Retrato de una asquerosa guerra contra el pueblo

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando el periodismo se presta dócil y entusiasta a la rastrera tarea de hacerle el favor a la oligarquía, construyéndole a diario una narrativa que oculte o que justifique su desprecio hacia los pobres y enaltezca sin miramientos la depravación explotadora de los ricos, se incurre sin lugar a dudas en la peor de las ignominias.

Que las guerras sirvan para vender más periódicos y alcanzar mayores niveles de audiencia en la radio y la televisión a partir de la exaltación morbosa de la sangre y de la muerte, es ya de por sí repugnante. Sin embargo, es mentira que esa vocación necrofílica sea la causa de la vulgarización en el ejercicio del periodismo bajo la concepción capitalista que hoy prevalece en las grandes corporaciones mediáticas del mundo.

La verdad es que el contenido mediático, cargado de perversiones que alientan esa lascivia por la crueldad, es lo que conduce a las sociedades a su enajenación progresiva, en la medida en que, por vía del hábito a la exposición cotidiana de lo más perverso del ser humano, convierte toda depravación en cultura.

El afán por la visibilización de la penuria como expresión de la realidad, no es de ninguna manera la fórmula imprescindible para la superación de las calamidades del mundo, como lo ha argumentado desde siempre la gran prensa para aparentar una falsa vocación de contraloría social y de servicio público que jamás ha tenido en la práctica.

El medio se sirve de la calamidad para aumentar sus utilidades a costa del sufrimiento ajeno, y punto.

De ahí que las guerras que se libran hoy en el mundo están determinadas siempre por el mismo factor mediático que las origina y las promueve, a partir de esa particular capacidad para la distorsión y la manipulación de la realidad que ya ha pasado a ser parte consustancial a la vida moderna de las sociedades en todo el planeta, sin distingo alguno de su orientación ideológica o modelo político.

Mediante el secuestro de derechos que le corresponden a la sociedad antes que a las empresas, el medio de comunicación ha violentado desde siempre la posibilidad del ser humano para acceder a la verdad, no solo de su entorno sino del universo mismo. Verdad que le es falseada de acuerdo al poder y a los intereses particulares de los dueños de esos medios que paulatinamente han ido erigiéndose en pontífices inobjetables y eximios tanto del bien como del mal.

Un ejemplo de esta saña morbosa por obtener réditos con el sufrimiento ajeno, sin importar en lo más mínimo la ética que debiera regir el ejercicio del periodismo, es sin lugar a dudas la publicación que recientemente encontramos en la página editorial del ultraderechista diario argentino La Nación, en la que el periódico hace gala de una proverbial capacidad para el retorcimiento de los hechos y el montaje infame de matrices de opinión que atenten a como dé lugar contra la dignidad de un pueblo ,en este caso el venezolano, y en particular de un niño al que con un arbitrario e infundado comentario, urdido por la mente calenturienta de la redactora de turno, se ultraja y se humilla sin conmiseración alguna.

Barbería Migrante

La foto, como la mayoría de las fotos, no necesita explicación. Se trata de un niño que mira a cámara con la curiosidad común en todos los niños del mundo cuando ven a alguien frente a ellos, justo en el momento de ser afeitado por una persona que al parecer integra un equipo de ayuda internacional en algún campamento desconocido (porque no se identifica en la foto) pero que pareciera francés por los colores azul, blanco y rojo, así como las letras que apenas medio se leen, en las capas de los barberos.

No se percibe en la imagen sufrimiento alguno, que no sea el que tenían en mente quienes han querido convertir el fracaso de la oposición venezolana en un show contrarrevolucionario de alcance internacional con el tema de la migración que han protagonizado venezolanos víctimas de las mismas campañas de desinformación y de terror orquestadas a través de los medios por esa misma derecha, y que en virtud del engaño han terminado retornando al país con el mismo desespero con el que se fueron huyendo hacia el exterior hace apenas unos meses.

Bien pudiera ser un “falso positivo”, porque ni los migrantes venezolanos están siendo recibidos en Bogotá por ningún cuerpo de ayuda humanitaria, como explica la nota, ni los que están en Cúcuta son atendidos por ninguna misión francesa. Mas bien pareciera tratarse de algún niño árabe en el norte del Africa, como los hay hoy por decenas de miles en la condición de refugiados.

Pero Diana Fernández Irusta, la periodista de marras, le acomoda un texto de pretendida factura poética (como para ocultar la carga virulenta y ponzoñosa que el comentario lleva como objetivo político soterrado) haciendo alarde de una empalagosa jerga sensiblera que apesta por lo rebuscado y decadente.

Para hacer aparecer al niño como una víctima más de la supuesta “dictadura” que estaría asolando a Venezuela, lo retrata como “Puro ojos, pura belleza”, pero inmediatamente lo conecta con el canallesco discurso de la manipulación que ha preparado, en un punto y seguido que desliza un “Todo interrogantes”, sacado del más nauseabundo baúl de la cursilería.

A modo de “respuesta”, infiere el resto de la escena fotográfica con el veneno que le da a su trabajo el fulgor de la infamia que sus jefes le exigen: “La peluquería, intuimos, tiene algo de improvisada. “Brigada social”, llama el epígrafe de las foto a quienes -ay esos barbijos, esos guantes de plástico- emprende la tarea de rasurar estas cabezas. Cabezas de inmigrantes. El niño es venezolano, está en Bogotá, a metros de la estación de micros. Ignoramos con cuántos integrantes de su familia habrá viajado, durante cuánto tiempo, a través de qué dificultades. Solo tenemos su mirada; descomunal de enorme, abismal en la inquietud, la pregunta, el desconcierto. El niño mira al fotógrafo con algo aún más lacerante que el miedo. Sus labios callan, pero sus ojos dicen que ya no hay casa, ni juegos, ni escuela, ni rumor de dibujos animados por la tarde, con los cuadernos listos para hacer la tarea. No hay nada, salvo este saberse repentinamente sobrante. Objeto incómodo, sujeto de asepsia.

La pestilente nota no alcanza a dar una explicación ni siquiera medianamente cercana a la realidad del fenómeno de la migración venezolana, creado por la derecha latinoamericana a través de los medios de comunicación y su gran poder de influencia sobre la sociedad. Pero sirve para alimentar el ego de la flabistana, quien con toda seguridad así se siente emparentada con la rutilante Angelina Jolie en eso de “velar por los niños que huyen de la barbarie socialista”, razón por la cual no tendrá jamás obligación alguna de escribir ni una línea sobre los verdaderos desplazados latinoamericanos que desde hace décadas abandonan por millones sus países regidos por gobiernos neoliberales que hambrean y pueblan de miseria al continente.

¿Qué es eso de “la mirada descomunal de enorme”? ¿Qué es lo “más lacerante que el miedo” con el que el niño mira al fotógrafo? Nada. Todo en la redacción de los periodistas del neoliberalismo es fatuo, inconsistente y sin esencia.

Su propósito no es desarrollar idea alguna, sino causar dolor, generar odio, hacer sufrir a sus lectores con la rabia que ella cultiva con su verbo repugnante, cargado de falsedades, mentiras y de infamias contra un pueblo que a ella en verdad le sabe al mismo estiércol que sus manos destilan sobre el teclado de la computadora que le presta La Nación.

No son periodistas quienes como ella trafican irresponsablemente con la verdad para imponer la falsedad del mundo capitalista, sino mercenarios de una guerra emprendida por el odioso poder del dinero contra una nación que ha decidido ser libre e independiente, y que no se someterá jamás a los designios ni de las grandes corporaciones norteamericanas, ni de los grandes medios de comunicación que se han confabulado con el imperio para intentar asaltar a nuestro pueblo para robarnos no solo nuestras riquezas y nuestro bienestar sino nuestra esperanza y nuestro futuro.

@SoyAranguibel

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La hora de la conciencia

Por: Alberto Aranguibel B.


“…porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.”
2 Corintios 4:18

Hacía mucho tiempo no se veía en el país una tan formidable fuerza colectiva de esperanza y de fe en función del bienestar común al que aspiran las venezolanas y los venezolanos, como la que se ha sentido en las calles desde la entrada en vigencia del Programa de Recuperación, Crecimiento y Prosperidad Económica puesto en marcha por el presidente Nicolás Maduro.

El deterioro promovido por la derecha nacional e internacional contra nuestra economía, no se limitó jamás a la generación de un indetenible proceso inflacionario que destruyera el poder adquisitivo alcanzado por nuestro pueblo durante la revolución, ni a las formas ilegales de manipulación del mercado y de la producción que han llevado a cabo durante años. Su propósito era acabar con las posibilidades del Estado para la generación del bienestar al que aspira la población, para lo cual el ataque a la siquis de la gente siempre fue un factor fundamental.

A lo largo de todo ese periodo la derecha ha procurado fatigar la viabilidad de las políticas puestas en práctica por el gobierno, mediante la generación de desconfianza e incredulidad con base en campañas persistentes de descrédito y de acusaciones contra el presidente y contra el gobierno, la mayoría de ellas infundadas y con un claro propósito de generación de odio entre la sociedad para fracturar su cohesión y su convicción revolucionaria.

Eje medular de esas campañas ha sido siempre la búsqueda de reinstaurar entre los venezolanos y las venezolanas la cultura del individualismo que promueve el capitalismo como base de su doctrina económica. La mezquindad es el corazón de la filosofía de la acumulación que determina la razón de ser del capital.

Sin ese proceso de desaliento y desesperanza que se sembró en la fibra misma de la sociedad venezolana durante los últimos años, habría sido imposible la existencia de los bachaqueros que tanto daño le han causado a la estabilidad económica del país, pero también a la estabilidad emocional del pueblo. Los bachaqueros son la materialización de la perversa idea del desprecio hacia los demás que deriva de esa lógica de la mezquindad, del pensar solamente en el beneficio propio sin importar el padecimiento del otro, que es tan consustancial al capitalismo.

En la búsqueda de la sobrevivencia a que obligaba esa brutal guerra económica que la derecha desató contra el pueblo, buena parte de la población se fue habituando a considerar provechosa la ventaja lograda a través de la astucia y la triquiñuela cualquiera fuera el escenario. El innoble “cuánto hay pa’ eso” que habíamos dejado en el olvido como una mácula indecorosa en el alma del venezolano, fenómeno que remitía directamente a nuestro bochornoso pasado neoliberal, fue reinsertándose en la médula de la conciencia nacional hasta llegar a los rincones más insondables del ser. La solidaridad, el espíritu colectivista, la hermandad y el espíritu de cooperación que germinó en el país junto con la idea de independencia y soberanía que sembró el comandante Chávez en el país para impedir que esa pérfida derecha pudiera avanzar como lo pretendía desde entonces para causar el mismo daño y la misma devastación que hoy le ha causado a nuestra economía, fueron agotándose progresivamente a medida que iba expandiéndose a lo largo y ancho de nuestro territorio la inmoral fórmula del rebusque individual que comprende el “capitalismo popular” que predica el antichavismo. La cultura del “raspacupismo”, no fue más que una expresión viva del daño que esa enajenación de la sociedad estaba causando entre el pueblo. El odio entre los venezolanos que nos llevó al borde del estallido social fue una consecuencia directa e inevitable de ese proceso de exacerbación de la individualidad y el facilismo.

De ahí que lo que hemos padecido como país y como pueblo no sea solamente un profundo deterioro de nuestra capacidad adquisitiva, sino una severa corrosión de la fibra ética y moral de la sociedad. Algo que hoy tenemos que atender con la misma entrega y sentido de la responsabilidad con los que asumimos el Programa de Recuperación Crecimiento y Progreso Económico, so pena de perder todo lo logrado en este excepcional momento de la historia que hoy comenzamos a transitar.

A diferencia de lo que propone el capitalismo, el socialismo posee una inmensa ventaja para llevar a cabo esa impostergable tarea de reeducación y recuperación ética de la sociedad, que es el fundamento ideológico del planteamiento revolucionario. Mientras el capitalismo no puede ir más allá del ofrecimiento de ilusiones vanas (por eso la publicidad es indispensable para la existencia misma del modelo capitalista) y mientras bajo ese inviable modelo la gente no obtiene sino, cuando mucho, una felicidad pasajera que se agota en la naturaleza efímera de los bienes materiales, el socialismo tiene su asiento en la fuerza y perdurabilidad infinita del amor y del bien común entre el pueblo que promueve el ideario bolivariano.

Corresponde hoy a la revolución asumir la batalla por el reencuentro solidario y fecundo entre las venezolanas y los venezolanos, ya no para la obtención de esos alimentos y productos que les fueron negados por la voracidad insaciable de quienes pensaron solamente en su propio beneficio, sino para alcanzar el estadio de verdadera prosperidad al que aspira el pueblo con base en el trabajo conjunto de todos los actores económicos por igual, cada uno desde su propio rol y desde su propio escenario, pero pensando siempre en el bienestar y la prosperidad de todas y todos los venezolanos.

Toca reconvenir con los comerciantes, la mayoría de los cuales es víctima también, sin lugar a dudas, de la misma saña de los grandes capitales por acabar con nuestra economía, para hacerlos entrar en razón mediante intensas campañas de concientización que les demuestren, con la mayor claridad, que su mejor negocio no es incrementar demencialmente los precios como lo venían haciendo hasta hoy, sino el trabajo conjunto con sus mejores aliados, que no son otros que los propios consumidores a los que cada uno de esos comerciantes se debe.

Se debe explicar en este momento con contundencia y alto sentido pedagógico que los enemigos, tanto de los comerciantes como del pueblo, son quienes atentan contra la tranquilidad de nuestro país a través de la desestabilización económica que nos confronta a todas y todos; comerciantes y compradores, banqueros y usuarios de la banca, médicos y pacientes, servidores y público en general, que padecemos de una u otra forma la misma precarización de la vida en la que hunde esa brutal guerra que promueve la derecha nacional e internacional a un país que es de todas y de todos los que nos referimos a esta nación como nuestra Patria.

Por eso, esta misma semana hemos presentado en el seno de la Comisión de Comunicación e Información de la Asamblea Nacional Constituyente, una propuesta dirigida al gobierno nacional para la realización de una campaña de concientización que aborde este importante tema desde un ángulo didáctico y muy motivacional, como una contribución al logro de esta histórica batalla que hoy libra el presidente de la República con la puesta en marcha de lo que él mismo ha denominado “el nuevo inicio económico” nacional.

Desatender la urgencia de la necesaria concientización, ya no en lo estrictamente informativo del programa sino en lo referido al aspecto ético que el mismo requiere en virtud del daño causado por la guerra a la siquis y a la estructura moral de la sociedad, sería exponer su potencialidad al fracaso y conducir a la Revolución Bolivariana a la pérdida de una inédita oportunidad de avance y profundización en la construcción del modelo de justicia e igualdad social que se propone.

El camino no es fácil. Lo sabemos. La avaricia, el facilismo, la corrupción y el consumismo, no son pequeñas ronchas de magulladuras leves en el cuerpo social, sino verdaderas llagas enquistadas en su organismo. Extirparlas demandará seguramente la aplicación de curetajes profundos que tal vez demoren en producir su efecto.

Pero no trabajar, en medio de este esplendoroso renacer de la esperanza que hoy celebra el pueblo, en la recuperación de nuestra propia autoestima y de nuestra fe en el provechoso porvenir que el proyecto colectivo del socialismo nos augura, sería imperdonable para siempre si por una inexcusable omisión como esa permitimos el retorno a la vida de cada una y cada uno de los venezolanos de los demonios de la perturbación de los cuales hoy nos libra el camarada Nicolás Maduro con su esfuerzo, su amor y su entrega al pueblo.

@SoyAranguibel

Maduro: la importancia de un voto poderoso

Por: Alberto Aranguibel B.

Es el canto universal cadena que hará triunfar el derecho de vivir en paz
Victor Jara

Si algo les resulta insondable y difícil de determinar a las encuestadoras de opinión, son las razones particulares en la orientación del voto de los electores de manera individual. Establecer la intencionalidad de un universo dado solo es posible a partir de una percepción más o menos uniforme entre la población, obtenida mediante el uso de cuestionarios llevados a cabo por especialistas en opinión pública, que, aun cuando logren alcanzar niveles razonables de probabilidad, no llegan jamás a desentrañar las motivaciones profundas de cada uno de los encuestados, sino, cuando mucho, una tendencia aceptable.

La diferencia (a veces abismal) entre un estudio de opinión y otro, está determinada exactamente por esa razón. Por muy honesta y profesional que sea la encuestadora, son muchas las variables que definirán a la larga el resultado de cada sondeo, y que condicionarán, por supuesto, el criterio de los analistas más allá de lo que diga el elector o la electora. La definición del universo poblacional, el establecimiento del tamaño de la muestra y la unidad estadística para el análisis, la planificación del trabajo de campo, quiénes lo hacen, quiénes supervisan, quiénes y cómo tabulan, quiénes rinden el informe final. Todo, absolutamente todo, introduce elementos subjetivos que pueden influir o alterar la consulta, quiérase o no, en un sentido o en otro, porque la intención de voto no es producto de una condición física inmanente del ser humano, sino una expresión de las percepciones de cada quien, de acuerdo a motivaciones particulares, según la diversidad y diferencia de los factores que las desencadenen.

Por eso es razonable suponer que existen diversas motivaciones para el voto, mucho más allá de la simple preferencia o inclinación hacia uno u otro candidato.

En una sociedad despolitizada, el voto está movido principalmente por la necesidad de vivir mejor. En eso en el ámbito del capitalismo el llamado “voto castigo” suele ser la modalidad más recurrida, toda vez que bajo la lógica del libre desempeño del capital los gobiernos no resuelven jamás el problema de la pobreza y la desigualdad social, porque no está en su naturaleza neoliberal ni siquiera el intentar resolverlo.

Pero en una sociedad politizada, como la venezolana, el voto tiene muchas otras connotaciones y valoraciones, más referidas a la sustentabilidad y viabilidad real de las propuestas políticas, en lo cual hay cada vez menos cabida a la seducción de la demagogia y las ofertas engañosas. De ahí que la encuesta va cobrando progresivamente un papel de actor político, en la medida en que, antes que proveer una información al elector, procura inducir el voto de éste. Es decir que, frente al fracaso del demagógico relato de campaña, termina por sustituir el rol del panfleto político de aquellos sectores carentes de propuestas o proyectos creíbles.

Por su condición de empresas privadas que venden su trabajo al mejor postor, las encuestadoras no incorporan en sus procesos mecanismos externos de constatabilidad y aseguramiento de la pulcritud e idoneidad de la información que procesan, y mucho menos de la que entregan a sus clientes. Como, por ejemplo, un registro, unas máquinas y un software auditados, un conjunto de testigos que representen a los distintos actores políticos, observaduría internacional calificada, etc., lo que hace de las encuestas un trabajo independiente sin poder vinculante alguno.

Por eso en un sistema democrático, como el que hoy rige en Venezuela, la única encuesta veraz, precisa, e irrefutable, es el voto. A través de un sistema altamente tecnificado, de confiabilidad perfectamente asegurada, diseñado para reducir al mínimo la natural aprehensión y las posibilidades de confusión del elector a la hora de ejercer su sagrado derecho al voto, las venezolanas y los venezolanos disponen hoy de una posibilidad extraordinaria de participación como no la hay en ninguna otra parte del mundo con tales características.

Quienes desde el exterior se suman a la campaña de difamaciones de la derecha contra el avanzado sistema electoral venezolano, solo expresan el comprensible desconocimiento que tiene la opinión pública internacional acerca de esas características. Precisamente porque nuestro sistema es único, en términos de sus múltiples atributos y sus fortalezas, lo que convierte hoy por hoy a nuestra democracia en una de las más atacadas, siendo que en realidad es una de las más transparentes del mundo.

El voto no es en la Venezuela revolucionaria el desesperanzador boleto hacia la incertidumbre y a la nada que es en el inhumano modelo capitalista. En Venezuela, a diferencia de lo que ocurre en la sociedad capitalista, el voto representa el poder verdadero de un pueblo activado en permanente batalla por el bienestar colectivo, erigido por fuerza propia en barrera impenetrable contra la voracidad imperialista que persigue derruir nuestra soberanía para adueñarse de nuestras riquezas y reinstaurar en nuestro suelo el reino del hambre, la exclusión y la miseria que reinó aquí en el pasado cuartorepublicano.

La razón de ser de la llamada “alternabilidad” en el modelo capitalista (en el que no se alterna de ninguna manera el modelo económico sino el funcionario de turno, cuando mucho), es hacerle creer al elector que su voto está sirviendo para impulsar transformaciones cuando en realidad es todo lo contrario. En el capitalismo el voto solo sirve para perpetuar el modelo de la explotación, de la injusticia y la desigualdad social, y de la acumulación de la riqueza en pocas manos.

En el pasado, esa alternabilidad sirvió en Venezuela para la legitimación sistemática de gobiernos incapaces, que sumieron al país en la más dolorosa y cruel miseria mientras los ricos se jactaban cada vez más del crecimiento de sus mal habidas fortunas, birladas al erario nacional a través de los subsidios y las comisiones ilegales que el modelo neoliberal ordenaba otorgar a la empresa privada sin tomar jamás en consideración al pueblo.

En la Revolución Bolivariana, el voto adquiere un carácter constituyente porque sirve para la refundación de la Patria bajo la égida de un proyecto de país en el que el ser humano es actor fundamental de la transformación que se impulsa desde el Gobierno, y que se consolida paso a paso desde el Poder Popular que va gestándose en las comunidades a medida que avanza el proyecto revolucionario.

En la Venezuela de hoy, el voto es una herramienta de participación política cada vez más consciente y comprometida, mediante la cual el pueblo ha conquistado los más valiosos logros alcanzados por el país en la búsqueda de su propio bienestar.

Con esa poderosa herramienta, el pueblo ha activado el más singular proceso de emancipación social en nuestro continente desde los tiempos de las luchas independentistas, que con sus fallas y reveses (perfectamente lógicas en todo proceso de verdadera transformación) ha demostrado sin embargo la mayor tenacidad de gobierno alguno en la historia para atender las necesidades de las venezolanas y los venezolanos sin distingos de ninguna clase.

Ha asegurado la paz y la tranquilidad del país, demostrándole al mundo, a través del hecho electoral, que repudia la violencia que la derecha neoliberal propone, salvando al país de la tragedia de una pavorosa guerra entre hermanos que solo favorecería a los insaciables halcones del imperio.

Ha garantizado la sostenibilidad de un proyecto inclusivo, de más de 39 misiones y grandes misiones con las cuales se ha saldado en gran medida la inmensa deuda social acumulada por décadas de desidia puntofijista, y que no tendría posibilidad alguna de existir bajo un gobierno de orientación neoliberal como el que hoy esos mismos sectores de la derecha proponen.

En definitiva, a lo largo de la Revolución Bolivariana el voto ha servido para imprimirle la mayor legitimidad popular de nuestra historia a líderes verdaderamente consustanciados y comprometidos con las necesidades del pueblo, a quienes les ha entregado la responsabilidad de defender la soberanía y la independencia hasta con su vida si fuera necesario.

Este domingo 20 de mayo esa responsabilidad le será entregada de nuevo al presidente Nicolás Maduro Moros, porque en él, gracias a su don de gente buena y honesta, su tenacidad, su valentía, y su extraordinaria capacidad de trabajo por el pueblo, ese inmenso poder que tiene el voto de cada venezolana y cada venezolano no se perderá jamás, sino que estará siempre destinado a engrandecer cada vez más a la Patria.

@SoyAranguibel    

Aranguibel: “No nos quieren regresar a la Guerra Fría, sino al Siglo XVI”

Caracas, 09 de mayo de 2018 .- “Mucha gente dice que en la tensión política que vive el mundo los acontecimientos pudieran estar llevándonos a una nueva Guerra Fría, cuando en realidad pareciera que la intención de algunas potencias es llevarnos al siglo XVI, cuando lo que se imponía era la fuerza de los imperios”, sostiene Alberto Aranguibel en entrevista con la periodista Tatiana Pérez, en Telesur.

Vea aquí la entrevista:

La más grande farsa de la historia

Por: Alberto Aranguibel B.

Después de casi un tercio de siglo de desaparecida la Unión Soviética y derribado el Muro de Berlín, el descomunal aparato propagandístico del imperio norteamericano persiste en su afán de intentar convencer al mundo de la amenaza que representaría la Federación Rusa para la humanidad, cuando en realidad la amenaza que somete hoy en día a pueblos y países enteros al pavoroso horror de la destrucción y la muerte es precisamente los Estados Unidos, la nación más genocida de todos los tiempos.

¿Si hace treinta años el peligro era el comunismo, cual es entonces la razón del cerco con el que se pretende asfixiar hoy al gigante euroasiático?

El discurso anticomunista que tuvo vigencia hasta aquel momento, basaba su argumentación en el peligro que supuestamente se cernía sobre el mundo porque, de acuerdo a la lógica que desde los Estados Unidos se construía, la barbarie y la opresión serían la norma en los regímenes que siguieran la doctrina de la justicia y la igualdad que el socialismo proclamaba.

El capitalismo acusó siempre al socialismo de lo que en realidad era él el único culpable, solo que lo ocultaba detrás del aparataje comunicacional en el que se sostiene. La inevitable capacidad para la generación de hambre, miseria y exclusión social, que es consustancial e inseparable del inhumano modelo capitalista, es apenas una de esas infundadas y recurrentes acusaciones.

Cercar con medidas económicas arbitrarias e ilegales a las naciones que no le resultan afectas, someter a países enteros al totalitarismo capitalista que promueve Estados Unidos violando flagrantemente el derecho internacional, violentar soberanías imponiendo sanciones unilaterales a su buen saber y entender, son demostraciones más que palpables del miedo que el capitalismo le tiene al desarrollo incontenible de las fuerzas productivas del pueblo cuando estos se aferran a la idea de la emancipación.

Desde siempre el propósito del imperio fue desvirtuar el poder transformador del pueblo mediante la más infame propaganda jamás conocida, y en eso no pareciera que aceptará ceder nunca ni el más mínimo espacio.

A través de la línea editorial de las grandes corporaciones de la información a su servicio, el imperio se encargó de defenestrar con la mayor saña no solo las virtudes redentoras de un modelo cuya fortaleza fundamental radicó en todo momento en la facultad democratizadora de los medios de producción y la consecuente generación justa de riqueza que le es inherente, sino que se ocupó de destruir de manera sistemática y con la mayor mezquindad la significación y la grandeza de los liderazgos más emblemáticos de las luchas populares a través de la historia.

¿Fue en verdad Joseph Stalin el sanguinario engendro del demonio que presenta el capitalismo como líder de aquella Unión Soviética que amenazaba, según el anticomunismo, la sobrevivencia misma de la raza humana?

¿Es en la actualidad Vladimir Putin (que no es comunista) el perverso líder que se propone acabar con el mundo civilizado, tal como lo dibuja la propaganda capitalista que dirige el Departamento de Estado norteamericano?

Si algo podemos afirmar hoy enfáticamente los venezolanos con la más entera convicción y certidumbre, es que toda esa imagen perversa de líderes nacionalistas que solo perseguirían la destrucción de la humanidad pudiera ser solo producto de la más vulgar patraña propagandística, porque los venezolanos estamos padeciendo en carne viva el atroz proceso de desvirtuación que puede poner en marcha la gigantesca maquinaria comunicacional al servicio del imperio para presentar como tirano a quien no lo es.

Ciertamente asistimos en la actualidad a uno de los más brutales y deleznables procesos de construcción de una imagen falsa que se le pretende imponer a un líder revolucionario que, con sus fallas, como seguramente tiene como ser humano que es, no es sin embargo el cruel dictador que han querido hacer ver los medios de comunicación de la derecha, que procuran convencer al mundo de que Nicolás Maduro sería hoy el tirano que pervertiría como nadie los valores y principios de la democracia.

Quiéralo o no la derecha nacional e internacional que se ha confabulado en ese miserable plan de desfiguración del líder de la Revolución Bolivariana, Nicolás Maduro Moros es el segundo presidente más votado en la historia de los procesos electorales venezolanos, después del comandante Hugo Chávez. Con lo cual se convierte de manera indiscutible en el presidente más legítimo de un Continente en el que la proliferación de mandatarios que llegan al poder a través de maquinaciones leguleyas o acuerdos de conveniencia con factores fácticos, pero jamás como producto del respaldo mayoritario del pueblo, es el estándar que el imperio trata hoy de imponer.

La mediática al servicio de aquel mismo esquema de falseamiento que ha convertido en criminales a los más prominentes revolucionarios de la historia, pretende hacer realidad la infamia de un perfil infundado que el mundo entero sabe que es mentira, aun cuando algunos prefieran no reconocerlo públicamente.

Lo que hace hoy la propaganda imperialista deformando el talante profundamente demócrata del presidente Maduro, es exactamente lo mismo que hizo a través del tiempo en sociedades que no contaban con los avances tecnológicos de los que se dispone hoy para la comunicación de masas, habituadas como estuvieron en el pasado a la “verdad” que vertían a su antojo los sectores dominantes que lograron preservar su omnímodo dominio en virtud precisamente de esas distorsiones de la realidad a las que acostumbraron desde siempre a los pueblos.

Es exactamente lo que pretendieron hacer en todo momento con Hugo Chávez, al que no dejaron ni un minuto en paz en la inclemente persecución que le montaron para buscar destruir a través de la mentira y la calumnia contra su figura el inquebrantable afecto que el pueblo le profesó desde el primer instante de su aparición en la escena política.

No tiene fundamento alguno el descrédito contra Nicolás Maduro, como seguramente no lo tuvieron nunca las inclementes campañas contra el modelo soviético, ni como lo tienen las que se urden a diario desde el Departamento de Estado y del Pentágono contra Rusia y contra su presidente.

Para un imperio voraz e inescrupuloso como el norteamericano, no son dictaduras las monarquías europeas que a estas alturas del siglo XXI continúan presentándose como democracias sin haber sido electas jamás por nadie.

Ni son tampoco actos tiránicos los genocidios que se cometen bajo el amparo de la más repugnante oligarquía en Colombia, México, Paraguay o Perú, para exterminar los liderazgos populares y asegurar así su perpetuación en el poder.

Mucho menos son ilegítimos esos mandatarios que, como la mayoría de los integrantes del ridículo grupo de Lima, son “electos” con porcentajes tan exiguos que en la mayoría de los casos son infinitamente más multitudinarias las manifestaciones populares de repudio a sus inhumanas políticas neoliberales que la cantidad de votantes que los eligieron.

Para ese imperio arrogante, farsante y manipulador, solo son dictadores quienes defienden a sus pueblos de las agresiones internas y externas que pugnan por someter a sus economías. Los que buscan fortalecer las barreras de soberanía que le les son tan preciadas a la luz del derecho internacional y a la libre determinación de los pueblos y que procuran el bienestar de los desasistidos, los excluidos e invisivilizados de siempre.

Aquella gran farsa que podía urdirse impunemente desde la Casa Blanca para destruir los auténticos liderazgos populares de la historia, tendrá cada vez menos espacio en el alma de los pueblos emancipados del mundo.

La infamia difundida hoy desde los cenáculos del poder imperial contra el líder de la revolución bolivariana terminará revirtiéndose más temprano que tarde contra sus propios gestores, porque los pueblos conscientes de Venezuela y del mundo que conocen la calidad irreductible del compromiso de lucha de los hijos de Chávez, saben de la entereza, la rectitud y la convicción profundamente democrática de Nicolás Maduro.

Es exactamente así como lo demostrará el bravío pueblo venezolano el próximo 20 de marzo, cuando con la más contundente mayoría reelija en la presidencia de la República al conductor de las grandes victorias, Nicolás Maduro Moros.

@SoyAranguibel

El voto como herramienta de liberación

Por: Alberto Aranguibel B.

“Es fundamental, en esta etapa, recuperar, reagrupar, rearticular las fuerzas dispersas, desmovilizadas o confundidas por el adversario o por nuestros errores”.
Hugo Chávez / Líneas Estratégicas de Acción Política

En la controversial serie de televisión “House of cards”, basada en la novela del ultraderechista británico Michael Dobbs y producida por la empresa Netflix para su difusión vía web, la política norteamericana es el reducto de la bajeza humana en el cual convergen en total armonía la corrupción, la vileza y la más brutal depravación, como bases sustanciales de una democracia que se presenta ante el mundo como el modelo perfecto de sociedad.

Detrás de la grotesca caricatura que por razones de rating los productores colocan como la fachada superficial de la serie, pueden captarse sin embargo los códigos de una auténtica cultura norteamericana del poder como instrumento para la construcción y la perpetuación del sistema capitalista, que en nada se parece a la democracia o a la libertad que pregona el imperio por el mundo.

En la caricatura televisiva, las elecciones norteamericanas se deciden exclusivamente por el precio de cada político y, en consecuencia, por el poder de sus líderes para movilizar de una bancada parlamentaria a la otra los inmensos capitales que eso requiere.

En la vida real, dichas elecciones son el ritual escenográfico de una auténtica “democracia totalitaria”, que suprime el pensamiento progresista con el infamante etiquetaje del anticomunismo, que impide la participación directa del elector a través de un arcaico sistema electoral de segundo grado, que niega absolutamente la posibilidad de revisión de los resultados, y que no acepta la veeduría o acompañamiento de observadores internacionales de ninguna naturaleza, con lo cual las posibilidades de verificación cierta de la intencionalidad del elector queda definitivamente anulada.

En ninguno de los dos casos, la caricatura o la realidad, lo que piensen los electores es algo que interese a los sectores hegemónicos del gran capital. Para ellos es completamente indiferente que el presidente sea republicano  o demócrata. Mientras la política (y con ello el Estado) esté en manos de esos sectores dominantes, el voto del elector no tiene la menor importancia más allá de su presencia en las tomas para la televisión concebidas para el mercadeo político.

En la realidad venezolana, la elección fue en el pasado el torneo al que asistía religiosamente el elector cada cinco años para apostar por uno o por otro candidato o partido político, sin ninguna expectativa de transformación verdadera de la economía o de la sociedad, que no fuera más allá del simbólico cambio de funcionarios de gobierno para ver, como en las loterías, si por algún prodigio del destino se producía algún mínimo logro en bienestar para el pueblo. El país estaba sujeto a la estricta dependencia al imperio norteamericano que ordenaba el Pacto de Punto Fijo.

Por eso las campañas electorales jamás fueron en nuestro país escenarios para el debate de las ideas o para la presentación al pueblo de propuestas programáticas sustantivas, sino las ferias carnestolendas en las que el fugaz abrazo farandulero con el candidato en medio de la tumultuaria festividad quinquenal era lo importante.

Los políticos cuartorepublicanos, habituados a ese frívolo ritual de la campaña electoral de la francachela y la risotada demagógica, encontraron idóneo el modelo para hacerse del poder en la medida en que, por esa cultura del insustancial contacto con el pueblo en el que el modelo capitalista no corría ningún riesgo, el elector terminó siendo valorado como factor útil en todo proyecto político.

Pedir el voto” fue entonces el medio para alcanzar el ansiado botín del cargo público al que aspiraban los adecos y los copeyanos.

Pero, la apuesta revolucionaria por el voto no tiene en lo absoluto nada que ver con esa enajenada concepción de la política que privó en el pasado.

El logro de convertir a Venezuela en la referencia mundial en participación electoral, no es fruto de un impulsivo o arbitrario afán de poder por el poder en sí mismo, sino del empeño en la construcción de la masa crítica capaz de sostener ese poder a lo largo de la transformación social y económica que se propone la Revolución.

Transformar el Estado desde lo interno es la ardua tarea que nos hemos propuesto quienes asumimos el compromiso histórico de darle la batalla al capitalismo desde sus propias entrañas. Es decir, por la vía electoral y pacífica que sigue la Revolución Bolivariana. Sin el triunfo electoral no existe posibilidad alguna de materializar de ninguna manera las bondades del sistema político que el socialismo ofrece, ni mucho menos asegurar la cohesión y movilización de las fuerzas revolucionarias que el proceso exige. Por el contrario, en un eventual revés electoral de la Revolución, la enorme capacidad del capitalismo para la alienación y el sometimiento del pueblo a través de su aparato mediático se potenciaría exponencialmente con el control del Estado, acabando en el menor lapso posible con todo vestigio de chavismo sobre la tierra.

De ahí que el Comandante Chávez no dudara en ningún momento al colocar como el Primer Gran Objetivo del Plan de la Patria, el “Defender, expandir y consolidar el bien más preciado que hemos reconquistado después de 200 años; la Independencia Nacional.

Garantizar la continuidad y consolidación de la Revolución Bolivariana en el poder”, viene a ser en la visión del Comandante la obligación más impostergable para las venezolanas y los venezolanos, no porque el aseguramiento de la inclusión social y la calidad de vida no fuera importante, sino porque sin la una (sin la continuidad del proceso revolucionario) no se obtenía de ninguna manera la otra (la justicia social).

En medio de la guerra sin cuartel que el capitalismo ha desatado contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro, la elección ha sido la herramienta que ha permitido a la Revolución Bolivariana superar la más dura prueba a la que gobierno alguno haya sido sometido, como es la de haber alcanzado la paz, en medio de la feroz asonada terrorista de la derecha, sin disparar un tiro. Una estrategia que le ha valido ser hoy el líder revolucionario en el Continente que ha obtenido más triunfos sobre la derecha.

La posibilidad cierta de continuar en el camino de la transformación social y económica emprendida por el Comandante Chávez, está determinada en este momento por la posibilidad que la Revolución tenga de demostrar ante el mundo la solidez del respaldo popular del que goza.

El Comandante Fidel Castro se refirió en 2010 a esa importancia de las elecciones venezolanas (en aquel momento para la Asamblea Nacional) en estos términos: “Les digo simplemente lo que haría si fuera venezolano. Me enfrentaría a las lluvias y no permitiría que el imperio sacara de ellas provecho alguno; lucharía junto a vecinos y familiares para proteger a personas y bienes, pero no dejaría de ir a votar como un deber sagrado: a la hora que sea, antes de que llueva, cuando llueva, o después que llueva, mientras haya un colegio abierto. Estas elecciones tienen una importancia enorme y el imperio lo sabe: quiere restarle fuerza a la Revolución, limitar su capacidad de lucha, privarla de las dos terceras partes de la Asamblea Nacional para facilitar sus planes contrarrevolucionarios, incrementar su vil campaña mediática y continuar rodeando a Venezuela de bases militares, cercándola cada vez más con las letales armas del narcotráfico internacional y la violencia. Si existen errores, no renunciaría jamás a la oportunidad que la Revolución ofrece de rectificar y vencer obstáculos.”

En las elecciones de 2015 hubo muchos que no se enfrentaron a las lluvias ni cruzaron ríos crecidos y ganó la derecha, encendiendo la vorágine de la guerra que causó tanta muerte, tanto dolor y tanta desestabilización económica. La misma desestabilización que todavía hoy agobia a las venezolanas y los venezolanos con el astronómico incremento del costo de la vida.

En 2017, con motivo de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, el pueblo cruzó ríos y montañas para no dejar de votar, y se alcanzó la paz que permitió emprender el complejo proceso de saneamiento de la economía en medio de las dificultades persistentes.

¿Quedará alguna duda de la importancia del voto en medio de esta crisis que la derecha nacional e internacional ha desatado contra nuestro pueblo?

No. No se trata de “Pedir el voto” al estilo de los adecos. Se trata de “Garantizar la continuidad y consolidación de la Revolución Bolivariana”, tal como lo manda el Comandante Chávez en el Plan de la Patria.

Y como lo dice Fidel desde su infinita estatura revolucionaria.

@SoyAranguibel

Panaderías y antichavismo

Por: Alberto Aranguibel B.

En las panaderías, como en todo negocio capitalista, hay que diferenciar bien entre los dueños y los empleados.

El dueño es por lo general el desterrado que vino con el rabo entre las piernas de su Europa destruida por la guerra, al paraíso de esta tierra de gracia que le acogió sin mezquindades de ningún tipo. El empleado es el venezolano que fabrica en condiciones de esclavitud el pan que el dueño vende cómodamente desde la caja registradora.

Pero también hay que saber diferenciar entre el dueño trabajador y honesto y el miserable que utiliza la panadería como arma de guerra para hacer una gran negocio a partir de la manipulación con la política.

Mientras al dueño honesto se le reconoce fácilmente porque se le ve trabajar sin descanso junto a los trabajadores, al dueño miserable se le identifica por la forma en que vocifera contra el gobierno revolucionario a la vez que aumenta los precios de las mercancías a diestra y siniestra sin la más mínima justificación.

Con su perorata antichavista, el miserable no solo logra la solidaridad automática de la clientela escuálida, sino que neutraliza a los chavistas que por miedo a que no les vendan se quedan callados ante la andanada de improperios contra todo lo que tenga que ver con Chávez. Y lo que es peor, ante el impúdico asalto al bolsillo que diariamente se da en esas panaderías a la vista de todo el mundo.

Es exactamente lo que pasa en la panadería Crostata, en el Centro Comercial La Boyera, en el Municipio El Hatillo, auténtico centro de bachaqueo donde todo es marcado a precio de dólar ilegal, en la cual una furiosa portuguesa grita a diario a voz en cuello frente a la clientela todo su odio al gobierno y al presidente de la República, a la vez que anuncia, también a diario, el incremento desmedido de precios en todos los artículos.

Hacer que la clientela no te odie a ti sino al gobierno por todos los atropellos que tú cometas mientras haces dinero fácil a raudales, es sin lugar a dudas el mejor negocio para los especuladores en este tiempo de guerras capitalistas contra el pueblo.

Por eso cuando el gobierno pone las panaderías especuladoras en manos de los trabajadores está haciendo lo correcto, no solo en términos laborales sino que logra un nuevo espacio de justicia social para el pueblo.

@SoyAranguibel

Aranguibel en RNV: No hay que caer en la trampa del terror, pero tampoco hay que descuidarse

A través del “Comité de Usuarios en Acción” transmitido por la Radio Nacional de Venezuela, el analista Alberto Aranguibel sostiene que los venezolanos no deben caer en las campañas de terror que la derecha está adelantando para tratar de atemorizar a la población con la marcha que ese sector tiene prevista para el 1ro de septiembre, porque esa será solo una marcha más de las tantas que ha anunciado la oposición y que nunca terminan siendo lo que decían que iba a ser.

Afirma el analista que la revolución posee la mayor fuerza política que existe en Latinoamérica, y que eso se constata en las grandes movilizaciones que durante las últimas semanas se han venido dando en las principales ciudades, en las que todo el mundo ha podido ver cómo el pueblo respalda de manera incondicional al proceso iniciado en el país por el Comandante Hugo Chávez y continuado hoy por el presidente Nicolás Maduro.

“Ahí está la Venezuela de verdad”, dice, “Que no caiga nadie en la trampa de la derecha”.

Escuche aquí un resumen de la entrevista:

Gobierno de Venezuela es objeto de agresión y difamación sistemática, sostienen periodistas venezolanos.

Ciudad de México, 26/07/2016.- Los periodistas venezolanos Alberto Aranguibel y Alejandro Armao quienes se encuentran en México, aseguraron que tanto medios en Venezuela e internacionales, están atentando contra la democracia de su país.

Alberto Aranguibel denunció que Venezuela en el último periodo ha sido objeto de una agresión sistemática muy intensa, que se ha desatado de parte de la oposición al gobierno legítimo del presidente Nicolás Maduro.

“Y en connivencia con medios privados de comunicación, organizaciones internacionales de derecha, que han estado apoyando a la oposición en Venezuela, para difundir una imagen, que no es exactamente la que refleja la realidad verdadera de nuestro país, y que nosotros como venezolanos, nos ha movido a tratar de llevar la verdad de Venezuela a todos escenarios donde esta gente se ha activado en una verdadera campaña para difamar, mentir, sobre lo que está pasando en nuestro país y confundir a la opinión pública internacional”.

En entrevista en el estudio de “Ciro Gómez Leyva por la mañana”, dijo que es un atentado a la verdad y al espíritu democrático que respira el país.

En tanto Alejandro Armao, señaló que Venezuela está siendo asediada por medios nacionales e internacionales, en donde la información está atentando contra la democracia. “desconociendo al Presidente legítimo Nicolás Maduro, que para nosotros es nuestro líder legítimo, votado por elección popular”.

En lo que corresponde al tema de Leopoldo López, dijo que el opositor de manera pública hizo un llamado a descargar rabia, odio, convocó a sectores opositores, sectores no estudiantiles, para atracar calles, colocar vallas, además de asesinar personas.

“Si está preso, tiene que pagar por su irresponsabilidad de llamar públicamente en medios, llamar a protestas, obviamente de ahí el desenlace se le escapó de las manos”.

Asimismo, dijo fue el caso de María Corina Machado, “No es casual que el estado en donde ella llega, ese mismo día, ahí hay saqueos, hay disturbios, hay enfrentamientos”.

Alberto Aranguibel reiteró que los antes mencionados, se han convertido en instigadores de la violencia.

Indicó que en el caso de Leopoldo López no es una prisión arbitraria, ni antojadiza del estado venezolano, “la prisión de Leopoldo López es producto de un juicio como se hace en cualquier país”.

Subrayó que la oposición venezolana desde hace más de 17 años, no ha reconocido ni una sola vez el triunfo de los sectores revolucionarios.

“Lo que hay es una agresión en la que están confabulados los sectores opositores, organizaciones nacionales y transnacionales, que se venden como ONG’s de defensa de los derechos humanos, la empresas privada, los medios de comunicación, y hasta el Departamento de Estado norteamericano”.

Alberto Aranguibel, dio a conocer que el próximo jueves a las 18:00 horas se presentarán en la embajada de Venezuela en México, en donde tratarán de demostrarle a los mexicanos a través de hechos concretos, con videos y gráficos, que lo que están diciendo no es simplemente una contraposición a lo que anda difundiendo como deformaciones de la realidad en el mundo la gente de la oposición.

Recalcó que la oposición ha montado una campaña internacional porque es lo único que les ha dado resultado.

“Lo que están tratando de hacer es un secuestro de la democracia de nuestro país, porque por la vía electoral, jamás obtuvieron ellos una mayoría resonante, como la ha obtenido permanentemente la revolución”, finalizó el periodista.

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Aquí parte de la entrevista:

Fuente: Radio Fórmula

Aranguibel en México: El odio irracional de la derecha contra el chavismo bloquea el diálogo en Venezuela

Periódico La Jornada Martes 26 de julio de 2016.- El odio irracional que la derecha ha sembrado entre su militancia contra el chavismo le ha impedido avanzar en un proceso de diálogo que ayude a resolver el conflicto interno de Venezuela, expresó ayer el comunicador Alberto Aranguibel.
La oposición se encuentra contra la pared por su propia irresponsabilidad en el desempeño de la política, subrayó el analista, quien visita México para informar sobre lo que realmente ocurre en su país.

Integrante del Estado Mayor de la Comunicación, instancia convocada por el presiente Nicolás Maduro para desmontar la campaña mediática internacional contra su gobierno, el también investigador explicó que el objetivo de alcanzar la paz, tiene que ver con temas de filosofía política.

Si la filosofía de la derecha es que no habrá tranquilidad en tanto no retome el poder con su propuesta neoliberal, entonces va a haber conflicto por muchos acuerdos que haya, enfatizó.

En entrevista, estimó que ese sector no puede ceder en ninguno de sus planteamientos, porque no es autónomo. Tiene tan estrechas ataduras al Departamento de Estado de Estados Unidos, que para él es sumamente difícil zafarse y reconvertir sus planteamientos filosóficos e ideológicos, precisó al hablar sobre las posibilidades del diálogo entre las partes en conflicto.

También productor y guionista de cine y televisión, Aranguibel aseguró que el problema del desabasto de productos básicos en su país se origina en el acaparamiento, la especulación y reventa por grandes empresarios y no en el establecimiento de políticas erróneas de la administración gubernamental.

Los responsables de esta situación están al servicio del Departamento de Estado, el cual busca reinstalar el neoliberalismo en Venezuela, insistió el comunicador, quien junto a su colega Alejandro Armao, tiene previsto reunirse a lo largo de esta semana con legisladores, dirigentes políticos, intelectuales, organizaciones sociales y medios de comunicación mexicanos, a fin de neutralizar la manipulación mediática orquestada contra el chavismo.

En la embajada del país sudamericano, puntualizó que en las elecciones para renovar la Asamblea Nacional, la oposición tuvo un crecimiento exiguo, de apenas 300 mil votos, pero ganó por el voto bachaquero (como se denomina a la reventa y la especulación).

Vendió la idea de que la única manera de resolver los problemas económicos era que ella llegara al Congreso, aunque eso era mentira, pues no tiene facultades para eso, manifestó. Sumado a este fenómeno, reconoció que hubo un abstencionismo importante en las filas revolucionarias.

Tras señalar que dicha situación ha llevado a buscar a la ciudadanía en sus propias casas, para explicarle el engaño del que fue víctima, Aranguibel dijo que la derecha ve de manera distorsionada el resultado electoral de diciembre pasado.

Cree que ese triunfo le servirá para acabar con la revolución y hacerse con el poder, pero rechazó que ello pueda ocurrir, entre otras razones porque carece de una estructura partidista que cubra todo el país.

El articulista de prensa resaltó que en el conflicto de su país se enfrentan dos visiones, una que pretende la reinstalación del neoliberalismo y otra que promueve un desarrollo que beneficie a la población.

Fuente: La Jornada

HispanTV sobre “La verdad en Venezuela” en Ciudad de México

Sábado 30/07/2016.- El analista político venezolano Alberto Aranguibel ofreció declaraciones al portal mexicano HispanTV en el marco de la conferencia “La Verdad de Venezuela” que se llevó a cabo en la sede de la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela en México, durante la conmemoración del 62 aniversario del natalicio del líder de la revolución, Hugo Chávez Frías.

En la entrevista el comunicador sostuvo que la campaña emprendida por la derecha nacional e internacional contra el proceso de justicia e igualdad iniciado por el Comandante Eterno, pretende hacer ver al país sumido en una “crisis terminal” por falta de alimentos, cuando en realidad lo que está sucediendo es que los productos efectivamente escasean en los anaqueles pero no como resultado de políticas erradas por parte del gobierno sino por la manipulación del mercado que los grandes capitales están haciendo para causar un desabastecimiento inducido y generar así el descontento popular que la derecha necesita para provocar el estallido social que le permita retornar al poder.

“Esos grandes capitales son los que están sacando los alimentos de los anaqueles para ser colocados en el mercado informal que nosotros llamamos “bachaqueo” a precios inaccesibles para la población de bajos recursos”, dijo Aranguibel a HispanTV.

“Si nuestra economía es de alguna manera precaria, es producto de la ineficiencia del sector privado y no del gobierno”, concluyó.

Fuente: HispanTV

 

¿Qué estamos comiendo?

Por: Alberto Aranguibel B.

La derecha nacional e internacional pretende darle connotación de apocalipsis a una distorsión de la vida económica en Venezuela cuyo responsable no es otro que el mismo capitalismo por el cual se orienta esa derecha avara y especuladora.

El país entero sabe cuál es el curso de toda esa mercancía que desaparece de anaqueles que desde las primeras horas del día son vaciados por todo un enjambre de bachaqueros al servicio de los grandes capitales que hoy están detrás de ese inmenso delito.

Pero lo de la salmonella que ha cundido en estos días como parte de la guerra sicológica de esa derecha irresponsable para infundir terror en la población, no debe ser desatendido del todo. Que esté montada toda una campaña para hacerle creer al mundo que en el país habría una crisis humanitaria que en realidad no hay, no quiere decir que el peligro en verdad no exista.

Ningún país consume en un día la inmensa cantidad de productos que se vende en los supermercados y que los bachaqueros agotan en pocas horas. Obviamente esa mercancía se está acumulando cada vez más en los insólitos e insalubres escondrijos que el bachaquerismo usa como caleta.

Sótanos, depósitos de maquinarias, habitaciones de hoteles de mala muerte, talleres mecánicos, y hasta drenajes de aguas negras, son hoy los lugares escogidos por esos maleantes que a través de la usura y la especulación más desalmadas están acabando con el ingreso y el bienestar que la revolución le ha dado al venezolano.

Su negocio está en agotar la existencia en los supermercados para que la gente no pueda comprarle a más nadie sino a ellos. Y al precio que les venga en gana porque, como delincuentes que son, no se rigen por ninguna de las normas legales que rigen al comercio formal.

Por eso el percance del bachaquerismo no es solo el precio exorbitante al que colocan los productos, sino el peligro de pandemia que puede desatar la contaminación a la que esas condiciones de insalubridad y falta de higiene exponen los alimentos que hoy consume la población que les compra.

Ciertamente el riesgo será cada vez mayor en la medida en que se le siga poniendo atención exclusivamente al tema económico o al comercial y no al sanitario.

@SoyAranguibel

Piazzola: Me fui de Venezuela, y lo perdí todo

El siguiente es un post del inmigrante venezolano en España, Augusto Piazzola, enviado por él al portal InmigrantesEnMadrid.com el día 12 de julio de 2016. Por ser de sumo interés para los venezolanos que son víctimas de las campañas de desinformación y terror generadas por los medios privados de comunicación nacionales e internacionales, lo colocamos hoy en este blog. 

Por: Augusto Piazzola

Ya tengo tres meses que me fui de Venezuela, me vine a Madrid con mi respectiva maleta llena de esperanzas e ilusiones, obstinado de tanta Patria, de la escasez, la inflación, las colas, la inseguridad y sobre todo de la pelea política.

Vendí el apartamento, la camioneta y cerré la empresa de publicidad que tenía, consideré que con eso podría sobrevivir en Madrid mientras lograba reabrirla acá y buscar clientes, en una ciudad tan grande no sería muy difícil lograrlo. Tengo pasaporte italiano gracias a mi padre, lo que me ayudó muchísimo con los papeles y me ha permitido vivir legalmente en España sin mayores trámites.

Pero la cosa no es tan sencilla, aquí los costos son mucho más altos que en Venezuela, allá vivía en un apartamento de 180 metros cuadrados en el este, aquí me he mudado a las afueras de la ciudad a un pisito de 45 metros, allá pagaba una estupidez en luz, internet, teléfono y gas; aquí eso es carísimo y según me han dicho algunos amigos, cuando venga invierno será mucho peor porque es casi que obligatorio encender la calefacción.

Ahorita el verano he logrado soportarlo a duras penas, pero no ha sido nada fácil, el calor es inclemente, sumamente seco y agotador, se hace de noche a las 11 pm y amanece a las seis de la mañana, o sea, nunca refresca, no es como en Venezuela que de noche hace fresco, aunque el día haya estado hirviendo.

Alquilar fue sumamente difícil, sin tener nómina nadie quiere rentar y menos a alguien que, aunque tenga pasaporte italiano tiene acento venezolano al hablar, dicen que han tenido problemas con venezolanos que se van sin pagar, destrozan el piso o peor aún, que no quieren salir del inmueble. Al final me tocó pagar los seis meses por adelantado y firmar una fianza y ahora me doy cuenta que un piso completo, así sea de 45 metros es mucho, los costos son muy altos, que siendo yo una persona sola me habría salido mejor alquilar una habitación, al menos mientras comienzo a generar dinero.

La parte de la empresa no es soplar y hacer botellas, los impuestos te comen vivo y la competencia es feroz, ya he gastado más de 25.000 euros y sólo he facturado 150, me han dicho que debo esperar un año haciendo publicidad y relaciones públicas para que los posibles clientes me conozcan, confíen en mí y así comenzar a ver la pasta, que debí hacer un estudio de mercado para saber si era viable el negocio, pero no quise pagar los 1.500 euros que costaba y ahora me está saliendo más caro, debí haber hecho caso.

Aquí es muy fácil gastarse en un mes lo que te tomó años ahorrar y trabajar en Venezuela, debes hacer tu presupuesto y ser lo más austero posible, olvidarte de lujos, de comodidades y del facilismo que aún hay en nuestra tierra.

Mis consejos para que no te quedes sin dinero mientras te adaptas son:

  • Alquila lo más barato y que esté amoblado
  • Evita comer en la calle
  • Come vegetales y productos que requieran poca cocción (ahorro de electricidad)
  • Nada de taxis
  • Acepta cualquier trabajo legal, incluso aunque creas que no eres capaz de realizarlo
  • Busca medidas alternativas para regular la temperatura (evita el uso de Aire Acondicionado o Calefacción)
  • Establece un presupuesto mensual y cúmplelo
  • Si vas a emprender, combínalo con un empleo para que siempre haya un ingreso

En tres meses, queriendo hacer las cosas como las hacía en Venezuela me descapitalicé y estoy a un paso de perder todo por no hacer caso. Espero no les pase a ustedes.

Augusto Piazzola.

Fuente: InmigrantesEnMadrid.com

La desmemoria de la papa

Por: Alberto Aranguibel B.

En verdad que McDonald’s sí supo… aplicárnosla.

Después de la verraquera que formó porque supuestamente no le daban dólares preferenciales para importarla y por eso entonces tenía que dejar al país sin el grasiento producto de la comida chatarra por la cual es famosa, ahora resulta que vuelve a vender su toxicológico combo, esta vez con papas producidas en el país pero sin rebajar el precio por el ahorro que eso le representa en términos de costos de importación y nacionalización de lo que antes importaba.

Como buena empresa capitalista, antes que mercadotecnia, a lo que juega esa cadena de comida es al “estratego” filibustero y tramposo al que juegan siempre todas las corporaciones trasnacionales que se sienten bien apoyadas por el Tío Sam, en lo que de ninguna manera puede llamarse área de negocios sino asaltos en descampado a las economías emergentes sobre las cuales se abalanzan en pos de cada vez más dinero sin importar el daño que ocasionen a los pueblos.

farsa macdonalds

El “estratego” no es sino el arte de los trucos y los ardides para despistar al contrario en un archiconocido tablero de juego que seguramente todo el mundo ha jugado alguna vez.

Un laboratorio farmacológico cualquiera sale y dice en medio de la guerra económica desatada por esas mismas corporaciones contra el pueblo, que no puede surtir el mercado con, digamos, aspirina porque supuestamente no le han asignado los dólares para importarla.

Olvídese usted de aquel cuento mitológico de la conveniencia de las inversiones extranjeras en el país y de todo aquel gamelote de que iban a generar empleos y a estimular la producción nacional. Ellos a lo que venían era a hacer plata y a llevársela cuanto antes. De eso se trata el “libre mercado” que las rige.

Fíjese solamente en que al día siguiente de cada anuncio de ese tipo siempre aparece un producto similar a la aspirina que dicen que no pueden traer, pero eso sí: más caro porque le agregan algún añadido que usted no necesita. Un añadido que para lo único que sirve es para incrementar el precio del producto.

Igual a lo que hace ahora McDonald’s con la papa criolla; sí había pero no sabían cómo cobrarla más cara. Todo era una farsa golpista. Por eso Wendy’s, Burguer King y Arturo’s nunca dejaron de vender sus combos con papitas.

@SoyAranguibel