J.M. Rodríguez: La paradoja de los datos

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Por: José Manuel Rodríguez

Sin duda que en las dos últimas guerras mundiales, con Europa como protagonista, los muertos superaron, por mucho, a los más de diez millones de cadáveres que, luego, sólo los marines de USA dejaron tirados por los suelos de Corea, Vietnam, Camboya y Laos; en Guatemala, Cuba, República Dominicana, Grenada, Nicaragua, Panamá, Haití y Honduras; en los Balcanes, el Levante, el Magreb, las montañas afganas, la mil veces destruida Aram y la antiquísima Somalia. Sin olvidar los 8 millones aniquilados en El Congo con su visto bueno.

Frente a la incontestable realidad de lo anteriormente afirmado, solo un alienado por los datos estadísticos imaginaría que este “descenso” de víctimas confirma científicamente que la humanidad está en la mejor situación de su historia… que es lo que afirma un profesor español en el diario “El País”Pero, es sólo el eco, hablemos del emisor, el psicólogo Steven Pinker, convertido por los medios en rapero académico de Harvard.

Ha ganado numerosos premios en USA y Europa por decir cosas como estas (pónganle ritmo de hip hop): La gente a lo largo y ancho del mundo es más rica, goza de mayor salud, es más libre, tiene mayor educación, es más pacífica y goza de mayor igualdad… Todas las estadísticas señalan que mejoramos… Se trata, obviamente, de uno de los tantos gestores de indulgencias (no gratuitas) para el capitalismo. Señala, sin dejar de sonreír, que la cifra de muertos por guerras es ahora mucho más baja que hace 65 años. Habla de guerras como si fueran asuntos climáticos.

Lo que hace Pinker es defender una vieja convicción colonial: todo el mundo fue antes terriblemente violento, y los pueblos primitivos aún lo siguen siendo… Asume que el brutal savage ha sido domesticado por las naciones que traen civilización pacífica. Es decir, la conquista de América y Africa fue un hecho cívico. Su tesis concluye en lo que debe ser: sólo aquellos que viven en democracias liberales, como los Estados Unidos o Europa occidental, han superado el estado de retraso… Esos 18 millones de asesinados que ya referí, dificultaban tal objetivo.

jmrodriguez  José Manuel Rodríguez

Periodistas defensores de CNN; abogados de la sumisión

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Por: Alberto Aranguibel B.

En nombre de la libertad, la democracia y la defensa de lo que ellos llaman “el estilo de vida norteamericano”, los Estados Unidos ha perpetrado las peores atrocidades contra los derechos humanos y la soberanía de los pueblos.

En su propio suelo, esa nación ha estado asolada durante siglos por la inclemencia de un brutal racismo, que hoy coloca nada más y nada menos que en la jefatura del Estado a uno de sus más energúmenos y connotados exponentes.

El anticomunismo, una guerra de verdadero terrorismo sicológico ejercida también en nombre de la libertad y los derechos humanos por los sectores dominantes del gran capital norteamericano contra su propia sociedad, no menos salvaje como cultura que el racismo que ahí se practica, es sin lugar a dudas mil veces más abyecto que todo aquello de lo que el propio imperio ha acusado durante décadas a los regímenes fascistas contra los cuales dice luchar.

La demencial carrera de los organismos militares y de seguridad de la que se presenta a si misma como “la nación más amenazada” del mundo, supuestamente para erradicar el terrorismo, lleva a ese país a ejecutar una destrucción sistemática de pueblos y hasta civilizaciones enteras a lo largo del planeta, infinitamente mayor que la muy eventualmente causada por el terrorismo. Ese genocidio institucionalizado hoy por los Estados Unidos en el mundo a través de su brazo legitimador, la OTAN, se libra también en nombre de la libertad, la democracia y los derechos humanos.

La presentación de esa atroz realidad como una serie de acontecimientos naturales inocuos que no entrañan peligro alguno para la sociedad ni violan principios éticos ni legales de ningún tipo, sino que, por el contrario, en la medida en que su tratamiento por parte de las grandes corporaciones de la información como simple mercancía de entretenimiento los convierten en un activo cultural más para el común de la gente, corresponde a estructuras mediáticas perfectamente desarrolladas para servir específicamente a los intereses del gran capital en su afán de asegurar el respaldo de la sociedad a su modelo económico del libre mercado.

Hoy por hoy las guerras y sus causas o justificaciones no son debatidas en los escenarios del intercambio multilateral entre las naciones de acuerdo a sus intereses geoestratégicos o políticos, sino que son presentadas al mundo por esas corporaciones mediáticas como productos pre digeridos según el criterio de esos consorcios que al espectador solo le es permitido percibirlos como simples hechos consumados.

Lo que se debate en el mundo actual en los escenarios de la multilateralidad diplomática de las naciones, es entonces lo que resulte como necesidad de cada país a partir de su posición en el contexto noticioso mundial. La noticia que tenga mayor impacto en la sociedad será siempre la determinante o desencadenante de los nuevos acontecimientos. De ahí la importancia de primer orden que adquiere el medio de comunicación en el entramado de las superestructuras de la dominación. Utilizar el hecho noticioso para convertirlo en instrumento discursivo que sirva a esos intereses corporativos, es la tarea más urgente e impostergable para la hegemonía dominante hoy en el mundo.

Ese producto es lo que se conoce hoy en día como “información”; hechos procesados desde la óptica del poder del gran capital tras el medio de comunicación por el inmenso plantel de periodistas y comunicadores de las más diversas especialidades y categorías informativas, que sirven a su empleador como auténticos soldados de un gran ejército de asalto para tratar de imponer el neoliberalismo en el mundo.

Quienes emprenden hoy sus airadas protestas contra la disposición cautelar del Estado venezolano de suspender las transmisiones de la cadena de noticias norteamericana CNN en Español en Venezuela, en virtud de su ataque sistemático a la democracia de nuestro país, al derecho de nuestro pueblo a la paz y a la tranquilidad, a la soberanía nacional y a la legitimidad del gobierno bolivariano, lo hacen argumentando la defensa de la libertad de expresión y en apoyo al derecho de información que supuestamente se le estaría violando a la ciudadanía con la medida, usurpando una vez más los derechos de la sociedad en busca del aprovechamiento de los mismos en beneficio de los dueños de esas grandes corporaciones mediáticas y del sistema capitalista imperante.

En particular, llama poderosamente la atención que gremios de profesionales del periodismo como el Colegio Nacional de Periodistas (CNP) y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), sean los primeros en denunciar la medida, cuando se supone que su razón de ser debiera estar orientada precisamente a velar por los intereses de sus agremiados frente a los atropellos del patrono, erigido cada vez más en una poderosa estructura de poder pretendidamente universal y omnímodo cuya voracidad le ha convertido en la más infernal maquinaria de acumulación de riqueza que haya conocido la humanidad, al reducir el control de las casi tres cuartas partes (3/4) de la riqueza mundial a manos de un escaso uno por ciento (1%) de la población. Una apropiación de la riqueza que surge fundamentalmente del control de los medios y de su poder de manipulación de la realidad.

Poder que se demuestra precisamente en la condición rastrera de quienes abogan por el opresor siendo apenas asalariados suyos, al servicio de un interés que jamás podrá ser el de la sociedad porque no emana de ella bajo ninguna forma de expresión soberana del pueblo, sino que deriva del poder del dinero y de su naturaleza perversa y depredadora.

Con su ardorosa defensa de los “derechos” de una corporación mediática cualquiera que esté al servicio del gran capital, los periodistas de esos gremios dejan claro ante el mundo que en su ejercicio regular como trabajadores de la información no son profesionales de la verdad (como algunos llegan temerariamente a sostener) atenidos a principio ético alguno, sino que, tal como lo sostenemos desde la Revolución Bolivariana, son más bien indignos abogados de facto y a la vez artesanos de la urdimbre de la mentira en la que se sustentan hoy esos medios y en definitiva el capitalismo mismo en el mundo.

Más aún si esas corporaciones, como es el caso de CNN en Español, fomentan de manera recurrente la desestabilización, la ingobernabilidad y el estallido social, con el único objetivo de provocar el derrocamiento de un gobierno legítimamente electo, tal como ha sido su práctica sostenida contra Venezuela. Es colocarse abiertamente en contra del débil, del desposeído, del que sin tener acceso a medio de comunicación alguno es víctima insalvable de la manipulación y la tergiversación que desde el medio emana. Es decir, es colocarse en contra de las grandes mayorías de la sociedad.

Surge así de nuevo la impostergable necesidad y el sentido clamor de los pueblos por la democratización del medio de comunicación, a través de un proceso profundamente revolucionario que trascienda los linderos culturales de esa misma pléyade de comunicadores formados bajo la lógica burguesa de la comunicación, y que dé paso definitivo a nuevas formas, nuevos códigos, nueva narrativa, bajo una nueva y más humana concepción del universo.

El filósofo Fernando Buen Abad nos alerta y nos orienta en esa dirección.

 “La Revolución de la Comunicación –dice Buen Abad- debe radiografiar los huesos mismos de toda estructura de comunicación, explorarlos críticamente, desde sus entrañas. Ya la anunció Nicolás Maduro y es indispensable que empujemos entre todos, que hagamos nuestra tal batalla, que ayudemos y nos ayudemos a aprender. Inventar o errar al lado de todos los pueblos. Levantemos continentalmente la bandera de la Revolución de la Comunicación que tiene un futuro magnífico, nadie puede hacerse sordo, todos estamos obligados a levantar la voz.

¿De qué manera hay que explicar lo importante que es la convocatoria de Nicolás Maduro a una Revolución de la Comunicación armada con cuantos medios sea necesario para liberar a la humanidad de todo aquello que la hace prisionera en los límites de sus más elementales necesidades? Habrá que disponer de los mejores logros tecnológicos y las mejores experiencias sociales para convertirnos en militantes de la verdad, transformadores revolucionarios de la conciencia para la creación de una sociedad sin clases, sin propiedad privada. Revolucionarios de la Comunicación militantes en la ciencia, la educación, la tecnología… la poesía, para activar todas las fuerzas sociales en la resolución de los problemas de la vida práctica.”

Esa revolución empieza por ejercer la plena soberanía sobre nuestro espectro radioeléctrico. Tal como lo hace hoy el Gobierno revolucionario del Presidente Nicolás Maduro en nombre de nuestro pueblo.

@SoyAranguibel

La medida cautelar contra CNN es en defensa de la soberanía y del pueblo

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Caracas 17/02/2016.- María Alejandra Díaz conversa en su programa Leyes del Pueblo con el analista y comunicador social Alberto Aranguibel acerca de los verdaderos alcances y significación de la medida cautelar tomada esta semana por el Estado venezolano contra la cadena de noticias norteamericana CNN en español.

El Estado Comunal que repudia la derecha… y que niega la izquierda compulsiva

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Por: Alberto Aranguibel B.

Alimentada en su esencia por el perverso discurso pro-imperialista de la narrativa cinematográfica, la sociedad que surge de los procesos de transculturización y alienación que Hollywood fomenta entiende el pensamiento de izquierda como una sarta de disparates desquiciados que, desde esa óptica, no responderían de ninguna manera a formulaciones teóricas fundamentadas sino más bien a rasgos salvajes del ser humano en determinadas circunstancias de opresión o de inconformidad.

Para el ciudadano común de la sociedad capitalista el revolucionario es un vulgar desadaptado cargado de odios y rencores irracionales derivados de su condición de pobre, en la que por su propia ineptitud (y no por culpa de más nadie) estaría sumido desde los orígenes de los tiempos.

Su somera, y en la mayoría de los casos inexistente, lectura de la historia, empezando por la de la Revolución Francesa, le hacen ver todo proceso revolucionario como la anárquica destrucción del orden natural de la sociedad impulsada siempre, de acuerdo a esa necia percepción, por una banda de incompetentes sin formación ni capacidad alguna para el ejercicio de la gestión de gobierno.

En la cultura capitalista el éxito, expresado de cualquier manera, se asocia indefectiblemente al capital. Por eso en el cine solo los más acaudalados serán capaces de conducir los procesos que asegurarán el éxito en cualquier ámbito. En consecuencia; los pobres serán siempre los ineptos por antonomasia.

Woody Allen, erigido por décadas en sinónimo de “genialidad” por su audaz y persistente uso del sarcasmo contra las seudo ilustradas élites intelectuales norteamericanas (lo que le valió un sobredimensionado reconocimiento de la izquierda en el mundo entero), satiriza en su película “Bananas” (1971) esa capacidad para el ejercicio de autogobierno por parte del pueblo, a veces de manera simpática y a veces en forma definitivamente repugnante.

El nombre del film en sí mismo es una insolencia contra los países centroamericanos que durante siglos fueron saqueados por empresas como la United Fruit Company, corporación norteamericana que instauró el más pavoroso sistema de explotación de esas naciones, a las que precisamente por esa circunstancia se les llamaba “repúblicas bananeras”.

Abonando la imagen distorsionada del revolucionario en el imaginario norteamericano, Allen coloca a “Espósito”, líder de la rebelión popular que asalta el poder en la ficticia república de San Marcos (que sugiere a cualquier país suramericano), como un auténtico oligofrénico que, una vez llegado al poder luego de la huida por vía aérea del dictador depuesto, comienza a dictar órdenes y decretos insensatos que contrariaban las maravillosas promesas de justicia social con las que conquistó al pueblo durante la lucha guerrillera para alcanzar el poder.

“A partir de hoy el idioma oficial de San Marcos será el sueco –dice en su primera arenga pública el nuevo mandatario en la película- ¡Silencio! –grita para contener el sobresalto de la población ante el desaforado anuncio- Además de eso, todos los ciudadanos de San Marcos deberán cambiarse la ropa interior cada hora y media. Y para que podamos comprobarlo, deberán llevarla por fuera. Así mismo, todos los niños menores de dieciséis años… tienen ahora dieciséis años”.

Algo así como lo planteado por George Orwell en su fábula “Rebelión en la granja” (1945), en la que coloca a los revolucionarios de la novela como animales que se rebelan contra humanos, incurriendo en vicios y torpezas interminables que a la larga no solo no resuelven los problemas que se proponían resolver sino que los agudizan.

Con base en esa grotesca distorsión de los procesos revolucionarios a través de la historia (alimentada, por supuesto, por décadas de anticomunismo brutal promovido por el imperio norteamericano, así como por las deformaciones que la clase dominante burguesa le inocula al individuo a través del sistema educativo formal y de las estructuras de la educación informal) es como buena parte de la sociedad edifica su perspectiva contrarrevolucionaria, incluidos sectores tanto de derecha como de izquierda cuya percepción de tales procesos termina siendo más o menos la misma.

La Revolución Bolivariana no ha estado exenta de esa percepción por parte de quienes desde la izquierda le reclaman lo que supuestamente no habría avanzado en la construcción del modelo socialista y quienes desde la derecha le acusan de exactamente todo lo contrario. Para ambos lo que existe hoy en la Revolución Bolivariana es solo una caricatura al mejor estilo de “Bananas”.

Ulises Daal, parlamentario corredactor de las Leyes del Poder Popular, sostiene que ya en el inicio mismo de la Revolución Bolivariana se emprendió la estructuración del Estado Comunal en Venezuela. En su texto “¿Dónde está la Comuna en la Constitución bolivariana?” (Ediciones de la Asamblea Nacional / 2013), Daal afirma: “La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) es la primera en la historia del constitucionalismo que no fue dictada con el objeto de conservar o mantener las instituciones de la sociedad en la cual fue aprobada, como tampoco para establecer condición pétrea o inmutable de las instituciones que ella misma ordena crear. Ello es así porque al establecerse que el fin supremo de la CRBV es el de «refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural», hace de nuestra carta magna instrumento para el desarrollo de un proceso de transformación social en la dirección de alcanzar ese fin supremo”.

A lo largo de los últimos diecisiete años, la construcción de ese nuevo modelo de sociedad en el que, en la lógica del autor, la democracia no es un estado sino un proceso que conduce a la materialización de las formas de participación popular, se ha pasado de la etapa inicial de superación de la deuda social acumulada, a través de programas como el Plan Bolívar 2000 en un principio y las llamadas Misiones Sociales después, a la etapa de formulación de estructuras de distribución y aseguramiento de justicia social que comprenden la promulgación de Leyes del Poder Popular desde el año 2006 con la Ley Orgánica de los Consejos Comunales, a la que se suman en 2010 las Leyes Orgánicas del Poder Popular; de las Comunas; del Sistema Económico Comunal; del Consejo Federal de Gobierno; de Contraloría Social; de Planificación Pública y Popular; de la Jurisdicción Especial de la Justicia de Paz Comunal; y para la Gestión Comunitaria de Competencia, Servicios y Otras Atribuciones.

Apoyados en las estructuras comunitarias creadas por la Revolución, más de 44.000 Consejos Comunales creados por el pueblo desde 2006 en adelante, y más de 1.300 Comunas construidas hasta finales de 2015 (http://www.mpcomunas.gob.ve), ha sido posible paliar la embestida de la guerra económica desatada por la burguesía contra el pueblo, a través de instrumentos como los Claps, concebidos no como instancia para la entrega de alimentos a la población como parte de una “política populista”, como han querido hacerla ver quienes los critican, sino como mecanismo de activación del Poder Popular para el ejercicio de nuevas formas de autogobierno.

Por eso se ha podido avanzar hoy en la iniciativa emprendida por el Comandante Chávez en 2010, con la creación de la Misión de Justicia Socialista, “Para ir a conformar las casas de Paz, para ir a llevar los fiscales, los jueces y la seguridad armada a las comunidades de los Cuadrantes de Paz. Para ir a formar a los Consejos Comunales en una nueva visión de justicia, para ir a construir realmente la paz territorial”, tal como lo afirmara esta semana el presidente Nicolás Maduro en la instalación del Año Judicial 2017.

Para Chávez, el Socialismo Bolivariano del siglo XXI, no debe ser calco de ningún otro modelo existente o intentado en el pasado, no por hedonismo ideológico de ningún tipo sino porque la idea era avanzar hacia una nueva sociedad sin reproducir los errores del pasado.

Ello obliga a una transición ardua y compleja, que la crisis del precio del petróleo y la guerra económica desatada por la derecha contra el pueblo acentúan y hacen más pesada. Pero que en modo alguno significa que no se está trabajando.

Quizás, en forma autocrítica, habría que aceptar que probablemente no se ha comunicado al pueblo de manera efectiva la complejidad de un proceso tan exigente como el de la transformación que la Revolución Bolivariana comprende, ni la significación histórica y sustantiva de los alcances logrados en la construcción del Estado Comunal al que se aspira.

Una tarea comunicacional impostergable que en efecto pareciera estar cada vez más pendiente.

@SoyAranguibel

Inseguridad, periodismo y poder popular

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Por: Alberto Aranguibel B.

Uno de los argumentos predilectos de la derecha contra quienes defendemos el esfuerzo del gobierno revolucionario por instaurar en el país un modelo de justicia y de igualdad que erradique de nuestra sociedad la exclusión y la miseria que genera el capitalismo, es la acusación de “fantasiosos” que se nos atribuye, quedándose siempre en el epíteto, el insulto y la descalificación, sin aportar jamás razonamiento alguno que contraríe de manera sustantiva nuestras consideraciones.

En lo personal, cada vez que aparezco en televisión exponiendo mi visión de la realidad nacional, soy objeto del más brutal ataque por parte de verdaderas hordas falangistas de tuiteros de la oposición, porque no me refiero al gobierno en el tono cuestionador que a los militantes de la oposición les agradaría sino que, muy por el contrario, en mi disertación procuro en todo momento ser lo más profuso que pueda en la fundamentación y constatabilidad lógica de cuanto sostengo.

Un ataque de naturaleza fascista que raya en la imbecilidad cuando pretende que si eres chavista no estás calificado para hacer un análisis político de ninguna naturaleza, y que no repara incluso en la insolencia contra el entrevistador, quienquiera que sea, al que por lo general le recriminan en la forma más desconsiderada el solo hecho de invitar a su programa a un revolucionario. La derecha asume que el medio de comunicación debe estar exclusivamente al servicio del capitalismo. Todo lo demás, dijera MacArthur, es un atentado contra la libertad y la democracia. Conceptos con los cuales, según esa derecha reaccionaria, no hay problema alguno en ser complaciente, sumiso y hasta arrastrado.

Amparado en la grotesca y arbitraria manipulación del concepto de “objetividad” que supuestamente rige al periodismo (y en general al medio de comunicación capitalista) la prensa neoliberal impone matrices en la sociedad de manera completamente antojadiza, sin respetar en lo más mínimo la naturaleza veraz de los acontecimientos. A esa matriz, urdida y orientada por el interés particular del poder hegemónico mediático al servicio del capitalismo, esas facciones de la derecha pretenden que todo analista se someta, acatándola a pie juntillas, so pena de terminar siendo víctima de la más cruel y destructiva descalificación.

Se busca así intimidar y someter al pensamiento revolucionario mediante la fuerza del poder mediático, para inhibir su capacidad argumentativa con la amenaza que representa la posibilidad de volcar sobre él el peso de una opinión pública que le desapruebe y le censure. Lo cual en muchos casos, lamentablemente, surte su efecto en forma de un mediocre y falso equilibrio o pose de supuesta autocrítica, que a la larga no es sino un abono muy oportuno para el discurso contrarrevolucionario.

El tema de la inseguridad, por ejemplo, es uno de esos que la manipulación mediática ha logrado convertir en tabú incluso para muchos de los más esclarecidos voceros del pensamiento revolucionario en los medios de comunicación, que por temor al repudio de la audiencia aceptan como única realidad el apocalíptico escenario impuesto por los medios de la derecha que habla del desbordamiento y la impunidad de la violencia como resultado de una supuesta indiferencia del gobierno frente a ese flagelo.

Un repaso aleatorio por los portales de los más importantes medios de comunicación, ofrece una visión completamente opuesta a la de la matriz por ellos mismos fomentada con su tratamiento sensacionalista y tergiversado de las estadísticas sobre decesos violentos en el país.

En la página web de Globovisión de un día cualquiera, aparecen en la sección de sucesos los siguientes titulares: “Policaracas capturó a secuestradores que se hacían pasar por funcionarios”; “Desmantelan banda de extorsionadores en el Zulia”; “3 detenidos y un fallecido dejó enfrentamiento con el Cicpc en Carabobo”; “Condenan a un hombre por violación a un menor de edad”; “Desarticulan banda de extorsionadores en Barinas”; “Alcalde de Río Chico sufrió accidente de tránsito en Higuerote”; “Localizan cadáver en el bulevar de Sabana Grande”; “Colisión deja 7 fallecidos en el eje vial de Barquisimeto”;” Detienen a catorce sujetos por delitos en el Recreo, Catia y en el centro de Caracas”; “15 personas detenidas tras siniestro de avioneta en el sur del lago”; “ Militares incautaron 53 envoltorios de marihuana en población de Anzoáteguí”; “MP condena a mujer vinculada al homicidio frustrado de su hija”; “MP supervisó la incineración de 640 kilos de droga”; “Acusan a 3 personas por traficar 105 panelas de droga en Amazonas”; “Privan de libertad a colombiano por múltiple asesinato en Portuguesa”; “Detienen a pareja venezolana que planeaba enviar muñecos con droga a EEUU”; “Privan de libertad a 2 sujetos por contrabando de combustible”; “Aprenden a alias “El Yefre” en Guatire”; “Policarabobo detuvo a 2 sujetos con armas de fuego artesanales”; “Privan de libertad a joven por muerte de su padre y dos hermanos en Caracas”; “Un fallecido y 2 detenidos tras secuestro frustrado en autopista Francisco Fajardo” (http://globovision.com/sucesos, viernes 03/02/2017).

El mismo día, en el portal de la emisora YVKE Mundial (http://www.radiomunidial.com.ve), emisora adscrita al sistema nacional de medios públicos, se lee: “Realizado despliegue en la Pastora con 393 funcionarios”; “180 efectivos militares resguardan a habitantes de Caricuao”; “280 efectivos de la GNB desplegados en la parroquia El Recreo”; “3 detenidos y un fallecido durante enfrentamiento con el Cicpc”, entre otros.

Sin que jamás haya sido negada por el gobierno (y mucho menos por los voceros o analistas que lo apoyamos) la fuerte presencia de la criminalidad y la violencia en las principales ciudades del país es una realidad inocultable. Pero convertirla en sinónimo de impunidad como pretende ese periodismo mercenario que convierte todo fallecimiento, ya sea producto de la violencia o por causas estrictamente naturales o accidentales, en una perversa estadística de holocausto, es otra cosa.

Existe impunidad no porque el hecho delictivo se produzca, sino cuando el mismo no sea investigado o resuelto policialmente por desinterés o dejadez de las autoridades. La acción punitiva debe producirse posterior al delito cometido, porque antes de cometerse no existe violación de la Ley. De ahí que lo máximo que pueden hacer las autoridades para prevenir los delitos sean acciones de carácter persuasivo, mediante la vigilancia policial fundamentalmente.

Pero en Venezuela la prensa de la derecha invisibiliza sistemáticamente tanto la acción persuasiva como la acción punitiva, es decir; la solución policial de los crímenes y la captura o exterminio de los delincuentes, que en el país tiene una de las tasas más altas del continente.

El portal La Patilla, de orientación abiertamente golpista, no reseña ni una sola nota de las anteriores referidas a la contundente acción del gobierno contra el hampa. Hasta entrada la medianoche del viernes solamente destacaba notas de líderes opositores acusando al gobierno con los infundios más disparatados y diversos. Tres notas en la sección principal eran declaraciones de un mismo vocero, Henrique Capriles, difamando al ciudadano Presidente de la República.

El Nacional, por su parte, extrañamente, colocaba en su parte más inferior una tímida nota que registraba el trabajo de la GNB por combatir el contrabando de combustible hacia Colombia. De resto todas las notas eran referidas a hipótesis contrarrevolucionarias tanto en el ámbito nacional como en el internacional.

Se le vende a la sociedad con esa manipulación, una realidad distorsionada que en nada favorece la búsqueda de soluciones efectivas a ese grave problema que hoy ciertamente aqueja a la población. Su sobredimensionamiento y falseamiento arbitrario, en función de una parcialidad política y no del país, es el verdadero atentado contra la paz social que la mayoría reclama.

De ahí que una primera conclusión al respecto sea la que aborde el tema de la democratización del medio de comunicación para que en efecto responda a los intereses del pueblo y no de las élites burguesas que se benefician con los efectos perniciosos de una criminalidad en la que el más interesado es el mayor vendedor de armas del mundo, como lo es los Estados Unidos, que hoy inunda a toda Suramérica con su infernal mercancía bélica.

Solo el poder popular organizado, contando con el apoyo de sus cuerpos de seguridad y de medios verdaderamente ceñidos a la veracidad que ordena nuestra Constitución, podrá erradicar de nuestras calles una violencia que hoy pretende instaurarse en el país gracias al respaldo del que ella, la violencia, dispone por parte de la derecha, los medios privados de comunicación y el imperio norteamericano, cada uno de acuerdo a sus muy particulares y siniestros intereses.

@SoyAranguibel

Aranguibel en Globovisión: “El carnet de la Patria es un instrumento para la organización popular”

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El analista político Alberto Aranguibel afirmó este jueves en conversación con el periodista Vladimir Villegas en el programa “Vladimir a la 1”, que el Carnet de la Patria que está implementando en Gobierno del Presidente Nicolás Maduro, es un instrumento concebido como una herramienta para organizar al pueblo de cara a las necesidades que ha generado la guerra económica desatada por los sectores de la derecha neoliberal en el país, lo cual demuestra que efectivamente el primer Mandatario está ejerciendo a cabalidad las responsabilidades que le corresponden.

Piedad Córdoba: La guerra mediática contra Venezuela persigue desalentar las luchas de los movimientos sociales en el continente

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– En el marco de la V Cumbre de la CELAC en Santo Domingo –

 Por: Alberto Aranguibel / foto: Malva Suarez

AA: Piedad Córdoba llega al Encuentro de los Movimientos Sociales y Fuerzas Políticas que se lleva a cabo en Santo Domingo en el marco de la V Cumbre de la CELAC, casi directamente de Cuba, donde presentó frente a los restos de Fidel Castro su candidatura a la presidencia de Colombia. Significa mucho ese gesto…

PC: Significa la ratificación de un compromiso de continuar con la búsqueda de un mundo mejor; un mundo de justicia que en un país como Colombia hace muchísima falta. Pero era a la vez una expresión  y una manifestación de mi profunda admiración hacia la lucha y al legado que dejó Fidel en un país como Colombia, donde se mueren los niños de hambre en la Guajira, en el Chocó; donde hay nuevamente un desplazamiento en razón de lo que representa el “neo-estractivismo”, que campea sin ningún control en el país, que está generando el asesinato y la desaparición de un número muy grande de defensoras y defensores de derechos humanos (en lo que va de enero ya llevamos dieciséis personas asesinadas que se suman a setenta y ocho del año pasado). Por lo tanto lo que significa haber logrado los acuerdos de paz, en lo que Fidel, como Chávez, como Nicolás, es decir como Venezuela y Cuba, han jugado un papel importantísimo, creo que lo menos que yo podía hacer era rendirle un tributo no solo de admiración sino de compromiso.

AA: ¿Están dadas las condiciones de la férrea democracia neoliberal colombiana para una candidatura progresista como la de Piedad Córdoba?

PC: Yo creo que si nos ponemos a esperar las condiciones sería no hacerlo nunca. Creo que de lo que se trata es de generar un entusiasmo, una dinámica un compromiso de que sí se pueden lograr cambios en el país, que son tan supremamente importantes que ni siquiera hay que hablar de izquierdas o de derechas, sino de respeto por la vida. Porque hablamos de un país que lleva tantísimos años en guerra, en la que hemos tenido experiencias terribles como el exterminio de la Unión Patriótica (más de cinco mil personas asesinadas en una comuna popular en Medellín, por ejemplo, que motivó la condena del Estado por la Operación Orión). Se siguen asesinando personas por su manera de pensar, pero también por los intereses que generan las inmensas riquezas que hay en muchas regiones del país. Por lo tanto somos en verdad temerarios quienes, como yo, ponemos a la consideración del pueblo más que un nombre la lucha y más que la lucha un programa.

AA: ¿Cuál es la expectativa actual del colombiano, del pueblo, frente a toda esa realidad política?

PC: Ha sido tan dura la guerra que la gente se ha habituado a la muerte. En eso los medios de comunicación han jugado un papel nefasto en función de sus intereses que son los intereses de las multinacionales, intereses en los mega proyectos de grandes grupos económicos y financieros. Por lo tanto Colombia tiene un gran problema social que es su gran analfabetismo político. Hay mucha gente de sectores populares que uno cree que debiera congraciarse con quienes luchamos por unas mejores condiciones de vida para ellos, que terminan siendo nuestros principales opositores. Pero, por supuesto, yo creo que la culpa no hay que echárselas a ellos. Nuestra lucha y nuestro compromiso con ellos tiene que ser mucho más contundente.

AA: A través de esos medios de comunicación el neoliberalismo quiere presentar la realidad latinoamericana actual como expresión de un proceso de avance de la derecha ¿Es cierto ese avance?

PC: La derecha se preparó durante estos últimos quince años, y sobre todo a partir de la llegada de Hugo Chávez al poder, que fue quien inspiró realmente a los nuevos movimientos sociales y populares en la región, y la llegada de dirigentes como Correa, como Evo, como los Kirchner, como el mismo Lula, lo que pasó en Salvador, luego en Honduras. Ese fue un golpe muy duro para la derecha, y sobre todo para los intereses de las multinacionales y los sectores financieros, que vieron cómo empezaron a protegerse y a nacionalizarse los recursos naturales al ponerlos al servicio de la gente, a hacer una intervención del Estado mucho más rigurosa ceñida fundamentalmente a los principios de la defensa de los derechos humanos en su integralidad como derechos sociales, económicos, ambientales, lo que fue generando una recomposición de los medios y de los sectores militares en la región, porque lo que ha sucedido es que el Plan Cóndor terminó convirtiéndose en un “Plan Cóndor Mediático”; un plan poderosísimo que busca instalar en la gente el miedo, el terror y la desinformación, haciéndole creer a la vez que la derecha está avanzando cuando en realidad no es así.

AA: ¿Eso no quiere decir que hay entonces la necesidad de una reconfiguración también de la concepción y las formas de organización de los movimientos sociales?

PC: Yo creo que sí. Esa fue la lección después de que tumban a Zelaya en Honduras y a Lugo en Paraguay, que fue cuando empezaban a mostrarse las orejas del monstruo y los movimientos populares nos quedamos atrás de eso. Lo que ha ocurrido ahora con el descomunal esfuerzo de los Estados Unidos y de todas esas multinacionales por tumbar a Nicolás, por desconocer su legitimidad, es que mucha gente pensaba que ese problema era solo de Venezuela. Pero ya vimos cómo pierde las elecciones Cristina, cómo pierde el referendo Evo, cómo liquidan ante la opinión pública a una mujer como Dilma y también a Lula. Obviamente todo eso ha conducido a una fuerte recomposición de los movimientos sociales y populares. Lo hemos visto en las movilizaciones en Brasil. Lo hemos visto en las movilizaciones en el mismo Ecuador, en Argentina, en México, e inclusive en Colombia, después de la pérdida del plebiscito. Pero yo creo que donde ha habido una mayor consolidación y homogenización del movimiento social y popular es en Venezuela y eso está dando una nueva lección. ¿Qué significa esto? Que la gente tiene que seguir en la calle, pero que además los intelectuales que escriben tienen que ser intelectuales militantes, comprometidos precisamente con la defensa de este ideario, para hacer ver que es éste un momento de crisis pero no de una derrota.

AA: En su exposición en Santo Domingo usted tocó exactamente ese tema, alertando acerca del riesgo que se cierne sobre el continente con el ataque mediático contra Venezuela ¿Cuál es ese riesgo?

PC: Esa es una guerra que empieza con la llegada misma del Comandante Chávez al poder, desde que él empezó a modelar y consolidar un proceso y a apoyar otros gobiernos progresistas, lo que provocó una arremetida de la derecha que él enfrentó fuertemente. Tenemos la mala suerte de la desaparición física del Comandante, lo que indiscutiblemente genera un estropicio y pone a todo el mundo a tomar posiciones pero fundamentalmente a defender un proceso que ha sido duramente atacado. En eso, por cierto, llama poderosamente la atención el comportamiento de la oposición venezolana, a la que respeto y que creo que está en todo su derecho. La oposición venezolana tiene la gran fortuna de que no la asesinan ni la desaparecen como ocurre en Colombia, pero el epicentro de la guerra contra el gobierno venezolano se produce en Colombia y no en Venezuela. De Colombia surge la brutal campaña de descaracterización y tergiversación del proyecto revolucionario venezolano que muchos en la región, aún con nuestra diferencias, acogemos y apoyamos. Se trata de una estrategia de campaña descomunal que no hemos sabido nosotros enfrentar, porque un boletín de prensa no es suficiente, porque un pronunciamiento para señalar o adjetivar no es suficiente, sino que amerita una verdadera conjunción de esfuerzos de nuestra parte, con visión crítica, que nos permita revertir amenazas reales como la que comprende el acuerdo del gobierno colombiano con la Otan, por ejemplo, que es una amenaza directa contra Venezuela. Ese es un riesgo real detrás del cual está el interés de los sectores financieros por apropiarse de los recursos económicos de nuestros países, geoestratégicamente bien ubicados, como es el caso de Venezuela, un país al que le desatan una guerra de desestabilización mediante la escasez y el acaparamiento de productos para generar una inflación inducida, que es un calco pero mucho más potenciado de lo que hicieron con el Chile de Allende.

AA: Ha denunciado usted con mucha fuerza un producto mediático en particular que es la telenovela que la corporación Sony está lanzando desde Colombia con el propósito de desvirtuar la imagen y la memoria del Comandante Chávez…

PC: Ciertamente, esa es parte de la estrategia de esos sectores que han estudiado con detenimiento aquellos elementos que les permitan llegar con mayor facilidad a los sectores populares; precisamente a esos sectores que nosotros defendemos. Esa telenovela sobre el Comandante Chávez lo que busca es descaracterizarlo, mostrarlo como un vulgar dictador, y no como el hombre que impulsó y produjo transformaciones profundas por más de quince años beneficiando a millones de seres humanos en la región. La CELAC, por ejemplo, que no es un instrumento creado por la izquierda, sino que es un espacio muy serio de seguimiento a los indicadores de cada nación, ha dado cuenta de la importancia de los cambios inducidos por Chávez contra la pobreza, por la alfabetización, por la educación, por la salud. La Unesco ha hecho exactamente lo mismo. La FAO ha hecho exactamente lo mismo. Entonces lo que busca esa telenovela es degradar la revolución y los cambios que ella ha producido a favor del pueblo. Degradar la imagen de una figura continental y mundial que es precisamente la figura de Hugo Chávez, para provocar con ello el desánimo y el desaliento entre la gente, haciéndole creer que nosotros no sabemos gobernar, que no sabemos administrar el Estado. Un poco la reaccionaria tesis de Orwell en su “Rebelión en la granja”. A través de productos mediáticos como ese se busca hacer aparecer como una amenaza para los pueblos a quienes procuramos un modelo de justicia e igualdad social como el de la Revolución Bolivariana.

AA: ¿Obliga eso entonces al replanteamiento de las formas comunicacionales de los movimientos sociales progresistas?

PC: A nosotros desde hace rato nos viene diciendo Manuel Castell que la era de la información llegó para quedarse y que ella está provocando reacciones reales en las formas de movilización de la gente, en la neurolingüística, en la inteligencia emocional, en la manera en que precisamente estos laboratorios de esos centros del poder económico que son quienes procuran la apropiación de todos los recursos naturales y económicos del mundo, han estado trabajando para ver de qué manera le llegan a la gente y ver cómo generan rechazo hacia nosotros. Entonces no podemos ser inferiores a eso. No podemos seguir concentrados solo en la movilización de calle, que es importante, pero que la mayoría de las vences ni siquiera aparece mencionada en los medios de comunicación, como pasa con las gigantescas movilizaciones del pueblo en México, en Argentina, en Brasil y en Venezuela contra el neoliberalismo. La derecha no va a hacernos propaganda a nosotros. Esto nos obliga a actualizarnos, a estudiar, y sobre todo a buscar cómo somos nosotros quienes les llegamos a la gente no solo con las bondades de lo que hemos hecho, de lo que hemos logrado, sino con la inmensa posibilidad que tenemos hacia el futuro. Hay un imperativo técnico, pero también hay un imperativo ético, porque somos nosotros quienes tenemos la responsabilidad de defender a ese pueblo, a la vez que garantizamos que la economía le llegue a la gente. Venezuela, El Salvador (que pasa por una situación similar), Ecuador, Bolivia, todos tenemos que sentarnos a hacer una clínica que nos permita enfrentar esa arremetida mediática de una forma muy contundente.

AA: ¿La comunicación, como tal, debe ser definitivamente la nueva forma de política?

PC: Creo que sí. Chávez y Fidel fueron extraordinariamente visionarios en ello. Y hay que decir en esto como acotación, que a muchos gobiernos les dio miedo jalarle duro a lo de Telesur. Haberse comprometido a fondo. Lo digo porque alcaldes como Petro, como Samuel Moreno (antes de su escándalo tan espantoso de la corrupción), el mismo Garzón, no fueron capaces de bajar la señal de Telesur a Bogotá. Mucho tuvimos que manifestar ante empresas como Directv, que sacaban la señal de Telesur de la plataforma de opciones y por eso está hoy incluida Telesur en su parrilla. Y así pasó en toda Latinoamérica. El reto de ahora es popularizar esa comunicación. Toca fortalecer los movimientos de medios alternativos en todas las regiones de cada uno de nuestros países, para poder hacerle frente a los gigantes de la comunicación neoliberal. Y en esto quiero llamar la atención en un sentido. Seguramente la Sony no va a hacer un programa, una telenovela como la de Chávez, para perder plata. Ellos le venden en Colombia a RCN porque quieren levantar la audiencia precisamente porque RCN, de acuerdo a estudios muy confiables de audiencia, está en un “rating” tan, pero tan precario, que yo creo que hay canales de televisión de barrios de Bogotá o de cualquier barrio de Colombia que le ganan a RCN en audiencia. Y eso seguramente los tiene muy preocupados, porque su objetivo no es democratizar la información sino generar plata. Por lo tanto hay que tener mucho cuidado en la respuesta que vayamos a dar frente a esta telenovela, no vaya a ser que seamos nosotros quienes terminemos por llevarle la audiencia que ellos necesitan para vender su producto.

AA: ¿Cómo se alcanza ese cambio de actitud de los movimientos sociales progresistas frente al inmenso poder de los medios de comunicación?

PC: Como dijo el poeta: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Esa es parte del aprendizaje que hemos tenido que tener los gobiernos populares. El proyecto comunicacional tiene que ir de la mano de la educación. Es decir, de lo que se imparte desde la escuela, la secundaria y la universidad, en cuanto a la necesidad y la urgencia de la transformación de la sociedad de cara a las aspiraciones de los seres humanos. Luego hay que hacer como reza el dicho popular que aconseja que hay que cacarear el huevo que se pone. Es decir, nosotros no podemos seguir haciendo y haciendo cosas sin que el pueblo sepa que ese logro, que es la construcción de su bienestar, es producto no de un gobierno o de un grupo de personas sino de un proceso político de cambio, no lo llamemos revolucionario si no lo queremos, llamémoslo “humanista”, donde el centro del proyecto es la persona humana y por lo tanto tenemos la obligación de que se sepa y se conozca. No podemos seguir sacando baldiones y baldiones de gente de la miseria que luego se cree gente de clase media o de clase alta porque ya puede comer y luego abandona el proceso, abandona las conquistas, porque cree que no tiene ya nada que ver con el proyecto de los pobres. Yo creo que es ahí donde hay que volver a Gramsci en la necesidad de crear un poder contra hegemónico. Lo cual va de la mano con una construcción de la comunicación vista de una manera diferente y puesta siempre al servicio del proyecto.

AA: ¿Pudiera ser ese el signo de la campaña de Piedad Córdoba.. “Se hace camino al andar”?

PC: ¡Por supuesto!

El Chávez gigante que vive en el alma de los pueblos

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Por: Alberto Aranguibel B.

Parte de la reconfiguración del concepto de relaciones internacionales que surge con la nueva visión que Hugo Chávez le imprime a la forma de hacer diplomacia en el continente, es sin lugar a dudas el carácter popular de los eventos que agrupan a la comunidad latinoamericana bajo el propósito de la hermandad y la solidaridad, que deja en el pasado el rictus acartonado y cursi que desde siempre signó a tales encuentros.

El término mismo de “diplomacia” remite a decadentes formas burguesas en el trato entre los países, derivadas de siglos de sujeción a esquemas trazados por las monarquías de la antigüedad, que otorgaban a sus emisarios frente a otras naciones cartas de representación que se convertían en licencias (diplomas) que aseguraban importantes niveles de privilegio a sus portadores.

Con la incursión de Chávez en el ámbito de las relaciones internacionales como vocero de una nación que se orientaba hacia la transformación de la sociedad teniendo como eje y centro de su accionar al ser humano y sus verdaderas necesidades, todo aquel lenguaje del frac y el paltó levita fue quedando en el más completo desuso para dar paso al estilo franco, abierto, sencillo, desacomplejado y sin rebuscamientos o modismos protocolares que Chávez le dio al intercambio entre las naciones.

Precisamente por esa razón de talante estrictamente revolucionario, es que los llamados encuentros de los movimientos sociales que han surgido al calor de esa visión innovadora en el campo de la diplomacia, ya no solo continental sino mundial, se han venido convirtiendo en los eventos verdaderamente centrales de esas convocatorias multilaterales, en las cuales se reúnen ya no solo los presidentes, cancilleres o representantes de las naciones, sino el poder popular en calidad de vocero de las grandes mayorías que desde siempre fueron excluidas de tales reuniones.

El carácter plural, abierto y sin ambages del evento que suele reunir a los más diversos movimientos a favor de la justicia y la igualdad social y en pro de un nuevo mundo en el que todos los sectores puedan expresar su voz de manera libre y sin condicionamientos de ningún tipo, es definitivamente el factor determinante de la importancia de estos encuentros que en un principio aparecían como marginales e insignificantes frente a las llamadas “cumbres” presidenciales y que hoy se convierten en la reunión necesaria e indispensable de los pueblos.

La asombrosa madurez y profundidad de la reflexión que los movimientos sociales exponen hoy en cada uno de sus encuentros, supera con creces las limitadas posibilidades del formalismo al que deben sujetarse las reuniones presidenciales.

Tal como acabamos de constatarlo en el Encuentro de los Movimientos Sociales y las Fuerzas Políticas progresistas, realizado en Santo Domingo la semana pasada con motivo de la V Cumbre de la CELAC, al cual asistimos junto a importantes dirigentes y diputados del PSUV y del Polo Patriótico, y un grupo de destacados intelectuales y artistas venezolanos, para llevar la verdad de Venezuela y denunciar ahí el inclemente asedio y la brutal guerra económica, política y mediática desatada contra nuestro pueblo por la derecha fascista nacional e internacional que hoy se propone derrocar al gobierno legítimo del presidente Nicolás Maduro y a la revolución bolivariana.

En todas y cada una de nuestras comparecencias en las distintas actividades pautadas para ese encuentro, tanto en la plenaria del foro, así como en los medios de comunicación y en los encuentros culturales y políticos, la constante era siempre la preocupación por la situación venezolana, conocida por los periodistas, la gente del común y los representantes de las delegaciones de todos los países de nuestra América y el Caribe a través de la campaña de distorsiones y descalificaciones sin fundamento que las grandes corporaciones mediáticas difunden por el continente sobre la realidad venezolana.

En todos los casos, la respuesta esclarecedora de nuestros voceros fue más que suficiente para despejar una infamia en la que la gran mayoría de los interlocutores jamás llegó a creer ni medianamente, acerca de las verdaderas causas de los problemas que hoy enfrenta el pueblo venezolano en virtud del terco empeño de una derecha retardataria y miserable que solo piensa en hacerse del poder por el poder en sí mismo, a costa del hambre y del dolor de todo un país.

No hizo falta en ningún momento extenderse en desgloses exhaustivos de ninguna naturaleza, porque una figura prominente resguardaba siempre de la duda sobre el quehacer abnegado de la revolución bolivariana en función de los pobres, de los excluidos de todos los tiempos, que solo esa figura pudo redimir como nunca antes a través de siglos de historia pudo nadie hacerlo.

Ese gigante es Hugo Chávez. Un líder popular que ha trascendido las fronteras más allá del ámbito geográfico para convertirse en referencia política obligada no solo para el continente suramericano, sino para el mundo (como lo expresara vehemente Piedad Córdoba en su brillante y estremecedora exposición ante la plenaria del encuentro), y que desborda los límites del nacionalismo o el regionalismo alcanzando ya el carácter de “universal”, como se le reconoció a lo largo de toda esa jornada.

No hubo exposición alguna durante el encuentro en Santo Domingo, ni espacio en el que los decorados no lo hicieran ver, en el cual no estuviera presente de una u otra forma, en el marco de las reflexiones sobre los distintos problemas y peligros que hoy por hoy ocupan a la comunidad de Movimientos Sociales organizados de nuestra América y el Caribe, el más sentido y vehemente reconocimiento al Comandante Chávez y a su lucha por la justicia y la igualdad social.

Al frente de las tribunas y de los escenarios, delante de las banderas flameantes de nuestras naciones, en cada video o presentación, estuvo siempre en lo más alto la imagen amorosa de un hombre que supo calar hasta lo más hondo del corazón del pueblo, que en cada caso le rindió el tributo del cariño y la lealtad más irrestricta, en demostración del vigor que la presencia del Comandante Eterno tiene cada vez más entre la gente.

Atrás quedaron los cuatro imbéciles de la oposición que en Santo Domingo pretendieron infiltrarse en el encuentro para intentar sabotearlo. Sus videítos de lastimosidad, tomados subrepticiamente por ellos creyendo que nadie los veía, quedarán cuando mucho para el sanitario.

Mientras los miserables que destruyen la felicidad de los pueblos para hacer cada vez más ricos a los oligarcas son desechados progresivamente por la historia, de donde siempre salen con el rabo entre las piernas y por la puerta del basurero, el gigante Hugo Chávez se eleva ya no solo en el recuerdo de quienes le profesan el amor imperecedero que por millones le han jurado hasta la eternidad, sino que crece día a día como referencia cuyo legado de honestidad, rectitud y nobleza, cimientan una visión humanista en la forma de concebir el Estado y la sociedad que progresivamente va adquiriendo una vigencia insoslayable en el quehacer político del mundo entero.

Chávez no es solo el recuerdo de un gran hombre que vino a redimir al pobre y se fue con su paso físico por la tierra de Bolívar.

Chávez es la presencia viva en expansión de un pensamiento emancipador que hoy los pueblos reconocen como “chavismo”, pero que en esencia no es sino la que fue su propuesta medular a lo largo de su vida política, como lo es el “socialismo bolivariano del siglo XXI”.

El mismo socialismo que los necios no comprendieron o se negaron a comprender, y que hoy los pueblos enarbolan como enarbolan con vigor y vehemencia la espada de Bolívar que Chávez les enseñó a enarbolar por todo el continente en contra de la tiranía y la perversión del neoliberalismo.

@SoyAranguibel        

La vitrina Venezuela

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Por: Alberto Aranguibel B.

En el capitalismo los discursos de toma de posesión presidencial (inauguración, le dicen en Estados unidos) están signados por la estructura recurrente de la denuncia contra los siempre alarmante niveles de pobreza, de hambre y de miseria, que reina en cada una de esas naciones.

Las consignas ofreciendo el rescate de una quimérica senda del bienestar mediante programas económicos que se anuncian vigorosos, es la constante más persistente en todos ellos, tal como acabamos de escucharle al nuevo presidente de los Estados Unidos en su fastuosa juramentación.

Sale uno y entra otro, pero ninguno promete ni la más mínima modificación del modelo que genera esa miseria que en cada caso denuncian, porque son siempre el mismo musiú pero con diferente cachimbo.

Por eso una revolución como la Bolivariana le viene como anillo al dedo a la derecha internacional para verter sobre ella toda clase de acusaciones por las imperfecciones económicas que por lo general derivan del viejo capitalismo profundamente enraizado en nuestras sociedades.

Es perfecta para las grandes corporaciones mediáticas, porque acusando a países como Venezuela se desvía la atención del mundo sobre la crisis de un modelo como el capitalista, que no deja de hacer agua por todos lados a lo largo y ancho del planeta.

Se esconde persistentemente en esa guerra de desinformación internacional contra nuestro país, que Venezuela ha alcanzado metas que la mayoría de los países desarrollados no están ni cerca de alcanzar en cuanto a superación de la exclusión social, democratización de la enseñanza gratuita, en programas de vivienda de carácter social, de salud pública y con servicios con las tarifas más bajas del mundo.

Se obvia que esos logros se alcanzaron en el mismo lapso de la mayor crisis capitalista que ha habido desde hace casi un siglo. Así como se obvia que es en el ámbito del capitalismo donde existe hoy la peor hambre que haya padecido la humanidad a lo largo de la historia.

El problema en nuestro país no es solo la guerra económica y política desatada por la derecha nacional e internacional que pretende hacerse de nuestras riquezas por vía de la violencia y el atajo político, sino que se nos usa como vitrina para taparle a la opinión pública esa descomunal crisis capitalista.

El fracasado arrogante que pretendió desconocer la historia

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Por: Alberto Aranguibel B.

“No me interesan los acontecimientos que sucedieron antes de yo haber nacido”
Barack Obama

En medio de la expectativa más grande que recuerde la humanidad con el nombramiento de un nuevo presidente norteamericano, Barack Obama asumía en enero de 2009 como el cuadragésimo cuarto mandatario de la nación más poderosa del planeta, diciéndole al mundo en su discurso inaugural: “Hoy estamos reunidos aquí porque hemos escogido la esperanza por encima del miedo, el propósito común por encima del conflicto y la discordia. Hoy venimos a proclamar el fin de las disputas mezquinas y las falsas promesas, las recriminaciones y los dogmas gastados que durante tanto tiempo han sofocado nuestra política.”

Siendo el primer líder de color de la última nación racista sobre la tierra, la esperanza de millones a lo largo y ancho del mundo de que efectivamente sería la de Obama la más audaz y promisoria de todas cuantas se ofrecieron a resolver no solo los problemas de los norteamericanos, sino de la humanidad entera, fue el sentimiento general.

No importaban ya las calamidades que causaron a los norteamericanos y al resto del mundo los únicos líderes de color que lograron alcanzar antes que él decisivas posiciones de liderazgo, como las que ostentaron en el Pentágono y en la Casa Blanca Colin Powell y  Condolezza Rice, cuyas ejecutorías al frente de sus funciones como los primeros negros que en esa nación llegaban a tales posiciones, llenaron de muerte, destrucción y miseria a casi la mitad del planeta en apenas ocho años del infausto gobierno de George Bush hijo.

Ciertamente, la condición afrodescendiente le imprimía un especial matiz revolucionario a aquel comedido individuo surgido casi de la nada, cuyo aspecto y temperamento lo asociaban más bien con un modesto profesor de filosofía de alguna universidad sureña que a un dignatario ni siquiera medianamente trascendente.

En aquel mismo discurso de asunción se ofrecía sin desmesura como el redentor de modesto carisma que la gente entonces percibía, pero que pontificaba como todo un profeta estricto y riguroso con sus deberes.

“Es bien sabido que estamos en medio de una crisis –decía- Nuestro país está en guerra contra una red de violencia y odio de gran alcance. Nuestra economía se ha debilitado enormemente, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por nuestra incapacidad colectiva de tomar decisiones difíciles y preparar a la nación para una nueva era. Se han perdido casas; se han eliminado empleos; se han cerrado empresas. Nuestra sanidad es muy cara; nuestras escuelas tienen demasiados fallos; y cada día trae nuevas pruebas de que nuestros usos de la energía fortalecen a nuestros adversarios y ponen en peligro el planeta.”

Fue quizás por esa razón que apenas unos pocos meses después de aquellas fulgurantes palabras, el Comité Nobel Noruego en pleno decidió otorgarle (en presencia de su majestad el Rey) nada más y nada menos que el prestigioso Premio Nobel de la Paz “Por sus extraordinarios esfuerzos por fortalecer la diplomacia internacional y la colaboración entre los pueblos”, según explicaron los dignos oferentes en Oslo, aún cuando el recién estrenado presidente ni había hecho hasta ese momento ninguna gira presidencial importante por el mundo, ni había hablado ni una vez en la ONU, ni había enviado a ningún presidente tan siquiera una carta corporativa de salutación que permitiera hablar de él como un promotor de la diplomacia internacional.

El rebuscado “tumbaíto” de hombros, tan propio del más engreído rapero del Bronx, con el que empezó a caminar desde aquel día, dejando atrás la natural sencillez que hasta entonces le caracterizó, fue el primer indicio de que la humanidad entera lo había perdido.

Sus poses arrogantes (y hasta ridículas) fueron cada vez más insoportables hasta en los recintos más reaccionarios del mundo capitalista. Su sinuosa miradita de beatífica condescendencia frente al teleprompter sobrepasó la más elemental seriedad desde el momento mismo en que de manera completamente gratuita y sin justificación alguna le hicieron creer en Oslo que él era el bombón de chocolate que la humanidad esperaba para rendirse a sus pies.

Y así, con esa soberbia que más que de presidente es de desclasado de la más repugnante estirpe,  actuó en todos los escenarios a donde fue a llevar, no un mensaje de concordia y de amistad como sentenciaba en su perorata inaugural, sino el desplante de la prepotencia imperialista de la que se jactó a lo largo de todo su oscuro mandato.

Esa tan despreciable actitud de insoportable arrogancia, fue la que a la larga terminó minando el piso de la que pudo haber sido una notable figuración en la historia. Una historia de la que se burló en imposturas inauditas, no en una o en varias sino en infinidad de oportunidades, en las que se dio el tupé de justificar los cientos de miles de muertos causados antojadiza y arbitrariamente por la nación que él presidía, con su recurrente frase referida a la insignificancia que para él tienen los acontecimientos que sucedieron antes de que él naciera.

Poco a poco, declaración tras declaración, fue cavando su propia tumba en el último foso de la historia pero no con palas sino con micrófonos. Como aquella infeliz proclama en la que alardeaba precisando que “A algunos países hay que torcerles el brazo”, como si de su madre correteándolo por el frondoso patio de su casa se tratara.

Con esa confianza desbordada en sí mismo (exactamente igual a la de los tiranos a los que dijo siempre repudiar) lanzó más bombas sobre pueblos inocentes que ningún otro de sus predecesores desde los tiempos del genocida Harry Truman.

Mientras esa destrucción por él ordenada avanzaba, en su país renacía el horrendo engendro del racismo como no sucedía desde hace más de medio siglo cuando los negros eran cazados en las calles de ese país como si fueran animales. Se disparaba la miseria como nunca antes en la historia en tiempos de paz, llevando el hambre y la exclusión a más de 40 millones de habitantes que claman al cielo por un mendrugo de pan en esa que se dice la más grande y poderosa economía de la tierra. La cifra de ataques homicidas creció bajo su mandato como nunca antes, haciendo terrorífica la experiencia de acudir a cualquier centro comercial. La invasión a la privacidad de las personas a través de internet alcanzó niveles demenciales.

Ninguna de sus demagógicas promesas fueron cumplidas a lo largo de su extenso mandato (extendido por una reelección). Ni el cierre de ese oprobio de arrogancia imperialista que es Guantánamo, ni el cacareado sistema público de salud para los pobres del que tanto habló, sin mostrar la mínima intención apenas por impulsarlo.

Ni siquiera el desbloqueo a Cuba llegó a concretar, a pesar de la estridente fanfarria con la apertura hacia la isla.

Su insolente atropello a Venezuela declarándole amenaza inusual y extraordinaria, fue quizás la gota que derramó el vaso de su cinismo y su impudicia, al intentar destruir, cual bandolero de la peor ralea, la democracia participativa más avanzada del continente (y cuidado si no del mundo) solo por su degenerado afán de asaltar las riquezas y recursos naturales de nuestro pueblo.

No cumplió ninguna de sus delirantes promesas. Pero tampoco pudo derrocar a la Revolución Bolivariana, como a todas luces fue siempre su propósito fundamental.

Fracasó y con él fracasó el más poderosos imperio de la historia frente a la cohesión del pueblo y al sentimiento de lealtad revolucionaria que Chávez sembró en el alma y en la conciencia de las venezolanas y venezolanos de bien que creen y profesan la paz que hoy reimpulsa con la mayor entrega el presidente Nicolás Maduro.

La historia, ese innegable acontecimiento del que surge la grandeza inextinguible de los pueblos, jamás pudo ser ocultada por emperador alguno. Como tampoco pudo hacerlo Obama por mucho que lo pretendiera.

La Revolución Bolivariana seguirá avanzando, con el tesonero esfuerzo en función de la Patria que le ha permitido superar los obstáculos y las embestidas de la derecha nacional e internacional, hasta vencer, como de seguro vencerá, la canalla que desde el imperio la amenaza y la agrede.

Mientras tanto, Obama transitará languideciente el camino del olvido para convertirse de manera inexorable en el polvo cósmico al que se redujeron siempre aquellos que alguna vez intentaron rendir y arrodillar al noble pueblo de Bolívar.

¡Hasta nunca, miserable!

Eva Golinger: Trump: De charlatán a tirano, la cara más vulgar del imperio malvado

trump

Por: Eva Golinger

¡Bom bom bom bom ba bom bom ba bom! Esta mañana me desperté con la música pegajosa de ‘La marcha imperial’, la banda sonora del imperio malvado de ‘La guerra de las galaxias’. ¡Bom bom bom bom ba bom bom ba bom! No me la puedo quitar de la cabeza y no porque mi hijo de casi cinco años es un apasionado de ‘Star Wars’, tanto como yo hace 40 años. ¡Bom bom bom bom ba bom bom ba bom! ‘La marcha imperial’ es la música perfecta para un día como hoy. ¡Bom bom bom bom ba bom bom ba bom!

Hoy, la cara más vulgar, grotesca, ignorante, misógina, racista, xenófoba y salvajemente capitalista explotadora del imperio estadounidense asume el control de la Casa Blanca y de los códigos secretos del arsenal nuclear más poderoso, y peligroso, del mundo. Realmente da terror. Donald J. Trump toma posesión como el 45 presidente de Estados Unidos de Norteamérica y a pesar de las multiples razones para que él no llegara allí, pues allí está y estará durante los próximos años, guste o no. Yo sé que a muchos de ustedes que leen estas líneas les gusta Trump, o piensan que Trump será mejor que Barack Obama o Hillary Clinton, quienes de igual manera ejecutaban la política intervencionista y belicista de Washington contra los pueblos del mundo. Yo les digo que están equivocados.

Trump es un charlatán de los peores que hay. Ha hecho su “fortuna” (no sabemos realmente lo que tiene porque se negó a mostrar copias de sus impuestos en pleno desafío de la tradición estadounidense de transparencia) vendiendo su nombre a otros proyectos, y no porque él haya liderado una empresa exitosa de construcción y bienes raíces. Y de las empresas que él tiene, varias han quebrado, declarándose en bancarrota, y otras han sobrevivido solo porque explotan a trabajadores inmigrantes sin documentación en Estados Unidos, o porque tienen sus fábricas en terceros países donde pagan salarios miserables. Cosas que el propio Trump (hipócrita) dice que son “antiamericanas” y que él como presidente no va a permitir.

Trump utilizó un discurso de populismo barato con recetas de racismo, misoginia y nacionalismo durante la campaña electoral para lograr un apoyo significativo del sector blanco, obrero y rural. Pero es una mentira pensar que ese sector lo llevó a la Casa Blanca. La mayoría del apoyo que recibió Trump en las urnas vino del llamado ‘1%’, los ultra ricos, los multimultimillonarios. Y justamente son ellos los que conforman su gabinete, no es “el pueblo”, tal como Trump había prometido. Hasta ahora, el gabinete de Trump es el menos diverso y más rico de la historia reciente de Estados Unidos. Tremendo cambio de tener un presidente afroamericano con un gabinete lleno de colores, géneros y orígenes. Ahora Estados Unidos vuelve a sus raíces originales, cuando los hombres blancos, ricos, racistas y terratenientes eran los únicos que podían alcanzar el poder.

He visto con alarma las declaraciones de algunos líderes latinoamericanos halagando a Trump y manifestando sus deseos de trabajar con él para una mejor relación entre Washington y la región. Entiendo que no quieren comenzar la relación bilateral de forma negativa y hay que aparentar, por lo menos, la mejor disposición diplomática. Pero el que tenga ojos que vea, el que tenga oídos que oiga. En uno de sus discursos durante la campaña, Trump dijo algo que debería llamar la atención a países en la región como Venezuela, Bolivia, Ecuador, Brasil y México. En referencia a la guerra en Irak, la cual Trump criticó mucho, dijo, “Si fuera yo el presidente hubiéramos bombardeado al país y quitado todo su petróleo. No lo dejaríamos para ellos”. Cree lo que dice, él es un tirano y los tiranos no exageran sus deseos de dominación y violación. Cuidado Venezuela, que tienes las reservas más grandes de petróleo del planeta y ya los dirigentes antigubernamentales tienen el oído de Trump. Cuidado América Latina.

Trump ha nombrado al jefe ejecutivo de Exxon, Rex Tillerson, para ser su secretario de Estado. Creo que eso habla por sí solo. Nada que ver con un gobierno para el pueblo. Y de nuevo, cuidado Venezuela.

Su secretaria de Educación, Betsy Devos, quiere eliminar la educación pública. Ajá. Y ya el Congreso republicano, bajo el mandato de Trump, ha votado para eliminar el programa de salud de Obama, dejando a más de 20 millones de personas (incluyéndome a mí y a mi hijo) sin seguro médico. No han propuesto nada a cambio hasta ahora. Mejor para ellos que las personas sin seguro se mueran de sus problemas médicos, o se vayan a la bancarrota. A los Estados Divididos de Trump no les interesa ni la salud ni la educación del pueblo. Cuidado niños y niñas.

La guerra contra los latinos, las mujeres, los afroamericanos, los indígenas, las personas de distintas preferencias sexuales, tendrá ya su plataforma legítima desde la Casa Blanca. No hay ni un solo hispano en el gabinete de Trump, por primera vez en más de 30 años del Gobierno estadounidense. No es ninguna sorpresa. Trump se declaró tempranamente en su campaña como enemigo de nosotros. Cuidado pueblo.

El jefe de la Agencia de Protección Ambiental de Trump ha instado previamente a eliminar esa agencia, es un negador del cambio climático, como Trump mismo y su secretario de Estado. Cuidado Pachamama.

Los peligros son reales con Trump en la Casa Blanca, mucho peor que con cualquier otro presidente de los Estados Unidos. Aquí solo he mencionado algunos. Apenas esto está comenzando y créanme que pronto todos se darán cuenta.

Lo peor de todo, lo que más nos amenaza como humanidad y planeta con el emperador Trump en la Casa Blanca es algo que no me dejó dormir anoche, y no sé si me dejará dormir durante los próximos cuatro años. Hoy, Trump recibió la tarjeta con los códigos del arsenal nuclear de Estados Unidos, un arsenal que podría acabar con nuestro mundo, con todos nosotros. Ahora él carga esa tarjeta consigo en su bolsillo y puede utilizarla cuando le da la gana. Y los que controlan las armas nucleares tienen que obedecerlo, así de simple. Sabiendo qué fácil es provocar a Trump por Twitter o por cualquier medio, estamos todos bajo un peligro inminente. Cuidado humanidad.

¡Bom bom bom bom ba bom bom ba bom!

eva-golinger Fuente: Eva Golinger / Actualidad RT

Hollywood: el acusado dedo que hoy acusa

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Por: Alberto Aranguibel B.

Sin llegar a ser una denuncia ni siquiera medianamente elaborada contra el macartismo que azotó durante más de una década a la sociedad norteamericana en los albores de la guerra fría, “El Testaferro” (The Front, Martin Ritt, 1976) es sin embargo uno de los testimonios más fehacientes de la crudeza con la que el anticomunismo arremetió contra los derechos civiles en ese país, en particular en la industria del cine y la televisión, a través de una de las más brutales “cacería de brujas” que la humanidad haya conocido desde los inicios de la llamada Era Moderna.

En la película, protagonizada por Woody Allen en uno de sus inusuales trabajos cinematográficos en los que no interviene ni como director ni como guionista, se trata en clave de humor (a veces negro) el fenómeno de la razia anticomunista desatada contra los trabajadores, escritores, directores y actores, del cine norteamericano que fueron víctimas de acusaciones de supuestas prácticas antiestadounidenses, las más de las veces infundadas y falsas, que acabaron con la carrera (y hasta con la vida en muchos casos) de cientos de personas ligadas de una u otra forma al espectáculo en esa nación.

No hubo a lo largo de todo aquel nefasto periodo artista alguno que no fuese presa del terror que se esparció por todo Hollywood con aquella brutal persecución a la que se deben obras como “Las brujas de Salem”, de Arthur Miller, y la propia “El Testaferro” de Ritt, entre muchas otras, en las que se pone de relieve el carácter violatorio de todo derecho humano que comprenden tales practicas condenatorias, que no respetan el principio fundamental de las leyes según el cual “nadie es culpable hasta tanto no se le compruebe su culpabilidad”, o que utilicen como “prueba” la confesión que surge de la tortura o de la simple presunción del delito.

Charles Chaplin fue víctima de esa irracionalidad. En sus memorias cuenta cómo, antes de decidir autoexiliarse de por vida de ese país precisamente por el horror del macartismo, fue interpelado de manera insolente por funcionarios del Departamento de Inmigración de los EEUU, quienes en medio de un sinfín de preguntas descabelladas y ridículas le preguntaban incluso acerca de su vida sexual como elemento indagatorio.

Con el macartismo, los artistas de Hollywood fueron objeto del más vergonzoso acto de injusticia y de infamia que una sociedad pueda soportar, porque además del vejamen al que eran sometidos en su gran mayoría, estaba el bochorno de la cobardía que dejaban al descubierto quienes aceptaban convalidar con su silencio los atropellos de los que sus colegas eran víctimas, o peor aún, de la inmoralidad que significaba delatar a alguien para salvarse de caer en las listas negras de la fascista política del Estado norteamericano, o simplemente para regodearse en el más ruin conservadurismo, tal como lo hicieron de manera impúdica Gary Cooper, Ronald Reagan, Walt Disney, Cecil B. De Mille y Robert Taylor, entre otros.

Obras como Robin Hood y Espartaco, formaron parte de los más de 30.000 libros e historias que fueron prohibidos arbitrariamente por la Comisión de Actividades Antinorteamericanas del Congreso estadounidense, cuyo delirante anticomunismo le llevó a incluir en la lista de organismos censurados nada más y nada menos que a la Asociación de Consumidores de los Estados Unidos, por su intensa labor contra los productos de mala calidad que se fabricaban en ese país, lo cual era considerado por McCarthy como una aviesa operación desestabilizadora orquestada por los soviéticos.

Pero no pasó mucho tiempo para que las Fuerzas Armadas de ese país (el Pentágono) se percataran de la equivocación que estaba cometiendo el sector político norteamericano (el Congreso), que mediante su insensata y delirante cacería de brujas colocaba como enemigo al más poderoso instrumento de propaganda existente sobre la tierra.

En Estados Unidos, el poder de los medios de comunicación, particularmente el cine y la televisión, está en manos de los mismos dueños del poder de fuego del ejército, es decir, de la industria bélica que se alimenta de las guerras.

Fue desde el Pentágono desde donde se le puso freno a los desmanes del desquiciado McCarthy y de su Comisión de Actividades Antinorteamericanas, y desde donde se rescató el carácter de promotor de la guerra que el ejército necesitaba para dar cumplimiento al ideario de democracia neoliberal tutelada que el imperio se propone instaurar en el planeta.

Desde entonces el cine norteamericano ha estado eminentemente al servicio de la propaganda pro imperialista que presenta a los Estados Unidos como rector de ese modelo de sociedad, en donde, a diferencia de lo que planteaba McCarthy, el enemigo se encuentra fuera de sus fronteras, a lo largo y ancho del planeta, y no dentro de ellas, razón por la cual no debiera importar jamás a ningún estadounidense si su presidente es blanco o es negro, si es republicano o demócrata, o si es político o empresario, siempre y cuando sea norteamericano y profese lealtad a la Constitución y al ideario de sus Padres Fundacionales.

Por eso la confrontación que las corporaciones mediáticas de los Estados Unidos han desatado contra el presidente electo Donald Trump, incluso desde la fase de precampaña electoral, es absolutamente ilógica.

En un acto de verdadera destemplanza y sin ninguna ilación ni coherencia con el tono del evento, la actriz Meryl Streep tuvo a bien soltarse durante la entrega de los premios Globo de Oro, que otorga la Asociación de Periodistas Extranjeros en Hollywood, una andanada contra Trump, acusándolo de burlarse en algún momento de un periodista discapacitado, lo cual fue considerado por la prensa mundial como el inicio de una batalla entre la meca del cine y el nuevo mandatario.

“Fue en ese momento, cuando la persona que, aspirando al sillón más respetado de nuestro país, imitó a un periodista discapacitado. Alguien a quien supera en privilegios, poder y capacidad de defenderse. Cuando vi eso fue como si se me rompiera el corazón. Todavía no puedo sacármelo de la cabeza porque no sucedió en una película, sino en la vida real”, decía la actriz en aquel momento, sin mencionar de ninguna manera cuál fue su reacción hace cinco años cuando la entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton (candidata que Streep apoyaba en la recién concluida contienda electoral norteamericana) soltaba en un programa de televisión transmitido al mundo entero una histérica carcajada por la muerte de Muamar Gadafi a manos de rebeldes libios por ella financiados.

Siendo los dueños de los medios los mismos dueños de las guerras, era lógico que su candidato (o candidata) ideal sería aquel (o aquella) que les ofreciera las mejores perspectivas para la consolidación y evolución de su negocio. Por eso jamás apostaron al candidato, Trump, que prometía revisar el tema del intervencionismo norteamericano en el mundo, sino más bien a la que desde siempre ha dado pruebas de su lealtad al modelo belicista que ella misma, Clinton, ha promovido más que nadie en ese país a lo largo de los últimos veinte años.

A los ejecutivos de Hollywood no les importa en lo más mínimo quedar hoy al descubierto como inquisidores, ni siquiera a pesar de la historia de persecución anticomunista de la que fueron objeto con el macartismo. La dignidad no es un rasgo que defina a la industria con la que se engaña a diario a la humanidad con la idea del supuesto bienestar que le aseguraría al mundo el capitalismo.

El ataque de Streep contra el magnate-presidente, fundamentado muy probablemente en los rumores de supuesta alianza entre Trump y el presidente de Rusia, Vladimir Putin, difundidos por los mismos medios de comunicación sin pruebas ni sustento alguno, tiene exactamente el mismo carácter, ya ni siquiera del macartismo (que sería suficiente para avergonzarla) sino de “Las endemoniadas de Loudun”, aquellas monjas ursulinas que en 1634 hicieron incinerar en la hoguera pública al noroeste de Francia al inefable cura Urbano Grandier, cuya fama de sacerdote bonchón le granjeó el desprecio de la beatería del pueblo, pero que de ninguna manera era brujo ni ni mucho menos partidario de Satán como las perversas monjitas le dijeron al mundo en venganza por la negativa del tarambana cura a ser su confesor y, por ende, cómplice de las vagabunderías a las que las inquietas seguramente se prestaban a lo interno del convento.

Si, tal como afirma la actriz en su inconexa perorata de rebuscada rebeldía, el propósito de Hollywood es “tomar el corazón roto y convertirlo en arte”, entonces es fácil colidir que lo que se avecina desde el poder mediático norteamericano con el mandato de Donald Trump no es precisamente una lucha por la profundización de una verdadera libertad y una auténtica democracia, sino un nuevo aluvión de intolerancia propagandística del cine y la televisión del imperio en la búsqueda de recuperar y hacer cada vez más anchuroso y rentable el camino de la guerra que la Clinton ofrecía.

@SoyAranguibel

El imbécil abandono

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Por: Alberto Aranguibel B.

A falta de un instrumental ideológico medianamente presentable, la derecha suele apelar a la dramatización para tratar de influenciar a su audiencia y hacerla permeable a su perversa propuesta neoliberal.

El drama que durante décadas montó el imperialismo norteamericano aterrando a la humanidad con la amenaza que supuestamente representaba el modelo soviético instaurado en Rusia, solo ha sido capaz de ser superado por una ridiculez de similares o mucho más desquiciadas proporciones, como lo del “peligro” que representaría hoy para la seguridad del mundo el jaqueo de las computadoras del Pentágono por parte de uno que otro cibernauta ruso.

Que Estados Unidos continúe a estas alturas intentando atemorizar a la gente con ideas pueriles y descabelladas cada vez más parecidas a los delirantes e irreales argumentos de la filmografía del espionaje de ficción a la que nos tiene acostumbrados Hollywood, es por lo menos ridículo.

Pero la vergüenza no parece ser el rasgo más sólido ni para los políticos de la derecha ni para las corporaciones mediáticas que les hacen el coro tratando de instaurar como valedera esa desquiciada hipótesis del “coco” ruso.

Siguiendo los pasos de sus mentores, la derecha venezolana hace alarde de la misma imbecilidad con la que actúan los zafios estrategas del norte, urdiendo expedientes cada vez más demenciales y ridículos para tratar de acabar con la revolución bolivariana e intentar destituir mediante argucias de raterismo político al presidente Nicolás Maduro.

Como sacados del pote de basura de las oficinas de la MUD, retoman acusaciones desahuciadas, es decir; mil veces desmontadas por el chavismo, como lo de la nacionalidad del primer mandatario, haciendo siempre más bulla que cabuya y sin importarles en lo más mínimo el inevitable ridículo que de manera inexorable harán sin llegar a engañar jamás ni al más despistado de los venezolanos.

La idea de pretender “posicionar” mediante cuatro gritos destemplados en la AN su tesis del “abandono del cargo” por parte del Presidente, cuando es la oposición misma la que ha incumplido como nadie en el país con sus obligaciones laborales en todos los cargos públicos bajo su responsabilidad, además de un melodrama fatuo e insustancial, no puede ser sino un acto de imbécil cinismo.