Finol: Latinoamérica hoy: fotorreportaje en blanco y negro

Por: Ildefonso Finol

La tragedia del discurso neoliberal es que de tanto disfrazarse de neutral, de tanto insistir en el fin de las ideologías, de tanto decretar el pensamiento único y la supremacía moral de la competitividad, la ganancia y el individualismo, se vuelve fanfarrón y basta que surja un contradictor para que pierda la paciencia y saque a flote su verdadero rostro: el fascismo. El neoliberalismo no es democrático, ni siquiera liberal; no es representativo, ni legalista ni electoral: su ideología es el fascismo.

Y, ¡ay de aquél que ose disentir!

I

La derecha santanderista lleva años tratando de convertir a Colombia en el Israel de América Latina. Esta semana se aproximó un poco a ese objetivo al abstenerse en la votación para cuestionar el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba. Quizás el año que viene ya se atreva a copiar al Brasil de Bolsonaro votando abiertamente a favor del bloqueador.  

La otra hazaña israelí imitada por el uribismo (fase superior del santanderismo) como prerrequisito para ascender al rango del engendro sionista, es el bombardeo de civiles, preferentemente si se trata de niñas, niños y adolescentes. Le faltaría al terrorismo de Estado que gobierna Colombia, entrar en guerra con sus vecinos, porque ya a su propia población la trata sin ninguna consideración humanitaria, como enemigo interno.

Aunque dadas las últimas señales de la sociedad colombiana decente, asqueada por las tropelías de la clase política en el poder e indignada por las muertes de cientos de líderes sociales, indígenas y excombatientes pacificados, el sector paramilitar de la política comienza a sufrir derrotas significativas.

No debe olvidarse que el espíritu bolivariano está sembrado en el pueblo colombiano, y esa semilla tarde o temprano germina haciendo brotar lo mejor del alma colectiva.

II

Este fascismo latinoamericano, heredero de las dictaduras y los prejuicios raciales colonialistas, reproduce constantemente los contenidos simbólicos del pensamiento conservador; es racista, misógino, homofóbico, sectario hasta el extremo de desear la destrucción de todo aquel que sea diferente. Por eso persiguen al hijo del presidente electo de Argentina, honorable Alberto Fernández, o asesinan indígenas que defienden su derecho a la vida y la tierra en el Cauca y la Amazonía.

La violencia desatada por los fascistas en Bolivia, se ensañó bestialmente en la persona de la alcaldesa del municipio de Vinto, María Patricia Arce, a la que humillaron y maltrataron públicamente, vejándola de diversas formas, todas enmarcadas dentro de la actitud machista patriarcal muy típica de épocas coloniales.   

Las hordas derechistas se expresan con términos intrínsecamente violentos; llaman “indio infeliz” al Presidente Evo Morales, mientras anuncian “cruzadas”, como si se tratara de persecuciones religiosas cargadas de odio irracional. En el cuerpo de María Patricia Arce, los cobardes fascistas descargaron la crueldad de alma colonizada, como lo hicieron los invasores europeos con las heroínas Bartolina Sisa en el antiguo Alto Perú y en Maracaibo con Ana María Campos, por sólo citar dos ejemplos. El macho fascista, narcisista y falófilo, se cree con derecho a escarmentar, siente poseer el don de castigar a la mujer pecadora. Es el colmo de la bestialidad humana.

III

El colonialismo tiene su culto y sus feligreses. Piñera para hacerse el gracioso mete la banderita chilena entre la bandera gringa. Duque agradece a los “padres fundadores” de Estados Unidos haberle dado la independencia a Colombia. El defenestrado Kuczynski le mueve (le movía) la colita a Trump, y el pelele presidente de El Salvador se ofrece de cachifo del imperialismo. Gobernantes arrastrados, ignorantes e indignos. Pero arrogantes y represivos contra su pueblo. La mayor arrogancia del ignorante es negarse rabiosamente a salir de la ignorancia.

Es el perfil de lo que necesita Washington: el consenso de los serviles.

La sacralización del mercado capitalista por encima de las naciones y la vida misma, la exacerbación del egoísmo y el carácter depredador del modo de explotación, entran en dialéctica contradicción con los depauperados ingresos de las mayorías trabajadoras, la independencia política de los Estados soberanos y la sobrevivencia de la especie, generándose la confrontación que termina poniendo las cosas en blanco y negro.

Nuevamente la brecha entre propietarios del capital y asalariados se ensancha de manera grotesca incubándose el malestar social como consecuencia del modelo estructural dominante. Al fracaso de la manipulación ideológica cotidiana que permite períodos de paz social, le sigue la movilización espontánea de los sectores oprimidos, a la que responde el sistema con más represión. El estado burgués queda expuesto como lo que es realmente: un aparato de dominación de una clase minoritaria contra toda la población. Caso emblemático el chileno.

IV

Pero los pueblos van pariendo una historia muy distinta de la que esos poderes quieren imponer. La victoria progresista en Argentina ha reconfigurado el mapa geopolítico en la región. El audaz encuentro de López Obrador y Fernández anunciando el relanzamiento del sueño integracionista le da un gran impulso a la autodeterminación nacional frente al hegemonismo imperialista.

Por algo están invirtiendo tanto dinero los poderes fácticos en campañas antibolivarianas, al punto que han convertido en una moda hablar mal de Simón Bolívar. Para ello financian múltiples espacios en medios convencionales y redes tecnológicas de comunicación, patrocinan figurines de la farándula intelectual y comprometen la opinión de academias adictas a las exquisiteces aristocráticas. Son los mismos que nos convidan a olvidar nuestro pasado, pero se postran ante las vetustas leyendas anglosajonas.

Quiero insistir en una idea que ya expuse en textos anteriores: los pueblos que pierden conexión con su ancestralidad, se debilitan espiritualmente dejando carcomer su sentido de pertenencia a una épica colectiva moralizante, así son presa fácil de intereses foráneos que se proponen recolonizarlos. La enseñanza de la historia raigal y contemporánea, es una herramienta de liberación insustituible. Sólo la verdad histórica ofrece el fundamento a la verdadera revolución.

Al retratar la situación de Nuestra América, volvemos al punto donde no hay lugar a medias tintas; hoy se está con la dignidad de los pueblos o se sirve a la opresión.

Emerge con absoluta pertinencia el partido bolivariano.

yldefonso-FINOL  Yldefonso Finol

“Sólo la verdad histórica forma pueblos libres.”

Ahora se entiende el cobarde plan…

Por: Alberto Aranguibel B.

Nunca tuvo sentido alguno que la más poderosa potencia militar sobre la tierra acusara de “amenaza” a un país de apenas treinta millones de habitantes como Venezuela. Todo parecía ser solo una maniobra mediática más para tratar de justificar ante el mundo cualquier acción de asedio y de agresión contra nuestro país.

No parecía lógico que frente a la amenaza que representa por ejemplo Chile, que posee el triple del armamento aéreo de todo el que posee Venezuela, jamás fuera señalado de ser ningún peligro para nadie.

Como tampoco lo ha sido Colombia, cuyo estamento militar está integrado por más de seiscientos mil hombres (siete veces más que Venezuela), además del peligro para la región que representan nueve bases militares norteamericanas en su territorio.

Ni mucho menos Brasil o Argentina, cuyas economías sostienen la más avanzada industria armamentista del continente, incluyendo astilleros, fábrica de aviones, y tecnología de punta en comunicaciones.

Solo se justificaba tan delirante acusación si el propósito era otro de mayor importancia y significación que el de simplemente difamar a la Revolución Bolivariana. Amén, por supuesto, del claro propósito de saqueo al que se orienta la estrategia del imperio.

Esa verdadera justificación de fondo ha aparecido a la luz pública en boca de todos los presidentes neoliberales del continente.

Para el mundo capitalista, consciente como está de su inexorable declinación histórica, era más que evidente que el resurgimiento de algunos gobiernos neoliberales en la región (casi todos surgidos de muy particulares crisis institucionales o legales, antes que de verdaderos triunfos electorales de carácter mayoritariamente populares) no garantizaba de ninguna manera la consolidación del modelo capitalista.

Que más temprano que tarde los pueblos se levantarían contra las impopulares medidas económicas que estaban obligados a aplicar en cada uno de esos países, con lo cual un nuevo fracaso neoliberal en la región sería inevitable.

El problema es que, por una deformación histórica inducida en la sociedad por la derecha y sus medios de comunicación, si por alguna extraña razón o causa inusitada, al capitalismo le llegara a ir bien en algún momento, la mediática mundial afirmará categórica que es producto de la supuesta eficiencia del capitalismo como modelo económico. Pero cuando le va mal, como sucede hoy en Latinoamérica, y como ha sucedido en el mundo entero desde siempre, entonces esos mismos medios van a sostener enfáticos que fracasa por culpa del socialismo.

De no existir en la región ese Estado socialista, no tendrían a quién responsabilizar. Solo acusando a un país al que se hubiera posicionado mediáticamente ante la opinión pública como “amenaza”, podría esa derecha intentar evadir su responsabilidad en esa nueva derrota, haciéndolo aparecer culpable del hambre y la miseria que en realidad solo el capitalismo causa.

Por eso la derecha mundial señala hoy a una sola voz al presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, como el culpable de las convulsiones que solo el Fondo Monetario Internacional y sus desalmadas recetas neoliberales han desatado en todo el continente suramericano.

Desde el principio ese fue siempre el cobarde plan. Gritar “¡Allá va el ladrón!”

@SoyAranguibel

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Aranguibel en Sputnik: Rusia sabe que reunión de Lima es una trampa de EEUU

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Aranguibel: “Así hubiese sido de reconocimiento, la nave norteamericana estaba invadiendo nuestro territorio.”

Caracas, 24_07_2019.-  Alberto Aranguibel sostiene en el programa Cafe en la Mañana, que transmite Venezolana de Televisión, que la defensa que hace la oposición venezolana de la incursión de una nave espía en la zona exclusiva de Venezuela, es tan ilegal como si fuera una nave de combate, porque en ninguna parte del mundo son permitidos los vuelos no autorizados por el país que sobrevuela, sin importar si su función es de “reconocimiento”, como lo argumenta la derecha venezolana para tratar de exculpar a los agresores norteamericanos, o de cualquier otro tipo.

No se equivoquen

Por: Alberto Aranguibel B.

Hay quienes explican el resurgimiento del fascismo culpando de ello a la izquierda. En particular en Latinoamérica, con la revelación de Bolsonaro en Brasil, después que se daba por descontado que Lula (o su sucesor) arrasaría en las elecciones en ese país.

Reducir la eficacia de los movimientos populares al simple logro de las mayorías electorales, es perder de vista el sentido de la transformación profunda del Estado y de la sociedad que toda gran fuerza de inspiración popular debe llevar a cabo. Es desconocer la naturaleza fluctuante de los procesos de cambio, signados, por lo general, por marchas, contramarchas y reveses intensos, que determinan la verdadera evolución de las sociedades.

Si reconocemos el auge de los movimientos sociales como el fenómeno latinoamericano del siglo XXI, entonces debemos reconocer con la misma objetividad que lo que sucede en la derecha con el ascenso de figuras paradigmáticas como Temer o Bolsonaro en Brasil, como Piñera en Chile, Macri en Argentina, Fox y Peña Nieto en México, o Kuczynski en Perú, no es precisamente un avance de tipo partidista, sino el crecimiento progresivo de la antipolítica que encarna el sector empresarial hoy en el mundo (liderado por los EEUU y su proverbial presidente empresario), y que en nuestra región se hace más patente precisamente por la intensidad de su confrontación con todos los sectores políticos. No solo con los de izquierda.

Si efectivamente algunos de esos movimientos progresistas en la región han sido desplazados por esa lógica corporativista, no es menos cierto que los partidos políticos tradicionales de la derecha han sido mucho más relegados por esta oleada de la antipolítica cuyo propósito es hacer realidad el viejo sueño empresarial de acabar con el Estado, sin importar su signo ideológico.

Por eso en Venezuela es cada vez más clara la escisión entre el empresariado y la dirigencia de la oposición. Quienes desde el empresariado anhelan la opción de alguien como Lorenzo Mendoza, dueño de la Polar, como candidato a la presidencia de la República, lo hacen desde una posición de desprecio hacia la política, fundamentalmente la de la MUD.

No es, pues, una falla del PT lo que sucede en Brasil (o de las izquierdas en Paraguay, Honduras, Argentina o Ecuador), sino una nueva modalidad de ejercicio del poder, signada por el secuestro de la democracia que lleva a cabo el gran capital tratando de acabar con la política, valga decir; con la democracia, donde quiera que se encuentre.

Pero, así como los triunfos de Maduro en Venezuela y de López Obrador en México, por ejemplo, no representan en sí mismos la extinción de la antipolítica en ninguno de esos países, tampoco la circunstancial derrota electoral de las fuerzas progresistas en ninguna otra parte del Continente significa una reinstauración irreversible del capitalismo. Los pueblos han despertado y por muchos reveses y ataques inmisericordes de los que sean objeto, el triunfo definitivo en esa injusta y desigual batalla les corresponde por antonomasia.

Que nadie se equivoque.

@SoyAranguibel

Acevedo: Ahorcar primero a Venezuela, y después “salvarla”

Por: Alberto Acevedo / Semanario Voz

Nunca como hoy, la opinión pública internacional había asistido a un escenario de conspiración y desprecio por las normas del derecho internacional, de arrasamiento de los principios de la no intervención en los asuntos internos de una nación, y de desconocimiento a su derecho a la autodeterminación y a la soberanía nacional, como se vio en el marco de las deliberaciones de la 73 Asamblea General de las Naciones Unidas, donde todos los poderes imperiales se confabularon, en satánico aquelarre, contra la Revolución Bolivariana de Venezuela y el gobierno que la encarna.

Ahorrando cortesías y disimulos, convergieron en su interés por derrocar al gobierno legítimo de Venezuela y apoderarse de sus ricos yacimientos minerales, el presidente de los Estados Unidos, el de Canadá, el de Francia, el de Colombia, y los instrumentos internacionales de cooperación internacional que controlan, ya no de cooperación sino de coloniaje.

El tono más alto del coro, desde luego, salió de la garganta del titular de la Casa Blanca, quien no tuvo empacho en asegurar, en un foro internacional de paz, que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, podría ser “derrocado rápidamente” por militares de ese país, si existiera voluntad paran ello. Dijo que un golpe militar contra el gobierno de Maduro podría triunfar “rápidamente” si las Fuerzas Armadas venezolanas deciden organizarlo, y confirmó que Washington mantiene la opción militar sobre la mesa.

En la casa de la paz

El tono destemplado de semejante ‘diplomacia’, contrarrestó con el mensaje sosegado, inteligente y valiente de la delegación venezolana asistente al evento de las Naciones Unidas. El primero en responder fue el canciller Jorge Arreaza, al pedir respeto para Venezuela y calificar como injerencista y amenazador el discurso de Donald Trump, quien utilizó un lenguaje belicista, “en vez de hablar de paz en la casa de la paz; en vez de hablar de respeto al derecho internacional en la casa del derecho internacional”.

De ese talante fue el discurso del mandatario colombiano, que, tras reunirse con Trump en su despacho, y con el vicepresidente Mike Pence, asume como suyo el discurso imperial y convoca en las Naciones Unidas a una alianza global contra la “dictadura” y el éxodo de venezolanos por el mundo. Sometido a los manejos del titiritero mayor, se hace eco de una ‘indignante’ crisis humanitaria, a la que el presidente Maduro calificó como fabricación de occidente para ambientar un clima de intervención militar directa por parte de Estados Unidos y sus aliados.

Coro destemplado

Los días que rodearon a la Asamblea General de las Naciones Unidas, fueron intensos en actividades antivenezolanas. Inicialmente, provocaron indignación las declaraciones del secretario general de la OEA, Luis Almagro, durante una visita a Cúcuta, en la que afirmó que la opción militar contra Venezuela no está descartada. En ese tono estuvieron las afirmaciones del recién nombrado embajador colombiano ante la Casa Blanca, Francisco Santos, y las del jefe del partido de gobierno en Colombia, Álvaro Uribe Vélez.

Una de esas voces destempladas, en un desborde de delirio intervencionista, pidió desde Miami la creación de un escudo antimisiles en el cielo colombiano, apuntando su arsenal contra el hermano pueblo venezolano. La histeria injerencista fue más allá, y cinco países latinoamericanos, liderados por Colombia, pidieron a la Corte Penal Internacional el juzgamiento del mandatario venezolano por presuntas violaciones a los derechos humanos en su país y eventuales delitos de genocidio.

En este concierto, sobresale, no solo por lo destempladas, sino por temerarias, las afirmaciones del vicepresidente norteamericano Pence, quien al tiempo que anunció una partida de 48 millones de dólares para que Colombia atienda los gastos de la inmigración venezolana, advirtió que el gobierno colombiano tendría todo el respaldo militar en caso de una agresión por parte de Venezuela.

Voces sensatas

En el mediano tiempo, esta andanada estuvo precedida de tres intentos de golpe de estado contra el gobierno bolivariano, un intento de magnicidio, cuando drones con explosivos intentaron llegar hasta la tarima presidencial en un acto público en Caracas, el anuncio de nuevas sanciones económicas contra el gobierno de Maduro y su entorno personal y familiar. Esto llevó al secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, a afirmar en su discurso ante el foro, que hoy “la gente se siente cada vez más insegura y no confía en las instituciones” de la diplomacia internacional.

Otras voces, que la prensa internacional ocultó, denunciaron la estrategia imperial de pretender arrasar con los gobiernos de signo progresista en el continente latinoamericano.

El canciller venezolano Arreaza, dijo que “la etiqueta de la crisis humanitaria es para facilitar la intervención”. ¿Cómo se provoca la crisis humanitaria?, preguntó el diplomático. “Bloqueando a un país. Si bloqueas a un país, no hay insumos para la producción y se dificulta el acceso a la comida y a las medicinas”, dijo el funcionario.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, que asistió por primera vez a las Naciones Unidas en su condición de jefe de Estado dijo que el gobierno y el pueblo de la isla caribeña “rechazamos los intentos de intervención y las sanciones contra Venezuela, que buscan asfixiarla económicamente y dañar a las familias venezolanas. Repudiamos los llamados a aislar a esa nación soberana, que no hace daño a nadie”, puntualizó el gobernante cubano.

Detener a los agresores

Al margen de esta puja diplomática en la OUN, un analista militar recordó que dentro de las diferentes estrategias, muchas de ellas fallidas, aplicadas por la Casa Blanca, hay una de corte militar, ya puesta en escena en Siria y en otros escenarios de conflicto y que hoy se quiere trasladar a Venezuela, y que se conoce como RP2, que para el caso del país latinoamericano se traduce en: “Ahorquemos primero a Venezuela y después la salvamos”.

En el recinto de las Naciones Unidas, todavía queda el eco de las palabras del presidente Maduro, que al intervenir en la sesión de la Asamblea General, aseguró que “intereses extranjeros intentan detener el curso de un proyecto revolucionario, que se basa en la reivindicación social del pueblo”. Dijo que Venezuela “es víctima de una agresión permanente en el ámbito económico, político y mediático, impulsada por el gobierno estadounidense de Donald Trump”.

Señaló que su país tiene vocación de paz, llama al diálogo, propicia una salida negociada a sus dificultades internas, pero tiene la fuerza, el valor y la decisión necesarias para enfrentar cualquier agresión externa.

Alberto-Acevedo  Alberto Acevedo

Fuente: Semanario Voz

La farsa del bienestar económico colombiano

Por: Alberto Aranguibel B.

Desde siempre nos referimos al saqueo que hace Colombia de nuestras riquezas, denunciando el atropello a nuestra soberanía que representa el contrabando de extracción, de alimentos, medicinas, combustible, así como del robo del dinero que se llevan a ese país para multiplicarlo y afectar nuestra moneda a través de sórdidos mecanismos financieros.

Cada vez que hablamos de los “hermanos colombianos” que cruzan la frontera buscando rehacer sus vidas, nos referimos solamente al carácter solidario de quienes les abrimos desinteresadamente los brazos para ofrecerles cobijo en nuestro suelo.

Las élites colombianas del gran capital abusan hasta lo indecible de la naturaleza profundamente amorosa de nuestro pueblo, que no accede (al menos de buenas a primeras) a la fórmula de la confrontación con su vecino para solventar esa injusticia a pesar de las penurias que padecen los cientos de miles de venezolanos que se ven afectados con la misma.

Pero, más allá del atropello a nuestro país, existe una realidad inocultable asociada a la naturaleza perversa del modelo neoliberal que impera en Colombia, y que demuestra de manera irrefutable el fracaso y la inviabilidad de ese modelo.

Que Colombia lleve a cabo ese inmoral saqueo que tanto atenta contra el bienestar de los venezolanos, es solo una parte de la ecuación. La otra es el inmenso ahorro que representa para el fisco de ese país evadir la obligación de atender a los millones de colombianos que se han venido para Venezuela en busca de un mejor destino.

El supuesto bienestar económico del que esa nación se enorgullece, está determinado fundamentalmente por tres factores; la industria de producción y tráfico de drogas de mayor dimensión y crecimiento en el mundo; el criminal e impúdico saqueo a la economía venezolana; y la descarga que representa para el fisco colombiano el no tener que atender a la más numerosa población de desplazados del planeta.

Siete millones y medio de colombianos (seis de ellos en Venezuela) a los que los gobiernos de ese país no tienen que dotarles de educación, salud, alimentación, vivienda, luz, agua, transporte público, gas doméstico, o combustible para sus vehículos, son una descarga gigantesca para cualquier presupuesto nacional.

Si se cuentan, además, los cientos de miles de desaparecidos en fosas comunes y sicariato político que existen en ese país con la total anuencia de sus gobiernos neoliberales, rendidos siempre a las órdenes del imperio, el resultado es todavía más siniestro.

Pero también mucho más revelador de la farsa que es en realidad la supuesta prosperidad económica colombiana.

@SoyAranguibel

¿Cuál modelo es el que sirve?

Por: Alberto Aranguibel B.

Si algo es verdad hoy en el mundo es la inminente caída del modelo capitalista. Al menos en el formato hegemónico con el que se le conoce hoy en día.

Los avances hacia la búsqueda de modelos alternativos en el comercio internacional por parte de las más grandes potencias económicas del planeta, China, Rusia, Irán, Turquía, y hasta la misma comunidad europea que hoy comienza a revelarse contra el dominio del dólar en el sistema económico internacional, dan fe de esta innegable realidad hacia la cual se dirige el mundo.

Por eso los conflictos que en este momento se libran en el ámbito internacional están signados todos por el mismo y muy particular interés del imperio norteamericano, el mayor exponente del capitalismo en la historia, por imponer a como dé lugar un modelo económico al que ya nadie quiere asociarse, salvo el propio Estados Unidos.

De ahí que su vuelta a Latinoamérica no sea en plan de promoción de nuevas formas de intercambio comercial, sino a través de la amenaza armada.

No le quedó de otra; Mauricio Macri le ha hecho la peor propaganda al capitalismo, no solo en el continente sino en el mundo entero, demostrando de la manera más cruda e irrefutable el carácter salvaje de un modelo que no solo no ofrece solución alguna a los problemas de la gente, sino que los agudiza provocando hambre, miseria y desesperanza como solo el capitalismo es capaz de hacerlo.

En Argentina, el gobierno se viene abajo sin haber sido objeto de bloqueo financiero, ni de guerra especulativa alguna en su contra, ni de manipulación internacional de su moneda, ni ser víctima del contrabando de extracción o de acciones de acaparamiento de los productos de primera necesidad, ni mucho menos de agresiones por parte del imperio norteamericano. Se está cayendo él solito.

En Venezuela, con la más arbitraria y desalmada agresión del imperio para acabar con nuestra economía, con el sabotaje permanente del sector privado, el saqueo orquestado desde Colombia, la infamante campaña mediática nacional e internacional en su contra, el gobierno sigue protegiendo al pueblo y recuperando su economía.

Si el capitalismo se derrumba sin que nadie lo perturbe y al socialismo hay que destruirlo para impedir que funcione, ¿Cuál modelo es el que sirve?

@SoyAranguibel

Aranguibel afirma que ataque a Maduro proviene de fuerzas extranjeras

CARACAS.- El constituyente, Alberto Aranguibel, dijo que con los hechos ocurridos el sábado en la avenida Bolívar de Caracas, se constató que se trata de un plan orquestado desde el exterior para atentar contra la estabilidad de la nación, porque a su juicio ya no hay dirigencia opositora actuando en el país.

“Quienes están actuando contra la legitimidad del presidente Nicolás Maduro, son factores externos, particularmente el presidente Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe, que se han expresado abiertamente y sin ningún pudor en ese sentido”, expresó.

En entrevista a Anahí Arismendi, transmitida por Unión Radio, agregó que la actitud de serenidad y de conciencia del pueblo ante el hecho, fue una muestra de solidaridad y apoyo al mandatario.

Oiga aquí la entrevista completa:


Fuente: Union Radio

Cuando la mentira desborda las fronteras

Por: Alberto Aranguibel B.

“Escoge la versión que te parezca más creíble y quédate con ella, pues en esto tienes razón; el mundo es un infierno”
Rashomon

Un tuit difundido esta semana por el Alcalde de Recoleta, Chile, alertaba sobre la incongruencia más recurrente por estos días en las redes sociales, referida a la doble moral de aquellos que atacan día y noche a Venezuela por una supuesta crisis humanitaria que causaría la Revolución Bolivariana en el país, mientras se hacen los desentendidos con las atrocidades de las que sí son víctimas en verdad millares de latinoamericanos en Colombia, México, Honduras, y en otras partes del mundo, como Yemén o Siria, donde las fuerzas del ejército norteamericano actúan sin piedad alguna contra los pueblos.

“México: 130 políticos asesinados, entre ellos 40 candidatos, y se roban 10 mil boletas electorales. 90 muertos por día y más de 70 periodistas muertos en un año, pero la Unión Europea sanciona a Venezuela…” dice el texto del alcalde.

Casi todos los comentarios que le hacen a ese tuit son para acusarlo de miserable, de ignorante, de vendido. De comunista, pues, que con ese planteamiento estaría avalando una dictadura cruel y despiadada. Asombra que todos, sin excepción alguna, justifican la masacre contra el pueblo mexicano porque, según ellos, no es llevada a cabo por una dictadura sino por una democracia resplandeciente.

Todos han sido víctimas del fingimiento con el que la oposición se ha presentado ante el mundo a través de un medio de comunicación al servicio del imperio norteamericano que hace cada vez más dinero con sus titulares contra Venezuela. Es gente obnubilada que no quiere creer en ninguna verdad que no sea la que le dicen los titulares de esos medios, sin necesidad de exigir nunca pruebas que demuestren los infundios contra una nación que solo ha exportado desde siempre solidaridad y cooperación hacia esos pueblos hermanos de donde son oriundos la mayoría de esos tuiteros.

El fingimiento es quizás el recurso más utilizado por la oposición venezolana para tratar de imponer en el mundo la falsa verdad de su discurso contrarrevolucionario. La supuesta opresión del gobierno contra el pueblo, de la cual ha hablado a lo largo de todo el proceso revolucionario, no ha existido jamás sino en sus envenenados cerebros, llenos de odio contra todo lo que tenga que ver con Chávez, por lo cual han tenido que apelar casi siempre a técnicas de maquillaje para aparentar ese sufrimiento que le venden al mundo a través de titulares escandalosos que la gran prensa nacional e internacional pone a su orden para favorecer la instalación de la mentira como verdad.

Los actores de ese montaje no forman parte del pueblo que dicen defender. Ese pueblo ha dicho persistentemente a lo largo de casi un cuarto de siglo que está comprometido con el proyecto de justicia y de igualdad social que comprende el socialismo chavista que la revolución ha puesto en marcha en el país, y por eso se le deja de lado en esa farsa que pretende construir la realidad del país desde los estudios de televisión y las pasarelas de la moda.

Sus actores son siempre hermosos fenotipos de la clase oligarca que pretende el derrocamiento de esa revolución. Artistas famosos del espectáculo, del mundo del disco y de la industria cinematográfica, a quienes, a falta de gráficas reales que prueben sus infundios, se les pone un cartelito de S.O.S. sobre el pecho, o se les maquilla como víctimas de la opresión embadurnándolos en hollín y betún perfumados.

Antiguas reinas de belleza son incluidas en la nómina del “talento” contratado por los laboratorios asignados a esa tarea de fabricación de la realidad virtual con la que tiene que presentarse la derecha ante el mundo. Pero su condición de clase les juega siempre la mala pasada de negarse a desprenderse de la corona a la hora de la sesión fotográfica y, así como les sucede a los adonis que contratan como modelos para esas campañas, les resulta imposible ocultar su desprecio al verdadero pueblo, al que jamás contratarán para ninguna de esas sesiones, porque para ellos el pobre solo debe servir como sujeto discursivo; jamás como auténtico componente de su clase social.

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Con técnicas de maquillaje utilizadas por el ejército israelí en el fingimiento de las supuestas agresiones con las que justifican sus atrocidades contra el pueblo palestino, la derecha venezolana ha intentado recrear ese horrible sufrimiento de ficción con el que nutren la guerra mediática contra el pueblo venezolano, desconociendo la verdadera realidad de apremio que padece hoy la población como consecuencia del ataque despiadado por parte de esos mismos sectores del gran capital que han desatado su furia contra el pueblo a través de una inflación inducida que hace estragos en las posibilidades de alimentación y que pone en riesgo hasta la vida misma de la gente en el país.

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Desconocer esa cruda realidad por la que atraviesa el pueblo para intentar sacar provecho político mediante campañas que solo persiguen posicionar como dictadura al gobierno revolucionario, es una deformación que atenta contra las posibilidades de superación de la crisis y fomentan su prolongación en el tiempo, toda vez que con ese ocultamiento sistemático de la verdad se distrae inevitablemente la atención sobre los problemas, haciendo que el mundo se mueva en la dirección equivocada en cuanto al apoyo que debemos esperar de la comunidad internacional.

Cuando el mundo evalúa la situación venezolana lo hace desde la distancia y la desinformación, y eso, como es lógico, es perfectamente comprensible. El expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, así lo afirmaba recientemente en una declaración a la prensa: “Sobre Venezuela hay un prejuicio. La mayoría de la gente que opina sobre Venezuela desde Europa lo hace sin conocer la realidad ni saber lo que aquí ocurre. Hay un prejuicio instalado.”, dijo.

Lo deleznable es que esa desinformación sea el producto de una campaña de desvirtuación sistemática orquestada por sectores interesados en mantener a nuestra población en la zozobra del hambre y la miseria para alcanzar así el logro político que no han podido encontrar en las formas democráticas de lucha, simplemente por carecer de un liderazgo confiable y creíble, y porque su discurso no tiene resonancia alguna entre el pueblo.

Pero esa mentira instalada contra Venezuela tiene un efecto devastador mucho más allá de nuestras fronteras. Su daño pernicioso no se circunscribe a un ámbito territorial específico, porque la mentira no tiene fronteras. Si la realidad de un país es falseada, como se empecina en hacerlo la derecha contra Venezuela, aplicando técnicas avanzadas de guerra sicológica que llevan al ser humano a desconocer la verdad como fenómeno que expresa la constatabilidad de los acontecimientos, entonces la realidad de otros países es, por contraste, automáticamente violentada.

De manera instintiva, la gente que es víctima de esas campañas de desinformación será incapaz de apreciar las auténticas atrocidades cuando las tenga frente a sus ojos, pendiente como estará de aquellas que la prensa le ha señalado como verdaderas.

Países que son víctimas hoy de la más brutal agresión por parte del mismo imperio que ataca al pueblo venezolano con la intención de derrocar al gobierno legítimo del presidente Nicolás Maduro, no perciben la penuria y el sufrimiento inocultable de su propio pueblo porque la mediática de la derecha internacional les ha inoculado en lo más profundo de su siquis social que el país donde suceden esas atrocidades es Venezuela y ningún otro.

Son cada vez más los pueblos que padecen en este momento agresiones brutales como no se veían en el mundo contemporáneo más allá de las fronteras del Medio Oriente, donde los Estados Unidos arremete desde hace décadas con la misma furia invasora e interventora con la que lo hace hoy contra la soberanía y los derechos humanos. En ninguno de esos casos la reacción ha sido la aceptación de la clara evidencia que deja constancia de la culpabilidad del imperio en esos padecimientos con el solo hecho de su presencia en todas y cada una de las crisis de desestabilización, represión y sicariato paramilitarista que inundan la región.

No hay capacidad de reacción en esos pueblos en el sentido correcto, porque la interferencia de las grandes corporaciones de la comunicación, controladas por los mismos actores hegemónicos que generan esos sufrimientos, actúan para distraer la atención de la gente y ocultarle así su propia tragedia.

Solo que, en su caso, ellos podrán contar siempre con la solidaridad y el apoyo de la Revolución Bolivariana.

@SoyAranguibel

El sanguinario negocio del “Destino Manifiesto”

Por: Alberto Aranguibel B.

“Nunca interferiré en el derecho del pueblo a portar armas”
Donald Trump

El imperio norteamericano es sumamente precavido. Jamás ha invadido una nación poderosa, o que cuente con un ejército importante no solo en términos de su arrojo sino en cuanto a su dimensión.

Por lo general, sus maniobras de asalto se llevan a cabo durante la madrugada, como en Panamá, en Irak, en Libia, en Honduras, o en Siria. Nunca a plena luz del día ni a cielo abierto, como fueron planificadas por los grandes generales las guerras importantes de la historia. Como Austerlitz, cuyas acciones de combate dieron inicio a las 8 en punto de la mañana. Ni un minuto antes.

O incluso la ya legendaria guerra anglo-zanzibariana, que borró del mapa a aquella pequeña nación del África Oriental, sobre la cual los historiadores todavía no se ponen de acuerdo acerca de si se inició a las 9:00 en punto de la mañana, o a las 9:02 minutos de aquel 27 de agosto de 1896.

Atacar durante la madrugada no tiene ninguna justificación, al menos desde un punto de vista estrictamente estratégico militar, que no sea la cobardía.

Cobardía no por el muy comprensible “culillo” que genera la inminencia de toda aquella confrontación de la cual pudiera resultar la muerte, hay que decirlo, sino en el sentido más perverso de la crueldad humana de todo el que planifica con la más desalmada frialdad la muerte del prójimo al que procura cercenarle la vida sin permitirle siquiera la oportunidad de defenderse.

Por eso, por su sed de muerte sin riesgo alguno para los suyos, es que el imperio ataca de madrugada. Procurando, además, que la nación a atacar sea siempre un país pequeño, con escasa o ninguna población armada, y con los más exiguos recursos financieros a los que pueda apelar para apertrecharse debidamente frente a la agresión.

Nunca se ha visto, ni se verá seguramente, al imperio norteamericano atacando individualmente a ninguna gran potencia, del signo que sea, de manera frontal. El rebuscado e ilegal recurso de la “sanción económica” al que apela ahora contra sus enemigos, no es sino una vulgar técnica de captación de solidaridad entre las naciones, para convertir así al mundo en enemigo de sus enemigos y hacer con él causa común en el eventual asalto armado contra los pueblos a los que amenaza.

De ahí su empeño en mantener activo a como dé lugar, ese abominable e injustificado esperpento bélico que es la OTAN, usado por Estados Unidos como fachada para esconder sus atrocidades tras el sofisma de “operaciones armadas de la comunidad internacional en pro de la liberación de los pueblos”.

Sus “triunfos” no son, pues, los de los épicos gladiadores romanos que construían su gloria arriesgando la vida en cada combate cuerpo a cuerpo. Ni los de los Libertadores que nos legaron la independencia del Imperio español a costa de sufrir a lo largo de todo el Continente las peores calamidades que ser humano pueda padecer.

No. Sus glorias son las de la arrogancia imperial que desprecia toda forma de vida que no sea la de su élite dominante y todopoderosa. Que se jacta de aplastar con sus tanques y arrasar con sus bombas “solo matagente”, pueblos, naciones y civilizaciones enteras incluso, en pro de una causa imprecisa y etérea que jamás ha sido debatida con ningún pueblo arrasado, sino que le ha sido impuesta como castigo supremo; que no acepta ni discusión ni se somete a condiciones de ninguna naturaleza. La causa de la “seguridad nacional de los EEUU” con la cual el imperio castiga al mundo desde hace ya más de dos siglos.

De esa épica del asalto y la destrucción de países pequeños contra los cuales se envalentona, ha surgido su portento industrial y comercial, casi todo engendrado con la sangre de millones de seres humanos asesinados en las más sanguinarias operaciones genocidas que recuerde la historia contemporánea.

Timor Oriental, Camboya, Las Filipinas, Haití, Nicaragua, Panamá, República Dominicana, Corea, Vietnam, Omán, Afganistán, Grenada, Somalia, Bosnia Herzegovina, Irak, Pakistán, Yemen, Sudán, son solo algunos de esos pequeños países cobardemente asaltados en algún momento sin la menor contemplación por el arrogante imperio norteamericano. Pero son incontables las naciones que, sin ser sometidas, en principio, por medio de las armas, han sido sin embargo agredidas de la manera brutal en que lo hace también con el chantaje económico y la presión política, orientado siempre por el mismo beneficio económico que sus operaciones armadas de saqueo internacional le deparan.

Es incontable la lista de grandes emporios empresariales norteamericanos que se han beneficiado y alcanzado su mayor auge a partir de los contratos con el ejército de los EEUU. Desde la fabricante de motocicletas Harley Davidson, hasta la poderosa fabricante de misiles Lockheed Martin, la Exxon Mobil, Standard Oil, Halliburton, pasando por la no menos prestigiosa Bausch and Lomb, (creadora de los lentes Ray-Ban que tanto identifican al militar de los EEUU), ensambladoras de vehículos y fábricas de autopartes, el parque industrial norteamericano desarrollado gracias a la guerra, además del armamentista, probablemente el más grande del mundo y de la historia, es infinito.

Si a ello se añade el inmenso negocio que le ha deparado a los productores y fabricantes de alimentos, bebidas, chocolates, cigarrillos, ropa de todo tipo, artículos (desde maquillaje, hasta tiendas de campaña) equipos de telecomunicaciones, industria satelital, y de investigación científica, se podrá tener una clara noción de la dependencia que ha tenido y tiene hoy en día los Estados Unidos de la guerra.

Una guerra que debe que ser llevada a cabo en la oscuridad para poder sorprender en la mayor indefensión al atacado y lograr asesinarlo “limpiamente” sin las bajas que el sanguinario ejército atacante pueda sufrir, lo que le permite evitar el repudio de su propia sociedad, que es la que, en definitiva, aprueba o desaprueba las cuantiosas sumas que son destinadas a la industria militar del cual depende el poderío del imperio.

Las armas en los Estados Unidos son un factor esencial para la libertad individual de las personas, más que ningún otro elemento moral o material, porque las élites que han gobernado esa nación desde sus orígenes encontraron que el culto de la gente hacia las armas era el medio expedito para subordinar a la población a la idea de la supremacía a toda costa que ordenaba la lógica de “Destino Manifiesto”, autoimpuesta por esas élites desde mucho antes de creada la nación. Incluso desde mucho antes de nacer el periodista John O’Sullivan, a quien se le atribuye la primera mención escrita de la idea.

Elevar a rango Constitucional, como lo ha hecho Estados Unidos en su Segunda Enmienda, la lógica del poder que transmite la facultad personal de decidir por encima de toda ley la vida de los demás, ha sido la forma de conseguirle apoyo popular a esa vocación genocida que ha movido desde siempre al imperio.

Hoy ningún norteamericano acepta como razonable la posibilidad de que su derecho a portar armas sea controlado por el Estado. Lo que constituye un verdadero “Blowback” (palabra norteamericana para denominar lo que en español se conoce como “tiro por la culata”) para esa misma élite imperialista que, guiada por el afán de la guerra no midió nunca las consecuencias de su demencial apuesta por la admiración a la lógica de las armas y de la muerte.

En virtud de ese excepcional derecho a la supremacía que ellas otorgan, cualquier político que se atreva a cuestionar siquiera el libre porte de armas en esa nación, será irremediablemente execrado por la sociedad. Por el contrario, quien lo refuerce y lo promueva, tendrá siempre abiertas las puertas del poder.

De esa forma, el “Destino Manifiesto”, antes que la expansión norteamericana bajo el signo libertador que soñaron los imperialistas, terminó siendo apenas el inmenso territorio del regocijo con la muerte del prójimo, al que sus Padres Creadores los condujeron con su desquiciada fantasía de la dominación planetaria que coronaría su grandeza.

No le ha quedado a ese vetusto y decadente imperio ninguna otra cosa que hacer dinero con esa bochornosa fantasía. Por eso no le importan en lo absoluto los millones de seres humanos que mueren bajo las armas, ni los pavorosos padecimientos que ocasionan a los pueblos que con ellas son arrasados.

Por eso es cada vez más repudiado por el mundo.

Por eso, más temprano que tarde, ese imperio de la muerte se vendrá abajo.

@SoyAranguibel    

¿Por qué el capitalismo no impidió la caída de Mariano Rajoy?

Por: Alberto Aranguibel B.

Porque Rajoy no era un presidente del capitalismo, sino un simple capitalista presidente. Un peón más del sistema, que apostó a las reglas del perverso modelo del capital, que dictan, entre muchas otras aberraciones que el capitalismo asume como filosofía, que en el juego del dinero ganará siempre el más competitivo. Es decir; aquel que tenga mayor capacidad de aplastar con su poder financiero a los competidores.

El capitalismo no es presidido por nadie en el mundo. Ni siquiera el más poderoso presidente capitalista del planeta, como lo es el de los Estados Unidos de Norteamérica, puede arrogarse la facultad de ser él, en sí mismo, el rector (o el ideólogo) por excelencia de un modelo que no acepta rectoría alguna que no sea la del capital.

Por eso la caída de Rajoy no es de ninguna manera la caída del capitalismo. Como no lo fueron en su momento; la defenestración política de Silvio Berlusconi en Italia; la destitución y posterior encarcelamiento de Dominique Strauss-Kahn del Fondo Monetario internacional; o de Pedro Pablo Kuczysnski en Perú, a pesar de ser (cada uno en su espacio y su coyuntura particular) iconos indiscutibles del capitalismo.

Incluso existen quienes opinan que, por el contrario, el capitalismo se fortalecería con la caída dentro del Estado capitalista (monárquico, en el caso de España) de al menos un importante exponente de la doctrina del capital cada cierto tiempo, porque ello patentizaría una supuesta capacidad de autorregulación del modelo de libertades que el capitalismo vende al mundo como propias.

Esa lógica del fingido autocontrol explica con perfecta claridad por qué razón el expresidente del parlamento brasileño, Eduardo Cunha, principal promotor del fementido golpe asestado por la derecha de ese país a la presidenta constitucional, Dilma Rouseff, es finalmente llevado a la cárcel apenas dos años después de aquel asalto, con una condena de veinticuatro años de presidio por aceptación de sobornos de la empresa Petrobras y lavado de dinero, entre otros delitos, siendo que su infundada acusación contra la depuesta presidenta se refería precisamente a hechos de corrupción que, en el caso de Rouseff, jamás fueron probados.

En España, Gürtel, la empresa que detona la salida de Mariano Rajoy del poder, es el equivalente a Odebrech y Petrobras en Latinoamérica. Corporaciones todas que se han erigido en líderes de sus respectivos mercados, a partir del mismo principio del desarrollo corporativo determinado por la destreza y alcance de su tren ejecutivo para distribuir dinero entre los funcionarios del Estado en forma de jugosas “comisiones” para hacerse de grandes contratos.

La “comisión” no es delito en el capitalismo. De hecho, es la base de ese modelo, que sobrevive precisamente por el soporte “estratégico” que ella le da a la forma de expansión del capital que mejor resultados le ha ofrecido a la empresa privada a lo largo de la historia.

La “comisión” es en esencia una forma muy rentable de hacer negocios (la más aceptada y extendida como modalidad mercadotécnica en la empresa privada de cualquier tipo en el mundo entero), porque el dinero invertido en comisiones no es capital que pierde o deja de ganar de ninguna manera la empresa, sino que, a la vez que ella va creciendo, es trasladado directamente al consumidor a través de mecanismos de especulación y de usura en el precio final de venta de sus productos ideados y desarrollados por ella misma.

Llega a ser tan conveniente la práctica de la compra de funcionarios del Estado en el capitalismo, que la caída de un importante aliado de negocios (como un presidente español, o uno peruano, por ejemplo) antes que un sacrificio, termina por ser un negocio muy lucrativo en términos de rentabilidad política, porque le permite al capitalismo poder presentarse como un modelo democrático en el que los mandatarios no estarían nunca colocados por encima del poder de las Leyes.

Un gobierno capitalista como el de Mariano Rajoy, enfrentado a la titánica tarea de intentar exterminar a una revolución de profundo arraigo popular como la bolivariana, tal como le fue específicamente encomendado por los más altos estamentos del capitalismo occidental, y enfrentado a la vez en su propio país al repudio masivo de su pueblo por la brutal agresión a la democracia que significa cercenar el derecho al voto, la cruel represión a las protestas contra las hambreadoras políticas neoliberales, el atentado contra la vida que representan los crecientes índices de desempleo, hambre y miseria en España, además de la prostitución de la política a la que lo llevó la corrupción (todo lo cual destruía todos y cada uno de los argumentos que ese gobierno ha esgrimido contra la revolución chavista para provocar su derrumbe, sin lograrlo), no tenía de ninguna manera difícil que la balanza capitalista se inclinara a favor de salir a como diera lugar de ese ya impresentable vocero que tan mal paradas estaba dejando las muy relativas cualidades de su modelo frente a la opinión pública de todo el planeta.

Si las atroces perversiones que la socio-política le ha atribuido ancestralmente a los regímenes dictatoriales, terminan siendo los rasgos que definen de manera más exacta e inequívoca a los gobiernos capitalistas que debieran ser ejemplos de apego a la norma democrática, pero que, además de no ser para nada ejemplos de tal carácter democrático, dejan al descubierto la corrosión ética a la que llegaron a partir de cierto momento los bandidos del Partido Popular español, cuyo afán por la prevaricación traspasó los linderos del desenfreno, entonces el problema de cargar con lastres como Rajoy es mucho más grave que la lesión que pudiera causarle a la imagen del capitalismo la impostura o el exceso en el empeño de éste por hacerse de grandes fortunas birladas al erario público.

El problema para el capitalismo es que, en la medida en que se expanden esos grandes negociados de las corporaciones que medran en el Estado a costa de coimas, comisiones, y corruptelas de todo tipo con el inmoral funcionariado que va encontrando a su paso como aliado natural de clase, es decir; con los capitalistas infiltrados dentro del Estado, los líderes anti capitalistas (léase; Luiz Inacio Lula Da Silva, Rafael Correa, Cristina Fernández, o Nicolás Maduro) van a ir quedando cada vez más en evidencia ante el mundo como auténticos demócratas, a quienes los pueblos siguen con la más entera devoción principalmente por su solvencia ética, su rectitud y su honorabilidad en el manejo de los dineros públicos.

Dado que la plutocracia, el gobierno de los ricos, carece de un sustrato ideológico que le imprima sustentabilidad social (porque jamás las élites oligarcas han sido más numerosas que las clases desposeídas), todo riesgo de afectación a su imagen es por demás innecesario.

Pero, cuando el capitalismo entra en una fase de franco declive, como en la actualidad, y ciertamente su sostenibilidad es cada vez más precaria en virtud de la inédita proliferación de modelos alternativos (que van desde el poderoso modelo chino de economía mixta, el ruso de producción independiente altamente tecnificada, el iraní o el revolucionario venezolano de participación popular protagónica, entre otros) entonces la solidaridad automática con un personaje perfectamente prescindible como Mariano Rajoy se torna en amenaza.

Rajoy, como ningún presidente capitalista, no puede hundir por sí mismo al capitalismo. Pero, si el capitalismo ya se está hundiendo, es obvio que una carga muerta como la que él representa puede acelerar su inexorable naufragio. Algo que el capitalismo no está dispuesto a aceptar, por ahora, sin tomar al menos las correspondientes medidas de profilaxis a lo interno de su ya maltrecho y herrumbroso sistema.

A la larga, se cumple en la práctica lo que una franquista oligofrénica vocifera por estos días en un delirante audio que circula por las redes sociales, cuando advierte histérica que no cree que el causante del exterminio político de Rajoy sea Pedro Sánchez (a quien califica de “berzas, tonto útil”), sino Nicolás Maduro.

Lo que no quieren que veamos –dice- es cómo Maduro va entrando y se va poniendo en el sillón […] Qué corrupción de Rajoy ni que nada; la corrupción está en que Maduro se está metiendo en España.

Quizás la desquiciada española no esté tan loca como su demencial relato la presenta. Lo que dice es exactamente lo mismo que con toda seguridad pensó el capitalismo cuando sin la menor misericordia ni contemplación decidió lanzar a inefable Rajoy al basurero de la historia.

Allá de aquellos que tanto se afanaron por lo que a la postre sería cuando mucho el más vergonzoso selfie de la historia… el risueño pero pavoso selfie con el corrupto de Rajoy, a quien ni siquiera el propio capitalismo quiso salvarlo.

@SoyAranguibel

J.G. Rodríguez: Petro hizo a Santos presidente

Por: José Gregorio Rodríguez

Cuando llegue el 7 de agosto de este año y Juan Manuel Santos abandone la presidencia de la República de Colombia, se marchará del Palacio de Nariño un presidente que habiendo recibido el Premio Nobel de la Paz, deja a su país listo, dispuesto como “cabecera de playa” para la guerra con sus vecinos.

Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos

¿Quién es Juan Manuel Santos? Es el presidente de la República de Colombia desde el 7 de agosto del año 2010. Llegó a la política con el Partido Liberal colombiano. Se desempeñó como ministro de Comercio Exterior del gobierno de César Gaviria, desde el 16 de enero de 1991 hasta el 7 de agosto de 1994. Luego fue ministro de Hacienda y Crédito Público, en el gobierno del presidente Andrés Pastrana Arango, desde el 7 de agosto del año 2000 hasta el 7 de agosto del 2002. En el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, se desempeñó como ministro de Defensa desde el 19 de julio del 2006 hasta el 22 de mayo del 2009. Con Uribe fue uno de los fundadores del Partido de la “U”. Fue el candidato presidencial del uribismo en las elecciones del año 2010, luego de que la Corte Constitucional le negara al entonces presidente Álvaro Uribe la posibilidad de ser elegido por tercera vez.

Juan Manuel Santos, luego de su ruptura política con Uribe Vélez, se queda con el partido de la “U” y se presenta a la reelección en las elecciones del año 2014 en contra del candidato del “uribismo”, Oscar Iván Zuluaga, quien lo derrota en la primera vuelta con el nuevo partido de Álvaro Uribe, el Centro Democrático y para el “balotaje” con la promesa de la paz para Colombia y con los votos de la izquierda colombiana que puso la diferencia para alcanzar y derrotar a Zuluaga resultando reelecto presidente de Colombia.

Para la segunda vuelta de esas elecciones del 2014, Juan Manuel Santos no habló más de las realizaciones de su primer gobierno, con las que no había logrado convencer a los electores el 25 de mayo, y convirtió la campaña en la segunda vuelta en un referendo sobre sus negociaciones con la guerrilla, atrayendo hacia su candidatura a grupos políticos y sociales tradicionalmente alejados de sus propuestas.

Aunque usted no lo crea o no lo recuerde, los votos que a la final inclinaron la balanza a favor de Santos en el 2014, fueron los de Clara López, quien fuera la candidata del Polo Democrático, que se sumó a su campaña pese a que su partido prefería mantenerse neutral y los del entonces alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Pero apenas logró suscribir el acuerdo de paz con las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejercito del Pueblo, FARC-EP, el cual se logró entre otras cosas, por la activa participación de los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, comenzó su abierto desplazamiento a la posición en la que hoy se encuentra, como principal agente de la operación política y, ¿militar?, de los EEUU contra Venezuela.

La operación de Santos en contra de nuestro país tiene fundamentalmente una motivación económica. El presidente colombiano está, de entrada, tras los recursos que la comunidad internacional aportaría para la “reconstrucción” de Venezuela y luego actuaría como el gran “crupier”, el repartidor de las concesiones para explotar las inmensas riquezas naturales de Venezuela.

Mauricio Cárdenas

El 9 de febrero de este año, desde la ciudad de Nueva York, el ministro de Hacienda colombiano, Mauricio Cárdenas, develó que “Colombia ha contactado a agencias crediticias internacionales para preparar un plan de rescate financiero por unos 60.000 millones de dólares para su vecina Venezuela si el presidente Nicolás Maduro deja el poder… Nosotros como gobierno estamos dispuestos a ser parte, no sólo de esa conversación y de ese plan, sino también a brindar financiamiento para esa transición”, y remató, diciendo este funcionario de la absoluta confianza del presidente Santos: “Colombia se beneficiaría de una recuperación de las exportaciones a Venezuela”. Por si fuera poco, adelantó que “Colombia estima que necesitará unos 30.000 millones de dólares para construir un centro de ayuda que ofrezca a los inmigrantes venezolanos un lugar temporal de permanencia antes de que decidan su próximo paso”.

Toda esta operación se adelantaría con la cobertura de “ayuda especial humanitaria” y está pensada y planificada desde los EEUU para ponerle la mano a Venezuela y sus recursos y cuenta con el apoyo incondicional de quien aspira a ser uno de sus principales beneficiarios, Juan Manuel Santos, quien en la medida en que se acerca su salida del poder incrementa el tono de sus sistemáticas agresiones verbales contra nuestro país y se convierte en el principal aliado de los EEUU para la construcción de un acuerdo regional que estreche el cerco económico y financiero contra Venezuela.

Sergio Rodríguez Gelfenstein

Como escribiera en días pasados el prestigioso internacionalista venezolano Sergio Rodríguez Gelfenstein:

El desarrollo de los hechos va develando la trama, lo más relevante es que se está sabiendo a través de las declaraciones de los propios actores, los que por impericia, estupidez o arrogancia van dando a conocer piezas del rompecabezas que es necesario ir armando. El Plan Colombia por un lado, así como las gigantescas ganancias producidas por el narcotráfico por otro, han mostrado una economía colombiana ficticia, que solo tenía cierto respiro por estos dos factores, que no podían ser contabilizados formalmente como parte del esfuerzo nacional ‘a favor del desarrollo y el progreso”.

Hay que recordar que la década de los 80 del siglo pasado, considerada como ‘perdida’ para América Latina por los economistas y las organizaciones internacionales, tuvo crecimiento negativo para todos los países de la región, menos para Panamá, que tuvo crecimiento cero; Cuba: un 3%, todavía integrando el Consejo de Ayuda Mutua económica (CAME) conformado por los países socialistas y…Colombia, que creció 9%, algo solo explicable, –según los economistas– por la gigantesca reinversión en el país de los recursos de la industria del narcotráfico.

Presencia de las FFAA de EEUU

La última década del siglo pasado introdujo el Plan Colombia en la realidad del país, como instrumento ilegal que violaba el artículo 341 de la Constitución Nacional, al crear un documento paralelo al Plan Nacional de Desarrollo el cual, según establece la Carta Magna, debe ser elaborado por diferentes instancias gubernamentales para ser sometido a la aprobación del Consejo Nacional de Planeación. Así, al margen de la ley, y cediendo soberanía, (toda vez que como contraprestación, Colombia debió aceptar la presencia de las Fuerzas Armadas de EEUU en su territorio sin autorización del Congreso) la oligarquía colombiana se entregó al festín que significaba recibir miles de millones de dólares de EEUU, la “ayuda” más alta de este país a otro del hemisferio occidental y una de las de mayor cuantía en el mundo.

La realidad era que si EEUU hubiera querido “apoyar” a Colombia, hubiera suprimido su política proteccionista, que impedía o dificultaba la exportación de productos colombianos en un monto muy superior a los recursos aportados por el Plan Colombia. Todo esto se producía durante los primeros años del gobierno del presidente Chávez en Venezuela, cuando Andrés Pastrana lo era en Colombia.

Había comenzado la época del parasitismo estructural de la economía colombiana que se inició con la gigantesca inyección de recursos del narcotráfico. El Plan Colombia transformó al país y en especial a las fuerzas armadas en devotos de los recursos, pero estos debían mostrar eficacia en su uso para que el Congreso de EEUU continuara avalando el alud de capitales que comenzó a llegar y a modular el comportamiento de los receptores. Así, bajo inspiración de Álvaro Uribe presidente y Juan Manuel Santos, ministro de Defensa, se diseñó la política de los “falsos positivos” que significaba ponerle precio a la eficiencia bélica de las fuerzas armadas, cuantificada con los muertos que se anunciaba como “guerrilleros dados de baja”, sólo que se descubrió que tales combatientes insurgentes no lo eran, y que el parasitismo financiero crónico condujo al asesinato de decenas de personas, solo por el afán de obtener más recursos, poniendo en evidencia un acto de violación masiva y continuada de Derechos Humanos solo permitida porque contaba con el aval de Washington.

La reducción de los caudales internacionales para una guerra contra el narcotráfico que acorde con la decisión de EEUU no se libra ni por un minuto en su territorio, sino en los campos de los países productores, que además de ser criminalmente regados con el glifosato asesino de plantas, animales y el envenenamiento de las aguas que alteran la vida de campesinos que solo obtienen el 0,4% del valor final del producto transformado en droga, significó una alteración profunda en los mecanismos criminales del Estado productor.

Fuerzas Armadas colombianas

Cae el ingreso de las FFAA

Las negociaciones de paz entre las FARC y el Gobierno colombiano significaron una caída en el ingreso de las fuerzas armadas, que recibieron otro golpe cuando el tribunal de La Haya falló a favor de Nicaragua en la delimitación de áreas marinas, y con ello la ruta más importante de transporte de la droga disminuyó ostensiblemente su funcionamiento, siendo esta vez la marina colombiana la que recibió el golpe.

La economía se estremecía, la caída en el gasto social fue brutal: pagaron los maestros, los miles de niños wayúu de la Guajira muertos por inanición, los campesinos que vieron disminuidos sus ingresos, los pobres de la ciudad y el campo que han visto extenderse la pobreza extrema en las zonas urbanas y rurales hasta superar el 20%, las clases medias y populares que se han hecho más pobres, todo lo cual ha sido falsamente burlado con demagogia y con el apoyo de las noticias falsas emanadas de los medios de comunicación como Caracol, RCN, el Tiempo y el Espectador, máximos exponentes de la desinformación planificada desde el poder.

La oligarquía colombiana ataca a Venezuela

Cuando parecía que no había argumentos para explicar la crisis, y el incremento de la pobreza a partir de 2008, en momentos de una plena expansión económica que no significó mayor equidad, el tema de Venezuela vino en auxilio de la atribulada oligarquía colombiana, que imitando a su amo del norte comenzó a tratar de superar por vía externa, la profunda inmundicia que había creado al interior del país. Primero fue Uribe quien, en los estertores de su mandato, se inventó unos inexistentes campamentos guerrilleros en territorio venezolano, amenazando con una invasión para venir a combatirlos. Sólo la firmeza del Comandante Chávez y la fortaleza de la unidad cívico-militar en Venezuela impidieron esta locura.

Las relaciones fueron interrumpidas y el comercio bilateral seriamente afectado, creando gigantescas pérdidas al sector productivo y exportador de Colombia, con un consiguiente desempleo y caída en los ingresos que la oligarquía no podía sostener. Por eso desestimaron un posible nuevo período de Uribe y rechazaron a Arias quien era el sucesor designado. Eligieron a Santos con la misión de recuperar las relaciones con Venezuela y con Ecuador país que también había roto sus relaciones tras ser invadido por las fuerzas armadas colombianas.

La guerra comenzó a dejar de ser un buen negocio, por eso se le dio el mandato a Santos para que negociara la paz, había que aprovechar las condiciones que emanaban de los TLC firmados con EEUU y otros países para incrementar ganancias, pero antes se debía modernizar el aparato productivo y la infraestructura, sobre todo la de transporte que impedían ampliar el comercio y las exportaciones.

Las negociaciones de paz entre las Farc y el gobierno colombiano

Desde el primer momento, Venezuela apoyó las negociaciones de paz, no sólo eso: las incitó, las promovió, las estimuló, sin embargo a cambio sólo recibió el desprecio de las élites neogranadinas, todavía sedientas de poder, ganancia y sangre. Por ello su ensañamiento con Venezuela, sobre todo el de Santos que al igual que Obama han dedicado sus Premio Nobel de la Paz a desarrollar la guerra, como si ese fuera el sino de ese premio innoble.

Y en esa lógica, el actual Gobierno colombiano encontró una nueva forma de auto financiamiento: recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI), pero no para pedir un crédito para su país como lo acaba de hacer Mauricio Macri, sino para ‘rescatar a Venezuela’. Sin que nadie se lo pidiera, el ministro de Hacienda de Colombia, Mauricio Cárdenas aseveró que este ‘plan de rescate’ está pensado ‘para los venezolanos (ya que) el día que Venezuela adopte las medidas económicas correctas va a requerir una financiación adicional para poner la casa en orden, y que la economía vuelva a funcionar’, porque nadie sabe cuándo va a darse un cambio de gobierno en Venezuela pero tenemos que estar preparados para eso. 

Si nadie sabe cuándo va a haber un cambio de gobierno en Venezuela, uno podría preguntarse entonces, ¿para qué está pidiendo esa enorme cantidad de recursos?, sobre todo cuando estamos hablando de un gobierno que se va en menos de tres meses, ¿será que necesitan dinero para la campaña electoral? O, ¿para pagarles a los maestros y campesinos burlados en negociaciones en las que el Gobierno nunca cumple? O simplemente, ¿para retirarse con un dinerillo en el bolsillo?

El talante parasitario y corrupto de la élite colombiana da para pensar cualquier cosa, sobre todo cuando sus representantes se han dedicado a vociferar respecto de los, según ellos,  4 millones de venezolanos que han huido del país, la mitad de los cuales se habrían establecido en Colombia, para lo cual también han visitado EEUU y los organismos internacionales pidiendo recursos desesperadamente, dando lástima y transmitiendo dolor, Cárdenas afirmó que: ‘Hasta ahora Colombia lo ha hecho con sus propios recursos y presupuestos, pero ya empieza a haber problemas fiscales, porque estamos hablando de números muy grandes, que requieren servicios de salud, educación, asistencia para su alimentación’.

Es válido entonces, preguntarse qué haría el Gobierno colombiano si tuviera que preocuparse y atender a los 5 millones y medio de conciudadanos que viven en Venezuela, y que contrario a lo que se dice siguen llegando desplazados por las persecuciones, las masacres y el despojo de tierras a los que son sometidos por los paramilitares bajo abrigo y protección de los organismos de seguridad y las fuerzas armadas, mientras el Gobierno de ese país se hace de la vista gorda ante tales desmanes.

Alejandro Werner

En todo caso, el FMI que –como se sabe– es una institución conducida en los últimos años por directores gerentes corruptos (Rodrigo Rato, Dominique Stauss-Kahn y Christine Lagarde), todos investigados por la justicia y, manejado por EEUU que tiene acciones suficientes para vetar cualquier decisión, vive de hacer negocios a la segura con países en dificultades severas, aplicando sus recetas de hambre y miseria, pero no corre riesgos para satisfacer intereses privados, así sea de grupos poderosos de la oligarquía de algún país. Por eso, el director del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), Alejandro Werner se apresuró a responderle al ministro de Hacienda de Colombia, diciendo que era muy prematuro ‘hablar de cifras y planes’ para Venezuela.

Por otra parte, la falsedad de los números manejados por el Gobierno colombiano para justificar su demanda de recursos fue puesta en evidencia y desmentida por funcionarios del propio Estado: Felipe Muñoz, gerente para la frontera con Venezuela, y Carlos Iván Márquez, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres de Colombia evidenciaron que el Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos en Colombia arrojó que en el país hay 203.989 venezolanos, no dos, ni tres, ni cuatro millones como estos delincuentes han dicho en su afán de esquilmar a las organizaciones financieras internacionales. 

 Como siempre, el objetivo real que se busca se termina sabiendo, en Hungría, el presidente colombianodonde al parecer viajó a ‘vender’ a Venezuela a empresarios europeos, afirmó que ‘con el cambio de régimen –que se va a dar y que se va a dar muy pronto–, la economía venezolana con un poco de buen Gobierno va a dispararse rápidamente y la oportunidad para Colombia es enorme’. En pocas palabras, se trata de ayudar a EEUU a reventar la economía venezolana, para instalar un gobierno que le dé mejores oportunidades a la oligarquía colombiana de hacerse cargo del país a fin de exprimir al Pueblo de Venezuela como lo hace con el propio. El mismo Santos explicó que Venezuela es ‘el país más rico en América Latina’. Visto desde su perspectiva aviesa y corrupta debe estar pensando que ‘Venezuela es un buen botín’ por eso, dijo –el artífice de la invasión a Sucumbíos en Ecuador– que si él tuviera que apostar, ‘le apostaría a Venezuela a futuro”.

 Santos se despide convirtiendo a Colombia en “Socio Global” de la OTAN.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, formalizará el próximo 31 de mayo, el ingreso del país latinoamericano como socio global de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en la ciudad de Bruselas, Bélgica. Santos se reunirá con el secretario general de la Organización, el ex primer ministro noruego, Jens Stoltenberg con quien conversará los pasos internos a seguir para formalizar su situación.

La OTAN creó la categoría de socios globales con el interés de generar alianzas estratégicas más allá de Europa, Estados Unidos y Canadá. Alrededor de 40 países que no son miembros de esta alianza militar intergubernamental, participan activamente en programas de desarrollo dentro y fuera del área militar.

Ahora bien. ¿Qué significa ser un Socio Global de la OTAN? Como bien lo describe un reciente trabajo de la Misión Verdad: “Acuerdos bilaterales se han firmado entre la OTAN y países latinoamericanos. La relación con Argentina, por tomar un ejemplo, ha sido muy estrecha, en 1997 fue nombrada por la Administración Clinton “aliada importante extra-OTAN”, un estatus que comporta colaboraciones importantes en diferentes áreas militares; Incluso, los argentinos han llevado batallones a otros países en operaciones “humanitarias” de la OTAN en Croacia, Haití, Angola, Mozambique, Guatemala, Kuwait, Líbano, Chipre, a lo largo de la década de 1990.

Pero sociedades de ese tipo son menos profundas que la categoría de “socio global”, que compone otras características. Significa, básicamente, un enlazamiento íntimo entre el país y la estructura de la OTAN, que abarca la mayoría de las áreas militares en estrecha colaboración.

Efectivamente, desde 2013, Colombia y la OTAN han participado en una Iniciativa de Construcción Integral en limitadas áreas como “educación militar y entrenamiento, seguridad marítima, buena gobernanza e integridad constructiva”, según la página oficial de la alianza. Para ello, Colombia ha permitido que la OTAN trabajase en profundidad en la institución militar local, y ha llevado a su personal correspondiente a cursos de la escuela de la OTAN en Oberammergau (Alemania) y al Instituto de Defensa de la OTAN en Roma (Italia) desde 2013. Colombia asimismo ha participado en numerosas conferencias militares de alto nivel relacionadas a la organización atlantista. En 2015, Colombia apoyó operaciones navales de “contrapiratería” de la OTAN en el Cuerno de África, según el mismo portal de la organización multinacional.

En el futuro, ya con el país latinoamericano como “socio global”, podría participar en operaciones y misiones lideradas por la ONU, con asesoría de la OTAN a las fuerzas armadas colombianas según los estándares y normativas de la organización”. En el mismo trabajo se afirma, al comentar las implicaciones geopolíticas del paso dado por Colombia, que: “La otanización de Colombia, en su figura de “socio global”, podría darle un carácter de ‘regularidad’ y apoyo logístico a las células del paramilitarismo colombiano en la frontera colombo-venezolana, lo que ajustaría el pivoteo pre-bélico del vecino país con relación a Venezuela.

En una analogía respecto al conflicto sirio, decíamos en 2013 que Colombia jugaría a cabalidad contra Venezuela el mismo papel que Turquía (antes de la negociación con Rusia e Irán) juega contra Siria: el de cabeza de playa para variopintos ‘frentes armados’ apoyados logística y militarmente por los países de la OTAN”. Por donde se le mire, este movimiento colombiano tiene piquete contra nuestro país, porque si fuera, como dicen los colombianos, que el ingreso de ese país como primer socio global de la OTAN en América Latina tendría como principal objetivo, cooperar en asuntos de seguridad cibernética, marítima y crimen organizado. ¿Dónde está el “veneno” de esta modalidad de cooperación contra el crimen organizado? Ellos calificarían de “criminales” a los líderes de la Revolución y luego en el marco de los “privilegios” que otorga ser socio global de la “membresía” militar trasatlántica solicitan a sus aliados que actúen en su contra.

La mesa está servida

Juan Manuel Santos deja la presidencia de Colombia, con la popularidad por el suelo y en medio de una espectacular derrota política. Su candidato, Germán Vargas Lleras, quien fuera su vicepresidente, ocupó el cuarto lugar en el marcador de la elección presidencial del pasado domingo 27 de mayo. Sin embargo, quiere despedirse dejando la mesa servida para que Colombia sea la tierra desde donde se atente contra la soberanía y la integridad territorial de Venezuela. Seguros estamos que el digno pueblo de ese país no acompañará en esta aventura a la oligarquía colombiana, de alguna manera el domingo 17 de junio en las elecciones presidenciales colombianas estará en juego la paz de la región.

Nicolás Maduro en el discurso a la FANB

Maduro apela a la Unión Civico-Militar

A continuación transcribimos el discurso del presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, luego de su proclamación en la Asamblea Nacional Constituyente, el pasado jueves 24 de mayo:

“Saben ustedes que en las últimas semanas hemos venido desmembrando una conspiración financiada y dirigida desde Colombia y alentada y promovida desde el Gobierno de los EEUU para dividir nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana y con una acción publicitaria militar intentar en su momento que se suspendieran las elecciones del 20 de mayo pasado. Gracias a la conciencia, a los anticuerpos morales fue detectada a tiempo y están convictos y confesos todos los responsables de haberse vendido y haberse entregado a traidores que desde Colombia les pagaron en dólares para que traicionaran el honor, la moral y la lealtad de nuestra amada Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Alerta, alerta, que nadie baje la guardia, no es tiempo de bajar la guardia, es tiempo de combate. ¿Quién quería suspender las elecciones? ¿Quién quería afectar el curso de las elecciones y de la democracia? El imperio norteamericano, la oligarquía colombiana. Desde Colombia se dirige una conspiración para hacerle daño a nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana. ¿Lo hacen para bien de la república, creen ustedes? Jamás, lo hacen para debilitar nuestra república, la oligarquía colombiana tiene objetivos muy claros para tratar de apropiarse y apoderarse de las riquezas territoriales y minerales de Venezuela.

Desde hace 200 años la oligarquía colombiana sueña con gobernar desde Bogotá nuestra amada patria. Alerta, conciencia, guardia alta, oído, Fuerza Armada Nacional Bolivariana, todo el mundo en guardia para defender la unión de nuestra amada Fuerza Armada, para defender la cohesión, la lealtad, el juramento, la unión cívico-militar, exijo máxima lealtad a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, máxima lealtad a la Constitución, máxima lealtad al pueblo, máxima lealtad a la Revolución Bolivariana y máxima lealtad al comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Máxima unión cívico-militar para seguir transitando los caminos de este siglo 21 que apenas, todavía, apenas comienza y que promete tanto para nuestra Patria. Cerrémosle las puertas, las trompas, reventémosle las trompas a la oligarquía colombiana, que utiliza traidores, con dólares.

Hemos capturado a sus principales cabecillas y estamos detrás del principal financista que se encuentra huyendo en territorio venezolano, que tarde o temprano lo vamos a capturar y lo vamos a poner a la orden de la justicia para que sea castigado con las máximas penas, por traicionar a la Patria y por ponerse al servicio de la oligarquía colombiana y del imperialismo norteamericano.

Le decía yo a los jefes militares, compatriotas, yo tengo que hablarle claro a todos, a nuestro pueblo armado y a nuestro pueblo civil, el imperialismo norteamericano se ha planteado para los meses y años futuros una sola opción estratégica principal, en su tarea de tomar el control, el dominio de Venezuela y acabar con la Revolución Bolivariana y recolonizar a nuestro país. No ha podido, ni podrá, estoy claro de ello, pero los estrategas militares, los pensadores, los jefes, líderes militares deben saber que la única opción que ellos se han planteado es dar un golpe de Estado militar en Venezuela. No lo digo yo, solamente lo dicen ellos. El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, lo ha enarbolado cuando era jefe de la CIA y ahora como secretario de Estado, el vicepresidente Mike Pence, el jefe del Pentágono, el jefe del Comando Sur, el exencargado de negocios de la Embajada de EEUU en Venezuela, que hoy se fue, ya debe haber aterrizado en los EEUU, expulsado por intervencionista y golpista, lo han dicho, han llamado a la Fuerza Armada a dar un golpe de Estado, a imponer un régimen militar y entregarle el país a ellos. ¿Va la Fuerza Armada a traicionar al pueblo de Venezuela? ¿Va la Fuerza Armada a hacerle el trabajo al imperialismo norteamericano y entregarles el poder y las riquezas del país a ellos? La respuesta es muy clara, la respuesta la han dado ustedes hoy con su juramento, con su proclama, con su lealtad.

Cuenten ustedes con este hombre, este obrero humilde, comandante en jefe de la Fuerza Armada. Sí, por voluntad de un pueblo, lealtad con lealtad se paga. Cuenten con mi lealtad, vamos a unificar, vamos a fortalecer, vamos a cohesionar cada vez más al pueblo y a la Fuerza Armada. Vamos a crecernos y a seguir ratificando este camino hermoso del nuevo concepto, la nueva doctrina, la nueva moral, la nueva organización, la nueva disciplina, los nuevos ejercicios militares, la capacidad de despliegue por todo el territorio, la capacidad de defensa de la integridad territorial, de la soberanía, la capacidad de defensa del pueblo, el cumplimiento de las grandes misiones constitucionales y de las grandes misiones históricas, de los únicos y verdaderos herederos del ejército de los libertadores, del ejército de Pichincha. Sí, hoy, con Pichincha en su aniversario digo: los verdaderos, únicos y legítimos herederos de Pichincha, de Bolívar y de Sucre, están aquí de pie, están aquí parados, oficiales de la Patria.

Gracias por tanta lealtad, gracias por tanta disciplina, gracias por tanta verdad que me dicen, gracias Fuerza Armada Nacional Bolivariana, gracias por tanta fuerza moral, confío en ustedes, creo en la Fuerza Armada como creo en el sueño de Patria; son ustedes la columna vertebral de la estabilidad, de la paz y de la unión de la república y en buenas manos está la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Gracias por su juramento, gracias por su proclama, gracias por su lealtad y aquí estoy, Nicolás Maduro Moros, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, reelecto, listo para seguir ejerciendo mis funciones de comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, y digamos desde nuestro corazón, con más fuerza que nunca: ¡Chávez Vive! ¡Independencia y Patria Socialista! ¡Hasta la Victoria Siempre! ¡Venceremos!

Gracias Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Que Dios los bendiga, a ustedes y a toda la familia militar. Muchas gracias”.

 josé gregorio rodriguez  José Gregorio Rodríguez 

Fuente: Las Verdades de Miguel

Aranguibel: “No nos quieren regresar a la Guerra Fría, sino al Siglo XVI”

Caracas, 09 de mayo de 2018 .- “Mucha gente dice que en la tensión política que vive el mundo los acontecimientos pudieran estar llevándonos a una nueva Guerra Fría, cuando en realidad pareciera que la intención de algunas potencias es llevarnos al siglo XVI, cuando lo que se imponía era la fuerza de los imperios”, sostiene Alberto Aranguibel en entrevista con la periodista Tatiana Pérez, en Telesur.

Vea aquí la entrevista: