María A. Díaz: Mala captura, buena detención

Por: María Alejandra Díaz

No hay que olvidar que el Estado de derecho norteamericano ha sido caracterizado como un Estado de derecho judicial (Tocqueville).  Su modelo constitucional de 1787, marcado por la independencia del continente fue una clara protesta contra las leyes del Parlamento británico. No compartían el enfoque del legislador virtuoso y omnipotente, ciego sordo y mudo frente a las transformaciones sociales. Asumen la Constitución como pacto, acto de manifestación de voluntad superior de manera consciente.

El lema de este constitucionalismo podría ser el triunfo de la razón sobre la historia frente al naturalismo determinista de la historia. Esta es una obra premeditada que se quiere perfecta y definitiva, enfrentada a la naturaleza consuetudinaria e insegura de un orden basado en la tradición. Frente a unos privilegios singulares decantados en el transcurso del tiempo, los derechos naturales son conquistados de una vez y para siempre; en fin, frente a la legitimidad que suministra el pasado porque es viejo, la Constitución reposa en la legitimidad de lo que se proclama racional descubierto por las luces. (Zaglebelsky).

Herencia constitucional asumida desde nuestros países, como beneficiosa:  figuras como el método del control de constitucionalidad, Doctrina de la Judicial Review of Legislation, en Marbury vs Madison, fundamenta el poder que tiene cualquier juez en aplicar controles a los actos estatales a la luz de la Constitución, privilegiando a ésta, o como el carácter vinculante de las decisiones de estos jueces en resguardo de la Constitución, denominada doctrina del precedente o stare decisis.

Juez creador de derecho. Así sucedió cuando eliminó restricciones al voto femenino, o eliminó la segregación racial, o protegió el plan de recuperación de Roosevelt en 1929 para enfrentar la crisis económica de entonces. Juez constitucional, no como boca de la ley, sino como actor social que acompaña los cambios sociales o los impulsa. 

Sin contrapesos o límites, esta herencia beneficiosa del constitucionalismo norteamericano también tiene sus sombras: una de ellos es el precedente legal conocido como Mala captus, bene detentus, una captura ilegal, ilegítima, por la fuerza, deviene en apresamiento válido y subsiguiente juzgamiento también válido. 

Precedente que un dudoso Fiscal, sometido a investigaciones por su participación en la justificación legal del apresamiento de Noriega en Panamá y su consecuente invasión, pretende aplicarle a un grupo de venezolanos, judicializándolos. Nefasto antecedente para el constitucionalismo y las relaciones internacionales, sentado tempranamente en 1886 (Ker vs Illinois), donde tribunales, con la complacencia de su Cancillería, toleran y alientan el secuestro como mecanismo “legítimo” de captura de supuestos perpetradores de delitos graves cometidos en o contra ese país, pero guarecidos en territorio extranjero. Ejemplos sobran: Frisbie vs Collins en 1952; United States vs Toscanino; US vs Rauscher; Jaffe v. Smith, 825 F.2d 304 (1987); Verdugo-Urquidez; United States vs Najohn, Lujan vs Gengler, Sosa vs Alvarez-Machain, en 2004.

Ilógica e ilegal conducta aplicada a las autoridades venezolanas: derecho interno aplicado para justificar arrestos y secuestros extraterritoriales, acciones incompatibles con el derecho internacional consuetudinario, la Carta de DDHH, incluso con la Cuarta Enmienda de su propia Constitución, todo ante la mirada complaciente de la ONU, esperpento de supuesta protección y unión de las naciones, que merece desaparecer para dar paso a una verdadera unión democrática de naciones. 

Grave error de la administración norteamericana, tomada por neoconservadores antipatriotas, globalistas, que junto con Obama, destruyeron su economía. Enemigos del pueblo norteamericano, también lo son del pueblo venezolano. Somos pueblos de patriotas, no de globalistas nihilistas.

Recordando el significativo aporte constitucional hecho desde EEUU, apartando precedentes desdichados como el de “mala captura, buena detención”, comprendamos que el equilibrio del mundo necesita una patria estadounidense con sus equilibrios internos (Jalife). Hagamos grandes nuestras naciones, sin aplastar a nadie.

Desde Venezuela, exigimos respeto por el Derecho internacional,  a las instituciones y a nuestro liderazgo honesto y luchador, a una justicia no plegada a los amos del poder, aberrada de flagrantes irrespeto de las leyes por pura animosidad personal. Es hora de cesar la martirización y persecución de los venezolanos y venezolanas, sin cometer ningún crimen somos objeto de castigos y sanciones.

En esta amarga hora  planetaria el globalismo no sólo aspira a la disminución del Estado Nación y de la población mundial sino a su aniquilamiento, convirtiéndolo en un sujeto inmoral de infinitas pretensiones moralizadoras, unamos esfuerzos para evitar el vaciamiento moral, financiero, político, social, expresado en un catálogo de normas que dejan de lado la visión ética y bondadosa alcanzada desde la democracia y la humanidad. Hoy es tarea de todos ser mejores.

Maria Alejandra Díaz  María Alejandra Díaz Marín / Constituyente

 

Si tu asesino te llora

Por: Earle Herrera

Ahora fue en la milenaria India donde Donald Trump expresó su tristeza por Venezuela. Le duele al magnate la patria de Bolívar. Les recordó a políticos y periodistas de ese país que la República Bolivariana fue muy rica y próspera y ahora no tiene comida ni medicina. Casi enjugando una lágrima, como diría el autor de El derecho de nacer, anunció más sanciones para sacar a la nación suramericana de tanta miseria.

Los medios de la derecha desplegaron el dolor de Trump y su eficaz receta para llevar la felicidad al sufrido pueblo de Venezuela: sanciones y más sanciones. Sus lacayos criollos aplicaron un remedio parecido durante las llamadas guarimbas: a las víctimas diurnas de su violencia, por las noches les hacían misas y rendían homenajes los fines de semana. Con los muertos que causaban, engrosaban el “expediente” para llevar al régimen a la Corte Internacional de Justicia. La elección de la Asamblea Nacional Constituyente los paró en seco.

La moral imperial –perdonen el oxímoron- permite convertir a tu verdugo en tu salvador. Estados Unidos destruye países completos –Irak, Afganistán, Libia- y luego reconstruye sus infraestructuras con oneroso amor. Las mismas transnacionales que le alquilan ejércitos de mercenarios, luego obtienen los contratos para la “reconstrucción”.

Los criminales de guerra se convierten en diligentes albañiles de buena voluntad. Y las víctimas de ese letal amor de destrucción masiva, deben agradecerlo. Como muchos venezolanos agradecen hoy las sanciones criminales y, no saciados, ruegan por más.

Quienes se babean pidiendo arreciar las medidas coercitivas contra su país, son los mismos que reciben dólares de la Usaid y euros de la Unión Europea. Lo que parece un masoquismo, en lugar de dolor, les rinde pingües beneficios. Aparte, manejan los recursos de Citgo y de cuanta empresa y otros activos le ha robado el imperio a Venezuela. ¿Qué les importa entonces al autoproclamado y a sus adláteres que le bloqueen las medicinas y los alimentos al pueblo venezolano?

Los remedios o la comida que a ti te faltan, son dólares que a ellos les entran. Es la ecuación macabra del imperio y sus lacayos, una maldita simbiosis que convierte en salvador a tu verdugo y arranca lágrimas por la muerte que te causa tu asesino.

Earle 1  Earle Herrera

Fuente: Ultimas Noticias

¿Salvar al enemigo?

Por: Alberto Aranguibel B.

Circulan textos por las redes sociales pidiéndole a la gente cordura en el uso del dólar porque, al parecer, el hábito especulador instalado en el mercado venezolano estaría afectando a la divisa con la cual se desató la vorágine alcista que hoy padece la economía del país.

Irónico, en verdad, que sean los mismos sectores que apostaron desde siempre a la quiebra de nuestro signo monetario para hacer fortunas con el diferencial cambiario, quienes hoy claman al cielo por algo de sindéresis en un mercado que ellos mismos desquiciaron.

Sacarle provecho a la renta petrolera convirtiéndola en dólares para multiplicar sin ningún esfuerzo su riqueza en bolívares a medida que éste se fuera devaluando, ha sido desde siempre el único plan económico de esa burguesía inepta y parasitaria como es.

Llegado ahora el momento de esa megadevaluación a la que condujo inevitablemente la fórmula especuladora instalada a lo largo de estos últimos cinco años por esa misma burguesía en nuestra economía, el retorno de esos dólares que ella fugó durante décadas al exterior no era sino la fase final de aquel viejo proyecto de saqueo nacional que tenía pendiente.

Solo que ese proyecto, además de pérfido, era defectuoso. Por obtusa e incompetente, la burguesía no contempló nunca que una vez que se instaura un hábito, una forma de comportarse, en la siquis de un sistema económico, es muy difícil erradicarlo de la noche a la mañana.

Luego de años de “educar” a la economía en la demencial estrategia del incremento de precios sin justificación alguna, haciendo que el mercado se desbordara en su afán alcista sin importarle ya ni siquiera los indicadores que inducían la inflación de manera artificial, era inevitable que una vez llegado ese dólar con el que perseguían acabar con el bolívar también esa divisa sufriría los embates devaluadores de tan disparatada lógica económica.

De ahí que a lo que estamos asistiendo es al insólito fenómeno de la devaluación del dólar, en una absurda economía donde hacerse una radiografía, incluso en dólares, cuesta más que la máquina de rayos X.

Piden ahora esos sectores controles para salvar el valor de una divisa que implantaron como medio de pago acabando con los controles que protegían al bolívar y que generaron durante la revolución el bienestar social y económico que tanto añoran hoy los venezolanos.

La insensata idea es algo así como proponerse “salvar al enemigo”.

@SoyAranguibel

Constituyente: el respaldo de Trump a Guaidó demuestra su desesperación por Venezuela

CARACAS (Sputnik) — El respaldo del presidente estadounidense, Donald Trump al líder opositor Juan Guaidó, demuestra el desespero de su Gobierno por Venezuela al fracasar en su intento por derrocar al mandatario Nicolás Maduro, dijo a Sputnik el integrante de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), Alberto Aranguibel.

Lo que ha demostrado es el desespero que tiene Donald Trump porque no ha podido derrotar al Gobierno del presidente Nicolás Maduro; el acto de anoche [el discurso del Estado de la Unión] parecía más bien lastimoso, y así fue visto por la gran mayoría de los venezolanos; como una gran vergüenza“, expresó el constituyente.

El 4 de febrero, Trump expresó su apoyo a Guaidó, quien asistió en calidad de invitado al discurso del Estado de la Unión, un informe de gestión que realiza el mandatario ante el Congreso de EEUU.

Durante su alocución, el mandatario de EEUU se refirió a Guaidó como al “presidente único y legítimo” de Venezuela y destacó que todos los estadounidenses se unen al pueblo venezolano en su “justa lucha por la libertad”.

En ese sentido, Aranguibel manifestó que Guaidó se convirtió en el “payaso” de EEUU a cambio de recibir dinero.

Lo que vimos anoche no es nada nuevo, es una muestra más de la deplorable conducta de este pobre sujeto, que se ha convertido en el payaso de Estados Unidos, que ahora gira por el mundo mostrando desvergonzadamente esa condición ruin y miserable a la que se somete para recibir un puñado de dólares de Estados Unidos a cambio de esa actuación circense que está llevando a cabo“, sostuvo.

Guaidó inició el 19 de enero una gira que lo llevó a Colombia, Europa y EEUU, tras salir de forma clandestina del territorio venezolano. En su paso por EEUU, sostuvo un encuentro con venezolanos migrantes en Miami; mientras este 5 de febrero se reunió con el vicepresidente de esa nación, Michael Pence; y será recibido por Trump en la Casa Blanca.

El integrante de la ANC le restó importancia al encuentro de Trump con Guaidó, pues consideró que solo buscan hacer ver que el opositor venezolano es reconocido a nivel internacional.

Esa reunión no tiene ninguna importancia; que un pelele sea recibido en la Casa Blanca es una corroboración de la decadencia de la Casa Blanca. Es para tratar de aparentar que tiene algún tipo de estatura internacional; una jugarreta de baja estofa que trata de hacer Donald Trump para tratar de torcer el curso de la historia en Venezuela“, sostuvo.

Por su parte, el Gobierno venezolano rechazó este 5 de febrero las declaraciones del presidente Trump y calificó su discurso como “injerencista”.

En un agonizante esfuerzo por revivir la ya fracasada estrategia de cambio de Gobierno por la fuerza, apegada a un guión prefabricado, en medio de un espectáculo electoral circense, y haciendo uso de un discurso lleno de mentiras y declaraciones supremacistas, Trump ofende e irrespeta al pueblo venezolano al proferir violentas amenazas“, indicó el canciller Jorge Arreaza, a través de un comunicado.

La crisis política de Venezuela se agravó en enero de 2019 cuando el opositor Guaidó se autoproclamó presidente interino del país. Varios países occidentales liderados por EEUU reconocen a Guaidó, mientras que China, Rusia, Turquía y otros estados continúan respaldando a Nicolás Maduro.

Fuente: Sputniknews.com

Aranguibel: “Así hubiese sido de reconocimiento, la nave norteamericana estaba invadiendo nuestro territorio.”

Caracas, 24_07_2019.-  Alberto Aranguibel sostiene en el programa Cafe en la Mañana, que transmite Venezolana de Televisión, que la defensa que hace la oposición venezolana de la incursión de una nave espía en la zona exclusiva de Venezuela, es tan ilegal como si fuera una nave de combate, porque en ninguna parte del mundo son permitidos los vuelos no autorizados por el país que sobrevuela, sin importar si su función es de “reconocimiento”, como lo argumenta la derecha venezolana para tratar de exculpar a los agresores norteamericanos, o de cualquier otro tipo.

Tiranía democrática

Por: Alberto Aranguibel B.

Estados Unidos pretende que el más descomunal invento del ingenio humano, la internet, sirva solamente a sus descabellados y delirantes propósitos de dominación planetaria.

En nombre de la libertad y de la democracia, el imperio acusa de tiránica a cuanta nación desarrolle tecnologías que contribuyan al bienestar de sus pueblos con base en sus propias capacidades para la generación de conocimiento y para la producción de innovaciones en cualquier ámbito de la economía o del saber.

Tal como lo expresa en tono de caricatura la narrativa de Hollywood, el imperio considera que todo avance de la ciencia es susceptible de convertirse en la peor amenaza para la humanidad si llegara a caer en “las manos incorrectas!”.

Con base en esa descabellada premisa, EEUU ha desatado la furia de su inmenso poderío bélico contra infinidad de países que, de acuerdo a esa lógica de la preservación selectiva de la seguridad del mundo, han intentado en algún momento avanzar en la investigación y desarrollo de energía nuclear, siendo que el único país en desencadenar el peor genocidio en la historia de la humanidad con armamento atómico, ha sido el propio Estados Unidos. Que no solo ha arrasado con ciudades enteras probando sus bombas nucleares sobre cientos de miles de víctimas inocentes (como en Hiroshima y Nagasaki) sino que posee nada más y nada menos que más del ochenta por ciento de los misiles que existen en el mundo.

Internet es una muy especial obsesión para ese arrogante imperio que, de acuerdo a su propia lógica de la dominación, es una herramienta que ningún país debería utilizar si no es para favorecer la expansión de los mercados a los que aspiran las grandes corporaciones transnacionales norteamericanas.

Según esa narrativa, cualquier otro país que pretenda hacer uso de internet con tecnología propia que no sea la gringa, estará cometiendo un delito que amenazaría la sobrevivencia misma de la humanidad.

Pero quien controla internet para hacer un uso no autorizado de los datos de la gente, violando así no solo su derecho humano a la privacidad sino su seguridad y hasta su vida, quien encarcela a aquellos que denuncian el uso indebido de esa tecnología, no son esos países sino el propio Estados unidos.

Una verdadera tiranía en nombre de la libertad.

@SoyAranguibel

Verdad acomodaticia

Por: Alberto Aranguibel B.

El capitalismo se orienta mucho más por razones de tipo religioso que por razones políticas. Su fin último no es el gobierno o la administración del Estado como medio para alcanzar privilegios que le permitan acumular riquezas y propiedades, sino controlar totalmente la vida misma sobre la tierra, tal como lo dicta el fundamentalismo sobre el cual se apoya su modelo social, económico y político.

Por eso la línea editorial de los grandes medios de comunicación capitalistas, más que a cualquier ideología, está sometida a la lógica del bien y del mal que surge de la Biblia como doctrina esencial de un modelo que ve en la lucha de los pueblos por la justicia y la igualdad al demonio que atenta contra el orden natural del universo.

De modo que la “misión” de los editores capitalistas, más allá de las razones pro imperialistas que los inspiren, es asegurar la vigencia de esa verdad de Dios en el mundo. Para ellos, Maduro no es enemigo porque así se los dicten Barack Obama o Donald Trump. Es su enemigo porque Maduro, además de presidir un país muy rico, lucha por una justicia social que el fundamentalismo capitalista no acepta.

De ahí que el New York Times haya sostenido en un principio, a pesar de todas las evidencias difundidas intensivamente por infinidad de periodistas y testigos de excepción, que las gandolas en la frontera fueron incendiadas por el presidente Nicolás Maduro. Según la verdad capitalista, lo lógico era que el mal proviniera de quien ellos asumen como “el demonio”.

Dos semanas después acepta que la verdad fue la que registraron y difundieron al mundo esos otros medios que no se rigen por la quimérica verdad Divina sino por la que afirman las pruebas.

Exactamente igual a lo que hace CNN meses después del atentado teledirigido contra la vida del Presidente Nicolás Maduro, y que el mundo entero vio en su momento en vivo y en directo en cadena nacional de televisión, sosteniendo ahora de manera “reveladora” que lo sucedido fue un atentado, como si nadie lo supiera.

¿Por qué cambiaron de opinión y por qué lo hicieron semanas y hasta meses después?

Porque si el gobierno de Maduro caía, al día siguiente (o los subsiguientes) de esos hechos, la noticia por ellos difundida habría servido en cada caso de perfecta explicación y justificación al derrocamiento.

Pero no cayó. Se dieron entonces un lapso prudencial para ver si caía. Pero tampoco cayó.

Tuvieron, pues, que asumir a la larga la verdad verdadera. Porque, de tanto esperar que su mentira se convierta en verdad, lo que puede terminar cayendo son sus acciones en la Bolsa de Valores. Y ahí sí es verdad que Cristo empieza a padecer.

@SoyAranguibel

El más grande negocio capitalista de la historia

Por: Alberto Aranguibel B.

El imperialismo no lucha contra las drogas sino que las administra
Hugo Chávez

Como todo en el capitalismo, el ranking de los negocios supuestamente más rentables es casi siempre un soberano embuste.

Los famosos anuarios que dan cuenta de las estadísticas del dinero en cualquiera de sus formas, como los que publica la afamada revista Fortune, por ejemplo, suelen estar orientados a convencer a la opinión pública mundial de una realidad ilusoria y sin sentido, que establece que el capitalismo sería el modelo correcto para asegurar el éxito individual de las personas, pero en el cual los millonarios son siempre los mismos.

Publicaciones como Fortune aseguran que los mejores negocios en el mundo van desde la industria farmacéutica, la inversión especulativa de capitales, las innovación y desarrollo de aplicaciones para internet, las bebidas gaseosas, fabricación de productos para el hogar y para el cuidado e higiene personal, hasta el ensamblaje de vehículos, e incluso la exploración y producción petrolera.

Pero Estados Unidos, la más grande potencia capitalista de todos los tiempos, demuestra hoy por hoy con el sentido que le imprime a la demencial guerra económica que ha decidido desatar contra el propio capitalismo más allá de sus fronteras, que el mejor negocio del mundo no es ninguno de los anteriores, sino uno en el cual el imperio ha venido adquiriendo cada vez una mayor capacidad de control y predominio casi absoluto.

La más poderosa máquina de propaganda que jamás haya conocido la humanidad, está hoy al servicio de la promoción de ese gran negocio que EEUU quiere convertir en la perfecta forma de hacer dinero, por encima incluso de las estructuras del sistema financiero sobre el que se asienta el capitalismo.

El consumo de drogas (de todo tipo) se ha instalado en la narrativa cinematográfica norteamericana como un componente esencial de la vida en todo género fílmico. Lo que fue de escandaloso en la década de los 60 y 70 del siglo veinte el cigarrillo como objeto de placer y de seducción, lo es ahora la desquiciante presencia de las drogas hasta en las situaciones más inverosímiles de la fílmica hollywoodense, abarcando todos los ámbitos de la sociedad que son meticulosamente recreados en toda clase de películas, en las que no existe jamás ninguna situación placentera que no esté precedida por la ingesta alcohólica profusa y el consumo de drogas indiscriminado. Con especial preeminencia de esta última.

¿Por qué el mismo país que ha establecido la certificación arbitraria de los países según su grado de lucha contra las drogas, promueve de manera tan intensiva el consumo de todo género de estupefacientes a través de su poderoso aparato comunicacional, siendo tan evidente la contradicción entre una cosa y la otra?

¿Por qué Uruguay, Argentina, Canadá, y el propio Estados Unidos, presentan como un civilizatorio avance de sus sociedades la legalización de la marihuana (ya no para uso medicinal, como fue en un momento la excusa, sino para usos netamente recreativos) sin que ninguno de esos países sea susceptible de ser incluido en esas listas de descertificación con las cuales el imperio se erige una vez más en policía del mundo?

Por una sola y muy particular razón; el gigantesco negocio detrás de las drogas.

Tal como lo comentamos en estas mismas páginas en el año 2015, “La ilegalización del alcohol en los Estados Unidos entre 1920 y 1933, por ejemplo, fue considerada una de las más grandes violaciones a la libertad que se haya perpetrado en esa nación en toda su historia, pero también (por esa misma razón) uno de los más lucrativos negocios llevados a cabo en tiempos de severa recesión económica.

En ambas prohibiciones, la del alcohol y la de las drogas, la represión a la población estuvo determinada siempre por la necesidad de incrementar el flujo de presos hacia las cárceles privadas (más de un millón por causas del consumo o tráfico de drogas, en su mayoría afrodescendientes pobres), así como de elevar el precio de dichos productos ilícitos en las calles.

De ahí que la saña contra el narcotráfico de la que hace gala hoy Estados Unidos no es sino una fachada para todo un andamiaje económico cuyos capitales son los más redituables que existen hoy en día en el mercado financiero mundial, en virtud de ser capitales libres de pasivos contables, costos financieros y de cargas impositivas.” (¿Por qué los imperios sí pueden drogarse? Correo del Orinoco 01/06/2015)

El narcotráfico es un negocio que no entra en la contabilidad de ninguna empresa legalmente establecida, en virtud de lo cual tampoco es legalmente bancarizable. Sus inmensas posibilidades de rentabilidad están determinadas fundamentalmente por dos factores esenciales que aseguran el altísimo nivel de capitalización de ese excepcional negocio para el imperio. En primer lugar; la implacable persecución contra un negocio que es muy estratégicamente presentado como ilícito, lo cual eleva su precio en el mercado de manera exponencial. Y, en segundo término, que el policía que supuestamente lo persigue (léase EEUU) es el mismo que capitaliza la ganancia más cuantiosa del descomunal negocio, evitando su ingreso al sistema bancario convencional como producto de una actividad susceptible de obligación tributaria alguna. Con la droga, todo ingreso es ganancia neta y segura. Pero por los caminos verdes… de los dólares.

La acusación de país forajido contra aquellas naciones que no sirvan a los intereses del imperio, es el recurso perfecto para elevar artificialmente el precio del producto en un mercado que es netamente controlado por quien aparece descertificando, toda vez que es quién administra y resguarda los grandes centros de producción mediante sus más de 830 bases militares en el mundo. País que a la vez es, no solo el que promueve el consumo a través del aparato comunicacional con mayor penetración en el planeta, sino el que recibe los capitales que genera la droga, a través de las miles de opciones para el lavado de dinero que existen en el sistema bancario norteamericano, y que hoy los organismos internacionales como la ONU calculan en cerca de 400 mil millones de dólares al año.

Tal acusación contra los pueblos cumple el doble propósito de atacar y someter a las economías soberanas que no se plieguen a los designios del imperio, paliando así la inminente e inevitable caída del dólar como moneda de referencia en el mercado internacional. Pero a la vez sirve para confundir a la opinión pública, haciéndole creer al mundo que quien acusa es el bueno de la película. La vieja estratagema de “¡Agarren al ladrón!”

Al respecto, decíamos entonces: “Ese cinismo es exactamente el que impuso como norma los Estados Unidos en su accionar contra el narcotráfico desde 1930, cuando creó el Federal Bureau of Narcotics para supuestamente frenar el consumo de marihuana, a la vez que estimulaba la producción y el tráfico de estupefacientes en el mundo entero por razones de naturaleza estrictamente geopolítica y financiera. O lo que pretendió Richard Nixon cuando desaprobaba el informe de la Comisión Shafer en 1972 (que recomendaba legalizar el consumo y venta de marihuana en el país) mientras que en el sur del Asia los soldados norteamericanos se erigían en los más grandes narcotraficantes de su tiempo.

El revelador artículo de Peter Dale Scott, “El opio, la CIA y la administración Karzai”, publicado en la Red Voltaire en 2010, da cuenta de las implicaciones de la CIA a través del tiempo en el surgimiento y desarrollo de los más grandes mercados de narcóticos hoy en día en el mundo. En dicho artículo el autor refiere con total exactitud cómo los cultivos de precursores de drogas se incrementan en aquellos países donde hace presencia militar los Estados Unidos, como Afganistán, Colombia, Paquistán y México.” (Art. Cit.)

Las drogas estupefacientes, que con toda razón Barack Obama considera infinitamente menos dañinas que el alcohol, no son sino una trampa multiforme instalada hoy sobre las sociedades del mundo entero por un imperio inmoral e insaciable, cuyos linderos éticos son diametralmente opuestos al tamaño de su codicia y a su sed de acumulación de riqueza sin importar el hambre o el padecimiento de los pueblos. Una lujuria sicotrópica que combina la naturaleza salvaje del capitalismo con la abyecta idea de la dominación y el sometimiento de los miles de millones de seres humanos que se niegan y se negarán por los siglos de los siglos a rendirse a su repugnante e ilegítimo mandato.

@SoyAranguibel

El imperio conspiranoide

Por: Alberto Aranguibel B.

Galileo Galilei fue condenado por la inquisición a confinamiento perpetuo por sostener que los planetas giraban en torno al sol. El fundamento de la condena era tan bochornoso como que la cuestionada teoría no había sido escrita en latín (que era la lengua usada por la iglesia para impedir que el conocimiento terminara siendo eventualmente del dominio público) o que aún cuando pudiera sostenerla como hipótesis no podía hacerlo como verdad, a lo cual Galileo, como era de esperarse, se negó siempre.

En la premisa del ocultamiento de la verdad se basa la institucionalización a la que asistimos hoy en día de una figura contra-ideológica ampulosamente denominada “teoría de la conspiración”. Una forma sui generis de esconder la verdad que se ha convertido en doctrina de sobrevivencia para la estructura del poder hegemónico.

Como hizo el imperio romano contra Jesucristo, o la inquisición contra Galileo en la Edad Media, el imperio norteamericano proscribe sistemáticamente el conocimiento avanzado que no esté bajo su control, porque las ideas sobre las cuales se sostiene su modelo capitalista son insostenibles desde una concepción abierta del pensamiento. Una nación cuyo poderío se debe al sudor de los millares de esclavos que la construyeron, y al saqueo de los pueblos y naciones del mundo a los que atropella y somete arbitraria e injustamente, no tendrá jamás argumentación de ningún tipo para rebatir las acusaciones en contra de su inhumano y depredador sistema económico.

Con ese método del desecho de las ideas inconvenientes, Estados Unidos impone hoy su dominio planetario sobre el conocimiento, obligándolo mediante la más inmisericorde amenaza de descalificación y escarnio público a mantenerse dentro de los linderos de lo “social y políticamente aceptable”, sin importar la consistencia e irrefutabilidad de las ideas que el poder hegemónico considera revolucionarias.

Pero la teoría de la conspiración no es un asunto de ideas controversiales nada más, sino que se constituye en un atentando contra todo evento o realidad verificables, cuya proscripción es lleva a cabo por el imperio sin respetar siquiera la más elemental fuerza probatoria de sus argumentos.

Ni la prueba científica ni los llamados elementos de convicción revisten la más mínima importancia para ese arrogante imperio, que sostiene con la misma intolerancia y desvergüenza el carácter supuestamente conspiranoico de quienes alertan, por ejemplo, sobre el calentamiento global, como de quienes demuestran de la manera más incontrovertible la falsedad de la llegada del hombre a la luna; la participación de la CIA en el asesinato de John F. Kennedy y en el derribamiento de las torres del Word Trade Center en Nueva York; o el uso de la tecnología informática para el control social, como ha sido demostrado hasta la saciedad por expertos más que calificados en la materia.

Como policía del mundo, que cree en el sometimiento y la subordinación de todas las naciones a sus designios, Estados Unidos no acepta la autoridad de tribunales extraterritoriales de ninguna naturaleza, incluida la mismísima Corte Penal Internacional, a cuyos magistrados un alto vocero del gobierno del presidente Donald Trump se ha atrevido recientemente a amenazar con la cárcel, siendo el mismo tribunal al que Estados unidos amenaza con llevar a todo aquel que no se someta a la voluntad del imperio.

Persiguiendo todo aquello que le resulte amenaza, Estados Unidos ha terminado convertido en un verdadero “estado conspiranoico”, al que ya nadie le cree las fábulas del horror carcelario que existirían tras los muros del Kremlin, ni las paranoicas predicciones del colapso de la economía mundial supuestamente provocado por China, o la extinción de la humanidad a la que nos conducirían Irán o Corea del Norte.

Así como ninguna persona medianamente sensata en el mundo le ha creído la patraña de la crisis humanitaria que, según Donald Trump, habría en Venezuela.

@SoyAranguibel

La CIA y la contrarrevolución en Venezuela

Por: Atilio Borón

La sociedad capitalista tiene como uno de sus rasgos principales la opacidad. Si en los viejos modos de producción precapitalistas la opresión y la explotación de los pueblos saltaba a la vista y adquiría inclusive una expresión formal e institucional en jerarquías y potestades, en el capitalismo prevalece la oscuridad y, con ella, el desconcierto y la confusión. Fue Marx quien con el descubrimiento de la plusvalía descorrió el velo que ocultaba la explotación a la que eran sometidos los trabajadores “libres”, emancipados del yugo medieval . Y fue él también quien denunció el fetichismo de la mercancía en una sociedad en donde todo se convierte en mercancía y por lo tanto todo se presenta fantasmagóricamente ante los ojos de la población.

Lo anterior viene a cuento de la negación sobre el papel de la CIA en la vida política de los países latinoamericanos, aunque no sólo en ellos. Su permanente activismo es insoslayable y no puede pasar desapercibido para una mirada mínimamente atenta. Peso a ello al hablarse de la crisis en Venezuela –para tomar el ejemplo que ahora nos preocupa- y las amenazas que se ciernen sobre ese país hermano a la “Agencia” nunca se la nombra, salvo pocas y aisladas excepciones. La confusión que con su opacidad y su fetichismo genera la sociedad capitalista se cobra nuevas víctimas en el campo de la izquierda. No debería sorprender que la derecha alentara ese encubrimiento de la CIA. La prensa hegemónica –en realidad, la prensa corrupta y canalla- jamás la menciona. Es un tema tabú para estos impostores seriales. Ni a ella, la CIA, ni a ninguna de las otras quince agencias que constituyen en conjunto lo que en Estados Unidos amablemente se denomina “comunidad de inteligencia”. Eufemismos aparte, es un temible conglomerado de dieciséis pandillas criminales financiadas con fondos del Congreso de Estados Unidos y cuya misión es doble: recoger y analizar información y, sobre todo, intervenir activamente en los diversos escenarios nacionales con un rango de acción que va desde el manejo y la manipulación de la información y el control de los medios de comunicación hasta la captación de líderes sociales, funcionarios y políticos, la creación de organizaciones de pantalla disimuladas como inocentes e insospechadas ONGs dedicadas a inobjetables causas humanitarias hasta el asesinato de líderes sociales y políticos molestos y la infiltración en – y destrucción de- toda clase de organizaciones populares. Varios arrepentidos y asqueados ex agentes de la CIA han descrito todo lo anterior en sumo detalle, con nombres y fechas, lo que me excusa de abundar sobre el tema. [1]

Que la derecha sea cómplice del encubrimiento del protagonismo de los aparatos de inteligencia de Estados Unidos es comprensible. Son parte del mismo bando y protege con un muro de silencio a sus compinches y sicarios. Lo que es absolutamente incomprensible es que representantes de algunos sectores de la izquierda –notablemente el trotksismo-, el progresismo y cierta intelectualidad atrapada en los embriagantes vapores del posmodernismo se inscriban en este negacionismo donde no sólo la CIA desaparece del horizonte de visibilidad sino también el imperialismo. Estas dos palabras, CIA e imperialismo, ni por asomo irrumpen en los numerosos textos escritos por personeros de aquellas corrientes acerca del drama que hoy se desenvuelve en Venezuela y que, ante sus ojos, parece tener como único responsable al gobierno bolivariano. Quienes se inscriben en esa errónea – insanablemente errónea- perspectiva de interpretación se olvidan también de la lucha de clases, que brilla por su ausencia sobre todo en los análisis de supuestos marxistas que no son otra cosa que “marxólogos”, esto es, cultos doctores embriagados por las palabras, como a veces decía Trotsky, pero que no comprenden la teoría ni mucho menos la metodología del análisis marxista y por eso ante los ataques que sufre la revolución bolivariana exhiben una gélida indiferencia que, en los hechos, se convierte en complacencia con los reaccionarios planes del imperio.

Toda esta horrible confusión, estimulada como decíamos al comienzo por la naturaleza misma de la sociedad capitalista, se disipa en cuanto se recuerda el sinfín de intervenciones criminales que la CIA llevó a cabo en América Latina (y en donde fuera necesario) para desestabilizar procesos reformistas o revolucionarios. Una somera enumeración a vuelo de pájaro, inevitablemente incompleta, subrayaría el siniestro papel desempeñado por “la Agencia” en Guatemala, en 1954, derrocando al gobierno de Jacobo Árbenz organizando una invasión dirigida por un coronel mercenario, Carlos Castillo Armas, quien luego de hacer lo que le fuera ordenado sería asesinado tres años después en el Palacio Presidencial. Sigamos: Haití, en 1959, sosteniendo al por entonces amenazado régimen de François Duvalier y garantizando la perpetuidad y el apoyo a esa criminal dinastía hasta 1986. Ni hablemos del intenso involucramiento de “la Agencia” en Cuba, desde los comienzos mismos de la Revolución Cubana, actividad que continúa hasta el día de hoy y que registra como uno de sus principales hitos la invasión de Playa Girón en 1961; o en Brasil, 1964, asumiendo un activísimo papel en el golpe militar que derribó al gobierno de Joao Goulart y sumió a ese país sudamericano en una brutal dictadura que perduró por dos décadas; en Santo Domingo, República Dominicana, en 1965, apoyando la intervención de los marines luchando contra los patriotas dirigidos por el Coronel Francisco Caamaño Deño; en Bolivia, en 1967, organizando la cacería del Che y ordenando su cobarde ejecución una vez que había caído herido y capturado en combate. La CIA permaneció en el terreno y ante la radicalización política que tenía lugar en Bolivia conspiró para derribar el gobierno popular de Juan J. Torres en 1971. En Uruguay, en 1969, cuando la CIA envió a Dan Mitrione, un especialista en técnicas de tortura, para entrenar a los militares y la policía para arrancar confesiones a los Tupamaros. Mitrione fue ajusticiado por estos en 1970, pero la dictadura instalada por “la embajada” desde 1969 perduró hasta 1985; en Chile, desde comienzos de los años sesenta e intensificando su acción con la complicidad del gobierno democristiano de Eduardo Frei. La misma noche en que Salvador Allende ganara las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1970 el presidente Richard Nixon convocó de urgencia al Consejo Nacional de Seguridad y ordenó a la CIA que impidiera por todos los medios la asunción del líder chileno y, en caso de tal cosa ser imposible, no ahorrar esfuerzos ni dinero para derrocarlo. “Ni un tornillo ni una tuerca para Chile” dijo ese patán que luego sería desalojado de la Casa Blanca por un juicio político. En Argentina, en 1976, la CIA y la embajada fueron activas colaboradoras de la dictadura genocida del general Jorge R. Videla, contando inclusive con la desembozada ayuda y consejo del por entonces Secretario de Estado Henry Kissinger; en Nicaragua, sosteniendo contra viento y marea a la dictadura somocista y, a partir del triunfo del sandinismo, organizando a la “contra” apelando inclusive al tráfico ilegal de armas y drogas desde la misma Casa Blanca para lograr sus objetivos; en El Salvador, desde 1980, para contener el avance de la guerrilla del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, involucrándose activamente durante los doce años que duró la guerra civil que dejó un saldo de más de 75.000 muertos. En Granada, liquidando al gobierno marxista de Maurice Bishop. En Panamá, 1989, invasión orquestada por la CIA para derrocar a Manuel Noriega, un ex agente que pensó que podía independizarse de sus jefes, ocasionando al menos 3.000 muertos en la población. En Perú, a partir de 1990, la CIA colaboró con el presidente Alberto Fujimori y su Jefe del Servicio de Inteligencia, Vladimiro Montesinos para organizar fuerzas paramilitares para combatir a Sendero Luminoso y, de paso, cuando izquierdista se les pusiera a tiro, o dejando un saldo luctuoso que se mide en miles de víctimas. Dados estos antecedentes, ¿alguien podría pensar que la CIA ha permanecido de brazos cruzados ante la presencia de las FARC-EP y el ELN en Colombia, donde Estados Unidos cuenta con siete bases militares para el despliegue de sus fuerzas? ¿O que no actúa sistemáticamente para corroer las bases de sustentación de gobiernos como los de Evo Morales y, en su momento, de Rafael Correa y hoy Lenín Moreno? ¿O que se ha retirado a cuarteles de invierno y dejado de actuar en Argentina, Brasil, y en toda esta inmensa región constituida por América Latina y el Caribe, considerada con justa razón como la reserva estratégica del imperio? Sólo por un alarde de ignorancia o ingenuidad podría pensarse tal cosa.

¿Puede, por lo tanto, alguien sorprenderse del protagonismo que la CIA está teniendo hoy en Venezuela, el “punto caliente” del hemisferio occidental? ¿Puede la dirigencia norteamericana –la real, el “deep state” como dicen sus más lúcidos observadores, no los mascarones de proa que despachan desde la Casa Blanca- ser tan pero tan inepta como para desentenderse de la suerte que pueda correr la lucha planteada contra la Revolución Bolivariana en el país que cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo? Puede que para el trotskismo latinoamericano y otras corrientes igualmente extraviadas en la estratósfera política la MUD y el chavismo “sean lo mismo” y no provoque en esas corrientes otra cosa que una suicida indiferencia. Pero los administradores imperiales, que saben lo que está en juego, son conscientes de que la única opción que tienen para apoderarse del petróleo venezolano –objetivo no declarado pero excluyente de Washington- es acabar con el gobierno de Nicolás Maduro dejando de lado cualquier escrúpulo con tal de obtener ese resultado, desde quemar vivas a personas a incendiar hospitales y guarderías infantiles . Saben también que el “cambio de régimen” en Venezuela sería un triunfo extraordinario del imperialismo norteamericano porque, instalando en Caracas a sus peones y lacayos, los mismos que se enorgullecen de su condición de lamebotas del imperio, ese país se convertiría de facto en un protectorado norteamericano, montando una farsa pseudodemocrática –como la que ya hay en varios países de la región- que sólo una nueva oleada revolucionaria podría llegar a desbaratar. Y ante esa opción, imperio versus chavismo, no hay neutralidad que valga. No nos da lo mismo, ¡no puede darnos lo mismo una cosa o la otra! Porque por más defectos, errores y deformaciones que haya sufrido el proceso iniciado por Chávez en 1999; por más responsabilidad que tenga el presidente Nicolás Maduro en evitar la desestabilización de su gobierno, los aciertos históricos del chavismo superan ampliamente sus desaciertos y ponerlo a salvo de la agresión norteamericana y sus sirvientes es una obligación moral y política insoslayable para quienes dicen defender al socialismo, la autodeterminación nacional y la revolución anticapitalista. Y esto, nada menos que esto, es lo que está en juego los próximos días en la tierra de Bolívar y de Chávez, y en esta encrucijada nadie puede apelar a la neutralidad o la indiferencia. Sería bueno recordar la advertencia que Dante colocó a la entrada del Séptimo Círculo del Infierno: “este lugar, el más horrendo y ardiente del Infierno, está reservado para aquellos que en tiempos de crisis moral optaron por la neutralidad”. Tomar nota.

Atilio-Boron Atilio Borón Fuente: http:atilioboron.com.ar

Nota:
[1] Ver John Perkins, Confesiones de un gángster económico. La cara oculta del imperialismo norteamericano (Barcelona: Ediciones Urano, 2005). Edición original: Título original: Confessions of an Economic Hit Man First published by Berrett-Koehler Publishers, Inc., San Francisco, CA, USA. Ver también el texto pionero de Philip Agee, de 1975, Inside the Company,y publicado en la Argentina bajo el título La CIA por dentro. Diario de un espía (Buenos Aires: Editorial Sudamericana 1987).

Aranguibel: La agresión de EEUU contra Venezuela es una agresión contra el mundo

Cuando la mentira desborda las fronteras

Por: Alberto Aranguibel B.

“Escoge la versión que te parezca más creíble y quédate con ella, pues en esto tienes razón; el mundo es un infierno”
Rashomon

Un tuit difundido esta semana por el Alcalde de Recoleta, Chile, alertaba sobre la incongruencia más recurrente por estos días en las redes sociales, referida a la doble moral de aquellos que atacan día y noche a Venezuela por una supuesta crisis humanitaria que causaría la Revolución Bolivariana en el país, mientras se hacen los desentendidos con las atrocidades de las que sí son víctimas en verdad millares de latinoamericanos en Colombia, México, Honduras, y en otras partes del mundo, como Yemén o Siria, donde las fuerzas del ejército norteamericano actúan sin piedad alguna contra los pueblos.

“México: 130 políticos asesinados, entre ellos 40 candidatos, y se roban 10 mil boletas electorales. 90 muertos por día y más de 70 periodistas muertos en un año, pero la Unión Europea sanciona a Venezuela…” dice el texto del alcalde.

Casi todos los comentarios que le hacen a ese tuit son para acusarlo de miserable, de ignorante, de vendido. De comunista, pues, que con ese planteamiento estaría avalando una dictadura cruel y despiadada. Asombra que todos, sin excepción alguna, justifican la masacre contra el pueblo mexicano porque, según ellos, no es llevada a cabo por una dictadura sino por una democracia resplandeciente.

Todos han sido víctimas del fingimiento con el que la oposición se ha presentado ante el mundo a través de un medio de comunicación al servicio del imperio norteamericano que hace cada vez más dinero con sus titulares contra Venezuela. Es gente obnubilada que no quiere creer en ninguna verdad que no sea la que le dicen los titulares de esos medios, sin necesidad de exigir nunca pruebas que demuestren los infundios contra una nación que solo ha exportado desde siempre solidaridad y cooperación hacia esos pueblos hermanos de donde son oriundos la mayoría de esos tuiteros.

El fingimiento es quizás el recurso más utilizado por la oposición venezolana para tratar de imponer en el mundo la falsa verdad de su discurso contrarrevolucionario. La supuesta opresión del gobierno contra el pueblo, de la cual ha hablado a lo largo de todo el proceso revolucionario, no ha existido jamás sino en sus envenenados cerebros, llenos de odio contra todo lo que tenga que ver con Chávez, por lo cual han tenido que apelar casi siempre a técnicas de maquillaje para aparentar ese sufrimiento que le venden al mundo a través de titulares escandalosos que la gran prensa nacional e internacional pone a su orden para favorecer la instalación de la mentira como verdad.

Los actores de ese montaje no forman parte del pueblo que dicen defender. Ese pueblo ha dicho persistentemente a lo largo de casi un cuarto de siglo que está comprometido con el proyecto de justicia y de igualdad social que comprende el socialismo chavista que la revolución ha puesto en marcha en el país, y por eso se le deja de lado en esa farsa que pretende construir la realidad del país desde los estudios de televisión y las pasarelas de la moda.

Sus actores son siempre hermosos fenotipos de la clase oligarca que pretende el derrocamiento de esa revolución. Artistas famosos del espectáculo, del mundo del disco y de la industria cinematográfica, a quienes, a falta de gráficas reales que prueben sus infundios, se les pone un cartelito de S.O.S. sobre el pecho, o se les maquilla como víctimas de la opresión embadurnándolos en hollín y betún perfumados.

Antiguas reinas de belleza son incluidas en la nómina del “talento” contratado por los laboratorios asignados a esa tarea de fabricación de la realidad virtual con la que tiene que presentarse la derecha ante el mundo. Pero su condición de clase les juega siempre la mala pasada de negarse a desprenderse de la corona a la hora de la sesión fotográfica y, así como les sucede a los adonis que contratan como modelos para esas campañas, les resulta imposible ocultar su desprecio al verdadero pueblo, al que jamás contratarán para ninguna de esas sesiones, porque para ellos el pobre solo debe servir como sujeto discursivo; jamás como auténtico componente de su clase social.

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Con técnicas de maquillaje utilizadas por el ejército israelí en el fingimiento de las supuestas agresiones con las que justifican sus atrocidades contra el pueblo palestino, la derecha venezolana ha intentado recrear ese horrible sufrimiento de ficción con el que nutren la guerra mediática contra el pueblo venezolano, desconociendo la verdadera realidad de apremio que padece hoy la población como consecuencia del ataque despiadado por parte de esos mismos sectores del gran capital que han desatado su furia contra el pueblo a través de una inflación inducida que hace estragos en las posibilidades de alimentación y que pone en riesgo hasta la vida misma de la gente en el país.

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Desconocer esa cruda realidad por la que atraviesa el pueblo para intentar sacar provecho político mediante campañas que solo persiguen posicionar como dictadura al gobierno revolucionario, es una deformación que atenta contra las posibilidades de superación de la crisis y fomentan su prolongación en el tiempo, toda vez que con ese ocultamiento sistemático de la verdad se distrae inevitablemente la atención sobre los problemas, haciendo que el mundo se mueva en la dirección equivocada en cuanto al apoyo que debemos esperar de la comunidad internacional.

Cuando el mundo evalúa la situación venezolana lo hace desde la distancia y la desinformación, y eso, como es lógico, es perfectamente comprensible. El expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, así lo afirmaba recientemente en una declaración a la prensa: “Sobre Venezuela hay un prejuicio. La mayoría de la gente que opina sobre Venezuela desde Europa lo hace sin conocer la realidad ni saber lo que aquí ocurre. Hay un prejuicio instalado.”, dijo.

Lo deleznable es que esa desinformación sea el producto de una campaña de desvirtuación sistemática orquestada por sectores interesados en mantener a nuestra población en la zozobra del hambre y la miseria para alcanzar así el logro político que no han podido encontrar en las formas democráticas de lucha, simplemente por carecer de un liderazgo confiable y creíble, y porque su discurso no tiene resonancia alguna entre el pueblo.

Pero esa mentira instalada contra Venezuela tiene un efecto devastador mucho más allá de nuestras fronteras. Su daño pernicioso no se circunscribe a un ámbito territorial específico, porque la mentira no tiene fronteras. Si la realidad de un país es falseada, como se empecina en hacerlo la derecha contra Venezuela, aplicando técnicas avanzadas de guerra sicológica que llevan al ser humano a desconocer la verdad como fenómeno que expresa la constatabilidad de los acontecimientos, entonces la realidad de otros países es, por contraste, automáticamente violentada.

De manera instintiva, la gente que es víctima de esas campañas de desinformación será incapaz de apreciar las auténticas atrocidades cuando las tenga frente a sus ojos, pendiente como estará de aquellas que la prensa le ha señalado como verdaderas.

Países que son víctimas hoy de la más brutal agresión por parte del mismo imperio que ataca al pueblo venezolano con la intención de derrocar al gobierno legítimo del presidente Nicolás Maduro, no perciben la penuria y el sufrimiento inocultable de su propio pueblo porque la mediática de la derecha internacional les ha inoculado en lo más profundo de su siquis social que el país donde suceden esas atrocidades es Venezuela y ningún otro.

Son cada vez más los pueblos que padecen en este momento agresiones brutales como no se veían en el mundo contemporáneo más allá de las fronteras del Medio Oriente, donde los Estados Unidos arremete desde hace décadas con la misma furia invasora e interventora con la que lo hace hoy contra la soberanía y los derechos humanos. En ninguno de esos casos la reacción ha sido la aceptación de la clara evidencia que deja constancia de la culpabilidad del imperio en esos padecimientos con el solo hecho de su presencia en todas y cada una de las crisis de desestabilización, represión y sicariato paramilitarista que inundan la región.

No hay capacidad de reacción en esos pueblos en el sentido correcto, porque la interferencia de las grandes corporaciones de la comunicación, controladas por los mismos actores hegemónicos que generan esos sufrimientos, actúan para distraer la atención de la gente y ocultarle así su propia tragedia.

Solo que, en su caso, ellos podrán contar siempre con la solidaridad y el apoyo de la Revolución Bolivariana.

@SoyAranguibel

¿Por qué hay gente que no cree en la perversidad del imperio?

Por: Alberto Aranguibel B.
(ilustración: Pandorco)

Un reciente estudio llevado a cabo por la empresa Hinterlaces, revela el significativo incremento en la cantidad de venezolanas y venezolanos que descartan la hipótesis de la guerra económica como causante de la crisis inflacionaria por la cual atraviesa el país. La investigación, que arroja que tres de cada cuatro venezolanos no cree hoy en la guerra económica, es de inmediato manipulada por el portal ultra derechista Noticiero Digital para acuñar que el gobierno ha fracasado en su comunicación con el pueblo: “Cuatro años después de una campaña diaria en los medios oficialistas para responsabilizar a la guerra económica de la crisis del país; después de innumerables declaraciones de altos voceros, incluyendo el presidente Nicolás Maduro; después de todo eso, solamente uno de cada cuatro venezolanos cree en la guerra económica como la principal causa de la crisis que vivimos.”

El brutal asedio económico del que ha sido víctima la economía nacional producto de la incesante campaña de un liderazgo opositor vendepatria y entreguista, que la gente ha visto con sus propios ojos cómo azuza a los factores más ultra reaccionarios del mundo para asfixiar las posibilidades de intercambio comercial de Venezuela, era hasta hace pocos días algo perfectamente claro e innegable para la inmensa mayoría del pueblo.

El arrasador triunfo de la propuesta revolucionaria en todos los procesos electorales convocados en menos de un año, da fe de la claridad con la que el pueblo entendió que el culpable de los padecimientos por los que atravesaba, no era otro que ese liderazgo de la derecha, que ha contado en todo momento con el respaldo del imperio norteamericano.

Pero, de la noche a la mañana, los titulares de la prensa cambiaron de protagonista de la noticia diaria referida a Venezuela, desplazando de sus primeras planas los temas que recurrentemente utiliza en contra de la revolución, para colocar en su lugar la hipótesis de la culpabilidad del gobierno en el incremento de los precios. Y con ello, se modificó la percepción de la realidad en buena parte de la población.

Desde el inicio mismo del mandato del presidente Nicolás Maduro, la prensa ha puesto y quitado de las primeras planas los temas por los cuales, según ella, debe preocuparse la población venezolana, más por un asunto de conveniencia para la guerra desatada abiertamente por la derecha contra la Revolución Bolivariana que por razones de veracidad noticiosa referidas al auténtico interés de la opinión pública.

Hoy la acusación contra el gobierno frente al tema de los precios es ubicada en posición predominante porque la lascivia amarillista de esa prensa mercenaria ha visto en el llamado que ha formulado el Jefe del Estado a la militancia revolucionaria para llevar a cabo un franco proceso de autocrítica que incluya la revisión y rectificación de las políticas públicas, una oportunidad excepcional para obtener un provecho político por mampuesto.

La manipulación permanente de los medios de comunicación para fabricar las matrices que le interesan a la derecha en su lucha contrarrevolucionaria, es un asunto de particular relevancia en la batalla que debe librar hoy el liderazgo revolucionario como parte del proceso de revisión al cual ha convocado el Presidente. En virtud de ello ese proceso debe ser asumido como un examen no solo de los aspectos políticos o de gestión gubernamental, sino muy fundamentalmente de lo que tiene que ver con el tema comunicacional, porque de la manipulación de la que es víctima el pueblo surgen casi siempre los demás problemas.

¿Está la población venezolana suficientemente preparada para comprender a cabalidad los fenómenos involucrados en la guerra, que van mucho más allá de lo económico y que tienen en el componente mediático un factor más que determinante?

Si, luego del intenso trabajo de consolidación política cumplido en esta fase tan crucial del proceso, dejásemos ahora en manos del medio de comunicación el esfuerzo de formación ideológica que evidentemente está haciendo falta, estaríamos cometiendo, ahí sí, el peor de los crímenes contra las venezolanas y los venezolanos.

Como contraofensiva a ese ataque que persigue descolocar a la militancia revolucionaria a través del poder de los medios de comunicación, hace falta, ahora más que nunca, discutir con las comunidades la doctrina hegemónica del imperio en toda su extensión.

Hay que debatir en asambleas populares todo cuanto ha hecho la oposición venezolana en el mundo para aislar la economía del país, y la manera en que esa acción apátrida atenta directamente contra la vida de las venezolanas y los venezolanos.

Dar a conocer, así mismo, el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, (PNAC, por sus siglas en inglés), que describe perfectamente el propósito de dominación imperialista de los EEUU para el siglo XXI, al frente del cual se encuentra la crema y nata de la clase política norteamericana del último cuarto de siglo, incluyendo a George Bush, George W. Bush, Bill Clinton, Barack Obama, y todos sus exministros del Departamento de Estado y de Guerra, y explicarle al país en detalle la forma en que cada uno de ellos actuó o sentó las bases de la guerra actual contra Venezuela.

Revisar y difundir detenidamente (no nada más con la metodología del informe periodístico o de campaña informativa, sino con el trabajo intensivo de formación y debate político con el pueblo) el documento “Golpe Final”, elaborado por el Comando Sur, en el que se explica con claridad el plan de desestabilización económica, social y política, que lleva a cabo ese brazo armado del imperio contra nuestro país.

Y, no menos importante, discutir con el pueblo la contundente revelación de la doctrina de la caotización inducida, de la cual somos víctimas, recogida en el libro The craft of intelligence (1963) donde el infame fundador de la CIA, Allen Dulles, pormenoriza su idea de lo que debiera hacer EEUU contra Rusia, y que hoy se aplica a cabalidad contra Venezuela.

Allen Dulles, quien se convirtiera en 1953 en el primer director civil de la CIA, fue el creador del modelo de derrocamiento de gobiernos no afectos a los EUU mediante operaciones secretas de espionaje y promoción de ingobernabilidad en esas naciones. Miembro de la llamada Operación 40,que reunía a finales de los 50’s lo más granado del anticomunismo norteamericano en el poder, logró recibir el más amplio respaldo que ningún funcionario del imperio haya recibido jamás de su gobierno para la desestabilización de países progresistas en el mundo. Con tal propósito Dulles emprendió la Operación MK Ultra, que incluía el desarrollo de sistemas de control mental de la sociedad dirigidos por Sidney Gottlieb. Promotor de las alianzas de la inteligencia gringa con la mafia y el anticastrismo, recae sobre él la responsabilidad en el derribamiento de Mohammed Mossadeg, en Irán (1953); de Jacobo Arbenz, en Guatemala (1954); y la Invasión de Bahía de Cochinos, en Cuba (1961).

En ese debate necesario se deben examinar ideas esenciales de ese libro de Dulles, como las siguientes:

“Sembrando el caos en la Unión Soviética, sustituiremos sus valores, sin que sea percibido, por otros falsos, y les obligaremos a creer en ellos. Encontraremos a nuestros aliados y correligionarios en la propia Rusia. Episodio tras episodio se va a representar por sus proporciones una grandiosa tragedia, la de la muerte del más irreductible pueblo de la tierra, la tragedia de la definitiva e irreversible extinción de su autoconciencia. De la literatura y el arte, por ejemplo, haremos desaparecer su carga social. Deshabituaremos a los artistas, les quitaremos las ganas de dedicarse al arte, a la investigación de los procesos que se desarrollan en el interior de la sociedad.

Literatura, cine, teatro, deberán reflejar y enaltecer los más bajos sentimientos humanos. Apoyaremos y encumbraremos por todos los medios a los denominados artistas, que comenzarán a sembrar e inculcar en la conciencia humana, el sadismo, la traición. En una palabra; cualquier tipo de inmoralidad.

En la dirección del Estado crearemos el caos y la confusión. De una manera imperceptible, pero activa y constante, propiciaremos el despotismo de los funcionarios, el soborno, la corrupción, la falta de principios. La honradez y la honestidad serán ridiculizadas, innecesarias y convertidas en un vestigio del pasado.

El descaro la insolencia, el engaño y la mentira, el alcoholismo, la drogadicción, el miedo irracional entre semejantes, la traición, el nacionalismo, la enemistad entre los pueblos y ante todo el odio al mismo pueblo ruso; todo esto es lo que vamos a cultivar hábilmente hasta que reviente como el capullo de una flor”.

Que no sea por culpa de una triste e injustificable omisión revolucionaria en la urgente tarea del reforzamiento de la conciencia popular, que el pueblo no sepa reconocer con precisión a su verdadero enemigo en esta hora tan crucial para la Patria.

 

@SoyAranguibel

El sanguinario negocio del “Destino Manifiesto”

Por: Alberto Aranguibel B.

“Nunca interferiré en el derecho del pueblo a portar armas”
Donald Trump

El imperio norteamericano es sumamente precavido. Jamás ha invadido una nación poderosa, o que cuente con un ejército importante no solo en términos de su arrojo sino en cuanto a su dimensión.

Por lo general, sus maniobras de asalto se llevan a cabo durante la madrugada, como en Panamá, en Irak, en Libia, en Honduras, o en Siria. Nunca a plena luz del día ni a cielo abierto, como fueron planificadas por los grandes generales las guerras importantes de la historia. Como Austerlitz, cuyas acciones de combate dieron inicio a las 8 en punto de la mañana. Ni un minuto antes.

O incluso la ya legendaria guerra anglo-zanzibariana, que borró del mapa a aquella pequeña nación del África Oriental, sobre la cual los historiadores todavía no se ponen de acuerdo acerca de si se inició a las 9:00 en punto de la mañana, o a las 9:02 minutos de aquel 27 de agosto de 1896.

Atacar durante la madrugada no tiene ninguna justificación, al menos desde un punto de vista estrictamente estratégico militar, que no sea la cobardía.

Cobardía no por el muy comprensible “culillo” que genera la inminencia de toda aquella confrontación de la cual pudiera resultar la muerte, hay que decirlo, sino en el sentido más perverso de la crueldad humana de todo el que planifica con la más desalmada frialdad la muerte del prójimo al que procura cercenarle la vida sin permitirle siquiera la oportunidad de defenderse.

Por eso, por su sed de muerte sin riesgo alguno para los suyos, es que el imperio ataca de madrugada. Procurando, además, que la nación a atacar sea siempre un país pequeño, con escasa o ninguna población armada, y con los más exiguos recursos financieros a los que pueda apelar para apertrecharse debidamente frente a la agresión.

Nunca se ha visto, ni se verá seguramente, al imperio norteamericano atacando individualmente a ninguna gran potencia, del signo que sea, de manera frontal. El rebuscado e ilegal recurso de la “sanción económica” al que apela ahora contra sus enemigos, no es sino una vulgar técnica de captación de solidaridad entre las naciones, para convertir así al mundo en enemigo de sus enemigos y hacer con él causa común en el eventual asalto armado contra los pueblos a los que amenaza.

De ahí su empeño en mantener activo a como dé lugar, ese abominable e injustificado esperpento bélico que es la OTAN, usado por Estados Unidos como fachada para esconder sus atrocidades tras el sofisma de “operaciones armadas de la comunidad internacional en pro de la liberación de los pueblos”.

Sus “triunfos” no son, pues, los de los épicos gladiadores romanos que construían su gloria arriesgando la vida en cada combate cuerpo a cuerpo. Ni los de los Libertadores que nos legaron la independencia del Imperio español a costa de sufrir a lo largo de todo el Continente las peores calamidades que ser humano pueda padecer.

No. Sus glorias son las de la arrogancia imperial que desprecia toda forma de vida que no sea la de su élite dominante y todopoderosa. Que se jacta de aplastar con sus tanques y arrasar con sus bombas “solo matagente”, pueblos, naciones y civilizaciones enteras incluso, en pro de una causa imprecisa y etérea que jamás ha sido debatida con ningún pueblo arrasado, sino que le ha sido impuesta como castigo supremo; que no acepta ni discusión ni se somete a condiciones de ninguna naturaleza. La causa de la “seguridad nacional de los EEUU” con la cual el imperio castiga al mundo desde hace ya más de dos siglos.

De esa épica del asalto y la destrucción de países pequeños contra los cuales se envalentona, ha surgido su portento industrial y comercial, casi todo engendrado con la sangre de millones de seres humanos asesinados en las más sanguinarias operaciones genocidas que recuerde la historia contemporánea.

Timor Oriental, Camboya, Las Filipinas, Haití, Nicaragua, Panamá, República Dominicana, Corea, Vietnam, Omán, Afganistán, Grenada, Somalia, Bosnia Herzegovina, Irak, Pakistán, Yemen, Sudán, son solo algunos de esos pequeños países cobardemente asaltados en algún momento sin la menor contemplación por el arrogante imperio norteamericano. Pero son incontables las naciones que, sin ser sometidas, en principio, por medio de las armas, han sido sin embargo agredidas de la manera brutal en que lo hace también con el chantaje económico y la presión política, orientado siempre por el mismo beneficio económico que sus operaciones armadas de saqueo internacional le deparan.

Es incontable la lista de grandes emporios empresariales norteamericanos que se han beneficiado y alcanzado su mayor auge a partir de los contratos con el ejército de los EEUU. Desde la fabricante de motocicletas Harley Davidson, hasta la poderosa fabricante de misiles Lockheed Martin, la Exxon Mobil, Standard Oil, Halliburton, pasando por la no menos prestigiosa Bausch and Lomb, (creadora de los lentes Ray-Ban que tanto identifican al militar de los EEUU), ensambladoras de vehículos y fábricas de autopartes, el parque industrial norteamericano desarrollado gracias a la guerra, además del armamentista, probablemente el más grande del mundo y de la historia, es infinito.

Si a ello se añade el inmenso negocio que le ha deparado a los productores y fabricantes de alimentos, bebidas, chocolates, cigarrillos, ropa de todo tipo, artículos (desde maquillaje, hasta tiendas de campaña) equipos de telecomunicaciones, industria satelital, y de investigación científica, se podrá tener una clara noción de la dependencia que ha tenido y tiene hoy en día los Estados Unidos de la guerra.

Una guerra que debe que ser llevada a cabo en la oscuridad para poder sorprender en la mayor indefensión al atacado y lograr asesinarlo “limpiamente” sin las bajas que el sanguinario ejército atacante pueda sufrir, lo que le permite evitar el repudio de su propia sociedad, que es la que, en definitiva, aprueba o desaprueba las cuantiosas sumas que son destinadas a la industria militar del cual depende el poderío del imperio.

Las armas en los Estados Unidos son un factor esencial para la libertad individual de las personas, más que ningún otro elemento moral o material, porque las élites que han gobernado esa nación desde sus orígenes encontraron que el culto de la gente hacia las armas era el medio expedito para subordinar a la población a la idea de la supremacía a toda costa que ordenaba la lógica de “Destino Manifiesto”, autoimpuesta por esas élites desde mucho antes de creada la nación. Incluso desde mucho antes de nacer el periodista John O’Sullivan, a quien se le atribuye la primera mención escrita de la idea.

Elevar a rango Constitucional, como lo ha hecho Estados Unidos en su Segunda Enmienda, la lógica del poder que transmite la facultad personal de decidir por encima de toda ley la vida de los demás, ha sido la forma de conseguirle apoyo popular a esa vocación genocida que ha movido desde siempre al imperio.

Hoy ningún norteamericano acepta como razonable la posibilidad de que su derecho a portar armas sea controlado por el Estado. Lo que constituye un verdadero “Blowback” (palabra norteamericana para denominar lo que en español se conoce como “tiro por la culata”) para esa misma élite imperialista que, guiada por el afán de la guerra no midió nunca las consecuencias de su demencial apuesta por la admiración a la lógica de las armas y de la muerte.

En virtud de ese excepcional derecho a la supremacía que ellas otorgan, cualquier político que se atreva a cuestionar siquiera el libre porte de armas en esa nación, será irremediablemente execrado por la sociedad. Por el contrario, quien lo refuerce y lo promueva, tendrá siempre abiertas las puertas del poder.

De esa forma, el “Destino Manifiesto”, antes que la expansión norteamericana bajo el signo libertador que soñaron los imperialistas, terminó siendo apenas el inmenso territorio del regocijo con la muerte del prójimo, al que sus Padres Creadores los condujeron con su desquiciada fantasía de la dominación planetaria que coronaría su grandeza.

No le ha quedado a ese vetusto y decadente imperio ninguna otra cosa que hacer dinero con esa bochornosa fantasía. Por eso no le importan en lo absoluto los millones de seres humanos que mueren bajo las armas, ni los pavorosos padecimientos que ocasionan a los pueblos que con ellas son arrasados.

Por eso es cada vez más repudiado por el mundo.

Por eso, más temprano que tarde, ese imperio de la muerte se vendrá abajo.

@SoyAranguibel