Aliado principal de Lilian Tintori es uno de los más grandes corruptos del Continente

El periodista Amauri Chamorro da a conocer este 22 de marzo la decisión de la Fiscalía General de Brasil de publicar la lista de los implicados en los hechos de corrupción más escandalosos que han sacudido a esa poderosa nación suramericana por más de medio siglo, en los cuales aparecen señalados los más altos funcionarios del gobierno de facto presidido por el ultraderechista Michel Temer , quien llegara al poder mediante un golpe de Estado institucional perpetrado contra la legítima presidenta Dilma Rouseff.

Entre los acusados por los delitos de corrupción con la poderosa empresa Odebrecht se encuentra el parlamentario Aécio Neves, el más estrecho colaborador de Lilian Tintori, esposa del terrorista venezolano Leopoldo López, quien ha venido jugando un papel preponderante en la campaña internacional de descrédito contra el gobierno venezolano del presidente Nicolás Maduro, y uno de los principales agentes de la ultraderecha latinoamericana que hoy pretende reinstaurar el neoliberalismo en la región.

A continuación transcribimos íntegramente la reveladora nota de prensa publicada hoy por el periodista Chamorro en el portal “La Junta”:

FISCAL BRASILEÑO PRESENTA LA VERDADERA LISTA DE ODEBRECHT

Por: Amauri Chamorro

Después de años de acusaciones en contra de los ex presidentes Lula y Dilma, y el señalamiento al Partido dos Trabalhadores (PT) como el partido creador de la corrupción en la Petrobras, sucedió lo imaginable: la máxima autoridad de la Fiscalía brasileña presentó formalmente las denuncias en contra de toda la alta cúpula de la derecha del país. Fueron denunciados 5 ministros de Temer, los presidentes de la Cámara de Diputados y del Senado, 4 senadores del partido de Temer y 1 del Partido da Social Democracia Brasileira (PSDB). Adicionalmente, la denuncia se extendió a más de 211 personas que no tienen foro privilegiado. Se le cayó la historia de las portadas a la prensa privada y a grandes segmentos de la sociedad brasilera, que sustentaban agresivamente que la única salida para erradicar la corrupción era destituir a Dilma y encarcelar a Lula.

Lo que ambos presidentes hicieron fue profundizar las investigaciones, exponiendo peligrosamente las estructuras de la centenaria corrupción que nace y coexiste en las entrañas de la poderosísima élite brasileña, llevando a prisión a importantes ministros y líderes del PT. A partir de la apertura de esa caja de pandora iniciada por el PT en Brasil, la derecha continental tuvo que reaccionar de forma inmediata, posicionando mediáticamente la responsabilidad de la corrupción en las décadas progresistas. De esa manera, la izquierda cargaría el impacto de lo que estaba por descubrirse. El mérito de la voluntad política de cortar en carne propia la corrupción, se transformaba en un pecado capital.

El discurso construido por los partidos de derecha y ampliamente promocionado por las empresas de comunicación blindaron hasta la presente fecha a los aliados políticos que aún no habían sido acusados formalmente. En el caso de Brasil, el presidente golpista Michel Temer fue nombrado 43 veces por los corruptores de Odebrecht, acusado de recibir 3 millones de dólares en efectivo. El ex candidato presidencial por el PSDB y socio de la Red Globo, Aécio Neves, ha sido nombrado incontables veces por casi todos los delatores. Eduardo Cunha, ex presidente del Congreso, responsable por operar el golpe contra Dilma, fue citado 35 veces. Cunha está preso por manejar de manera ilegal más de 150 millones de dólares en sus cuentas en Suiza, montos que no pudo justificar.

La corrupción denunciada en la Lava-Jato existe comprobadamente hace más de 30 años. De la misma forma en que todos los políticos de la derecha acusados en esta nueva etapa de investigación fueron parte activa de los gobiernos de José Sarney, Fernando Collor, Itamar Franco y Fernando Henrique Cardoso. Todos anteriores a Lula y Dilma.

Es importante tener en cuenta que la Lava-Jato permitió iniciar la privatización de Petrobras y los más de 1 trillón de dólares en reservas petroleras brasileñas que el neoliberalismo de Cardoso no logró cumplir. En lo político, el manejo jurídico-mediático del caso creó las condiciones para liquidar al PT, única fuerza capaz de frenar el asalto al patrimonio del pueblo brasileño. En el ámbito de la opinión pública se instalaron matrices para que el pueblo se convenciera que solo la privatización de la sexta empresa más grande del mundo, sanaría el cáncer llamado corrupción.

Posteriormente a los trágicos 8 años de gobierno de Fernando Henrique Cardoso, el PT estatizó las reservas y destinó el 75% de todos los royalties para el desarrollo educacional y científico de Brasil. Esta decisión amenazaba directamente la hegemonía norteamericana y europea en ciertos sectores estratégicos. Brasil es competidor directo en la industria de la construcción civil, naval, aeroespacial, militar, agroindustrial, inclusive en el enriquecimiento de uranio, siendo productor de su propia tecnología. Todo a disposición de un gobierno que trabajó intensamente por la integración de América Latina, África y Asia. Lula se transformó en un gran e incómodo problema comercial y geopolítico para la expansión hegemónica de los EE.UU y Europa en esas regiones.

¿Y de qué acusan a Lula en la Lava-Jato? De que supuestamente tiene un departamento de manera ilegal en una playa de São Paulo, pese a que ese mismo inmueble es de propiedad de una señora que garantiza que Lula jamás ha estado ahí. A su vez, Fernando Henrique Cardoso, el ex Presidente neoliberal, es propietario de dos departamentos, uno en la Avenida Foch en París, y otro en la Trump Tower en Nueva York, ambos incompatibles con sus ingresos de profesor universitario y ex Presidente de la República. Este caso fue denunciado hace algunos años y reconfirmado por su ex compañera sentimental en 2016, indicando inclusive los nombres de los testaferros utilizados por Fernando. Ni el Ministerio Público Federal, ni la Suprema Corte, mucho menos la Policía Federal lo han incomodado por ello. Al final, Cardoso es parte de la élite blanca paulista, letrado, profesor de la prestigiosa Facultad de Sociología de la Universidad de São Paulo.

Por el contrario, Lula es semi analfabeto, según él mismo lo dice, y el que más universidades ha construido en Brasil. Nacido en la región de población afro descendiente más miserable, comió carne por primera vez a los 13 años cuando llegó a São Paulo en busca de una vida mejor. Ha recibido cerca de 30 honoris causa por ser un referente mundial en la lucha contra la pobreza y el hambre. Mientras en el gobierno de Cardoso diariamente 300 niños morían de hambre, Lula erradicó la pobreza extrema de Brasil sacando a 27 millones de personas de ese flagelo.

El caso Lava-Jato es muy complejo y no puede ser comprendido solo desde el ángulo legal; toca las profundidades de la estructura política creada por las élites criollas esclavistas que subsisten hasta hoy en forma de bancos, latifundios, monopolios mediáticos y evasores de impuestos. Esas mismas que vendieron el futuro de sus naciones para garantizar sus privilegios y mantener bajo el látigo a los que han decidido alzar su voz. Siempre fue evidente que esa élite criolla jamás aceptó llamar como Señor Presidente a alguien de la “gentuza”. Que dirá exponer a la luz de la opinión pública el origen de sus privilegios mal habidos.

Amauri Chamorro Amauri Chamorro (Facebook / Twitter)

Panaderías y antichavismo

Por: Alberto Aranguibel B.

En las panaderías, como en todo negocio capitalista, hay que diferenciar bien entre los dueños y los empleados.

El dueño es por lo general el desterrado que vino con el rabo entre las piernas de su Europa destruida por la guerra, al paraíso de esta tierra de gracia que le acogió sin mezquindades de ningún tipo. El empleado es el venezolano que fabrica en condiciones de esclavitud el pan que el dueño vende cómodamente desde la caja registradora.

Pero también hay que saber diferenciar entre el dueño trabajador y honesto y el miserable que utiliza la panadería como arma de guerra para hacer una gran negocio a partir de la manipulación con la política.

Mientras al dueño honesto se le reconoce fácilmente porque se le ve trabajar sin descanso junto a los trabajadores, al dueño miserable se le identifica por la forma en que vocifera contra el gobierno revolucionario a la vez que aumenta los precios de las mercancías a diestra y siniestra sin la más mínima justificación.

Con su perorata antichavista, el miserable no solo logra la solidaridad automática de la clientela escuálida, sino que neutraliza a los chavistas que por miedo a que no les vendan se quedan callados ante la andanada de improperios contra todo lo que tenga que ver con Chávez. Y lo que es peor, ante el impúdico asalto al bolsillo que diariamente se da en esas panaderías a la vista de todo el mundo.

Es exactamente lo que pasa en la panadería Crostata, en el Centro Comercial La Boyera, en el Municipio El Hatillo, auténtico centro de bachaqueo donde todo es marcado a precio de dólar ilegal, en la cual una furiosa portuguesa grita a diario a voz en cuello frente a la clientela todo su odio al gobierno y al presidente de la República, a la vez que anuncia, también a diario, el incremento desmedido de precios en todos los artículos.

Hacer que la clientela no te odie a ti sino al gobierno por todos los atropellos que tú cometas mientras haces dinero fácil a raudales, es sin lugar a dudas el mejor negocio para los especuladores en este tiempo de guerras capitalistas contra el pueblo.

Por eso cuando el gobierno pone las panaderías especuladoras en manos de los trabajadores está haciendo lo correcto, no solo en términos laborales sino que logra un nuevo espacio de justicia social para el pueblo.

@SoyAranguibel

Los “equilibrios comunicacionales” del capitalismo

Por: Alberto Aranguibel B.
(Foto: AAB)

El periodismo neoliberal de hoy en día es la forma más fraudulenta de la comunicación jamás conocida por el ser humano. El periodismo revolucionario, por el contrario, es, y ha sido siempre, esencialmente honesto.

El periodismo neoliberal no puede existir sin la catástrofe, a la que debe convertir de manera permanente en espectáculo noticioso. Su base es el sensacionalismo. Porque el sensacionalismo, la muerte estrepitosa, el crimen escandaloso, los terremotos y los huracanes infernales, venden mucho más periódicos que las ideas. Ese es el placer por la noticia como insumo vital que los medios han fomentado en la gente.

En cambio el periodismo revolucionario se ocupa de difundir un pensamiento liberador, a partir de la siembra de la esperanza, generalmente basada en el raciocinio y la argumentación acuciosa de las ideas y de las propuestas de transformación de la sociedad. De eso se ocupa fundamentalmente el periodismo revolucionario.

Para el periodismo neoliberal, la democracia tiene que ser absoluta y totalitaria. No puede existir una forma de expresión distinta a la que pretende imponer el pensamiento único del neoliberalismo. Su visión de la democracia es la de la supremacía de su modelo y el exterminio de cualquier otra forma de comunicación que pueda surgir de las entrañas de la sociedad.

Por eso el imperio norteamericano cataloga de dictadura a todo régimen soberano del mundo en el que los medios no estén al servicio de los lineamientos editoriales de las corporaciones mediáticas norteamericanas.

Por eso Julián Assange y Edward Snowden, entre muchos otros a los que el imperio denomina “agentes enemigos”, son perseguidos y amenazados incluso con la pena de muerte, por el solo hecho de difundir cualquier información que no le convenga al modelo de la dominación imperialista.

Por eso los periodistas neoliberales que sí sirven a los perversos intereses del gran capital inventan sin la más mínima vergüenza las burdas historias de supuestas persecuciones de las cuales serían ellos víctimas en cualquier parte donde no puedan imponer a su antojo la falsa realidad del universo que la mediática neoliberal necesita para sobrevivir.

Como acaba de suceder en Ginebra esta misma semana, durante la presentación de Venezuela en la segunda fase de exposiciones ante el Consejo de Derechos humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), en el llamado Examen Periódico Universal, en la cual una cantidad de organizaciones no gubernamentales (es decir; que no han sido electas por nadie, sino que son creadas y financiadas abiertamente a expensas del Departamento de Estado norteamericano) intervino para acusar al gobierno revolucionario del presidente Nicolás Maduro Moros, por la supuesta agresión a cientos de periodistas, entre muchas otras acusaciones vertidas por los inefables voceros del neoliberalismo que con tal finalidad se presentaron en ese escenario.

La denuncia pública contra los gobiernos es una noticia altamente rentable para la prensa. Hacerse la víctima es buscar mover la fibra más sensible de la sociedad a su favor, porque los pueblos del mundo entero han sido históricamente oprimidos por los sectores dominantes que los han gobernado. Se capitaliza siempre, en cualquier acusación contra los sectores políticos y gobernantes en general, el repudio que la misma prensa ha estimulado a través del tiempo en la sociedad apoyándose precisamente en la naturaleza inhumana de los regímenes neoliberales que mayoritariamente han prevalecido en la sociedad contemporánea.

De tal manera que el grueso del trabajo de manipulación que persiguen hacer los periodistas que se colocan a las órdenes de los promotores del neoliberalismo está ya casi plenamente hecho. Solo que bajo la premisa de la afectación que tales ataques a los gobiernos llegan a hacer contra el modelo neoliberal, las denuncias terminan por diluirse en acusaciones particularizadas contra algún empresario como eventual dueño de medio, pero jamás contra el modelo económico y social en el que se sustentan.

Cuando se trata de un gobierno revolucionario, es infinitamente más fácil sensibilizar a la gente con la victimización de la cual la prensa neoliberal se hace a sí misma protagonista, porque en la mediática neoliberal que auspicia la derecha internacional, los procesos revolucionarios han sido satanizados de manera persistente desde hace más de un siglo. Es decir, en este caso el trabajo está más que adelantado y es perfectamente capitalizable a través de cualquier campaña de denuncias, incluso sin la más elemental prueba que permita verificar las siniestras urdimbres de los periodistas neoliberales.

El periodista neoliberal se finge demócrata. El periodista revolucionario lo es. El periodista neoliberal no llega al medio en el que labora producto de la designación por parte de una autoridad debidamente electa por el pueblo en elecciones libres y democráticas, como por ejemplo el Presidente de la República o los ministros que éste a su vez designe gracias a las atribuciones constitucionales de las que está investido, sino que su posición en el medio de comunicación siempre está determinada por la decisión de un empresario al cual la sociedad ni siquiera conoce en la mayoría de los casos.

El periodista revolucionario es demócrata por antonomasia, porque su labor está determinada por el interés de la justicia social y el derecho del pueblo a darse el gobierno de su preferencia. Su tarea es verificar en todos los ámbitos donde se produzca la noticia, que la misma sea transmitida a la ciudadanía ajustada a la veracidad real de los acontecimientos y no a la conveniencia particular del dueño de uno o de otro medio. No manipula sino que contrasta. No tuerce los acontecimientos sino que los comunica. Es decir, respeta y enaltece con su ejercicio la correcta definición de Comunicador Social.

El periodista neoliberal no solo se presta para la jugada artera de los ataques con falsedades contra quien le ordene su capataz, el dueño del medio de comunicación, sino que contribuye en la campaña de tergiversaciones con su aporte más decidido porque ha sido educado en la mentira y en la infamia como instrumentos de lucha y en ellas basa su desarrollo profesional. Infinidad de columnistas que surgen del periodismo neoliberal y no de las luchas sociales en el barrio, son la demostración palpable de esa tragedia de la comunicación capitalista. La permanente riña entre la ética y el confort o el prestigio que brinda el dinero, al que no le importa el dolor o el sufrimiento del pueblo.

Esos periodistas neoliberales, que lloran el cierre de medios que atentan contra la paz de nuestro pueblo y que conspiran contra la legitimidad constitucional de nuestro gobierno, son ya no cómplices del atentado a la verdad que desde esas grandes corporaciones transnacionales se hace, sino que son actores esenciales y determinantes en la destrucción de la democracia venezolana y del mundo que se proponen los halcones del imperio norteamericano en su afán de dominación planetaria.

Son los que fueron a intentar mal poner a nuestro país en Ginebra esta semana, hablando de cientos de periodistas supuestamente agredidos en Venezuela, cuando en realidad no existe ni siquiera un solo venezolano, revolucionario u opositor, periodista o no, que pueda avalar tan atroz infamia. Son falsas de toda falsedad las denuncias de atropello al periodismo o a la libertad de expresión en Venezuela, y ellos, los periodistas neoliberales, entreguistas y serviles como son, lo saben y no pueden negarlo bajo ningún respecto.

A su propio fracaso le llaman “ataque del gobierno”. A su ineptitud le dicen “persecución”. A su incompetencia la denominan “violación de derechos”. En todo lo que demuestra su incapacidad son víctimas y necesitan apoyo. Apoyo que se traduce siempre no en aseguramiento o restitución de los derechos supuestamente vulnerados, sino en beneficios fiscales de algún tipo, trato preferencial en asignación de divisas, o impunidad en su afán conspirativo.

Exigen el cese de la (por ellos denominada) hegemonía mediática del Estado, cuando son ellos quienes secuestran el medio de comunicación para ponerlo exclusivamente al servicio de los poderosos. Decenas de canales de televisión privados, entran cada vez con más fuerza en los hogares de hasta el más apartado rincón del planeta, sometiendo a cada vez más gente a los dictámenes de un neoliberalismo cruel e inhumano que solo procura saciar su sed de dinero hasta el infinito sin importar el hambre o la miseria que a su paso genere.

Es ese el equilibrio informativo que demandan en los escenarios del mundo. Es esa la conquista que pretenden en su afán de derrocar al gobierno revolucionario; imponer la libertad absoluta del modelo servil que pregona el periodismo neoliberal asalariado del imperio a hacer con la verdad lo que le venga en gana sin que exista ni siquiera la más mínima posibilidad de verse sometido a Ley o pacto social alguno.

Es el equilibrio perverso por el que clama la oligarquía capitalista hoy en el mundo.

@SoyAranguibel

Entre yuca y percepciones

Por: Alberto Aranguibel B.

La más irrefutable demostración de la inviabilidad del modelo capitalista para resolver los problemas de la humanidad, es su obsesivo empeño en destruir todo modelo alternativo, ya no solo económico o político, sino incluso religioso, que pudiera existir sobre la tierra como resultado de la legítima aspiración de la sociedad a procurarse por voluntad propia el destino de su preferencia.

Bajo el aura de nobleza que el ser humano le imprimió desde siempre al carácter emprendedor del deporte en la búsqueda de la superación personal del individuo, el capitalismo toma para sí el concepto de la competitividad y lo utiliza como justificación de su abominable modelo de destrucción del prójimo en función de su muy particular beneficio.

La “libre competencia”, tal como se denomina a esa abominación en la lógica capitalista, no es sino la fachada de un esquema perfectamente definido en el que la superación de unos está determinada por la capacidad de rebasar a otros en términos ya no de la cualidad o cantidad de atributos y beneficios que los productos de las empresas puedan tener sobre aquellos fabricados por sus competidores, sino por la efectividad de sus estrategias de obstrucción y, en definitiva, de exterminio de los mismos.

En esa barbarie, toda opción es un arma válida y valiosa. En el ámbito del mercadeo de productos de consumo masivo todas ellas son utilizadas de manera exhaustiva más que en ningún otro escenario. El consumo masivo provee al sistema financiero más del 80% de la liquidez de dinero real (M2, se le denomina en economía) que se mueve en toda economía, porque es el que surge del salario del trabajador, convertido hoy en consumidor gracias a las reglas del modelo neoliberal imperante.

Guiados por ese inmoral principio, los directivos de dos de las más grandes empresas del mundo protagonizaron en 1985 uno de los episodios más escandalosos de la historia corporativa, conocido como “La Guerra de las Colas”, en el que los gigantes Pepsi y Coca-cola, se enfrentaron a muerte a un costo de billones de dólares, virtualmente lanzados al cesto de la basura gracias a la demencial carrera entre ambas por destruirse mutuamente. Suceso que afectó no solo la estabilidad de la más importante industria de refrescos del mundo sino que impactó incluso el sentido de patriotismo de los norteamericanos.

El lanzamiento de la fórmula “New Coke”, con el que la Coca-cola respondió a la agresiva campaña “Pepsi Challenge de su competidor, que le hizo descender del 60 al 22 % del mercado en pocos meses y perder más de dos billones de dólares en el proceso, fue considerado por un alto porcentaje de consumidores norteamericanos como el equivalente a “un escupitajo a la bandera norteamericana”, aun cuando inicialmente la aprobación del nuevo sabor fue casi unánime, razón por la cual el producto hubo de ser retirado de la venta apenas a días de su lanzamiento para reponer en los anaqueles la presentación clásica del mismo.

Investigaciones realizadas entonces determinaron que la animadversión del público no se debió al nuevo sabor sino a la modificación del envase tradicional, y que se estaba en presencia del fenómeno de sesation transference descrito medio siglo antes por Louis Cheskin, quien demostró que el cerebro humano reacciona de tal manera a los códigos visuales con los que está familiarizado (diseño, colores, forma, etc.) que su alteración puede afectar incluso el sentido del gusto en el individuo.

Exactamente el mismo fenómeno que la guerra económica desatada por la derecha contra los venezolanos ha utilizado como parte de su armamento de destrucción de la credibilidad del pueblo en su gobierno y en su país. Michael Porter, ideólogo del corporativismo neoliberal norteamericano, ha sostenido desde hace décadas la tesis de la “competitividad de las naciones”, a las cuales se les podría aplicar según él exactamente la misma lógica depredadora del mercadeo.

La creación de percepciones basadas en falsos supuestos para modificar con ellas la conducta del venezolano y hacerle permeable al insustancial discurso neoliberal de la derecha, es uno de los frentes más intensos de la dura batalla de falsedades e infamias que libra el neoliberalismo hoy contra el país para intentar retornar al poder haciéndole creer a la gente que el chavismo es solo una alteración accidental e inconveniente del curso natural del modelo de sociedad al que se debe aspirar.

En el marco de esa guerra, que persigue crear mediante el desabastecimiento inducido de productos esenciales la sensación de desesperanza en la población, la gran empresa capitalista pretende que el venezolano no solo deseche su lealtad al proceso revolucionario, sino que se apegue a las marcas de los productos que cada una de esas corporaciones trasnacionales produce con materia prima importada de sus casa matrices y que pone a la venta en el nuestro a precios dolarizados.

Es por ello que la que padecemos hoy los venezolanos no se trata solo de una guerra económica desatada por un poderoso sector corporativo contra un gobierno en particular, sino de todo un sistema económico contra una nación y sus posibilidades de soberanía económica y de autoabastecimiento. Algo que Chávez visualizó con proverbial claridad ideológica cuando se planteó la lucha contra el Alca.

El caso de la intensiva campaña contra uno de los alimentos fundamentales en la dieta autóctona del venezolano, como lo es la yuca,  puesta a circular en los últimos días a través de las redes sociales, medios de comunicación y declaraciones de todo tipo por parte de los sectores más miserables de la oposición, es solo una muestra de esa brutal guerra que va mucho más allá del ataque al chavismo y que en definitiva no es sino contra el país en general.

Mediante la infame campaña (iniciada ya a finales de 2014 con el intento desestabilizador de MacDonald’s utilizando las papas fritas que supuestamente el gobierno no le permitía importar y que luego se comprobó que era toda una manipulación para generar zozobra) se afirma que la yuca es altamente venenosa y que quien la ingiera podría estar expuesto incluso a la muerte por intoxicación con un componente natural del tubérculo. La yuca, como se sabe, es parte esencial de la dieta en casi todos los países del continente desde mucho antes de nuestros orígenes como Repúblicas, pero la alarma es desatada solamente en nuestro país, a partir del terror que causa entre la gente la sal de ácido cianhídrico contenida en la yuca, al que “casualmente” es asociado el régimen nazi con el que la derecha ha querido comparar siempre a la revolución bolivariana.

La docente e investigadora de la Facultad de Agronomía de la Universidad Central de Venezuela, Delia Polanco, afirma categórica que nada está más lejos de la realidad que la amenaza que se le vende hoy al país con un producto tan indispensable en la mesa de los venezolanos.

“Para nosotros -sostiene la experta en la materia- la campaña mediática contra la yuca amarga es parte de una guerra cultural incitada desde los intereses del agronegocio y la agroindustria contra las alternativas originarias y ancestrales que está buscando nuestro pueblo en la yuca y el maíz, ambos frutos de la tierra fundamentales en nuestra cultura alimenticia… somos hombres y mujeres de la yuca y el maíz”.

Así mismo aduce que, por el contrario, son los productos fabricados por esa gran corporación transnacional la que está plagando de enfermedades y padecimientos de salud a la población del mundo entero, como consecuencia de “prácticas agrícolas y de comercialización asociadas a los alimentos globalizados para preservarlos en sus kilométricos viajes; todos los estándares utilizados por esa industria son para satisfacer esa cultura de producción y consumo corporativa”.

Nos recuerda la Dra. Polanco la infinidad de casos en los que esas toxinas generadas por la agroindustria han desencadenado en la actualidad las más importantes pandemias en el mundo, como las muertes ocasionadas por pepinos contaminados en Europa en 2011 con la bacteria Escherichia Coli; la crisis de las vacas locas; la de aftosa; los pollos con dioxinas; las carnes saturadas con antibióticos y hormonas; cereales con aflatoxinas; leche contaminada, entre otros.

La saña del gran capital de las trasnacionales de los alimentos contra nuestro país no tiene límites porque su signo es la inmoralidad. Es decir, su vocación es estrictamente crematística, como lo manda la filosofía capitalista, y de ninguna manera estará sometida en el mundo neoliberal al interés del ser humano ni mucho menos al derecho de éste a su propia autoctonía alimenticia.

Generar el hambre y la miseria que genera a su paso es quizás el más repugnante ángulo del capitalismo. El otro, sin lugar a dudas, es pretender hacerle renegar al pueblo de sus más queridas y valiosas creencias y tradiciones culturales.

@SoyAranguibel

La Ley del embudo

Por: Alberto Aranguibel B.

Los escuálidos son expertos en todo lo que tiene que ver no solo con la gestión de gobierno, de cualquier gobierno, sino con todo lo humano y lo divino.

La facilidad con la que enjuician los actos de los demás, absolutamente todo lo que hagan los demás, solamente es superada por su agilidad para dictaminar pontificalmente la forma correcta en que según ellos deben hacerse las cosas. Cualesquiera cosas.

No existe en la sociedad escuálida nadie que acepte, ni con la más mínima humildad o sin ella, sus propios errores e ineptitudes, la mayoría de los cuales nos tienen a todos los venezolanos metidos en el peor berenjenal de la historia.

Suponiendo que el presidente Maduro haya decretado alguna vez alguna errónea e hipotética medida económica, como ellos dicen, que fuera la causante del desabastecimiento y de las colas que padecen los venezolanos, habría que preguntarles a los escuálidos ¿y por qué razón los cientos de miles de comerciantes capitalistas que tienen en sus manos la economía nacional no hacen nada por bajar los precios, o al menos contener la demencial espiral inflacionaria que la especulación desmedida ha desatado contra el pueblo y contra la economía misma de la que se sirven esos sectores de la derecha?

¿Por qué la única medida económica que surge del ámbito empresarial y comercial para frenar los desequilibrios de la economía es solamente el aumentar precios a diario sin ningún tipo de justificación científica ni parámetro alguno de ponderación o análisis de impacto socio-económico, sino la sola necesidad de satisfacer la voracidad de su caja registradora, aún cuando sea eso lo que en efecto está haciendo encarecer la vida de todo el mundo en el país y acabando con las posibilidades mismas del mercado y del comercio?

Pues, porque en realidad esa gente no sabe en lo más mínimo lo que es estructurar políticas de ninguna naturaleza. No saben gerenciar ni siquiera sus propios negocios, a los que por su avaricia y su insensatez llevan intencionalmente a la quiebra, creyendo que adjudicándole la culpa de su propia locura al Presidente de la República les va a ir mejor.

Son gente de una sola Ley; la del embudo. Lo bueno para ellos y el sufrimiento para el pobre, aunque en su avaricia y su irresponsabilidad terminen acabando con la economía.

Big Data… ¿opresión o liberación para los pueblos?

Por: Alberto Aranguibel B.

Desde los orígenes de la guerra como medio de aseguramiento del poder de los más fuertes sobre los más débiles, se dijo que la inversión en el instrumental bélico que requerían los ejércitos estaba más que justificada con el logro de la paz que las conflagraciones prometían.

Jamás ha sido tan cuantiosa esa inversión como hoy en día, y nunca ha estado más lejana la posibilidad de la paz en el mundo. Solamente los Estados Unidos, con un presupuesto anual de 800 mil millones de dólares destinados al requerimiento de su insaciable industria militar, derrocha en armamento más que todo lo que invirtió el mundo entero durante la Segunda Guerra mundial.

Con lo invertido en la exploración espacial, iniciada como parte de la pugna por el liderazgo mundial durante la Guerra Fría, se habría podido sufragar la erradicación del hambre en el planeta por más de mil quinientos años.

A la humanidad se le dijo siempre que tan descomunal gasto se justificaba por los grandes logros científicos que dicha exploración arrojaría en beneficio de todos los habitantes de la tierra.

Hoy, salvo la infinidad de nuevas (y muy poco redituables) incógnitas sobre el universo, el balance es poco menos que desalentador, por decir lo menos, en términos del bienestar y el progreso que supuestamente le depararía al ser humano la eufemísticamente llamada “conquista del espacio”.

Su sola definición remite a la brutal forma de sometimiento que los imperios utilizaron a través del tiempo para imponerse sobre las culturas y civilizaciones originarias que las conquistas diezmaban a su paso.

Lo que a lo largo de la historia se presentaba como el desarrollo de la ciencia y el conocimiento, terminó siendo siempre, en términos más absolutos que relativos, el avance y consolidación de los sectores hegemónicos que detentaron el poder, y que a la larga convirtieron al mundo en la escandalosa desproporción que es hoy en día; más de una quinta parte de la población padece de hambre y miseria, mientras solo el 1 % es dueño de casi la mitad del dinero que gracias fundamentalmente a ese avance de la ciencia y del conocimiento se genera.

La información, estructurada o no bajo sistemas complejos o de inteligencia artificial, no es en sí misma un activo de valor para el desarrollo de la humanidad. Su poder auténticamente transformador dependerá siempre del uso que en cada caso se le dé en un sentido o en otro.

De ahí que la apropiación del conocimiento haya sido desde siempre un objetivo medular de los sectores dominantes, que no han cesado nunca en su empeño en colocar las oportunidades de avance de la humanidad a su servicio. La llamada “patente”, la figura legal del registro de propiedad sobre las invenciones, es una clara evidencia de esa vocación privatizadora del capitalismo sobre el conocimiento.

Con la batalla que libra hoy los Estados Unidos por asumir el control geoestratégico del continente suramericano en particular, el imperio persigue controlar las riquezas energéticas de la región, pero muy fundamentalmente asegurar el inagotable poder que entrañaría la posesión del genoma de la vasta biodiversidad amazónica… información que podría determinar en el futuro la sobrevivencia misma del ser humano.

Esa información de tan inapreciable valor para la hegemonía dominante no puede servir a la humanidad sino como mercancía, en primer lugar, y luego como instrumento de sometimiento de los pueblos, en razón de lo cual para el capitalismo la misma no será nunca de carácter público sino privado.

El Dr. Rick Gilmore, profesor de sicología asociado de la Universidad de Pensilvania, EEUU, lo ha expresado de manera más que gráfica. “No hay -dice de manera sarcástica Gilmore, haciendo referencia al ocioso costo de la exploración espacial- un telescopio Hubble recopilando en la actualidad datos (Big Data) sobre el universo del desarrollo humano para hacerlos más accesibles a los investigadores, que sí tienen muchas preguntas importantes al respecto”.

El catedrático e investigador sostiene que las inmensas oportunidades que se abren hoy con la enorme cantidad de información que se está procesando en el estudio del comportamiento humano, podrían hacer más poderosas y útiles las investigaciones que se llevan a cabo en infinidad de trabajos y de áreas de la salud, pero… si se compartieran.

Algo que no es posible por ahora, en virtud del dominio que ejercen sobre esa información quienes financian a las grandes fundaciones y empresas encargadas de esas investigaciones.

Al decir de Gilmore “Es demasiado difícil para un investigador que quiera reutilizar los datos de otra persona –primero para encontrar a esa persona y luego para reutilizar su conocimiento, para hacerlo interoperable- para construir a la vez nuevo conocimiento”.

“Hay empuje para superar esa limitante, pero hay más tracción para impedir que se universalice la información. El empuje viene dado principalmente por las organizaciones que agrupan a los investigadores, como la National Science Foundation o los institutos nacionales de salud (en EEUU), que son quienes están haciendo las preguntas de verdadero interés sobre la ciencia”, dice.

El caso de los laboratorios farmacéuticos y la forma en que ellos han secuestrado el campo de la investigación farmacológica para orientar los avances científicos en esa área exclusivamente al interés mercadotécnico, es uno entre tantos que podrían mencionarse para ilustrar cómo el fenómeno de la llamada “era de la Big Data”, manejada desde los sectores que cuentan con el poder real de administrar el inmenso flujo de datos estructurados del que hoy disponen, antes que beneficiar a la humanidad pudiera terminar convertido en amenaza.

Si algo padece la sociedad capitalista (además de la perversa explotación del hombre por el hombre y la injusticia social que ella genera) es la alienación de su gente al salvaje modelo consumista que sume hoy en la miseria al ser humano y destruye las posibilidades de soberanía e independencia de los pueblos.

¿Cuál es en verdad el interés del capitalismo en el manejo de toda esa inmensa fuente de información que se mueve segundo a segundo a través de internet, de la telefonía celular, y de los registros de todo tipo que va dejando como huella personal la actuación de cada individuo en el mundo, cuando es el propio capitalismo el que emite a través del medio de comunicación de masas el discurso que moldea hoy el criterio (y la ideología, pudiera decirse) de ese mismo individuo en la sociedad actual?

Lo que persigue la hegemonía dominante del sector corporativo y financiero con el control de la información no es otra cosa que constatar y asegurar la sumisión y la lealtad de ese individuo (de todos ellos) al modelo sobre el cual se sustenta hoy el capitalismo, tal como lo demuestra la experiencia del uso de la Big Data en la reciente campaña electoral de los EEUU por parte de Donald Trump.

El espionaje masivo para ejercer a la perfección esa dominación imperialista de los EEUU sobre la humanidad es el fin último de lo que hoy se presenta una vez más como fundamento del hipotético futuro de bienestar con el que el capitalismo ha ilusionado desde siempre al mundo.

Impedir que el ser humano se exprese por sí mismo y que sea la información de su conducta la que hable por él, se ofrece como el nuevo paradigma del confort cuando en realidad quienes se benefician con ello son los dueños de las grandes corporaciones.

Tal como lo viene planteando el profesor Gilmore, son muchos los que sostienen que el verdadero desarrollo del ser humano hacia el porvenir dependerá de la efectiva democratización de esa inmensa data que se genera permanentemente en el mundo.

Organizar a la sociedad para abrir el camino hacia esa democratización es una responsabilidad ineludible y de muy primer orden para los procesos progresistas del mundo que hoy aspiren a la la transformación profunda de la sociedad en función de la justicia y la igualdad.

En Venezuela, y con ese propósito, el presidente Nicolás Maduro ha emprendido una cruzada histórica que enrumba al país hacia la superación de los severos embates de la difícil coyuntura por la cual atraviesa hoy la economía nacional, con el lanzamiento del Carnet de la Patria. Un novedoso instrumento de organización social apoyado en las más avanzadas tecnologías en el manejo de datos estructurados de los ciudadanos, para combatir  de manera frontal la guerra económica desatada por la derecha contra nuestro pueblo y hacer cada vez más eficientes la gestión y las políticas sociales del gobierno revolucionario.

Un uso perfectamente democrático de la información y la tecnología, que muestra una vez más el rostro humano de la Revolución Bolivariana.

 @SoyAranguibel

Big Data… ¿terminan o comienzan las interrogantes?

Por: Alberto Aranguibel B.

“La democracia es completamente inútil con algo así” Martín  Hilbert

Las revelaciones de Michal Kosinski, doctor en psicometría por la Universidad de Cambridge, en el artículo sobre el uso de la llamada Big Data en las campañas electorales en el que se da cuenta de cómo Donald Trump habría utilizado las tecnologías de la información para asegurar su triunfo, escandalizó a la opinión pública como si tal estrategia se tratara de un fenómeno prodigiosamente novedoso, o más bien de la violación de alguna norma ética para la realización de las campañas electorales, o incluso la trasgresión de algún sagrado derecho de los electores.

En esa entrevista (“Yo no construí la bomba, solo demostré que existía”), Kosinski hace un breve recuento de su experiencia como investigador que utilizaba la técnica de la evaluación de la personalidad desarrollada desde hace casi tres décadas por equipos de psicólogos británicos cuyo gran acierto fue establecer una metodología de deducción a partir del cruce de información con base en cinco preguntas realizadas a cada persona en particular, conocido hoy como el método OCEAN, argumentando que en efecto su trabajo se remonta a los orígenes mismos del largo proceso de masificación de las modernas herramientas informáticas que hoy en día conocemos.

Ciertamente, según aparece publicado en el portal del gigante de la computación International Business Machines (IBM), empresa fundada en 1911 en Nueva York, EEUU, el estudio de la correlación de datos es un área de investigación de naturaleza científica que se remonta a casi un siglo, cuando la idea de la computación era solamente una aspiración de inventores y científicos por alcanzar el futuro tal como se concebía.

Desde entonces hasta hoy, la evolución de la ciencia y el conocimiento en sus más diversas ramas, está determinada por la búsqueda infatigable de la información en todas sus formas, y consecuentemente en los instrumentos que permitan procesar ese creciente caudal de datos para asegurar cada vez más no solo un mayor bienestar para la humanidad sino un mayor control sobre la organización, desarrollo y desenvolvimiento de la sociedad.

Existe hoy en el mundo un proceso casi inverosímil de producción de data de todo tipo, usada de distintas maneras tanto en la industria, como en los gobiernos, los sistemas financieros, de seguridad, y en general por las personas de acuerdo a la naturaleza de su actividad o profesión.

Según IBM esa información va desde la que generamos permanentemente con nuestros celulares o computadoras personales (llamadas, mensajes, correos, videos, fotografías, etc.) hasta las que producen infinidad de censores de todo tipo en aeropuertos, centros comerciales, agroindustria, medidores eléctricos, sistemas GPS, de salud, de educación, entre muchos otros, que sirve hoy al mundo entero para asegurar el mejor funcionamiento de organismos, empresas y proyectos de toda índole.

Una idea de esto lo da el que la red social Twitter procesa cerca de 12 Terabytes de tweets al día (el bit es la unidad básica de la computación. Un Byte son ocho bits. Un Kilobyte son mil Bytes. Un Mega son mil Kilobytes), mientras que Facebook almacena alrededor de 100 Petabytes solamente en fotos y videos. Se estima que sumada toda la data que se produce diariamente a través de las distintas formas de procesamiento informático y de comunicaciones en el mundo, se puede alcanzar la cifra de 2.5 quintillones de bytes por día (dos mil quinientos, seguido de treinta ceros).

Pero el concepto Big Data no está referido solamente a una cantidad específica de información, sino a una nueva forma de entendimiento y de opciones para la toma de decisiones.

Tal como lo describe IBM, Big Data es en realidad la plataforma mediante la cual se puede cuantificar y evaluar toda esa información para distintos propósitos, en lo cual se incluyen sistemas de hardware y de software complejos que permiten reducir el inmenso cúmulo de tiempo y trabajo que tomaría procesarla manualmente, así como aplicaciones específicas destinadas a responder interrogantes en infinidad de áreas de investigación o de trabajo en particular.

Ampliando la inquietante noticia que revela Kosinski en su entrevista de esta semana, el experto en redes digitales Martin Hilbert, ha dicho por su parte que la preocupación no debe estar centrada hoy en la cantidad de información privada que pueda ser procesada sin el consentimiento de la gente con fines comerciales o incluso políticos, sino en la amenaza que ello podría representar para la democracia misma como sistema en el cual se sustenta la sociedad tal como la conocemos.

Refiriéndose al ancestral temor de la gente a ser desplazada en la toma de decisiones por robots con inteligencia propia creados por el mismo ser humano, Hilbert habla de Deep Learning, que es la manera como se ejecuta hoy la Inteligencia Artificial en la más diversa cantidad de aplicaciones y servicios que usamos a diario, como por ejemplo Siri y Google. “Todo está espiado –dice- Y es muy interesante, porque después de Edward Snowden la gente dijo: “¡Qué es esto, pueden ver mis fotos desnudo! Ya bueno, qué tanto”. Nadie se fue a protestar a la calle, la cosa siguió tal cual. La NSA confesó que hizo un par de cosas demasiado ilegales y bueno, esas cosas se arreglaron. Pero las otras no, y cada vez te van a espiar más”.

El problema está en que la mayoría de esa información ha sido siempre autorizada por el usuario, que no ve problema alguno en que Google le espíe todos sus correos, sus llamadas, sus preferencias en internet y hasta sus movimientos de un lugar a otro, si a cambio le da acceso a una aplicación de GPS o de música de manera gratuita.

Se trata, como lo plantea el experto en redes, ya no de la invasión a la privacidad que en un principio preocupaba, sino la supresión de la capacidad de escogencia y hasta de raciocinio para dar paso a un modelo de supra control universal que deja atrás toda noción de parámetros legales y hasta de soberanía, no solo en contra de la voluntad de la gente sino de las naciones mismas.

“El celular –afirma Hilbert- es hoy tu verdadera huella digital. África (donde la tecnología celular hizo lo que nunca pudo hacer la Partida de Nacimiento para determinar la existencia de las personas) es el caso extremo. Pero piensa en América Latina, donde hay tanto orgullo por los censos. El censo de Chile ahora fue un desastre y era una tragedia, ¿no? Pero con los datos de tu celular, si uso solamente lo que se llama metadata, o sea sin escuchar tus conversaciones ni saber con quién hablas, sino sólo con qué frecuencia y con qué duración usas tu celular, con eso yo puedo hacer ingeniería reversa y reproducir el 85% de tus resultados de un censo: si eres hombre o mujer, cuál es tu rango de ingresos, si tienes niños, si estás casado, tu origen étnico…”

La teoría de la segmentación que la mercadotecnia impuso como método decisivo en la optimización de los mercados para todo tipo de producto de consumo masivo, es la base de la esperanza del capitalismo hacia el futuro. Lo que interesa ahí no es la democracia, sino las ventas y en eso sí tienen mucho de razón quienes se alarman con la noticia de que Donald Trump llega a la presidencia con el uso de la Big Data (la misma que usa la empresa privada para controlar sus mercados) como herramienta fundamental de aseguramiento de su triunfo.

Para una revolución como la bolivariana, la pregunta de primer orden en este sentido debiera ser: ¿Interesa a una sociedad guiada por el ideal de justicia y de igualdad social, fundada en un claro principio de soberanía e independencia, el concepto de fragmentación social e individualización a la que obliga la lógica capitalista?

Hilbert asoma una inquietante reflexión: “Claro; el Big Data permite poner a la gente en muchas más cajas que antes no veías, es un arma de fragmentación muy poderosa. Sí, esa es una amenaza […] Si la información fluye globalmente, ¿hasta dónde podremos prescindir de una gobernanza global?”

 “A medida que la Inteligencia Artificial empiece a organizarnos, a programar a la sociedad… entonces este organismo (la sociedad) puede sobrevivir. Hasta me imagino que va a poder producir una consciencia, pero nosotros ni vamos a saber que esa consciencia existe.”, concluye el experto.

Quizás sea ridículo (y hasta cavernario) un planteamiento ideológico en contra de los avances de la informática. Pero entender su verdadera dimensión, alcances y significados, en medio de una guerra mediática como la que enfrentamos desde el gran centro de poder imperialista que es a la vez dueño de Internet, es, al menos, una obligación impostergable.

Ya Rusia empezó desde hace varios años a tomar cartas en el asunto.

@SoyAranguibel

 

 

La “fuga de talentos” es más una manipulación que una realidad

Caracas 23 de febrero.- En conversación con los analistas Tony Boza y Juan Carlos Valdez, Alberto Aranguibel afirmó hoy que el tema de la emigración venezolana se presenta más como parte de una manipulación mediática, que obedece al interés de sectores de la derecha que persiguen reinstaurar el modelo neoliberal en el país, que como un indicador de crisis económica alguna.

La realidad de la inmigración en el mundo es un fenómeno histórico insoslayable que obedece a la naturaleza misma del ser humano en su ancestral afán por la búsqueda de nuevos horizontes, dijo Aranguibel en el programa “Boza con Valdez” que transmite Venezolana de Televisión. “De hecho -sostuvo- en la IV república la movilidad social hacia el exterior era tan importante que los gobiernos de entonces se vieron en la obligación de crear una institución con rango de ministerio, como la fundación Gran Mariscal de Ayacucho, que llevó a miles de venezolanos al exterior en busca de nuevas oportunidades de estudio.”

Argumentó el analista que, a diferencia de la penuria que se ve en la realidad de los países que en efecto padecen crisis humanitarias que obligan a huir a su población hacia el exterior, quienes se van de Venezuela lo hacen en su gran mayoría desde posiciones privilegiadas, en el marco de una economía que, por mucho que atraviesa por situaciones difíciles, tal como lo afirmó, no ha sufrido la crisis de las olas de despidos masivos de trabajadores que se producen en el mundo neoliberal capitalista cuando se presentan coyunturas como las que hoy debe enfrentar Venezuela, particularmente con la caída del ingreso petrolero, que alcanza cerca del 80% del precio que tenía hace dos años el barril en el mercado internacional, ni ha tenido que recortar el presupuesto de los programas sociales, o eliminar la gratuidad de la educación, ni elevar los impuestos.

De propinas y de limosnas

Por: Alberto Aranguibel B.

Hay temas tan confusos para la gente de la derecha que la mayoría de las veces suponen que con ellos acorralan a los revolucionarios y logran algún tipo de triunfo ideológico, cuando en realidad los atrapados son ellos mismos.

Es común en las filas opositoras escuchar a alguien celebrar como un triunfo del capitalismo (y como supuesta evidencia de la farsa que sería el socialismo) el que un chavista vista con alguna camisa de marca o porte un celular de determinado modelo de alta gama.

Por su propia ineptitud y profunda ignorancia, no entienden que los revolucionarios no estamos enfrentados a un celular o a una camisa sino al capitalismo, y al imperialismo que lo promueve, como formas de enajenación del ser humano que explotan al trabajador para producir la riqueza y los lujos que unos pocos ostentan.

Como esos mismos celulares de marca y esas camisas que los capitalistas fabrican en China pagando salarios de esclavitud que ni siquiera en los EEUU les aceptaría ningún trabajador.

Colocan como inmoralidad que un revolucionario use tal o cual prenda, cuando la verdadera inmoralidad es la apropiación inescrupulosa que hoy en día hace la mayoría de la clase pudiente de esa derecha farsante con los beneficios que la revolución, con el mayor esfuerzo que gobierno alguno haya mostrado jamás, le tiene destinados al pueblo, como los vehículos chinos, los equipos electrónicos y de línea blanca para el equipamiento del hogar, y los subsidios a la educación, la salud y la alimentación.

Son farsantes porque, beneficiándose más que nadie con las políticas del gobierno, pretenden sin embargo derrocarlo, únicamente por su arrogancia de clase pudiente que no acepta que el pueblo mande.

Para ellos el pobre tiene derecho solo a las limosnas que la gente de poder adquisitivo, como un acto de expiación de culpas, pueda eventualmente regalarle.

Por eso la difusión tan extendida hoy en día en Venezuela de la propina. Un insulto más de la gente adinerada contra el pueblo, que en realidad no es sino una limosna que se aprovecha de la necesidad del pobre al fomentar la perversa cultura del rebusque y del desprecio al trabajo en la que el rico ve realizada su superioridad de clase.

La propina, hay que decirlo, no es justicia social. Es vejación del ser humano.

J.M. Rodríguez: La paradoja de los datos

Por: José Manuel Rodríguez

Sin duda que en las dos últimas guerras mundiales, con Europa como protagonista, los muertos superaron, por mucho, a los más de diez millones de cadáveres que, luego, sólo los marines de USA dejaron tirados por los suelos de Corea, Vietnam, Camboya y Laos; en Guatemala, Cuba, República Dominicana, Grenada, Nicaragua, Panamá, Haití y Honduras; en los Balcanes, el Levante, el Magreb, las montañas afganas, la mil veces destruida Aram y la antiquísima Somalia. Sin olvidar los 8 millones aniquilados en El Congo con su visto bueno.

Frente a la incontestable realidad de lo anteriormente afirmado, solo un alienado por los datos estadísticos imaginaría que este “descenso” de víctimas confirma científicamente que la humanidad está en la mejor situación de su historia… que es lo que afirma un profesor español en el diario “El País”Pero, es sólo el eco, hablemos del emisor, el psicólogo Steven Pinker, convertido por los medios en rapero académico de Harvard.

Ha ganado numerosos premios en USA y Europa por decir cosas como estas (pónganle ritmo de hip hop): La gente a lo largo y ancho del mundo es más rica, goza de mayor salud, es más libre, tiene mayor educación, es más pacífica y goza de mayor igualdad… Todas las estadísticas señalan que mejoramos… Se trata, obviamente, de uno de los tantos gestores de indulgencias (no gratuitas) para el capitalismo. Señala, sin dejar de sonreír, que la cifra de muertos por guerras es ahora mucho más baja que hace 65 años. Habla de guerras como si fueran asuntos climáticos.

Lo que hace Pinker es defender una vieja convicción colonial: todo el mundo fue antes terriblemente violento, y los pueblos primitivos aún lo siguen siendo… Asume que el brutal savage ha sido domesticado por las naciones que traen civilización pacífica. Es decir, la conquista de América y Africa fue un hecho cívico. Su tesis concluye en lo que debe ser: sólo aquellos que viven en democracias liberales, como los Estados Unidos o Europa occidental, han superado el estado de retraso… Esos 18 millones de asesinados que ya referí, dificultaban tal objetivo.

jmrodriguez  José Manuel Rodríguez

Periodistas defensores de CNN; abogados de la sumisión

Por: Alberto Aranguibel B.

En nombre de la libertad, la democracia y la defensa de lo que ellos llaman “el estilo de vida norteamericano”, los Estados Unidos ha perpetrado las peores atrocidades contra los derechos humanos y la soberanía de los pueblos.

En su propio suelo, esa nación ha estado asolada durante siglos por la inclemencia de un brutal racismo, que hoy coloca nada más y nada menos que en la jefatura del Estado a uno de sus más energúmenos y connotados exponentes.

El anticomunismo, una guerra de verdadero terrorismo sicológico ejercida también en nombre de la libertad y los derechos humanos por los sectores dominantes del gran capital norteamericano contra su propia sociedad, no menos salvaje como cultura que el racismo que ahí se practica, es sin lugar a dudas mil veces más abyecto que todo aquello de lo que el propio imperio ha acusado durante décadas a los regímenes fascistas contra los cuales dice luchar.

La demencial carrera de los organismos militares y de seguridad de la que se presenta a si misma como “la nación más amenazada” del mundo, supuestamente para erradicar el terrorismo, lleva a ese país a ejecutar una destrucción sistemática de pueblos y hasta civilizaciones enteras a lo largo del planeta, infinitamente mayor que la muy eventualmente causada por el terrorismo. Ese genocidio institucionalizado hoy por los Estados Unidos en el mundo a través de su brazo legitimador, la OTAN, se libra también en nombre de la libertad, la democracia y los derechos humanos.

La presentación de esa atroz realidad como una serie de acontecimientos naturales inocuos que no entrañan peligro alguno para la sociedad ni violan principios éticos ni legales de ningún tipo, sino que, por el contrario, en la medida en que su tratamiento por parte de las grandes corporaciones de la información como simple mercancía de entretenimiento los convierten en un activo cultural más para el común de la gente, corresponde a estructuras mediáticas perfectamente desarrolladas para servir específicamente a los intereses del gran capital en su afán de asegurar el respaldo de la sociedad a su modelo económico del libre mercado.

Hoy por hoy las guerras y sus causas o justificaciones no son debatidas en los escenarios del intercambio multilateral entre las naciones de acuerdo a sus intereses geoestratégicos o políticos, sino que son presentadas al mundo por esas corporaciones mediáticas como productos pre digeridos según el criterio de esos consorcios que al espectador solo le es permitido percibirlos como simples hechos consumados.

Lo que se debate en el mundo actual en los escenarios de la multilateralidad diplomática de las naciones, es entonces lo que resulte como necesidad de cada país a partir de su posición en el contexto noticioso mundial. La noticia que tenga mayor impacto en la sociedad será siempre la determinante o desencadenante de los nuevos acontecimientos. De ahí la importancia de primer orden que adquiere el medio de comunicación en el entramado de las superestructuras de la dominación. Utilizar el hecho noticioso para convertirlo en instrumento discursivo que sirva a esos intereses corporativos, es la tarea más urgente e impostergable para la hegemonía dominante hoy en el mundo.

Ese producto es lo que se conoce hoy en día como “información”; hechos procesados desde la óptica del poder del gran capital tras el medio de comunicación por el inmenso plantel de periodistas y comunicadores de las más diversas especialidades y categorías informativas, que sirven a su empleador como auténticos soldados de un gran ejército de asalto para tratar de imponer el neoliberalismo en el mundo.

Quienes emprenden hoy sus airadas protestas contra la disposición cautelar del Estado venezolano de suspender las transmisiones de la cadena de noticias norteamericana CNN en Español en Venezuela, en virtud de su ataque sistemático a la democracia de nuestro país, al derecho de nuestro pueblo a la paz y a la tranquilidad, a la soberanía nacional y a la legitimidad del gobierno bolivariano, lo hacen argumentando la defensa de la libertad de expresión y en apoyo al derecho de información que supuestamente se le estaría violando a la ciudadanía con la medida, usurpando una vez más los derechos de la sociedad en busca del aprovechamiento de los mismos en beneficio de los dueños de esas grandes corporaciones mediáticas y del sistema capitalista imperante.

En particular, llama poderosamente la atención que gremios de profesionales del periodismo como el Colegio Nacional de Periodistas (CNP) y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), sean los primeros en denunciar la medida, cuando se supone que su razón de ser debiera estar orientada precisamente a velar por los intereses de sus agremiados frente a los atropellos del patrono, erigido cada vez más en una poderosa estructura de poder pretendidamente universal y omnímodo cuya voracidad le ha convertido en la más infernal maquinaria de acumulación de riqueza que haya conocido la humanidad, al reducir el control de las casi tres cuartas partes (3/4) de la riqueza mundial a manos de un escaso uno por ciento (1%) de la población. Una apropiación de la riqueza que surge fundamentalmente del control de los medios y de su poder de manipulación de la realidad.

Poder que se demuestra precisamente en la condición rastrera de quienes abogan por el opresor siendo apenas asalariados suyos, al servicio de un interés que jamás podrá ser el de la sociedad porque no emana de ella bajo ninguna forma de expresión soberana del pueblo, sino que deriva del poder del dinero y de su naturaleza perversa y depredadora.

Con su ardorosa defensa de los “derechos” de una corporación mediática cualquiera que esté al servicio del gran capital, los periodistas de esos gremios dejan claro ante el mundo que en su ejercicio regular como trabajadores de la información no son profesionales de la verdad (como algunos llegan temerariamente a sostener) atenidos a principio ético alguno, sino que, tal como lo sostenemos desde la Revolución Bolivariana, son más bien indignos abogados de facto y a la vez artesanos de la urdimbre de la mentira en la que se sustentan hoy esos medios y en definitiva el capitalismo mismo en el mundo.

Más aún si esas corporaciones, como es el caso de CNN en Español, fomentan de manera recurrente la desestabilización, la ingobernabilidad y el estallido social, con el único objetivo de provocar el derrocamiento de un gobierno legítimamente electo, tal como ha sido su práctica sostenida contra Venezuela. Es colocarse abiertamente en contra del débil, del desposeído, del que sin tener acceso a medio de comunicación alguno es víctima insalvable de la manipulación y la tergiversación que desde el medio emana. Es decir, es colocarse en contra de las grandes mayorías de la sociedad.

Surge así de nuevo la impostergable necesidad y el sentido clamor de los pueblos por la democratización del medio de comunicación, a través de un proceso profundamente revolucionario que trascienda los linderos culturales de esa misma pléyade de comunicadores formados bajo la lógica burguesa de la comunicación, y que dé paso definitivo a nuevas formas, nuevos códigos, nueva narrativa, bajo una nueva y más humana concepción del universo.

El filósofo Fernando Buen Abad nos alerta y nos orienta en esa dirección.

 “La Revolución de la Comunicación –dice Buen Abad- debe radiografiar los huesos mismos de toda estructura de comunicación, explorarlos críticamente, desde sus entrañas. Ya la anunció Nicolás Maduro y es indispensable que empujemos entre todos, que hagamos nuestra tal batalla, que ayudemos y nos ayudemos a aprender. Inventar o errar al lado de todos los pueblos. Levantemos continentalmente la bandera de la Revolución de la Comunicación que tiene un futuro magnífico, nadie puede hacerse sordo, todos estamos obligados a levantar la voz.

¿De qué manera hay que explicar lo importante que es la convocatoria de Nicolás Maduro a una Revolución de la Comunicación armada con cuantos medios sea necesario para liberar a la humanidad de todo aquello que la hace prisionera en los límites de sus más elementales necesidades? Habrá que disponer de los mejores logros tecnológicos y las mejores experiencias sociales para convertirnos en militantes de la verdad, transformadores revolucionarios de la conciencia para la creación de una sociedad sin clases, sin propiedad privada. Revolucionarios de la Comunicación militantes en la ciencia, la educación, la tecnología… la poesía, para activar todas las fuerzas sociales en la resolución de los problemas de la vida práctica.”

Esa revolución empieza por ejercer la plena soberanía sobre nuestro espectro radioeléctrico. Tal como lo hace hoy el Gobierno revolucionario del Presidente Nicolás Maduro en nombre de nuestro pueblo.

@SoyAranguibel

La medida cautelar contra CNN es en defensa de la soberanía y del pueblo

Caracas 17/02/2016.- María Alejandra Díaz conversa en su programa Leyes del Pueblo con el analista y comunicador social Alberto Aranguibel acerca de los verdaderos alcances y significación de la medida cautelar tomada esta semana por el Estado venezolano contra la cadena de noticias norteamericana CNN en español.

El Estado Comunal que repudia la derecha… y que niega la izquierda compulsiva

Por: Alberto Aranguibel B.

Alimentada en su esencia por el perverso discurso pro-imperialista de la narrativa cinematográfica, la sociedad que surge de los procesos de transculturización y alienación que Hollywood fomenta entiende el pensamiento de izquierda como una sarta de disparates desquiciados que, desde esa óptica, no responderían de ninguna manera a formulaciones teóricas fundamentadas sino más bien a rasgos salvajes del ser humano en determinadas circunstancias de opresión o de inconformidad.

Para el ciudadano común de la sociedad capitalista el revolucionario es un vulgar desadaptado cargado de odios y rencores irracionales derivados de su condición de pobre, en la que por su propia ineptitud (y no por culpa de más nadie) estaría sumido desde los orígenes de los tiempos.

Su somera, y en la mayoría de los casos inexistente, lectura de la historia, empezando por la de la Revolución Francesa, le hacen ver todo proceso revolucionario como la anárquica destrucción del orden natural de la sociedad impulsada siempre, de acuerdo a esa necia percepción, por una banda de incompetentes sin formación ni capacidad alguna para el ejercicio de la gestión de gobierno.

En la cultura capitalista el éxito, expresado de cualquier manera, se asocia indefectiblemente al capital. Por eso en el cine solo los más acaudalados serán capaces de conducir los procesos que asegurarán el éxito en cualquier ámbito. En consecuencia; los pobres serán siempre los ineptos por antonomasia.

Woody Allen, erigido por décadas en sinónimo de “genialidad” por su audaz y persistente uso del sarcasmo contra las seudo ilustradas élites intelectuales norteamericanas (lo que le valió un sobredimensionado reconocimiento de la izquierda en el mundo entero), satiriza en su película “Bananas” (1971) esa capacidad para el ejercicio de autogobierno por parte del pueblo, a veces de manera simpática y a veces en forma definitivamente repugnante.

El nombre del film en sí mismo es una insolencia contra los países centroamericanos que durante siglos fueron saqueados por empresas como la United Fruit Company, corporación norteamericana que instauró el más pavoroso sistema de explotación de esas naciones, a las que precisamente por esa circunstancia se les llamaba “repúblicas bananeras”.

Abonando la imagen distorsionada del revolucionario en el imaginario norteamericano, Allen coloca a “Espósito”, líder de la rebelión popular que asalta el poder en la ficticia república de San Marcos (que sugiere a cualquier país suramericano), como un auténtico oligofrénico que, una vez llegado al poder luego de la huida por vía aérea del dictador depuesto, comienza a dictar órdenes y decretos insensatos que contrariaban las maravillosas promesas de justicia social con las que conquistó al pueblo durante la lucha guerrillera para alcanzar el poder.

“A partir de hoy el idioma oficial de San Marcos será el sueco –dice en su primera arenga pública el nuevo mandatario en la película- ¡Silencio! –grita para contener el sobresalto de la población ante el desaforado anuncio- Además de eso, todos los ciudadanos de San Marcos deberán cambiarse la ropa interior cada hora y media. Y para que podamos comprobarlo, deberán llevarla por fuera. Así mismo, todos los niños menores de dieciséis años… tienen ahora dieciséis años”.

Algo así como lo planteado por George Orwell en su fábula “Rebelión en la granja” (1945), en la que coloca a los revolucionarios de la novela como animales que se rebelan contra humanos, incurriendo en vicios y torpezas interminables que a la larga no solo no resuelven los problemas que se proponían resolver sino que los agudizan.

Con base en esa grotesca distorsión de los procesos revolucionarios a través de la historia (alimentada, por supuesto, por décadas de anticomunismo brutal promovido por el imperio norteamericano, así como por las deformaciones que la clase dominante burguesa le inocula al individuo a través del sistema educativo formal y de las estructuras de la educación informal) es como buena parte de la sociedad edifica su perspectiva contrarrevolucionaria, incluidos sectores tanto de derecha como de izquierda cuya percepción de tales procesos termina siendo más o menos la misma.

La Revolución Bolivariana no ha estado exenta de esa percepción por parte de quienes desde la izquierda le reclaman lo que supuestamente no habría avanzado en la construcción del modelo socialista y quienes desde la derecha le acusan de exactamente todo lo contrario. Para ambos lo que existe hoy en la Revolución Bolivariana es solo una caricatura al mejor estilo de “Bananas”.

Ulises Daal, parlamentario corredactor de las Leyes del Poder Popular, sostiene que ya en el inicio mismo de la Revolución Bolivariana se emprendió la estructuración del Estado Comunal en Venezuela. En su texto “¿Dónde está la Comuna en la Constitución bolivariana?” (Ediciones de la Asamblea Nacional / 2013), Daal afirma: “La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) es la primera en la historia del constitucionalismo que no fue dictada con el objeto de conservar o mantener las instituciones de la sociedad en la cual fue aprobada, como tampoco para establecer condición pétrea o inmutable de las instituciones que ella misma ordena crear. Ello es así porque al establecerse que el fin supremo de la CRBV es el de «refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural», hace de nuestra carta magna instrumento para el desarrollo de un proceso de transformación social en la dirección de alcanzar ese fin supremo”.

A lo largo de los últimos diecisiete años, la construcción de ese nuevo modelo de sociedad en el que, en la lógica del autor, la democracia no es un estado sino un proceso que conduce a la materialización de las formas de participación popular, se ha pasado de la etapa inicial de superación de la deuda social acumulada, a través de programas como el Plan Bolívar 2000 en un principio y las llamadas Misiones Sociales después, a la etapa de formulación de estructuras de distribución y aseguramiento de justicia social que comprenden la promulgación de Leyes del Poder Popular desde el año 2006 con la Ley Orgánica de los Consejos Comunales, a la que se suman en 2010 las Leyes Orgánicas del Poder Popular; de las Comunas; del Sistema Económico Comunal; del Consejo Federal de Gobierno; de Contraloría Social; de Planificación Pública y Popular; de la Jurisdicción Especial de la Justicia de Paz Comunal; y para la Gestión Comunitaria de Competencia, Servicios y Otras Atribuciones.

Apoyados en las estructuras comunitarias creadas por la Revolución, más de 44.000 Consejos Comunales creados por el pueblo desde 2006 en adelante, y más de 1.300 Comunas construidas hasta finales de 2015 (http://www.mpcomunas.gob.ve), ha sido posible paliar la embestida de la guerra económica desatada por la burguesía contra el pueblo, a través de instrumentos como los Claps, concebidos no como instancia para la entrega de alimentos a la población como parte de una “política populista”, como han querido hacerla ver quienes los critican, sino como mecanismo de activación del Poder Popular para el ejercicio de nuevas formas de autogobierno.

Por eso se ha podido avanzar hoy en la iniciativa emprendida por el Comandante Chávez en 2010, con la creación de la Misión de Justicia Socialista, “Para ir a conformar las casas de Paz, para ir a llevar los fiscales, los jueces y la seguridad armada a las comunidades de los Cuadrantes de Paz. Para ir a formar a los Consejos Comunales en una nueva visión de justicia, para ir a construir realmente la paz territorial”, tal como lo afirmara esta semana el presidente Nicolás Maduro en la instalación del Año Judicial 2017.

Para Chávez, el Socialismo Bolivariano del siglo XXI, no debe ser calco de ningún otro modelo existente o intentado en el pasado, no por hedonismo ideológico de ningún tipo sino porque la idea era avanzar hacia una nueva sociedad sin reproducir los errores del pasado.

Ello obliga a una transición ardua y compleja, que la crisis del precio del petróleo y la guerra económica desatada por la derecha contra el pueblo acentúan y hacen más pesada. Pero que en modo alguno significa que no se está trabajando.

Quizás, en forma autocrítica, habría que aceptar que probablemente no se ha comunicado al pueblo de manera efectiva la complejidad de un proceso tan exigente como el de la transformación que la Revolución Bolivariana comprende, ni la significación histórica y sustantiva de los alcances logrados en la construcción del Estado Comunal al que se aspira.

Una tarea comunicacional impostergable que en efecto pareciera estar cada vez más pendiente.

@SoyAranguibel