María A. Díaz: Mala captura, buena detención

Por: María Alejandra Díaz

No hay que olvidar que el Estado de derecho norteamericano ha sido caracterizado como un Estado de derecho judicial (Tocqueville).  Su modelo constitucional de 1787, marcado por la independencia del continente fue una clara protesta contra las leyes del Parlamento británico. No compartían el enfoque del legislador virtuoso y omnipotente, ciego sordo y mudo frente a las transformaciones sociales. Asumen la Constitución como pacto, acto de manifestación de voluntad superior de manera consciente.

El lema de este constitucionalismo podría ser el triunfo de la razón sobre la historia frente al naturalismo determinista de la historia. Esta es una obra premeditada que se quiere perfecta y definitiva, enfrentada a la naturaleza consuetudinaria e insegura de un orden basado en la tradición. Frente a unos privilegios singulares decantados en el transcurso del tiempo, los derechos naturales son conquistados de una vez y para siempre; en fin, frente a la legitimidad que suministra el pasado porque es viejo, la Constitución reposa en la legitimidad de lo que se proclama racional descubierto por las luces. (Zaglebelsky).

Herencia constitucional asumida desde nuestros países, como beneficiosa:  figuras como el método del control de constitucionalidad, Doctrina de la Judicial Review of Legislation, en Marbury vs Madison, fundamenta el poder que tiene cualquier juez en aplicar controles a los actos estatales a la luz de la Constitución, privilegiando a ésta, o como el carácter vinculante de las decisiones de estos jueces en resguardo de la Constitución, denominada doctrina del precedente o stare decisis.

Juez creador de derecho. Así sucedió cuando eliminó restricciones al voto femenino, o eliminó la segregación racial, o protegió el plan de recuperación de Roosevelt en 1929 para enfrentar la crisis económica de entonces. Juez constitucional, no como boca de la ley, sino como actor social que acompaña los cambios sociales o los impulsa. 

Sin contrapesos o límites, esta herencia beneficiosa del constitucionalismo norteamericano también tiene sus sombras: una de ellos es el precedente legal conocido como Mala captus, bene detentus, una captura ilegal, ilegítima, por la fuerza, deviene en apresamiento válido y subsiguiente juzgamiento también válido. 

Precedente que un dudoso Fiscal, sometido a investigaciones por su participación en la justificación legal del apresamiento de Noriega en Panamá y su consecuente invasión, pretende aplicarle a un grupo de venezolanos, judicializándolos. Nefasto antecedente para el constitucionalismo y las relaciones internacionales, sentado tempranamente en 1886 (Ker vs Illinois), donde tribunales, con la complacencia de su Cancillería, toleran y alientan el secuestro como mecanismo “legítimo” de captura de supuestos perpetradores de delitos graves cometidos en o contra ese país, pero guarecidos en territorio extranjero. Ejemplos sobran: Frisbie vs Collins en 1952; United States vs Toscanino; US vs Rauscher; Jaffe v. Smith, 825 F.2d 304 (1987); Verdugo-Urquidez; United States vs Najohn, Lujan vs Gengler, Sosa vs Alvarez-Machain, en 2004.

Ilógica e ilegal conducta aplicada a las autoridades venezolanas: derecho interno aplicado para justificar arrestos y secuestros extraterritoriales, acciones incompatibles con el derecho internacional consuetudinario, la Carta de DDHH, incluso con la Cuarta Enmienda de su propia Constitución, todo ante la mirada complaciente de la ONU, esperpento de supuesta protección y unión de las naciones, que merece desaparecer para dar paso a una verdadera unión democrática de naciones. 

Grave error de la administración norteamericana, tomada por neoconservadores antipatriotas, globalistas, que junto con Obama, destruyeron su economía. Enemigos del pueblo norteamericano, también lo son del pueblo venezolano. Somos pueblos de patriotas, no de globalistas nihilistas.

Recordando el significativo aporte constitucional hecho desde EEUU, apartando precedentes desdichados como el de “mala captura, buena detención”, comprendamos que el equilibrio del mundo necesita una patria estadounidense con sus equilibrios internos (Jalife). Hagamos grandes nuestras naciones, sin aplastar a nadie.

Desde Venezuela, exigimos respeto por el Derecho internacional,  a las instituciones y a nuestro liderazgo honesto y luchador, a una justicia no plegada a los amos del poder, aberrada de flagrantes irrespeto de las leyes por pura animosidad personal. Es hora de cesar la martirización y persecución de los venezolanos y venezolanas, sin cometer ningún crimen somos objeto de castigos y sanciones.

En esta amarga hora  planetaria el globalismo no sólo aspira a la disminución del Estado Nación y de la población mundial sino a su aniquilamiento, convirtiéndolo en un sujeto inmoral de infinitas pretensiones moralizadoras, unamos esfuerzos para evitar el vaciamiento moral, financiero, político, social, expresado en un catálogo de normas que dejan de lado la visión ética y bondadosa alcanzada desde la democracia y la humanidad. Hoy es tarea de todos ser mejores.

Maria Alejandra Díaz  María Alejandra Díaz Marín / Constituyente

 

Constituyente: el respaldo de Trump a Guaidó demuestra su desesperación por Venezuela

CARACAS (Sputnik) — El respaldo del presidente estadounidense, Donald Trump al líder opositor Juan Guaidó, demuestra el desespero de su Gobierno por Venezuela al fracasar en su intento por derrocar al mandatario Nicolás Maduro, dijo a Sputnik el integrante de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), Alberto Aranguibel.

Lo que ha demostrado es el desespero que tiene Donald Trump porque no ha podido derrotar al Gobierno del presidente Nicolás Maduro; el acto de anoche [el discurso del Estado de la Unión] parecía más bien lastimoso, y así fue visto por la gran mayoría de los venezolanos; como una gran vergüenza“, expresó el constituyente.

El 4 de febrero, Trump expresó su apoyo a Guaidó, quien asistió en calidad de invitado al discurso del Estado de la Unión, un informe de gestión que realiza el mandatario ante el Congreso de EEUU.

Durante su alocución, el mandatario de EEUU se refirió a Guaidó como al “presidente único y legítimo” de Venezuela y destacó que todos los estadounidenses se unen al pueblo venezolano en su “justa lucha por la libertad”.

En ese sentido, Aranguibel manifestó que Guaidó se convirtió en el “payaso” de EEUU a cambio de recibir dinero.

Lo que vimos anoche no es nada nuevo, es una muestra más de la deplorable conducta de este pobre sujeto, que se ha convertido en el payaso de Estados Unidos, que ahora gira por el mundo mostrando desvergonzadamente esa condición ruin y miserable a la que se somete para recibir un puñado de dólares de Estados Unidos a cambio de esa actuación circense que está llevando a cabo“, sostuvo.

Guaidó inició el 19 de enero una gira que lo llevó a Colombia, Europa y EEUU, tras salir de forma clandestina del territorio venezolano. En su paso por EEUU, sostuvo un encuentro con venezolanos migrantes en Miami; mientras este 5 de febrero se reunió con el vicepresidente de esa nación, Michael Pence; y será recibido por Trump en la Casa Blanca.

El integrante de la ANC le restó importancia al encuentro de Trump con Guaidó, pues consideró que solo buscan hacer ver que el opositor venezolano es reconocido a nivel internacional.

Esa reunión no tiene ninguna importancia; que un pelele sea recibido en la Casa Blanca es una corroboración de la decadencia de la Casa Blanca. Es para tratar de aparentar que tiene algún tipo de estatura internacional; una jugarreta de baja estofa que trata de hacer Donald Trump para tratar de torcer el curso de la historia en Venezuela“, sostuvo.

Por su parte, el Gobierno venezolano rechazó este 5 de febrero las declaraciones del presidente Trump y calificó su discurso como “injerencista”.

En un agonizante esfuerzo por revivir la ya fracasada estrategia de cambio de Gobierno por la fuerza, apegada a un guión prefabricado, en medio de un espectáculo electoral circense, y haciendo uso de un discurso lleno de mentiras y declaraciones supremacistas, Trump ofende e irrespeta al pueblo venezolano al proferir violentas amenazas“, indicó el canciller Jorge Arreaza, a través de un comunicado.

La crisis política de Venezuela se agravó en enero de 2019 cuando el opositor Guaidó se autoproclamó presidente interino del país. Varios países occidentales liderados por EEUU reconocen a Guaidó, mientras que China, Rusia, Turquía y otros estados continúan respaldando a Nicolás Maduro.

Fuente: Sputniknews.com

Transformar la comunicación

Por: Alberto Aranguibel B.

Clausura hoy en Caracas el que quizás sea el evento más significativo de todos cuantos se hayan realizado en el mundo en relación con la comunicación social y los retos que la misma tiene en virtud del papel que desempeña hoy la comunicación en la definición del rumbo y de la vida misma para la sociedad contemporánea.

Para nadie es mentira el peso que tiene la comunicación ya no solo en el debate y la difusión del conocimiento y de las ideas de la más variada índole, sino en el devenir mismo de la democracia, amenazada como está por las fórmulas alternativas de control del Estado que surgen desde los sectores procapitalistas que promueven la reedición de las vetustas tesis del libre mercado y la reducción o extinción del Estado Nación como entidad y centro de desenvolvimiento de la sociedad.

Las formas de democracia totalitaria que propone principalmente los Estados Unidos, y que copian al calco los países que hoy se rinden sumisos a los designios imperiales, con las obvias limitaciones (económicas, industriales, tecnológicas, etc.) de la mayoría de ellos en términos de competitividad frente al gigante del norte, hablan por sí mismas de la seria amenaza que se cierne sobre la humanidad a medida que la ilusoria narrativa del imaginario confort que supuestamente ofrece el capitalismo logra seducir a sectores de la sociedad que en la exposición al perverso discurso mediático terminan sometidos y desmovilizados en sus luchas por la justicia y la igualdad.

El viejo relato de la izquierda sobre la necesaria democratización de los medios, referido exclusivamente a la lucha por la conquista del control de los medios de comunicación por parte del poder popular, se abre hoy a nuevos niveles y escenarios, en los cuales el lenguaje mismo, los códigos semánticos, la estructura del discurso simbólico, deben ser considerados como sujetos susceptibles de transformación, si efectivamente lo que se pone en juego son procesos revolucionarios auténticos y profundos, en términos ya no solo económicos o materiales, sino culturales, políticos y sociales, como los que anuncia la explosión popular que se pone de manifiesto hoy en Latinoamérica.

Por primera vez en la historia se reúnen voceros de la comunicación de tantos países para reflexionar y proponer soluciones viables al respecto, tal como sucede hoy en Caracas.

Ahora hablan los pueblos.

 

@SoyAranguibel

Finol: Latinoamérica hoy: fotorreportaje en blanco y negro

Por: Ildefonso Finol

La tragedia del discurso neoliberal es que de tanto disfrazarse de neutral, de tanto insistir en el fin de las ideologías, de tanto decretar el pensamiento único y la supremacía moral de la competitividad, la ganancia y el individualismo, se vuelve fanfarrón y basta que surja un contradictor para que pierda la paciencia y saque a flote su verdadero rostro: el fascismo. El neoliberalismo no es democrático, ni siquiera liberal; no es representativo, ni legalista ni electoral: su ideología es el fascismo.

Y, ¡ay de aquél que ose disentir!

I

La derecha santanderista lleva años tratando de convertir a Colombia en el Israel de América Latina. Esta semana se aproximó un poco a ese objetivo al abstenerse en la votación para cuestionar el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba. Quizás el año que viene ya se atreva a copiar al Brasil de Bolsonaro votando abiertamente a favor del bloqueador.  

La otra hazaña israelí imitada por el uribismo (fase superior del santanderismo) como prerrequisito para ascender al rango del engendro sionista, es el bombardeo de civiles, preferentemente si se trata de niñas, niños y adolescentes. Le faltaría al terrorismo de Estado que gobierna Colombia, entrar en guerra con sus vecinos, porque ya a su propia población la trata sin ninguna consideración humanitaria, como enemigo interno.

Aunque dadas las últimas señales de la sociedad colombiana decente, asqueada por las tropelías de la clase política en el poder e indignada por las muertes de cientos de líderes sociales, indígenas y excombatientes pacificados, el sector paramilitar de la política comienza a sufrir derrotas significativas.

No debe olvidarse que el espíritu bolivariano está sembrado en el pueblo colombiano, y esa semilla tarde o temprano germina haciendo brotar lo mejor del alma colectiva.

II

Este fascismo latinoamericano, heredero de las dictaduras y los prejuicios raciales colonialistas, reproduce constantemente los contenidos simbólicos del pensamiento conservador; es racista, misógino, homofóbico, sectario hasta el extremo de desear la destrucción de todo aquel que sea diferente. Por eso persiguen al hijo del presidente electo de Argentina, honorable Alberto Fernández, o asesinan indígenas que defienden su derecho a la vida y la tierra en el Cauca y la Amazonía.

La violencia desatada por los fascistas en Bolivia, se ensañó bestialmente en la persona de la alcaldesa del municipio de Vinto, María Patricia Arce, a la que humillaron y maltrataron públicamente, vejándola de diversas formas, todas enmarcadas dentro de la actitud machista patriarcal muy típica de épocas coloniales.   

Las hordas derechistas se expresan con términos intrínsecamente violentos; llaman “indio infeliz” al Presidente Evo Morales, mientras anuncian “cruzadas”, como si se tratara de persecuciones religiosas cargadas de odio irracional. En el cuerpo de María Patricia Arce, los cobardes fascistas descargaron la crueldad de alma colonizada, como lo hicieron los invasores europeos con las heroínas Bartolina Sisa en el antiguo Alto Perú y en Maracaibo con Ana María Campos, por sólo citar dos ejemplos. El macho fascista, narcisista y falófilo, se cree con derecho a escarmentar, siente poseer el don de castigar a la mujer pecadora. Es el colmo de la bestialidad humana.

III

El colonialismo tiene su culto y sus feligreses. Piñera para hacerse el gracioso mete la banderita chilena entre la bandera gringa. Duque agradece a los “padres fundadores” de Estados Unidos haberle dado la independencia a Colombia. El defenestrado Kuczynski le mueve (le movía) la colita a Trump, y el pelele presidente de El Salvador se ofrece de cachifo del imperialismo. Gobernantes arrastrados, ignorantes e indignos. Pero arrogantes y represivos contra su pueblo. La mayor arrogancia del ignorante es negarse rabiosamente a salir de la ignorancia.

Es el perfil de lo que necesita Washington: el consenso de los serviles.

La sacralización del mercado capitalista por encima de las naciones y la vida misma, la exacerbación del egoísmo y el carácter depredador del modo de explotación, entran en dialéctica contradicción con los depauperados ingresos de las mayorías trabajadoras, la independencia política de los Estados soberanos y la sobrevivencia de la especie, generándose la confrontación que termina poniendo las cosas en blanco y negro.

Nuevamente la brecha entre propietarios del capital y asalariados se ensancha de manera grotesca incubándose el malestar social como consecuencia del modelo estructural dominante. Al fracaso de la manipulación ideológica cotidiana que permite períodos de paz social, le sigue la movilización espontánea de los sectores oprimidos, a la que responde el sistema con más represión. El estado burgués queda expuesto como lo que es realmente: un aparato de dominación de una clase minoritaria contra toda la población. Caso emblemático el chileno.

IV

Pero los pueblos van pariendo una historia muy distinta de la que esos poderes quieren imponer. La victoria progresista en Argentina ha reconfigurado el mapa geopolítico en la región. El audaz encuentro de López Obrador y Fernández anunciando el relanzamiento del sueño integracionista le da un gran impulso a la autodeterminación nacional frente al hegemonismo imperialista.

Por algo están invirtiendo tanto dinero los poderes fácticos en campañas antibolivarianas, al punto que han convertido en una moda hablar mal de Simón Bolívar. Para ello financian múltiples espacios en medios convencionales y redes tecnológicas de comunicación, patrocinan figurines de la farándula intelectual y comprometen la opinión de academias adictas a las exquisiteces aristocráticas. Son los mismos que nos convidan a olvidar nuestro pasado, pero se postran ante las vetustas leyendas anglosajonas.

Quiero insistir en una idea que ya expuse en textos anteriores: los pueblos que pierden conexión con su ancestralidad, se debilitan espiritualmente dejando carcomer su sentido de pertenencia a una épica colectiva moralizante, así son presa fácil de intereses foráneos que se proponen recolonizarlos. La enseñanza de la historia raigal y contemporánea, es una herramienta de liberación insustituible. Sólo la verdad histórica ofrece el fundamento a la verdadera revolución.

Al retratar la situación de Nuestra América, volvemos al punto donde no hay lugar a medias tintas; hoy se está con la dignidad de los pueblos o se sirve a la opresión.

Emerge con absoluta pertinencia el partido bolivariano.

yldefonso-FINOL  Yldefonso Finol

“Sólo la verdad histórica forma pueblos libres.”

Ahora se entiende el cobarde plan…

Por: Alberto Aranguibel B.

Nunca tuvo sentido alguno que la más poderosa potencia militar sobre la tierra acusara de “amenaza” a un país de apenas treinta millones de habitantes como Venezuela. Todo parecía ser solo una maniobra mediática más para tratar de justificar ante el mundo cualquier acción de asedio y de agresión contra nuestro país.

No parecía lógico que frente a la amenaza que representa por ejemplo Chile, que posee el triple del armamento aéreo de todo el que posee Venezuela, jamás fuera señalado de ser ningún peligro para nadie.

Como tampoco lo ha sido Colombia, cuyo estamento militar está integrado por más de seiscientos mil hombres (siete veces más que Venezuela), además del peligro para la región que representan nueve bases militares norteamericanas en su territorio.

Ni mucho menos Brasil o Argentina, cuyas economías sostienen la más avanzada industria armamentista del continente, incluyendo astilleros, fábrica de aviones, y tecnología de punta en comunicaciones.

Solo se justificaba tan delirante acusación si el propósito era otro de mayor importancia y significación que el de simplemente difamar a la Revolución Bolivariana. Amén, por supuesto, del claro propósito de saqueo al que se orienta la estrategia del imperio.

Esa verdadera justificación de fondo ha aparecido a la luz pública en boca de todos los presidentes neoliberales del continente.

Para el mundo capitalista, consciente como está de su inexorable declinación histórica, era más que evidente que el resurgimiento de algunos gobiernos neoliberales en la región (casi todos surgidos de muy particulares crisis institucionales o legales, antes que de verdaderos triunfos electorales de carácter mayoritariamente populares) no garantizaba de ninguna manera la consolidación del modelo capitalista.

Que más temprano que tarde los pueblos se levantarían contra las impopulares medidas económicas que estaban obligados a aplicar en cada uno de esos países, con lo cual un nuevo fracaso neoliberal en la región sería inevitable.

El problema es que, por una deformación histórica inducida en la sociedad por la derecha y sus medios de comunicación, si por alguna extraña razón o causa inusitada, al capitalismo le llegara a ir bien en algún momento, la mediática mundial afirmará categórica que es producto de la supuesta eficiencia del capitalismo como modelo económico. Pero cuando le va mal, como sucede hoy en Latinoamérica, y como ha sucedido en el mundo entero desde siempre, entonces esos mismos medios van a sostener enfáticos que fracasa por culpa del socialismo.

De no existir en la región ese Estado socialista, no tendrían a quién responsabilizar. Solo acusando a un país al que se hubiera posicionado mediáticamente ante la opinión pública como “amenaza”, podría esa derecha intentar evadir su responsabilidad en esa nueva derrota, haciéndolo aparecer culpable del hambre y la miseria que en realidad solo el capitalismo causa.

Por eso la derecha mundial señala hoy a una sola voz al presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, como el culpable de las convulsiones que solo el Fondo Monetario Internacional y sus desalmadas recetas neoliberales han desatado en todo el continente suramericano.

Desde el principio ese fue siempre el cobarde plan. Gritar “¡Allá va el ladrón!”

@SoyAranguibel

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Aranguibel en Sputnik: Rusia sabe que reunión de Lima es una trampa de EEUU

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Aranguibel: “Así hubiese sido de reconocimiento, la nave norteamericana estaba invadiendo nuestro territorio.”

Caracas, 24_07_2019.-  Alberto Aranguibel sostiene en el programa Cafe en la Mañana, que transmite Venezolana de Televisión, que la defensa que hace la oposición venezolana de la incursión de una nave espía en la zona exclusiva de Venezuela, es tan ilegal como si fuera una nave de combate, porque en ninguna parte del mundo son permitidos los vuelos no autorizados por el país que sobrevuela, sin importar si su función es de “reconocimiento”, como lo argumenta la derecha venezolana para tratar de exculpar a los agresores norteamericanos, o de cualquier otro tipo.

No se equivoquen

Por: Alberto Aranguibel B.

Hay quienes explican el resurgimiento del fascismo culpando de ello a la izquierda. En particular en Latinoamérica, con la revelación de Bolsonaro en Brasil, después que se daba por descontado que Lula (o su sucesor) arrasaría en las elecciones en ese país.

Reducir la eficacia de los movimientos populares al simple logro de las mayorías electorales, es perder de vista el sentido de la transformación profunda del Estado y de la sociedad que toda gran fuerza de inspiración popular debe llevar a cabo. Es desconocer la naturaleza fluctuante de los procesos de cambio, signados, por lo general, por marchas, contramarchas y reveses intensos, que determinan la verdadera evolución de las sociedades.

Si reconocemos el auge de los movimientos sociales como el fenómeno latinoamericano del siglo XXI, entonces debemos reconocer con la misma objetividad que lo que sucede en la derecha con el ascenso de figuras paradigmáticas como Temer o Bolsonaro en Brasil, como Piñera en Chile, Macri en Argentina, Fox y Peña Nieto en México, o Kuczynski en Perú, no es precisamente un avance de tipo partidista, sino el crecimiento progresivo de la antipolítica que encarna el sector empresarial hoy en el mundo (liderado por los EEUU y su proverbial presidente empresario), y que en nuestra región se hace más patente precisamente por la intensidad de su confrontación con todos los sectores políticos. No solo con los de izquierda.

Si efectivamente algunos de esos movimientos progresistas en la región han sido desplazados por esa lógica corporativista, no es menos cierto que los partidos políticos tradicionales de la derecha han sido mucho más relegados por esta oleada de la antipolítica cuyo propósito es hacer realidad el viejo sueño empresarial de acabar con el Estado, sin importar su signo ideológico.

Por eso en Venezuela es cada vez más clara la escisión entre el empresariado y la dirigencia de la oposición. Quienes desde el empresariado anhelan la opción de alguien como Lorenzo Mendoza, dueño de la Polar, como candidato a la presidencia de la República, lo hacen desde una posición de desprecio hacia la política, fundamentalmente la de la MUD.

No es, pues, una falla del PT lo que sucede en Brasil (o de las izquierdas en Paraguay, Honduras, Argentina o Ecuador), sino una nueva modalidad de ejercicio del poder, signada por el secuestro de la democracia que lleva a cabo el gran capital tratando de acabar con la política, valga decir; con la democracia, donde quiera que se encuentre.

Pero, así como los triunfos de Maduro en Venezuela y de López Obrador en México, por ejemplo, no representan en sí mismos la extinción de la antipolítica en ninguno de esos países, tampoco la circunstancial derrota electoral de las fuerzas progresistas en ninguna otra parte del Continente significa una reinstauración irreversible del capitalismo. Los pueblos han despertado y por muchos reveses y ataques inmisericordes de los que sean objeto, el triunfo definitivo en esa injusta y desigual batalla les corresponde por antonomasia.

Que nadie se equivoque.

@SoyAranguibel

Acevedo: Ahorcar primero a Venezuela, y después “salvarla”

Por: Alberto Acevedo / Semanario Voz

Nunca como hoy, la opinión pública internacional había asistido a un escenario de conspiración y desprecio por las normas del derecho internacional, de arrasamiento de los principios de la no intervención en los asuntos internos de una nación, y de desconocimiento a su derecho a la autodeterminación y a la soberanía nacional, como se vio en el marco de las deliberaciones de la 73 Asamblea General de las Naciones Unidas, donde todos los poderes imperiales se confabularon, en satánico aquelarre, contra la Revolución Bolivariana de Venezuela y el gobierno que la encarna.

Ahorrando cortesías y disimulos, convergieron en su interés por derrocar al gobierno legítimo de Venezuela y apoderarse de sus ricos yacimientos minerales, el presidente de los Estados Unidos, el de Canadá, el de Francia, el de Colombia, y los instrumentos internacionales de cooperación internacional que controlan, ya no de cooperación sino de coloniaje.

El tono más alto del coro, desde luego, salió de la garganta del titular de la Casa Blanca, quien no tuvo empacho en asegurar, en un foro internacional de paz, que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, podría ser “derrocado rápidamente” por militares de ese país, si existiera voluntad paran ello. Dijo que un golpe militar contra el gobierno de Maduro podría triunfar “rápidamente” si las Fuerzas Armadas venezolanas deciden organizarlo, y confirmó que Washington mantiene la opción militar sobre la mesa.

En la casa de la paz

El tono destemplado de semejante ‘diplomacia’, contrarrestó con el mensaje sosegado, inteligente y valiente de la delegación venezolana asistente al evento de las Naciones Unidas. El primero en responder fue el canciller Jorge Arreaza, al pedir respeto para Venezuela y calificar como injerencista y amenazador el discurso de Donald Trump, quien utilizó un lenguaje belicista, “en vez de hablar de paz en la casa de la paz; en vez de hablar de respeto al derecho internacional en la casa del derecho internacional”.

De ese talante fue el discurso del mandatario colombiano, que, tras reunirse con Trump en su despacho, y con el vicepresidente Mike Pence, asume como suyo el discurso imperial y convoca en las Naciones Unidas a una alianza global contra la “dictadura” y el éxodo de venezolanos por el mundo. Sometido a los manejos del titiritero mayor, se hace eco de una ‘indignante’ crisis humanitaria, a la que el presidente Maduro calificó como fabricación de occidente para ambientar un clima de intervención militar directa por parte de Estados Unidos y sus aliados.

Coro destemplado

Los días que rodearon a la Asamblea General de las Naciones Unidas, fueron intensos en actividades antivenezolanas. Inicialmente, provocaron indignación las declaraciones del secretario general de la OEA, Luis Almagro, durante una visita a Cúcuta, en la que afirmó que la opción militar contra Venezuela no está descartada. En ese tono estuvieron las afirmaciones del recién nombrado embajador colombiano ante la Casa Blanca, Francisco Santos, y las del jefe del partido de gobierno en Colombia, Álvaro Uribe Vélez.

Una de esas voces destempladas, en un desborde de delirio intervencionista, pidió desde Miami la creación de un escudo antimisiles en el cielo colombiano, apuntando su arsenal contra el hermano pueblo venezolano. La histeria injerencista fue más allá, y cinco países latinoamericanos, liderados por Colombia, pidieron a la Corte Penal Internacional el juzgamiento del mandatario venezolano por presuntas violaciones a los derechos humanos en su país y eventuales delitos de genocidio.

En este concierto, sobresale, no solo por lo destempladas, sino por temerarias, las afirmaciones del vicepresidente norteamericano Pence, quien al tiempo que anunció una partida de 48 millones de dólares para que Colombia atienda los gastos de la inmigración venezolana, advirtió que el gobierno colombiano tendría todo el respaldo militar en caso de una agresión por parte de Venezuela.

Voces sensatas

En el mediano tiempo, esta andanada estuvo precedida de tres intentos de golpe de estado contra el gobierno bolivariano, un intento de magnicidio, cuando drones con explosivos intentaron llegar hasta la tarima presidencial en un acto público en Caracas, el anuncio de nuevas sanciones económicas contra el gobierno de Maduro y su entorno personal y familiar. Esto llevó al secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, a afirmar en su discurso ante el foro, que hoy “la gente se siente cada vez más insegura y no confía en las instituciones” de la diplomacia internacional.

Otras voces, que la prensa internacional ocultó, denunciaron la estrategia imperial de pretender arrasar con los gobiernos de signo progresista en el continente latinoamericano.

El canciller venezolano Arreaza, dijo que “la etiqueta de la crisis humanitaria es para facilitar la intervención”. ¿Cómo se provoca la crisis humanitaria?, preguntó el diplomático. “Bloqueando a un país. Si bloqueas a un país, no hay insumos para la producción y se dificulta el acceso a la comida y a las medicinas”, dijo el funcionario.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, que asistió por primera vez a las Naciones Unidas en su condición de jefe de Estado dijo que el gobierno y el pueblo de la isla caribeña “rechazamos los intentos de intervención y las sanciones contra Venezuela, que buscan asfixiarla económicamente y dañar a las familias venezolanas. Repudiamos los llamados a aislar a esa nación soberana, que no hace daño a nadie”, puntualizó el gobernante cubano.

Detener a los agresores

Al margen de esta puja diplomática en la OUN, un analista militar recordó que dentro de las diferentes estrategias, muchas de ellas fallidas, aplicadas por la Casa Blanca, hay una de corte militar, ya puesta en escena en Siria y en otros escenarios de conflicto y que hoy se quiere trasladar a Venezuela, y que se conoce como RP2, que para el caso del país latinoamericano se traduce en: “Ahorquemos primero a Venezuela y después la salvamos”.

En el recinto de las Naciones Unidas, todavía queda el eco de las palabras del presidente Maduro, que al intervenir en la sesión de la Asamblea General, aseguró que “intereses extranjeros intentan detener el curso de un proyecto revolucionario, que se basa en la reivindicación social del pueblo”. Dijo que Venezuela “es víctima de una agresión permanente en el ámbito económico, político y mediático, impulsada por el gobierno estadounidense de Donald Trump”.

Señaló que su país tiene vocación de paz, llama al diálogo, propicia una salida negociada a sus dificultades internas, pero tiene la fuerza, el valor y la decisión necesarias para enfrentar cualquier agresión externa.

Alberto-Acevedo  Alberto Acevedo

Fuente: Semanario Voz

La farsa del bienestar económico colombiano

Por: Alberto Aranguibel B.

Desde siempre nos referimos al saqueo que hace Colombia de nuestras riquezas, denunciando el atropello a nuestra soberanía que representa el contrabando de extracción, de alimentos, medicinas, combustible, así como del robo del dinero que se llevan a ese país para multiplicarlo y afectar nuestra moneda a través de sórdidos mecanismos financieros.

Cada vez que hablamos de los “hermanos colombianos” que cruzan la frontera buscando rehacer sus vidas, nos referimos solamente al carácter solidario de quienes les abrimos desinteresadamente los brazos para ofrecerles cobijo en nuestro suelo.

Las élites colombianas del gran capital abusan hasta lo indecible de la naturaleza profundamente amorosa de nuestro pueblo, que no accede (al menos de buenas a primeras) a la fórmula de la confrontación con su vecino para solventar esa injusticia a pesar de las penurias que padecen los cientos de miles de venezolanos que se ven afectados con la misma.

Pero, más allá del atropello a nuestro país, existe una realidad inocultable asociada a la naturaleza perversa del modelo neoliberal que impera en Colombia, y que demuestra de manera irrefutable el fracaso y la inviabilidad de ese modelo.

Que Colombia lleve a cabo ese inmoral saqueo que tanto atenta contra el bienestar de los venezolanos, es solo una parte de la ecuación. La otra es el inmenso ahorro que representa para el fisco de ese país evadir la obligación de atender a los millones de colombianos que se han venido para Venezuela en busca de un mejor destino.

El supuesto bienestar económico del que esa nación se enorgullece, está determinado fundamentalmente por tres factores; la industria de producción y tráfico de drogas de mayor dimensión y crecimiento en el mundo; el criminal e impúdico saqueo a la economía venezolana; y la descarga que representa para el fisco colombiano el no tener que atender a la más numerosa población de desplazados del planeta.

Siete millones y medio de colombianos (seis de ellos en Venezuela) a los que los gobiernos de ese país no tienen que dotarles de educación, salud, alimentación, vivienda, luz, agua, transporte público, gas doméstico, o combustible para sus vehículos, son una descarga gigantesca para cualquier presupuesto nacional.

Si se cuentan, además, los cientos de miles de desaparecidos en fosas comunes y sicariato político que existen en ese país con la total anuencia de sus gobiernos neoliberales, rendidos siempre a las órdenes del imperio, el resultado es todavía más siniestro.

Pero también mucho más revelador de la farsa que es en realidad la supuesta prosperidad económica colombiana.

@SoyAranguibel

¿Cuál modelo es el que sirve?

Por: Alberto Aranguibel B.

Si algo es verdad hoy en el mundo es la inminente caída del modelo capitalista. Al menos en el formato hegemónico con el que se le conoce hoy en día.

Los avances hacia la búsqueda de modelos alternativos en el comercio internacional por parte de las más grandes potencias económicas del planeta, China, Rusia, Irán, Turquía, y hasta la misma comunidad europea que hoy comienza a revelarse contra el dominio del dólar en el sistema económico internacional, dan fe de esta innegable realidad hacia la cual se dirige el mundo.

Por eso los conflictos que en este momento se libran en el ámbito internacional están signados todos por el mismo y muy particular interés del imperio norteamericano, el mayor exponente del capitalismo en la historia, por imponer a como dé lugar un modelo económico al que ya nadie quiere asociarse, salvo el propio Estados Unidos.

De ahí que su vuelta a Latinoamérica no sea en plan de promoción de nuevas formas de intercambio comercial, sino a través de la amenaza armada.

No le quedó de otra; Mauricio Macri le ha hecho la peor propaganda al capitalismo, no solo en el continente sino en el mundo entero, demostrando de la manera más cruda e irrefutable el carácter salvaje de un modelo que no solo no ofrece solución alguna a los problemas de la gente, sino que los agudiza provocando hambre, miseria y desesperanza como solo el capitalismo es capaz de hacerlo.

En Argentina, el gobierno se viene abajo sin haber sido objeto de bloqueo financiero, ni de guerra especulativa alguna en su contra, ni de manipulación internacional de su moneda, ni ser víctima del contrabando de extracción o de acciones de acaparamiento de los productos de primera necesidad, ni mucho menos de agresiones por parte del imperio norteamericano. Se está cayendo él solito.

En Venezuela, con la más arbitraria y desalmada agresión del imperio para acabar con nuestra economía, con el sabotaje permanente del sector privado, el saqueo orquestado desde Colombia, la infamante campaña mediática nacional e internacional en su contra, el gobierno sigue protegiendo al pueblo y recuperando su economía.

Si el capitalismo se derrumba sin que nadie lo perturbe y al socialismo hay que destruirlo para impedir que funcione, ¿Cuál modelo es el que sirve?

@SoyAranguibel

Aranguibel afirma que ataque a Maduro proviene de fuerzas extranjeras

CARACAS.- El constituyente, Alberto Aranguibel, dijo que con los hechos ocurridos el sábado en la avenida Bolívar de Caracas, se constató que se trata de un plan orquestado desde el exterior para atentar contra la estabilidad de la nación, porque a su juicio ya no hay dirigencia opositora actuando en el país.

“Quienes están actuando contra la legitimidad del presidente Nicolás Maduro, son factores externos, particularmente el presidente Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe, que se han expresado abiertamente y sin ningún pudor en ese sentido”, expresó.

En entrevista a Anahí Arismendi, transmitida por Unión Radio, agregó que la actitud de serenidad y de conciencia del pueblo ante el hecho, fue una muestra de solidaridad y apoyo al mandatario.

Oiga aquí la entrevista completa:


Fuente: Union Radio

Cuando la mentira desborda las fronteras

Por: Alberto Aranguibel B.

“Escoge la versión que te parezca más creíble y quédate con ella, pues en esto tienes razón; el mundo es un infierno”
Rashomon

Un tuit difundido esta semana por el Alcalde de Recoleta, Chile, alertaba sobre la incongruencia más recurrente por estos días en las redes sociales, referida a la doble moral de aquellos que atacan día y noche a Venezuela por una supuesta crisis humanitaria que causaría la Revolución Bolivariana en el país, mientras se hacen los desentendidos con las atrocidades de las que sí son víctimas en verdad millares de latinoamericanos en Colombia, México, Honduras, y en otras partes del mundo, como Yemén o Siria, donde las fuerzas del ejército norteamericano actúan sin piedad alguna contra los pueblos.

“México: 130 políticos asesinados, entre ellos 40 candidatos, y se roban 10 mil boletas electorales. 90 muertos por día y más de 70 periodistas muertos en un año, pero la Unión Europea sanciona a Venezuela…” dice el texto del alcalde.

Casi todos los comentarios que le hacen a ese tuit son para acusarlo de miserable, de ignorante, de vendido. De comunista, pues, que con ese planteamiento estaría avalando una dictadura cruel y despiadada. Asombra que todos, sin excepción alguna, justifican la masacre contra el pueblo mexicano porque, según ellos, no es llevada a cabo por una dictadura sino por una democracia resplandeciente.

Todos han sido víctimas del fingimiento con el que la oposición se ha presentado ante el mundo a través de un medio de comunicación al servicio del imperio norteamericano que hace cada vez más dinero con sus titulares contra Venezuela. Es gente obnubilada que no quiere creer en ninguna verdad que no sea la que le dicen los titulares de esos medios, sin necesidad de exigir nunca pruebas que demuestren los infundios contra una nación que solo ha exportado desde siempre solidaridad y cooperación hacia esos pueblos hermanos de donde son oriundos la mayoría de esos tuiteros.

El fingimiento es quizás el recurso más utilizado por la oposición venezolana para tratar de imponer en el mundo la falsa verdad de su discurso contrarrevolucionario. La supuesta opresión del gobierno contra el pueblo, de la cual ha hablado a lo largo de todo el proceso revolucionario, no ha existido jamás sino en sus envenenados cerebros, llenos de odio contra todo lo que tenga que ver con Chávez, por lo cual han tenido que apelar casi siempre a técnicas de maquillaje para aparentar ese sufrimiento que le venden al mundo a través de titulares escandalosos que la gran prensa nacional e internacional pone a su orden para favorecer la instalación de la mentira como verdad.

Los actores de ese montaje no forman parte del pueblo que dicen defender. Ese pueblo ha dicho persistentemente a lo largo de casi un cuarto de siglo que está comprometido con el proyecto de justicia y de igualdad social que comprende el socialismo chavista que la revolución ha puesto en marcha en el país, y por eso se le deja de lado en esa farsa que pretende construir la realidad del país desde los estudios de televisión y las pasarelas de la moda.

Sus actores son siempre hermosos fenotipos de la clase oligarca que pretende el derrocamiento de esa revolución. Artistas famosos del espectáculo, del mundo del disco y de la industria cinematográfica, a quienes, a falta de gráficas reales que prueben sus infundios, se les pone un cartelito de S.O.S. sobre el pecho, o se les maquilla como víctimas de la opresión embadurnándolos en hollín y betún perfumados.

Antiguas reinas de belleza son incluidas en la nómina del “talento” contratado por los laboratorios asignados a esa tarea de fabricación de la realidad virtual con la que tiene que presentarse la derecha ante el mundo. Pero su condición de clase les juega siempre la mala pasada de negarse a desprenderse de la corona a la hora de la sesión fotográfica y, así como les sucede a los adonis que contratan como modelos para esas campañas, les resulta imposible ocultar su desprecio al verdadero pueblo, al que jamás contratarán para ninguna de esas sesiones, porque para ellos el pobre solo debe servir como sujeto discursivo; jamás como auténtico componente de su clase social.

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Con técnicas de maquillaje utilizadas por el ejército israelí en el fingimiento de las supuestas agresiones con las que justifican sus atrocidades contra el pueblo palestino, la derecha venezolana ha intentado recrear ese horrible sufrimiento de ficción con el que nutren la guerra mediática contra el pueblo venezolano, desconociendo la verdadera realidad de apremio que padece hoy la población como consecuencia del ataque despiadado por parte de esos mismos sectores del gran capital que han desatado su furia contra el pueblo a través de una inflación inducida que hace estragos en las posibilidades de alimentación y que pone en riesgo hasta la vida misma de la gente en el país.

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Desconocer esa cruda realidad por la que atraviesa el pueblo para intentar sacar provecho político mediante campañas que solo persiguen posicionar como dictadura al gobierno revolucionario, es una deformación que atenta contra las posibilidades de superación de la crisis y fomentan su prolongación en el tiempo, toda vez que con ese ocultamiento sistemático de la verdad se distrae inevitablemente la atención sobre los problemas, haciendo que el mundo se mueva en la dirección equivocada en cuanto al apoyo que debemos esperar de la comunidad internacional.

Cuando el mundo evalúa la situación venezolana lo hace desde la distancia y la desinformación, y eso, como es lógico, es perfectamente comprensible. El expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, así lo afirmaba recientemente en una declaración a la prensa: “Sobre Venezuela hay un prejuicio. La mayoría de la gente que opina sobre Venezuela desde Europa lo hace sin conocer la realidad ni saber lo que aquí ocurre. Hay un prejuicio instalado.”, dijo.

Lo deleznable es que esa desinformación sea el producto de una campaña de desvirtuación sistemática orquestada por sectores interesados en mantener a nuestra población en la zozobra del hambre y la miseria para alcanzar así el logro político que no han podido encontrar en las formas democráticas de lucha, simplemente por carecer de un liderazgo confiable y creíble, y porque su discurso no tiene resonancia alguna entre el pueblo.

Pero esa mentira instalada contra Venezuela tiene un efecto devastador mucho más allá de nuestras fronteras. Su daño pernicioso no se circunscribe a un ámbito territorial específico, porque la mentira no tiene fronteras. Si la realidad de un país es falseada, como se empecina en hacerlo la derecha contra Venezuela, aplicando técnicas avanzadas de guerra sicológica que llevan al ser humano a desconocer la verdad como fenómeno que expresa la constatabilidad de los acontecimientos, entonces la realidad de otros países es, por contraste, automáticamente violentada.

De manera instintiva, la gente que es víctima de esas campañas de desinformación será incapaz de apreciar las auténticas atrocidades cuando las tenga frente a sus ojos, pendiente como estará de aquellas que la prensa le ha señalado como verdaderas.

Países que son víctimas hoy de la más brutal agresión por parte del mismo imperio que ataca al pueblo venezolano con la intención de derrocar al gobierno legítimo del presidente Nicolás Maduro, no perciben la penuria y el sufrimiento inocultable de su propio pueblo porque la mediática de la derecha internacional les ha inoculado en lo más profundo de su siquis social que el país donde suceden esas atrocidades es Venezuela y ningún otro.

Son cada vez más los pueblos que padecen en este momento agresiones brutales como no se veían en el mundo contemporáneo más allá de las fronteras del Medio Oriente, donde los Estados Unidos arremete desde hace décadas con la misma furia invasora e interventora con la que lo hace hoy contra la soberanía y los derechos humanos. En ninguno de esos casos la reacción ha sido la aceptación de la clara evidencia que deja constancia de la culpabilidad del imperio en esos padecimientos con el solo hecho de su presencia en todas y cada una de las crisis de desestabilización, represión y sicariato paramilitarista que inundan la región.

No hay capacidad de reacción en esos pueblos en el sentido correcto, porque la interferencia de las grandes corporaciones de la comunicación, controladas por los mismos actores hegemónicos que generan esos sufrimientos, actúan para distraer la atención de la gente y ocultarle así su propia tragedia.

Solo que, en su caso, ellos podrán contar siempre con la solidaridad y el apoyo de la Revolución Bolivariana.

@SoyAranguibel

El sanguinario negocio del “Destino Manifiesto”

Por: Alberto Aranguibel B.

“Nunca interferiré en el derecho del pueblo a portar armas”
Donald Trump

El imperio norteamericano es sumamente precavido. Jamás ha invadido una nación poderosa, o que cuente con un ejército importante no solo en términos de su arrojo sino en cuanto a su dimensión.

Por lo general, sus maniobras de asalto se llevan a cabo durante la madrugada, como en Panamá, en Irak, en Libia, en Honduras, o en Siria. Nunca a plena luz del día ni a cielo abierto, como fueron planificadas por los grandes generales las guerras importantes de la historia. Como Austerlitz, cuyas acciones de combate dieron inicio a las 8 en punto de la mañana. Ni un minuto antes.

O incluso la ya legendaria guerra anglo-zanzibariana, que borró del mapa a aquella pequeña nación del África Oriental, sobre la cual los historiadores todavía no se ponen de acuerdo acerca de si se inició a las 9:00 en punto de la mañana, o a las 9:02 minutos de aquel 27 de agosto de 1896.

Atacar durante la madrugada no tiene ninguna justificación, al menos desde un punto de vista estrictamente estratégico militar, que no sea la cobardía.

Cobardía no por el muy comprensible “culillo” que genera la inminencia de toda aquella confrontación de la cual pudiera resultar la muerte, hay que decirlo, sino en el sentido más perverso de la crueldad humana de todo el que planifica con la más desalmada frialdad la muerte del prójimo al que procura cercenarle la vida sin permitirle siquiera la oportunidad de defenderse.

Por eso, por su sed de muerte sin riesgo alguno para los suyos, es que el imperio ataca de madrugada. Procurando, además, que la nación a atacar sea siempre un país pequeño, con escasa o ninguna población armada, y con los más exiguos recursos financieros a los que pueda apelar para apertrecharse debidamente frente a la agresión.

Nunca se ha visto, ni se verá seguramente, al imperio norteamericano atacando individualmente a ninguna gran potencia, del signo que sea, de manera frontal. El rebuscado e ilegal recurso de la “sanción económica” al que apela ahora contra sus enemigos, no es sino una vulgar técnica de captación de solidaridad entre las naciones, para convertir así al mundo en enemigo de sus enemigos y hacer con él causa común en el eventual asalto armado contra los pueblos a los que amenaza.

De ahí su empeño en mantener activo a como dé lugar, ese abominable e injustificado esperpento bélico que es la OTAN, usado por Estados Unidos como fachada para esconder sus atrocidades tras el sofisma de “operaciones armadas de la comunidad internacional en pro de la liberación de los pueblos”.

Sus “triunfos” no son, pues, los de los épicos gladiadores romanos que construían su gloria arriesgando la vida en cada combate cuerpo a cuerpo. Ni los de los Libertadores que nos legaron la independencia del Imperio español a costa de sufrir a lo largo de todo el Continente las peores calamidades que ser humano pueda padecer.

No. Sus glorias son las de la arrogancia imperial que desprecia toda forma de vida que no sea la de su élite dominante y todopoderosa. Que se jacta de aplastar con sus tanques y arrasar con sus bombas “solo matagente”, pueblos, naciones y civilizaciones enteras incluso, en pro de una causa imprecisa y etérea que jamás ha sido debatida con ningún pueblo arrasado, sino que le ha sido impuesta como castigo supremo; que no acepta ni discusión ni se somete a condiciones de ninguna naturaleza. La causa de la “seguridad nacional de los EEUU” con la cual el imperio castiga al mundo desde hace ya más de dos siglos.

De esa épica del asalto y la destrucción de países pequeños contra los cuales se envalentona, ha surgido su portento industrial y comercial, casi todo engendrado con la sangre de millones de seres humanos asesinados en las más sanguinarias operaciones genocidas que recuerde la historia contemporánea.

Timor Oriental, Camboya, Las Filipinas, Haití, Nicaragua, Panamá, República Dominicana, Corea, Vietnam, Omán, Afganistán, Grenada, Somalia, Bosnia Herzegovina, Irak, Pakistán, Yemen, Sudán, son solo algunos de esos pequeños países cobardemente asaltados en algún momento sin la menor contemplación por el arrogante imperio norteamericano. Pero son incontables las naciones que, sin ser sometidas, en principio, por medio de las armas, han sido sin embargo agredidas de la manera brutal en que lo hace también con el chantaje económico y la presión política, orientado siempre por el mismo beneficio económico que sus operaciones armadas de saqueo internacional le deparan.

Es incontable la lista de grandes emporios empresariales norteamericanos que se han beneficiado y alcanzado su mayor auge a partir de los contratos con el ejército de los EEUU. Desde la fabricante de motocicletas Harley Davidson, hasta la poderosa fabricante de misiles Lockheed Martin, la Exxon Mobil, Standard Oil, Halliburton, pasando por la no menos prestigiosa Bausch and Lomb, (creadora de los lentes Ray-Ban que tanto identifican al militar de los EEUU), ensambladoras de vehículos y fábricas de autopartes, el parque industrial norteamericano desarrollado gracias a la guerra, además del armamentista, probablemente el más grande del mundo y de la historia, es infinito.

Si a ello se añade el inmenso negocio que le ha deparado a los productores y fabricantes de alimentos, bebidas, chocolates, cigarrillos, ropa de todo tipo, artículos (desde maquillaje, hasta tiendas de campaña) equipos de telecomunicaciones, industria satelital, y de investigación científica, se podrá tener una clara noción de la dependencia que ha tenido y tiene hoy en día los Estados Unidos de la guerra.

Una guerra que debe que ser llevada a cabo en la oscuridad para poder sorprender en la mayor indefensión al atacado y lograr asesinarlo “limpiamente” sin las bajas que el sanguinario ejército atacante pueda sufrir, lo que le permite evitar el repudio de su propia sociedad, que es la que, en definitiva, aprueba o desaprueba las cuantiosas sumas que son destinadas a la industria militar del cual depende el poderío del imperio.

Las armas en los Estados Unidos son un factor esencial para la libertad individual de las personas, más que ningún otro elemento moral o material, porque las élites que han gobernado esa nación desde sus orígenes encontraron que el culto de la gente hacia las armas era el medio expedito para subordinar a la población a la idea de la supremacía a toda costa que ordenaba la lógica de “Destino Manifiesto”, autoimpuesta por esas élites desde mucho antes de creada la nación. Incluso desde mucho antes de nacer el periodista John O’Sullivan, a quien se le atribuye la primera mención escrita de la idea.

Elevar a rango Constitucional, como lo ha hecho Estados Unidos en su Segunda Enmienda, la lógica del poder que transmite la facultad personal de decidir por encima de toda ley la vida de los demás, ha sido la forma de conseguirle apoyo popular a esa vocación genocida que ha movido desde siempre al imperio.

Hoy ningún norteamericano acepta como razonable la posibilidad de que su derecho a portar armas sea controlado por el Estado. Lo que constituye un verdadero “Blowback” (palabra norteamericana para denominar lo que en español se conoce como “tiro por la culata”) para esa misma élite imperialista que, guiada por el afán de la guerra no midió nunca las consecuencias de su demencial apuesta por la admiración a la lógica de las armas y de la muerte.

En virtud de ese excepcional derecho a la supremacía que ellas otorgan, cualquier político que se atreva a cuestionar siquiera el libre porte de armas en esa nación, será irremediablemente execrado por la sociedad. Por el contrario, quien lo refuerce y lo promueva, tendrá siempre abiertas las puertas del poder.

De esa forma, el “Destino Manifiesto”, antes que la expansión norteamericana bajo el signo libertador que soñaron los imperialistas, terminó siendo apenas el inmenso territorio del regocijo con la muerte del prójimo, al que sus Padres Creadores los condujeron con su desquiciada fantasía de la dominación planetaria que coronaría su grandeza.

No le ha quedado a ese vetusto y decadente imperio ninguna otra cosa que hacer dinero con esa bochornosa fantasía. Por eso no le importan en lo absoluto los millones de seres humanos que mueren bajo las armas, ni los pavorosos padecimientos que ocasionan a los pueblos que con ellas son arrasados.

Por eso es cada vez más repudiado por el mundo.

Por eso, más temprano que tarde, ese imperio de la muerte se vendrá abajo.

@SoyAranguibel