El fracasado arrogante que pretendió desconocer la historia

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Por: Alberto Aranguibel B.

“No me interesan los acontecimientos que sucedieron antes de yo haber nacido”
Barack Obama

En medio de la expectativa más grande que recuerde la humanidad con el nombramiento de un nuevo presidente norteamericano, Barack Obama asumía en enero de 2009 como el cuadragésimo cuarto mandatario de la nación más poderosa del planeta, diciéndole al mundo en su discurso inaugural: “Hoy estamos reunidos aquí porque hemos escogido la esperanza por encima del miedo, el propósito común por encima del conflicto y la discordia. Hoy venimos a proclamar el fin de las disputas mezquinas y las falsas promesas, las recriminaciones y los dogmas gastados que durante tanto tiempo han sofocado nuestra política.”

Siendo el primer líder de color de la última nación racista sobre la tierra, la esperanza de millones a lo largo y ancho del mundo de que efectivamente sería la de Obama la más audaz y promisoria de todas cuantas se ofrecieron a resolver no solo los problemas de los norteamericanos, sino de la humanidad entera, fue el sentimiento general.

No importaban ya las calamidades que causaron a los norteamericanos y al resto del mundo los únicos líderes de color que lograron alcanzar antes que él decisivas posiciones de liderazgo, como las que ostentaron en el Pentágono y en la Casa Blanca Colin Powell y  Condolezza Rice, cuyas ejecutorías al frente de sus funciones como los primeros negros que en esa nación llegaban a tales posiciones, llenaron de muerte, destrucción y miseria a casi la mitad del planeta en apenas ocho años del infausto gobierno de George Bush hijo.

Ciertamente, la condición afrodescendiente le imprimía un especial matiz revolucionario a aquel comedido individuo surgido casi de la nada, cuyo aspecto y temperamento lo asociaban más bien con un modesto profesor de filosofía de alguna universidad sureña que a un dignatario ni siquiera medianamente trascendente.

En aquel mismo discurso de asunción se ofrecía sin desmesura como el redentor de modesto carisma que la gente entonces percibía, pero que pontificaba como todo un profeta estricto y riguroso con sus deberes.

“Es bien sabido que estamos en medio de una crisis –decía- Nuestro país está en guerra contra una red de violencia y odio de gran alcance. Nuestra economía se ha debilitado enormemente, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por nuestra incapacidad colectiva de tomar decisiones difíciles y preparar a la nación para una nueva era. Se han perdido casas; se han eliminado empleos; se han cerrado empresas. Nuestra sanidad es muy cara; nuestras escuelas tienen demasiados fallos; y cada día trae nuevas pruebas de que nuestros usos de la energía fortalecen a nuestros adversarios y ponen en peligro el planeta.”

Fue quizás por esa razón que apenas unos pocos meses después de aquellas fulgurantes palabras, el Comité Nobel Noruego en pleno decidió otorgarle (en presencia de su majestad el Rey) nada más y nada menos que el prestigioso Premio Nobel de la Paz “Por sus extraordinarios esfuerzos por fortalecer la diplomacia internacional y la colaboración entre los pueblos”, según explicaron los dignos oferentes en Oslo, aún cuando el recién estrenado presidente ni había hecho hasta ese momento ninguna gira presidencial importante por el mundo, ni había hablado ni una vez en la ONU, ni había enviado a ningún presidente tan siquiera una carta corporativa de salutación que permitiera hablar de él como un promotor de la diplomacia internacional.

El rebuscado “tumbaíto” de hombros, tan propio del más engreído rapero del Bronx, con el que empezó a caminar desde aquel día, dejando atrás la natural sencillez que hasta entonces le caracterizó, fue el primer indicio de que la humanidad entera lo había perdido.

Sus poses arrogantes (y hasta ridículas) fueron cada vez más insoportables hasta en los recintos más reaccionarios del mundo capitalista. Su sinuosa miradita de beatífica condescendencia frente al teleprompter sobrepasó la más elemental seriedad desde el momento mismo en que de manera completamente gratuita y sin justificación alguna le hicieron creer en Oslo que él era el bombón de chocolate que la humanidad esperaba para rendirse a sus pies.

Y así, con esa soberbia que más que de presidente es de desclasado de la más repugnante estirpe,  actuó en todos los escenarios a donde fue a llevar, no un mensaje de concordia y de amistad como sentenciaba en su perorata inaugural, sino el desplante de la prepotencia imperialista de la que se jactó a lo largo de todo su oscuro mandato.

Esa tan despreciable actitud de insoportable arrogancia, fue la que a la larga terminó minando el piso de la que pudo haber sido una notable figuración en la historia. Una historia de la que se burló en imposturas inauditas, no en una o en varias sino en infinidad de oportunidades, en las que se dio el tupé de justificar los cientos de miles de muertos causados antojadiza y arbitrariamente por la nación que él presidía, con su recurrente frase referida a la insignificancia que para él tienen los acontecimientos que sucedieron antes de que él naciera.

Poco a poco, declaración tras declaración, fue cavando su propia tumba en el último foso de la historia pero no con palas sino con micrófonos. Como aquella infeliz proclama en la que alardeaba precisando que “A algunos países hay que torcerles el brazo”, como si de su madre correteándolo por el frondoso patio de su casa se tratara.

Con esa confianza desbordada en sí mismo (exactamente igual a la de los tiranos a los que dijo siempre repudiar) lanzó más bombas sobre pueblos inocentes que ningún otro de sus predecesores desde los tiempos del genocida Harry Truman.

Mientras esa destrucción por él ordenada avanzaba, en su país renacía el horrendo engendro del racismo como no sucedía desde hace más de medio siglo cuando los negros eran cazados en las calles de ese país como si fueran animales. Se disparaba la miseria como nunca antes en la historia en tiempos de paz, llevando el hambre y la exclusión a más de 40 millones de habitantes que claman al cielo por un mendrugo de pan en esa que se dice la más grande y poderosa economía de la tierra. La cifra de ataques homicidas creció bajo su mandato como nunca antes, haciendo terrorífica la experiencia de acudir a cualquier centro comercial. La invasión a la privacidad de las personas a través de internet alcanzó niveles demenciales.

Ninguna de sus demagógicas promesas fueron cumplidas a lo largo de su extenso mandato (extendido por una reelección). Ni el cierre de ese oprobio de arrogancia imperialista que es Guantánamo, ni el cacareado sistema público de salud para los pobres del que tanto habló, sin mostrar la mínima intención apenas por impulsarlo.

Ni siquiera el desbloqueo a Cuba llegó a concretar, a pesar de la estridente fanfarria con la apertura hacia la isla.

Su insolente atropello a Venezuela declarándole amenaza inusual y extraordinaria, fue quizás la gota que derramó el vaso de su cinismo y su impudicia, al intentar destruir, cual bandolero de la peor ralea, la democracia participativa más avanzada del continente (y cuidado si no del mundo) solo por su degenerado afán de asaltar las riquezas y recursos naturales de nuestro pueblo.

No cumplió ninguna de sus delirantes promesas. Pero tampoco pudo derrocar a la Revolución Bolivariana, como a todas luces fue siempre su propósito fundamental.

Fracasó y con él fracasó el más poderosos imperio de la historia frente a la cohesión del pueblo y al sentimiento de lealtad revolucionaria que Chávez sembró en el alma y en la conciencia de las venezolanas y venezolanos de bien que creen y profesan la paz que hoy reimpulsa con la mayor entrega el presidente Nicolás Maduro.

La historia, ese innegable acontecimiento del que surge la grandeza inextinguible de los pueblos, jamás pudo ser ocultada por emperador alguno. Como tampoco pudo hacerlo Obama por mucho que lo pretendiera.

La Revolución Bolivariana seguirá avanzando, con el tesonero esfuerzo en función de la Patria que le ha permitido superar los obstáculos y las embestidas de la derecha nacional e internacional, hasta vencer, como de seguro vencerá, la canalla que desde el imperio la amenaza y la agrede.

Mientras tanto, Obama transitará languideciente el camino del olvido para convertirse de manera inexorable en el polvo cósmico al que se redujeron siempre aquellos que alguna vez intentaron rendir y arrodillar al noble pueblo de Bolívar.

¡Hasta nunca, miserable!

Eva Golinger: Trump: De charlatán a tirano, la cara más vulgar del imperio malvado

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Por: Eva Golinger

¡Bom bom bom bom ba bom bom ba bom! Esta mañana me desperté con la música pegajosa de ‘La marcha imperial’, la banda sonora del imperio malvado de ‘La guerra de las galaxias’. ¡Bom bom bom bom ba bom bom ba bom! No me la puedo quitar de la cabeza y no porque mi hijo de casi cinco años es un apasionado de ‘Star Wars’, tanto como yo hace 40 años. ¡Bom bom bom bom ba bom bom ba bom! ‘La marcha imperial’ es la música perfecta para un día como hoy. ¡Bom bom bom bom ba bom bom ba bom!

Hoy, la cara más vulgar, grotesca, ignorante, misógina, racista, xenófoba y salvajemente capitalista explotadora del imperio estadounidense asume el control de la Casa Blanca y de los códigos secretos del arsenal nuclear más poderoso, y peligroso, del mundo. Realmente da terror. Donald J. Trump toma posesión como el 45 presidente de Estados Unidos de Norteamérica y a pesar de las multiples razones para que él no llegara allí, pues allí está y estará durante los próximos años, guste o no. Yo sé que a muchos de ustedes que leen estas líneas les gusta Trump, o piensan que Trump será mejor que Barack Obama o Hillary Clinton, quienes de igual manera ejecutaban la política intervencionista y belicista de Washington contra los pueblos del mundo. Yo les digo que están equivocados.

Trump es un charlatán de los peores que hay. Ha hecho su “fortuna” (no sabemos realmente lo que tiene porque se negó a mostrar copias de sus impuestos en pleno desafío de la tradición estadounidense de transparencia) vendiendo su nombre a otros proyectos, y no porque él haya liderado una empresa exitosa de construcción y bienes raíces. Y de las empresas que él tiene, varias han quebrado, declarándose en bancarrota, y otras han sobrevivido solo porque explotan a trabajadores inmigrantes sin documentación en Estados Unidos, o porque tienen sus fábricas en terceros países donde pagan salarios miserables. Cosas que el propio Trump (hipócrita) dice que son “antiamericanas” y que él como presidente no va a permitir.

Trump utilizó un discurso de populismo barato con recetas de racismo, misoginia y nacionalismo durante la campaña electoral para lograr un apoyo significativo del sector blanco, obrero y rural. Pero es una mentira pensar que ese sector lo llevó a la Casa Blanca. La mayoría del apoyo que recibió Trump en las urnas vino del llamado ‘1%’, los ultra ricos, los multimultimillonarios. Y justamente son ellos los que conforman su gabinete, no es “el pueblo”, tal como Trump había prometido. Hasta ahora, el gabinete de Trump es el menos diverso y más rico de la historia reciente de Estados Unidos. Tremendo cambio de tener un presidente afroamericano con un gabinete lleno de colores, géneros y orígenes. Ahora Estados Unidos vuelve a sus raíces originales, cuando los hombres blancos, ricos, racistas y terratenientes eran los únicos que podían alcanzar el poder.

He visto con alarma las declaraciones de algunos líderes latinoamericanos halagando a Trump y manifestando sus deseos de trabajar con él para una mejor relación entre Washington y la región. Entiendo que no quieren comenzar la relación bilateral de forma negativa y hay que aparentar, por lo menos, la mejor disposición diplomática. Pero el que tenga ojos que vea, el que tenga oídos que oiga. En uno de sus discursos durante la campaña, Trump dijo algo que debería llamar la atención a países en la región como Venezuela, Bolivia, Ecuador, Brasil y México. En referencia a la guerra en Irak, la cual Trump criticó mucho, dijo, “Si fuera yo el presidente hubiéramos bombardeado al país y quitado todo su petróleo. No lo dejaríamos para ellos”. Cree lo que dice, él es un tirano y los tiranos no exageran sus deseos de dominación y violación. Cuidado Venezuela, que tienes las reservas más grandes de petróleo del planeta y ya los dirigentes antigubernamentales tienen el oído de Trump. Cuidado América Latina.

Trump ha nombrado al jefe ejecutivo de Exxon, Rex Tillerson, para ser su secretario de Estado. Creo que eso habla por sí solo. Nada que ver con un gobierno para el pueblo. Y de nuevo, cuidado Venezuela.

Su secretaria de Educación, Betsy Devos, quiere eliminar la educación pública. Ajá. Y ya el Congreso republicano, bajo el mandato de Trump, ha votado para eliminar el programa de salud de Obama, dejando a más de 20 millones de personas (incluyéndome a mí y a mi hijo) sin seguro médico. No han propuesto nada a cambio hasta ahora. Mejor para ellos que las personas sin seguro se mueran de sus problemas médicos, o se vayan a la bancarrota. A los Estados Divididos de Trump no les interesa ni la salud ni la educación del pueblo. Cuidado niños y niñas.

La guerra contra los latinos, las mujeres, los afroamericanos, los indígenas, las personas de distintas preferencias sexuales, tendrá ya su plataforma legítima desde la Casa Blanca. No hay ni un solo hispano en el gabinete de Trump, por primera vez en más de 30 años del Gobierno estadounidense. No es ninguna sorpresa. Trump se declaró tempranamente en su campaña como enemigo de nosotros. Cuidado pueblo.

El jefe de la Agencia de Protección Ambiental de Trump ha instado previamente a eliminar esa agencia, es un negador del cambio climático, como Trump mismo y su secretario de Estado. Cuidado Pachamama.

Los peligros son reales con Trump en la Casa Blanca, mucho peor que con cualquier otro presidente de los Estados Unidos. Aquí solo he mencionado algunos. Apenas esto está comenzando y créanme que pronto todos se darán cuenta.

Lo peor de todo, lo que más nos amenaza como humanidad y planeta con el emperador Trump en la Casa Blanca es algo que no me dejó dormir anoche, y no sé si me dejará dormir durante los próximos cuatro años. Hoy, Trump recibió la tarjeta con los códigos del arsenal nuclear de Estados Unidos, un arsenal que podría acabar con nuestro mundo, con todos nosotros. Ahora él carga esa tarjeta consigo en su bolsillo y puede utilizarla cuando le da la gana. Y los que controlan las armas nucleares tienen que obedecerlo, así de simple. Sabiendo qué fácil es provocar a Trump por Twitter o por cualquier medio, estamos todos bajo un peligro inminente. Cuidado humanidad.

¡Bom bom bom bom ba bom bom ba bom!

eva-golinger Fuente: Eva Golinger / Actualidad RT

Hollywood: el acusado dedo que hoy acusa

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Por: Alberto Aranguibel B.

Sin llegar a ser una denuncia ni siquiera medianamente elaborada contra el macartismo que azotó durante más de una década a la sociedad norteamericana en los albores de la guerra fría, “El Testaferro” (The Front, Martin Ritt, 1976) es sin embargo uno de los testimonios más fehacientes de la crudeza con la que el anticomunismo arremetió contra los derechos civiles en ese país, en particular en la industria del cine y la televisión, a través de una de las más brutales “cacería de brujas” que la humanidad haya conocido desde los inicios de la llamada Era Moderna.

En la película, protagonizada por Woody Allen en uno de sus inusuales trabajos cinematográficos en los que no interviene ni como director ni como guionista, se trata en clave de humor (a veces negro) el fenómeno de la razia anticomunista desatada contra los trabajadores, escritores, directores y actores, del cine norteamericano que fueron víctimas de acusaciones de supuestas prácticas antiestadounidenses, las más de las veces infundadas y falsas, que acabaron con la carrera (y hasta con la vida en muchos casos) de cientos de personas ligadas de una u otra forma al espectáculo en esa nación.

No hubo a lo largo de todo aquel nefasto periodo artista alguno que no fuese presa del terror que se esparció por todo Hollywood con aquella brutal persecución a la que se deben obras como “Las brujas de Salem”, de Arthur Miller, y la propia “El Testaferro” de Ritt, entre muchas otras, en las que se pone de relieve el carácter violatorio de todo derecho humano que comprenden tales practicas condenatorias, que no respetan el principio fundamental de las leyes según el cual “nadie es culpable hasta tanto no se le compruebe su culpabilidad”, o que utilicen como “prueba” la confesión que surge de la tortura o de la simple presunción del delito.

Charles Chaplin fue víctima de esa irracionalidad. En sus memorias cuenta cómo, antes de decidir autoexiliarse de por vida de ese país precisamente por el horror del macartismo, fue interpelado de manera insolente por funcionarios del Departamento de Inmigración de los EEUU, quienes en medio de un sinfín de preguntas descabelladas y ridículas le preguntaban incluso acerca de su vida sexual como elemento indagatorio.

Con el macartismo, los artistas de Hollywood fueron objeto del más vergonzoso acto de injusticia y de infamia que una sociedad pueda soportar, porque además del vejamen al que eran sometidos en su gran mayoría, estaba el bochorno de la cobardía que dejaban al descubierto quienes aceptaban convalidar con su silencio los atropellos de los que sus colegas eran víctimas, o peor aún, de la inmoralidad que significaba delatar a alguien para salvarse de caer en las listas negras de la fascista política del Estado norteamericano, o simplemente para regodearse en el más ruin conservadurismo, tal como lo hicieron de manera impúdica Gary Cooper, Ronald Reagan, Walt Disney, Cecil B. De Mille y Robert Taylor, entre otros.

Obras como Robin Hood y Espartaco, formaron parte de los más de 30.000 libros e historias que fueron prohibidos arbitrariamente por la Comisión de Actividades Antinorteamericanas del Congreso estadounidense, cuyo delirante anticomunismo le llevó a incluir en la lista de organismos censurados nada más y nada menos que a la Asociación de Consumidores de los Estados Unidos, por su intensa labor contra los productos de mala calidad que se fabricaban en ese país, lo cual era considerado por McCarthy como una aviesa operación desestabilizadora orquestada por los soviéticos.

Pero no pasó mucho tiempo para que las Fuerzas Armadas de ese país (el Pentágono) se percataran de la equivocación que estaba cometiendo el sector político norteamericano (el Congreso), que mediante su insensata y delirante cacería de brujas colocaba como enemigo al más poderoso instrumento de propaganda existente sobre la tierra.

En Estados Unidos, el poder de los medios de comunicación, particularmente el cine y la televisión, está en manos de los mismos dueños del poder de fuego del ejército, es decir, de la industria bélica que se alimenta de las guerras.

Fue desde el Pentágono desde donde se le puso freno a los desmanes del desquiciado McCarthy y de su Comisión de Actividades Antinorteamericanas, y desde donde se rescató el carácter de promotor de la guerra que el ejército necesitaba para dar cumplimiento al ideario de democracia neoliberal tutelada que el imperio se propone instaurar en el planeta.

Desde entonces el cine norteamericano ha estado eminentemente al servicio de la propaganda pro imperialista que presenta a los Estados Unidos como rector de ese modelo de sociedad, en donde, a diferencia de lo que planteaba McCarthy, el enemigo se encuentra fuera de sus fronteras, a lo largo y ancho del planeta, y no dentro de ellas, razón por la cual no debiera importar jamás a ningún estadounidense si su presidente es blanco o es negro, si es republicano o demócrata, o si es político o empresario, siempre y cuando sea norteamericano y profese lealtad a la Constitución y al ideario de sus Padres Fundacionales.

Por eso la confrontación que las corporaciones mediáticas de los Estados Unidos han desatado contra el presidente electo Donald Trump, incluso desde la fase de precampaña electoral, es absolutamente ilógica.

En un acto de verdadera destemplanza y sin ninguna ilación ni coherencia con el tono del evento, la actriz Meryl Streep tuvo a bien soltarse durante la entrega de los premios Globo de Oro, que otorga la Asociación de Periodistas Extranjeros en Hollywood, una andanada contra Trump, acusándolo de burlarse en algún momento de un periodista discapacitado, lo cual fue considerado por la prensa mundial como el inicio de una batalla entre la meca del cine y el nuevo mandatario.

“Fue en ese momento, cuando la persona que, aspirando al sillón más respetado de nuestro país, imitó a un periodista discapacitado. Alguien a quien supera en privilegios, poder y capacidad de defenderse. Cuando vi eso fue como si se me rompiera el corazón. Todavía no puedo sacármelo de la cabeza porque no sucedió en una película, sino en la vida real”, decía la actriz en aquel momento, sin mencionar de ninguna manera cuál fue su reacción hace cinco años cuando la entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton (candidata que Streep apoyaba en la recién concluida contienda electoral norteamericana) soltaba en un programa de televisión transmitido al mundo entero una histérica carcajada por la muerte de Muamar Gadafi a manos de rebeldes libios por ella financiados.

Siendo los dueños de los medios los mismos dueños de las guerras, era lógico que su candidato (o candidata) ideal sería aquel (o aquella) que les ofreciera las mejores perspectivas para la consolidación y evolución de su negocio. Por eso jamás apostaron al candidato, Trump, que prometía revisar el tema del intervencionismo norteamericano en el mundo, sino más bien a la que desde siempre ha dado pruebas de su lealtad al modelo belicista que ella misma, Clinton, ha promovido más que nadie en ese país a lo largo de los últimos veinte años.

A los ejecutivos de Hollywood no les importa en lo más mínimo quedar hoy al descubierto como inquisidores, ni siquiera a pesar de la historia de persecución anticomunista de la que fueron objeto con el macartismo. La dignidad no es un rasgo que defina a la industria con la que se engaña a diario a la humanidad con la idea del supuesto bienestar que le aseguraría al mundo el capitalismo.

El ataque de Streep contra el magnate-presidente, fundamentado muy probablemente en los rumores de supuesta alianza entre Trump y el presidente de Rusia, Vladimir Putin, difundidos por los mismos medios de comunicación sin pruebas ni sustento alguno, tiene exactamente el mismo carácter, ya ni siquiera del macartismo (que sería suficiente para avergonzarla) sino de “Las endemoniadas de Loudun”, aquellas monjas ursulinas que en 1634 hicieron incinerar en la hoguera pública al noroeste de Francia al inefable cura Urbano Grandier, cuya fama de sacerdote bonchón le granjeó el desprecio de la beatería del pueblo, pero que de ninguna manera era brujo ni ni mucho menos partidario de Satán como las perversas monjitas le dijeron al mundo en venganza por la negativa del tarambana cura a ser su confesor y, por ende, cómplice de las vagabunderías a las que las inquietas seguramente se prestaban a lo interno del convento.

Si, tal como afirma la actriz en su inconexa perorata de rebuscada rebeldía, el propósito de Hollywood es “tomar el corazón roto y convertirlo en arte”, entonces es fácil colidir que lo que se avecina desde el poder mediático norteamericano con el mandato de Donald Trump no es precisamente una lucha por la profundización de una verdadera libertad y una auténtica democracia, sino un nuevo aluvión de intolerancia propagandística del cine y la televisión del imperio en la búsqueda de recuperar y hacer cada vez más anchuroso y rentable el camino de la guerra que la Clinton ofrecía.

@SoyAranguibel

El imbécil abandono

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Por: Alberto Aranguibel B.

A falta de un instrumental ideológico medianamente presentable, la derecha suele apelar a la dramatización para tratar de influenciar a su audiencia y hacerla permeable a su perversa propuesta neoliberal.

El drama que durante décadas montó el imperialismo norteamericano aterrando a la humanidad con la amenaza que supuestamente representaba el modelo soviético instaurado en Rusia, solo ha sido capaz de ser superado por una ridiculez de similares o mucho más desquiciadas proporciones, como lo del “peligro” que representaría hoy para la seguridad del mundo el jaqueo de las computadoras del Pentágono por parte de uno que otro cibernauta ruso.

Que Estados Unidos continúe a estas alturas intentando atemorizar a la gente con ideas pueriles y descabelladas cada vez más parecidas a los delirantes e irreales argumentos de la filmografía del espionaje de ficción a la que nos tiene acostumbrados Hollywood, es por lo menos ridículo.

Pero la vergüenza no parece ser el rasgo más sólido ni para los políticos de la derecha ni para las corporaciones mediáticas que les hacen el coro tratando de instaurar como valedera esa desquiciada hipótesis del “coco” ruso.

Siguiendo los pasos de sus mentores, la derecha venezolana hace alarde de la misma imbecilidad con la que actúan los zafios estrategas del norte, urdiendo expedientes cada vez más demenciales y ridículos para tratar de acabar con la revolución bolivariana e intentar destituir mediante argucias de raterismo político al presidente Nicolás Maduro.

Como sacados del pote de basura de las oficinas de la MUD, retoman acusaciones desahuciadas, es decir; mil veces desmontadas por el chavismo, como lo de la nacionalidad del primer mandatario, haciendo siempre más bulla que cabuya y sin importarles en lo más mínimo el inevitable ridículo que de manera inexorable harán sin llegar a engañar jamás ni al más despistado de los venezolanos.

La idea de pretender “posicionar” mediante cuatro gritos destemplados en la AN su tesis del “abandono del cargo” por parte del Presidente, cuando es la oposición misma la que ha incumplido como nadie en el país con sus obligaciones laborales en todos los cargos públicos bajo su responsabilidad, además de un melodrama fatuo e insustancial, no puede ser sino un acto de imbécil cinismo.

¿Cayeron por inocentes?

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Por: Alberto Aranguibel B.

La biblia habla de una feroz persecución de niños menores de dos años ordenada por Herodes para deshacerse del recién nacido Jesús de Nazaret, con lo cual usa la acepción de inocencia que describe al puro de alma, al libre de toda maldad y perdición mundana.

Pero en Venezuela, el inocente que se conmemora tal día como hoy, 28 de diciembre, es el pendejo. Aquel que por culpa de su ineptitud no pega una, y termina siempre sometido al escarnio y a la burla de los vividores.

En la derecha nacional e internacional que apostó a la reinstauración del neoliberalismo en el país apenas el Comandante Chávez fuese sustituido por cualquier otro líder revolucionario, de los muchos con los que cuenta la revolución bolivariana, no es fácil saber quién cayó por inocente bíblico y quién por inocente criollo.

Si algo ha demostrado la fortaleza adquirida por el Presidente Maduro enfrentando las feroces arremetidas de esa derecha terca y obtusa que subestima de manera tan demencial la dimensión y el arraigo popular del proceso chavista, es precisamente la ineptitud del modelo neoliberal para aglutinar en torno a su propuesta mediante el ardid de la guerra económica a la masa irredenta que es el pueblo.

Creyó esa derecha, por arrogante y necia, que que el liderazgo revolucionario chavista era un vulgar séquito de alabarderos del Comandante y que no habría nadie capaz de calzar su talla, con lo cual retornar ella al poder sería cosa de coser y cantar.

Jugó duro desatando la violencia y generando muertes por decenas. Lanzó su furia corporativa encima del pueblo con la especulación y la usura, como tratando de medir su poder de fuego con el Gobierno. Llamó a su “hermano mayor”, y le imploró que cercara al país desde todos los foros internacionales, rogándole incluso que procurara la ruina de nuestra principal industria con su trampa del ”fracking”. Impulsó un brutal ataque internacional a la moneda, convencida de que quien perdería sería la población y no ella misma.

El presidente Maduro la derrotó en cada oportunidad, cada vez con mayor capacidad de control, decisión y coraje, asegurando siempre el bienestar del pueblo y sin sacrificar ni un ápice de nuestra soberanía.

No es fácil saber si esa derecha cayó por inocente o por pendeja en verdad.

Consignas libertarias

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Por: Alberto Aranguibel B.

“¡A que no te atreves, Maduro, a ponerme preso!”, fue la primera que gritó Leopoldo López frente a una multitud de unas 40 personas en las inmediaciones de la Plaza Venezuela, días antes de anunciar públicamente su plan de “la salida”.

La consigna evidenciaba el interés de mostrarle al mundo el arrojo y la valentía que han fingido siempre los opositores para hacerle creer a la gente en una supuesta irreductibilidad del nuevo liderazgo contrarrevolucionario, que anhela desplazar a la desvencijada y decadente oposición venezolana que no se atrevía a incendiar las calles ni a provocar destrucción y muertes por decenas, tal como lo propone esa nueva derecha.

Su gente salió, incendió y asesinó y lo metieron preso.

De ahí en adelante, después de 43 muertos, 800 heridos, miles de millones en pérdidas alcanzados con la destrucción por él promovida, se activa el plan verdadero; viajar por el mundo pidiendo la libertad del “preso político” para fabricar un liderazgo que catapulte a López a la presidencia sin tener que lidiar con nadie en La MUD.

“¡Liberen a Leopoldo!” fue entonces la segunda. Exigir primero que te metan preso para pedir luego que te liberen no tiene mucho sentido. Pero eso es lo que hay.

Aparece la tercera: “¡La libertad no se negocia!”, ideológicamente mucho más elaborada y con una carga emocional bien calculada que demuestra la inequívoca convicción de una gente que no acepta acuerdos y que está dispuesta a incendiar de nuevo lo que sea en defensa de sus ideales.

Gritar a los cuatro vientos que la libertad no se negocia, después de recorrer el planeta rogando por la libertad a como diera lugar, no es muy coherente que se diga. Pero, ahora, eso es lo que hay.

Una vez instalada la Mesa de Diálogo que el país pide con desespero, lanzan un nuevo grito de guerra: “¡Si no liberan a Leopoldo, nos paramos de la mesa de diálogo!”, demostrando que la libertad no se negocia… salvo que sí haya que negociarla.

Se alistan las líneas aéreas para recibir a la viajera de la libertad, esta vez cargada de cadenas con las que se amarrará en medio de la fría soledad de la medianoche frente al Vaticano.

La valentía opositora es distinta a las demás; es maleable, acomodaticia y multifuncional. Sus consignas son una clara demostración de ello.

La mentira que por fin ha muerto

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“La propaganda puede ser aprendida. Debe ser conducida solo por un fino y seguro instinto para percibir los sentimientos siempre cambiantes de la gente”

Joseph Goebbels

Por: Alberto Aranguibel B.

La máxima según la cual “una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad” ha trascendido a lo largo de más de 60 años como la viva imagen del cinismo propagandístico que puede llegar a ser ejercido desde las esferas políticas, pero a la vez como una de las más ingeniosas y eficientes fórmulas para la construcción de marcas, conviviendo, por cierto, estas dos acepciones filosóficas en un mismo limbo ético que a nadie llegó jamás a perturbar, atribuida generalmente a quien se considera el padre de la propaganda moderna.

Lo cierto es que Goebbels jamás dijo nada semejante. El origen de la equívoca leyenda se encuentra en un artículo del alto dirigente nazi, publicado el 5 de octubre de 1941 en el periódico Das Reich, en el cual Goebbels sentía un particular orgullo de editorializar semanalmente desde 1940 para promover el ideario nacionalsocialista y responder desde ahí a los embates propagandísticos de los enemigos de la Alemania nazi.

En ese texto, Goebbels, cuya filosofía como profesional de la comunicación era la inconveniencia de “la mentira” como instrumento de convencimiento, se expresaba de las campañas de propaganda que Inglaterra y Rusia orquestaban contra Alemania, de la siguiente manera: “la propaganda inglesa y bolchevique pensó que le había llegado su hora. […] siempre hicieron predicciones falsas. Todavía tienen las agallas de mostrarse ante el mundo como puros e incorruptibles fanáticos de la verdad que se presentan como son, mientras alegan que nosotros abolimos la libertad de expresión, envían mentira tras mentira al mundo, y tanto mienten que ya no sabemos cuál es la verdad” (La materia de la peste, Das Reich, 5 de octubre de 1941).

LA VERDAD VERDADERA

Tal como lo expuso en varias oportunidades, la mentira no debía ser la base de la propaganda política, simplemente porque la gente tiene siempre una muy superior capacidad para reconocer la verdad a través de los hechos. Ya en su discurso anual ante el congreso nazi en 1934, en Nuremberg, decía lo siguiente: “La buena propaganda no necesita mentir, en efecto puede no mentir. No tiene ninguna razón para temer a la verdad. Es un error creer que la gente no puede asimilar la verdad. Lo puede. Es sólo cuestión de presentar la verdad a la gente de manera que pueda entenderla. […] no es sólo cuestión de hacer las cosas correctamente, la gente debe entender que lo correcto es lo correcto” (Der Konfress zur Nürenber, 1934, Munich: Zentralverlag der NSDAP, Frz. Eher Nachf, 1934, pp. 130-41).

En esa misma pieza oratoria de 1934, sostenía claramente que “la propaganda puede ser en favor o en contra. Pero en ningún caso tiene que ser negativa. […] nos hemos auxiliado creando cosas reales, no ilusiones“.

A partir del mito, achacado sistemáticamente por la propaganda occidental a Goebbels con el objeto de detractarlo y disminuir así los alcances que, independientemente de sus convicciones políticas, haya podido tener como estratega de las comunicaciones (fundamentalmente por aquello de que la historia la escriben los vencedores para justificar los horrores de la guerra, atribuyéndole al vencido el carácter de responsable de todos los males que ellas ocasionan a la humanidad), se impuso la creencia generalizada entre los improvisados creadores de mensajes políticos y publicitarios en general, según la cual el uso de la mentira como instrumento excepcional para la modificación de conducta y creación de percepciones en el individuo permitiría siempre obtener el favor de las masas.

Nada más falso desde un punto de vista histórico y científico.

En realidad lo que se conoce como “las leyes de la propaganda” atribuidas al renombrado dirigente nazi, no es sino el resumen que de manera arbitraria elabora el profesor emérito de la Universidad de Yale, Leonard W. Doob, a partir de lo que él mismo señala en su libro “Principios de la Propaganda de Goebbels“, publicado en 1950 por la Universidad de Oxford en cooperación con el Instituto Americano para la Investigación de la Opinión Pública, en plena efervescencia de la Guerra Fría, que “se basa en una lectura cuidadosa de documentos escritos y no escritos por Goebbels, que reposan en la librería del Instituto Hoover para el Estudio de la Guerra, la Paz y la Revolución, de la Universidad de Stanford” que “no necesariamente son una relación exacta y verdadera de su personalidad, ni como persona ni como propagandista“. (Goebbels’ Principles of Propaganda, Doob, The Public Opinion Quarterly, Vol. 14, No. 3, (Autumn, 1950), pp. 419-442)

Leonard W. DoobLeonard W. Doob

La “objetividad” de Doob para la apreciación de las ideas de Goebbels queda completamente en entredicho cuando se sabe que el mismo se desempeñó durante la Segunda Guerra mundial como encargado de la OWI (United States Office of War Information) en Europa, una oficina creada por los Estados Unidos para el trabajo de contrainformación y propaganda cuyo propósito fundamental era precisamente el de operar como una máquina para la producción de materiales que aparentaran ser propaganda nazi para ser distribuidos en Alemania y en el resto de Europa durante todo aquel período. Un verdadero trabajo de guerra sucia llevado a cabo bajo la denominada modalidad de “ataque de bandera falsa” en la cual Doob se convirtió en todo un experto.

propaganda gringa en alemaniaPropaganda usada por los EEUU en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial – Leyenda: “Una nación, un gobierno, un líder, un canal de noticias… FOX News, el canal oficial de las noticias de la Patria” –

En síntesis, tanto el libro de Doob como la obvia subjetividad con la que debe haberse realizado la investigación en la cual se fundamenta, demuestran que el tan difundido manual de propaganda (más parecido a un panfleto anti-nazi que a ninguna otra cosa) jamás fue escrito por Goebbels, quien, como hombre sólidamente formado, como intelectual y como profesional, es evidente que jamás habría llegado a afirmar la sarta de barbaridades que en ese apócrifo documento se le atribuyen. Fue gracias a la libre interpretación del entonces agente de propaganda norteamericano que la frase del editorial “La materia de la peste” escrito por Goebbels en 1941 ( “… envían mentira tras mentira al mundo, y tanto mienten que ya no sabemos cuál es la verdad”) pasó a ser la infame pero muy conveniente sentencia para los intereses políticos de los EEUU “una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad“.

De hecho, Edward Bernays, verdadero inspirador de buena parte del trabajo de Doob en Europa, recogía en su famoso libro “Propaganda” publicado en 1928, mucho antes del ascenso del nacionalsocialismo alemán al poder, su visión de lo que él mismo había practicado desde 1917 en el uso de la propaganda como herramienta para la manipulación de las masas, en su condición de asesor de imagen del Presidente Wilson de los EEUU durante la primera Guerra Mundial, de la siguiente manera: “Fue, por supuesto, el éxito sin precedentes de la propaganda durante la guerra lo que les abrió los ojos  a los más perspicaces en los diferentes campos acerca de las posibilidades de disciplinar a la opinión pública […] La manipulación deliberada e inteligente de los hábitos estructurados y de las opiniones de las masas es un elemento importante en las sociedades democráticas. Aquellos que manipulan este oculto mecanismo  de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder dirigente de nuestro país. Somos gobernados, nuestras mentes están amoldadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas, en gran medida por hombres de los que nunca hemos oído hablar.” (Propaganda / L. W. Doob / 1928)

De lo cual se desprende sin lugar a dudas que no fue Goebbels en modo alguno el creador de los modelos de manipulación de los cuales es acusado por la propaganda occidental.

Pero mucho más allá de todo eso, está la intensa actividad llevada a cabo por el magnate de la prensa norteamericana William Randolph Hearst como asesor de Adolph Hitler desde antes de  la Segunda Guerra Mundial, en la manipulación de las noticias que llegaban tanto a Alemania como a Norteamérica desde Rusia para tratar de contener la expansión del comunismo en Europa, en lo cual Hearst aplicó a la más perfecta cabalidad todas y cada de las técnicas de guerra sucia que describe el manual que Leonard Doob redacta y le atribuye maliciosamente a Goebbels veinte años después.hearst_1hearst_2
–  Para atacar a Rusia, Hearst, padre del “amarillismo”, falseó en sus periódicos la realidad usando textos y fotos de sucesos que no se correspondían con lo que se decía en la noticia –

La suerte (buena o mala, según se aprecie de un ángulo o de otro) de Goebbels fue que su desempeño como Ministro de Propaganda coincidió con el surgimiento de un fenómeno nunca antes visto en la historia de la humanidad, como lo fue el nacimiento casi simultáneo de los grandes medios de comunicación que hoy la sociedad conoce, como el cine, la radio y la televisión, los cuales utilizó inteligentemente, tal como lo hacen hoy de manera intensiva todos los gobiernos del mundo con Internet y las llamadas Redes Sociales. Ese lógico aprovechamiento de la comunicación de masas al que se abocara el Ministro nazi, generó el desprecio de las potencias que desde entonces se vieron amenazadas con el inmenso poder de convencimiento que Goebbels podía tener usando los medios para decir la verdad de las ambiciones imperialistas y de dominación que esas potencias escondían tras su fachada de “libertadores” del mundo. Hoy esa verdad es completamente innegable.

LA VERDAD DE LA MENTIRA

Si bien es cierto que la discusión sobre la eficiencia o no de la mentira como herramienta comunicacional no puede aceptarse como resuelta, ni mucho menos el que haya habido por lo menos un mínimo freno en la persistencia de su uso indiscriminado tanto en la propaganda como en la publicidad, si lo es, definitivamente, el hecho irrefutable de la eficiencia de la verdad, entendida como “afirmaciones apoyadas en realidades constatables”, en el logro de credibilidad por parte del público.

Por eso la publicidad comercial suele apelar al uso de “pruebas científicas” para respaldar la calidad de los productos que se anuncian, o de infinidad de componentes pseudo químicos que garantizarían dicha calidad, como las supuestas “partículas de dimeticona que rechazan la caspa” del champú Head & Shoulder, de la empresa P&G, o la “brillolina” de sus ceras para pisos.

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En 1956 Colgate anunciaba el inexistente componente GARDOL para proteger la dentadura

Pero, determinar cuál es la “verdad verdadera” en la formulación de la propuesta comunicacional, suele llevar a un espacio impreciso en el cual la ética es siempre un dilema difícil de resolver.

En el campo político, la solución del dilema ético en el uso de la mentira suele estar referida a si se cumplen o no las promesas que se hagan a los electores, en lo cual el nivel de formación o cultura del ciudadano será siempre determinante para establecer si se le informó correctamente sobre algo o, por lo menos, si hubo o no buena fe en la promesa.

Por eso para los sectores derechistas de la política, la educación masiva es un peligroso factor de perturbación. En el campo de la propaganda comercial, es decir, de la publicidad, la mentira, o la falta de “constatabilidad” de la promesa, es indefectiblemente pagada con el desprestigio de la marca y, por consiguiente, con la indisposición o rechazo a la recompra del producto anunciado.

Una cosa es proponer en un comercial publicitario “que el champú tal elimina la caspa porque está formulado con los más avanzados componentes químicos para el tratamiento del cabello“, por ejemplo, y otra muy distinta es ofrecer que “va usted a hacerse millonario o a cautivar a todas las damas hermosas que se le presenten en su camino si usa ese champú“. Para la publicidad sería muy fácil hacerlo, pero no lo hace (o por lo menos no con ese grado de descaro e irresponsabilidad), porque el interés no es vender su producto una sola vez sino siempre. Y si el consumidor se siente engañado en un primer momento, la segunda compra jamás se produce. El nivel ético que aparentemente se percibe en la publicidad no es otra cosa que el terror a caer en una guerra de medias verdades y mentiras nada veladas entre marcas y productos, en la que, de producirse, ni siquiera triunfaría quien tuviese mayor cantidad de exposición en los medios, valga decir, mayor cantidad de dinero, porque ante una vorágine de descréditos y acusaciones mutuas entre marcas y productos, el desprestigio, más allá de la inevitable afectación a todos ellos en su conjunto, sería inexorable incluso para los medios de comunicación en sí mismos, generándose así una verdadera hecatombe en la industria publicitaria… la base de sustentación actual del capitalismo.

Por eso cualquier gerente de marca debe saber que hasta el más insignificante detergente debe basar sus aspiraciones de vida, en la veracidad o “verificabilidad” de su promesa. Su justificación deberá ser siempre el resultado de complejísimos procesos de análisis de mercados y estudios de gustos y preferencias del consumidor, porque es la única fórmula segura que la empresa privada ha encontrado conveniente, después de décadas de investigación y de incontables recursos invertidos, para sobrevivir al acoso de su propia competencia.

EL FRACASO DE LA MENTIRA

En Venezuela el fracaso de la oposición al gobierno del presidente Hugo Chávez, y ahora al gobierno del Presidente Nicolás Maduro, apoyada como nunca antes se había visto en el gran poder de los medios de comunicación, es un ejemplo más que fehaciente de cómo la mentira no es el camino correcto para convencer a la audiencia, en este caso, al elector. La oposición no presenta una propuesta alternativa desde el punto de vista político o ideológico, sino que centra su discurso en una permanente guerra de infamias y descalificaciones infundadas, dirigidas a crear escepticismo o pérdida de credibilidad en el chavismo. Apoyar el mensaje de una propuesta política en la afirmación antojadiza de verdades inexistentes referidas al gobierno al cual esa propuesta se opone, atenta contra los principios elementales de la buena propaganda.

Pero más allá de eso, es que un proceso basado en tan errada estrategia indefectiblemente se revierte porque, como lo afirmaba Goebbels en 1934 y tal como ha quedado demostrado a través del desarrollo de la publicidad, la gente tiende siempre a constatar la veracidad de cuanto se le vende como cierto. Sostener, por ejemplo, que un país en el que se han producido en un mismo periodo más elecciones que ninguna otra nación del planeta, donde la libertad de expresión es tan amplia que los más importantes medios de comunicación, en manos de los sectores contra revolucionarios y ultra derechistas del país, se encuentran al frente de las acciones que promueven abiertamente el asalto al poder por la vía del golpe de Estado, sería una “dictadura” regentada por un tirano, es un verdadero exabrupto.

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Opositora venezolana protesta por la supuesta “crisis económica” montada en su vehículo de lujo último modelo

Afirmar que existe un régimen totalitario en un país en el que se acusa al gobierno de represor a través de todos medios radioeléctricos impresos disponibles y con el mayor despliegue de espacios de información y de opinión, sin que se produzca por ello represión alguna, es definitivamente una insensatez que tarde o temprano hará derrumbar la credibilidad de quien acuse sobre tan insustanciales bases, porque ello, además de improductivo desde el punto de vista comunicacional, evidencia un profundo irrespeto y una clara ofensa a la inteligencia del espectador promedio. Tal como le ha sucedido a la oposición venezolana.

Obviamente utilizaron a los más improvisados e ineptos asesores de imagen en la formulación de su estrategia. Pensaron que en la descomunal profusión del fácil mensaje que puede construirse con base en mentiras bien estudiadas, habría un éxito que jamás estuvieron ni cerca de obtener. Pero insistieron en ello.

Pretendieron acuñar de manera terca y recurrente la idea descabellada según la cual mientras más posibilidades tenían de expresarse con la más entera libertad, mayor radicalización habría de la supuesta dictadura que con mentiras denunciaban, ilusionándose ingenuamente con lo que ellos creyeron siempre era cada vez un mayor acercamiento a la caída del régimen, cuando en realidad, los resultados electorales, las encuestas y el pueblo chavista en la calle demostraban inequívocamente todo lo contrario.

Nadie en la oposición ha sabido responder hasta hoy por qué, constituyendo ellos el sector con mayor exposición en los medios de comunicación antes y después del triunfo de Chávez, fueron los protagonistas de tan desastrosa caída en el favor de la opinión pública en las elecciones de 1998 como en todas las sucesivas. Cualquier gerente versado de marcas habría visto en eso los severos efectos de una muy torpe y errada estrategia comunicacional, cuya constante fue siempre el uso indiscriminado de “la mentira” como instrumento de aproximación al elector. Entonces ¿por qué  habría de resultar hoy una estrategia comunicacional fundamentada en los mismos irresponsables parámetros de entonces?

La respuesta a esto está en el fenómeno que fue Chávez desde el punto de vista de su mantenimiento en los más altos niveles de popularidad a lo largo de toda su vida pública, según la medición no solo de los resultados electorales de más de 15 elecciones en las que resultó triunfante, sino de todas las encuestas de opinión durante casi 13 años; Debatió ideas y no mentiras, aferrándose siempre a la verdad.

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-Hugo Rafael Chávez Frías, El Comandante Eterno –

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Publicado inicialmente en la Revista Question/Abril de 2003 y revisado por el autor en abril de 2014.

Britto García: La guerra económica y la mano invisible del mercado

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Por: Luis Britto García

1

La guerra, sentenció Clausewitz, es la continuación de la política por otros medios. Podemos añadir que la política es la continuación de la economía, por otras vías, así como ésta es la prolongación de la cultura en otros ámbitos. Toda guerra comienza como conflicto económico, y termina arrojando  consecuencias financieras. Antes de que comiencen a caer bombas, empiezan a llover titulares.

2

Para ahorrarnos redactar una Historia del Mundo,  recordemos que las dos Guerras Mundiales en realidad se libraron para evitar que la potencia industrial más desarrollada de Europa dominara el mundo mediante alianzas que le hubieran asegurado los recursos humanos y naturales de Asia y de África. La Guerra Fría fue una contienda económica de medio siglo que terminó quebrando la economía soviética. Desde 1959 avanza otro conflicto contra Cuba llamado Bloqueo. Otro más destrozó la distribución de bienes en Chile y sirvió de pretexto para interminable dictadura neoliberal. Un bloqueo precipitó la derrota electoral del sandinismo. No es casual que las principales guerras de las últimas décadas se hayan librado en países con recursos energéticos o con pasos estratégicos hacia ellos.  Todos estos conflictos comenzaron como guerras simbólicas. En todas se legitimó el genocidio como cruzada por la libertad, la pureza racial,  la democracia y  la economía de mercado. En todas las atrocidades de los agresores fueron ocultadas o disimuladas e inventadas o exageradas las transgresiones de los agredidos. La mayoría fueron legitimadas por atentados de falsa bandera, en los cuales se presentó como atacantes a los atacados. En todas se procedió a una reescritura de la Historia para lograr la conformidad de vencedores y vencidos con el resultado.

3

¿Qué habrán sido, me pregunto, el cierre patronal convocado por Fedecámaras y el sabotaje perpetrado por la “meritocracia” de Petróleos de Venezuela SA en 2000 y 2003, que costaron al país pérdidas superiores a los 15.000 millones de dólares y un abrupto descenso en el PIB? ¿Será casual, me interrogo, la brutal caída de los precios de la energía fósil, causada por la simultánea entrada en el mercado del petróleo de Irak manejado por los estadounidenses, la inundación de crudo barato de los sauditas aliados de Estados Unidos y el salto de ese país a la condición de primer productor de hidrocarburos del mundo a costa de desmesuradas inversiones contaminantes  en petróleo de esquistos o lutitas y convencional? ¿O corresponde a una ofensiva para hacer quebrar a los países no alineados de la OPEP, comprar por miserias sus industrias petroleras y luego resarcirse con el monopolio planetario de los hidrocarburos? ¿Será por eso que el nuevo Satanás mediático es el Islam; que del horizonte de los eventos  se ha desterrado el concepto de Lucha de Clases para sustituirlo por el de Conflicto entre Civilizaciones?

4

El arte de la guerra, decía Sun Tzu, se basa en el engaño. Los símbolos son los proyectiles de la guerra de mentiras. La mejor estrategia del Diablo es fingir que no existe. La manera de ganar una guerra es pretender que no la hay. Para no tener que censar el estado del planeta, elijamos como muestra el botón de Venezuela. Los medios de comunicación privados, en su mayoría  voceros asalariados de los empresarios, han emprendido una campaña para esconder la agresión que todos padecemos. Para desmentir sus coartadas utilizamos los datos compilados por Pasqualina Curcio Curcio en su contundente trabajo La mano visible del mercado: Guerra económica en Venezuela (2016, Caracas, Ediciones Somos los mismos).

5

Primer artículo de Fe de la Guerra Simbólica que barre el planeta es la afirmación de que el capitalismo funciona y el socialismo no. Mienten los grandes empresarios venezolanos y sus portavoces al afirmar  que las medidas socialistas traban la producción. Demuestra Pasqualina Curcio que en Venezuela el producto interno bruto (PIB) total ha aumentado 43% desde 1999 hasta 2015, que  el PIB agrícola se incrementó 27% entre 1999 y 2014. Señala también que el PIB total del año 2015, cuando se registró un nivel de  escasez superior al 30%, fue 34% mayor que el del año 2004 que registró niveles de escasez sólo de 7%. Y que el PIB agrícola el año 2014 fue 14% mayor que el del 2004.

6

Segundo artículo de Fe de la Guerra Económica es que hay que negar todos los derechos a los trabajadores para que la economía funcione. Calumnian los empresarios y sus pasquines que los derechos de estabilidad laboral, antigüedad e indemnización por cesantía  concedidos a los trabajadores venezolanos acarrean cierre de industrias y  desempleo masivo. Pero la tasa de desempleo disminuyó 62,5% entre 1999 y 2015, ubicándose en 6%, su nivel histórico más bajo.

7

Tercer artículo de Fe de la Guerra Económica es que las medidas socialistas impiden el ingreso al país de bienes indispensables. Engañan  los empresarios y sus turiferarios afirmando que hay  caída de las importaciones. Pero en realidad éstas  crecieron 129% desde 1999 hasta 2014, y las de ese  último año  fueron 91% mayores que las del 2004,  año en el cual ascendieron a 16.000 millones de US$, mientras que en 2014, ascendieron a 31.000 millones de US$.

8

Cuarto artículo de Fe de la Guerra Simbólica es que sólo la empresa privada produce riqueza. Pero en gran parte de los países del mundo, y particularmente en Venezuela, esta medra gracias a la protección del Estado. Embaucan los empresarios y sus medios alegando que  la tardanza del gobierno en otorgarles dólares preferenciales impide la  importación de alimentos. Es necesario explicar que en Venezuela los empresarios reciben del Estado estos dólares preferenciales primero a seis, y luego a diez bolívares por dólar, para luego vender en mercados paralelos las mercancías así adquiridas así como si las hubieran comprado a las tasas de 1.000, 1.500 y hasta 2.000 Y 4.000 bolívares por dólar del mercado negro. Pero el año 2014 la asignación de dólares preferenciales  ascendió a 7.700  millones de US$, 259% mayor que en 2004, cuando fue de 2.100 millones de US$. En 2004 se importaron $ 608.000 millones en medicamentos, mientras que en 2014 se importaron 2.400 millones de US$, con un incremento que  ascendió a 309%. Lo que la Guerra Simbólica nunca aclara es que obtener del Estado dólares a una tasa de diez bolívares para negociarlos o vender los productos adquiridos por ellos a tasas superiores a 2.000 bolívares por divisa constituye un margen de utilidades superior al del narcotráfico y al de la más desatada especulación financiera.

9

Quinto artículo de Fe de la Guerra Económica es que el proteccionismo es malo, salvo cuando beneficia a los grandes capitales. Insisten los empresarios y sus pasquines en que la escasez se debe a que el gobierno no les asigna los codiciados dólares preferenciales. Demuestra Pasqualina Curcio que desde la instauración del control cambiario en 2003, a la empresa privada se le han entregado 338.341 millones de dólares para la importación de bienes y servicios (BCV, varios años). Y señala que en 2004, cuando no hubo desabastecimiento, le fueron asignados 15.750 US$, mientras que en 2013, cuando escasean los productos básicos,  la cantidad asignada se duplicó a 30.859 US$.  En 2007 y 2008 se llegó a asignar cerca de 40.000 millones de US$, respectivamente.

10

Sexto artículo de Fe de la Guerra Económica es que la Mano Invisible del Mercado regula la economía, y que debemos resignarnos a sus bofetones visibles, que son, como el destino, inevitables e impersonales. Pero demuestra Pasqualina Curcio con gráficos irrecusables que en Venezuela cada vez que se aproxima una consulta electoral o una confrontación política aumenta inexplicablemente la escasez de bienes básicos. La escasez responde única y exclusivamente a esta variable: no se relaciona ni con el Producto Interno Bruto, ni con el Producto Interno Bruto Agrícola, ni con la Tasa de Desocupación, ni con el Total de las Importaciones, ni con la Asignación de Divisas al Sector Privado, ni con la Producción de Bienes Básicos. Pero sí hubo picos de escasez inmediatamente antes y durante el Cierre Patronal y Sabotaje Petroleros de 2002-2003; durante el Referendo para revocar al Presidente Chávez (que resultó confirmatorio) en 2004; durante las elecciones Regionales en 2008, durante las elecciones Parlamentarias, Regionales y Municipales en 2010, durante las elecciones Presidenciales en 2012; tras el fallecimiento de Hugo Chávez Frías y la convocatoria a nuevas elecciones presidenciales en 2013; y desde luego, durante la oleada terrorista de 2014 y las elecciones parlamentarias en 2015. Tras éstas, el pico de escasez no bajó: el estrangulamiento económico del pueblo escatimándole los bienes cuya compra el Estado subsidió con dólares preferenciales le reportó a la oposición capitalista el ganar un Poder del Estado: desde entonces aprieta los tornillos esperando que el hambre del pueblo les entregue el poder total.

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No tienen realidad los espantajos esgrimidos por la guerra simbólica. No hay entonces ni disminución de producción o importación ni cierre de empresas, ni desempleo ni falta de asignación de dólares preferenciales. El problema es mucho más sencillo: los grandes importadores y productores de bienes básicos constituyen un oligopolio de una docena de empresas, el cual crea un tapón de acaparadores e intermediarios interpuesto entre los bienes subsidiados por el Estado y el pueblo consumidor. Sin necesidad de invasión foránea ni de conflicto armado, un ejército de especuladores va destruyendo impunemente el proyecto socialista bolivariano. Es la vanguardia enemiga a atacar y neutralizar si queremos sobrevivir.

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Decía también Sun Tzu: “Si conoces a tu adversario y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro; si no conoces a tu enemigo pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra; si no conoces a tu adversario ni te conoces a ti mismo, en todas las batallas estarás en  peligro”. Conozcamos al enemigo, conozcámonos, y siempre venceremos.

luis-britto Luis Britto García

Kreisel: el inmisericorde toma y dame del capitalismo con los niños

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Por: Alberto Aranguibel B.

En la sociedad capitalista, desideologizada como es, existe la creencia de que el quehacer humano estaría determinado por el carácter o la vocación de quienes llevan adelante cualquier actividad.

Los curas, por ejemplo, suelen ser vistos como personas de carácter mesurado y habla amorosa, porque la religión es supuestamente el compendio de la pureza del Ser supremo que veneran.

De ahí la creencia en las sociedades contemporáneas de que un empresario cuya área de negocios sea la de juguetes, deba ser una persona movida indefectiblemente por los más nobles sentimientos de amor hacia los niños.

Walt Disney, cuya trascendental obra dirigida especialmente a los niños lo convirtió en el más emblemático ícono de la bondad sobre la tierra, se erigió a la larga en la referencia del mundo capitalista que mejor expresó la fórmula de hacer negocios milmillonarios explotando sin el más mínimo pudor la sensibilidad del ser humano hacia los más pequeños.

Disney logró ser la persona cuyo trabajo en el ámbito cinematográfico ha sido reconocido más que ningún otro hasta hoy con el prestigioso premio Oscar. Sus películas forman parte del acervo cultural del mundo entero desde hace casi un siglo; con ellas se ha construido el ideario del cuento infantil animado en todos los rincones del planeta.

La noción de diversión y entretenimientoque hoy en día tiene la humanidad, pasa indefectiblemente por el modelo de parque temático concebido y llevado a cabo por Disney con Disneyland (California, EEUU) y Disneyworld (Florida, EEUU), bases de la más poderosa corporación del mundo en la creación y mercadeo de productos de consumo masivo para niños.

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– Walt Disney en 1935 –

Pero el famoso magnate del entretenimiento, fallecido a causa de un cáncer de pulmón en 1966, era en realidad uno de los seres más aborrecibles que pueda recordar la humanidad desde los tiempos de Atila.

Desde siempre Disney fue un miserable explotador que erigió su gran fortuna a costa de escamotear el trabajo de auténticos artistas del dibujo animado, entre ellos Ub Iwerks, creador del ratón Mickey que Disney se atribuyó como creación propia hasta su muerte.

El desprecio del tacaño empresario hacia los trabajadores llegaba a extremos de lo indecible, no solo impidiéndoles las posibilidades de agruparse en sindicato (lo cual hizo durante mucho tiempo hasta que las leyes y la presión social lo hicieron ceder) sino negándoles incluso la sola mención en los créditos de las películas que producía.

Para esconder ante los tribunales su vocación explotadora, Disney argumentaba que los sindicalistas eran “simples comunistas tratando de acabar con la democracia norteamericana”, razón que le granjeaba no solo una mayor simpatía entre la gente sino que le hacía ganar cada vez más dinero, porque esa posición procapitalista le aseguraba el financiamiento fácil de los grandes bancos norteamericanos y le permitía obtener los jugosos contratos que obtuvo para la producción de la propaganda que el Ejército de los Estados Unidos requería para avanzar con su empeño genocida por el mundo durante la II Guerra Mundial.

Contrario a lo que piensa la mayoría de la gente, Disney no le debió nunca su gigantesca fortuna al éxito de los personajes que sus dibujantes crearon y que él presentó al mundo como suyos, sino a los creados por Lewis Carroll y los hermanos Grimm, entre muchos otros grandes creadores de cuentos infantiles, a los que Disney no les pagó jamás ni un centavo por derechos de autor apoyándose en las superficiales modificaciones que hacía a las historias originales que plagiaba para así hacerlas aparecer como propias.

Todo, absolutamente todo lo que hizo Disney como empresario, estuvo basado en la más perfecta y salvaje lógica capitalista. Pero no es solo esa condición la que determina su carácter aborrecible.

Como hombre de derecha que era, apoyó el crecimiento de su empresa ya no solo en su condición de fervoroso militante del partido republicano, sino como funcionario encubierto de la oficina federal de investigaciones (FBI), tal como lo han revelado diversos documentos que evidencian sus actividades desde 1940 como agente de contacto especial (Special Agent Contact) para ese organismo, por órdenes directas de John Edgar Hoover, brazo ejecutor de la razia fascista del macartismo anticomunista en los Estados Unidos.

Aquel “noble buen hombre” que siempre aparentó ser, preocupado exclusivamente por la felicidad de los niños, no fue nunca sino un capitalista perverso y ruin, que llegaba a la peor vileza incluso contra sus propios colaboradores en la búsqueda de acumular cada vez más dinero.

La indecible inmoralidad de ofrecer felicidad a los niños a cambio de cualquier fortuna mal habida está reñida hasta con la palabra de Dios.

Eso es lo que no entienden (o no les da la gana de entender) quienes hoy elevan su más airada protesta en contra del procedimiento de incautación y decomiso por parte de los organismos del Gobierno bolivariano que velan por los intereses del consumidor venezolano, de los más de 4 millones de juguetes que la empresa Kreisel mantenía ocultos desde el año 2009 en sus galpones de varias ciudades del país.

Los juguetes, adquiridos con divisas preferenciales por esos delincuentes, son presentados por los líderes de la oposición venezolana (y por cientos de seguidores de la MUD a través de las redes sociales) como objeto de “un robo al trabajo honesto de un noble y esforzado empresario venezolano”, como dicen ellos que son aquellos que juegan con su empresa a la quiebra económica del país para asaltar el poder y reinstaurar el neoliberalismo en Venezuela.

El propósito de la empresa Kreisel no es otro que el de la especulación para obtener beneficios incalculables, en el marco de una acción contra los consumidores que busca hacerles estallar de ira contra el gobierno.

Nada puede ser más inhumano y cruel que provocar el sufrimiento intencional a los niños para obtener un beneficio económico y ejercer a la vez una acción política que acabe con el derecho de esos pequeños, y de la sociedad toda, a disfrutar de la vida en paz y en armonía, sin las presiones delirantes de quienes con su guerra económica contra el pueblo promueven la convulsión social como medio para hacerse del poder.

Esconder 4 millones de juguetes en temporada de navidad, es la contravención incluso de los mismos principios del capitalismo que dicen promover la Noche Buena como la fecha más hermosa y auspiciosa de la humanidad, y que el mercado neoliberal usa en realidad como hipócrita escenografía para tratar de ocultar la pobreza que el propio capital genera a lo largo del mundo.

Pero nada de extraño hay en todo este acontecimiento.

En los locales de esa empresa estafadora y criminal, se está ejerciendo simplemente una filosofía que se opone a la concepción humanista que inspira a la mayoría de la población venezolana.

Se trata de la insalvable confrontación del capitalismo, y su perversa forma de actuar en la sociedad, frente a un socialismo fundado en la más clara e inequívoca idea de justicia e igualdad social.

No es para nada la persecución del gobierno del presidente Nicolás Maduro contra el empresariado, ni la individual actuación canallesca del miserable dueño de la empresa Kreisel contra el pueblo venezolano.

En la Venezuela revolucionaria de hoy, esa lógica de un capitalismo al mejor estilo de Walt Disney, que se presenta como bondadoso cuando en realidad su credo y su práctica es la del asaltante, ya no funciona.

No funciona porque el pueblo está consciente del carácter criminal de esos usureros que buscan quebrar al país para asaltarlo, y sabe que sus autoridades, en apego estricto a la Ley y en defensa del pueblo, aplicarán siempre la justicia que corresponde para que tal miseria no prospere nunca jamás en nuestro suelo.

 

@SoyAranguibel

Alberto Aranguibel denunció a la MUD como los “bachaqueros” de la política

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Diciembre 08/2016.- YVKE Mundial Los Andes / Rubí Guadelis

“Los dirigentes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) son los “bachaqueros” de la política, porque al igual que estos, se venden como parte del pueblo pero en realidad lo que buscan es utilizar a ese pueblo para sacarle provecho”, así lo denunció el comunicador social y analista político, Alberto Aranguibel, en rueda de prensa que ofreció acompañado de  la presidenta del Consejo Legislativo de Estado Bolivariano de Mérida (CLEBM), Niloha Delgado.

Explicó que se encuentra de gira en diversos estados del país con la idea de tratar de ayudar, a nivel comunicacional, a explicar las distorsiones económicas que causan hoy el padecimiento del pueblo, producto de la guerra que los sectores del gran capital han desatado contra la economía del país.

En este contexto, manifestó  que así como el “bachaquero” convencional especula con los productos de primera necesidad, la derecha venezolana agrupada en la MUD insiste en crear  malestar, hasta el punto de levantarse de la Mesa  de Diálogo.

Insistió que es necesario que los partidos políticos que integran la Mesa de la Unidad Democrática le den paso a una oposición seria, que presente propuestas a favor del país y no como actualmente sucede, “que hasta han irrespetado al Papa Francisco y al Vaticano en la Mesas de Diálogo”, expresó.

En tal sentido, indicó que la MUD necesita la violencia y la exacerbación del malestar y la intranquilidad que tiene el pueblo, como fórmula para alcanzar sus posibilidades de retornar al poder para retomar el neoliberalismo.

Recordó a su vez las palabras que hace 4 años el comandante Chávez expresó un 8 de diciembre de 2012-, en su última alocución al país, quien expresó “no faltará quienes pretendan tratar de reinstaurar el capitalismo, aprovechando las coyunturas difíciles por las que pueda atravesar el pueblo”, dijo.

Con respecto a la guerra económica, Aranguibel señaló que esta no estaba planteada para que durara tanto tiempo. “La oposición está perdiendo esta guerra económica, que fue desatada por ellos sin lograr su objetivo, es el pueblo quien la está ganando, aún padeciendo y sufriendo como lo ha venido haciendo”, recordó.

Es así que consideró que la derecha no está interesada en realizar elecciones ni referendo revocatorio en Venezuela, porque, a su juicio,  han utilizado el argumento para generar conmoción, como buenos “bachaqueros” de la política, creando falsas expectativas con el tema del referendo revocatorio y la reducción del mandato.

Dólar Today… la criminal excusa de los malandros

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Por: Alberto Aranguibel B.

Jamás una página de internet había causado tanta conmoción como la que esta semana ha causado Dólar Today en nuestro país. Ni siquiera cuando ella misma destapó el desagüe que desangró a la economía nacional desde hace tres años y medio, estimulando el mercado negro, el contrabando de extracción y la usura cambiaria a partir de su perversa manipulación de la tasa de convertibilidad del bolívar frente al dólar norteamericano.

Los analistas no dan pie con bola en la precisión del fenómeno, determinante fundamental de la destrucción del poder adquisitivo del venezolano y de la solidez de nuestro signo monetario.

Los economistas, tanto los de derecha como los de izquierda, se devanan los sesos en cálculos interminables y enrevesados que ponderan variables técnicas de toda índole, que por muy bien formuladas o visualizadas que ellas sean no logran ilustrar al grueso de la población, ni mucho menos convencerla, de las razones por las cuales una tragedia como la que padecen hoy los venezolanos pueda deberse a la simple manipulación electrónica de un indicador no oficial de la moneda.

La explicación simple es que ello se debe a una guerra desatada por los sectores neoliberales contra la revolución bolivariana.

No es mentira. Pero es demasiado escueta como respuesta al clamor del país.

Más sensato sería decir que es un fenómeno multifactorial determinado por una serie de distorsiones generadas en el marco de esa guerra y en virtud de una caída sustancial del ingreso petrolero, que han colocado al venezolano en una situación de neurosis colectiva que desata los demonios de la especulación, la anarquía y el paroxismo en todos los niveles del sistema, haciendo cada vez más complejas las posibilidades del gobierno para establecer políticas integrales de control y regulación que erradiquen eficazmente su efecto pernicioso.

Esa sería la más aterradora de las explicaciones, pero es la más responsable.

Ciertamente no es una sola la distorsión que resume Dólar Today con su manipulación arbitraria de nuestro signo monetario. Son muchas y todas desencadenan nuevas y peores distorsiones en procura del mismo objetivo de asaltar la economía para hacer a los ricos cada vez más ricos y a los pobres cada vez más pobres.

Que el bachaquerismo introducido hace diez años en la economía nacional por Guillermo Zuloaga (importar barato con el subsidio del Estado para vender bien caro bajo la mentira de que no disponía de dólar preferencial) corrió como candela en la llanura convirtiéndose en cultura del comercio en el país hasta alcanzar al buhonero común, que decidió ejercer la misma práctica pero ya no desde una mansión en el Country Club sino desde la redoma de Petare, es cierto. Un eslabón apenas de una misma cadena.

Que la banca se activó desde hace tres años y medio en la búsqueda desaforada del circulante que gracias a las políticas inclusivas de la revolución el trabajador venezolano tenía por primera vez en su bolsillo, con entregas masivas de tarjetas de crédito a los pobres y elevando exorbitantemente las líneas de crédito a los tarjetahabientes, para recalentar la economía incrementando el consumo en forma desmedida, y que con ello haya logrado desatar la furia del raspacupismo en el exterior y dentro país, también es cierto. Pero ese es solo otro eslabón.

Que la empresa privada encontró por fin en el mercado venezolano la forma de vender toda la producción (o la importación) casi al instante, gracias a la neurosis causada por una inclemente guerra mediática que puso a la gente a comprar lo que necesitaba y lo que no necesitaba, en las cantidades que encontrara, por el temor a no encontrar mañana lo que quisiera comprar, presionando así el alza en los precios, generando en consecuencia el desabastecimiento y las colas que padece el pueblo, y reduciendo a la vez el inmenso costo del desperdicio estructural, es completamente cierto.

A esa reducción se le conoce como “Producción Bajo Demanda”, que es la modalidad bajo la cual opera ahora la empresa privada en Venezuela, que solamente produce lo que a ella le interesa vender y en la forma en que le interesa vender. Con lo cual, a la vez que gana más con la inflación por ella misma inducida, reduce los costos de producción y distribución excedentaria que antes se pudría en los anaqueles esperando compradores.

Pero esa tampoco es la razón fundamental de la conmoción que causa hoy Dólar Today.

Ese portal ha sido la excusa fácil para los codiciosos que han venido atacando a nuestra economía buscando derribarla para hacer el negocio de sus miserables vidas. Un portal que le sirve por igual al avaro dueño de la gran empresa o al usurero del pequeño abasto para inflar a diario los precios argumentando una necesidad de reposición de inventarios dictada de manera fraudulenta por una tasa ilegal y ficticia.

Hasta los chicheros la usan hoy como excusa para vender más caro. Es la prostitución total del mercado.

Ese solo factor de la anarquía especuladora acabó en nuestro país con uno de los elementos esenciales para los mercados del mundo, como lo es la llamada “Sensibilidad al precio”, es decir; la capacidad del comprador de reaccionar contra aquel precio que por diversas razones considera elevado (generalmente por reducida capacidad adquisitiva), por las cuales el vendedor no puede elevarlo más allá de cierto nivel.

Si algo ha sucedido en la cultura del comprador venezolano como resultado de la neurotización a la que han sido sometidos principalmente los pobres, ha sido el hecho de que ya nadie le reclama al bodeguero o al panadero que a diario eleva de manera injustificada los precios sino que automáticamente, y casi por acto reflejo, el comprador le achaca la culpa de tal arbitrariedad al gobierno. Definitivamente un gran logro comunicacional de esa guerra.

Dólar Today, que nació como un vulgar marcador para todos esos sectores especuladores, juega un papel determinante en todo eso.

Su apoteosis empezó cuando apenas se estableció como referencia del mercado negro para que la tasa de cambio no surgiera de un simple boca a boca como hasta entonces era.

Su esplendor se produjo con el gran impulso que le dio el gobierno colombiano a la dualidad cambiaria diseñada para saquear descaradamente a nuestro país desde Cúcuta, mediante una norma criminal como la Resolución 8, apoyada también en la ilegal tasa Dólar Today.

Pero marca también a otro importante sector.

Un sector parasitario que no invirtió jamás en el país pero que esperó con ansias desde hace casi un siglo la posibilidad de que los dólares que sustrajo desde siempre a la renta petrolera se convirtieran en algún momento en la herramienta de captación del circulante nacional, para lograr que fuera el capital privado y no el Estado quien controlara la economía.

Eso explica el contrabando de extracción del papel moneda hacia Colombia y el ataque cibernético de esta semana al sistema de pagos electrónicos.

Bajo esa premisa nació la descomunal operación de triangulación y legitimación de capitales que ese inmoral sector instaló a lo largo de todo este periodo desde Venezuela hasta Miami, pasando por Colombia y Panamá, a través de la cual legaliza los millones de dólares que por décadas ha fugado ilegalmente hacia el exterior, y de lo cual existe infinidad de pruebas y hechos verificables que los deja al descubierto, como los “Panamá Papers” y las silenciadas cuentas en los bancos suizos, españoles y norteamericanos, entre muchos otros.

Ahora, cuando el ingreso se ve mermado sustancialmente por la caída del mercado petrolero, el propósito de Dólar Today es multiplicar artificialmente esas fortunas expatriadas, para hacer atractivo su reingreso al sistema económico del país y presionar con su elevado costo a una macro devaluación del bolívar que limite la capacidad operacional del Estado y lo obligue a revertir las políticas sociales, paralice la economía y, en definitiva, provoque el estallido social que les ayude a derrocar al gobierno para acabar así con el modelo socialista de justicia e igualdad que nos trajo el Comandante Chávez.

Ese sí es el verdadero peligro hoy.

Solamente un factor en la ecuación no ha sido considerado por esa burguesía filibustera y apátrida; ese factor es el pueblo.

Mientras exista un gobierno revolucionario como el que preside el hijo de Chávez, Nicolás Maduro Moros, todas las emboscadas de la derecha serán derrotadas, porque contra un pueblo movilizado, trabajando activamente junto a su gobierno en el combate a las perversas pretensiones de quienes hoy atentan contra nuestra economía y contra nuestro sueño de paz y de prosperidad, no habrá fuerza oligarca que pueda alcanzar jamás su vil propósito.

@SoyAranguibel

Cabalgando con Fidel

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Canción de Raúl Torres en homenaje al Comandante Fidel Castro

Imbecilidad tiránica

MIAMI - MARCH 25: People show their support for Cuba's Las Damas de Blanco on March 25, 2010 in Miami, Florida. In Cuba last week the Las Damas de Blanco, Ladies in White, who are peaceful dissidents, were attacked by government security forces in Havana.   Joe Raedle/Getty Images/AFP

Por: Alberto Aranguibel B.

La sociedad es el conjunto de la diversidad humana reunida en un mismo lugar. En ella convive toda clase de gente, a veces con diferencias tan profundas que no se concibe otra razón que las agrupe que no sea la naturaleza gregaria que transporta el genoma humano.

Así como hay gente blanca hay negra, alta, baja, fea, bonita, gorda, flaca. Y hay gente inteligente y también gente imbécil. Es una condición inevitable si se quiere asumir la diversidad como una característica esencial de la sociedad.

Michael Jackson demostró con su cambio de color de piel, que incluso la más difícil de alterar de todas esas tipologías puede llegar a ser modificada.

Lo que no ha podido modificar ni siquiera la ciencia más avanzada es la imbecilidad.

Prueba de ello es la persistencia por más de medio siglo de una misma imbecilidad en la ciudad de Miami. Más de tres generaciones se han levantado en esa ciudad con la imbécil creencia de aquella gusanera que salió de Cuba en 1959, que sostuvo siempre con igual terquedad que en la isla se había instaurado con el triunfo de la revolución una tiranía, una cruel dictadura que oprimía a los cubanos y que sería derrocada cuando el pueblo se liberara del dictador que ellos siempre han dicho que es Fidel Castro.

Además de las invasiones, los atentados terroristas, los magnicidios frustrados, a los que apelaron para intentar cumplir esa profecía de la supuesta liberación sin poder lograrlo jamás, se cuentan por miles los intentos de derrocar al gobierno cubano mediante guerras mediáticas, bloqueo económico, cercos diplomáticos continentales, y operaciones contrarrevolucionarias de toda naturaleza que persiguieron quebrar la lealtad del pueblo cubano hacia su proceso y hacia su liderazgo revolucionario.

gusanera

Hoy cuatro docenas de apátridas fracasados celebran con champaña la muerte física del líder histórico de esa revolución en las calles del estado de Florida, exactamente igual a como lo hicieron desde hace décadas cada vez que creyeron que el deceso del Comandante había llegado.

Son tan imbéciles que no se percatan de que de esa forma le están diciendo al mundo que nunca hubo en Cuba tal dictadura.

Mientras en Miami salen esos pocos gusanos a exhibir su fascismo con el mayor orgullo, en toda Cuba, así como en el resto de los pueblos soberanos del mundo, hay millones rindiéndole a Fidel el juramento de continuar con su legado por toda la eternidad.

Dictadura es la imbecilidad de esos gusanos.

@SoyAranguibel

Aranguibel en VTV: “Si algo impidió que cristalizaran los intentos del imperio contra la revolución cubana fue el respaldo del pueblo a su proceso”

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Caracas, 28 / 11 / 2016.- El analista político Alberto Aranguibel afirmó este lunes en el programa La Pauta que transmite Venezolana de Televisión, que si algo impidió que cristalizaran los intentos del imperio por acabar con la revolución cubana a lo largo de más de medio siglo, fue precisamente el respaldo del pueblo a su proceso.

“Cn esas infames demostraciones -dijo- la llamada “guasanera” cubana le está diciendo al mundo que en Cuba jamás ha habido ninguna dictadura bajo el proceso revolucionario” refiriéndose a la lucha liderizada por Fidel Castro que derrocó al régimen del dictador Fulgencio Batista en 1959.

De acuerdo a lo sostenido por el también investigador en medios de comunicación, en buena medida esa bochornosa irracionalidad que es celebrar públicamente la muerte de un ser humano, es producto de la alienación a la que los medios de comunicación someten a la población para mantenerla en la ignorancia.

“Pero la sociedad es dinámica, está en permanente ebullición. Y cuando hay procesos como el cubano, o el venezolano, y en general de Latinoamérica, de despertar de los pueblos, que elevan su nivel de conciencia, ya hay ahí un determinante que frena la influencia del medio de comunicación” acotó el analista.