B.

A medida que queda al descubierto la farsa que encarna el proyecto de asalto del poder mediante la figura de un pusilánime autojuramentado, que salen a la luz pública sus carencias como propuesta política y se van constatando con hechos sus cualidades delincuenciales, va quedando también en evidencia que muchos de los países que hace casi dos años le brindaron su apoyo a ese disparate golpista en realidad lo hacían producto de la desinformación mediática y el engaño urdido desde el imperio norteamericano para hacerse del control de Venezuela.

Habituados como han estado la mayoría de esos países a la lógica colonialista que les fue tan provechosa durante siglos, siguieron sin incomodidad alguna la orientación que se les dictaba desde Washington, pensando, quizás hasta de buena fe, que derrocar a un gobierno legítimamente electo (siempre y cuando no fuera en Europa sino en el para ellos muy lejano “nuevo mundo”) no estaría mal si con ello se beneficiaba el alicaído neoliberalismo y se contenía de alguna forma la vocación revolucionaria de los pueblos latinoamericanos que cada día claman con mayor fuerza por justicia e igualdad social.

Como toda farsa, el proyecto estaba destinado al fracaso con el pasar de los días, semanas, y meses, en los que no solo no se concretaba la ilusoria promesa, sino que afloraban con inusitada profusión las falencias e insostenibilidad del mismo, ya no en boca de los defensores de la Revolución o del gobierno venezolano, sino en todas y cada una de las voces críticas que desde el seno mismo de la derecha y la ultraderecha radical empezaron a darse a conocer denunciando cada vez con más fuerza la inmoralidad y la ineptitud de los principales actores del audaz y bochornoso sainete.

Se convirtió así el apoyo de lo que un día denominaron “los miles de países” en un verdadero torneo de resistencia en el que la contundencia inicial se fue tornando en una tenue y muy relativa solidaridad, que luego fue tímida y esporádica, y que finalmente aparece en muchos casos simplemente condicionada al dictamen de la Casa Blanca para ver si continúan apoyando o no el destartalado proyecto.

Es el vaivén de la dirigencia del mundo neoliberal que, sin importar lo que piensen en verdad sus pueblos, se arrodillan impúdicos a los designios del imperio.

 

@SoyAranguibel

El librito de Bolton

Por: Alberto Aranguibel B.

No se trata de ninguno de los dos tomos de “La Segunda Guerra Mundial” de Winton Churchill, o de alguna antología de Antonio Gramsci. Tampoco de las obras completas de Noam Chonsky o las disertaciones teóricas de Francis Fukuyama prediciendo el futuro de la política.

Nada de eso. Se trata solamente del compendio de reconcomios y añoranzas delincuenciales de un fascista cagalitroso que, curtido ya por su dilatada trayectoria como halcón del imperio,  no quiere morirse sin anotarse una última guerra en su largo historial de genocida insaciable, apostando un último resto de perversión en la misma mesa sobre la cual su antiguo jefe, al que hoy ataca en ese libro con la misma inmoralidad y desvergüenza con la que ambos atacan a los comunistas, ha dicho que tiene puestas encima “todas las opciones”.

No es un texto luminoso de ninguna manera, como incluso los pensadores más preclaros de la izquierda quieren ponerlo por el solo hecho de que supuestamente deja en evidencia al orate que maneja hoy las riendas del imperio más criminal de todos los tiempos.

No revela nada. Solo confirma lo que desde siempre se ha dicho sobre el magnate presidente y su desquiciada manera de conducir a una nación que bajo su mandato ha experimentado la más vertiginosa carrera de su historia hacia el desastre económico, social y político.

Su larga retahíla de chismes mal hilvanados (y pésimamente redactados) tampoco le es útil a nadie, porque, por una parte, por su carácter de obra escrita personalísima, no posee fuerza legal incriminatoria. Y, por la otra, porque en esencia es un texto que, aún desnudando al inquilino de la Casa Blanca en la forma descarnada e incontrovertible en que lo hace, no es de ninguna manera un texto ni “anti Trump”, ni mucho menos “anti imperialista”. En virtud de lo cual no tiene el poder de hacerle perder la elección a nadie. Y mucho menos de hacérsela ganar.

Sembrar esperanzas en ese supuesto poder estremecedor que algunos le atribuyen al librito de John Bolton es tan erróneo como asumir que el problema del hambre y la pobreza en el mundo es un asunto que deriva de la ineptitud de uno o varios individuos y no de la decadencia de un modelo económico y social fracasado como el capitalista.

El librito pudiera ser, eso sí, y cuando mucho, una innecesaria distracción de lo importante.

 

@SoyAranguibel

País a la machimberra

Por: Alberto Aranguibel B.

En Venezuela hay un grupito, pequeño pero muy ruidoso, habituado a exponer al mundo su inconformidad como único argumento político válido.

Es un grupito que solo sabe pedir y mentir. No sabe armonizar criterios ni llegar a acuerdos, sino patalear porque se les complazca en todo sin importarle en lo más mínimo los derechos de los demás. No le interesa el concepto de conjunto social. Ni mucho menos la idea de justicia e igualdad. Solo busca su satisfacción propia a como de lugar.

Pide elecciones porque dice que la falta de éstas es signo revelador de las tiranías. Pero cuando se hacen las elecciones llama a la abstención y desconoce sus resultados, incluso desde antes de estos obtenerse.

Dice que necesita pruebas irrefutables de transparencia electoral. Dichas pruebas siempre le son concedidas y en señal de conformidad con las mismas firma las actas de certificación de todas y cada una de ellas. Pero, aún así, termina cantando fraude.

Pide entonces conteo total de votos (porque en su obcecación no entiende que la elección es en sí misma un conteo) y cuando se cuentan en su totalidad pide que la gente descargue una arrechera que no tiene, porque ya con su voto dijo lo que quería decir, provocando así que quienes salgan a las calles sean solo los desadaptados que le hacen el juego a la arbitrariedad de ese grupito que ve en la figuración con la que le ayudan los medios de comunicación de la derecha el oxígeno para su terco empeño.

Vuelve a pedir elecciones y vuelve a exponer su nunca explicada inconformidad como único argumento. No muestra jamás señal alguna de satisfacción porque asume que aceptar satisfacción es claudicar a algún principio. Solo que sus principios son tan inexplicables como su terquedad y complacerle se torna en el perpetuo cuento del gallo pelón.

Provocando sin ningún fundamento desconfianza en el rector electoral, ha pedido por años su destitución y el nombramiento de nuevas autoridades. Con esa excusa ha salido a las calles, ha generado violencia, ha expuesto y sacrificado vidas, llegando al extremo de pedir una invasión extranjera en la que deposita su sed de poder eternamente insatisfecha.

Ahora hay un nuevo CNE, pero tampoco lo acepta.

De nuevo queda claro que jamás ha querido democracia sino apropiarse del país a la machimberra.

 

@SoyAranguibel

Inconsistencia

Por: Alberto Aranguibel B.

Si algo es contrario a la humildad, es la chocante autosuficiencia que denota la expresión “yo lo dije”, que usa el venezolano para refrendar todo hecho en el que se constate una situación cualquiera que le permita aparecer como más inteligente y previsivo que los demás.

La mayoría de las veces la expresión pasa sin pena ni gloria. Como cuando alguien hace precisiones intrascendentes del tipo “¡Yo dije que iba a llover!” que no afectan para nada la vida de la gente.

Sin embargo, en la Venezuela de hoy un muy particular sector de la población que, paradójicamente, suele considerarse a sí mismo como culto e inteligente por encima del común, ha desterrado por completo de su habla cotidiana dicha fórmula. El “yo lo dije” no es ya un constructo retórico válido para el antichavismo, porque jamás acierta nada de lo que anuncia como inexorable.

En su ya proverbial rosario de fracasos, la oposición tiene encima el sanbenito perpetuo de la predicción incumplida, en la que el tic-tac, tic-tac, y el consabido “ya les queda poco”, son quizás las más recurrentes.

Sus profecías son tan inconsistentes como toda su ideología, si así pudiera llamársele al compendio de insensateces pitiyanquis que los orientan. Y su conducta, en perfecta correspondencia con las disparidades e incoherencias de lo que predican, jamás responde a una misma línea.

No pueden decir nunca “yo lo dije”, porque nada se les cumple. Y porque para colmo hacen siempre lo contrario de lo que dicen. Como eso de ir a poner gasolina que supuestamente iba a destruir los motores de los carros. O ir a sacarse el Carnet de la Patria del cual se burlaron hasta más no poder. O esperar con ansias un Clap del que se rieron por meses, o unas viviendas que por años dijeron que eran solo maquetas.

Nada de lo que hacen es consistente con su antichavismo visceral. Pero son antichavistas.

 “Pero, tú no pareces chavista” suelen decir con asombro cuando se tropiezan con alguien que de entrada les resulta simpático pero que, para su infortunio, termina soltando en algún momento un sonoro “¡Camarada!” que los desconcierta.

A la larga, su odio es solo reflejo de una profunda inconsistencia que nada tiene que ver con el verdadero talante del venezolano que desde siempre fue ante todo afable y cordial por excelencia.

 

@SoyAranguibel

Bumerang panóptico

Por: Alberto Aranguibel B.

Que la cultura norteamericana tiene mucho de la narrativa cinematográfica con la que Hollywood concibe el mundo no es ninguna novedad.

A lo largo de casi un siglo, la llamada “Meca del cine” ha creado una manera no solo de ver la realidad sino de imaginar y entender el universo, convirtiéndose en la más poderosa industria jamás creada para la generación y modificación de conductas en el ser humano, mediante la inoculación sistemática de conceptos e ideologías afines al modelo neoliberal capitalista que rige a la lógica imperialista de los Estados Unidos.

En su empeño de dominación planetaria, su mayor obstáculo ha sido siempre la idea de soberanía que orienta a los pueblos del mundo en la búsqueda de su bienestar y de su progreso. A través del tiempo, Hollywood ha construido toda una cultura de banalización, y estigmatización incluso, de esa idea, a través de un relato perfectamente calculado para hacer que los pueblos la desestimen y la rechacen como perniciosa y hasta atentatoria contra los derechos del ser humano a la libertad y al libre discernimiento.

El tema de la guerra y las revueltas o estallidos sociales fue el escogido por esa industria para escenificar el conflicto que debe sortear la humanidad para alcanzar la utopía del mundo del que hablara siempre la ciencia ficción, en el que la pobreza era desplazada por el maravilloso estadio de la felicidad absoluta, a costa, eso sí, del inevitable sacrificio de millones de seres humanos en favor del desarrollo.

A ese mundo de bienestar para unos pocos surgido del sometimiento o exterminio de millones de vidas, controladas por un despótico líder planetario que ha acabado con toda noción de soberanía, es a lo que se le denomina “mundo distópico”. Que por lo general es finalmente derrocado por el más grande estallido social jamás visto.

Algo así como lo que experimenta hoy Estados Unidos, que, en medio de la explosión de protestas contra la brutalidad policial en ese país, ha tenido que esconder a su presidente en el famoso bunker de la Casa Blanca para resguardarlo de la violencia.

Exactamente como lo planteó siempre el cine para alentar el derrocamiento de gobiernos como fórmula de salvación. Solo que Hollywood no lo vio nunca en la capital del imperio sino en el tercer mundo.

@SoyAranguibel