Joseph Stiglitz: “Las élites se equivocaron al ofrecer que la liberalización traería economías más sanas”

Barcelona (España), 18 jun (EFE).- El premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz considera que la respuesta de los gobiernos a la crisis económica explica el rechazo actual a la globalización, representado por políticos como el Presidente de EU, Donald Trump, y la líder del Frente Nacional francés, Marine Le Pen.

“Las élites dijeron que la globalización beneficiaría a todo el mundo, que desregular y liberalizar el mercado conduciría a un crecimiento más rápido y una economía más estable. Estaban claramente equivocadas”, afirma el economista en una entrevista con Efe.

En su opinión, en Europa ha sucedido lo mismo. “El euro era un proyecto que iba a traer prosperidad a todos los países y, claramente, ha fracasado”, razona Stiglitz.

Para el economista, lo “peligroso” es el “descrédito de las élites”, fomentado por políticos como Trump y Le Pen cuando proclaman que “las élites no saben nada”.

Stiglitz advierte de que esto “mina la fe y la confianza en las instituciones”, órganos que considera que son “necesarios” para que una sociedad funcione.

Según el Nobel, una solución para esta situación consistiría en potenciar los sistemas de “protección social” en contra del proteccionismo que promueven Trump o Le Pen.

Sin embargo, no considera que la renta básica universal que algunos partidos promueven sea la solución, porque no cree que “nadie quiera recibir solo un cheque con dinero sin hacer nada”.

Respecto a España, considera que el hecho de que Europa piense que la salida de la crisis en este país es un éxito, evidencia el fracaso colectivo europeo y relaciona directamente la recesión sufrida por los españoles con las políticas de austeridad impuestas por la eurozona.

Asesor del ex Presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero cuando estalló la crisis económica en 2008, reconoce que la “sorpresa” no fue que ésta fuera tan “severa” para España, ya que “se esperaba” por sus desequilibrios previos y la burbuja inmobiliaria.

Pero considera que se vio agravada por las políticas de la eurozona, a las que califica como especialmente “duras” y que alargaron la recesión.

El euro “ha contribuido a la creación de la crisis económica porque los mercados, irracionalmente, pensaron que, como no existían tipos de interés que diferenciaran a los países europeos, no había riesgo. El dinero fluyó hasta España y no había manera de parar ese flujo”, explica el premio Nobel.

“Los gobiernos deberían haber tomado el control de la situación para prevenir abusos, pero la ideología del euro lo impidió”, según Stiglitz.

Por ello, el economista defiende que esta crisis supone una “década perdida” para España y Europa y prevé que pasarán muchos años hasta que se vuelva a la normalidad.

Fuente: sinembargo.mx

Roberto Cobas Avivar desmonta propuesta neoliberal de Víctor Álvarez

Víctor Álvarez: ¡Yo también me sumo, contra la Revolución todo vale …!

Por: Roberto Cobas Avivar

“La economía es algo demasiado serio como para dejárselo sólo a los economistas”

Y cómo mejor darle al Gobierno revolucionario y al pueblo sino donde más le duele, en la economía. El papel, como sabemos todos, aguanta todo lo que se le escribe. Pero el pensamiento crítico revolucionario no aguanta todo lo que lee. Entonces, crucemos espadas por la Revolución Bolivariana.

No es el primer texto dónde el economista Víctor Álvarez intenta la contaminación liberal de la economía bolivariana. Adjetivo de “bolivariana” la economía no para definirle una doctrina que aún no tiene – a ello iré – sino para subrayar que es una economía en revolución, debatiéndose dentro del corrupto modo de producción capitalista “venezolano”, en medio de la brutal lucha de la muy reaccionaria clase burguesa y oligárquica criolla por el poder político del estado que, ahora con la Constituyente, se exacerba porque amenaza con escapársele definitivamente de las manos.

En esta lucha contra la Revolución Víctor Álvarez nos viene con el cuento económico de Noruega. Qué mejor ejemplo que el del “capitalismo escandinavo/nórdico” que, según los frustrados apolegetas anti marxianos de “izquierda”, es donde el postcapitalismo deveras se abre camino. Esa postverdad que nos viene a decir la mentira de que más allá del capitalismo lo que se adviene es un espacio socioeconómico y político desconocido. Sálvenos Dios de insinuar que el materialismo histórico marxiano nos identifica ese espacio como socialismo, es decir, la negación dialéctica del capitalismo.

Noruega le viene a Venezuela como anillo al dedo. ¿Qué hizo Noruega con el petróleo que no ha hecho Venezuela? – cuestiona con el título de su texto a Venezuela bolivariana el economista liberal Víctor Álvarez. Para su no solapado ataque al Gobierno revolucionario tira del cacareado Fondo Noruego de Petróleo. Señalo aquí de paso que la idea de este Fondo no ha sido blandida contra el Gobierno bolivariano sólo por Víctor Álvarez, lo hace también el economista auto considerado marxista Manuel Sutherland, asumiendo el pensamiento liberal de la economía política burguesa que receta como pananceum el llamado instrumentario económico anticíclico: ahorrar en el periodo de las »vacas gordas« para tener cuando llegue el periodo de las »vacas flacas«. Como los precios del petróleo responden a un comportamiento cíclico, según estos economistas, y como Venezuela depende del petróleo, la economía debería someterse a ese juego, cuya perversidad, asumen dichos economistas, no es de naturaleza política, sino puramente económica.

“El petróleo no es una herencia sino una deuda con las generaciones futuras” – nos ilustra Álvarez. Aquí la elemental miopía económica liberal traiciona a este intelectual otrora revolucionario. Sencillamente, no hay tal deuda con las generaciones futuras cuando la renta petrolera se invierte en programas de desarrollo social y económico. Sin esas inversiones esas generaciones estarían endeudas como lo han estado durante todos los gobiernos de la república burguesa. Pero no contento con tan aviesa afirmación, nuestro economista acto seguido ataca: “Desde que apareció el petróleo en Venezuela, la dirigencia política ha demostrado su incapacidad para asegurar un uso inteligente de la renta petrolera”.

Obsérvemos lo que nos dice este economista, nada menos que el uso de la renta petrolera en la inversión social no es un uso inteligente de la misma. “Qué dirigencia más poco inteligente esa dirigencia chavista. Desde Chávez hasta Maduro. Qué incapaces”. Estos economistas de laboratorio pierden la noción de tiempo y espacio. El espacio es Venezuela, sumida en un atraso social que condena a no menos del 80% de la población a la subsistencia en la exclusión socioeconómica, la pobreza y la miseria. En un estado de indigencia socio-material colindando con uno de los sometimientos culturales neocoloniales más aviesos que conocemos en América Latina. El tiempo es el que lleva la Revolución empujando la transformación de esa sociedad, apenas 18 años. Salvar la deuda social con el pueblo en ese espacio y ese tiempo es lo que define a la Revolución bolivariana como un proyecto humanista, un proyecto decididamente progresista.

El Fondo Petrolero Venezolano de la Revolución ha sido un fondo de activos sociales, no de pasivos económicos esperando por los ciclos que dicte la economía capitalista. En el tiempo de estos 18 años la transformación social del espacio venezolano rompe con todo el tinglado teórico-práctico de la economía burguesa a la que se sujetan como a una brocha gorda los mencionados economistas. ¿Cómo se le ve la costura gruesa al ataque contrarrevolucionario economicista?, pues cuando se constata que en la propia certidumbre del pensamiento económico burgués la educación y la salud, su decidida proyección cualitativa al conjunto de la sociedad, constituyen los pilares del desarrollo económico de un país. En un país de analfabetos, famélicos y enfermos no hay desarrollo integral económico que valga. Pero he aquí que el ejercicio económico humanista de la Dirección de la Revolución bolivariana es propio cuasi que de incapacitados mentales para estos supuestos economistas.

El economista anti liberal -sin llegar a ser marxista– Rafael Correa, ex presidente de Ecuador y líder de la Revolución Ciudadana que saca a su país del círculo vicioso de la economía capitalista, atacado con el mismo argumento del fondo petrolero noruego anti cíclico, no dejaba sobre sus pedestales las cabezas liberales que lo increpaban. Vamos a ver, el país está ante una necesidad alarmante de inversiones sociales, entonces decide guardar bajo el colchón un dinerito para cuando lleguen tiempos aún peores, calculando tener entonces con qué responder. Mientras tanto, teniendo esos fondos congelados, no se sabe, tendríamos que acudir a préstamos externos para avanzar las inversiones sociales y económicas que con urgencia necesitamos. De locos los economistas liberales burgueses.

Víctor Álvarez nos dice que no, que no hay que prestarse de nadie. “Los recursos del Fondo Noruego son invertidos en el exterior en bonos, valores, acciones, etc. y sus rendimientos son utilizados como recursos complementarios del Presupuesto Nacional”. De modo que los fondos ahorrados por la renta petrolera los invertimos en el casino financiero esperando que siempre, como afirma en el caso de Noruega, rindan buenos dividendos. Y Álvarez invita a Venezuela a hacerse dependiente de un casino, cuya astronómica acumulación de dinero responde sólo en un 10% a la economía material del mundo. Ese otro 90% es dinero ficticio, especulativo, que mantiene a la economía mundial en estado de implosión latente. Este detallito no llama la atención a los economistas que pretenden dictar cátedra de economía al Gobierno bolivariano.

Y entonces, se concluye alegremente que a los inteligentes noruegos la jugada les sale porque “se cumple a partir de unas reglas muy rigurosas y estrictas que evitan la inyección súbita de la renta petrolera en la circulación doméstica, evitando así el círculo vicioso de sobrevaluación-inflación que caracteriza a la economía venezolana”. Lqqd (lo que queríamos demostrar, en matemática).

Estimados economistas liberales, la economía venezolana no se caracteriza por el “círculo vicioso de sobrevaluación-inflación” que Uds. le achacan. La economía venezolana se caracteriza por la corrupción del modo de producción capitalista rentista que aún pervive. No tenemos un modo de producción socialista en Venezuela. Venezuela, la sociedad, está bajo el maltrato de la economía capitalista. Esa que, Ud. bien lo conoce Víctor Álvarez, es propietaria de las capacidades productivas que generan más del 70% del PIB. Anteriormente esos capitalistas eran los reyes del mercado porque el mercado no era social sino absolutamente privado. Hecho a la medida del poder de compra de la clase burguesa y cada vez menos de la llamada “clase media” que se venía empobreciendo al golpe del enriquecimiento de las clases altas, aristocracia y oligarquía. Pero cuando la Revolución empodera socialmente a las mayorías preteridas con un poder de compra ampliado, resulta que esa economía de mercado capitalista rentista, incapaz de producir como Marx indica, se va rapidito a la especulación anti económica como su Dios mercado manda. La presión inflacionaria que desata el acceso del pueblo a la renta no deviene oportunidad inversionista para los capitalistas venezolanos. Porque la economía capitalista venezolana ha sido y sigue siendo una economía compradora, según la caracterizara y definiera en términos de economía política ya hace mucho Marx. Venezuela ha cosechado el capitalismo comprador. Su burguesía apropiada del capital ha sido lo que sigue siendo: una burguesía compradora. Tuvieron y siguen teniendo el Minotauro petrolero a su favor. Lo que a todas luces dice que la revolución bolivariana aún no se radicaliza.

No es, por consiguiente, un problema de fondos petroleros. Venezuela, a diferencia de Noruega, invierte los ingresos de la renta petrolera en salud, alimentación, inversiones, vialidad y la creación de fondos para los venezolanos, como el Fondo Independencia 200, Fondo Simón Bolívar para la Reconstrucción Integral, el Asfalto y el de Empresas de Propiedad Social (EPS), además de las contribuciones al de Desarrollo Nacional (Fonden) y al Fondo Chino, por sólo indicar el espectro de los fondos venezolanos creados con el aporte de la renta petrolera, sin entrar en sus detalles. Lo que lastra la economía venezolana es un problema estructural. La renta petrolera no ha podido tener mejor uso que el que le está dando la Dirección de la Revolución, el Gobierno Bolivariano. Cuando llegaron las “vacas flacas” con la actual crisis de los precios del petróleo, inducida en esencia por los EEUU, el nivel de la inversión social en Venezuela no disminuyó. Recalquemos que se trata de inversión social y no gasto social, tal como asumen los economistas liberales. Es decir, es aquella inversión que está llamada a dar también los réditos económicos que necesita el país, recomponiendo el tejido social y desenvolviendo su capacidad educacional e intelectual de frente al desarrollo tecnológico de la economía.

Cuando la economista Pascualina Curcio demuestra en sus investigaciones y análisis el entramado de causas y efectos que desequilibran la economía venezolana los economistas liberales tipo Álvarez o Sutherland hacen oídos sordos. No se atreven al debate de mérito. Persisten en sus elucubraciones sobre los ciclos de la economía de mercado y las recetas fondomonetaristas para atemperar los desequilibrios. Hablan de hiperinflación creada por el Gobierno bolivariano, a pesar que la inflación desmedida ha sido una característica de la economía capitalista pre revolucionaria. Sencillamente hacen coro al falseamiento de la realidad económica de Venezuela que promueven los centros de poder financiero con el FMI a la cabeza.

En su artículo “Venezuela’s Inflation – Zero Hedge Repeats the Errors Printed Ad Nauseam in the Financial Press” [La inflación en Venezuela – Zero Hedge repite hasta el cansancio los errores de la prensa financiera], Steve H. Hanke, renombrado profesor en economía especializado en el estudio de los fenómenos de la inflación y la hiperinflación -un fervoroso apologista de la trasnochada economía neoclásica y militante enemigo del proceso bolivariano en tal grado que el libélulo anti económico DolarToday lo tiene como referente para sus especulaciones- demuestra que en Venezuela no existe hiperflación. La tasa anualizada en el 2016 se comportaba realmente algo por debajo del 100%, habiendo tenido un pico de algo más al 800% para agosto del 2015. Este profesor de economía no se inhibe en indicar que en Venezuela la alta tasa de inflación es inducida por la especulación, en lo que viene a coincidir con los análisis de Pascualina Curcio. “A la prensa financiera no se le debe creer el 95% de lo que dice”, remata este estudioso.

“Una entidad de referencia que sigo –expone Hanke– como el Cato Institute usa los tipos de cambio del mercado negro (léase “libre mercado”) y el principio de paridad de poder adquisitivo (PPP en inglés) que se traducen en un estimado de la tasa de inflación altamente preciso”. Fijémonos que aún este profesor acoge en la ecuación la variable del precio del libre mercado, es decir, una variable no-explicatoria como la conocemos en economía matemática, no independiente, sino consecuente, dependiente. Es una variable dependiente puesto que el precio negro, el del llamado “libre mercado”, es producto de la especulación inducida, no del movimiento real de la economía. Aún así el cálculo de la tasa de inflación del Instituto Cato da un resultado muy lejos de la supuesta hiperinflación con que los mercados financieros atacan a Venezuela. Venezuela, no olviden, tiene que ser pase lo que pase un país de alto riesgo para los inversionistas (léase: prestamistas especuladores) extranjeros. Ha de tomarse nota que la introducción del sistema DICOM incorpora un factor nuevo contra la especulación cambiara. De tal modo tendrá que variar la metodología de cálculo de la inflación venezolana del prestigiado Cato Institute, si es que quiere seguir siendo fuente de estimación “altamente precisa”.

“Contrario a lo que ha pasado en Venezuela, el Parlamento noruego legisló para utilizar el excedente del petróleo como estabilizador de la moneda nacional y lograr una baja inflación” -nos cuenta poco menos que fascinado Víctor Álvarez. Vaya, el excedente de petróleo en función de la política monetarista liberal en su lucha contra la inflación. Toda la doctrina liberal de los Bancos Centrales capitalistas que vienen hundiendo hasta las economías de los países más desarrollados industrialmente. ¿Porqué no actúa así el Gobierno revolucionario de Venezuela venezolano?. Pues porque que así lo determina la incapacidad del “gobierno de turno para (poder) gastar discrecionalmente la renta petrolera”, concluye avispado el economista.

Álvarez continúa cuesta abajo en la rodada ya de tufo neoliberal. “Para evitar un impacto negativo, está prohibido invertir en compañías que operen en Noruega” – elogia la política económica de dicho país. Vamos a traducirlo. Lo que se restringe es la inversión directa de capital (ID), es decir, la única que propicia el desarrollo tecnológico de las fuerzas productivas del país receptor, en nuestro caso, Venezuela. A cambio, encomia Álvarez la inteligencia noruega, “las inversiones deben ser realizadas en el exterior (…)”, vaya, en el casino financiero, ya que “solo los rendimientos de las mismas son los que pueden ser inyectados a la circulación interna para complementar el Presupuesto Nacional”. Toda una apología de nuestro economista a la inversión financiera especulativa. Con economistas amigos como estos, la economía venezolana no necesita economistas enemigos. A los economistas liberales venezolanos se les tienen que escapar los detalles, si de Venezuela se trata. El Presupuesto Nacional venezolano se nutre en esencia de la recaudación impositiva de la economía real interna (ca. 90% en 2017). Estos recaudos vienen superando con creces los planes de ingresos fiscales del Gobierno. Puede asegurarse que la renta del petróleo constituye un ingreso extra al Presupuesto Nacional. Es un rubro de exportación que viene a sustituir la incapacidad de la propiedad privada capitalista venezolana, dominante en la producción, para generar las exportaciones del país. De ahí el uso intensivo de la renta petrolera en los programas de desarrollo social y económico.

El grado de manipulación economicista y especulación política de Álvarez es ofensivo contra la inteligencia ajena. “Si el propósito del Fondo (petrolero noruego) es asegurar que la riqueza petrolera asegure la calidad de vida de los pensionados y de las generaciones futuras, las inversiones deben estar en armonía con el desarrollo sustentable, la protección del medio ambiente y la responsabilidad social”, se explaya el economista. Bueno, el hecho es que la economía social venezolana que apenas se edifica viene a asegurar con la Revolución la calidad de vida de los pensionados que por primera vez tienen acceso a una renta de jubilación universal, independiente de lo que mal les aseguraría la dependencia al mercado capitalista de trabajo. ¿Y en cuanto a las generaciones futuras? El economista liberal nos dice que la inversión social nada tiene que ver con eso.

Más aún, estos liberales aseguran que la inversión del estado en la economía solamente genera déficit en sus cuentas, y esto sabemos, para el pensamiento liberal es pecado capital. El pan de hoy es siempre hambre para mañana. Vale la pena una leída del análisis deconstructivista de esta falacia económica burguesa que hace el renombrado economista marxiano Michał Kalecki. Cuando hoy el Gobierno bolivariano invierte en el desarrollo de las infraestructuras con recursos de la renta petrolera y acudiendo a su capacidad de endeudamiento (capacidad demostrada por el estricto cumplimiento de dichos compromisos con la banca internacional, sin que ello afecte los planes de desarrollo socioeconómico), eso es solo gasto insolvente del estado, y no una inversión de futuro para la economía y el desarrollo social de las próximas generaciones. El “keynesismo bolivariano” no tendrá nunca rating para las calificadoras de riesgo y los fondos buitres. El estado revolucionario está llamado a perecer por fuerza de las falsas leyes de la economía de mercado capitalista. La economía venezolana habrá de seguir bajo la bota de la propiedad privada del capital y su instinto especulativo de ganancia.

El capitalismo no cree en lágrimas. No hay fondos que valgan, salvo los de inversiones especulativas promoviendo cuántas burbujas, ciclos y crisis se les antojen. La economía de la Noruega de Álvarez -nos dice un informe encargado a un grupo de expertos por el Consejo Nórdico de Ministros de Finanzas ya en 2015- “padece una suerte de enfermedad holandesa: un camarero cobra el doble de lo que ganaría en cualquier otro país de Europa, la productividad no avanza, el precio de la vivienda se ha disparado y el endeudamiento de las familias es altísimo. El propio gobernador del Banco Central noruego advirtió hace poco de los riesgos provocados por el desplome del crudo. Y con la vista puesta en el medio plazo recetó una devaluación salarial al tiempo que el Estado se ajusta el cinturón (recortes sociales neoliberales) con el fin de compensar el declive de los ingresos del petróleo”. El neoliberalismo, como en su retorno a América Latina, está ahí, sediento.

La economía venezolana está ante la imperiosa necesidad de un cambio revolucionario estructural. No es un cambio cualquiera. Es un cambio de paradigma político. Meterse de lleno en la senda de la revolución socialista. Hacia ese postcapitalismo que sabemos no puede ser otro que socialismo. El paradigma socialista no se consigue hirviendo los trapos capitalistas de la economía burguesa a ver si se desinfectan. El cambio significa la construcción de un nuevo modelo de economía, economía social, donde las leyes del mercado y la propiedad privada del capital dejan de funcionar bajo la lógica interna de reproducción del capital. A esas “leyes” se les suprimen las bases materiales para que mueran por asfixia irreparable.

La transición es de la economía soportada en la propiedad privada a la economía movida por la propiedad socializada. De la economía del capital a la economía del trabajo. De la economía del dinero a la economía de los recursos renovables. De la acumulación capitalista a la acumulación social de capital. Del crecimiento económico consumista al crecimiento equilibrado y sustentable ecológicamente. La transición es del capitalismo al socialismo, tal como puntualiza el líder de la Revolución Hugo Chávez; puesto que “la economía política tiene que abarcar la economía social” (les aclara Chávez al pueblo y a los economistas – discurso en Maracay 2009).

Ese es el horizonte en que debe proyectarse el pensamiento económico revolucionario creador, por el socialismo. No es la lucha por domar los ciclos del capitalismo, la lucha es por eliminar la economía burguesa, por cambiar el modo de producción e intercambio capitalista. De ahí la importancia de la Constituyente convocada por el Presidente. Nicolás Maduro. No puede ser otra que una Constituyente por el socialismo.

Roberto Cobas Avivar Roberto Cobas Avivar

¿Es democrática una elección no partidista?

Por: Alberto Aranguibel B.

 La violenta reacción de la oposición venezolana a la convocatoria a Asamblea Nacional Constituyente formulada por el Presidente Nicolás Maduro, pone una vez más de relieve la imperfección del modelo de democracia representativa que todavía hoy, luego de casi un cuarto de siglo de la profunda democracia participativa y protagónica que vive el país, la derecha pretende presentar como el modelo más conveniente para una sociedad como la venezolana.

Apenas pronunciada por el Primer Mandatario nacional la frase “Convoco a una Constituyente ciudadana, no una Constituyente de partidos ni de élites…” en su discurso del 1ro de mayo en la Avenida Bolívar de Caracas, la dirigencia opositora pegó el grito en el cielo para denunciar lo que de inmediato calificó de “fraude”, sin entrar ni en lo más mínimo en la esencia doctrinaria de la fórmula invocada por el líder de la Revolución Bolivariana.

Quienes de buena fe dudaron en un primer momento si la propuesta presidencial contaba o no con el debido sustento legal que le permitiera avanzar sin necesidad de llamar primero a Referéndum Consultivo, entendieron luego de las debidas explicaciones técnicas aportadas por los constituyentistas más calificados del país, que tal duda era completamente infundada.

Se trataba de una jugarreta más de la derecha golpista que pretendía capitalizar en esta oportunidad la campaña de difamación que difundió desde el 2015 hasta el pasado año, en la que acusaba al Presidente de negarse a un llamado a Referéndum que permitiera determinar si se revocaba o no su mandato.

Aquel Referéndum, concebido por la Constituyente del 99 como una herramienta para el ejercicio de la participación y el protagonismo del pueblo que nuestra avanzada Constitución consagra, es una opción pero no una obligación. Quien pretenda la revocatoria del mandato de los cargos de elección popular, en este caso el del Presidente, deberá cumplir primero con una serie de requisitos para lograr activar tal consulta. La oposición (aún a pesar de todas las triquiñuelas y marramucias que armó para intentarlo) no logró completar tales requisitos y el Referéndum no se activó.

¿Por qué no logró su cometido la derecha en esa oportunidad? Porque no contó con el respaldo de los electores en la recolección de las firmas. Porque no obtuvo ni siquiera apoyo del electorado para legitimar sus partidos políticos ante el CNE. Porque no tiene discurso ni propuesta que no sea el odio contra todo lo que tenga que ver con Chávez y el chavismo. Y eso no sirve para activar un Referéndum.

Por eso, entre muchas otras razones, la derecha venezolana se opone de manera tan inflexible a todo cuanto contiene nuestra Constitución como mecanismos de participación y protagonismo del pueblo.

Esas élites, que se habituaron en el pasado a la placidez de un sistema electoral diseñado específicamente para asegurar su control sobre las elecciones y perpetuar así el modelo de democracia representativa, no creyeron nunca ni remotamente posible que el pueblo pudiera alcanzar un nivel tal de madurez política que le permitiera escoger con criterio propio quiénes debieran ser sus candidatos y cuáles debieran ser los compromisos que estos asumieran en función del interés de los electores y no de las cúpulas partidistas.

Son muchas las razones que llevan al elector a tomar su decisión definitiva en cada proceso electoral. Pero en la mayoría de ellas, el partido político, componente esencial de la democracia representativa, considera que posee el más perfecto nivel de control a través de la campaña electoral y de la cultura eleccionaria que ella genera.

De acuerdo al estudio de Franklin Guzmán en su Manual de Campañas Electorales (1992), la decisión del voto para la mayoría de los electores está tomada desde mucho antes de la campaña electoral. Sólo un 30%, según él, sería susceptible de ser influenciado por el mensaje publicitario o propagandístico durante ese periodo, lo cual no significa que el 70% restante no amerite “reforzamiento” de su decisión en esa fase.

Ese 30%, que termina siendo el factor decisivo en todo proceso electoral, es el objetivo central de las campañas.

“¿Votan los electores ideológicamente, o por lo menos con cierto sentido clasista del voto? –se pregunta Guzmán- ¿Son capaces los electores de reconocer las ideologías subyacentes en los partidos y candidatos y asociarlas con los problemas del aquí y ahora? ¿Hay una relación lineal entre la ideología y el partido preferido con la decisión del voto? ¿Cómo se reproducen las identificaciones partidistas e ideológicas entre los votantes? ¿Qué factores marcan el comportamiento electoral por largo tiempo y cuáles por corto tiempo? ¿Qué puede hacer que el militante o simpatizante de un partido vote por otro partido en una elección determinada?”

Tal cantidad de inquietudes atormentó desde siempre a los partidos políticos en la medida en que veían avanzar la concientización del pueblo respecto de la verdadera naturaleza y causa de los problemas que agobian a la sociedad. Pero fue muy poco lo que hicieron para adecuarse a esa nueva realidad. Por el contrario, la profundización en la búsqueda de tecnificar cada vez más las campañas electorales para procurar someter al elector a su antojo fue lo que privó en el ánimo de esa élite partidocrática que solo veló por sus intereses particulares y jamás por los del elector.

A través del evento ferial en que los partidos de la derecha convirtieron el debate político durante la campaña, se banalizaron sistemáticamente los temas más relevantes para el elector, convirtiendo incluso el acto mismo de la votación en una suerte de competencia de trivialidades que solo contribuía al secuestro de la democracia que los partidos llevaban a cabo con esa idea de representatividad que jamás representaba al elector, quien, desvalido como estaba frente a aquel asfixiante sistema, terminaba creyendo que la absurda modalidad del llamado “voto cruzado” (una forma de votar por un partido con una tarjeta grande a la vez que votaba contra ese partido con una tarjeta pequeña en un mismo acto de votación) podría haber servido como recurso de salvación para el electorado.

La campaña electoral se convirtió en el Alfa y el Omega de los partidos políticos de la derecha y de sus candidatos, a tal punto que ya su propuesta discursiva es virtualmente inexistente. Tal como lo demuestra la constante variación (y contradicción en la mayoría de los casos) en el discurso del liderazgo promedio de la oposición venezolana respecto de los más diversos temas. Como por ejemplo el tema Constituyente, por mencionar solo uno, en torno al cual esa dirigencia ha pasado sin solución de continuidad desde la solicitud más empecinada y terca por convocar una nueva ANC, al más categórico y desvergonzado rechazo a tal posibilidad.

Fiel a esos principios de la democracia representativa burguesa, la oposición venezolana va a evitar siempre toda elección que sea una consulta directa al pueblo, en la cual no tenga cabida la convencional campaña electoral partidista donde pueda utilizar a su antojo la inmensa cantidad de recursos de la que dispone, su capacidad de movilización, sus poderosas corporaciones mediáticas, sus empresas encuestadoras y sus laboratorios de mercadeo político, para tratar de influenciar a los electores.

Pero en Venezuela no estamos construyendo hoy un modelo de democracia representativa, sino uno donde la participación y el protagonismo del pueblo son los activos esenciales.

Bajo esa visión, el llamado del Presidente Maduro es lo más irrefutablemente democrático que puede hacerse para convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, gracias a una Constitución como la bolivariana que permite tal posibilidad por primera vez en nuestra historia, al facultar expresamente al Primer Mandatario para ello a través de los artículos 347, 348 y 349.

El viejo modelo electoral, de las tarjeticas de colores y de la insensata cultura del “voto cruzado”, gracias a Dios ya no existe. Fue superado por la revolucionaria concepción de la inclusión social que nos trajo el Comandante Chávez y que el presidente Maduro hoy pone de nuevo en marcha con la sectorización de la consulta popular a la que nos ha convocado, asegurando así la posibilidad cierta de que la voz del pueblo esté presente de manera directa en la construcción de la Patria a la que aspira.

Algo que será siempre posible solamente en Revolución.

 

@SoyAranguibel

Marcelo Colussi: “Venezuela: no creer ni el 1% de lo que se dice”

Por: Marcelo Colussi

En Venezuela no hay una narco-dictadura. En Venezuela no hay una dictadura castro-comunista. ¡En Venezuela hay mucho petróleo! Así de simple. Esa es la clave para entender lo que está sucediendo en el país caribeño. Y hay un proceso nacionalista que desde hace años creó un proyecto alternativo, con proyección socialista, que tiene enloquecidos a la derecha nacional y, fundamentalmente, a los grandes capitales globales, estadounidenses en principio, que ven perder un gran negocio (el petrolero ante todo, junto a otros no menos lucrativos, como el hierro, nuevos minerales estratégicos (coltán, bauxita), el gas, el agua dulce, la biodiversidad de la selva amazónica).

faja
La 1ra. reserva mundial de petróleo
IMG_2183
El Arco Minero venezolano

¿Y qué está sucediendo? Una terrible guerra psicológica y mediática que intenta preparar las condiciones para una posible intervención extranjera (Operación Venezuela Freedom-2 / https://kenzocaspi.wordpress.com/2017/04/05/el-plan-de-eeuu-para-intervenir-a-venezuela-documento-de-comando-sur-operacion-venezuela-freedom-2/), militar probablemente, disfrazada de “operación para rescatar la libertad y la democracia perdidas”.

La idea pertinaz, repetida enfermizamente hasta el cansancio, es que en Venezuela tiene lugar hoy una feroz dictadura que hambrea a su población y la reprime brutalmente. Eso se complementa con la imagen de un país en crisis, al borde de la guerra civil, ingobernable. En otros términos: todo aquello que para la visión de Washington constituye un “Estado fallido”, y que, por tanto, clama por la intervención extranjera para salir de la crisis.

Recientemente, los días 12, 13 y 14 de junio, tuvo lugar en Caracas el Primer Foro Internacional “Violencia y Operaciones Psicológicas en Venezuela”, donde se debatió acerca de la guerra particular a la que está siendo sometida la nación, buscando las alternativas del caso. Definitivamente, la realidad no tiene nada que ver, ¡en modo alguno!, con la imagen virtual que se ha ido construyendo del país, y que es la que recorre el mundo. Imagen, por cierto, que va quedando fijada como la única realidad de la patria de Bolívar. Por eso mismo, como dice el título del presente escrito: ¡no creer ni el 1% de lo que se dice!

Sin dudas, no es posible afirmar que Venezuela está en paz, que sigue su vida cotidiana normal libre de inconvenientes. Por el contrario, se la ha llevado a un clima de zozobra inusual. La vida cotidiana del ciudadano venezolano término medio se está viendo afectada, golpeada, enrarecida. El miedo y la desconfianza del otro se han instalado, junto a una situación de incomodidad creciente en la resolución del aprovisionamiento básico.

Guarimbas 2017.jpg
Encapuchados opositores aterrorizan a la sociedad venezolana

Pero a ello se suma, desde inicios del mes de abril, una provocación con características de operaciones bélicas de baja intensidad. En realidad, no son muchas las personas involucradas en esos actos de desestabilización, pero sí suficientes para provocar la angustia social, el pánico a veces, la incertidumbre. Jóvenes, generalmente provenientes de los sectores más humildes y pagados como mercenarios (a veces pagados con drogas), según las informaciones disponibles: preparados militarmente en Colombia en técnicas de “guerra callejera”, están llevando a diario acciones de disturbios en distintas ciudades del país. Montaje de barricadas, cobro de impuesto de circulación a los ciudadanos que deambulan por allí, quema de dependencias gubernamentales, ataques contra las fuerzas de seguridad bolivarianas, agresiones contra puntos sensibles como hospitales, guarderías infantiles, en todos los casos apoyados por francotiradores debidamente apostados, estas acciones vienen cobrando un promedio de no menos de un muerto diario desde hace ya más de dos meses.

Con todo ello se crea un clima de inseguridad y caos que termina por “enloquecer” a los habitante, básicamente, en los sectores no chavistas, difundiéndose rumores atemorizantes, siempre en clave de violencia, de lógica de guerra. Pero sirven para “enloquecer” también a la sociedad en su conjunto.

Está claro que esta bien pensada y elaborada guerra psicológica tiene como objetivo final abonar para un clima de desasosiego total que pueda terminar llevando a una guerra civil. La zozobra generalizada ya se está logrando. Si las muertes diarias y las agresiones vandálicas continúan, la matriz mediática se encargará de mostrar eso como el caos más mayúsculo de la historia, que obliga a intervenciones externas que puedan garantizar la más.

Lo repetimos con la mayor y enérgica contundencia: ¡¡no se debe creer ni el 1% de lo que los medios masivos de comunicación propalan sobre Venezuela!!

El desabastecimiento, el mercado negro, la crisis financiera, las muertes cotidianas, el temor inducido de la población, el clima paranoico con el que se vive dividiendo el país en forma visceral entre chavistas (“malos”) y antichavistas (“buenos”) es una monstruosa campaña mediático-psicológica orquestada por quienes ansían no perder sus negocios ni su cuota de poder.

Masacre
Terroristas opositores linchan a efectivo de la Guardia Nacional Bolivariana

Es imprescindible dejar claro por todos los medios posibles que en Venezuela ¡¡no existe el caos que se quiere presentar!! En Venezuela se ha inducido una enfermiza, “loca” polarización que puede servir para justificar el robo de sus recursos, tal como se hizo en otros países: Libia, Irak, Afganistán. En Venezuela no hay dictadura; ¿cuándo un gobierno dictatorial permitiría ser insultado en la cara por la oposición sin reaccionar? ¡¡En Venezuela hay cuantiosos recursos naturales que la voracidad capitalista de grandes empresas no quiere perder!! Y para ello apela a esta guerra psicológico-mediática que está volviendo locos a los venezolanos, enfrentándolos y desquiciándolos.

Una prensa veraz, seria y profesional debe denunciar enfáticamente estas calumnias.

marcelo_corlussi2 Marcelo Colussi

 

Oposición desfasada

Por: Alberto Aranguibel B.

Si algo determina hoy la confrontación política no son las diferencias ideológicas que dice la derecha tener con el chavismo, sino el desfase que ella padece en la comprensión de la realidad del país. Lo que al examinarse en detalle evidencia que sus protestas no son en verdad contra el gobierno sino contra ella misma.

La demostración de ese desfase cognoscitivo de la oposición es perfectamente verificable en todo lo que hace la militancia opositora con los logros de la Revolución.

A nadie le gusta más un vehículo Chery que a un opositor. A todos ellos es usual verlos pavoneándose por las calles con su Chery nuevecito. Pero no hay un solo carro de esos que haya sido fabricado por Capriles, Guevara o por María Corina.

Todos han sido fabricados por el gobierno que quieren derrocar (porque según ellos no serviría para nada) para poner en la presidencia a cualquiera de esos expertos en inutilidad.

Todo cuanto han despreciado de palabra en el chavismo es exactamente lo que más les agrada de la vida. Pero mucho, muchísimo después de haberlo repudiado.

Como los Claps, por ejemplo, esos que buscan hoy como víboras en celo por todo el territorio nacional para llenar su alacena de productos al precio justo que antes odiaban.

Un eterno lleva y trae con la simbología patria, que va desde el desprecio más rabioso hasta la más estrambótica adoración, les impide decidirse entre las siete estrellas de su bandera o las ocho de su cachucha insignia. Incluso acerca de quién (según ellos) pudiera ser el auténtico Padre de la Patria; el que escondieron en un sótano durante el Carmonazo, o el que aplauden cuando Lilian Tintori se pone el traje del Libertador.

O lo que les pasó con Chávez, al que odiaron hasta desearle la muerte, y por el cual hoy claman añorando lo buen presidente que era.

Pero la rabia de toda su vida como antichavistas contra la avanzada Constitución revolucionaria del 99 y el amor frenético de ahora por la misma, es en verdad el desfase más revelador y hasta trágico.

Deja ver claramente, que con toda seguridad dentro de unos veinte años serán ellos los más ardorosos defensores de la Constitución que surja de la Asamblea Nacional Constituyente a la que hoy se oponen.

Mientras eso llega, intentarán seguir incendiando el país para impedir su aprobación.

 

Mitos y falacias anticonstituyentistas

Por: Alberto Aranguibel B.

El empeño de la derecha venezolana en descalificar la posibilidad de una Asamblea Nacional Constituyente, está sujeto a varios mitos y falsedades que deben ser desmontados para impedir a tiempo la obstrucción de un proceso que representa no solo la posibilidad de alcanzar plena y definitivamente la paz en nuestro país, mediante la erradicación de la diatriba política pendenciera y sin solución a la que nos ha arrastrado la oposición venezolana como muestra de su ineptitud y su incompetencia para gobernar, sino que entraña en sí mismo el inmenso logro del avance hacia una nueva concepción del Estado, de la sociedad y de la vida misma, de esa gente que mayoritariamente aspira al bienestar y al progreso en el marco de la paz y del respeto a nuestros valores como nación soberana e independiente.

En primer término, el mito según el cual las Constituciones vendrían a ser como camisas de fuerza que tendrían como fin impedir las posibilidades de transformación a la que aspiran siempre los pueblos. Mito que tiene su origen en la particular circunstancia de que la Constitución que sirve de referencia a la derecha en el mundo, la de los Estados Unidos de Norteamérica, no acepta la menor posibilidad de modificación en ninguno de los siete artículos que la integran.

Esa Constitución, que es la base normativa de las sociedades capitalistas, fue el producto de necesidades propias del comercio que tenían nueve de los trece estados que integraban la unión  hace casi un cuarto de milenio. Se trataba de la regulación del intercambio comercial entre esos estados y no de la consagración de derechos humanos o de funcionamiento del Estado en razón de las necesidades de la sociedad, sino de las necesidades de los grandes capitales.

La constitución norteamericana no permite revisión o modificación alguna porque ello significaría revisar el modelo capitalista. Y si hay algo inaceptable en el capitalismo es exactamente la posibilidad de ser sometido a consideración.

Una Constituyente como la que propone la Revolución Bolivariana, tiene que servir como guía de la aspiración del pueblo en función de los cambios que en el seno de la sociedad ocurran desde el punto de vista cultural, económico y político.

Tiene que ser una herramienta viva en permanente evolución, hasta que la sociedad alcance el estadio de justicia e igualdad que se propone el modelo social que la promueve.

Ulises Daal en su trabajo ¿Dónde está la Comuna en la Constitución Bolivariana? lo explica perfectamente: “La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) es la primera en la historia del constitucionalismo mundial que no fue dictada con el objeto de conservar o mantener las instituciones de la sociedad en la cual fue aprobada, como tampoco para establecer condición pétrea o inmutable de las instituciones que ella misma ordena crear. Ello es así porque al establecerse que el fin supremo de la CRBV es el de «refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural», hace de nuestra carta magna instrumento para el desarrollo de un proceso de transformación social en la dirección de alcanzar ese fin supremo”.

Hay quienes sostienen desde la oposición que adecuar nuestra Carta Magna a la nueva realidad social, política y económica, sería atentar contra el legado de Chávez. A Ellos habría que decirles, siguiendo la idea de Daal, que lo contrarrevolucionario sería colocar nuestra Constitución bolivariana de espaldas a las nuevas necesidades del pueblo y asumirla, como asumen los norteamericanos la suya, como un texto inflexible que solo sirve para perpetuar el sistema de opresión contra sus ciudadanos.

Otro mito es que sería un fraude llamar a Constituyente en vez de convocar a elecciones generales.

La elección general que propone la derecha es una flagrante inconstitucionalidad que busca violentar el hilo constitucional con efectismos de ilusionistas que nada tienen que ver con el carácter democrático que intentan imprimirle.

La mega elección (como también se le dice), tiene el único propósito de hacer creíble ante el mundo la versión del fraude que la derecha necesita cantar para acusar al gobierno de “dictadura”. Cosa que le sería imposible de hacer si en vez de una sola elección se llevan a cabo tres o cuatro (incluido el referéndum aprobatorio de la Constituyente) y en cada una tuviera que denunciar fraude.

La elección de una Constituyente, no partidista y desde la base, es un tipo de elección distinta donde el inmenso poder del dinero no tiene la más mínima posibilidad frente a la de los liderazgos locales de cada comunidad.

Por eso cuando el presidente Manuel Zelaya, de Honduras, propuso la instalación de una urna electoral para consultarle al pueblo si estaba de acuerdo con iniciar un proceso constituyentista, esos grandes capitales se confabularon con el imperio norteamericano para sacarlo del poder de inmediato.

La derecha considera que consultarle al pueblo es un fraude a un sistema electoral que ella asume como de su exclusiva propiedad, porque en la democracia representativa las elecciones están destinadas a consolidar el modelo capitalista, no a transformar la sociedad.

Que una constituyente sectorial sería antidemocrática porque no representaría la voluntad popular de la mayoría, dicen desde la derecha. Un argumento descabellado que entiende a la sociedad como el conjunto de la escoria humana que no tiene ninguna utilidad para el Estado sino para las elecciones. Algo que corrige el Libertador Simón Bolívar en su Discurso de Angostura, cuando señala que la Constitución que debemos tener los venezolanos no debe obedecer a la naturaleza de otra sociedad sino a la realidad de la nuestra, con lo cual solo intentaba subsanar el error en el que los libertadores, entre ellos él mismo, habían incurrido en la Constitución de 1811, al consagrar las exclusiones que inspiró en su momento la Constitución de los Estados Unidos en nuestro primer texto constitucional.

En esa Constitución de 1811 se establecía, por ejemplo, lo siguiente: “Todo hombre libre tendrá derecho al sufragio […] si poseyere un caudal libre del valor de seiscientos pesos […] Serán excluidos de este derecho, los dementes, los sordomudos, los fallidos, los deudores a caudales públicos con plazo cumplido, los extranjeros, los transeúntes, los vagos públicos y notorios, los que hayan sufrido infamia no purgada por la Ley, los que tengan causa criminal de gravedad abierta, y los que siendo casados no vivan con sus mujeres, sin motivo legal.”

De haberse impuesto el criterio mercantilista que nuestra primera Constitución copiaba del modelo constituyente norteamericano, y de haber prosperado la tesis del carácter sagrado e inviolable que debía tener la misma, hoy en día más de la mitad de los venezolanos no tendría derecho al voto.

La propuesta sectorial tiene como objetivo asegurar que quienes vayan a adecuar nuestra Constitución a la nueva realidad y fortalecer el avanzado modelo constitucional que exige el país, sean verdaderos representantes del pueblo y no las élites políticas que desde siempre decidieron y comprometieron a su antojo el destino de la Patria.

Por eso los líderes de la oposición, que ya de hecho han secuestrado las aspiraciones de una buena parte del país al erigirse en cúpula sempiterna del poder en los partidos de la derecha, se niegan a reconocer el inmenso logro democrático que la revolucionaria figura de la Constituyente Sectorial convocada por el Presidente Maduro representa.

Otra falacia es el mito según el cual la Constitución estaría diseñada y cosida a la medida del Presidente Maduro para perpetuarse en el poder.

A tan escueto e insustancial argumento, una respuesta breve.

Si convocar el Poder Constituyente Originario del pueblo, para que sea él quien de forma soberana decida el modelo de sociedad que considera mejor para el país, es para la derecha un mecanismo de perpetuación en el poder, entonces bienvenido sea ese mecanismo que hará por fin del ritual electoral un instrumento de redención y de justicia social y no una herramienta para la legitimación de la explotación de la mayoría por parte de unos pocos.

Finalmente la perversa voltereta discursiva que advierte sobre la supuesta inutilidad de una Constituyente para resolver los problemas de desabastecimiento de productos y medicinas que hoy padece el país.

La respuesta es simple; si algo nos trajo a este punto de la crisis económica no fueron las medidas del Gobierno bolivariano, sino el engaño en el que cayeron quienes el 6 de diciembre de 2015 votaron por la derecha venezolana que ha pretendido incendiar al país desde que Nicolás Maduro fue electo Presidente de de la República, permitiendo así el envalentonamiento saboteador y pendenciero de esa derecha desde la Asamblea Nacional.

Para resolver los problemas de los venezolanos, hay que empezar por salir de esa oposición delincuencial y terrorista que ha llenado de destrucción, horror y muerte al país.

Y eso solo se logra hoy con una Asamblea Nacional Constituyente.

@SoyAranguibel

Aranguibel: La dirigencia opositora le cercena a su propia militancia el derecho a expresarse

Caracas 09 de junio de 2017.- Alberto Aranguibel sostiene en el programa Primera Página que transmite Globovisión, que la dirigencia violenta de la oposición venezolana ha secuestrado los derechos de su propia militancia, al impedirle expresarse democráticamente en la Constituyente y llevarla por la senda de la violencia que nadie en el país desea como modelo de sociedad.

Tradición, fascismo y propiedad

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando se revisa con detenimiento la historia del debate político en Venezuela a lo largo del último medio siglo, se comprende perfectamente que lo que sucede hoy de terrible en el país se debe más que ningún otro factor a la evolución de una poderosa corriente de pensamiento neofascista que ha venido trabajando de manera subrepticia y sistemática entre los sectores de alto poder adquisitivo desde hace al menos treinta y cinco años, ocupando los espacios que la debacle de los partidos tradicionales de la derecha fueron dejando vacantes a medida que estos, por su propia ineptitud para resolver los problemas de la gente, se fueron quedando sin respaldo popular.

Sin mayor esfuerzo es posible verificar que la lógica de ese pensamiento neofascista es mucho más constante y consistente en el accionar de la nueva derecha venezolana que en el comportamiento de los partidos tradicionales del viejo estatus quo puntofijista.

El partido socialcristiano COPEI, por ejemplo, fundado hace ya casi un siglo en el país, ha transitado impúdicamente de la corriente humanista cristiana propiamente dicha, a la centroderechista tendencia demócrata cristiana, pasando por diversidad de variaciones falangistas y “revolucionarias de derecha”, a lo largo de toda su historia. Lo cual explica en cierta medida la frecuente desbandada  de sus más relevantes figuras, empezando por el mismísimo Rafael Caldera, su fundador y líder fundamental, quien abandonó el partido por desacuerdos doctrinarios justo antes de lograr alcanzar su segunda presidencia en 1993 apoyado por su nuevo partido Convergencia.

Acción Democrática, organización surgida casi a la par del partido COPEI a mediados del siglo XX, es todavía mucho más emblemática como institución política sin sustento ni desarrollo ideológico coherente más allá del precario parafraseo betancuriano al que se habituó desde hace más de cinco décadas. El origen comunista de sus fundadores, y la evolución de estos hacia formas centro izquierdistas primero, y abiertamente pro imperialistas y ultra derechistas más adelante, determinó los altibajos de ese partido hasta su declinación casi total en las elecciones de 1998, cuando la llegada del Comandante Chávez a la escena política selló el derrumbamiento de la partidocracia adeco-copeyana.

Con la irrupción de un grupo de niños ricos que emergían a principios del siglo XXI de las filas social cristianas, y que se agrupaban en torno a las ideas del fanatismo religioso que presentaba la secta Tradición Familia y Propiedad, que por aquel entonces comenzó a reclutar a los hijos de la alta sociedad en Venezuela y en el resto de Latinoamérica para organizar la toma del poder en el Continente, se dio inicio en el país al fenómeno de la parapolitización de la política venezolana que encarnan el partido Primero Justicia y sus adláteres o derivaciones (Voluntad Popular, JAVU, etc.), cuya doctrina del anticomunismo religioso se ha acrecentado en forma incólume sin desviación o reforma alguna desde su nacimiento.

A diferencia de los vaivenes de falsa y muy electorera ideología de los viejos partidos, Primero Justicia y Voluntad Popular han sido coherentes en su propuesta retardataria. Su vocación racista y de naturaleza profundamente oligarca, insertada en su código genético por Tradición, Familia y Propiedad, no ha sido desmentida jamás por ninguno de sus más encumbrados líderes, quienes se han jactado siempre de promover cada vez con mayor odio y ensañamiento contra el pueblo, la intolerancia y la violencia como su única fórmula propositiva.

El libro “Revolución y contrarrevolución”, el texto sagrado para los fanáticos de esa secta, escrito por su fundador Plinio Correa de Oliveira, lo establece con claridad indiscutible.

“Fieles a la doctrina tradicional de los Papas, quienes, desde Pío IX, han proclamado ininterrumpidamente la incompatibilidad entre la doctrina católica, por un lado, y los sistemas ideológicos, como los regímenes comunista y socialista, del otro, las TFPs quieren que el comunismo y el socialismo sean rechazados por todos los hombres”.

Todo el accionar y el discurso de Primero Justicia y de sus líderes, adoctrinados desde su más pueril juventud en los principios de Tradición, Familia y Propiedad, como Leopoldo López y Henrique Capriles Radonsky, gira en torno a la misma reaccionaria filosofía del exterminio del contrario como solución a la diferencia política.

Dice Correa de Oliveira en su libro; “¿Son entonces las TFPs entidades meramente negativas? ¿No presentan un programa positivo, como complemento de su acción saludablemente polémica? Antes de nada, es necesario ponderar que calificar de exclusivamente destructor a todo grupo u organización que quiera polemizar, contestar y refutar al adversario doctrinal o político no deja de ser una simplificación inadmisible. Destruir, por ejemplo, microbios, serpientes venenosas o insectos transmisores de enfermedades que infestan cierta zona, no es destruir, sino construir. En matemáticas, menos por menos da más.”

Como si fuera poco el desparpajo y el cinismo de una filosofía abyecta que basa su razón de ser en el goce por el exterminio del prójimo, la secta de la cual surgen a la vida pública los dirigentes fundamentales de Primero Justicia desarrolla su intencionalidad criminal y fascista como toda una pretendida filosofía. “Hay circunstancias que exigen para la salus populi una suspensión provisional de los derechos individuales y el ejercicio más amplio del Poder Público. La dictadura puede, por tanto, ser legítima en ciertos casos. Una dictadura contrarrevolucionaria y, pues, enteramente guiada por el deseo del Orden, debe presentar tres requisitos esenciales: Debe suspender los derechos, no para subvertir el Orden, sino para protegerlo. Y por orden no entendemos solamente la tranquilidad material, sino la disposición de las cosas según su fin, y de acuerdo con la respectiva escala de valores. Hay, pues, una suspensión de derechos más aparente que real, el sacrificio de las garantías jurídicas de que abusaban los malos elementos en detrimento del propio orden del bien común, sacrificio éste orientado a la protección de los verdaderos derechos de los buenos. El fin primordial de la dictadura legítima debe ser, hoy en día, la Contrarrevolución.”

Todo, absolutamente todo el horror del cual es víctima hoy el país producto de la irracionalidad y la intolerancia de un sector que se niega a reconocer el derecho de un pueblo a darse el gobierno de su preferencia, mediante el mecanismo civilizado del voto universal, directo y secreto, está determinado por la lógica de esa perversa filosofía fascista que la derecha pretende imponerle a Venezuela.

Para ellos, para quienes se han mantenido ceñidos a su pensamiento original como ningún otro partido de la derecha, el “contrarrevolucionario” tiene un deber inquebrantable que cumplir para sentirse realizado como miembro pleno de esa secta que se trazó el logro del poder en Venezuela como meta final de su lucha en el terreno político que le ha usurpado a la democracia.

Según su Dios (como en efecto lo asumen en Tradición, Familia y Propiedad), Plinio Correa de Oliveira, “el contrarrevolucionario es quien: Conoce la Revolución, el Orden y la Contrarrevolución en su espíritu, sus doctrinas y sus métodos respectivos. Ama la Contrarrevolución y el Orden cristiano, odia la Revolución y el “anti-orden”. Hace de ese amor y de ese odio el eje en torno al cual gravitan todos sus ideales, preferencias y actividades.”

Existe, como en efecto se constata en ese texto, una explicación incontrovertible al invariable carácter incendiario y asesino de ese sector de la derecha que logró desplazar a los partidos de mayor peso y trascendencia histórica de la partidocracia cuartorepublicana, precisamente por su obsesión en el odio y en la intolerancia racial, social y política, como único eje doctrinario a seguir.

El venezolano debe apelar hoy a la más sólida fibra de su madurez intelectual como venezolano que milita en la verdadera causa de la libertad y la redención del ser humano, como es la del socialismo bolivariano que nos legó el Comandante Chávez y que el presidente Maduro reimpulsa con su llamado a Asamblea Nacional Constituyente, para impedir que la vorágine del fascismo nos retorne al oscuro escenario de esclavitud y muerte que encarnan Voluntad Popular y Primero Justicia.

En las manos de ese pueblo libertador al que Chávez le entregó su vida está hoy el destino de la Patria. Perderla no es una opción. Sería el fracaso más inexcusable para la humanidad misma.

@SoyAranguibel

Javier Couso a Julio Borges: “Siéntense a dialogar y peleen en las elecciones… ¿o buscan una guerra civil?”

Javier Couso, Diputado de Izquierda Unida en el Parlamento Europeo, destroza en una brillante y demoledora intervención en sesión plenaria, las apátridas e infundadas acusaciones del presidente del parlamento venezolano, Julio Borges, contra Venezuela.

Aquí parte de la descarga:

Fuente: @Caninator

Aranguibel en VTV: Problemas de Venezuela se resuelven con más socialismo

Noticiero Digital / 31 mayo de 2017.- El analista político Alberto Aranguibel insistió este miércoles que la única manera de resolver los problemas del país es “con más socialismo”. En ese sentido, resaltó la importancia de la Asamblea Nacional Constituyente.

Así lo dijo en el programa Encendidos, que transmite VTV.

“Si algo ha sucedido hoy en Venezuela desde hace ya algún tiempo, es que los problemas que se han acumulado, que está padeciendo el pueblo, que efectivamente está pasando por una coyuntura muy difícil, muy dolorosa (…) están determinados fundamentalmente por dos factores”, comentó.

Indicó que uno de los factores es el fallecimiento del expresidente Hugo Chávez. “Eso desató la furia de un sector del capital privado (…) Ellos creían que se había liberado la economía y se desató una ola especulativa espantosa que hizo que todo el sector incurriera en una práctica especulativa que empezó a generar distorsiones muy graves en la economía, y que a su vez fueron generando otras distorsiones sucesivas que se fueron acumulando”.

“Hubo gente que pensó en un momento determinado que la solución era a través del voto en la elección de la AN y ahí se cometió un error gravísimo que llevó al segundo problema (…) Mucha gente creyó que hacía falta un contrapeso al Gobierno desde el punto de vista político. La gran mayoría de la gente no votó por Ramos Allup para que fuera presidente ni votó por Julio Borges para que fuera presidente, votaron para que hubiera una AN que le hiciera contrapeso político al Gobierno, esa fue la visión”, enfatizó Aranguibel.

En su opinión, “lo que resuelve el problema de Venezuela es más socialismo, y la manera expedita, rápida, el camino rápido fue el que creó Chávez; el de la profundización de la democracia (…) y esa es la oportunidad que nos está trayendo el presidente Nicolás Maduro con el llamado a Asamblea Nacional Constituyente”.

Apuntó que el sector opositor “no es democrático” y afirmó que “no quiere elecciones (…) Ellos necesitan una mega elección para cantar un fraude, provocar un estallido social y una intervención extranjera en el país”.

Sentenció: “No debemos aspirar a perfeccionar el capitalismo, porque el capitalismo es el que trae padecimientos a la humanidad que no se han podido solventar sino que por el contrario generan más miseria para poder asegurar el crecimiento empresarial que ellos dicen que es el desarrollo eficiente de la economía”.

Fuente: Noticiero Digital

Amenazas democráticas

Por: Alberto Aranguibel B.

Siguiendo una estrategia estrictamente comunicacional, la oposición en pleno ha acordado llamar “dictadura” al gobierno del presidente Nicolás Maduro. Probablemente lo único en lo que estén hoy en día de acuerdo en el ámbito del antichavismo.

El objetivo a comunicar es perfectamente claro. Por una parte, justificar o legitimar toda acción inconstitucional y violenta contra el Gobierno. Y en segundo lugar, viabilizar o hacer expedita la instauración de un régimen que pueda acabar sin ninguna limitación de tipo legal con todo lo avanzado por la Revolución Bolivariana en términos de inclusión y justicia social.

Pero más allá de eso, y quizás lo más urgente para una inmensa mayoría de los opositores, está la intención ampliamente declarada tanto por la dirigencia opositora como por la mayoría de su militancia a través de las redes sociales y de su comparecencia pública en los medios de comunicación, de llevar a cabo (en el hipotético caso de instaurarse un gobierno de derecha en el país) la más brutal y sanguinaria operación de persecución y encarcelamiento de chavistas, culpables o no de delito alguno que pudiera imputárseles.

El linchamiento del cual han sido víctimas numerosos hombres y mujeres del pueblo que en algún momento le parecieron chavistas a esos militantes de la oposición, es muestra de cuán generalizada y enraizada está ya la idea de semejante despropósito en ese sector del país, que aún sin ser gobierno actúa como si en efecto lo fuera.

Parten esos opositores de la misma idea de la que partieron los gobiernos de la cuarta República en el pasado, según la cual ser gobierno es poseer el poder y el derecho de perseguir y exterminar al contrario sin ningún tipo de limitaciones.

Llegar al gobierno para sentirse en libertad de ir a perseguir a las personas hasta el exterminio por su condición social o política, no es exactamente lo más democrático bajo ninguna ideología.

Pero marca una diferencia de dimensiones abismales entre una propuesta que se dice democrática  y una revolución que durante casi dos décadas no ha salido a buscar a esa militancia opositora para lincharla, y no precisamente por cobardía ni por falta de capacidad.

Algo que debieran evaluar con mucho detenimiento los opositores a la hora de sus delirios.

@SoyAranguibel

La falacia de la guerra responsable

Por: Alberto Aranguibel B.

En la historia de los ejércitos el uniforme no nace como fórmula para el establecimiento del orden jerárquico o el régimen disciplinario, sino como una necesidad de identificación clara de los integrantes de las fuerzas de distinto signo o territorio.

Por naturaleza propia el ser humano no es propenso a la violencia contra el otro salvo por razones de instintiva sobrevivencia. La violencia en la sociedad surge de la avaricia y la voracidad de los poderosos, los terratenientes o señores feudales, cuyo poderío se erigió precisamente a partir de la sed por la dominación territorial y de sus riquezas.

De ahí que los ejércitos no se concibieran inicialmente como fuerzas defensivas al servicio de la sociedad sino como medio para la ejecución del control y sometimiento de los pueblos por parte de los poderosos.

En ello, la persuasión (el temor a la autoridad de la fuerza armada) debía jugar un papel determinante, porque permitiría ejercer esa dominación sin necesidad de recurrir en una primera instancia a la violencia sobre la gente.

Pero una vez desatada la conflagración, saber con la mayor exactitud a cuál bando pertenecía cada quien en medio de las hostilidades, era definitivamente indispensable. Se trataba de la posibilidad de visualización clara de una masa coherente que pudiera ser cuantificada y movilizada con relativo orden y control desde los puestos de mando.

El uniforme vino a ser, entonces, en esencia, un medio de diferenciación entre civiles y militares.

Por eso se les llama “civiles” a las guerras entre los ciudadanos de una nación que terminan confrontándose mutuamente mediante la violencia para solventar sus diferencias de tipo político o ideológico, a pesar de que por su crudeza, crueldad y naturaleza anárquica, la civilidad sea lo que menos se consiga en tales guerras.

Precisamente por no obedecer a régimen disciplinario alguno, la guerra civil es la más cruenta y espantosa de cuantas puedan concebir las mentes guiadas por la sed de violencia.

Ciertamente la regulación de las guerras es quizás el absurdo más elaborado del género humano. Intentar darle un sentido de responsabilidad a la barbarie en vez de suprimirla es la declaración de la incompetencia suprema de la sociedad para evitar el infierno al cual sus mismos  integrantes la arrojan por no saber dirimir sus diferencias en paz.

Sin embargo, lo que conocemos hoy como el Derecho Internacional Humanitario, surgido como respuesta de las naciones a la crueldad de las guerras (tanto nacionales como internacionales), y que tiene su precedente más emblemático en el Tratado de Regularización de la Guerra firmado entre la Gran Colombia y el Reino de España por el Libertador Simón Bolívar y el Capitán Pablo Morillo, en 1820, viene a ser de alguna manera una fórmula de contención de los niveles de crueldad que podría alcanzar hoy el mundo en virtud de los avances tecnológicos de los que dispone la industria armamentista.

Pero son muchos los que difieren del verdadero espíritu de buena fe de las potencias que impulsaron en sus orígenes ese importante acuerdo común para la mayoría de las naciones, y que se resume en los llamados Acuerdos de Ginebra que desde 1949 son la referencia fundamental del derecho internacional en el mundo.

El principio humanista de la asistencia a los enfermos o heridos, del respeto y tratamiento adecuado a los que estén fuera de combate o que hubieran depuesto sus armas,  pareciera no ser lo único que mueve los intereses de los más poderosos alrededor del Derecho Internacional Humanitario.

En dichas confrontaciones los civiles que mueren por efecto de las bombas en escuelas y hospitales suelen ser el número más elevado de víctimas que no alcanzan a ser protegidas jamás por las Leyes. A ellas se les asigna la siniestra categoría de “daño colateral”.

Estados Unidos, por ejemplo, apela siempre al carácter supuestamente multidisciplinario de sus Fuerzas Armadas para llevar a cabo los más fastuosos despliegues militares cuando se le requiere en auxilio cualquier tipo de ayuda humanitaria desde cualquier parte del mundo, lo que conlleva una grave amenaza a la soberanía de las naciones, toda vez que por lo general se convierte dicha asistencia no en una operación de apoyo sino en una ocupación militar de territorio extranjero que de humanitaria no tiene sino el nombre.

Pero las guerras civiles, aún siendo guerras internas de los países, suelen ser también susceptibles de esa invasión a la soberanía, precisamente porque su razón de ser no es la de la lucha entre ejércitos de distintas nacionalidades, sino de sectores con posiciones ideológicas o políticas contrapuestas, por lo cual es normalmente aceptada la intervención en ellas de combatientes extranjeros identificados con uno u otro bando.

En Venezuela estamos hoy a las puertas de una guerra civil signada por la irresponsabilidad de quienes han promovido la insensatez del odio como instrumento de movilización política, con visos claros de un fascismo embrionario inoculado a la sociedad de manera sistemática, fríamente calculado para desatar una guerra no de pueblo contra ejército sino de pueblo contra pueblo.

La rectitud del Presidente Nicolás Maduro Moros en hacer valer el más riguroso respeto a los derechos humanos en el uso de la fuerza pública para contener las manifestaciones violentas, ha impedido que la oposición pueda sustentar ante organismos internacionales sus infundadas acusaciones de tiranía contra el gobierno, lo cual ha evitado la pretendida injerencia extranjera en nuestro territorio.

La estrategia de enfrentar pueblo contra pueblo (que queda perfectamente evidenciada en la persistencia en el llamado de los grupos violentos a la Guardia Nacional Bolivariana a desobedecer a la superioridad y abandonar así su función de orden público, a la vez que se ensaña en la persecución y procura de linchamiento de todo aquel que sea o parezca militante del chavismo) tiene el único propósito de propiciar el ingreso al país de fuerzas mercenarias que por lo general financia y están al servicio del Departamento de Estado del gobierno norteamericano o forman parte de las Autodefensas Unidas de Colombia (pero que no son de ninguna manera ejércitos regulares de nacionalidad alguna) con las cuales puedan invertir de alguna manera la correlación de fuerzas que hoy los tiene en desventaja frente al poder del Estado.

El deseo expreso de esa oposición terrorista es que el mundo perciba una realidad de guerra civil entre venezolanos, y que la frontera, en particular el Estado Táchira, donde concentra su accionar en la forma más intensiva, sea la puerta de acceso expedita para el ingreso de contingentes de vehículos 4×4 artillados, con decenas de mercenarios masacrando sin miramiento ni conmiseración a cuanto ser viviente se les atraviese en el camino, y que nos resultan tan familiares a través de las imágenes que desde hace más de una década vimos siempre en las noticias sobre Irak, Libia y ahora sobre Siria, bajo la simple denominación de “resistencia”.

Es así como se explica la inaudita desfachatez en el accionar de la dirigencia opositora que, sin importarle en ningún caso las decenas de cámaras que captan a cada instante tal atrocidad, aparece arengando y felicitando en todas las protestas a los grupos terroristas que atentan de manera indiscriminada contra instalaciones públicas (particularmente hospitales y escuelas) y contra la vida misma de las personas.

La orden ha sido dada. La señora Liliana Ayalde, jefa civil del Comando Sur estratégico de los EEUU, la ha impartido desde que se produjera su nombramiento en ese cargo en febrero de este año, fecha en que “muy casualmente” el Secretario General de la OEA, habiendo sido derrotado ya un año antes en ese mismo organismo en su pretensión injerencista contra nuestro país, retoma sus ataques contra Venezuela y la oposición venezolana activa sin justificación alguna su fase más irracional y violenta.

Solo le faltó anotar en su fallida ecuación la indoblegable gallardía del pueblo de Simón Bolívar, que atravesó miles de kilómetros de penurias liberando naciones en todo el Continente Suramericano, y que hoy emprende junto a su presidente Nicolás Maduro el venturoso sendero de la definitiva independencia de la Patria, bajo el signo de la Asamblea Nacional Constituyente como paso fundamental y decisivo para la consolidación del modelo de justicia e igualdad social que nos legó el Comandante Hugo Chávez Frías.

Por eso… ¡No pasarán!

@SoyAranguibel

 

Aranguibel: “Si la oposición fuera democrática estaría ayudando a resolver los problemas”

Caracas 23 de mayo de 2017.- En conversación con la periodista Mari Pili Hernández, Alberto Aranguibel sostiene que frente a los problemas que enfrenta hoy el país, la oposición debería asumir su papel como integrante del Estado y buscar ayudar a resolverlos, antes que a agudizar las dificultades tratando de sacar beneficio políticos de los mismos.

Oiga aquí la entrevista (interrumpida por la Cadena Presidencial de este mediodía):

 

El efímero botín de los inconscientes

Por: Alberto Aranguibel B.

En Venezuela hay una guerra. Pero no una en la que se confronten visiones económicas o posiciones ideológicas, sino una en la que la sociedad toda se enfrenta a mercenarios asalariados que engañan, aterran y someten a la gente.

Quienes desde el ámbito de la historia argumentan la supuesta falsedad de la leyenda que atribuye a los conquistadores el engaño al que habrían sometido a los indígenas de lo que ellos llamaron el “nuevo mundo” entregándoles espejos y baratijas a cambio de oro, justifican de manera inmoral el saqueo del que fue objeto nuestro continente con la genocida invasión de la corona española.

A través del tiempo se ha corroborado el inequívoco carácter codicioso de los imperios, que precisamente en su afán expansionista expresan su supremo interés por las riquezas que persiguen, sin importarles en lo más mínimo los padecimientos que con la destrucción y los estragos que dejan a su paso le ocasionan al ser humano y a la naturaleza misma.

La compra de la sumisión y el entreguismo de los pueblos ha sido una constante de impudicia en la conducta imperialista de los sectores poderosos, que usan la fuerza de sus capitales ya no solamente como medio al servicio de la supremacía y la dominación sino como instrumento para la ignominia y el sometimiento más inmisericorde de los pobres y desvalidos de la sociedad.

El saqueo del oro amerindio con el cual Europa salió de su condición medieval para ingresar a la era de la modernidad, no fue sino una operación financiera al mejor estilo capitalista, definida por exactamente los mismos parámetros del libre mercado que rigen  para la sociedad neoliberal actual.

Para el imperio norteamericano, la tierra se divide en dos únicos territorios; el de los Estados Unidos, centro de la cultura capitalista donde reinarían la libertad y la democracia, y el resto del planeta, fuente inagotable de recursos y riquezas por controlar, cuyos regímenes de gobierno son, según su particular óptica, de una u otra manera inconvenientes o contrarios a los sagrados intereses del imperio.

Esa otra parte del planeta más allá del suelo estadounidense, es la que pretende someter bajo el rigor infernal de las armas, o bajo la perversa dictadura del capital.

La compra de conciencias que desde milenios ha padecido la humanidad por disposición de los poderosos, es la modalidad de primer orden a la que recurre el imperio para derribar las barreras de soberanía que erigen los pueblos del mundo. El dinero que en ello se gasta es asumido siempre por el gran hegemón del norte como una simple inversión. Una transacción financiera en la que se adquiere a bajo precio lo que en realidad es infinitamente más costoso, como la dignidad de los pueblos, y donde la mercancía ya no son bienes o productos transables sino seres humanos de carne y hueso que servirán de quinta columnas asalariados para alcanzar el preciado botín de las riquezas que persiguen en cada nación del mundo.

La base ideológica de esa modalidad de contratación de vende patrias, es la pérfida máxima capitalista según la cual “todo el mundo tiene su precio”. La misma que sustentó el despojo ideado por Cristóbal Colón contra nuestros ancestros. Con la sola diferencia de que los pueblos originarios de este Continente no estaban movidos por la codicia que hoy perturba el alma y la mente de la sociedad de consumo en la que nos ha convertido ese mismo imperio que hoy pretende saquear nuestras riquezas y adueñarse de nuestros recursos y de nuestra economía toda, sublevando a la gente del barrio mediante pagos que se tabulan según el nivel del crimen que cada asalariado esté dispuesto a cometer en la guerra terrorista contra el Gobierno del Presidente Nicolás Maduro.

Una codicia que envilece sin distingo de raza, credo o condición social ni política, amenazando más que ningún otro factor de agresión la soberanía de las naciones del mundo, y que hoy atenta contra el humanista proyecto bolivariano emprendido por el Comandante Chávez hace casi dos décadas, al convertir a un número importante de la gente del pueblo en carne de cañón para los planes de la entrega de nuestro país al imperio a cambio de un efímero puñado de dólares, que por lo general se difumina con la misma velocidad con la que se consume la droga que les entregan sus mismos contratistas como parte del costoso kid de guerra con el que los dota.

Quienes salen hoy del barrio a incendiar y destruir todo a su paso, incluyendo hospitales materno infantiles y preescolares, atentando sin miramiento ni conmiseración alguna contra la vida de las personas, funcionarios o no del Estado, no lo hacen por convicción política alguna. Su propuesta no es la de alcanzar el bienestar mediante el derrocamiento de un gobierno para abrirle paso a otro de signo contrario.

La anarquía que promueve el capital en pos de la extinción del Estado como instancia de control y regulación de la economía, no procura la politización de la sociedad en modo alguno. La sola idea es incongruente. Por eso quienes orientan las acciones desestabilizadoras en Venezuela no son los líderes de la oposición. Su papel en la guerra contrarrevolucionaria es el de simple fechada referencial, que si asisten a las movilizaciones de calle del antichavismo bien y si no también. Su patético caso es el de los bueyes detrás de la carreta, la mayoría de las veces abucheados o desatendidos por quienes debieran ser sus seguidores naturales.

Lo que promueve el capital entre esos auténticos desclasados en puntos muy contados y precisos del país, en los que efectivamente logran el propósito de aterrorizar y desesperar a la población, es la cultura de la riqueza fácil que sirva al propósito de intentar derrocar al gobierno a la vez de sembrar y expandir el espíritu del neoliberalismo en la sociedad para perpetuar así el antinacionalismo que le es tan indispensable al imperio en nuestro suelo.

Esos desclasados son los que a lo largo de la historia han perturbado el avance sostenido de los procesos revolucionarios, plegándose al enemigo por la ilusión de una fortuna que jamás recibió el pobre de ningún régimen oligarca que ayudara a instaurar con la traición a su clase. La fábula del bienestar por la que optaron aquellos que por inconciencia y falta de amor propio vendieron su patria por unas cuantas monedas de oro, fue siempre tan falsa como falsos han sido los ofrecimientos de redención del pueblo con los cuales el capitalismo ha estructurado el discurso demagógico tras el que oculta su verdadera condición rapaz.

Una simple interrogante que esos engañados que hoy se ponen al servicio de sus enemigos de clase se respondan a sí mismos los salvaría de la tragedia en la que por inconsciencia están sumidos y sumen hoy al resto del país que los repudia…  ¿Qué hay para ellos el día después, en el supuesto negado de lograr su infame cometido?

¿Será posible en un gobierno neoliberal algún mecanismo que le asegure al pobre alimentos a precio justo? ¿Por qué pide entonces la derecha la eliminación de la regulación de los precios de los alimentos?

¿Se le respetará al trabajador su estabilidad laboral y los aumentos salariales que hoy consagra la Constitución? ¿Para qué exige entonces Fedecámaras la derogación de la Ley del Trabajo promulgada por el Comandante Chávez?

¿Habrá dinero suficiente en el país para impulsar el desarrollo de la producción nacional que desde hace más de cien años el capital privado ha impedido? ¿Por qué insisten entonces todos los dirigentes y economistas de la oposición en que hay que eliminar el control cambiario de divisas? El control cambiario no impide traer capitales al país, impide su fuga hacia el exterior. ¿Por qué no los traen, si son ellos quienes se los han llevado fuera del país desde hace décadas como quedó demostrado en la revisión de las cuentas de los bancos suizos, en los bancos de Andorra y en los Papeles de Panamá?

Si responde con sensatez y honestidad todas estas preguntas, la gente pobre que hoy cae presa del engaño al que es sometida por quienes le venden la idea de que con esa guerra participa de alguna lucha heroica, entenderá de inmediato la urgencia de atender el llamado del Presidente Nicolás Maduro a la elección de una Asamblea Nacional Constituyente que abra el camino a la perfección del modelo profundamente humanista que nos trajo el Comandante Chávez y por el cual el país ya estaba enrumbado hasta que la derecha y el Departamento de Estado norteamericano decidieron frustrar ese hermoso sueño de verdadera democracia popular que el pueblo quiere recuperar.

@SoyAranguibel